lunes, 9 de febrero de 2026

297. Domingo 6º Tiempo Ordinario. 15 de febrero de 2026.



Lectura del libro del Eclesiástico 15, 15-20.

Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras. Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera. Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo. Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre. A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.

 

Textos paralelos.

El te ha puesto delante fuego y agua.

Dt 11, 26-28: Mira. Hoy os pongo delante bendición y maldición: la bendición, si acatáis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy; la maldición, si no acatáis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que no habíais conocido.

Ante los humanos está la vida y la muerte.

Dt 30, 15-20: Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor tu Dios, te bendecirá en la tierra adonde vas a entrar para conquistarla. Pero si tu corazón se aparta y no obedece, si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella. Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante bendición y maldición. Elige la vida y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob.

Jr 21, 8: Le dirás: Así dice el Señor: yo os pongo delante el amino de la vida y el camino de la muerte.

Tiene un gran poder y todo lo ve.

Sal 33, 13-18:  Desde el cielo se fija el Señor mirando a todos los hombres. Desde su solio observa a todos los habitantes de la tierra; él, que modeló cada corazón y conoce todas sus acciones. No vence un rey por su gran ejército, no escapa un soldado por su mucha fuerza; engañosa es la caballería para la victoria y por su gran ejército no se salva. Mira: el ojo del Señor sobre sus fieles, que esperan en su misericordia.

Pone la mirada en los que le temen.

Sal 34, 16: El Señor dirige los ojos a los justos, los oídos a sus clamores.

 

Notas exegéticas.

15 15 Para este segundo hemistiquio, el Manuscrito A dice: “y la perspicacia para hacer su voluntad”; y añade (también Manuscrito B): “Si crees en él, también tú vivirás”.

15 17 El Manuscrito B trae otro estico: “Pues abundante es la sabiduría del Señor, / Dios poderoso que observa todo”.

15 19 Para este hemistiquio, dice el Manuscrito A: “Los ojos de Dios ven sus obras”.

15 20 El segundo hemistiquio dice así en el Manuscrito A: “y no fortaleció a los mentirosos”. A continuación trae otro estico (también Manuscrito B): “No se apiada de quien obra falsamente, / ni de quien descubre un secreto”.

 

Salmo responsorial

Sal 119 (118), 1-2.4-5.17-18.33-34.

 

Dichoso el que camina en la ley del Señor. R/.

Dichoso el que, con vida intachable,

camina en la ley del Señor;

dichoso el que, guardando sus preceptos,

lo busca de todo corazón. R/.

 

Tu promulgas tus mandatos

para que se observen exactamente.

Ojalá esté firme mi camino,

para cumplir tus decretos.   R/.

 

Haz bien a tu siervo: viviré

y cumpliré tus palabras;

ábreme los ojos, y contemplaré

las maravillas de tu ley. R/.

 

Muéstrame, Señor,

el camino de tus decretos,

y lo seguiré puntualmente;

enséñame a cumplir tu ley

y a guardarla de todo corazón. R/.

 

Textos paralelos.

Dichosos los que caminan rectamente.

Sal 1, 1: Dichoso el hombre que no camina aconsejado pro los malvados y en el camino de pecadores no se detiene y en la sesión de los cínicos no toma asiento.

Sal 112, 1: Aleluya, Dichoso el que respeta al Señor y es entusiasta de sus mandatos.

Mt 5, 3: Dichosos los pobres de Corazón, porque el reino de Dios les pertenece.

Dt 4, 29: Desde allí buscarás al Señor, tu Dios, y lo encontrarás si lo buscas de todo corazón y con toda el alma.

2 Cro 31, 19: El Señor, que es bueno, perdone a todos los que sirven de corazón a Dios, al Señor Dios de sus padres, aunque no tengan la pureza ritual.

2 Cro 31, 21: Los israelitas que se encontraban en Jerusalén celebraron la fiesta de los Ázimos durante siete días con gran júbilo; los sacerdotes y levitas alababan al Señor día tras día con todo entusiasmo.

Enséñame, Yahvé, el camino de tus preceptos.

Sal 19, 12: Aunque tu siervo se alumbra con ellos y guardarlos trae recompensa.

 

Notas exegéticas.

119 Salmo “alfabético”. Los ochos versos dobles de cada estrofa comienzan con una de las 22 letras del alfabeto hebreo, y cada uno de ellos, con la única excepción del v. 122, contiene uno de los términos que designan la Ley: dictamen, ordenanza, precepto, mandamiento, promesa, palabra, juicio, camino. La palabra “ley” y sus sinónimos han de ser tomados en el sentido más amplio de la enseñanza revelada, tal como la han transmitido los profetas. Tenemos en este salmo uno de los monumentos más característicos de la piedad israelita hacia la revelación divina.

119 17 En este salmo, la vida se entiende en sentido pleno, felicidad, seguridad, plenitud. Tema frecuente en Ezequiel 3, 18; 18, 33.

119 33 La fidelidad a los mandamientos es ya el gozo y la recompensa del justo. Otras traducciones: griego “lo guardaré continuamente” (arameo, “hasta el final”); Jerónimo y Rashí: “los guardaré paso a paso”.

119 34 Este deseo [dame inteligencia], repetido aquí con frecuencia, lo expresan también a menudo los Sabios.

 

Segunda lectura.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10.

Hermanos:

Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino que, como está escrito: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman”. Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

 

Textos paralelos.

Una sabiduría de Dios, misteriosa.

Rm 16, 25: Al que puede confirmarnos según mi buena noticia y la proclamación de Jesús como Mesías, según el secreto callado durante siglos.

Desconocida de todos los jefes de este mundo.

Ef 3, 10: De ese modo ahora en la Iglesia se manifestará a las autoridades y potestades celestes la multiforme sabiduría de Dios.

1 P 1, 12: Les revelaron que no era para ellos, sino para vuestro servicio, eso que ahora han anunciado los que traen la buena noticia, inspirados por el Espíritu Santo enviado desde el cielo: cosas que los ángeles querrían presenciar.

Is 19, 11: ¡Qué locos los magnates de Tanis, los sabios que aconsejan al faraón consejos desatinados! ¿Cómo decís al faraón: Soy discípulo de sabios, discípulo de antiguos reyes?

Is 19, 13: Los magnates de Tanis son necios, son ilusos los magnates de Menfis, los notables de sus tribus descarrían a Egipto.

No habrían crucificado al Señor de la Gloria.

Ba 3, 14: Aprende dónde se encuentra la prudencia, dónde el valor y dónde la inteligencia; así aprenderás dónde se encuentra la vida larga, y donde la luz de los ojos y la paz.

Lo que el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón humano llegó; lo que Dios preparó para los que lo aman.

Is 64, 3: Jamás oído oyó ni oyó vio un Dios fuera de ti que hiciera tanto por el que espera en él.

Jr 3, 16: Entonces, cuando crezcáis y os multipliquéis en el país – oráculo del Señor –, ya no se nombrará el arca de la alianza del Señor, no se recordará ni mencionará, no se echará de menos ni se hará otra.

Sal 19, 4: Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que se oiga su voz.

Si 1, 10: La repartió entre los vivientes, según su generosidad, se la regaló a los que lo aman.

El Espíritu todo lo sondea hasta las profundidades de Dios.

2 Co 13, 13: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté con todos vosotros.

Jn 14, 26: El Valedor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os dije.

 

Notas exegéticas.

2 6 (a) No un grupo esotérico de iniciados, sino los que han alcanzado el pleno desarrollo de la vida y del pensamiento cristiano. Se identifican con los espirituales a los que Pablo contrapone los niños en Cristo, 3 1).

2 6 (b) Por “jefes de este mundo” hay que entender a las autoridades humanas, o mejor las potencias del mal, los demonios que reinan en el mundo; o ambas a la vez, ya que las primeras son instrumentos de las segundas.

2 7 Lit.: “en misterio”. No es una sabiduría enigmática, sino una sabiduría cuyo objeto es el misterio, el secreto del designio de la salvación realizada en Cristo.

2 8 En Corinto algunos exaltaban la gloria de Cristo a expensas de sus padecimientos.

2 9 Utilización combinada de Is 64, 3 y de Jeremías 3, 16 o cita del apócrifo Apocalipsis de Elías.

 

Evangelio.

X Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que n o saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”. Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer – no hablo de unión ilegítima – la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco, o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, si, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

 

Textos paralelos.

No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas.

Rm 3, 31: Entonces, ¿qué?, ¿privamos a la ley de su valor mediante la fe? De ningún modo. Más bien confirmamos la ley.

Rm 10, 4: Pues el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo el que cree.

Rm 13, 8-10: A nadie le debáis nada, más que amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho el no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

Os aseguro que mientras duren el cielo.

Lc 16, 17: Es más fácil que pasen el cielo y la tierra que no que caiga un ápice de la ley.

Ni una tilde de la ley.

Mt 24, 34-35: En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

No de importancia a uno de estos mandamientos.

St 2, 10: Pues quien observa toda la ley, pero falta en un solo precepto. se hace responsable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, dijo también: No matarás; por tanto, si no cometes adulterio, pero matas, te haces transgresor de la ley.

El que los observe y los enseñe, ese será grande.

Ga 6, 2: Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo.

St 1, 25: Pero el que se concentra en una ley perfecta, la de la libertad, y permanece en ella, no como oyente olvidadizo, sino poniéndola en práctica, ese será dichoso al practicarla.

Porque os digo que si vuestra justicia.

Lv 19, 15-16: No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo. No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.

Rm 10, 3: En efecto, desconociendo la justicia de Dios y buscando establecer su propia justicia, no se sometieron a la justicia de Dios.

