miércoles, 29 de abril de 2026

306. Domingo 5º Tiempo Pascual. 3 de mayo de 2026.

 


Primera lectura.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:

-No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra. La propuesta les pareció bien a todos y eligieron Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se les presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

 

Textos paralelos.

Al multiplicarse los discípulos.

Hch 2, 41: Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Dt 1, 9: Yo solo no puedo cargar con vosotros. El Señor, vuestro Dios, os ha multiplicado, y hoy sois tan numerosos como las estrellas del cielo.

Buscad entre vosotros a siete.

Ex 18, 17-23: El suegro de Moisés le replicó: “No está bien lo que haces; os estáis matando tú y el pueblo que te acompaña. La tarea es demasiado grande y no puedes despacharla tú solo”.

Nm 27, 18: Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien está el espíritu, imponle las manos.

1Tm 3, 8-10: En cuanto a los diáconos, sean asimismo respetables, sin doble lenguaje, no aficionados al mucho vino ni dados a negocios sucios; que guarden el misterio de la fe con la conciencia pura. Tienen que ser probados primero y, cuando se vea que son intachables, que ejerzan el ministerio”.

Is 11, 2: Sobre él se posará el espíritu del Señor: / espíritu de sabiduría y entendimiento, / espíritu de concejo y fortaleza, / espíritu de ciencia y temor del Señor.

Hch 1, 8: En cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra.

Nos dediquemos a la oración y el ministerio de la palabra.

Hch 1, 14: Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Hch 2, 42: Y perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.

Les impusieron las manos.

Hch 13, 3: Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron.

1 Tm 4, 14: No descuides el don que hay en ti, que te fue dado por intervención profética con la imposición de manos del presbiterio.

El número de discípulos se multiplicaba.

Hch 2, 41: Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Iba aceptando la fe.

Rm 1, 5: Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre.

 

Notas exegéticas.

6 1 (a) “Los discípulos”, nueva manera, propia de los Hechos (no antes de 6, 1 ni después de 21, 16, indicio de fuentes utilizadas por Lucas), de designar a los cristianos, equiparados de este modo al pequeño grupo de fieles que se habían adherido a Jesús y al que los evangelios designan con nombre.

6 1 (b) Los “helenistas”: judíos que habían vivido fuera de Palestina, habían recibido alguna cultura griega y disponían en Jerusalén de sinagogas particulares, en las que se leía la Biblia en griego. Los “hebreos” eran los judíos autóctonos, hablaban el arameo, pero leían la Biblia en hebreo en sus sinagogas. Esta división se transfirió al interior de la Iglesia primitiva. La iniciativa de las misiones partirá del grupo helenista.

6 3 (a) Var.: “busquemos”.

6 3 (b) Doce era la cifra de las tribus de Israel, Mc 3, 14. Siete es la de las naciones paganas que habitaban Canaán

6 4 La doble función de los apóstoles en las reuniones litúrgicas de la comunidad: dirigir las oraciones y desarrollar la catequesis.

6 5 Lucas no da el nombre de “diáconos” a los siete elegidos, aunque se repite la palabra “servicio” (diakonía), ver Flp 1, 1. Todos los elegidos llevan nombre griego: el último es un prosélito. Con esto, el grupo de cristianos helenistas recibe una organización aparte del grupo hebreo. Es posible que detrás de la diferencia señalada en el v.1 se oculte un desacuerdo más profundo entre hebreos y helenistas, quizá a propósito de políticas misioneras.

6 6 O la comunidad, ver Hch 13, 1-3, o mejor (v.3) los apóstoles.

 

Salmo responsorial

Salmo 31 (32, 1-2.4-5.18-19.


R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti.

Aclamad, justos, al Señor,

que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,

tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra. R/.

 

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,

en los que esperan su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

 

Textos paralelos.

¡Aclamad con júbilo, justos, a Yahvé.

Sal 32, 11: Alegraos, justos, y gozad con el Señor; / aclamadlo los de corazón sincero.

que la alabanza es propia de los rectos!

Sal 92, 2: Es bueno dar gracias al Señor / y tocar para tu nombre, oh Altísimo.

Sal 147, 1: Alabad al Señor, que la música es buena; / nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

Tocad el arpa de diez cuerdas.

Sal 92, 4: Con arpas de diez cuerdas y laúdes, / sobre arpegios de cítaras.

Pues recta es la palabra de Yahvé.

Dt 32, 4: Él es la Roca, sus obras son perfectas, / sus caminos son justos, / es un Dios fiel, sin maldad; / es justo y recto.

Su obra toda fundada en la verdad.

Sal 89, 15: Justicia y derecho sostienen tu trono, / misericordia y fidelidad te preceden.

De amor de Yahvé está llena la tierra.

Sal 119, 64: Señor, de tu bondad está llena la tierra; / enséñame tus mandatos.

Los ojos de Yahvé sobre sus adeptos.

Sal 32, 8: Te instruiré y te enseñaré / el camino que has de seguir, / fijaré en ti mis ojos.

Sobre los que esperan en su amor.

Sal 34, 16: Los ojos del Señor miran a los justos, / sus oídos escuchan sus gritos.

 

Notas exegéticas.

33 18. [Adeptos]. Lit. “los que le temen”.

 

Segunda lectura.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-9

Queridos hermanos:

Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Por eso se dice en la Escritura: “Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado”. Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”, y también “piedra de choque y roca de estrellarse”; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos. Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.

 

Textos paralelos.

Vosotros acercaos al Señor, la piedra viva.

Sal 118, 22: La piedra que desecharon los arquitectos / es ahora la piedra angular.

Mt 21, 42: Y Jesús les dice: “¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?”

Hch 4, 11: Él es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular.

Así como piedras vivas que sois.

Ef 2, 20-22: Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Ex 19, 6: Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel.

Rm 1, 9: Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu anunciando el Evangelio de su Hijo, me es testigo de que me acuerdo incesantemente de vosotros.

Voy a colocar en Sión una piedra elegida, angular y preciosa.

Is 28, 16: Por eso así dice el Señor, Dios: / “He puesto en Sión como fundamento una piedra, / una piedra probada, / una piedra angular preciosa, / fundamento sólido. / Quien se apoya en ella no vacila.

Rm 9, 33: Según está escrito: He aquí que pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca de escándalo; pero el que crea en ella no será confundido.

Rm 10, 11: Pues dice la Escritura: Nadie que crea en él quedará confundido.

La piedra que los constructores desecharon.

Sal 118, 22: La piedra que desecharon los arquitectos / es ahora la piedra angular.

Se ha convertido en piedra angular.

Is 8, 14: Porque él será un santuario, / pero también peña de tropiezo y piedra de escándalo / para las dos casas de Israel, / trampa y lazo para los habitantes de Jerusalén.

Sois linaje elegido, sacerdocio real.

Is 43, 20-21: Me glorificarán las bestias salvajes, / chacales y avestruces, / porque pondré agua en el desierto, / corrientes en la estepa, / para dar de beber a mi pueblo elegido / a este pueblo que me he formado / para que proclame alabanza.

