Lectura antes de la bendición de los ramos.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 1-11
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte
de los Olivos, envió a dos discípulos diciéndoles:
-Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica
atada con un pollino, lo desatáis y me lo traéis. Si alguien os dice algo,
contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.
Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta:
“Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en
una borrica, en un pollino, hijo de acémila”.
Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús:
trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos y Jesús se montó.
La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de
árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:
-¡Hosanna! al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del
Señor! ¡Hosanna en las alturas!
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando:
-¿Quién es este?
La multitud contestaba:
-Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.
Palabra de Dios.
Textos
paralelos.
Cuando se
aproximaron a Jerusalén y llegados a Betfagé.
Mc 11,1-10: Cuando
se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monto de los Olivos,
mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Id a la aldea de enfrente y, en
cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo
y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis contestadle: “El Señor lo
necesita, y lo devolverá pronto”. Fueron y encontraron el pollino en la calle
atado a una puerta y lo soltaron. Algunos de los presentes le preguntaron:
“¿Qué hacéis desatando el pollino? Ellos les contestaron como había dicho Jesús
y se lo permitieron. Llevaron el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús
se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas
en el campo. Los que iban delante y detrás gritaban: “¡Hosanna! ¡Bendito el que
viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre
David! ¡Honassa en las alturas!”. Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo
estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce.
Lc 19, 28-38: Al
acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olvis, mandó a dos
discípulos, diciéndoles: “Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella,
encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo.
Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo
necesita”. Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho.
Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: “¿Por qué desatáis el
pollino?”. Ellos dijeron: “El Señor lo necesita”. Se lo llevaron a Jesús y,
después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre
él. Mientras él iba avanzando, extendía sus manos por el camino. Y, cuando se
acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos,
llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los
milagros que habían visto, diciendo: “¡Bendito el rey que viene en nombre del
Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas”. Algunos fariseos de entre la
gente le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos”. Y respondiendo, dijo:
“Os digo que si estos callan, gritarán las piedras”.
Jn 12. 12-16: Al día
siguiente, la multitud de gente que había venido a la fiesta al oír que Jesús
venía a Jerusalén, tomaron ramos de palmeras y salieron a su encuentro
gritando: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de
Israel!”. Encontrando Jesús un pollino montó sobre él, como está escrito: “No
temas, hija de Sión, he aquí que viene tu Rey, sentado sobre un pollino de
asna”. Estas cosas no las comprendieron sus discípulos al principio, pero
cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que esto estaba escrito
acerca de él y que así lo habían hecho para con él.
Za 14. 4: Aquel día
se plantarán sus pies sobre el monto de los Olivos, al este de Jerusalén. El
monte de los Olivos se partirá en dos, al este y al oeste; quedará un gran
valle. La mitad de la montaña se retirará hacia el norte y la otra mitad hacia
el sur.
Decid a la hija de
Sión.
Is 62, 11: El Señor
hace oír esto / hasta el confín de la tierra: / “Decid a la hija de Sión: /
Mira a tu salvador, que llega, / el premio de su victoria lo acompaña, / la
recompensa lo precede.
Za 9, 9: ¡Salta de
gozo, Sión; / alégrate, Jerusalén! / Mira que viene tu rey, / justo y
triunfador, / pobre y montado en un borrico, / en un pollino de asna.
Manos y montado en
un asna.
Mt 11, 29: Tomad mi
yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y
encontraréis descanso para vuestras almas.
Gn 49, 11: Ata su
asno a una viña, / y a una cepa, el pollino de la asna; / lava su sayo en vino,
/ y su túnica en sangre de uvas.
Pusieron sobre ellos
sus mantos.
1 R 1, 33-34: Les
dijo: “Tomad con vosotros a los leales de vuestro señor, montad a mi hijo
Salomón en mi propia mula; bajadlo a Guijón y allí lo ungirán rey de Israel, el
sacerdote Sadoc y Natán el profeta. Tocad entonces el cuerno y aclamad: ‘¡Viva
el rey Salomón!”.
Extendía sus mantos
por el camino.
2 R 9, 13: De
inmediato cada uno se apresuró a tomar su manto para colocarlo a sus pies sobre
el empedrado. Luego tocaron el cuerno y gritaron: “Jehú es rey”.
¡Hosanna al Hijo de
David!
9, 27: Cuando Jesús
salía de allí, dos ciegos lo seguían gritando: “Ten compasión de nosotros, hijo
de David”.
Sal 118, 25-26:
Señor, danos la salvación; / Señor, danos prosperidad. // Bendito el que viene
en nombre del Señor, / os bendecimos desde la casa del Señor. // El Señor es
Dios, él nos ilumina, / Ordenad una procesión con ramos / hasta los angulos del
altar.
Hch 2, 33: Exaltado,
pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del
Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.
Este es el profeta
Jesús.
16, 14: Ellos
contestaron: “Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o
uno de los profetas”.
Notas
exegéticas Biblia de Jerusalén.
21 5 Cita de Za 9, 9, con una
introducción modificada (quizá según Is 62, 11) y ligeras variantes. El profeta
dice: “Montado en un asno, en una cría de asna” – Este modesto aparato del Rey
mesiánico debía manifestar en el pensamiento del profeta, el carácter humilde y
pacífico de su reino. Mateo aplica esta profecía a Jesús, Mesías humilde.
21 9 Transcripción de una forma
tardía del hebreo hosiana (“Salva”, ver Sal 118, 25). De grito de
llamada (ver S 4: hosia dirigido al rey) lanzado especialmente el
séptimo día de la Fiesta de las Tiendas agitando ramos (también en otras
ocasiones, ver 2 M 10, 6-7), el ´termino se convierte, quizá desde el judaísmo
(en todo caso en el cristianismo primitivo), en una aclamación cuyo
destinatario es mencionado eventualmente (en griego) mediante un complemento
dativo.
21 10 Lit. “fue sacudida” (vb. seio
en pas. empleado para describir los temblores de tierra: Mt 27, 15; 28, 4;
ver 8, 24; Ap 6, 13). Cuando Jesús entra en Jerusalén como rey mesiánico, la
ciudad queda conmovida, como había ocurrido en el anuncio de su nacimiento (2,
3): la vida de Jesús es un acontecimiento público.
21 11 Mt es el único en contar lo
que dice de Jesús la muchedumbre (ver 9, 33 y 12, 23). Jesús es reconocido como
profeta (ver Mt 16, 14; Mc 6, 15; Lc 7, 16-39), sin que su origen galileo sea
una objeción, como en Jn 7, 52 (ver Mt 13, 57). La comunidad cristiana verá en
él al profeta (ch 3,22-23), citando Dt 18, 15; ver Mt 17, 5 y paralelo Jn 1,21;
5, 14; 7, 40).
MISA.
Primera lectura.
Lectura del libro de Isaías 50, 4-7
El Señor em ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al
abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que
escuche como los discípulos. El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni
me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que
mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. El Señor Dios
me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como
pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
Palabra de Dios.
Textos
paralelos.
El Señor Yahvé me ha dado una lengua de
iniciado.
Is 42, 1: Mirad a mi
siervo, / a quien sostengo, / mi elegido, / en quien me complazco. / He puesto
mi espíritu sobre él, / manifestará la justicia a las naciones.
Jn 3, 11: En verdad,
en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que
hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio.
El Señor Yahvé me ha
abierto el oído.
Is 53, 7:
Maltratado, voluntariamente, se humillaba / y no abría la boca: / como cordero
llevado al matadero, / como oveja ante el esquilador, / enmudecía y no abría la
boca.
Y no hurté mi rostro
a insultos y salivazos.
Mt 27, 30: Luego le
escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza.
Ofrecí mi cara como
el pedernal.
Ez 3, 8-9: Mira,
hago tu rostro tan duro como el de ellos, y tu cabeza terca como la de ellos,
como el diamante, más dura que el pedernal hago tu cabeza. No les tengas miedo
ni te espantes de ellos, aunque sean un pueblo rebelde.
Sal 25, 3: Pues los
que esperan en ti no quedan defraudados, / mientras que el fracaso malogra a
los traidores.
Notas
exegéticas.
50 4 En este tercer canto, e Siervo se muestra menos como profeta que
como sabio, discípulo fiel de Yahvé, vv. 4-5, encargado de enseñar a su vez a
los que temen a Dios, es decir, a todos los judíos piadosos, v. 10 y también a
los extraviados o infieles “que andan a oscuras”. Gracias a su coraje y a la
ayuda divina, vv. 7-9, soportará las persecuciones, vv. 5-6, hasta que dios le
haya concedido un triunfo definitivo, vv. 9-11. – El que habla hasta el v. 9
incluido es el Siervo.
50 6 Esta descripción de los
sufrimientos del siervo se repetirá con más amplitud en el canto cuarto, 52,
13-53, 12. Evoca ya a Mt 26, 67; 27,30.
Salmo
responsorial
Salmo 21, 8-9.17-20.23-34
R/. Dios
mío, Dios mío,
¿por
qué me has abandonado?
Al
verme, se burlan de mí,
hacen
visajes, menean la cabeza:
“Acudió
al Señor, que lo ponga a salvo;
que
lo libre si tanto lo quiere”. R/.
Me
acorrala una jauría de mastines,
me
cerca una banda de malhechores;
me
taladran las manos y los pies,
puedo
contar mis huesos. R/.
Se
reparten mi ropa,
echan
a suerte mi túnica.
Pero
tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza
mía, ven corriendo a ayudarme. R/.
Contaré
a mis hermanos,
en
medio de la asamblea te alabaré.
“Los
que teméis al Señor, alabadlo;
linaje
de Jacob, glorificadlo;
temedlo,
linaje de Israel. R/.
Textos
paralelos.
Todos
cuantos me ven de mí se mofan.
Mt 27, 39: Los que
pasaban, lo injuriaban, y meneando la cabeza, decían: “Tú que destruyes el
templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de
Dios, baja de la cruz”.
Se
confío a Yahvé, pues que lo libre.
Mt 27, 43: Confió
en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”.
Sb 2, 18-20: Si el
justo es hijo de Dios, él lo auxiliará / y lo librará de las manos de sus
enemigos.
Reparten
entre sí mi ropa.
Jn 19, 24: Así se
cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica”.
Esto hicieron los soldados.
Contaré
tu fama a mis hermanos.
Hb 2, 12: Anunciaré
tu nombre a mis hermanos, / en medio de la asamblea te alabaré.
Sal 40, 10: He proclamado tu justicia / ante
la gran asamblea; / no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.
Segunda
lectura.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11.
Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el
ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de
esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su
presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte
de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el
Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es
Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
Textos
paralelos.
El cual, siendo de condición divina.
Sb 2, 23: Dios creó al hombre
incorruptible / y lo hizo a imagen de su propio ser.
A ser tratado igual a
Dios.
Is 53,12: Le daré una multitud
como parte, / y tendrá como despojo una muchedumbre, / Porque expuso su vida a
la muerte / y fue contado entre los pecadores, / él tomó el pecado de muchos /
e intercedió por los pecadores.