Flp 3, 8-9: Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justificación mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.

No matarás.

Gn 9, 6: [Alianza de Dios con Noé] Quien derrame la sangre de un hombre por otro será su sangre derramada; porque a imagen de Dios hizo él al hombre.

Ex 20, 13: No matarás.

Dt 5, 17: No matarás.

Todo aquel que se encolerice contra su hermano.

Si 10, 6: Por ningún agravio guardes rencor al prójimo, ni actúes guiado por un arrebato de insolencia.

Ef 4, 26-27: Si os indignáis, no lleguéis a pecar; que el solo no se ponga sobre vuestra ira. No deis ocasión al diablo.

St 1, 19-20: Tened esto presente, mis queridos hermanos: que toda persona sea pronta para escuchar, lenta para hablar y lenta para la ira, pues la ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere.

Será reo de la Gehenna.

Mt 3, 12: [Juan Bautista] Él tiene el bieldo de la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.

Mc 11, 25: Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.

Vete primero a reconciliarte.

Si 28, 2: Perdona la ofensa del prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

Lc 12, 58-59: Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel.

No hayas pagado el último céntimo.

Ex 20, 14: No cometerás adulterio.

Dt 5, 18: No cometerás adulterio.

Todo el que mira con deseo a una mujer.

Si 9, 5: No te fijes demasiado en la doncella, no sea que te castiguen por causa suya.

Ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Mt 18, 8-9: Si tu mano o tu pie te induce a pecar, córtatelo y arrójalo de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo que con las dos manos o los pies ser arrojado al fuego eterno. Y si tu ojo te induce a pecar, sácalo y arrójalo de ti. Más te vale entrar en la vida con un solo ojo que con los dos ser arrojado a la gehenna del fuego.

Todo su cuerpo vaya a la Gehenna.

Dt 24, 1-4: Si uno se casa con una mujer y luego no le gusta, porque descubre en ella algo vergonzoso, y le escribe el acta de divorcio, se la entrega y la echa de casa, y ella sale de la casa, va y se casa con otro, y el segundo también la aborrece, le escribe el acta de divorcio, se la entrega y la echa de casa, o bien muere el segundo marido, el primer marido, que la despidió, no podrá casarse otra vez con ella, porque ha quedado impura; sería una abominación ante el Señor; no eches un pecado sobre la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte en heredad.

Ml 2, 14-16: Y encima decís: “¿Por qué?”. Porque el Señor es testigo de que traicionaste a la mujer de tu juventud, a tu compañera, a la mujer con quien te uniste por alianza. Nadie que tenga un mínimo de espíritu actúa así: ¡cuánto menos quien busca descendencia divina! Cuidad vuestro espíritu y no traicionéis a la mujer de vuestra juventud. El que odia y la despacha, dice el Señor Dios de Israel, cubre sus vestidos de violencia, dice el Señor del universo. Cuidad vuestro espíritu y no seáis traidores.

Le dé acta de repudio.

Mt 19, 9: Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer – no hablo de unión ilegítima – y se casa con otra, comete adulterio.

Todo aquel que repudia a una mujer.

Mc 10, 11-12: Él les dijo: Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Lc 16, 18: Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio, y el que se casa con una repudiada por su marido comete adulterio.

Excepto en caso de unión legítima.

1 Co 7, 10-11: A los casados les ordeno, no yo sino el Señor, que la mujer no se separe del marido; pero si se separa, que permanezca sin casarse o que se reconcilie con el marido; y que el marido no repudie a la mujer.

Os 1, 2: Comienzo de lo que dijo el Señor por medio de Oseas. Dijo el Señor a Oseas: Ve y despósate con una mujer ligada a la prostitución y acepta los hijos de su prostitución, porque el país no hace sino prostituirse, apartándose del Señor.

Habéis oído que se dijo a los antepasados: No perjuradas.

Ex 20, 7: No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.

Nm 30, 3: Si un hombre hace un voto al Señor o se compromete a algo bajo juramento; no faltará a su palabra: cumplirá todo lo que ha proferido su boca.

Dt 23, 22: Si haces un voto al Señor tu Dios, no tardarás en cumplirlo, porque el Señor, tu Dios, te lo reclamarás e incurrirás en pecado.

Si 23, 9: No habitúes tu boca al juramento, ni te acostumbres a nombrar al Santo.

St 5, 12: Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena.

Sal 11, 4: Pero el Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo y sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres.

Is 66, 1: Esto dice el Señor: El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies; ¿Qué templo podréis construirme o que lugar para mi reposo?

Es el trono de Dios.

Sal 48, 3-4: El monte Sión, confín del cielo, ciudad del gran rey; entre sus palacios Dios descuella como un alcázar.

Tampoco jures por tu cabeza.

2 Co 1, 17-19: Al hacer estos planes, ¿actué a la ligera?, ¿o es que los planes que hago los hago con miras humanas, de forma que se dan en mí el sí y el no? ¡Dios me es testigo! La palabra, que os dirigimos no es sí y no. Pues el Hijo de Dios, Jesucristo, que fue anunciado entre vosotros por mí, por Silvano y por Timoteo, no fue sí y no, sino que en él solo hubo sí.

St 5, 12: Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena.

 

Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

5 17 Jesús no viene ni a destruir la Ley (y toda la economía antigua) ni a consagrarla como intangible, sino a darle con su enseñanza y su modo de actuar una forma nueva y definitiva, en la que por fin se realiza en plenitud aquello hacia lo que la Ley conducía. Esto es así, en particular de la “Justicia”, justicia “perfecta”, de la que sentencias de los vv. 21-48 dan varios ejemplos relevantes. El precepto antiguo se hace interior y llega hasta el deseo y el motivo secretos. Por tanto, ningún detalle de la Ley debe ser omitido mientras no haya sido así llevado a su cumplimiento. No se trata tanto de aligeramiento como de profundización. El amor, en el que ya se resumía la Ley antigua, pasa a ser el mandamiento nuevo e inagotable y cumple toda la ley.

5 18 (a) Lit.: “en verdad (Amén) os digo...”. Introduciendo algunos de sus dichos con Amén, término hebreo que significa “en verdad”. Jesús subraya su autoridad. La palabra hebrea, que en su origen significaba “firmeza”, evolucionó en dos direcciones: la de “verdad” y la de “fidelidad”.

5 18 (b) Se trata de los rasgos más pequeños del alfabeto hebreo.

5 18 (c) Expresión difícil. Probablemente no se trata de “hasta que haya cumplido todo en la cruz”, ni “hasta que todos los mandamientos hayan sido cumplidos por mis discípulos”, sino “hasta que todo se cumpla”, e.d. hasta el final del mundo. La ley, revalorizada por Jesús, conservará toda su autoridad.

5 19 Las palabras “el más pequeño... ese será grande” no implican la idea de una jerarquía en el Reino. Mediante esta expresión, los rabís aprobaban o desaprobaban los diversos comportamientos de las personas.

5 20 Justicia es la fidelidad de los discípulos a la ley de Dios, fidelidad nueva, que la interpretación autorizada que Jesús ofrece de dicha ley hace posible y urgente. Idéntica palabra con el mismo sentido en 3, 15.

5 21 Por la enseñanza tradicional, dada oralmente sobre todo en las sinagogas.

5 22 (a) El término Raqa, traducido del arameo, significa: cabeza vacía, sin seso.

5 22 (b) Aquí el Gran Sanedrín, que tenía su sede en Jerusalén, por oposición a los simples “tribunales” distribuidos por el país.

5 22 (c) Al sentido originario del término griego “insensato”, el uso judío añadía un matiz mucho más grave de impiedad religiosa.

5 22 (d) La Gehenna era una de las vaguadas de Jerusalén donde se ofrecieron holocaustos de niños en honor de Moloc. Profanado por Josías fue quizá transformado en vertedero público. En cualquier caso, se convirtió en símbolo de maldición, incluso de maldición eterna en la literatura apocalíptica. En este último sentido lo emplea el NT (diez veces en Mt).

5 26 Lit. “cuadrante” (kodrántes), e.d., la cuarta parte de un as, moneda romana que permitía comprar un par de pajarillos.

5 28 La mirada dirigida a una mujer (esposa o prometida) con pretensiones de arrebatársela a otro. Esta palabra (gyné) tiene el mismo valor en Mt 1, 20. Jesús no condena el hecho en sí de que un hombre se sienta atraído por una mujer, sino el deseo activo, que de algún modo se apropia de la mujer ajena.

5 29 Lit. “te escandaliza”. El ´termino griego por “escándalo” (skándalon) significa propiamente “obstáculo”, “emboscada”, “lazo”, “piedra de tropiezo (Is 8, 14-15; Rm 9, 33; 1 P 2, 8). Muchas son las causas u ocasiones de caída: en primer lugar Jesús, pero también, en otro sentido, los hombres, el mundo, la persecución.

5 31 Como en 19, 9, aquí no se trata del divorcio en el sentido moderno del término, sino del derecho que tenía un hombre a repudiar a su esposa.

5 32 El término griego correspondiente (porneia) es interpretado de diversas maneras: 1. algo deshonroso. En este caso, el texto autorizaba el repudio de la esposa por diversas razones, no precisadas aquí. 2. El adulterio, e.d. la infidelidad de la mujer a su esposo. En este caso, el texto autorizaría el repudio de la adúltera. 3. La unión conyugal ilegal, sobre todo según la legislación de Lv 18, 6-18, sentido que se encuentra probablemente en Hch 15, 18-29. En este caso, Jesús prohibiría cualquier acto de repudio, excepto en los casos de uniones ilegales previstas por Lv 18. Esta célebre “excepción mateana” es quizá la aplicación a una situación nueva (análoga a lo que hace suponer 1 Co 7) de una palabra de Jesús que excluía cualquier tipo de repudio. Sea lo que sea de estas hipótesis, este texto quiere recordar la indisolubilidad de la unión conyugal. Basándose en él, la tradición ortodoxa considera el adulterio, como causa posible de divorcio.