Ex 19, 5-6: Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.

Ef 1, 14: Él es la prenda de nuestra herencia, / mientras llega la redención del pueblo de su propiedad, / para alabanza de su gloria.

Rm 3, 24: Y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús.

Col 1, 12-13: Dando gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, / y nos ha trasladado / al reino del Hijo de su amor.

Hch 26, 18: Para que les abras los ojos, y se vuelvan de las tinieblas a la luz y del dominio de Satanás a Dios; para que reciban el perdón de los pecados y parte en la herencia entre los que han sido santificados por la fe en mí.

Vosotros, que en un tiempo no fuisteis pueblo.

Os 1, 6: Ella volvió a concebir y dio a luz una hija. Y el Señor le dijo: Ponle de nombre “no compadecida”, / porque ya no tendré más compasión / de la casa de Israel / ni los soportaré más.

Os 2, 3: Decid a vuestros hermanos: “Pueblo mío”, / y a vuestras hermanas: “compadecida”.

Os 2, 25: Yo la sembraré para mí en el país / tendré compasión de “No compadecida”, / y diré a “No mi pueblo”: / “Tú eres mi pueblo”; y él dirá: “Mi Dios”.

 

Notas exegéticas:

2 4 En el pasaje siguiente, vv. 4-10, se aprecia el recuerdo de Ex 19. El pueblo santo antiguo se constituyó entorno al Sinaí, pero no podía acercarse a él. El nuevo pueblo se constituye en torno a otra Roca, la Piedra, a la que es posible acercarse. Igualmente, a los sacrificios que había sellado la antigua alianza se sobreponen los sacrificios espirituales de los cristianos. Además la imagen del crecimiento sustituye a la de la construcción. Jesús mismo se había comparado con la piedra rechazada y después escogida por Dios. Los cristianos, piedras vivas como él se edifican para morada espiritual en la que rinden a Dios por Cristo un culto digno de él.

2 5 (a) 1 Pedro acostumbra a proponer una exhortación para justificarla después mediante la Escritura.

2 5 (b) El término traducido habitualmente por “sacerdocio” (hieráteuma) ha sido forjado por los traductores griegos del AT para expresar la misión providencial del pueblo de Israel entre las naciones. El término evoca, pues, aquí la función de toda la Iglesia, no el oficio particular de cada cristiano.

2 7 (a) La palabra griega traducida así (rime) pertenece a la misma raíz que el adjetivo traducido por “preciosa” (éntimos) en los vv. 4 y 6. El autor aplica a la Iglesia los títulos dados a Cristo.

2 7 (b) Jesús había utilizado este texto del Sal 118 para anunciar su muerte y su resurrección.

2 8 Lit. “para esto han sido puestos”. Los judíos a rechazar el Evangelio, perdieron sus prerrogativas que han sido concedidas a los cristianos. Complétese con Rm 11, 32 y que no se prejuzgue un rechazo escatológico.

2 9 Una nueva seria de alusiones bíblicas atribuye a la Iglesia los títulos de pueblo elegido, para subrayar su relación con Dios y su responsabilidad en el mundo. Esta “raza” extraía de su pertenencia a Cristo una unidad que desafiaba toda clasificación.

 

Evangelio.

X Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.

Tomás le dice:

-Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?

Jesús le responde:

-Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.

Felipe le dice:

-Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.

Jesús le replica:

-Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.

 

Textos paralelos.

No se turbe vuestro corazón.

Jn 14, 27: La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy, como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde.

Creéis en Dios, creed también en mí.

Dt 1, 20: Entonces os dije: “Habéis llegado a la montaña de los amorreos, que el Señor nuestro Dios nos da”.

Jn 10, 28: Yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Jn 16, 33: Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido el mundo.

Volveré y os tomaré conmigo para que donde esté yo.

Jn 7, 34: Me buscaréis y no me encontraréis, y donde yo estoy vosotros no podéis venir.

Jn 12, 26: El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor: a quien me sirva, el Padre lo honrará.

Jn 17, 24: Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.

Le dijo Tomás.

Jn 11, 16: Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás: “Vamos también nosotros y muramos con él”.

Jn 20, 24: Tomás uno de los Doce, llamado el Mellizo , no estaba con ellos cuando vino Jesús.

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

Jn 1, 4: En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Hb 10, 19-20:  Así pues, teniendo libertad para entrar en el santuario, en virtud de la sangre de Jesús, contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne.

Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre.

Jn 8, 19: Ellos le preguntaban: “¿Dónde está tu Padre?”. Jesús contestó: “Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre”.

Jn 12, 45: Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado.

2 Co 4, 4: Los incrédulos, cuyas mentes ha obcecado el dios de este mundo para que no vean el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios.

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”.

Ex 33, 18: Entonces Moisés exclamó: “Muéstrame tu gloria”.

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Jn 1, 18: A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Jn 12, 45: Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado.

¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?

Jn 10, 30: Yo y el Padre somos uno.

Las palabras que os digo no las digo por mi cuenta.

Jn 1, 1: En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios y el Verbo era Dios.

Jn 12, 49: Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar.

Jn 5, 36: Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.

Hará también las obras que yo hago.

Mt 21, 21: Jesús dijo: “En verdad os digo que si tuvierais fe y no vacilaseis, no solo haríais lo de la higuera, sino que diríais a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y así se realizaría.

 

Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

14 1 Los vv. 1-2 son un reflejo del texto de Dt 1, 19-33 en el momento de “pasar” a la Tierra prometida no hay que temer a los enemigos, aquí, el mundo sometido a Satán, sino tener confianza en Dios (al revés que los hebreos) porque como había hecho Dios Cristo marcha delante a fin de “preparar” (Targum) un lugar para los discípulos.

14 2 (a) El término “casa” había sido aplicado al templo, lugar de la presencia de Dios en medio de su pueblo. La imagen fue después utilizada para designar la trascendencia de la existencia divina: se dirá simbólicamente que la casa de Dios está edificada en el cielo.

14 2 (b) Otra traducción: “Si no, ¿os habría dicho que yo voy…?

14 3 Toda la espera de la Iglesia se apoya en esta promesa. Como en los comienzos del cristianismo el retorno de Cristo parece esperarse en un futuro relativamente próximo: los vv. 1-3 son, pues, de redacción bastante arcaica.

14 6 Estos tres títulos se dicen de Cristo en referencia a los bienes que recibimos de él. Él es la Verdad, porque nos enseña la verdad sobre nuestra vida moral. Es el Camino, porque nos enseña cómo andar por la senda que lleva al Padre, dándonos ejemplo él mismo. Es la vida, porque siguiendo este Camino, obtendremos la vida.

14 7 Var. “Si me conocierais a mí, conoceríais”. Es preciso saber que Jesús es el Unigénito para reconocer que Dios es “el Padre” que nos ama.

14 8 Felipe expresa la aspiración más profunda de un creyente, que solo Jesús puede colmar. Pero todavía no le ha entendido. Lo mismo que Pedro y Tomás no han reconocido verdaderamente a Jesús y, aunque de forma diferente a ellos, se halla confundido respecto a su persona.