2 Co 8, 9: Pues conocéis la
gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por
vosotros para enriqueceros con su pobreza.
Asumiendo semejanza
humana
Gn 4,4: También Abel ofreció
las primicias y la grasa de sus ovejas. El Señor se fijó en Abel y en su
ofrenda.
Haciéndose obediente
hasta la muerte.
Rm 8, 19: Porque la creación,
expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios.
Por eso Dios lo exaltó.
Is 52, 13: Mirad, mi siervo
tendrá éxito, / subirá y crecerá mucho.
Y le otorgó el Nombre.
Rm 14, 9: Pues para esto murió
y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.
Y toda lengua confiese.
Rm 10, 9: Porque, si profesas
con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó
de entre los muertos, serás salvo.
Para gloria de Dios
Padre.
1 Co 12, 1: Acerca de los dones
espirituales, no quiero, hermanos, que sigáis en la ignorancia.
Notas
exegéticas:
2 6 (a) Lit. “en la forma de Dios”. La
misma palabra griega (morphe) es utilizada en el v. 7 (lit. “tomando la
forma de esclavo”). Su significado es casi idéntico al de “Imagen” (eikon),
y los dos términos son utilizados indistintamente por los LXX. La “forma de
Dios” es, pues, sinónimo de “imagen de Dios”, que es el predicado aplicado a
Adán (Gn 1, 27; 1 Co 17, 7, y a Cristo 2 Co 5,5).
2 6 (b) Cristo al no tener pecado no
tenía que morir. Idéntica idea aparece en algunos apócrifos, como Henoc, IV
Esdras o II Baruc. Tenía pues, el derecho a vivir eternamente, algo propio de
la divinidad. Gn 3, 4-5. Otras traducciones posibles: “No retuvo celosamente el
rango que le igualaba a Dios” o “No consideró como presa el ser igual a Dios”.
En este último caso, habría una oposición implícita entre Jesús, segundo o
último Adán 1 Co 15, 56 y el primer Adán Gn 3, 4-5.
2 7 (a) Lit. “Se vacío a sí mismo”. El
término kénosis procede de una raiz que significa “vaciar”. La fórmula
está tomada de Is 53, 12. El pronombre reflexivo, que aparece en el v. 7 ( y
ver Gn 2, 20), subraya la decisión del mismo Cristo, que optó por la muerte.
2 7 (b) Este modo de existencia, a la
luz de la alusión a Is 53, 12, sólo puede ser el del humillado Siervo paciente
de Yahvé, que murió por los demás. Is 53, 3.5.7. Nótese el contraste con Señor,
v. 11.
2 7 (c) No hay intención de atenuar la
humanidad de Jesús. No obstante si él no hbuera sido diferente no habría podido
salvarnos. Él, que estaba vivo, resucitó a los que estaban muertos. Él no tenía
necesidad de ser reconciliado con Dios, mientras todos los demás la tenían.
2 7 (d) Aunque diferente en su modo de
existencia, Cristo compartió la naturaleza humana común a todos.
2 8 (a) Al envío del Hijo por el Padre
para celebrar a la humanidad corresponde de parte de Cristo la obediencia.
2 8 (b) Mientras que la tradición
primitiva sólo insistía en el efecto salvífico de la muerte de Cristo, Pablo
subraya lógicamente que el valor ejemplar de esta muerte está en el cruel
castigo de la crucifixión. Lit. “sobre-exaltó”. El verbo griego hypsou,
que significa normalmente elevar, se traduce a menudo por “exaltar”. Aquí lleva
además el prefijo hyper (del que se forma el mismo verbo), que redobla
su significado, por el hecho de que, si es cierto que todos los justos serán
exaltados, Is 52, 13; Sb 3, 1-8, Cristo es superior a todos ellos.
2 9 (b) El nombre es el de “Señor”, como
explica el v. 11. Se trata aquí de un ´termino funcional que no se refiere
precisamente a la naturaleza de Cristo, es un título que Cristo lo consigue por
su pasión y resurrección. A pesar de su uso cotidiano, y de su frecuente
aplicación a Cristo a lo largo de todo el NT aquí se toma como un título “que
está sobre todo nombre”, la razón es que el NT lo reserva a Dios.
2 10 (a) La humanidad entera reconoce la
nueva dignidad de Jesús, como estaba anunciado que las naciones reconocería a
Yahvé. Is 45, 23; Rm 14, 11. El nombre propio de Jesús -sin más añadiduras – se
usa aquí deliberadamente para evocar la figura humillada y paciente de los vv.
6-8.
2 10 (b) Estas frases, que alternan la
cuidada estructura del himno fueron propiamente añadidas por Pablo con el fin
de poner de relieve tanto el ilimitado alcance de la autoridad de Cristo como
la dependencia respecto a su Padre.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio según
san Mateo 26, 14-27,66
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a
los sumos sacerdotes y les propuso:
-¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde
entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y
le preguntaron:
-¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
-Él contestó:
-Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El
Maestro dice: mi hora está cerca;, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis
discípulos”.
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon
la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
-En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar.
Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
-¿Soy yo acaso, señor?
Él respondió:
-El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a
entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel
por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no
haber nacido!
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
-¿Soy yo acaso, Maestro?
Él respondió:
-Tú lo has dicho.
Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la
bendición, lo partió, lo dio a sus discípulos y les dijo:
-Tomad, comed: esto es mi cuerpo.
Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:
-Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es
derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora
ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino
nuevo en el reino de mi Padre.
Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.
Entonces Jesús les dijo:
-Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, porque está
escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero
cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea”.
Pedro replicó:
-Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.
Jesús le dijo:
-En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante,
mee negarás tres veces.
Pedro le replicó:
-Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
Y lo mismo decían los demás discípulos. Entonces Jesús fue con
ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
-Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.
Y llevándose a Pedro y a los hijos de Zebedeo, empezó a sentir
tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
-Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad
conmigo.
Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
-Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se
haga como yo quiero, sino como quieres tú.
Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
-¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no
caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil.
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
-Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba,
hágase tu voluntad.
Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se
cerraban de sueño. dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las
mismas palabras. Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:
-Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo
del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya
está cerca el que me entrega.
Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce,
acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos
sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta
contraseña:
-Al que yo bese, ese es: prendedlo.
Después se acercó a Jesús y le dijo:
-¡Salve, Maestro!
Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
-Amigo, ¿a qué vienes?
Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron.
Uno de los que estaban con él agarró la espada, lo desenvainó y de un tajo le
cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
Jesús le dijo:
-Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada
morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida
más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras
que dicen que esto tiene que pasar?
Entonces dijo Jesús a la gente:
-¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un
bandido? A diario me sentaba en el tempo a enseñar y, sin embargo, no me
prendisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras
de los profetas.
En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo
sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía
de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con
los criados para ver cómo terminaba aquello.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso
testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar
de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos
que declararon:
-Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo
en tres días”.
El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
-¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que
presentan contra ti?
Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
-Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías,
el Hijo de Dios.
Jesús le respondió:
-Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al hijo
del hombre sentado a la derecha del poder y que viene sobre las nubes del
cielo.
Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
-Ha blasfemando. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de
oír la blasfemia. ¿Qué decidís?
Y ellos contestaron:
-Es reo de muerte.
Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo
golpearon diciendo:
-Haz de profeta, Mesías, dinos quién te ha pegado.
Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y
le dijo:
-También tú estabas con Jesús el Galileo.
-Él lo negó delante de todos diciendo:
-No sé qué quieres decir.
Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
-Este estaba con Jesús el Nazareno.
Otra vez negó él con juramento:
-No conozco a ese hombre.
Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
-Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata.
Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
-No conozco a ese hombre.
Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras
de Jesús: “Antes de que cante el gallo me negarás tres veces”. Y, saliendo
afuera, lloró amargamente.
Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del
pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo
llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se
arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y
ancianos diciendo:
-He pecado entregando sangre inocente.
Pero ellos dijeron:
-¿A nosotros qué? ¡Allá tú!
Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue
y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:
-No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son
precio de sangre.
Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del
Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía
“Campo de Sangre”. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: “Y
tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la
tasa de los hijos de Israel y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como lo
había ordenado el Señor”.
Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
-¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús respondió:
-Tú lo dices.
Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no
contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
-¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?
Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy
extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente
quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. cuando la gente
acudió, dijo Pilato:
-¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien
llaman el Mesías?
Pues sabía que lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba
sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
-No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho
soñando con él.
Perro los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente
para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
-¿A cuál de los dos queréis que os suelte?
Ellos dijeron:
-A Barrabás.
Pilato les preguntó:
-¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?
Contestaron todos:
-Sea crucificado.
Pilato insistió:
-Pues, ¿qué mal ha hecho?
Pero ellos gritaban más fuerte:
-¡Sea crucificado!
Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba
formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
-Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros”
Todo el pueblo contestó:
-¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo
entregó para que lo crucificaran.
Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al
pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le
pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la
ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante
él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
-¡Salve, rey de los judíos!
Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la
cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo
llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo
forzaron a llevar su cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar
de “la Calavera”), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero
no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a
suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un
letrero con la acusación: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Crucificaron
con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban,
lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:
-Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días,
sálvate a ti mismo; si eres Hijo de dios, baja de la cruz.
Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se
burlaban también diciendo:
-A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de
Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre
si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”.
De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo
insultaban.
Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre
toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:
-Elí, Elí, lemá sabaqtaní?
(Es decir:
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
-Está llamando a Elías.
Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada
de vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.
Los demás decían:
-Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.
Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.
Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la
tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos
cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas
después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el
terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
-Verdaderamente este era Hijo de Dios.
Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que
habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la
Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de
Zebedeo.
Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que
era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de
Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús,
lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había
excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se
marchó.
María la Magdalena y la otra María quedaron allí sentadas enfrente
del sepulcro.
A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron
eng rupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
-Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida
anunció: “A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro
hasta el tercer día, no sea uqe vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y
digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura será
peor que la primera.
Pilato contestó:
-Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como
sabéis.
Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la
guardia.
Textos
paralelos.
Le asignaron treinta monedas de plata.
Gn 37, 28: Al pasar unos
mercaderes madianitas, tiraron de su hermano; y, sacando a José del pozo, lo
vendieron a unos ismaelitas por veinte monedas de plata. Estos se llevaron a
José a Egipto.
Za 11, 12: Les dije: “Si os
parece bien, pagadme mi salario; si no, dejadlo”. Y contaron mi salario:
treinta monedas de plata.
Preparativos para cenar
la Pascua.
Ex 12, 14: Durante siete días
comeréis panes ácimos; el día primero haréis desaparecer de vuestra casa toda
levadura, pues el que coma algo fermentado, del primero al séptimo día, será
excluido de Israel.
El Maestro dice: mi
tiempo está cerca.
Jn 2, 4: Jesús le dice: “Mujer,
¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora.
El que ha metido conmigo
la mano en el plato.