5 37 Esta fórmula, que aparentemente se entiende bien puede explicarse de diversas maneras: 1º Veracidad: si es sí, decid sí; si es no, decid no. 2º Sinceridad: que el sí (o el no) de la boca corresponda al sí (o al no) del corazón. 31 Solemnidad: la repetición del sí o del no sería una fórmula solemne de afirmación o de negación que debe bastar y dispensar de recurrir a un juramente comprometiendo a la divinidad.

 

Notas exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica.

17-20 Relación de Jesús con la Ley antigua, de la alianza nueva con la alianza antigua: no son realidades contrarias; Jesús conserva lo esencial de la tradición judía, pero le aporta un sello nuevo, original, superior (cf. v. 20): se cumple desde dentro, con espíritu y corazón nuevos. Escritores cristianos de los primeros tiempos, siguiendo la línea del pensamiento judío – la Ley = personificación de la sabiduría divina –, presentan a Jesús no solo como legislador de la nueva ley; él mismo es la ley; también por eso, Jesús es punto de unión del AT y del NT. El documento Le peuple juif et ses Saintes Éscritures dans la Bible chrétienne (2001) afirma, al hablar del “cumplimiento”: “Jesús no se limita a interpretar un papel ya escrito, el papel de Mesías, sino que confiere a las nociones de Mesías y de salvación una plenitud que no se podía imaginar por adelantado; la llena de un contenido nuevo. Se puede incluso hablar a este respecto de una “nueva creación” (Enquiridion bíblico 1724).

17 LA LEY mosaica. // CUMPLIR (término técnico de la escatología): llevar a plenitud, dar plenitud, perfeccionar; o bien: revelar con la vida el verdadero sentido de la Ley. La ley es necesaria, como la caridad, y ambas deben ir unidas, quedarse en la ley es fariseísmo; despreciar la ley en nombre de una moral de la caridad es desconocer al ser humano: unidad de materia y espíritu.

18 OS DIGO DE VERDAD (griego: amên légô hymîn): fórmula solemne (casi como juramento), que introduce rotundamente una afirmación importante. Si está duplicado el vocablo hebreo amên (siempre en Jn) la traducimos: “De verdad os aseguro”. // NO... NI MUCHO MENOS: la negación, en el texto griego, es enfática. // UNA “I”: la letra yod, la más pequeña del alfabeto hebreo, la yota del alfabeto griego. // SE REALICE TODO: ¿todo lo que anunciaron los profetas?; ¿lo que exige la nueva “justicia”?, ¿el fin del mundo?

19 ESTOS MANDAMIENTOS: aun los MÍNIMOS: se refiere a los de la ley mosaica, más bien que a los de Jesús. En el escrito rabínico Sifré Deuteronomio (12, 28; 19, 11) se decía: “Que el mandamiento leve te sea tan querido como el mandamiento grave; [...] si se quebranta un mandamiento leve, se termina por quebrantar un mandamiento grave”. // SERÁ LLAMADO, se entiende, por Dios (voz pasiva “teológica”).

20 JUSTICIA: fidelidad a la Ley en cuanto expresión de la voluntad de Dios. // LOS ESCRIBAS Y FARISEOS, al igual que “publicanos y pecadores”, no es una división adecuada, pues la mayoría de los escribas era del partido fariseo (Hch 5, 21 y 23, 6).

21 Las antítesis, hasta el v. 44, resaltan el contraste entre lo antiguo y lo nuevo, y explican en qué y cómo la “justicia cristiana” es superior a la de los escribas y fariseos. // OÍSTEIS, como en los vs. 27.37.38 y 43, es un semitismo: el vocablo talmúdico sm’ significa recibir una tradición, una doctrina, y, por tanto ser enseñado, aprender. // SE DIJO (lit. fue dicho; lo mismo en los vs. 27.31.33.38 y 43): nuevo ejemplo de voz pasiva “teológica”; equivale a Dios dijo. Por esto, es mayor la audacia de Jesús, en apariencia mero aldeano de Nazaret, al explicar y definir la voluntad de Dios al mismo nivel de Dios (Dios dijo..., pero yo os digo), no solo transmitiendo disposiciones ajenas, como hizo Moisés. // REO ANTE EL TRIBUNAL: o bien: merecedor de condena (lit. reo de juicio condenatorio). Sobre la pena de muerte para el homicida, cf. Ex 21, 12 y Lv 24, 17. Para Jesús, el sentido del 5º mandamiento dado por Dios es la caridad más delicada con el prójimo. No matarás es: 1º) No tendrás rencor; y 2) Darás vida.

22 Hay gradación en la condena: condenado a muerte por el tribunal de 1ª instancia; confirmada la sentencia por el tribunal supremo (EL SANEDRÍN) de Jerusalén; merecerá el infierno. En cambio, los insultos no van de menos a más, y hasta no parecen indicar malicia especial, por eso, es más sorprendente la pena impuesta. // “¡ESTÚPIDO!”: en griego raká, versión literal del arameo reqa’ (=vacío, cabeza hueca). // “¡NECIO!”, en 23, 17 Jesús mismo pronuncia esta palabra contra los fariseos (propiamente, HERMANO es el que pertenece a la comunidad). // LA GEHENA: “Gé-Hinnom”, valle del suroeste de Jerusalén, donde hubo sacrificios en honor a Molok (cf. 2 Re 23, 10); por eso mismo, lugar simkbólico de maldición en el AT (cf. Jr 7, 31-33). A partir del destierro fue convertido en basurero. Desde el siglo II a.C. empezó a considerarse como emplazamiento del “infierno” (lugar de castigo para los impíos). En los escritos apocalípticos, la gehena, y otros nombres sinónimos, designan el (lugar del) suplicio eterno de los condenados, después de la resurrección corporal y del Juicio final; en esta línea hay que entender 5, 29-30.

25-26 La lección es: “¡Arrepiéntete a tiempo!”. // PONTE DE ACUERDO: lit. sé benévolo. // Y TE ECHEN: lit. y serás echado. // CÉNTIMO: lit. es un latinismo: cuadrante, la cuarta parte de un “as”, un céntimo de denario; como quien dice, el último valor monetario.

28 UNA MUJER casada o ya desposada con otro. // PARA DESEARLA, o deseándola (a modo de infinitivo hebreo-arameo con le). La pureza cristiana empieza por lo más secreto del hombre, el corazón. Según el escrito rabínico Sifré Números 15, 38, no se mira primeramente y luego peca el corazón, sino al revés: “Los ojos siguen al corazón, como lo demuestra el ciego que comete todas las abominaciones”.

29-30 La condición está expresada en griego como condición real: “si efectivamente...”, “si de hecho...”. “Hacer caer”, hacer que otro dé un mal paso – lit. escandalizar –, ser ocasión de tropiezo físico o moral (ocasionar la pérdida de la fe, apartar del seguimiento de Jesús, obstaculizar el camino de la fe y la vida moral), es algo que nace del corazón (Mc 7, 21-22); el OJO o la MANO son solamente instrumentos externos del corazón, de esa fuente buena o mala.

31 Despedir” no es “divorciarse” en el sentido moderno; se trata, más bien, de “repudio” o separación.

32 CASO (griego: lógos, con valor jurídico, como en Hch 19, 38: “Sí... tiene una querella”) DE UNIÓN ILEGÍTIMA: lit. de fornicación, con el sentido probable de concubinato, o de poligamia sucesiva.

33 LO QUE PROMETISTE CON JURAMENTO: lit. tus juramentos.

37 VUESTRO LENGUAJE SEA “Sí”...: decid cuando sea sí, etc. La misma norma aparece también en la literatura rabínica (p. ej. Melkitá Éxodo 19, 24). // DEL MALVADO: del demonio; o bien: del mal, de lo malo.

 

Notas exegéticas de la Biblia Didajé.

5, 20 Los escribas y los fariseos cumplían la ley, pero no su espíritu; ambos son necesarios para la salvación. Cat. 2054.

5, 21 Mientras que el quinto mandamiento prohíbe el asesinato, la palabra de Cristo va a prohibir el odio, la ira, y cualquier forma de violencia, radicalizando así el precepto antiguo, es decir, llevándolo a su raíz más profunda. Cat. 678, 2257, 2262-2265, 2302-2303.

5, 22 El Sanedrín era el máximo representante judicial de Israel. La gehenna del fuego (Gehenna es una palabra aramea) se deriva del significado hebreo “Valle de Hinom), fosa cerca de Jerusalén donde la basura se quemaba constantemente. Se utilizaba en sentido figurado para describir un lugar de castigo donde los muertos sufrirán por sus pecados. Cat 1036.

5, 23s Para reconciliarte con Dios, es necesario reconciliarte con el prójimo. Esto se expresa también en la oración del Señor (el Padrenuestro), donde pedimos que se nos perdone como nosotros perdonamos. El sacramento de la Penitencia es el medio sacramental habitual de la reconciliación con Dios y con el prójimo. Cat. 1388-1390, 1424, 2608, 2792, 2841-2845.