14 10 Solo la fe descubre la presencia del Hijo, en el Padre y del Padre en el Hijo. Felipe se equivoca pidiendo una fulgurante manifestación del Padre.

14 12 El ministerio de revelación y de salvación cuyos signos han sido los milagros proseguirá en la obra de los discípulos. El Espíritu, principio de los carismas de que gozarán será enviado por Dios glorificado a la diestra del Padre.

 

Notas exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica

14 1 No os alarméis: lit. no se alarme de vosotros el corazón. Dando su valor al imperativo negativo de presente: No sigáis alarmados.

[Si] creéis: otros lo entienden como imperativo: creed en Dios, creed también en mí.

2 ¿Alude Jesús a algo que les ha dicho antes, tal vez a las palabras de 12, 26? De cualquier forma, la despedida es provisional, no definitiva: Jesús se va a “preparar sitio” a los suyos en su propia casa familiar. El judaísmo hablaba de hasta siete aposentos o moradas en el paraíso para las almas santas. Pero, según las palabras de Jesús, esos aposentos están en la casa de mi Padre, y el mismo Jesús está allí.

3 Vendré de nuevo…: lit. de nuevo vengo y llevaré a vosotros hacia mí.

6 Nueva revelación de Jesús (para la fórmula “Yo soy” cf. 4, 26; 6, 35). El artículo viene a decir: existen muchos caminos, yo soy el único camino seguro; existen muchas verdades, yo soy la verdad por esencia, etc. Podría pensarse que hay que poner el énfasis en el tercer camino, a la manera semítica – “yo soy el camino verdadero que conduce a la vida” – pero quizá el camino se aquí la palabra principal, coherente con la pregunta de Tomás; si esto fuera así, la verdad y la vida explicarían porque Jesús es el camino.

Es decir: “soy el camino porque y en cuanto soy la verdad – la revelación total del Padre – gracias a la cual tenéis vida”). No hay desorientación posible teniendo a Jesús, que es el camino que conduce a Dios (Hb 10,2 0), la verdad que libera (cf. 8, 31-32), la vida que alimenta (cf. 6, 35). Si en Hch 9, 2 se llama “camino” al nuevo estilo cristiano, para Jn “el camino” no es meramente una moral, como “la verdad” no es ante todo una serie de proposiciones doctrinales; son una persona viviente: Jesucristo, nuestro mediador para llegar al Padre; separados de él, sólo experimentaremos desorientación, mentira y muerte. “¡Qué dichosa suerte y qué gozoso y bienaventurado viaje, adonde el camino es Cristo, y la guía de él es él mismo, y la guarda y la seguridad ni más ni menos es él, y adonde los que van por él son sus hechuras y rescatados suyos!” (fray Luis de León). “Todo nuestro bien y remedio es la sacratísima humanidad de nuestro Señor Jesucristo… Si pierden la guía que es el buen Jesús, no aceptarán el camino; porque el mismo Señor dice que es “camino”, y que no puede ninguno ir al Padre sino por él, y “quien ve a mí ve al Padre”. Dirán que se da otro sentido a estas palabras; yo no se esotros sentidos; con este, que siempre siente mi alma ser vedad, me ha ido muy bien” (santa Teresa de Jesús).

9 El que me ve está viendo al Padre: el tiempo verbal griego (perfecto) indica una acción pasada, cuyo afecto perdura en el presente “el que me vio y sigue viéndome…”. “Ver” al Padre es conocerlo cara a cara. El Hijo es imagen del Padre en cuanto Verbo encarnado, hecho hombre. Para fray Luis de León, Cristo “es cara de Dios, porque como cada uno se conoce en la cara, así Dios se nos representa en él y nos demuestra que es clarísima y perfectísimamente”. “Toda la vida de Cristo es revelación del Padre: sus palabras y obras, silencios y sufrimientos,  su modo de ser y de hablar […]. Por haberse hecho hombre nuestro Señor para cumplir la voluntad del Padre, aun los menores detalles de sus misterios nos muestras la caridad de Dios para con nosotros (Cat 516).

10-11 Jesús pasa del tema de las palabras al de las obras. La obra es revelar al Padre; hacer es hablar, hablar es hacer (términos prácticamente sinónimos en Juan).

Reside: o permanece.

Hace sus obras: no es “hace lo que él quiere”, ni “hace obras por su cuenta” (en paralelismo antitético con el v. 10b) sino: “hace su obra salvadora”, esa actividad global de Dios que es salvarnos mediante el Hijo.

 

Notas exegéticas desde la Biblia Didajé:

14, 2 Aquí, Cristo hablaba del mismo cielo, donde los fieles permanecerán eternamente con Dios como su familia. No podemos conseguir esto con nuestros esfuerzos humanos; en vez de eso necesitamos la gracia redentora de Cristo. Solo él nos puede guiar hacia nuestra morada eterna. En el cielo, cada persona será recompensada con sus buenas obras llevadas a cabo en conjunto con la gracia de Dios. Cat 661, 2466 y 2614.

14, 6 Él es el camino, el único camino, porque es revelación del amor del Padre y revela perfectamente la voluntad de Dios para cada persona. Podríamos explicar este versículo así: Él es el camino verdadero que conduce a la vida; Jesucristo es el significado de la vida humana. Cat. 74, 459, 1698, 2466, 2614.

14, 9 Felipe todavía no entendía que Cristo era Dios mismo; la imagen del Padre, que no puede ser visto, Cristo y su Padre son uno. Cristo le instó a creer en este misterio que le había enseñado personalmente probando su divinidad a través de los milagros. Cat 470 y 516.

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

661 Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera, es decir, a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Solo el que “salió del Padre” puede “volver al Padre”: Cristo. “Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre” (Jn 3, 13). Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la “Casa del Padre”, a la vida y a la felicidad de Dios. Solo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino.

2466 En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó en plenitud. “Lleno de gracia y de verdad”, él es la luz del mundo, la Verdad. El que cree en él, no permanece en las tinieblas. El discípulo de Jesús, permanece en su palabra, para conocer la verdad que hace libres y que santifica. Seguir a Jesús es vivir del Espíritu de verdad que el Padre envía en su nombre y que conduce a la verdad completa. Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional de la verdad. “Sea vuestro lenguaje: sí, sí, no, no” (Mt 5, 37).

2614 La fe en Él introduce a los discípulos en el conocimiento del Padre porque Jesús es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). La fe da su fruto en el amor: guardar su Palabra, sus mandamientos, permanecer con Él en el Padre que nos ama en Él hasta permanecer en nosotros.

74 Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2, 4), es decir, al conocimiento de Cristo Jesús.

459 El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí...” (Mt 11, 29). “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 6). Y el Padre en el monte de la Transfiguración, ordena: “Escuchadlo”.

1698 La referencia primera y última de esta catequesis será siempre Jesucristo, que es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6).