Sal 41,10: Incluso mi amigo, de
quien yo me fiaba, / que compartía mi pan, / es el primero en traicionarme.
Sal 55, 20: Dios me escucha,
los humilla / el que reina desde siempre. // Porque no quieren enmendarse / ni
temen a Dios.
Jn 13, 18: No lo digo por todos
vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la
Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”.
Más le valdría a ese
hombre no haber nacido.
Ha 2, 6: ¿Y no pregonarán todos
estos un poema, / una adivinanza, un enigma a su costa?
Ha 2, 15: ¡Ay del que hace
beber a su compañero, / mezclando su bebida hasta embriagarlo / y ver así su
desnudez.
Preguntó el que lo iba a
entregar.
Is 48, 8: Ni lo habías oído ni
lo sabías. / Desde antiguo te habías hecho el sordo. / Yo se lo traidor que
eres / y que te llaman “rebelde de nacimiento”.
Tomó Jesús pan y lo
bendijo.
1 Co 11, 24: Y, pronunciando la
Acción de Gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por
vosotros. Haced esto en memoria mía”.
Jn 6, 51-58: Yo soy el pan vivo
que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan
que yo daré es mi carne por la vida del mundo.
1 Co 10, 16: El cáliz de la
bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que
partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
Bebed de ella.
Ex 24,8: Entonces Moisés tomó
la sangre y roció al pueblo, diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que el
Señor ha concertado con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras”.
Za 9, 11: En cuanto a ti, por
la sangre de tu alianza, / sacaré a tus prisioneros del pozo / donde no hay
agua.
Derramada por muchos para
el perdón de los pecados.
Is 53, 12: Le daré una multitud
como parte / y tendrá como despojo una muchedumbre. / Porque expuso su vida a
la muerte / y fue contado entre los pecadores, / él tomó el pecado de muchos /
e intercedió por los pecadores.
Hb 12, 15: Procurad que nadie
se quede sin la gracia de Dios, y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño,
contaminando a muchos.
Día aquel en que lo beba
con vosotros.
Hb 8, 11: Y no tendrá que
enseñar uno a su prójimo, / el otro a su hermano diciendo: “Conoce al Señor”, /
porque todos me conocerán, / del menor al mayor.
Todos vosotros vais a
escandalizaros de mí.
Jn 13, 38: Jesús le contestó:
“¿Con qué darás tu vida por mi? En verdad, en verdad te digo: no cantará el
gallo antes de que me hayas negado tres veces”.
Jn 16, 32: Pues mirad: está
para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por
su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el
Padre.
Heriré al pastor.
Za 13, 7: ¡Despierta, espada,
contra mi pastor, / contra mi valeroso compañero! / - oráculo del Señor del
universo –. / Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas, / mi brazo
castigará incluso a los zagales.
Después de mi
resurrección.
Mt 28, 7: E id aprisa a decir a
sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de
vosotros a Galilea. Allí me veréis”.
Fue Jesús con ellos a una
propiedad llamada Getsemaní.
Jn 12, 27-30: Ahora mi alma
está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por eso he
venido, para esta hora.
Hb 5, 7-10: Cristo, en los días
de su vida mortal, a gritos y con lágrimas presentó oraciones y súplicas al que
podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun
siendo Hijo, aprendió sufriendo a obedecer. Y, llevado a la consumación, se
convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna,
proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisedec.
Mi alma está triste.
Sal 42, 6: ¿Por qué te
acongojas, alma mía / por qué gimes dentro de mí? / Espera en Dios, que
volverás a alabarlo: / “Salud de mi rostro, Dios mío”.
Si 37, 2:
Pase de mí esta copa.
Is 51, 17-22: ¿No es un
disgusto mortal / que un compañero o amigo se convierta en enemigo?
Los encontró dormidos.
Mt 6, 10: Venga a nosotros tu
reino, / hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Jn 4, 34: Jesús les dice: “Mi
alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra”.
Jn 6, 38: Porque he bajado del
cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Rm 5, 19: Pues, así como por la
desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así
también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.
Flp 2, 8: Se humilló a sí
mismo, / hecho obediente hasta la muerte, / y una muerte de cruz.
El espíritu está pronto,
pero la carne es débil.
Mt 6, 13: No nos dejes caer en
la tentación, / y líbranos del mal.
Rm 7, 5: Mientras estábamos en
la carne, las pasiones pecaminosas, avivadas por la ley, actuaban en nuestros
miembros, a fin de que diéramos frutos para la muerte.
Hágase tu voluntad.
Mt 6, 10: No seáis como ellos,
pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis.
Va a ser entregado en
manos de los pecadores.
2 S 24, 14: David respondió:
“¡Estoy en un gran apuro!” Pero pongámonos en manos del Señor, cuya
misericordia es enorme, y no en manos de los hombres.
Jn 14, 30-31: Ya no hablaré
mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él
tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al
Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo. Levantaos, vámonos de
aquí.
Le dio un beso.
Sal 41,10: Incluso mi amigo, de
quien yo me fiaba / que compartía mi pan, / es el primero en traicionarme.
Sal 55, 3: Hazme caso y
respóndeme. / Me agitan mis ansiedades.
Vuelve tu espada a su
sitio.
Gn 9, 6: Quien derrame la
sangre de un hombre / por otro hombre será su sangre derramada; / porque a
imagen de Dios hizo él al hombre.
Jn 5, 2: A todo sarmiento que
no da fruto en mi lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más
fruto.
Ap 13, 10: El que está
destinado al cautiverio, al cautiverio va. El que mata a espada, a espada tiene
que morir. ¡Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos!
Sal 91, 11: Porque a sus
ángeles ha dado órdenes / para que te guarden en tus caminos.
Todos los días enseñaba
en el templo.
Ha 1, 13: Tus ojos, puros para
contemplar el mal, / no soportan ver la opresión. / ¿Por qué, pues, ves a los
traidores y callas, / cuando el malvado se traga al justo?
Para que se cumplan las
escrituras.
Sal 22, 11: Desde el seno pasé
a tus manos, / desde el vientre materno tú eres mi Dios.
Za 13, 7: ¡Despierta, espada,
contra mi pastor, / contra mi valeroso compañero! – oráculo del Señor del
universo –. / Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas; / mi brazo
castigará incluso a los zagales.
Los que prendieron a
Jesús lo llevaron ante el Sumo Sacerdote.
Is 53, 7: Maltratado,
voluntariamente se humillaba / y no abría la boca: / como cordero llevado al
matadero, / como oveja ante el esquilador, / enmudecía y no abría la boca.
Los sumos sacerdotes y el
Sanedrín.
Sal 27, 12: No me entregues a
la saña de mis adversarios, / porque se levantan contra mí testigos falsos, /
que respiran violencia.
Yo puedo destruir el
templo.
Jn 2, 19: Jesús contestó:
“Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”.
Hch 6, 14: Pues hemos oído
decir que ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones
que nos dio Moisés.
Pero Jesús callaba.
Is 53, 7: Maltratado,
voluntariamente se humillaba / y no abría la boca: / como cordero llevado al
matadero, / como oveja ante el esquilador, / enmudecía y no habría la boca.
Te conjuro por Dios vivo
que nos digas.
Mt 4, 3: El tentador se le
acercó y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en
panes”.
Mt 16, 16: Simón Pedro tomó la
palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Veréis al Hijo del
hombre.
Mt 8, 20: Las zorras tienen madrigueras y los pájaros
nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
Mt 24, 30: Entonces aparecerá
en el cielo el signo del Hijo del hombre. Todas las razas del mundo harán duelo
y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y
gloria
Hch 2, 23: Entregado conforme
al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una
cruz por manos de hombre inicuos.
Sal 110, 1: Oráculo del Señor a
mi Señor: / “Siéntate a mi derecha, / y haré de tus enemigos / estrado de tus
pies”.
Dn 7, 13: Seguí mirando. Y en
mi visión nocturna vi venir a una especie de hijo de hombre entre las nubes del
cielo. Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
Ha blasfemado.
Lv 10, 6: Moisés dijo a Aarón y
a sus hijos, Eleazar e Itamar: “No llevéis la cabeza desgreñada, ni rasguéis
vuestras vestiduras; así no moriréis, ni la ira del señor se encenderá contra
toda la comunidad. Vuestros hermanos, toda la casa de Israel, llorarán a los
abrasados por el fuego del Señor”.
Lv 21, 10: El sumo sacerdote,
el mayor entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el óleo de la
unción y que recibió la investidura revistiéndose los ornamentos, no llevará
desgreñada la cabeza ni se rasgará las vestiduras.
Lv 24, 16: Quien blasfeme el
Nombre del Señor, será muerto; toda la comunidad lo apedreará. Sea emigrante o
nativo, quien blasfeme el Nombre, morirá irremisiblemente.
Es reo de muerte.
Jr 26, 11: Los sacerdotes y los
profetas dijeron a los magistrados y a la gente: “Este hombre es reo de muerte,
pues ha profetizado contra esta ciudad, como lo habíes podido oír vosotros
mismos”.
A abofetearle; y otros le
golpeaban.
Is 50, 6: Es poco que seas mi
siervo / para restablecer las tribus de Jacob / y traer de vuelta a los
supervivientes de Israel. / Te hago luz de las naciones, / para que mi
salvación alcance hasta el confín de la tierra.
Is 52, 14: como muchos se
espantaron de él / porque desfigurado no parecía hombre, / ni tenía aspecto
humano.
Mi 4, 14: Y ahora acude en
tropel, / en cuadrilla, nos asedian; / golpearán con palos / la mejilla del
juez de Israel.
Este estaba con Jesús el
Nazoreo.
Mt 2, 23: Y se estableció en
una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas,
que se llamaría nazareno.
Lloró amargamente.
Is 22, 4: Por eso digo:
“Apartaos de mi, / lloraré amargamente; / no pretendáis consolarme / por la
devastación de mi pueblo.
Lo entregaron al
procurador Pilato.
Lc 3, 1: En el año decimoquinto
del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes
tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Abilene.
He entregado a un
inocente.
Hch 1, 18-19: Este, pues,
adquirió un campo con un salario injusto y, cayendo de cabeza, reventó por
medio y se esparcieron todas sus entrañas.
Dt 27, 25: Maldito quien se
deje sobornar para quitar la vida a un inocente. Y todo el pueblo dirá. Amén.
Judas tiró las monedas en
el Santuario.
2 S 17, 23: Al ver Ajitofel que
no se llevaba a cabo su plan, aparejó el asno y se puso en camino a la casa de
su ciudad. Dio instrucciones a los suyos y se ahorcó. Murió y fue enterrado en
el sepulcro de su padre.
Recogieron las monedas.
Dt 23, 19: No llevarás a la
casa del Señor, en cumplimiento de un voto, paga de prostituta ni dinero de
prostituto, porque ambos son una abominación para el Señor, tu Dios.
Compraron con ellas el
Campo del alfarero.