5, 27 La tradición ha entendido el sexto mandamiento referido a la globalidad de los pecados contra la moral sexual, incluyendo la fornicación, los actos homosexuales, la masturbación, y otros pecados contra la pureza. El adulterio del corazón (el deseo de actividad sexual ilícita) también es gravemente pecaminoso. Oseas y Jeremías comparaban la idolatría con el adulterio (cf. Os 2, 7; Jr 5, 7; 13, 27). Cat. 1456, 2336, 2380-2381, 2513, 2523-2533.

5, 30 Córtatela y tírala: esta exhortación insta al cristiano a rechazar impetuosamente todo lo que nos separa de Dios. Los cristianos deben emplear medios rigurosos para luchar contra las tentaciones, aquí las tentaciones contra la castidad. El ejemplo de Cristo es una advertencia: todo el mundo debe estar alerta ante cualquier cosa que pueda llegar a convertirse en ocasión de pecado. Cat. 226, 1034.

5, 31 Dios creó el matrimonio como una unión indisoluble entre un hombre y una mujer (cf. Gn 2, 24). Cristo elevó el matrimonio a sacramento de la nueva alianza, insistiendo en su indisolubilidad originaria. Unión ilegítima (en griego: porneia): algunos estudiosos afirman que este término se refiere a la infidelidad o al adulterio. Pero no es así. El griego (y particularmente Mt) conoce un término técnico específico para hablar del adulterio (moicheia) diverso de porneia. Mt 5, 31-32 se refiere con esta expresión a matrimonios ilícitos tales como aquellos entre parientes cercanos, regulados en Lv 18, 7-13 (ver Mt 14, 4). El matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados, una vez ratificado y consumado, no puede ser disuelto excepto por la muerte. Cat. 174-175, 2380-2382.

5, 33-37 Todo juramento invoca a Dios como testigo; por lo tanto, es un pecado grave jurar contradiciendo la verdad intencionadamente. Cristo llama a sus discípulos a amar y a defender la verdad incondicionalmente. Cat. 2150-2153, 2463, 2466.

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

2262 En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto “No matarás” (Mt 5, 21), y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla, amar a los enemigos. El mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardase la espada en la vaina.

2302 Recordando el precepto: “No matarás” (Mt 5, 21) nuestro Señor pide la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del odio: La ira es un deseo de venganza. “Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito”; pero es loable imponer una reparación “para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia” (Sto. Tomás de Aquino, Summa theologiae). Si la ira llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad, es pecado mortal. El Señor dice: “Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 22).

2303 El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado cuando se le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave.

1036 Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión.

2380 El adulterio. Esta palabra, designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio. El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento prohíben absolutamente el adulterio. Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la imagen del pecado de idolatría.

2529 El noveno mandamiento pone en guardia contra el desorden o concupiscencia de la carne.

2530 La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificación del corazón y por la práctica de la templanza.

2532 La purificación del corazón es imposible sin la oración, la práctica de la castidad y la pureza de intención y de mirada.

2533 La pureza del corazón requiere el pudor, que es paciencia, modestia y discreción. El pudor preserva la intimidad de la persona.

2153 Jesús enseña que todo juramento implica una referencia a Dios y que la presencia de Dios y de su verdad debe ser honrada en toda palabra. La discreción del recurso a Dios al hablar va unida a la atención respetuosa a su presencia, reconocida o menospreciada en cada una de nuestras afirmaciones.

 

Concilio Vaticano II

Así pues, Dios, inspirador y autor de los libros de uno y otro testamento, dispuso en su sabiduría que el Nuevo estuviera latente en el Antiguo y en el Nuevo el Antiguo se hiciera patente (cf. S. Agustín, Quaest. in Hept., 2, 73). Pues aunque Cristo en su sangre fundó una Nueva Alianza (cf. Lc 22, 20; 1 Co 11, 25); sin embargo, los libros del Antiguo Testamento, asumidos en su integridad en la predicación evangélica (cf. S. Ireneo, Adv. haer. III, 21, 3), adquieren y muestran su completa significación en el Nuevo Testamento (cf. Mt 5, 17) y a su vez lo iluminan y explican.

Dei Verbum, 16.

 

San Agustín

Debemos reprender con amor; no con deseo de dañar, sino con afán de corregir. [...] Si lo haces por amor propio, nada haces. Si lo haces por amor hacia él, obras excelentemente. [...] ¿Quién de nosotros, hermanos míos, puede esperar el reino de los cielos, diciendo el evangelio: Quien llama a su hermano “necio” será reo del fuego de la gehenna? (Mt 5, 22). Pánico grande; pero advierte allí mismo el remedio: Si presentas tu ofrenda ante el altar y allí mismo te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar (Mt 5, 22-24). Dios no se aira porque tardes en presentar tu ofrenda; Dios te quiere a ti más que a tu ofrenda. Pues si te presentas con la ofrenda ante Dios lleno de malos sentimientos hacia tu hermano, te responderá: “Perdido tú, ¿qué me has ofrecido?”. Presentas tu ofrenda si ser tú mismo ofrenda. Cristo busca más a quien redimió con su sangre que lo que tú hallaste en tu hórreo. Por tanto, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete a reconciliarte antes con tu hermano, y cuando vengas presenta la ofrenda (ib.,24). Mira cuán pronto se desató aquel reato digno del fuego eterno. Antes de reconciliarte, lo merecías; una vez reconciliado, presentas confiado tu ofrenda ante el altar.

Sermón 82, 4-5. II, pgs. 812-813.

 

Los Santos Padres.

Esta es una manera magnífica de introducir la superación de las obras de la Ley, superación que, sin abolirla, constituye un mejoramiento progresivo. En efecto, manifiesta que la entrada en el cielo es ofrecida a los apóstoles únicamente si superan la justicia de los fariseos. Así pues, una vez expuestas las prescripciones de la Ley, las supera perfeccionándolas, no aboliéndolas.

Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 16. 1a, pg. 152.

Todo lo que la Ley no ha condenado, aunque se trate de acciones, lo condena la fe del Evangelio por culpa de la ligereza en el insultar, aunque solo sea con palabras.

Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 17. 1a, pg. 157.

¿Cómo la maldición de un hermano puede encerrar fuerza tan grande que merezca el castigo tan extremo? Tanta, hermanos, tanta que Cristo está en el hermano, y Cristo es la sabiduría de Dios. Por ello, quien maldice a su hermano ridiculiza la sabiduría de Dios.

Pedro Crisólogo, Sermones, 177, 6-7. 1a, pg. 159.

La frase “si presentas tu ofrenda”, etc., significa que Dios ha inventado para los pecadores el arrepentimiento como modo de salvación y de evitar el castigo, y enuncia que un modo de evitar el castigo consiste en la atención del afligido. Puesto que el que no ama a su hermano, no ama al Señor, es justo que el Señor no acepte a quien tiene malos sentimientos contra el hermano, porque no se acerca a Él con espíritu de verdad.

Cirilo de Alejandría, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 50. 1a, pg. 160.

El ojo derecho, la mano derecha, representan el afecto por los hermanos, la mujer, los hijos, los familiares y parientes. Si vemos que nos impiden contemplar la verdadera luz, debemos cortar estas partes de nosotros mismos, no sea que queriendo ganar a otros, nosotros mismos nos perdamos en la eternidad.

Jerónimo, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 5, 29. 1a, pg. 167.

En esta cuestión nada me parece más congruente que decir que el ojo significa el amigo muy amado, pues ciertamente podemos llamarlo miembro nuestro, y miembro que amamos intensamente; y él es el consejero que como ojo nos muestra el camino, y consejero en las cosas divinas, porque es nuestro ojo derecho. El ojo izquierdo, en cambio, es consejero muy estimado, pero en las cosas terrenas pertenecientes a las necesidades de la vida: de él es superfluo hablar cuando es ocasión de pecado, porque ni siquiera el derecho se ha de perdonar en estos casos. Luego también la mano derecha podemos entender un ministro y cooperador amado en nuestras obras santas. Así pues, como el ojo representa la contemplación, la mano la acción. De este modo la mano izquierda significa las obras que son necesarias a esta vida y al cuerpo.

Agustín, Sermón del Señor en la Montaña, 1, 13, 38. 1a, pg. 168.

La fe elimina la costumbre frecuente de jurar. Establece la actividad de nuestra vida en la verdad y, rechazando la inclinación a mentir, prescribe la lealtad tanto en el hablar como en el escuchar... Por tanto, los que viven en la sencillez de la fe no necesitan hacer uso del juramento. Con tales personas lo que es, siempre es, y lo que no es, no es, pues todas las palabras y todas sus acciones permanecen en la verdad.

Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 23. 1a, pg. 172.

 

San Juan de Ávila

Los moros que van a Meca a ver el zancarrón de Mahoma, se tienen por tan bienaventurados de lo ver, que muchos de ellos se sacan los ojos, porque, habiendo visto cosa tan santa con ellos, les parece que le es hacer desacato, si con los mesmos ojos miran otra cosa. [...] Con mucha razón, por cierto, mandaste tú que todos los tuyos se saquen el ojo que les escandaliza (Mt 5, 29); y con mucha razón nosotros nos los debemos sacar. Quiere decir que los mortifiquemos, por el acatamiento que se debe a la vista de su sagrada persona. La lengua del sacerdote llave es con que se cierra el infierno y se abre el cielo, y se abran las conciencias, y consagra a Dios. Si quisiéramos, padres, pecar con la lengua, pidamos otra lengua prestada; que esta con la cual consagramos a Dios y hacemos tan admirables afectos, en ninguna manera se sufre emplearla en servir al demonio con ella.

Plática a los sacerdotes. I, pg. 789.