516 Toda la vida de Cristo es Revelación del Padre: sus palabras, sus obras, sus silencios y sus sufrimientos, su manera de ser y hablar. Jesús puede decir: “Quien me ve a mí, ve al Padre” (Jn 14, 9), y el Padre: “Este es mi Hijo amado; escuchadle” (Lc 9, 35).

 

Concilio Vaticano II

Dondequiera que Dios abre la puerta de la palabra para anunciar el misterio de Cristo a todos los hombres confiada constantemente, se anuncia al Dios vivo y a Jesucristo, a quien Él envió para salvación de todos, para que los no cristianos, por el Espíritu Santo, que abre sus corazones, creyendo se conviertan libremente al Señor y se adhieran sinceramente a Él, quien, siendo “el camino, la verdad, la vida” (Jn 14, 6), colma todas sus expectativas espirituales, más aún, las supera infinitamente.

Ad gentes divinitus, 13.

Después de que Dios hablase muchas veces y de muchas maneras en los profetas, “en estos días finales nos ha hablado en el Hijo” (Hb 1, 1s). Pues envió a su Hijo, esto es, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que habitara entre los hombres y les manifestara lo íntimo de Dios (cf. Jn 1, 1-18). Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, “hombre a los hombres enviado” (Carta a Diogneto, 7, 4), “habla palabra de Dios” (Jn 3, 34) y lleva a su consumación la obra salvadora que el Padre le encomendó realizar. Por tanto, aquel al que quien ve, ve al Padre (cf. Jn 14, 9), con toda su presencia y manifestación, con palabras y obras, signos y milagros, pero sobre todo con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos, y con el envío final del Espíritu de la verdad, perfecciona la revelación llevándola a plenitud y la conforma con el testimonio divino: que Dios está con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.

Dei Verbum, 4.

 

San Agustín

Por donde se ve que también él está en sí mismo y que por consiguiente, ellos estarán allí donde está él, esto es, en él mismo; porque él es la vida eterna, en la que hemos de estar cuando nos lleve consigo. Y esta vida eterna que es él está en él mismo, a fin de que donde está él, estemos nosotros también, es decir, en él. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, y la vida que tiene no es otra cosa que lo que es el que tiene esa vida, así también el Hijo tiene la vida en sí mismo, siendo él mismo la vida, que tiene en sí mismo. (...) Nosotros, por haber querido estar en nosotros mismos, hemos sido víctimas de una turbación interior, según aquellas palabras: Se ha turbado mi alma dentro de mí (Sal 41, 7), y pasando a peor condición, ni siquiera pudimos permanecer siendo lo que fuimos. Pero permaneciendo en él, cuando por él vamos al Padre, según él dice: Nadie viene al Padre, sino por mí, ya nadie nos podrá separar del Padre, ni de él.

Comentarios sobre el evangelio de San Juan, 70, 1. I, pg. 552.

 

Los Santos Padres.

Con la primera parte de esta afirmación probó el poder de su divinidad, porque sabía lo que guardaban en lo más profundo de su alma y lo reveló. “Vosotros creéis en Dios: creed también en mí”... Pues la fe en mí y en mi padre es más poderosa que todas las cosas que puedan sobreveniros, y no permitirá que ningún mal prevalezca sobre vosotros.

Juan Crisóstomo. Homilías sobre el Ev. de Juan, 73, 1. IVb, pg. 171.

¿Qué tendremos nosotros en común con el nombre de Cristo si no nos unimos inseparablemente a Él, que es, según su propia palabra, el camino, la verdad y la vida? Es decir, el camino de un santo comportamiento, la verdad de una doctrina divina y la vida de una bienaventuranza eterna.

León Magno, Sermones, 72. IVb, pg. 175.

 

San Juan de Ávila

Ayúdanos a andar el camino con su ejemplo y calor; y para derretirse el hombre el corazón, hase de poner a este sol de justicia; y así, de mirar su imagen, se han remediado algunos, porque, mirándolo a Él, Él nos mira a nosotros y da gracia para que se muevan los corazones a se convertir a Él; y así, mirándonos y dándonos gracia, hace empollar los huevos como el avestruz. Es camino nuestro Señor Jesucristo seguro y firme entre las aguas de aqueste mar que navegamos, porque dijo el Señor: Yo soy camino (Jn 14, 6); y estas son sus palabras, y así hanse de advertir mucho, como se encomiendan en el pslamo 118. Y por eso el evangelio se dice con lumbre y se oye en pie, para que se oya y se estime y se ponga por obra.

Plática a los padres de la Compañía. I, pg. 828.

Y para que veáis cuán razonablemente el Hijo de Dios, más que el Padre y el Espíritu Santo, convenía que hermosease lo feo, considerad que así como los santos doctores atribuyen al Eterno Padre la eternidad, y al Espíritu Santo el amor, así al Hijo de Dios, en cuanto Dios, se le atribuye la hermosura, porque Él es perfectísimo, sin defeto alguno, y es imagen del Padre (Hb 1, 3), tan al proprio que, por ser engendrado del Padre, es semejable del todo al Padre y tiene la mesma esencia del Padre. De manera que quien a Él ve, ve al Padre (Jn 14, 9), como Él mismo dice en el santo Evangelio.

Audi, filia (I). I, pg. 520.

De manera que quien ve a él, ve al Padre, como dice el santo Evangelio (Jn 14, 9). Pues, por esta proporción tan igual del Hijo con el Padre, con razón se le atribuye la hermosura, pues tan al propio está sacada la imagen de su dechado [muestra para copiar, rae.es].

Audi, filia (II). I, pg. 768.

Y esta misma, muy más perfecta, tuvo Jesucristo su Hijo, nuestro Señor, el cual, así sus buenas obras como sus buenas palabras fidelísimamente predicaba al mundo que las había recebido del Padre, diciendo: Mi dotrina no es mía, mas de aquel que me envió (Jn 7, 16). Y en otra parte dice: Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo, mas del Padre que está en mí, él hace las obras (Jn 14, 10). Y así convenía que el remediador de los hombres fuese muy humilde, pues la raíz de todos los males es la soberbia.

Audi, filia (I). I, pg. 451.

Las palabras que yo hablo, no las hablo de mí mismo, mas el Padre que está en mí, él hace las obras (Jn 14, 10). Y así convenía que el remediador de los hombres fuese muy humilde, pues que la raíz de todos los malos y males es la soberbia.

Audi, filia (II). I, pg. 671.

Tres solos muertos fueron resucitados en todo el discurso de la Ley vieja (cf. 1 Re 17, 17-24; 2 Re 4, 25-37; 13, 20-21), que duró dos mil años, o cuasi, y, si miráis en la nueva, San Andrés solo resucitó de una vez a cuarenta muertos. Para que así se cumpla lo que el Señor dijo: Quien en mí cree, hará obras aún mayores que yo (Jn 14, 12), y se vea su grande poder, pues no solo por sí mismo, mas por los suyos, en los cuales él obra, puede hacer todo lo que quiere, por maravilloso que sea.

Audi, filia (II). I, pg. 608.