Jr 19, 4: Porque me han
abandonado, han hecho extraño este lugar sacrificando en él a dios extranjeros,
que ni ellos ni sus padres conocían, y los reyes de Judá lo han llenado de
sangre inocente.
Campo de Sangre.
Jr 7, 32: Por eso, llegan días
– oráculo del Señor – en que ya no se les llamará “Tófet” ni “valle de Ben
Himmón”, sino “valle de la Matanza”, y enterrarán en el Tófet por falta de
sitio”.
Tomaron las treinta
monedas.
Za 11, 12-13: Y les dije: “Si
os parece bien, pagadme mi salario; si no, dejadlos”. Y contaron mi salario:
treinta monedas de plata. Me dijo el Señor: “Echa al tesoro el valioso precio
en que me han tasado”. Tomé las treinta monedas de plata y las eché en el
tesoro del templo.
Nada respondió.
Sal 39, 2: Yo me dije:
“Vigilaré mi proceder, / para no pecar con mi lengua; / pondré una mordaza a mi
boca / mientras el impío esté presente.
Is 53, 7: Maltratado,
voluntariamente se humillaba / y no abría la boca: / como cordero llevado al
matadero, / como oveja ante el esquilador, / enmudecía y no habría la boca.
¿Y qué voy a hacer con
Jesús?
Sal 27, 12: No me entregues a
la saña de mi adversario, / porque se levantan contra mí testigos falsos, / que
respiran violencia.
Su sangre sobre nosotros
y sobre nuestros hijos.
Jr 26, 15: Pero sabedlo bien:
si me matáis, os haréis responsables de sangre inocente, que caerá sobre
vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque es cierto que el
Señor me ha enviado para que os comunique personalmente estas palabras.
Hch 5, 28: ¿No os habíamos
ordenado formalmente no enseñar en ese nombre?
En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis
hacernos responsables de la sangre de ese hombre.
Le echaron encima un
manto de púrpura.
Jr 10, 9: De plata refinada de
Tarsis / y de oro importado de Ofir: / obras de orfebres o fundidores, /
revestidas de púrpura y de grana, / todos son obra de artistas.
Salve, Rey de los judíos.
Sal 27, 7-8: Escúchame, Señor,
/ que te llamo, / ten piedad, respóndeme. / Oigo en mi corazón: / “Buscad mi
rostro. / Tu rostro buscaré, Señor.
Sal 69, 11-12: Cuando me aflijo
con ayunos, / se burlan de mí. // Cuando me visto de saco, / se ríen de mí.
Sal 109, 25: Soy despreciable
para ellos; / al verme, menean la cabeza.
Is 50, 6: Ofrecí la espalda a
los que me golpeaban, / las mejillas a los que mesaban mi barba; / no escondí
el rostro ante ultrajes y salivazos.
Le dieron a beber vino
mezclado con hiel.
Sal 69, 22: En mi comida me
echaron hiel, / para mi sed me dieron vinagre.
Pr 31, 6-7: Ofrece licor al
desgraciado, / vino al que se siente abatido: / que beba y olvide su miseria, /
y ya no se acuerde de sus penas.
Se repartieron sus
vestidos.
Sal 22, 19: Se reparten mi
ropa, / echan a suerte mi túnica.
Uno a la derecha y otro a
la izquierda.
Is 53, 12: Le daré una multitud
como parte, / y tendrá como despojo una muchedumbre. / Porque expuso su vida a
la muerte / y fue contado entre los pecadores, / él tomó el pecado de muchos /
e intercedió por los pecadores.
Is 53, 9: Le dieron sepultura
con los malvados / y una tumba con los malhechores, / aunque no había cometido
crímenes / ni hubo engaño en su boca.
Tú que destruyes el
Santuario.
Sal 22, 7: Pero yo soy un
gusano, no un hombre / vergüenza de la gente, desprecio del pueblo.
Sal 109, 25: Soy despreciable
para ellos; / al verme, menean la cabeza.
Lm 2, 15: Baten palmas contra
ti / cuantos pasan por el camino, / silban y mueven su cabeza / contra la hija
de Jerusalén / “¿Es esta la ciudad más hermosa, / la alegría de toda la
tierra?”.
Si 12, 18: Meneará la cabeza,
aplaudirá, / hablará largo rato entre dientes y cambiará la cara.
Si 13, 7: Te avergonzará en sus
banquetes, / te despojará dos o tres veces / y acabará burlándose de ti. / Y
después, si te ve, te evitará / y meneará la cabeza mofándose de ti.
Sal 22, 8: Al verme, se burlan
de mí, / hacen visajes, menean la cabeza.
A otros ha salvado.
So 3, 15: El Señor ha revocado
tu sentencia, / ha expulsado a tu enemigo. / El rey de Israel, el Señor, / está
en medio de ti, / no temas mal alguno.
Jn 1, 49: Natanael respondió:
“Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.
Mt 4, 6: Y le dijo: “Si eres
Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles
acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las
piedras”.
Sal 22, 9: “Acudió al Señor,
que lo ponga a salvo; / que lo libre si tanto lo quiere”.
Ha puesto su confianza en
Dios.
Sb 2, 18-20: Si el justo es
hijo de Dios, él lo auxiliará / y lo librará de las manos de sus enemigos. //
Lo someteremos a ultrajes y torturas, / para conocer su temple y comprobar su
resistencia. // Lo condenaremos a muerte ignominiosa, / pues según dice, Dios
lo salvará.
Mt 4, 3: El tentador se le
acercó y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en
panes”.
Jn 10, 33: Los judíos le
contestaron: “No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia:
porque tú, siendo hombre, te haces Dios”.
¡Elí, Elí! ¿lemá
sabactaní?
Jr 15, 9: La madre de siete
hijos / desfallece y pierde el aliento; / su sol se pone en pleno día, / se
siente confusa y desconcertada. / El resto lo entregaré a la espada / de sus
enemigos – oráculo del Señor.
Am 8, 9: Aquel día – oráculo
del Señor Dios - / haré que el sol se oculte a mediodía, / y oscureceré la
tierra en pleno día.
Za 14, 16: Todos los
supervivientes de las naciones que atacaron Jerusalén subirán cada año para
postrarse ante el rey, el Señor del universo.
Sal 22, 2: Dios mío, Dios mío /
¿por qué me has abandonado? / A pesar de mis gritos, / mi oración no te
alcanza.
La empapó con vinagre.
Sal 69, 22: En mi comida me
echaron hiel, / para mi sed me dieron vinagre.
Tembló la tierra y las
rocas se hendieron.
Ez 37, 12: Por eso profetiza y
diles: “Esto dice el Señor Dios: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os
sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel”.
Dn 12, 13: Tú, vete hasta el
final y descansa. Te alzarás a recibir tu destino al final de los tiempos.
Jn 5, 25: En verdad, en verdad
os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del
Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
1 Co 15, 20: Pero Cristo ha
resucitado de entre los muertos y es primicia de lso que han muerto.
Col 1, 18: Él es también la
cabeza del cuerpo de la Iglesia. / Él es el principio, el primogénito de entre
los muertos, / y, así es el primero en todo.
1 P 3, 19: En el espíritu fue a
predicar incluso a los espíritus en prisión.
Verdaderamente este era
hijo de Dios.
Sb 2, 18: Si el justo es hijo
de Dios, él lo auxiliará / y lo librará de las manos de sus enemigos.
Entre ellas estaban María
Magdalena.
Mt 13, 55: ¿No es el hijo del
carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y
Judas?
Se presentó a Pilato.
Dt 21, 22: Si uno, reo de la
pena de muerte, es ejecutado y lo cuelgas de un árbol. su cadáver no quedará en
el árbol de noche, sino que lo enterrarás ese mismo día, pues un colgado es
maldición de Dios, y no debes contaminar la tierra que el Señor, tu Dios, te da
en heredad.
Se lo entregase.
1 R 13, 29: El profeta recogió
entonces el cadáver del hombre de Dios, lo acomodó sobre el asno y regresó a la
ciudad del anciano profeta para enterrarlo.
Puso en su sepulcro
nuevo.
Is 53, 9: Le dieron sepultura
con los malvados / y una tumba con los malhechores, / aunque no había cometido
crímenes / ni hubo engaño en su boca.
A los tres días
resucitaré.
Mt 16, 21: Desde entonces
comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y
padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y
que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Hch 10, 40: Pero Dios lo
resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse.
Aseguraron el sepulcro.
Dn 6, 17: Entonces el rey mandó
traer a Daniel y echarlo al foso de los leones. Y dijo a Daniel: ¡Que te salve
tu Dios al que veneras fielmente!
Notas
exegéticas Biblia de Jerusalén.
26 15 Treinta siclos (y no treinta
denarios, como se dice a menudo). Era el precio fijado por la Ley para la vida
de un esclavo. Ex 21, 32.
26 17 El primer día de la semana, en
la que se comía pan sin levadura (ázimos), ver Ex 12, 1; 23, 14, era
normalmente el que seguía a la cena pascual: llamando así al día precedente,
los Sinópticos dan prueba de un uso más amplio. Por otra parte, parece cierto,
según Jn 18, 28 y otros detalles de la Pasión, que el banquete pascual se
celebró aquel año la tarde del viernes (o “Parasceve”, “preparación”). La cena
de Jesús, que los Sinópticos colocan un día antes, la tarde del jueves, debe en
consecuencia explicarse, o bien por anticipación del rito en una parte del
pueblo judío, o mejor por una anticipación buscada por el mismo Jesús al no
poder celebrar la Pascua al día siguiente, sino en su propia persona sobre la
cruz, Jn 19, 36; 1 Co 5, 7. Jesús habría instituido su propio rito nuevo
durante una cena que recibiría de rechazo los rasgos de la antigua Pascua. La
opinión reciente que sitúa la cena en la tarde del martes, según el calendario
esenio, goza de escasa probabilidad. – El 14 de Nisán (día de la cena pascual)
cayó en viernes el 30 y el 33 d.C.; los exégetas eligen uno u otro de estos
años para la muerte de Cristo, según sitúen su bautismo el 28 o el 29 y que
asignen a su misterio una duración más o menos larga.
26 18 Fórmula teológica que evoca el
designio de Dios, que se realiza en determinados “tiempos” (ver 8, 29). Es el
tiempo de la muerte y glorificación de Jesús, que Jn expresa mediante la
palabra “hora” (Jn 7, 30; 13, 1). A diferencia de Mc, Mt no se interesa por los
detalles (mensajeros especiales, estado del cenáculo, descripción del
propìetario): nada se desvía de la perspectiva cristológica (ver 26, 2).
26 21 Se trata de la primera parte del
rito que precedía a la cena pascual propiamente dicha.
26 25 Apelativo reservado por Mt a los
adversarios de Jesús (23, 7-8; 26, 49). El conjunto del v. es propio de Mt.
26 26 Se ha llegado al centro de la
cena pascual. Entre ritos precisos y solemnes del ritual judío (bendiciones a
Yahvé pronunciadas sobre el pan y el vino) injerta Jesús los ritos
sacramentales del nuevo culto instaurado por él.