El hombre es justificado por la fe, sin obras de aquesta ley. Sí, que por la fe no destruimos la ley, sino establecémosla; antes la confirmamos y damos entendimiento. Lo mismo dijo nuestro Señor por san Mateo: Non veni solvere legem, sed adimplere (Mt 5, 17).

Lecciones sobre 1 Juan (I). II, pg. 178.

Porque todo lo que la ley vieja era sombra y todo se hacía por figura, todas aquellas cerimonias, y aquel “no comáis esto y estotro”, todo era por figura. Dice Sant Juan: La ley es dada por Moisén; la gracia y la verdad fue hecha por Cristo. La verdad es contraria a sombra. La verdad es cuerpo de la sombra. Quien cumplió lo figurado, dio verdad a las figuras. Que mi Señor dijo: No vine a quebrantar la ley, sino a cumplilla (Mt 5, 17).

Lecciones sobre 1 Juan (I). II, pg. 331.

Verdad algunas veces se toma, según que se opone a mentira, que es acepción común; otras, según que se opone a vanidad y a cosa de poco tomo, como solemos decir: “Aquesto es verdad”, porque es cosa sólida y de importancia; otras, a figura, porque en el Testamento Viejo había tantas figuras cuya verdad era nuestro Señor Jesucristo, como del cordero y pan cenceño. No solamente fue hecha la verdad por nuestro Señor, según las dos primeras maneras; mas también según la tercera. ¿Hay otra manera de verdad que haya sido hecha por nuestro Señor? Sí; Él dice: Non veni salvere Legem, sed adimplere (Mt 5, 17).

Lecciones sobre 1 Juan (II), II, pg. 452.

Amas a Dios y amas al prójimo por Dios: este amor no compadece pecado mortal. Qui non diligit, manet in morte (1 Jn 3, 14). Luego el que ama, con vida está. Sacaremos de aquí que la vida del alma es la caridad. Omnis qui odit fratrem suum, homicida est. Et scitis quoniam omnis honicida non habet vitam aeternam in se manentem (1 Jn 3, 15). Con Caín lo ha San Mateo: Qui autem occiderit  reus erit iudicio. Ego autem dico vovis; quia omnis qui irascitur fratri suo, reus erit iudicio (Mt 5, 21-22).

Lecciones sobre 1 Juan (I), 304-305.

Decís: “No eché mano a la espada, ni le saqué sangre, ¿cómo, por querer mal a mi prójimo, soy homicida?”.

Eso es para con el alcalde, mas para con Dios, homicida es. Omnis qui irascitur fratri suo, dignus erit iudicio (Mt 5, 22). Digno es la pena y juicio de homicida, el que se enojare con odio de su hermano; porque, si no es más de una ira que no pasa en querello mal, ni desealle mal, no sería pecado mortal, sino venial. Y que, aliende de enojarse, queriéndolo mal, lo muestra por obra, que es con alguna señal o meneo, que es decir racca, esto es decille fatue (necio). Y por eso se engañaban los fariseos, a los cuales nuestro Señor esto hablaba, pensando que solos los que sacaban sangre eran matadores.

Lecciones sobre 1 San Juan (II). II, pg. 438.

“El que dijere a su prójimo loco o necio (cf. Mt 5, 22) no por castigallo mas por injuriallo digno es del fuego del infierno”. Y, pues esto es así, mira por ti y ten caridad como Dios lo manda y ternás sana tu alma de esta enfermedad; porque quien ama no quiere mal, ni sabe injuriar, ni herir ni matar, mas antes sufrir sin volver mal por mal, mas perdonar de buena voluntad. Y si aquesto te parece recio, más te parecerá cuando Cristo te dirá: “Vete al infierno pues heciste mal y no quieres perdonar. Allí será el temblar”.

Tratado de Doctrina cristiana. II, pg. 817.

Dice la ley vieja: No te perjudarás; dice el Evangelio: Non jurare omnino (Mt 5, 34). Hobo herejes que dijeron que jurar, de cualquier manera que fuese, era pecado; tomáronlo de esta parte del Evangelio. Dijo un doctor que lo habían dicho porque no sabían lógica; que, si supieran, entenderían que en algunas cosas no es pecado jurar; que no quiere decir,m sino: no juréis a todo viento. Non omnis homo currit, id est, aliquis homno currit (Decir que no todo hombre corre es igual a decir que hay algún hombre que corre). Que no va la sagrada Escriptura para esa lógica. En ninguna cosa juréis: pues si me toman juramento, en ese caso se permite. Lo que Dios defiende es jurar de la manera que el vulgo usa a jurar.

Lecciones sobre 1 San Juan (I), pg. 187.

No jurar, aunque sea con verdad, ni por Dios, ni por sus santos, ni fe, ni cruz, ni cielo, ni tierra, ni por el cabello de tu cabeza. Tu habla sea “sí” o “no” (Mt 5, 37) o “por cierto” o “en verdad”. Lo demás es, de mal procede, si no hubiere gran necesidad y con verdad. Tercamente pecan en este mandamiento los que no cumplen los votos que prometen.

Tratado de Doctrina cristiana. II, pg. 815-816.

Porque otra cosa no es nueva ley, sino espíritu de la vieja, encerrado en la carne y sombras de la ley y figuras. Y por eso, aunque muere según la letra, vive según su ánima; y más se dice cumplida y mejorada que destruida; y así protestó el Señor que la venía a cumplir: Non veni solvere legem sed adimplere (cf. Mt 5, 17).

Sermón del Jueves Santo. III, pg. 410.

Porque no penséis que son de mi cabeza, os diré las palabras que dice Dios, el cual es tan verdadero, que primero faltará el cielo y la tierra que su palabra falte (cf. Mt 5, 18).

Sermón domingo 4 después de Cuaresma. III, pg. 172.

-No soy robador, - No basta no ser robador, mas no has de amar demasiadamente tu hacienda. No basta no matar a nadie, mas no te has de airar, etc. Y esto es lo que Cristo dijo: Nisi abundaverit iustitia vestra plusquam phariseorum, etc. (cf. Mt 5, 20). La justicia del fariseo era aquella; la del cristiano es esta. Como aquel es un mal tan general y que tanta inclinación tenemos a ello, que hasta los niños, si uno tiene unos zapatos nuevos o un sayo, luego se nos hincha y luego desprecia a los otros. Si uno tiene un poco de ciencia, si uno es de linaje, si una mujer es un poco hermosa, de ahí viene a decir: “No soy como aquel”, y ternese en mucho y al otro en nada, como ese fariseo. Esta es la una persona de la farsa. Entra agora la otra.

Domingo 10 después de Pentecostés. III, pg. 263.

Y el varón oiga y cumpla lo que el Señor dice: Si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y arrójalo de ti (cf. Mt 5, 20). Baje los ojos; y si los alza, mire al Señor. No hagas, cristiano, cuenta que tienes ojos mañana para mirar a mujeres; dáselos al Señor para que le sirvan a Él, pues Él te lo dio; refrena tus malos deseos y tu vista de fuera; que mientras más penoso te fuere, más meritorio te será; y según es Dios lleno de misericordia, por ventura por verte mañana trabajar contigo por no le ofender con tu vista, te dará fuerza para que te quedes con la buena costumbre de tener vista casta y corazón casto, que no será pequeña merced. Y de esta manera dice San Pablo, templo del Espíritu Santo, que cumpliremos lo que nos dijo: Comprados sois con precio grande, honrad y llevad a Dios en vuestro cuerpo (1 Co 6, 20) y en el espíritu de vuestra mente.

Sermón vísperas del Corpus. III, pg. 447.

Mis ovejas, dice el Señor, oyen mi voz. Estáis vos enemistado o andáis vos fornicando, hozáis vos en las vanidades del mundo, y díceos Dios: No fornicarás, amarás a tu prójimo, no jurarás mi nombre en vano (cf. Ex 20, 2-17; Dt 5, 6-21; Mt 5, 21ss), y vos, como mala oveja, no dejáis de comer y pacer y hozar en las enemistades y carnalidades.

Sermón miércoles de la semana de Pasión. III, pg. 210.

Porque el ser bueno para sí solo, cosa imperfecta es; y el ser bueno para otros, y no para sí, cosa es dañosa. Y aquel será llamado grande en el reino de los cielos (Mt 5, 19) que, siendo él bueno, procumpla con entrambas obligaciones, sin que la obligación de mirar por sí le haga estrecho para contentarse con ellas, ni el cuidado de mirar por los otros le haga aflojar el cuidado de sí.

Carta a un señor de este reino, siendo asistente de Sevilla. IV, pg. 59.

Sentencia es de Cristo que, si nuestro ojo derecho nos es ocasión de pecar, lo saquemos y alacemos de nos (cf. Mt 5, 29). El ojo derecho  es el amor que tenemos a la hacienda, honra, vida o parientes; el amor de estas cosas ofende a nuestro Señor, nos habemos de extrañar a él y cortarle de nos, porque no nos extrañemos a Dios. Ninguna cosa nos debe ser tan amada, que no la hollemos si nos estorba estar bien con Dios. No se da la amistad del reino soberano sino a quien piensa que compra barato, aunque le cueste la misma vida; que los que quieren cumplir con sus afectos y con el amor del Señor, muy engañados están amando a Dios como a una de las otras cosas, queriendo Él ser amado sobre todas.

Carta a un su devoto. IV, pg. 370.

 

San Oscar Romero.