Dios es luz: mira la hermosura de este sol, que linda cosa debe ser. Dios todo claro, hermoso y resplandeciente, alumbra. Cuando un hombre no acierta una cuestión, parece que está en oscuridad. Cuando estáis en oscuridad, estáis en duda si es así esto o no. Dios es verdad (cf. Jn 14, 6). Antes que salga el sol tenéis duda, si es así aquello o no. Sale el sol, luego se ve la verdad.

Lecciones sobre 1 San Juan (I). II, pg. 124.

Como el Hijo bendito es adecuación y declaración del Padre, llamámosle nombre de Dios, como decimos palabra de Dios, que declara todo el ser del Padre. Y así lo dijo el Filipe: El que me ve a mí, ve a mi Padre (Jn 14, 9). En fin, que nuestros pecados son perdonados por el nombre de Dios, que es Jesucristo bendito, por sus merecimientos.

Lecciones sobre 1 San Juan (I). II, pg. 197.

Y ¿qué tal es el amigo? Aquel que es Imagen de Dios invisible (Col 1, 15). Es imagen sacada al natural, en la cual se sacó e imprimió toda la perfección del Padre: Philippe, qui videt me, videt et Patrem (Jn 14, 9); porque no puede ser visto el Hijo sin que se vea el Padre. Y ansí, quien ve la bondad, la paciencia y las más virtudes y los milagros que Jesucristo hizo, ve al Padre. Porque los mesmos que Jesucristo hizo, hiciera el Padre, si encarnara; porque no son dos bondades, sino una; y ansí, lo mesmo obrara.

Lecciones sobre 1 San Juan (II). II, pg. 345-346.

Voyme. ¡Oh benditísimo y dulcísimo Señor! ¿Dónde vais? ¿Y adónde nos dejáis? ¿Cómo, Señor, podemos oír con paciencia decir que, Señor, os vais y que tornaréis presto? ¡Oh Señor, y cuán largo es el tiempo que no os vemos, en que no estamos con vos, en que estamos acá apartados de vos, bien nuestro reposo nuestro! Este presto que decís que volveréis, ¡cuán tarde es para quien os ama, para quien no tiene otro deseo sino de vos, ni querría ver, ni oír, ni hablar a nadie sino a vos! Y veros tan lejos, allá tan apartado, es tormento intolerable estar sin Aquel a quien sobre todas las cosas ama. Y por eso, Señor, quien bien os quiere, muy aborrecida tiene esta vida, y su mayor deseo es cuando ya se acabase y os viese.

Domingo 12 después de Pentecostés. III, pg. 275.

Sepan, pues, todos los que quisieran subir a la alteza del Padre, que la escalera es Jesucristo, su Hijo; sepan todos que otro medianero principal no hay si Él no; porque, aunque los santos lo sean, sonlo por Él y sonlo porque Él fue medianero para que ellos tuviesen cabida con Dios; y que para todos es medianero, si quieren entrar a Él.

Jueves Santo. III, pg. 419.

Y uno de ellos, que fue San Felipe, dijo como en nombre de todos: Señor, muéstranos al Padre, y bástanos (Jn 14, 8); como quiere dice: “Pues tantas cosas buenas nos ha dicho de Él, querríamos verle, y ni tendríamos más que pedir ni que desear”. Tenía, por cierto, mucha razón de desear ver al Padre, pues hace claramente bienaventurados a los que claramente lo ven. Mas, ¿cómo lo verán, si Él no se muestra? ¿Cómo se mostrará, si no le amamos? Pues, como dijo Cristo nuestro Señor: Si alguno me ama, manifestármele he a mí mismo  (cf. Jn 14, 21). ¿Y cómo amaremos al Padre si el Padre primero no nos ama, pues que el amar nosotros a Él es efecto de amar Él a nosotros?

Jueves Santo. III  pg. 417.

Bástenos, pues, tener a tal Padre por padre, aquí por gracia, y después (como San Felipe pidió (cf. Jn 14, 8), viéndolo en la majestad de su gloria.

Jueves Santo. III, pg. 427.

Porque mi Padre y yo una cosa somos. No porque las personas sean una, sino porque son semejantes en la imagen y en el poder y saber y en todo lo demás, y por eso quien ve al Hijo ve también al Padre. Pues para remedio de un hombre amador del pecado y enemigo del trabajo, venga el Hijo de Dios, que es amador del trabajo y aborrecedor del pecado. Para imagen tan perdida, venga imagen tan buena a remediarla.

Domingo 22 después de Pentecostés. III, pg. 315

En aquella oración que Cristo nuestro Señor hizo al Padre el jueves de la cena en la noche, les dice otras palabras: Padre, manifesté tu nombre a los hombres, los cuales me diste (Jn 17, 6). Y entre todas las cosas que hizo buenas y muy buenas, especialmente se esmeró en predicar la honra de su Padre, atribuyéndole a Él la doctrina que predicaba, los milagros y obras que hacía; todo para ejemplo nuestro, que encendía los corazones de los apóstoles en el amor al Padre invisible, tan altamente alabado por su hijo.

 Jueves Santo. III, pg. 417.

No seáis amadora de voz, y seréis amada de Dios; perdeos y hallaros heis. Si de una vez os fiásedes de Dios y os ofreciésedes a Él , no habría cosa que os espantase; de la poca fiuza nace la tribulación, y por eso decía el Señor: No se turbe vuestro corazón ni tema: creéis en Dios, pues creed en mí  (Jn 14, 1). De manera que la fe es sosiego del corazón. No hay cosa que tanto os conviene tener para llegar al fin de la jornada en que Dios os puso como de corazón confiar en Él. Muchas y grandes pruebas os hará Dios: grandes tribulaciones se os levantarán de donde no pensáis; mas si de fe estáis armada, lo venceréis.

A una señora monja atribulada. IV, pg. 150-151.

Y si es ansí que, habiendo diferentes grados de gloria y diversas mansiones en la Iglesia triunfante (cf. Jn 14, 2), está más hermosa que si todas tuvieran una misma gloria, de aquí que su Señor está más horado en ellos que si todos estuvieran iguales, y ansí no tienen ellos pena por tener menos gloria que otros; porque ellos con sus colores y los otros con las otras más subidas, todos concurren en manifestar la infinita bondad y hermosura del que los crió.

A una doncella que le preguntó que cosa era caridad. IV, pg. 161.

 

San Oscar Romero.

Cuídense, hermanos, no nos vendamos a nadie. Hemos sido comprados por Cristo y el amor suyo es el que debe de imperar entre nosotros. Celebremos nuestra Eucaristía. ¡Qué honor también saber que ese bautismo que nos ha hecho raza de Dios nos invita a la Eucaristía cada domingo para alimentar nuestra vida divina, nuestra vida divina que es lo más hermoso que Cristo nos ha traído!. Porque Cristo resucitado no se ha ido, ha retornado en el espíritu y su vida de resucitado, su vida inmortal, su vida que muere ya, se quiere hacer nuestra vida; nosotros podemos hacer nuestra esa presencia, esa vida de Cristo entre nosotros por los sacramentos, por la fe. Por eso proclamemos ahora, pues, con una convicción profunda de que Cristo está aquí entre nosotros, el Credo de nuestra Misa.