26 27 “Dar gracias” traduce aquí el
verbo griego eujaristó, cuyo sustantivo eujaristia, “acción de
gracias” ha sido adoptado por el lenguaje cristiano para designar la Sagrada
Cena.
26 28 (b) Como antaño en el Sinaí, la
sangre de las víctimas selló la alianza de Yahvé con su pueblo, Ex 24, 4-8, así
también sobre la cruz, la sangre de la víctima perfecta, Jesús, va a sellar
entre Dios y los hombres la alianza nueva, ver Lc 22, 20, que anunciaron los
profetas, Jr 31, 31. Jesús se atribuye la misión de redención universal
asignada por Isaías al “Siervo de Yahvé”, Is 42, 5; 49,6; 53, 12; ver 42, 1;
ver Hb 8, 8; 9,15; 12, 24. La idea de alianza nueva aparece también en San
Pablo, además de 1 Co 11, 25, en diversos contextos que hacen ver su gran
importancia. 2 Co 3, 4-6; Ga 3, 15-20; 4, 24.
26 29 Alusión al banquete
escatológico, ver 8, 11; 22, 1ss. Han concluido las comidas terrestres de Jesús
con sus discípulos.
26 30 Los salmos del Ha-lel,
Sal 113-118, cuya recitación cerraba la cena pascual.
26 31 Escándalo religioso de ver
sucumbir, sin resistencia, al que ellos consideraban como Mesías 16, 16, y de
quien esperaban el triunfo cercano, 20, 21s. Los discípulos perderán entonces
por un momento su valor y hasta su fe, ver Lc 22, 31-32; Jn 16, 1.
26 32 Insertando el anuncio de lo que
dirá el ángel el día de Pascua (28, 17), la tradición sinóptica compensa así el
anuncio de la defección de los discípulos (26, 31).
26 36 (a) El nombre significaba “lagar de
aceite”. Lugar situado en el valle del Cedrón, al pie del monte de los Olivos.
26 36 (b) A diferencia de Mc, que aclara
su relato mencionando la hora del Mesías (Mc 14, 35) y pone de relieve la
oposición entre Jesús y sus discípulos (Mc 14 ,50), Mt destaca ante todo el
aspecto cristológico de la escena: obediencia perfecta del Mesías (Mt 26, 42)
y, secundariamente, modelo de oración de tentación (ver Lc 22, 40.46). La
oración es mencionada tres veces para destacar su intensidad (ver Lc 22, 44).
26 38 Expresión cuya forma literaria
recuerda Sal 42, 56-12; 43,5 y Jn 5,9.
26 39 Jesús experimenta con toda su
fuerza el miedo que la muerte inspira al hombre; siente y expresa el deseo
natural de librarse de ella, reprimiéndolo, sin embargo, con la aceptación de
la voluntad del Padre.
26 45 Censura teñida de dulce ironía.
Ha pasado la hora en que deberíais haber velado conmigo. Ha llegado el momento
de la prueba, y Jesús entrará solo en ella; los discípulos pueden dormir, si
quieren.
26 50 Es decir “haz lo que piensas
hacer”. Más que una pregunta (“¿A qué has venido?”) o un reproche (“¿qué es lo
que haces?”), se puede entrever aquí una expresión estereotipada, que quiere
decir: “(haz) aquello por lo que estás aquí”, “sigue tu negocio”. Jesús abrevia
los cumplimientos hipócritas: es la hora de pasar a los hechos. Ver Jn 13 27.
26 53 A partir de una expresión
confirmada por la literatura rabínica, Jesús formula a la vez la plena
autoridad que tiene de parte de su Padre y su sumisión a la voluntad divina.
26 55 (a) Probablemente un cabecilla de un
grupo revolucionario, como Barrabás (Jn 18, 40). De ahí la situación
paradójica: Jesús va a ser tratado como un zelota y crucificado como tal (27,
37) entre dos bandidos (27, 38.44).
26 55 (b) Var. (Vulgata): “me sentaba
entre vosotros en el Templo”, ver Mc 14, 49.
26 57 Se pueden, con ayuda de Lc y Jn,
distinguir una primera comparecencia ante Anás, por la noche, y una sesión
solemne del Sanedrín por la mañana. Mt 27, 1. Mt y Mc refieren la escena por la
noche con los rasgos de la mañana, que fue la única sesión formal y decisiva.
26 61 De hecho Mateo anunció la
destrucción del Templo y del culto judío simbolizado por él, 24, y su
sustitución por un Templo nuevo, primero el propio cuerpo de Jesús, resucitado
a los tres días, 16, 21; 17, 23; 20,19; Jn 2, 19-22; y después la Iglesia, 16, 18.
26 62 Vulgata no ve aquí más que una
pregunta: “¿No respondes nada a lo que estos atestiguan contra ti?”.
26 64 “El Poder” es un equivalente de
“Yahvé”. Jesús, renunciando en este instante supremo a su consigna de “secreto
mesiánico”, ver Mc 1, 34, reconoce categóricamente que él es el Mesías, como ya
lo había hecho confesar a sus íntimos, Mt 16, 16; pero se manifiesta más
todavía afirmándose, no el Mesías humano tradicional, sino el “Señor” del Sal
110, ver Mt 22, 41s., y el misterioso personaje de origen celeste, entrevisto
por Daniel, ver Mt 8, 20. Los judíos ya no le verán más que en su gloria,
primero por el triunfo de la Resurrección, después por el del Reino, ver 23, 39
y 24, 30.
26 65 La “blasfemia” de Jesús
consistía, no en presentarse como Mesías, sino en reivindicar la dignidad de
rango divino.
26 68 La redacción de Mt es
desafortunada, ya que no estando velado como en Lc 22, 63, Jesús puede indicar
sin dificultad quien le ha golpeado. Lo importante es que se burlan de él como
“profeta”, debido a sus palabras sobre el Templo, y más concretamente quizá
como “Mesías-Profeta” (esta interpelación a Jesús con el vocativo “Cristo” es
única en los evangelios”, es decir, como pretendido Sumo Sacerdote escatológico
que quiere instaurar un nuevo Templo.
26 71 Variante (Vulgata): “Nazareno”.
26 73 El dialecto galileo. Se
distinguía de Judea por algunos detalles característicos de gramática y
pronunciación.
27 1 Conforme a la política general
de Roma, los gobernadores concedían al Sanedrín una gran libertad de acción:
dirigían la vida religiosa y política de los judíos, dentro de los límites
impuestos por el ocupante. Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre si el
Sanedrín tenía en tiempos de Jesús poder para dictaminar y ejecutar la pena
capital. Con matices notables, los relatos evangélicos parecen indicar que lo
poseían, pero que era necesaria la autorización del gobernador para la
ejecución de la pena.
27 2 Var. “Poncio Pilato”. Ver Lc 3,
1. Puesto que Roma se había reservado, en Judea como en todas las provincias
del Imperio, el derecho de la pena capital, los judíos debían recurrir al
procurador para obtener la confirmación y ejecución de su propia sentencia.
27 4 Var. “sangre justa”, ver 23, 35.
27 5 Este relato de la muerte de
Judas no concuerda precisamente con el de Hch 1, 18-19. Los intentos por
armonizar ambos pasajes siguen siendo frágiles.
27 8 En arameo Haqueldamá (ver
Hch 1, 19 y aquí la Vulg.). Una tradición muy antigua y probablemente auténtica
sitúa este lugar en el valle de Hinnón.
27 9 Om.: “Jeremías”. En realidad se
trata de una cita libre de Za 11, 12-13, combinada con la idea de la compra de
un campo sugerida por Jr 32, 5-15. Esto unido al hecho de que Jeremías habla de
los alfareros 18, 2 s., que había en la región de Haqueldamá, 19, 1s.,
explica que todo el texto haya podido atribuírsele por aproximación.
27 10 Yahvé se quejaba de no haber
recibido de los israelitas, en la persona del profeta Zacarías, más que un
salario irrisorio; la venta de Jesús al mismo precio mísero le parece a Mt que
realiza este oráculo profético.
27 11 Con estas palabras Jesús
reconoce como exacto al menos en cierto sentido, lo que, sin embargo, no
hubiera dicho de sí mismo. Véase ya 26, 25.64, y ver Jn 18, 33-37.
27 15 Es verosímil esta costumbre de
soltar a un preso con ocasión de la Pascua, pero no está atestiguada en ningún
otro sitio.
27 16 (b) Aquí y en el v. 27, var. “Jesús
Barrabás”, lo que da a la pregunta de Pilato un giro chocante, pero esta
precisión parece proceder de una tradición apócrifa.
27 19 No hay que ver en las palabras
de la mujer de Pilato una profesión cristiana. Atormentada por un sueño que la
deja perpleja, concibe a Jesús como un justo, pero no en el sentido
judío y mateano (fiel a la voluntad de Dios, 1, 19; 5,45; 9, 13), sino
en el sentido griego de hombre de bien a la vez interesante e inquietante.
27 22 El suplicio de la cruz,
practicado de ordinario pro los romanos, pero desconocido por la ley judía, era
probablemente de origen oriental.
27 24 (a) Gesto expresivo que los judíos
debieron comprender perfectamente, ver Dt 21, 6s; Sal 26, 6; 73, 13.
27 24 (b) Var. “de esta sangre”.
27 25 Expresión bíblica tradicional, 2
S 1, 16; 3, 29; Hch 5, 28; 18, 6, por la cual el pueblo acepta la
responsabilidad de la muerte que exige.
27 26 Preludio normal a la crucifixión
entre los romanos.
27 27 El Pretorio, es decir la
residencia del Pretor, debe de ser el antiguo palacio de Herodes el Grande,
donde se instalaba normalmente el procurador, cuando subía de Cesarea a
Jerusalén. Este palacio, situado al oeste de la ciudad en el emplazamiento de
la actual ciudadela era diferente de la residencia familiar de los Asmoneos,
que estaba cerca del Templo, y donde Herodes Antipas recibió a Jesús cuando
Pilato se lo envió, Lc 23, 7-12. Algunos sitúan el Pretorio en la fortaleza
Antonia, al norte del Templo. Pero esta localización no parece avenirse ni con
la costumbre de los procuradores, tal como nos la transmiten los textos
antiguos, ni con el uso del término “pretorio”, que no puede trasladarse así de
sitio, ni con los movimientos de Pilato y de la multitud judía en los relatos
de la Pasión, en especial de San Juan.
27 28 Capa de soldado romano (sagum).
Su color rojo evoca por irrisión la púrpura real.
27 29 Los judíos se habían burlado de
Jesús como “Profeta”; los romanos se burlan de él como “Rey”. Estas dos escenas
reflejan bien los dos aspectos, religioso y político, del proceso de Jesús.
27 33 Transcripción de la palabra
aramea Gulgutá, “lugar del cráneo”, en latín Calvaria (de aquí
“Calvario”).