Nuestra Iglesia tiene que tener mucho cuidado, las queridas comunidades de base, los grupos de reflexión, para que al reflexionar en la Biblia, en la palabra del Señor, no busquen otra cosa más que la sabiduría de Cristo Crucificado, no el poder de la política o del dinero. ¡A cuántos ha seducido y los ha hecho sal insípida ese apoyo frágil de las fuerzas de la tierra! Ni tampoco en el otro extremo: La puesta de las armas y de la violencia. No es el lenguaje Cristiano.

Homilía, 5 de febrero de 1978.

 

Papa León XIV. Ángelus. 8 de febrero de 2026.

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Después de haber proclamado las Bienaventuranzas, Jesús se dirige a quienes las viven diciendo que, gracias a ellos, la tierra ya no es la misma y el mundo ya no está oscuro. «Ustedes son la sal de la tierra. […] Ustedes son la luz del mundo» (Mt 5,13-14). La alegría verdadera es la que da sabor a la vida y hace surgir lo que antes no existía. Esta alegría se irradia de un estilo de vida que se desea y elige, de un modo de habitar la tierra y de vivir juntos. Es la vida que resplandece en Jesús, el sabor nuevo de sus gestos y de sus palabras. Después de haberlo encontrado, parece insípido y opaco lo que se aleja de su pobreza de espíritu, de su mansedumbre y sencillez de corazón, de su hambre y sed de justicia, que impulsan a la misericordia y a la paz como dinámicas de transformación y reconciliación.

El profeta Isaías enumera gestos concretos que ponen fin a la injusticia: compartir el pan con el hambriento, albergar a los pobres sin techo, cubrir al desnudo, sin despreocuparse de los vecinos y familiares (cf. Is 58,7). «Entonces —continúa el profeta— despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar» (v. 8). Por una parte, la luz, que no se puede esconder porque es grande como el sol de cada mañana que disipa las tinieblas; por otra, una herida, que antes ardía y ahora sana.

Es doloroso, en efecto, perder sabor y renunciar a la alegría; sin embargo, es posible tener esta herida en el corazón. Pareciera que Jesús pone en guardia a quien lo escucha para que no renuncie a la alegría. La sal que ha perdido sabor, dice, «ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por la gente» (Mt 5,13). Cuántas personas —quizá nos ha sucedido también a nosotros— se sienten descartadas, fracasadas; como si su luz se hubiera escondido. Pero Jesús nos anuncia a un Dios que nunca nos descarta, a un Padre que custodia nuestro nombre y nuestra unicidad. Cada herida, aun profunda, sanará acogiendo la palabra de las Bienaventuranzas y haciéndonos regresar al camino del Evangelio.

Los gestos de apertura y de atención a los demás son los que reavivan la alegría. Ciertamente, en su sencillez nos sitúan contracorriente. Jesús mismo fue tentado, en el desierto, por otros caminos: hacer valer su identidad, exhibirla y tener el mundo a sus pies. Pero él rechaza los caminos en los que hubiera perdido su verdadero sabor, aquel que hallamos cada domingo en la fracción del Pan: la vida entregada, el amor que no hace ruido.

Hermanos y hermanas, dejémonos alimentar e iluminar por la comunión con Jesús. Sin exhibiciones seremos entonces como una ciudad en la cima del monte, no sólo visible, sino también atrayente y acogedora; la ciudad de Dios en la que todos, en definitiva, desean vivir y encontrar la paz. A María, Puerta del cielo, dirijamos ahora la mirada y la oración, para que nos ayude a ser y a permanecer como discípulos de su Hijo.

 

León XIV. Audiencia general. 2 de febrero de 2026. Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - I. Constitución dogmática Dei Verbum 4. La Sagrada Escritura: Palabra de Dios en palabras humanas

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

La Constitución conciliar Dei Verbum, sobre la cual estamos reflexionando en estas semanas, indica en la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, para que, escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo. Los textos bíblicos, sin embargo, no fueron escritos en un lenguaje celestial o sobrehumano. Como también nos enseña la realidad cotidiana, de hecho, dos personas que hablan lenguas diferentes no se entienden entre ellas, no pueden entrar en diálogo, no logran establecer una relación. En algunos casos, hacerse comprender por el otro es un primer acto de amor. Por esto Dios elige hablar usando lenguajes humanos y, así, diferentes autores, inspirados por el Espíritu Santo, han redactado los textos de la Sagrada Escritura. Como recuerda el documento conciliar, «las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres» (DV, 13). Por tanto, no sólo en sus contenidos, sino también en el lenguaje, la Escritura revela la condescendencia misericordiosa de Dios hacia los hombres y su deseo de hacerse cercano a ellos. 

A lo largo de la historia de la Iglesia, se ha estudiado la relación que se produce entre el Autor divino y los autores humanos de los textos sagrados. Durante muchos siglos, muchos teólogos se han preocupado por defender la inspiración divina de la Sagrada Escritura, casi considerando a los autores humanos sólo como instrumentos pasivos del Espíritu Santo. En tiempos más recientes, la reflexión ha revalorizado la contribución de los hagiógrafos en la redacción de los textos sagrados, hasta el punto de que el documento conciliar habla de Dios como «autor» principal de la Sagrada Escritura, pero llama también a los hagiógrafos «verdaderos autores» de los libros sagrados (cfr DV, 11). Como observaba un agudo exégeta del siglo pasado, «rebajar la operación humana a la de puro amanuense no es glorificar la operación divina». [1] ¡Dios no mortifica nunca al ser humano y sus potencialidades!

Por tanto, si la Escritura es palabra de Dios en palabras humanas, cualquier aproximación a ella que descuide o niegue una de estas dos dimensiones resulta parcial. De ello se desprende que una correcta interpretación de los textos sagrados no puede prescindir del ambiente histórico en el que estos han madurado y de las formas literarias utilizadas; es más, la renuncia al estudio de las palabras humanas de las que Dios se ha servido, corre el riesgo de dar lugar a lecturas fundamentalistas o espiritualistas de la Escritura, que traicionan su significado. Este principio vale también para el anuncio de la Palabra de Dios: si pierde contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los hombres, si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico, resulta ineficaz. En cada época la Iglesia está llamada a proponer de nuevo la Palabra de Dios con un lenguaje capaz de encarnarse en la historia y de alcanzar los corazones. Como recordaba el Papa Francisco, «cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual». [2]

Igualmente reductiva es, por otra parte, una lectura de la Escritura que descuida su origen divino y termina entendiéndola como una mera enseñanza humana, como algo que debe estudiarse simplemente desde un punto de vista técnico o como sólo «un texto del pasado». [3] Más bien, especialmente cuando se proclama en el contexto de la liturgia, la Escritura pretende hablar a los creyentes de hoy, tocar su vida presente con sus problemáticas, iluminar los pasos a seguir y las decisiones que tienen que asumir. Esto solamente es posible cuando el creyente lee e interpreta los textos sagrados bajo la guía del mismo Espíritu que los inspiró (cfr. DV, 12).

En este sentido, la Escritura sirve para alimentar la vida y la caridad de los creyentes, como recuerda san Agustín: «El que juzga haber entendido las divinas escrituras […], y con esta inteligencia no edifica este doble amor de Dios y del prójimo, aún no las entendió». [4] El origen divino de la Escritura recuerda también que el Evangelio, encomendado al testimonio de los bautizados, incluso abrazando todas las dimensiones de la vida y de la realidad, las trasciende: esto no se puede reducir a mero mensaje filantrópico o social, sino que es anuncio alegre de la vida plena y eterna, que Dios nos ha donado en Jesús.

Queridos hermanos y hermanas, demos gracias al Señor porque, en su bondad, no permite que en nuestras vidas falte el alimento esencial de su Palabra y oremos para que nuestras palabras, y más aún nuestras vidas, no oscurezcan el amor de Dios que en ellas se narra.

__________________________________________________

[1] L. Alonso Schökel, La parola ispirata. La Bibbia alla luce della scienza del linguaggio, Brescia 1987, 70. ( La palabra inspirada. La Biblia a la luz de la ciencia del lenguaje).

[2] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 11.

[3] Benedicto XVI, Exhort. ap. post-sin. Verbum Domini (30 septiembre 2010), 35.

[4] S. Agustín, De doctrina christiana I, 36, 40.

 

Papa Francisco. Ángelus. 12 de febrero de 2023.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de la liturgia de hoy, Jesús dice: «No piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). Dar cumplimiento: ésta es una palabra clave para entender a Jesús y su mensaje. ¿Pero qué significa este “dar cumplimiento”? Para explicarlo, el Señor comienza diciendo lo que no es cumplimiento. La Escritura dice “no matarás”, pero para Jesús esto no basta si luego se hiere a los hermanos con las palabras; la Escritura dice “no cometerás adulterio”, pero esto no basta si luego se vive un amor salpicado por la doblez y la falsedad; la Escritura dice “no jurarás en falso”, pero no basta hacer un juramento solemne si luego se actúa con hipocresía (cf. Mt 5,21-37). Así no hay cumplimiento

Para darnos un ejemplo concreto, Jesús se centra en el “rito de la ofrenda”. Al hacer una ofrenda a Dios, se correspondía a la gratuidad de sus dones. Hacer una ofrenda para corresponder simbólicamente —digámoslo así— a la gratuidad de sus dones, era un rito muy importante, tan importante que estaba prohibido interrumpirlo salvo por motivos graves. Pero Jesús afirma que hay que interrumpirlo si un hermano tiene algo contra nosotros, para ir primero a reconciliarnos con él (cf. vv. 23-24): solo entonces se cumple el rito. El mensaje es claro: Dios nos ama primero, gratuitamente, dando el primer paso hacia nosotros sin que lo merezcamos; y, por ende, nosotros no podemos celebrar su amor sin dar a nuestra vez el primer paso para reconciliarnos con quienes nos han herido. Así hay cumplimiento a los ojos de Dios, de lo contrario la observancia externa, puramente ritualista, es inútil, se convierte en una ficción. En otras palabras, Jesús nos hace comprender que las reglas religiosas son útiles, son buenas, pero son solo el inicio: para darles cumplimiento, es necesario ir más allá de la letra y vivir su sentido. Los mandamientos que Dios nos ha dado no deben encerrarse en la caja fuerte asfixiante de la observancia formal, pues de lo contrario nos quedamos en una religiosidad externa y desapegada, siervos de un “dios amo” en lugar de hijos de Dios Padre. Jesús quiere esto, que no tengamos la idea de servir a un Dios amo, sino al Padre, y por esto es necesario ir más allá de la letra.