Homilía, 23 de abril de 1978.

 

Papa León XIV. Regina Caeli. 26 de abril de 2026.

Hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz domingo!

Al continuar nuestro camino por el tiempo pascual, el Evangelio de hoy nos presenta las palabras de Jesús, que se compara con un pastor y luego con la puerta del redil (cf. Jn 10,1-10).

Jesús contrasta al pastor con el ladrón. De hecho, afirma: «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un asaltante» (v. 1). Y más adelante, de modo aún más claro: «El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia» (v. 10). La diferencia es clara: el pastor tiene un vínculo especial con sus ovejas y, por lo tanto, puede entrar por la puerta del redil; si alguien, en cambio, necesita saltar la cerca, entonces sin duda es un ladrón que quiere robar las ovejas.

Jesús nos dice que está unido a nosotros por una relación de amistad: nos conoce, nos llama por nuestro nombre, nos guía y, como hace un pastor con sus ovejas, viene a buscarnos cuando estamos perdidos y venda nuestras heridas cuando estamos enfermos (cf. Ez 34,16). Jesús no viene como un ladrón para robarnos la vida y la libertad, sino para guiarnos por el camino correcto. No viene a secuestrar ni a engañar nuestra conciencia, sino a iluminarla con la luz de su sabiduría. No viene como si fuera a contaminar nuestras alegrías terrenales, sino a abrirlas a una felicidad más plena y duradera. Quienes confían en Él no tienen nada que temer; Él no menosprecia nuestra vida, sino que viene a dárnosla en abundancia (cf. v. 10).

Hermanos y hermanas, estamos invitados a reflexionar y, sobre todo, a vigilar nuestros corazones y nuestras vidas, porque quienes entran en ellos pueden multiplicar la alegría o, como un ladrón, pueden robárnosla. Los “ladrones” pueden adoptar muchos rostros: son aquellos que, a pesar de las apariencias, coartan nuestra libertad o no respetan nuestra dignidad; son creencias y prejuicios que nos impiden tener una visión clara de los demás y de la vida; son ideas erróneas que pueden llevarnos a tomar decisiones negativas; son estilos de vida superficiales o consumistas que nos vacían interiormente y nos impulsan a vivir siempre fuera de nosotros mismos. Y no olvidemos tampoco a esos “ladrones” que, saqueando los recursos de la tierra, librando guerras sangrientas o alimentando el mal en cualquiera de sus formas, no hacen más que arrebatarnos a todos la posibilidad de un futuro de paz y serenidad.

Podemos preguntarnos: ¿quién queremos que guíe nuestras vidas? ¿Quiénes son los “ladrones” que han intentado entrar en nuestro interior? ¿Lo han logrado, o hemos podido rechazarlos?

Hoy el Evangelio nos invita a confiar en el Señor: Él no viene a robarnos nada; al contrario, es el Buen Pastor, que multiplica la vida y nos la ofrece en abundancia. Que la Virgen María nos acompañe siempre en nuestro camino e interceda por nosotros y por el mundo entero.

 

Papa Francisco. Regina Caeli.  7 de mayo de 2023.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia del día (Jn 14,1-12) está sacado del último discurso de Jesús antes de su muerte. El corazón de los discípulos está atribulado, pero el Señor les dirige palabras tranquilizadoras, invitándolos a no tener miedo, no tengáis miedo: Él, de hecho, no les está abandonando, sino que va a preparar un lugar para ellos y a guiarles hacia esa meta. El Señor hoy nos indica así a todos nosotros el maravilloso lugar al que ir, y, al mismo tiempo, nos dice cómo ir, nos enseña el camino a recorrer. Nos dice dónde ir y cómo ir.

En primer lugar, dónde ir. Jesús ve la tribulación de los discípulos, ve su miedo de ser abandonados, precisamente como nos sucede a nosotros cuando nos vemos obligados a separarnos de alguien a quien queremos. Y entonces dice: «Me voy a prepararos un lugar […] para que donde estoy yo estéis también vosotros» (vv. 2-3). Jesús usa la imagen familiar de la casa, un lugar de relaciones y de intimidad. En la casa del Padre – dice a sus amigos y a cada uno de nosotros – hay espacio para ti, tú eres bienvenido, serás acogido para siempre con el calor de un abrazo, y yo estoy en el Cielo preparándote un lugar. Nos prepara ese abrazo con el Padre, el lugar para toda la eternidad.

Hermanos y hermanas, esta Palabra es fuente de consuelo, es fuente de esperanza para nosotros. Jesús no se ha separado de nosotros, sino que nos ha abierto el camino, anticipando nuestro destino final: el encuentro con Dios padre, en cuyo corazón hay un puesto para cada uno de nosotros. Entonces, cuando experimentemos cansancio, desconcierto e incluso fracaso, recordemos hacia dónde se dirige nuestra vida. No debemos perder de vista la meta, incluso si hoy corremos el riesgo de olvidarlo, de olvidar las preguntas finales, las importantes: ¿Adónde vamos? ¿Hacia dónde caminamos? ¿Por qué vale la pena vivir? Sin estas preguntas solo exprimimos la vida en el presente, pensamos que debemos disfrutarla lo máximo posible y al final terminamos por vivir al día, sin un objetivo, sin una finalidad. Nuestra patria, en cambio, está en el cielo (cf. Fil 3,20), ¡no olvidemos la grandeza y la belleza de la meta!

Una vez descubierta la meta, también nosotros, como el apóstol Tomás en el Evangelio de hoy, nos preguntamos: ¿Cómo ir? ¿Cuál es el camino? A veces, sobre todo cuando hay grandes problemas que afrontar está la sensación de que el mal es más fuerte y nos preguntamos: ¿Qué debo hacer? ¿Qué camino debo seguir? Escuchemos la respuesta de Jesús: «Yo soy el camino y la verdad y la vida» (Jn 14,6). “Yo soy el camino”. Jesús mismo es el camino a seguir para vivir en la verdad y tener vida en abundancia. Él es el camino y, por tanto, la fe en Él no es un “paquete de ideas”, en las que creer, sino un camino a recorrer, un viaje que cumplir, un camino con Él. Es seguir a Jesús, porque Él es el camino que conduce a la felicidad que no perece. Seguir a Jesús e imitarlo, especialmente con gestos de cercanía y misericordia hacia los demás. He aquí la brújula para alcanzar el Cielo: amar a Jesús, el camino, convirtiéndose en señales de su amor en la tierra.

Hermanos y hermanas, vivamos el presente, hagámonos cargo del presente, pero no nos dejemos arrasar por él; miremos hacia arriba, miremos hacia el Cielo, recordemos la meta, pensemos que estamos llamados a la eternidad, al encuentro con Dios. Y, desde el cielo al corazón, renovemos hoy la elección de Jesús, la elección de amarlo y de caminar detrás de Él. Que la Virgen María, que siguiendo a Jesús ya llegó a la meta, sostenga nuestra esperanza.