27 34 Brebaje embriagante que mujeres
judías compasivas, ver Lc 23, 7, solían ofrecer a los ajusticiados para atenuar
sus sufrimientos. De echo a este vino se le mezclaba más bien “mirra”, ver Mc
15, 23: la “hiel” en Mt se debe a una reminiscencia del Sal 69, 22 (al igual
que la corr. de “vino” en “vinagre” de la resención antioquena). Jesús rechaza
este estupefaciente.
27 35 Adic.: “Para que se cumpliera el
oráculo del profeta. Se han repartido mis vestidos, y han echado a suertes mi
túnica” (Sal 22, 19), glosa tomada de Jn 19, 24.
27 45 Desde el mediodía hasta las tres
de la tarde. Estas tinieblas (ver Ex 10, 22; Am 8, 9-10) representan
probablemente el juicio de Dios, que se extiende desde la cruz por toda la
tierra (o “todo el país”).
27 46 Grito de angustia, pero no de
desesperación, esta queja, tomada de la Escritura, es una oración a Dios, y en
el Salmo le sigue la alegre seguridad del triunfo final.
27 47 Mordaz juego de palabras, basado
en la esper de Elías como precursor del Mesías, ver 17, 10-13, o en la creencia
judía de que él socorría a los justos en la necesidad.
27 48 Bebida ácida que usaban los
soldados romanos. El gesto fue sin duda de compasión, ver Jn 19, 28s.; los
Sinópticos lo consideran mal intencionado. Lc 23, 36 y lo describen con
términos que evocan Sal 69, 27.
27 51 (a) La cortina que cerraba el Santo,
o mejor la que separaba el Santo del Santo de los Santos, ver Ex 25, 31s.
Siguiendo Hb 9, 12; 10, 20, la tradición cristiana ha visto en este desgarrarse
del velo la supresión del antiguo culto mosaico y el acceso abierto por Cristo
al santuario escatológico.
27 51 (b) Estas manifestaciones
extraordinarias, como también las tinieblas del v. 45, estaban anunciadas por
los profetas como señales características del “día de Yahvé”, ver Am 8, 9.
27 53 Esta resurrección de los justos
del AT es un signo de la era escatológica, Is 26, 19; Ez 37; Dn 12, 2.
Liberados del Hades por la muerte de Cristo, ver Mt 16, 18, esperan ellos su
resurrección para entrar con él en la Ciudad Santa, es decir, Jerusalén. Tenemos
aquí una de las primeras expresiones de la fe en la liberación de los muertos
por el descenso de Cristo a los infiernos, ver 1 P 3, 19.
27 57 Puede también traducirse: “que
se había instruido en la enseñanza de Jesús” (idéntico verbo en 13, 52 y 28,
19) Podría pensarse que este hombre era originario de Arimatea, ciudad de Judea
al noreste de Lida, o bien que llegaba de esa ciudad en el momento de la
crucifixión.
27 60 Sábana “limpia” y sepulcro
nuevo” subrayan la piedad del entierro; el segundo dato explica también el que
haya sido posible, ya que el cadáver de un ajusticiado no podía ser puesto en
un sepulcro ya ocupado, donde habría contaminado los huesos del justo.
27 62 En griego “Parasceve”.
Este término se aplicaba al viernes, día en que se hacían los preparativos del
sábado. Ver Jn 19, 14. Sobre el problema de la cronología, véase Mc 26, 17.
27 65 Es decir: “Utilizad vuestra
guardia”, ver Lc 22, 4, o bien, “Pongo una guardia a vuestra disposición”, ver
Jn 18, 3.
Notas exegéticas Nuevo Testamento,
versión crítica
34 LO
GUSTÓ... BEBERLO: lit. y habiendo gustado no quiso beber.
38 FUERON
CRUCIFICADOS: Gr. 4 (“son crucificados”: presente narrativo).
39-44 Los insultos contra Jesús, como la frase de la multitud en el v. 25, son
“religiosos”, no políticos. Se burlan de su mesianismo, y de su filiación
divina. Aunque la autoridad romana lo condenase por revolucionario, en la idea
del pueblo y de sus jefes religiosos Jesús moría condenado por blasfemo.
43 El
sujeto de los verbos LIBRE Y QUIERE es Dios. // SI REALMENTE (oración
condicional real) LO QUIERE: si Dios se agrada en él.
44 DE
LA MISMA MANERA: o “[diciendo] lo mismo”.
45 TODO
EL PAÍS: Palestina, la “Tierra Santa”; quizás, en la mente de Mt: toda la
tierra.
46 Las
dos primeras palabras de la cita del Sal 22, rezado por Jesús, son hebreas
(aunque usadas también en textos arameos); las restantes son arameas.
48 La
construcción lit. del texto griego es: “corriendo uno de ellos y cogiendo
esponja y habiendo empapado... y habiendo puesto una caña...”.
51-53 El efecto polisíndeton del texto griego está sustituido por el recurso
contrario: el asíndeton (la traducción suprime “y” del texto
original). Doctrinalmente, Mt está diciendo que los efectos de la muerte de
Jesús han alcanzado todos los estratos de la vida humana y de la naturaleza
inanimada que le rinde homenaje. El triunfo de Jesús sobre la muerte ha llegado
hasta MUCHOS CUERPOS (la parte “material”) DE LOS SANTOS (los que Mt
llama “justos” en otros pasajes_ cf. 1, 19), de las personas piadosas del AT
QUE DORMÍAN (eufemismo: que habían muerto, cf. 23, 29, donde se habla de los
monumentos sepulcrales de los justos). // DESPERTARON: lit. fueron
despertados (se entiende: por Dios; voz pasiva “teológica”. //
Liberados de la Morada de los muertos resucitaron propiamente DESPUÉS DE
resucitar JESÚS (lit... de la resurrección de él), formando la escolta
de honor de Cristo Rey, vencedor de la muerte. // La tradición reflejada en
este texto, muy antigua, sin relación con textos judíos sobre la teofanía en el
Sinaí, que son posteriores, da a entender que los primeros cristianos
consideraban los acontecimientos del día de Pascua como el comienzo de la gran
resurrección universal. // LA CIUDAD SANTA, e.d. Jerusalén, acaba de ser
purificada con la sangre de Jesús: los resucitados con él son ya la nueva Jerusalén:
“la ciudad santa” del cielo (Ap 21, 2).
54 HIJO
DE DIOS: o quizá hijo de un dios, de una divinidad, expresión que
cuadraría mejor en la boca de los soldados paganos.
Notas exegéticas desde la Biblia
Didajé:
27, 32-56 Con las burlas del gentío, la repartición de la ropa, el grito de
abandono de Cristo en la cruz, y con otros detalles de la pasión se cumplen
directamente las profecías del Antiguo Testamento. El intenso sufrimiento de
Cristo en su cruz y alma era real y no fue paliado por su naturaleza divina.
Cristo rechazó el vinagre, que se utilizaba como analgésico, para mostrar su
voluntad de aceptar todo el sufrimiento para la redención. Experimentó una
muerte terrible, naturalmente implicando la separación del cuerpo y del alma,
cargando con el peso de los pecados de todos. Cat. 515, 585, 599-602.
27, 46 Estas palabras, que forman el comienzo del salmo 22, ponen voz al
sufrimiento. Aunque a primera vista parece que las palabras muestran
desesperación, el salmo concluye con una entusiasta exclamación de esperanza,
de gloria y victoria. Cat. 2853.
27, 50 La muerte y resurrección de Cristo se produjeron en un momento
determinado de la historia. No obstante, este sacrificio redentor se hace
presente sacramentalmente en cada celebración de la Santa Misa. Con esta
celebración, podemos unir nuestro trabajo y sufrimiento al sacrificio mismo de
nuestro Señor en la cruz, que vuelve a ser presentado en el sacrificio
eucarístico. Cat. 613-614, 1364.
27, 51 El velo separaba a la gente de la presencia de Dios en el Santo de los
Santos, el sancta sanctorum del Templo, donde solo el sumo sacerdote
hacía sacrificios en presencia de Dios en nombre del pueblo una vez al año. Su
desgarramiento simboliza la reconciliación de Dios con la humanidad, el
desgarramiento de lo que separaba al hombre de Dios. La Antigua Alianza había
cumplido su función y fue abriendo paso a la Nueva Alianza, en Cristo. El hecho
de que el velo se rasgase de arriba abajo sugiere que fue un acto de Dios.
27, 53 No está claro si las apariciones de los santos se refieren a apariciones
o a una vuelta verdadera a la vida corporal humana, pero puede referirse a la
salvación de aquellos que habían muerto bajo la Antigua Alianza, antes de la
reconciliación entre Dios y la humanidad. La Iglesia nos enseña que después de
su muerte, como profesamos en el credo de los Apóstoles, Cristo “descendió a
los infiernos” (aquí no se refiere al infierno eterno, sino a una especie de
estado intermedio o purgatorio para los hombres y mujeres justos de la Antigua
Alianza que esperaban la apertura de las puertas del cielo. Esto se denomina a
veces como “el seno de Abrahán”. Cat. 586, 624, 627, 632-637.
27, 54 No está claro si el centurión reconoce a Jesús como el Mesías o como un
ser divino. En el Antiguo Testamento, a menudo se utilizaba “Hijo de Dios” para
referirse a alguien que tenía una relación especialmente estrecha con Dios,
similar a un “hijo adoptivo”. El término se aplicó en varias ocasiones a los
fieles, a los ángeles, o a determinados líderes judíos. Cat. 441.
27, 55s María, la madre de Santiago y José. Esta María y sus hijos eran parientes de
Cristo, pero claramente, esta María no era su madre, y Santiago y José no eran
hermanos suyos literalmente. Esta conclusión se ve reforzada más tarde, cuando
se nombre a la mujer como “la otra María” (Mt 28, 1). Las diversas partes de la
pasión y muerte de Cristo se conmemoran en muchos sentidos en la liturgia y en
el culto hoy en día, incluyendo el sacrificio de la Misa, la liturgia del
Viernes Santo, la lectura de la narración de la pasión, el Domingo de Ramos y
la devoción popular de las estaciones de la Cruz. Cat. 500.
Catecismo de la Iglesia Católica.
599 La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada
constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios,
como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de
Pentecostés: “Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento
de Dios” (Hch 2, 23). Este lenguaje bíblico no significa que los que han
“entregado a Jesús” fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de
antemano por Dios.
613 La muerte de Jesús es a la vez sacrificio pascual que lleva a cabo
la redención definitiva de los hombres por medio del “Cordero que quita el
pecado del mundo” (Jn 1, 29) y el sacrificio de la Nueva Alianza que
devuelve al hombre a la comunión con Dios reconciliándole con Él por “la sangre
derramada por muchos para remisión de los pecados” (cf. Mt 26, 28).
614 Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los
sacrificios. Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien
entrega al Hijo para reconciliarnos consigo. Al mismo tiempo es ofrenda del
Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor, ofrece su vida a su Padre
por medio del Espíritu Santo para reparar nuestra desobediencia.