Hermanos y hermanas, este problema no existía solo en tiempos de Jesús, existe también hoy. A veces, por ejemplo, oímos: “Padre, no he matado, no he robado, no he hecho daño a nadie...”, como diciendo: “He cumplido”. Esta es la observancia formal, que se conforma con el mínimo indispensable, mientras que Jesús nos invita al máximo posible. Es decir, Dios no razona con cálculos y tablas; Él nos ama como un enamorado: ¡no hasta el mínimo, sino hasta el máximo! No nos dice: “Te amo hasta cierto punto”. No, el verdadero amor nunca llega hasta un punto determinado y nunca se siente satisfecho; el amor va siempre más allá, no puede por menos. El Señor nos lo mostró dando su vida en la cruz y perdonando a sus asesinos (cf. Lc 23,34). Y nos ha confiado el mandamiento que más aprecia: que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado (cf. Jn 15,12). ¡Este es el amor que da cumplimiento a la Ley, a la fe, a la verdadera vida!

Así pues, hermanos y hermanas, podemos preguntarnos: ¿cómo vivo yo mi fe? ¿Es una cuestión de cálculo, de formalismo, o es una historia de amor con Dios? ¿Me conformo solo con no hacer el mal, con mantener “la fachada”, o intento crecer en el amor a Dios y a los demás? Y de vez en cuando ¿me confronto a mí mismo con el gran mandamiento de Jesús, me pregunto si amo a mi prójimo como Él me ama? Porque tal vez somos inflexibles para juzgar a los demás y nos olvidamos de ser misericordiosos, como Dios lo es con nosotros.

Que María, que observó perfectamente la Palabra de Dios, nos ayude a dar cumplimiento a nuestra fe y a nuestra caridad.


Papa Francisco. Ángelus. 16 de febrero de 2020.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Mateo 5, 17-37) está tomado del “Sermón de la Montaña” y trata el tema del cumplimiento de la Ley: cómo debo cumplir la Ley, cómo hacerlo. Jesús quiere ayudar a sus oyentes a tener un acercamiento justo a las prescripciones de los Mandamientos dados a Moisés, exhortándolos a estar disponibles para Dios que nos educa para la verdadera libertad y responsabilidad a través de la Ley. Se trata de vivirla como un instrumento de libertad. No olvidemos esto: vivir la Ley como un instrumento de libertad, que me ayude a ser más libre, que me ayude a no ser esclavo de las pasiones y el pecado. Pensemos en las guerras, pensemos en las consecuencias de las guerras, pensemos en esa niña que murió de frío en Siria anteayer. Tantas calamidades, tantas. Esto es el resultado de las pasiones, y la gente que hace la guerra no sabe cómo dominar sus pasiones. No cumplen con la ley. Cuando se cede a las tentaciones y pasiones, uno no es señor y protagonista de su vida, sino que se vuelve incapaz de manejarla con voluntad y responsabilidad.

El discurso de Jesús está estructurado en cuatro antítesis, expresadas con la fórmula «Habéis oído que se dijo... pues yo os digo». Estas antítesis se refieren a otras tantas situaciones de la vida cotidiana: el asesinato, el adulterios, el divorcios y el juramento. Jesús no suprime las prescripciones relativas a estas cuestiones, sino que explica su pleno significado e indica el espíritu en el que deben ser observadas. Nos anima a pasar de la observancia formal de la Ley a la observancia sustancial, aceptando la Ley en nuestros corazones, que es el centro de las intenciones, decisiones, palabras y gestos de cada uno de nosotros. Del corazón salen las buenas y las malas acciones.

Acogiendo la Ley de Dios en nuestros corazones entendemos que, cuando no amamos a nuestro prójimo, nos matamos de alguna manera a nosotros mismos y a los demás, porque el odio, la rivalidad y la división matan la caridad fraternal, que es la base de las relaciones interpersonales. Y esto se aplica a lo que he dicho sobre las guerras y también a las habladurías, porque el lenguaje mata. Aceptando la Ley de Dios en el corazón se entiende que los deseos deben ser guiados, porque no se puede tener todo lo que uno desea, y no es bueno ceder a sentimientos egoístas y posesivos. Cuando se acepta la Ley de Dios en el corazón, se comprende que hay que abandonar un estilo de vida de promesas rotas, así como pasar de la prohibición del perjurio a la decisión de no jurar en absoluto, asumiendo la actitud de plena sinceridad con todos.

Y Jesús es consciente de que no es fácil vivir los mandamientos de una manera tan completa. Por eso nos ofrece la ayuda de su amor: vino al mundo no sólo para cumplir la Ley, sino también para darnos su gracia, para que podamos realizar la voluntad de Dios, amándolo a Él y a nuestros hermanos y hermanas. ¡Todo, todo lo podemos hacer con la gracia de Dios! Así, la santidad no es otra cosa que guardar esta gratitud que Dios nos ha dado, esta gracia. Se trata de confiar y encomendarse a Él, a su Gracia, a esa gratitud que nos ha dado y coger la mano que nos tiende constantemente, para que nuestros esfuerzos y nuestro compromiso necesario puedan ser sostenidos por su ayuda, llena de bondad y misericordia.

Hoy Jesús nos pide que avancemos en el camino del amor que nos ha indicado y que comienza en el corazón. Éste es el camino que hay que seguir para vivir como cristianos. Que la Virgen María nos ayude a seguir el camino trazado por su Hijo, a alcanzar la verdadera alegría y a difundir la justicia y la paz por todas partes.

 

Papa Francisco. Ángelus. 12 de febrero de 2017.

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

La liturgia de hoy nos presenta otra página del Discurso de la montaña, que encontramos en el Evangelio de Mateo (cf. 5, 17-37). En este pasaje, Jesús quiere ayudar a quienes le escuchan para realizar una relectura de la ley mosaica. Lo que fue dicho en la antigua alianza era verdadero, pero no era todo: Jesús vino para dar cumplimiento y para promulgar de manera definitiva la ley de Dios, hasta la última iota (cf. 18). Él manifiesta las finalidades originarias y cumple los aspectos auténticos, y hace todo esto mediante su predicación y más aún al ofrecerse a sí mismo en la cruz. Así Jesús enseña cómo hacer plenamente la voluntad de Dios y usa esta palabra: con una “justicia superior” respecto a la de los escribas y fariseos (cf. 20). Una justicia animada por el amor, por la caridad, por la misericordia, y por lo tanto capaz de realizar la sustancia de los mandamientos, evitando el riesgo del formalismo. El formalismo: esto puedo, esto no puedo; hasta aquí puedo, hasta aquí no puedo... No: más, más. En particular, en el Evangelio de hoy Jesús examina tres aspectos, tres mandamientos: el homicidio, el adulterio y el juramento. Respecto al mandamiento “no matarás”, Él afirma que es violado no solo por el homicidio efectivo, sino también por esos comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, comprendidas las palabras injuriosas (cf v. 22). Claro, estas palabras injuriosas no tienen la misma gravedad y culpabilidad del asesinato, pero se ponen en la misma línea, porque se dan las premisas y revelan la misma malevolencia. Jesús nos invita a no establecer una clasificación de las ofensas, sino a considerarlas todas dañinas, en cuanto son movidas por el intento de hacer el mal al próximo. Y Jesús pone el ejemplo. Insultar: nosotros estamos acostumbrados a insultar, es como decir “buenos días”. Y eso está en la misma línea del asesinato. Quien insulta al hermano, mata en su propio corazón a su hermano. Por favor, ¡no insultéis! No ganamos nada...

Otro cumplimiento es aportado a la ley matrimonial. El adulterio era considerado una violación del derecho de propiedad del hombre sobre la mujer. Jesús en cambio va a la raíz del mal. Así como se llega al homicidio a través de las injurias, las ofensas y los insultos, se llega al adulterio a través de las intenciones de posesión respecto a una mujer diversa de la propia mujer. El adulterio, como el hurto, la corrupción y todos los otros pecados, primero son concebidos en nuestra intimidad y, una vez cumplida en el corazón la elección equivocada, se ponen en práctica a través de un comportamiento concreto. Y Jesús dice: quien mira a una mujer que no es la propia con ánimo de posesión es un adúltero en su corazón, ha iniciado el camino hacia el adulterio. Pensemos un poco sobre esto: sobre los malos pensamientos que vienen en esta línea.

Jesús dice además a sus discípulos que no juren, en cuanto el juramento es señal de la inseguridad y de la doblez con la cual se desarrollan las relaciones humanas. Se instrumentaliza la autoridad de Dios para dar garantía a nuestras actividades humanas. Más bien estamos llamados a instaurar entre nosotros, en nuestras familias y en nuestras comunidades un clima de limpieza y de confianza recíproca, de manera que podemos ser considerados sinceros sin recurrir a intervenciones superiores para ser creídos. ¡La desconfianza y las sospechas recíprocas amenazan siempre la serenidad!