 

Papa Francisco. Regina Caeli. 3 de mayo de 2020.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de hoy (cfr Juan 14, 1-12) escuchamos el inicio del llamado “Discurso de despedida” de Jesús. Se trata de las palabras que Jesús dirige a sus discípulos al terminar la Última Cena, poco antes de enfrentarse a su Pasión. En un momento tan dramático, Jesús comenzó diciendo: «No se turbe vuestro corazón» (v. 1). También nos lo dice a nosotros, en los dramas de nuestras vidas. Pero, ¿qué debemos hacer para que no se turbe nuestro corazón? Porque el corazón se turba.

El Señor indica dos remedios para el turbamiento. El primero es: «Creed en mí» (v. 1). Puede parecer un consejo un poco teórico, abstracto. Sin embargo, Jesús quiere decirnos algo bastante preciso. Él sabe que, en la vida, la peor ansiedad, el turbamiento, viene de la sensación de no tener fuerzas, del sentirse solos y sin un punto de referencia ante lo que nos sucede. Esta angustia, en la que a la dificultad se le añade mayor dificultad, no la podemos superar solos. Necesitamos la ayuda de Jesús, y por esto Jesús nos pide que tengamos fe en Él; es decir, que no nos apoyemos en nosotros mismos sino en Él. Porque la liberación del turbamiento pasa por la confianza. Encomendarse a Jesús, dar el “salto”. Y esta es la liberación de la angustia. Y Jesús ha resucitado y está vivo precisamente para estar siempre a nuestro lado. Ahora podemos decirle: “Jesús, creo que has resucitado y que me acompañas. Creo que me escuchas. Te traigo todo lo que me turba, mis problemas: tengo fe en Ti y me encomiendo a Ti”.

Además, hay un segundo remedio para la angustia que Jesús expresa del siguiente modo: «En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; […] voy a prepararos un lugar» (v. 2). Esto es lo que hace Jesús por nosotros: nos ha reservado un lugar en el Cielo. Tomó nuestra humanidad sobre sí mismo para llevarla más allá de la muerte, a un nuevo lugar, al Cielo, para que allí donde está Él, estuviéramos también nosotros. Es la certeza que nos consuela: hay un lugar reservado para cada uno. Hay un lugar para mí también. Cada uno de nosotros puede decir: hay un lugar para mí. No vivimos sin meta ni destino. Se nos espera, somos preciosos. Dios está enamorado de nosotros, somos sus hijos. Y para nosotros ha preparado el lugar más digno y hermoso: el paraíso. No lo olvidemos: la morada que nos espera es el Paraíso. Aquí estamos de paso. Estamos hechos para el Cielo, para la vida eterna, para vivir para siempre. Para siempre: es algo que ni siquiera podemos imaginar ahora. Pero aún más bello es pensar que este para siempre será totalmente en el gozo, en la comunión plena con Dios y con los otros, sin más lágrimas, sin más rencores, sin divisiones ni angustias.

Pero, ¿cómo podemos llegar al Paraíso? ¿Cuál es el camino a seguir? Esta es la frase decisiva de Jesús. Lo dice hoy: «Yo soy el camino» (v. 6). Jesús es el camino para subir al cielo: tener una relación abierta con Él, imitarlo en el amor, seguir sus pasos. Y yo, cristiano, tú, cristiano, cada uno de nosotros, cristianos, podemos preguntarnos: “¿Qué camino sigo?”. Hay caminos que no llevan al Cielo: los caminos de la mundanidad, los caminos para autoafirmarse, los caminos del poder egoísta. Y está el camino de Jesús, el camino del amor humilde, de la oración, de la mansedumbre, de la confianza, del servicio a los demás. No es el camino de mi protagonismo, es el camino de Jesús como protagonista de mi vida. Es ir adelante cada día preguntándole: “Jesús, ¿qué piensas de esta decisión que he tomado? ¿Qué harías en esta situación, con estas personas?”. Nos hará bien preguntar a Jesús, que es el camino, las indicaciones para el Cielo. Que la Virgen, Reina del Cielo, nos ayude a seguir a Jesús, que ha abierto para nosotros el Paraíso.

 

Papa Francisco. Regina Caeli. 14 de mayo de 2017.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ayer por la tarde volví de la peregrinación a Fátima —¡saludamos a la Virgen de Fátima!— y nuestra oración mariana hoy asume un significado particular, lleno de memoria y de profecía por quien mira la historia con los ojos de la fe. En Fátima me he empapado en la oración del santo pueblo fiel, oración que allí fluye desde hace cien años como un río, para implorar la protección materna de María sobre el mundo entero. Doy gracias al Señor que me ha concedido acudir a los pies de la Virgen Madre como peregrino de esperanza y de paz. Y doy las gracias de corazón a los obispos, al obispo de Leiria-Fátima, a las Autoridades del Estado, al Presidente de la República y a todos los que han ofrecido su colaboración.

Desde el inicio, cuando en la capilla de las apariciones permanecí durante largo tiempo en silencio, acompañado por el silencio de la oración de todos los peregrinos, se creó un clima de recogimiento y de contemplación, en el cual se desarrollaron los varios momentos de oración. Y en el centro de todo estuvo el Señor Resucitado, presente en medio de su Pueblo en la Palabra y en la Eucaristía. Presente en medio de muchos enfermos, que son protagonistas de la vida litúrgica y pastoral de Fátima, como de cada santuario mariano.

En Fátima la Virgen eligió el corazón inocente y la sencillez de los pequeños Francisco, Jacinta y Lucía, como depositarios de su mensaje. Estos niños lo acogieron dignamente, tanto como para ser reconocidos como testigos fiables de las apariciones, y convirtiéndose en modelos de vida cristiana. Con la canonización de Francisco y Jacinta, he querido proponer a toda la Iglesia su ejemplo de adhesión a Cristo y el testimonio evangélico, y además, he querido proponer a toda la Iglesia el cuidado de los niños.

Su santidad no es consecuencia de las apariciones, sino de la fidelidad y del ardor con el cual ellos correspondieron al privilegio recibido de poder ver a la Virgen María. Después del encuentro con la “bella Señora” —así la llamaban—, ellos rezaban frecuentemente el Rosario, hacían penitencia y ofrecían sacrificios para alcanzar el final de la guerra y por las almas más necesitadas de la divina misericordia.

Y también hoy hay mucha necesidad de oración y de penitencia para implorar la gracia de la conversión, para implorar el final de tantas guerras que hay por todos lados en el mudo y que se extienden cada vez más, así como también el final de los absurdos conflictos grandes y pequeños, que deforman el rostro de la humanidad. Dejémonos guiar por la luz que viene de Fátima. Que el Corazón Inmaculado de María sea siempre nuestro refugio, nuestra consolación y la vía que nos conduce a Cristo.