2853 La victoria sobre el “príncipe de este mundo” (Jn 14, 30) se adquirió de
una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte
para darnos su vida.
1364 El memorial recibe un sentido nuevo en el Nuevo Testamento. Cuando la
Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y esta se
hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la
cruz, permanece siempre actual.
624 “Por la gracia de Dios, gustó la muerte para bien de todos” (Hb 2, 9). En
su designio de salvación, Dios dispuso que su Hijo no solamente “muriese por
nuestros pecados” (1 Co 15, 3), sino también que “gustase la muerte”, es decir,
que conociera el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su
cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la
Cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio
del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del Sábado Santo en
el que Cristo depositado en la tumba manifiesta el gran reposo sabático de Dios
después de realizar la salvación de los hombres, que estable en la paz al
universo entero.
Concilio Vaticano II
Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra paz, por
la cruz reconcilió a judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en sí
mismo.
Nostra aetate, 4.
San Agustín
He aquí la debilidad de Dios que es más fuerte que los hombres, y la
necedad de Dios más sabia que los hombres.
He aquí la debilidad de Dios que es más fuerte que los hombres y la
necedad de Dios más sabia que los hombres. El sucederse de los acontecimientos
lo mostró con mayor claridad aún. ¿Qué buscaba entonces la ira rabiosa de los
enemigos, sino arrancar su memoria de la tierra? Pero quien fue crucificada en
una sola nación se ha asentado en los corazones de tantas otras y quien
entonces fue entregado a la muerte en un solo pueblo, ahora es adorado por
todos.
Por tanto, amadísimos, celebremos este aniversario con devoción;
gloriémonos en la cruz de Cristo, pero no una sola vez al año, sino con una
vida continua de santidad.
Sermón 218
B.
Los Santos Padres.
Considerando todo esto, armémonos contra toda irritación, contra toda
ira. Cuando veas que se te enciende el corazón, sella tu pecho, poniendo sobre
él la cruz; recuerda entonces un paso de la pasión del Señor, y, al recuerdo de
lo que Él sufrió, sacudirás de ti, como polvo, todo sentimiento de enojo.
Considera que Él es Señor, tú esclavo; que Él sufrió por ti y tú sufres por tu
culpa; Él por quienes había colmado de beneficios y le estaban crucificando, y
tú por ti mismo; Él por los que lo habían injuriado, y tú muchas veces por los
mismos a quienes has agraviado.
San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 87. Ib, pg.
354.
Ha tomado el principio del salmo 21; pero lo que se lee en la mitad del
versículo: “Mírame”, está de más, pues en el texto hebreo se lee: “Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
San Jerónimo, Comentario al Ev. de Mateo 4, 27, 46. Ib, pg. 360.
San Juan de Ávila
Y entre todos los atavíos de desposorio, que lleva,
mirad a la guirnalda de espina que en su divina
cabeza lleva, la cual, aunque la trajeron y se la pusieron los caballeros de
Pilato, que eran gentiles, dícese habérsela puesto su madre [salmo 44], que es
la sinagoga, de cuyo linaje Cristo descendió según la carne; porque por la
acusación de la sinagoga, y por complacer a ella, fue Cristo así atormentado. Y
si alguno os dijere: “Nuevos atavíos de desposado son estos: por guirnalda,
lastimera corona; por atavíos de pies y manos, clavos agudos que se los
traspasan y rompen; azotes por cinta; los cabellos pegados y enrubiados con su
propia sangre; la sagrada barba arrancada; las mejillas bermejas con bofetadas;
y la cama áspera cruz donde justiciaban los malhechores”. ¿Qué tiene que ver
este abatimiento extremo con atavíos de desposorio? ¿Qué tiene que ver
acompañado de ladrones (cf. Mt 27, 38), con ser acompañado de amigos, que se
huelgan [alegran] de honrar al nuevo desposado? ¿Qué fruto, que música, qué placeres
vemos aquí, pues la madre y amigos del desposado comen dolores y beben
lágrimas, y los ángeles de la paz lloran amargamente (Is 33, 7)(, y no
hay cosa más lejos de desposorio que todo lo que aquí parece?
Audi filia (I). I, pg. 471.
También es cosa maravillosa que un hombrecillo
terrenal es´ta en el cielo gozando de Dios, y acompañado de ángeles con honra
inefable; mas mucho más fue estar Dios puesto en tormentos y menosprecios de
cruz, y morir entre dos ladrones (cf. Mt 27, 38); con lo cual quedó justicia
divina tan satisfecha, así por lo mucho que el Señor padeció como
principalmente por ser Dios elq ue padeció, que nos da perdón de lo pasado, y
nos echa bendiciones con que nuestra esterilidad haga fruto de buena vida y
digna del cielo; figurada en el hijo que fue dado a Sara, vieja y estéril (cf.
Gn 21, 2). Porque el becerro cocido en la casa de Abrahán (c. Gn 18,
7), que es Jesucristo, crucificado en el pueblo que de Abrahán venía, fue a
Dios tan gustoso que de airado se tornó manso, y la maldición conmutó en
bendición, pues recibió cosa que más le agradó que todos los pecados del mundo
le pueden desagradar.
Audi, filia (II). I, pg. 579
Y si una vez de verdad desterrásemos de nosotros
nuestra secreta cobdicia, caerían con ella muchos malos frutos que de ella
proceden, y cogeríamos otros más valerosos de gozo y de paz, que de la unión
con la divina voluntad suelen venir, y tan firmes que aun la misma tribulación
no nos lo puede qitar. Pues, aunque los tales se sientan atribulados y
desamparados, mas no por eso desesperados ni muy turbados, porque conocen ser
aquél el camino de la cruz, a la cual ellos se han ofrecido, y por el cual Cristo
anduvo; como parece que, estando en la cruz, dijo a su Padre: Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me desamparaste? (Mt 27, 46.
Audi, filia (II), pg. 594.
Tan maravillosamente favorecidos en la tribulación
que, viendo la bonanza del mar de su corazón tan súbita, dicen lo que los
apóstoles: ¿Quién es Aqueste a quien los vientos y mar obedecen? (Mt 8, 27). Verdaderamente
es el santo Hijo de Dios (cf. Mt 14, 33; 27, 54).
Lo mismo decir de comminuetis ex eo (Jn 19, 36), y de Diviserunt
sibi vestimenta mea (Mt 27, 35), etc., y de otros lugares que los
evangelistas tractan y los apóstoles en los Actos, traídos en confirmación de
una doctrina que fue aprobada con tantos milagros, a testimonio de cuanto caso
se debía de hacer de la palabra [de] Dios, y de cómo su autoridad prevalece, y
que, faltando ella o diciendo lo contrario, todo lo demás es incierto.
Lecciones sobre la Epístola a los Gálatas. II, pg. 32.
Solo peregrino. Gran muchedumbre de
ellos, después de perdido asiento del paraíso. Una singularidad extraña en
Cristo, de su peregrinación, que descansa en el trono y es caminante, viator,
comprehensor; padecía en la cruz e gozaba en gloria. Solo en todos sus trabajos, último
discipuli fugerunt (cf. Mt 26, 56; Mc 14, 50), para mayor pena suya. Esto lamentaba en la
cruz: Ut quid dereliquisti? (Mt 27, 46, ¿Por qué me has
abandonado?): Mírame aquí colgado, golpeado, mira este mi sacrificio que te
ofrezco por los hombres; mira a tu Hijo. (...) Todos los que sanó e curo, que
le gritaban por rey, desaparecieron. No hobo qu(i)en volviese por Él. Y así el
día de su trabajo dice: Torcular calcavi solus (Is 63, 3, He
pisado yo solo en el lagar).
Sermón del lunes de Pascua. III, pg. 222-223.
También dijo Cristo nuestro Redemptor en la parte
sensitiva, viendo que Dios le dejaba padecer y viendo los tormentos que pasaba:
Deus meus, Deus meus, ut quid derelisti me? (Mt 27, 46). Fue
tanto, hermanos míos, lo mucho que nuestro Señor pasó; fueron tantos los
tormentos que pasó, los azotes, corona de espinas, las bofetadas que en su
divino rostro le dieron, que dice Él mismoL O vos omnes, qui transitis per
viam:
Todos los que pasáis por el camino, todos los que
vivís en el mundo, mirá si hay dolor como el mío (Lamentaciones 1,
12). ¡Bendito seáis vos, Redemptor mío, por siempre? ¿Qué es la causa de tantos
dolores, Señor? Los dolores, los tormentos, ¿no son pena de los pecados y
castigo de los malos? A los que mal hacen les conviene el castigo; vos, Señor
mío, ¿qué mal el que hecistes, que tantos tormentos pasastes? ¿Por qué tantos
dolores? Dice nuestro Redemptor Jesucristo: - ¿Qué deben estos? – Señor, muchos
pecados han hecho. – Pues quiero – dice Jesucristo – caiga sobre mí el castigo,
porque caiga el descanso del cielo encima de ellos; la tristeza caiga en mí,
porque la alegría caiga sobre ellos. Quiero que me den hiel a mí, porque les
den a ellos miel; denme a mí tormentos, porque den a ellos descanso; den a mí
la muerte, porque a ellos les den la vida. Ten, pues, hermano, confianza en
estos merecimientos que Jesucristo tuvo. No pienses que es voz muda la que
tienes en el cielo en tu defensa; los merecimientos de Jesucristo están allá
abogando por ti.
Sermón domingo infraoctava de la Ascensión. III, pg. 332.
En la cruz, ¿qué otra cosa da más que su sangre, y
su pasión y misericordia para el hombre, por cuyo consuelo da
voces el Señor, que fue desamparado (cf. Mt 27, 46; Mc 15, 34) y
desconsolado? Mas allí está tan guardado de sus enemigos, que sus amigos por
mucho que lo deseen y lloren no pueden llegar a Él. Y aquí está tan puesto en
nuestras manos y tan abierta la puerta, que Él está rogando consigo, y solo
aquel que no quiere no llega. Y aunque el velle derramar su sangre en la cruz
es grande consuelo para el pecador, mas como se derrama por todos, y es
menester se aplique a cada uno en particular, por eso es necesario que tú le
recibas en t pecho con fe y amor para que participes de tantas riquezas como
allí se dan. Gocémonos, pues, de que esté una medicina hecha con que pueden
sanar todos los males.
Sermón en la infraoctava del Corpus. III, pg. 648.
Mas como tenga vuestra merced por hijo
de promisión como a Isaac (cf. Gn 17, 19), espero de Jesucristo no morirá con manjar
de piedras, sino que lo gustará, como Cristo el
vino mirrado (cf. Mt 27, 34). El consentimiento le quitará Dios; el sentimiento será
tormento de cruz para gloria del que nos amó en ella; y rogándonos nuestros
enemigos que decendamos de ella, queremos más confesar a Cristo y estar en ella
que negar y descansar.
Carta a un caballero ce estos reinos discípulo
suyo. IV, pg. 431.