Que la Virgen María, que dona la escucha dócil y la obediencia alegre, nos ayude a acercarnos siempre más al Evangelio, para ser cristianos no “de fachada”, ¡sino de sustancia! Y esto es posible con la gracia del Espíritu Santo, que nos permite hacer todo con amor, y así cumplir plenamente la voluntad de Dios.

 

Papa Francisco. Ángelus. 16 de febrero de 2014.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo forma parte aún del así llamado «sermón de la montaña», la primera gran predicación de Jesús. Hoy el tema es la actitud de Jesús respecto a la Ley judía. Él afirma: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud» (Mt 5, 17). Jesús, sin embargo, no quiere cancelar los mandamientos que dio el Señor por medio de Moisés, sino que quiere darles plenitud. E inmediatamente después añade que esta «plenitud» de la Ley requiere una justicia mayor, una observancia más auténtica. Dice, en efecto, a sus discípulos: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 5, 20).

¿Pero qué significa esta «plenitud» de la Ley? Y esta justicia mayor, ¿en qué consiste? Jesús mismo nos responde con algunos ejemplos. Jesús era práctico, hablaba siempre con ejemplos para hacerse entender. Inicia desde el quinto mandamiento: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”; ... Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado» (vv. 21-22). Con esto, Jesús nos recuerda que incluso las palabras pueden matar. Cuando se dice de una persona que tiene la lengua de serpiente, ¿qué se quiere decir? Que sus palabras matan. Por lo tanto, no sólo no hay que atentar contra la vida del prójimo, sino que tampoco hay que derramar sobre él el veneno de la ira y golpearlo con la calumnia. Ni tampoco hablar mal de él. Llegamos a las habladurías: las habladurías, también, pueden matar, porque matan la fama de las personas. ¡Es tan feo criticar! Al inicio puede parecer algo placentero, incluso divertido, como chupar un caramelo. Pero al final, nos llena el corazón de amargura, y nos envenena también a nosotros. Os digo la verdad, estoy convencido de que si cada uno de nosotros hiciese el propósito de evitar las críticas, al final llegaría a ser santo. ¡Es un buen camino! ¿Queremos ser santos? ¿Sí o no? [Plaza: ¡Sí!] ¿Queremos vivir apegados a las habladurías como una costumbre? ¿Sí o no? [Plaza: ¡No!] Entonces estamos de acuerdo: ¡nada de críticas! Jesús propone a quien le sigue la perfección del amor: un amor cuya única medida es no tener medida, de ir más allá de todo cálculo. El amor al prójimo es una actitud tan fundamental que Jesús llega a afirmar que nuestra relación con Dios no puede ser sincera si no queremos hacer las paces con el prójimo. Y dice así: «Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano» (vv. 23-24). Por ello estamos llamados a reconciliarnos con nuestros hermanos antes de manifestar nuestra devoción al Señor en la oración.

De todo esto se comprende que Jesús no da importancia sencillamente a la observancia disciplinar y a la conducta exterior. Él va a la raíz de la Ley, apuntando sobre todo a la intención y, por lo tanto, al corazón del hombre, donde tienen origen nuestras acciones buenas y malas. Para tener comportamientos buenos y honestos no bastan las normas jurídicas, sino que son necesarias motivaciones profundas, expresiones de una sabiduría oculta, la Sabiduría de Dios, que se puede acoger gracias al Espíritu Santo. Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu, que nos hace capaces de vivir el amor divino.

A la luz de esta enseñanza, cada precepto revela su pleno significado como exigencia de amor, y todos se unen en el más grande mandamiento: ama a Dios con todo el corazón y ama al prójimo como a ti mismo.

 

Benedicto XVI. Ángelus.  13 de febrero de 2011.

Queridos hermanos y hermanas:

En la Liturgia de este domingo prosigue la lectura del llamado «Sermón de la montaña» de Jesús, que comprende los capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio de Mateo. Después de las «bienaventuranzas», que son su programa de vida, Jesús proclama la nueva Ley, su Torá, como la llaman nuestros hermanos judíos. En efecto, el Mesías, con su venida, debía traer también la revelación definitiva de la Ley, y es precisamente lo que Jesús declara: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud». Y, dirigiéndose a sus discípulos, añade: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 5, 17.20). Pero ¿en qué consiste esta «plenitud» de la Ley de Cristo, y esta «mayor» justicia que él exige?

Jesús lo explica mediante una serie de antítesis entre los mandamientos antiguos y su modo proponerlos de nuevo. Cada vez comienza diciendo: «Habéis oído que se dijo a los antiguos...», y luego afirma: «Pero yo os digo...». Por ejemplo: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”; y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: “todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado”» (Mt 5, 21-22). Y así seis veces. Este modo de hablar suscitaba gran impresión en la gente, que se asustaba, porque ese «yo os digo» equivalía a reivindicar para sí la misma autoridad de Dios, fuente de la Ley. La novedad de Jesús consiste, esencialmente, en el hecho que él mismo «llena» los mandamientos con el amor de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo que habita en él. Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que nos hace capaces de vivir el amor divino. Por eso todo precepto se convierte en verdadero como exigencia de amor, y todos se reúnen en un único mandamiento: ama a Dios con todo el corazón y ama al prójimo como a ti mismo. «La plenitud de la Ley es el amor», escribe san Pablo (Rm 13, 10). Ante esta exigencia, por ejemplo, el lamentable caso de los cuatro niños gitanos que murieron la semana pasada en la periferia de esta ciudad, en su chabola quemada, impone que nos preguntemos si una sociedad más solidaria y fraterna, más coherente en el amor, es decir, más cristiana, no habría podido evitar ese trágico hecho. Y esta pregunta vale para muchos otros acontecimientos dolorosos, más o menos conocidos, que acontecen diariamente en nuestras ciudades y en nuestros países.

Queridos amigos, quizás no es casualidad que la primera gran predicación de Jesús se llame «Sermón de la montaña». Moisés subió al monte Sinaí para recibir la Ley de Dios y llevarla al pueblo elegido. Jesús es el Hijo de Dios que descendió del cielo para llevarnos al cielo, a la altura de Dios, por el camino del amor. Es más, él mismo es este camino: lo único que debemos hacer es seguirle, para poner en práctica la voluntad de Dios y entrar en su reino, en la vida eterna. Una sola criatura ha llegado ya a la cima de la montaña: la Virgen María. Gracias a la unión con Jesús, su justicia fue perfecta: por esto la invocamos como Speculum iustitiae. Encomendémonos a ella, para que guíe también nuestros pasos en la fidelidad a la Ley de Cristo.

 

GUIÓN MISA NIÑOS. MIÉRCOLES DE CENIZA

 

Monición de entrada:

Bienvenidos.

Hoy es el miércoles de ceniza. Y con esta misa empezamos la cuaresma.

La cuaresma son días para rezar. La cuaresma son días para hacer pequeños sacrificios. La cuaresma son días para ayudar más a las personas que nos piden ayuda.

Y la cuaresma son días para prepararnos para la Semana Santa y la Pascua.

 

Monición a la bendición de la ceniza.

Ahora el sacerdote va a bendecir la ceniza que pondrá sobre nuestra cabeza.

La ceniza se ha hecho con los ramos de olivo que utilizamos el Domingo de Ramos del año pasado.

 

Peticiones.-

Para que Jesús ayude al papa León. Roguemos al Señor.

Para que Jesús ayude a los cristianos que no son queridos en sus países Roguemos al Señor.

Para que Jesús ayude a los que van a pasar unos días rezando. Roguemos al Señor.

Para que Jesús ayude a los que no tienen comida. Roguemos al Señor.

 

Acción de gracias.

Virgen María queremos darte gracias porque hemos empezado la cuaresma. Y porque sabemos que nos vas a ayudar a ser mejores estos días, siendo obedientes a nuestras madres y padres.

 

1 TIEMPO DE CUARESMA

Monición de entrada:

Hemos empezado la cuaresma. Los cuarenta días que nos ayudan a preparar la fiesta de la pascua.

Cada domingo nos ayudará a ver si estamos arreglando el corazón para ese día.

Además hoy vamos a celebrar la fiesta del perdón. Nos arrodillaremos y Jesús a través de José nos perdonará los pecados por primera vez.

 

Señor, ten piedad.

Tú que nos acompañas estos días.  Señor, ten piedad.

Tú que nos ayudas a portarnos bien. Cristo, ten piedad.

Tú que nos vas a perdonar las veces que nos hemos portado mal. Señor, ten piedad.

 

Peticiones.-

Para que la Iglesia sea la casa donde todos se sientan perdonas. Te lo pedimos Señor.

Para que las palabras de Jesús nos ayuden a ser buenos en cuaresma. Te lo pedimos Señor.

Para que las personas que se enfadan con los demás o hablan mal de ellos, tengan un corazón grande para pedir perdón. Te lo pedimos Señor.

Hoy es el día del seminario. Le pedimos para que tengamos muchos y buenos sacerdotes que nos perdonen los pecados. Te lo pedimos Señor.

Por nosotros, para que nunca nos cansemos de pedirle perdón a Dios cuando nos portemos mal. Te lo pedimos Señor.

 

Oración.

Virgen María,

queremos darte las gracias porque tenemos un corazón nuevo, como el que teníamos de pequeños.

Gracias por que Jesús nos ha perdonado y también porque cada día nuestra familia nos perdona cuando no somos obedientes o nos peleamos.