 

Papa Francisco. Regina Caeli.  18 de mayo de 2014.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy la lectura de los Hechos de los Apóstoles nos hace ver que también en la Iglesia de los orígenes surgen las primeras tensiones y las primeras divergencias. En la vida, los conflictos existen, la cuestión es cómo se afrontan. Hasta ese momento la unidad de la comunidad cristiana había sido favorecida por la pertenencia a una única etnia, y a una única cultura, la judía. Pero cuando el cristianismo, que por voluntad de Jesús está destinado a todos los pueblos, se abrió al ámbito cultural griego, faltaba esa homogeneidad y surgieron las primeras dificultades. En ese momento creció el descontento, había quejas, corrían voces de favoritismos y desigualdad de trato. Esto sucede también en nuestras parroquias. La ayuda de la comunidad a las personas necesitadas —viudas, huérfanos y pobres en general—, parecía privilegiar a los cristianos de origen judío respecto a los demás.

Entonces, ante este conflicto, los Apóstoles afrontaron la situación: convocaron a una reunión abierta también a los discípulos, discutieron juntos la cuestión. Todos. Los problemas, en efecto, no se resuelven simulando que no existan. Y es hermosa esta confrontación franca entre los pastores y los demás fieles. Se llegó, por lo tanto, a una subdivisión de las tareas. Los Apóstoles hicieron una propuesta que fue acogida por todos: ellos se dedicarán a la oración y al ministerio de la Palabra, mientras que siete hombres, los diáconos, proveerán al servicio de las mesas de los pobres. Estos siete no fueron elegidos por ser expertos en negocios, sino por ser hombres honrados y de buena reputación, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría; y fueron constituidos en su servicio mediante la imposición de las manos por parte de los Apóstoles. Y, así, de ese descontento, de esa queja, de esas voces de favoritismo y desigualdad de trato, se llegó a una solución. Confrontándonos, discutiendo y rezando, así se resuelven los conflictos en la Iglesia. Confrontándonos, discutiendo y rezando. Con la certeza de que las críticas, la envidias y los celos no podrán jamás conducirnos a la concordia, a la armonía o a la paz. También allí fue el Espíritu Santo quien coronó este acuerdo; y esto nos hace comprender que cuando dejamos la conducción al Espíritu Santo, Él nos lleva a la armonía, a la unidad y al respeto de los diversos dones y talentos. ¿Habéis entendido bien? Nada de críticas, nada de envidias, nada de celos. ¿Entendido?

Que la Virgen María nos ayude a ser dóciles al Espíritu Santo, para que sepamos estimarnos mutuamente y converger cada vez más profundamente en la fe y en la caridad, teniendo el corazón abierto a las necesidades de los hermanos.

 

Benedicto XVI. Regina Caeli.  22 de mayo de 2011.

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de este quinto domingo de Pascua propone un doble mandamiento sobre la fe: creer en Dios y creer en Jesús. En efecto, el Señor dice a sus discípulos: «Creed en Dios y creed también en mí» (Jn 14, 1). No son dos actos separados, sino un único acto de fe, la plena adhesión a la salvación llevada a cabo por Dios Padre mediante su Hijo unigénito. El Nuevo Testamento puso fin a la invisibilidad del Padre. Dios mostró su rostro, como confirma la respuesta de Jesús al apóstol Felipe: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14, 9). El Hijo de Dios, con su encarnación, muerte y resurrección, nos libró de la esclavitud del pecado para darnos la libertad de los hijos de Dios, y nos dio a conocer el rostro de Dios, que es amor: Dios se puede ver, es visible en Cristo. Santa Teresa de Ávila escribe que no hay que «apartarse de industria de todo nuestro bien y remedio, que es la sacratísima humanidad de nuestro Señor Jesucristo» (Castillo interior, 7, 6: Obras Completas, EDE, Madrid 1984, p. 947). Por tanto sólo creyendo en Cristo, permaneciendo unidos a él, los discípulos, entre quienes estamos también nosotros, pueden continuar su acción permanente en la historia: «En verdad, en verdad os digo —dice el Señor—: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago» (Jn 14, 12).

La fe en Jesús conlleva seguirlo cada día, en las sencillas acciones que componen nuestra jornada. «Es propio del misterio de Dios actuar de manera discreta. Sólo poco a poco va construyendo su historia en la gran historia de la humanidad. Se hace hombre, pero de tal modo que puede ser ignorado por sus contemporáneos, por las fuerzas de renombre en la historia. Padece y muere y, como Resucitado, quiere llegar a la humanidad solamente mediante la fe de los suyos, a los que se manifiesta. No cesa de llamar con suavidad a las puertas de nuestro corazón y, si le abrimos, nos hace lentamente capaces de “ver”» (Jesús de Nazaret II, Madrid 2011, p. 321). San Agustín afirma que «era necesario que Jesús dijese: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6), porque una vez conocido el camino faltaba por conocer la meta» (Tractatus in Ioh., 69, 2: ccl 36, 500), y la meta es el Padre. Para los cristianos, para cada uno de nosotros, por tanto, el camino al Padre es dejarse guiar por Jesús, por su palabra de Verdad, y acoger el don de su Vida. Hagamos nuestra la invitación de san Buenaventura: «Abre, por tanto, los ojos, tiende el oído espiritual, abre tus labios y dispón tu corazón, para que en todas las criaturas puedas ver, escuchar, alabar, amar, venerar, glorificar y honrar a tu Dios» (Itinerarium mentis in Deum, I, 15).

Queridos amigos, el compromiso de anunciar a Jesucristo, «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6), constituye la tarea principal de la Iglesia. Invoquemos a la Virgen María para que asista siempre a los pastores y a cuantos en los diversos ministerios anuncian el alegre mensaje de salvación, para que la Palabra de Dios se difunda y el número de los discípulos se multiplique (cf. Hch 6, 7).

 

DOMINGO VI DE PASCUA.  

 

Monición de entrada.-

La misa es la fiesta en la que nos invita Jesús.

Y en la que el Espíritu Santo hace que estemos unidos.

Para ser la familia de Jesús que le quiere y se quiere.

Además hoy es la fiesta de la Virgen de los Desamparados.

Ella es la patrona de los valencianos.

Y la madre de todos los que están solos y tristes.

 

 Señor, ten piedad.-

Tú que haces el bien.  Señor, ten piedad.

Tú que nos perdonas.  Cristo, ten piedad.

Tú que nos das la vida. Señor, ten piedad.

 

 Peticiones.-

Jesús,  te pido por el Papa León y el obispo Enrique. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido para que el Espíritu Santo nos ayude a formarnos en la fe. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido para que el Espíritu Santo ayude a los cristianos que no son queridos. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido para que el Espíritu Santo esté siempre en nuestro corazón. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por las personas que hoy están en la fiesta de la Virgen de los Desamparados y por todos los que queremos mucho a la madre de los valencianos.  Te lo pedimos, Señor.

 

Acción de gracias.-

María. Madre de los Desamparados. Te damos gracias por ser nuestro amparo y ayudarnos cuando estamos enfermos o tristes.