Estése, señora, en las llagas de su Señor, pues por
sanar la de ella pasó Él aquellas. Y si no es para pasar ella por Él otras
tales, sea para agradecérselo a Él para compadecerse con Él y llorar porque sus
pecados le pusieron en aprieto tan grande. More allí, señora, no de paso, como
por venta, como los que pasaban por el camino y movían sus
cabezas blasfemando del Señor (cf. Mt 27, 39), sino esté de reposo muy fijada par
de la cruz, como la Virgen y Madre y el amado discípulo y las otras santas
mujeres. Porque los que de paso se pasan por este beneficio tan grande, ni lo
conocen, ni agradecen, ni les queda más que el sonido; y algunos, como son los
infieles, con blasfemar de Él, porque no se paran a mirar despacio esta gran
maravilla de amor. Mas el cristiano que mora aquí, dice de corazón: Esta
es mi holganza en el siglo del siglo; aquí moraré, porque la escogí (Sal 131, 14).
Carta a una señora. IV, pg. 459.
Sí, señora, sí sé que vuestra merced está en la
cruz, y no a solas; que no pienso yo que nuestro Señor la ama tan poco, que la
quiera tener lejos de sí. Su cama, señora, y su mesa, la cruz fue; en ellos ha
de poner a sus amados si lo quieren ser. Y no se turbe vuestra merced porque no
hay cosa que le consuele, pues ha oído que el Señor dijo puesto en la cruz: Busqué
quien me consolase, y no hallé (Sal 68, 21). Desmaparado de su Padre dijo que
estaba (cf. Mt 27, 46); y esto excede a nuestro desmamparo; por mucho que sea,
como también sus dolores exceden a los nuestros. Tenga, señora, firme en la
cruz. No quiera descender de ella por descansar. Ofrézcase a la voluntad de
Dios para que haga de ella su voluntad, sin que le resista. Déjese llevar tan
buen Padre a donde Él mandare, y diga como dijo Santo Tomás: Vamos
y muramos con Él (Jn 11, 16). Mire que este negocio no es palabras, sino obras y finos
dolores y desmamparos; y no tiene uno más amor del que parece en el tiempo de
la tribulación.
Carta a una señora que padecía trabajos. IV, pg. 426.
En todo, señora, cosa es que Dios usa con todos,
aunque sean sus amigos, para probar si con el desamparo se aflojan en el
servicio suyo y en el amor y confianza; porque cuando haya sentimientos de Él y
de su amor, pocas gracias que el hombre ande confiado y diligente, porque como
dice el Contemtus mundi (el Kempis),
“suavemente camina a quien la mano del Omnipotente lleva; mas estar en cruz y
sin sentimientos ni consuelo interior nie xgterior, y no por eso desconfiar ni
aflojar, este es el servir a Cristo, que en cruz dijo: Padre
mío, ¿por qué me desamparaste? (Mt 27, 47). El cual sintió entonces este
desamparo, mas no desmayó. Aunque parece que se queja, no es sino queja de
regalo, no de desconfiado. Y dijo lo que sentía, para que supiesen sus siervos
que si Él sentía aquel desamparo, siendo Hijo natural de Dios, no se espantasen
ellos, siendo adoptivos, de pasar por donde el Señor pasó.
A una persona que padecía sequedades y
tentaciones. IV, pg. 734.
San Oscar Romero.
Queridos hermanos, aunque estamos viviendo como en un
callejón sin salida, no desesperemos. En la palabra bíblica de Isaías, un poco
antes de la lectura que se ha hecho hoy, dice Dios al pueblo: "¿Por qué
desconfías? ¿qué acaso se ha acortado mi mano para darle bendiciones? ¿qué
acaso no tengo energías para salvarte?" Hermanos, respondamos a esas
preguntas de Dios con un acto de fe y de esperanza. "Si Señor, nosotros
creemos que tú eres el Redentor y por eso hemos aclamado hoy con la alegría de
los que te han recibido: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, Hosanna
en los cielos!"
Vamos a proseguir ahora nuestra Eucaristía donde vamos a
poner en el altar de Cristo todas nuestras esperanzas y nuestros buenos deseos
de celebrar una Semana Santa, digna de nuestra fe.
Homilía. 19 de marzo de 1978.
Papa León XIV.
Audiencia general. 18 de marzo de 2026.
Catequesis - Los
Documentos del Concilio Vaticano II - II. Constitución dogmática Lumen gentium. 4.
La Iglesia, pueblo sacerdotal y profético
Queridos
hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Hoy
quisiera detenerme de nuevo en el segundo capítulo de la Constitución
conciliar Lumen
gentium (LG),
dedicado a la Iglesia como pueblo de Dios.
El
pueblo mesiánico (LG,
9) recibe de Cristo la participación a la obra sacerdotal, profética y real en
la que se lleva a cabo su misión salvífica. Los Padres conciliares enseñan que
el Señor Jesús ha instituido mediante la nueva y eterna Alianza un reino de
sacerdotes, constituyendo a sus discípulos en un «sacerdocio real» (1Pt 2,9;
cfr 1Pt 2,5; Ap 1,6). Este sacerdocio común de los fieles es donado con el
Bautismo, que nos habilita para rendir culto a Dios en espíritu y en verdad y a
«confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la
Iglesia» (LG,
11). Además, a través del sacramento de la Confirmación, todos los bautizados
«se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza
especial del Espíritu Santo, y con ello quedan obligados más estrictamente a
difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra
juntamente con las obras» (ibid.).
Esta consagración está en la raíz de la misión común que une a los ministros
ordenados y a los fieles laicos.
A
propósito, el Papa
Francisco observaba así: «Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que
todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella
para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre
orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu
Santo, (los fieles) “quedan consagrados como casa espiritual y
sacerdocio santo” (LG 10),
entonces todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios» (Carta
al Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, 19 de marzo
2016).
El
ejercicio del sacerdocio real tiene lugar de muchas maneras, todas ellas encaminadas a nuestra
santificación, sobre todo participando en la ofrenda de la Eucaristía. Mediante
la oración, el ascetismo y la caridad activa dan testimonio de una vida
renovada por la gracia de Dios (cfr LG,
10). Como sintetiza el Concilio, «el carácter sagrado y orgánicamente
estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por los sacramentos y por
las virtudes» (LG,
11).
Los
padres conciliares enseñan además que el pueblo santo de Dios participa también
en la misión profética de Cristo (cfr LG,
12). En este contexto introduce el tema importante del sentido de la fe y del
consenso de los fieles. La Comisión Doctrinal del Concilio precisaba que este
sensus fidei «es como una facultad de toda la Iglesia, gracias a la cual en su
fe reconoce la revelación transmitida, distinguiendo entre lo verdadero y lo
falso en las cuestiones de fe, y al mismo tiempo penetra más profundamente en
ella y la aplica más plenamente en la vida» (cfr Acta Synodalia, III/1, 199). El
sentido de la fe pertenece por tanto a cada fiel no a título individual, sino
como miembros del pueblo de Dios en su conjunto.
Lumen
gentium concentra la atención sobre este último aspecto y lo relaciona
con la infalibilidad de la Iglesia, a la cual pertenece la infalibilidad del
Romano Pontífice, al servirla. La totalidad de los fieles, que tienen la unción
del Santo (cf. 1 Jn 2,20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y
esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural
de la fe de todo el pueblo cuando desde los Obispos hasta los últimos fieles
laicos presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres
(cfr. LG,
12). La Iglesia, por tanto, como comunión de los fieles que incluye obviamente
a los pastores, no puede errar en la fe: el órgano de esta propiedad suya,
fundado en la unción del Espíritu Santo, es el sobrenatural sentido de la fe de
todo el pueblo de Dios, que se manifiesta en el consenso de los fieles. De esta
unidad, que el Magisterio eclesial custodia, se deduce que cada persona
bautizada es un sujeto activo de evangelización, llamado a dar un testimonio
coherente de Cristo según el don profético que el Señor infunde en toda su
Iglesia.
El
Espíritu Santo, que nos viene de Jesús Resucitado, dispensa de hecho «entre los
fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1
Co 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las
diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor
edificación de la Iglesia» (LG,
12). Una demostración peculiar de tal vitalidad carismática es ofrecida por la
vida consagrada, que continuamente brota y florece por obra de la gracia.
También las formas asociativas eclesiales son ejemplo luminoso de la variedad y
de la fecundidad de los frutos espirituales para la edificación del Pueblo de
Dios.
Queridos,
despertemos en nosotros la conciencia y la gratitud de haber recibido el don de
formar parte del pueblo de Dios; y también la responsabilidad que esto
conlleva.
Papa León XIV. Ángelus. 22 de marzo
de 2026.
Queridos
hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este
quinto domingo de Cuaresma, en la liturgia se proclama el Evangelio de la
Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45).
En el
itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre
la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo (cf. Catecismo
de la Iglesia Católica,1265). Hoy, Jesús nos dice también a nosotros,
al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida.
El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no
morirá jamás» (Jn 11,25-26).
La
liturgia nos invita así a revivir, a la luz de la inminente celebración de
la Semana
Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén,
la última cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para percibir su
sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen.
De
hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en
nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran
su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida.
Su
gracia ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de
novedades y cambios, incluso a
expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos—
como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones
pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales. Es el
síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro,
pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero. Nada de lo creado
puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no
encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Las Confesiones,
I,1.1).
El
relato de la resurrección de Lázaro nos invita, entonces, a ponernos a la
escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar
nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en el
sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad.
En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y
soledad.
Jesús
también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43),
animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para
caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y
amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites.
Que la
Virgen María nos ayude a vivir así estos días santos: con su fe, con su
confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día
la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado.
Papa Francisco. Ángelus. 2 de
abril de 2023.
Queridos hermanos y hermanas:
Los saludo a todos, romanos y peregrinos, especialmente a los que han
venido de lejos. Les doy las gracias por su participación y también por sus
oraciones, que han intensificado en los últimos días. ¡Gracias, verdaderamente!
Dirijo una bendición especial a la Caravana de la paz que en estos días ha
partido desde Italia hacia Ucrania, promovida por diversas Asociaciones: Papa
Juan XXIII, FOCSIV, Pro Civitate Christiana, Pax Christi y otras. Junto con
artículos de primera necesidad, llevan la cercanía del pueblo italiano al
martirizado pueblo ucraniano, y hoy ofrecen ramos de olivo, símbolo de la paz
de Cristo. Nos unimos a este gesto con la oración, que será más intensa en los
días de Semana Santa.
Hermanos y hermanas, con esta celebración hemos entrado en la Semana Santa.
Los invito a vivirla como nos enseña la tradición del Santo Pueblo Fiel de
Dios, es decir, acompañando al Señor Jesús con fe y amor. Aprendamos de nuestra
Madre, la Virgen María: ella siguió a su Hijo con la cercanía de su corazón,
fue una sola alma con Él y, aun sin comprender todo, junto a Él se entregó
plenamente a la voluntad de Dios Padre. Que la Virgen nos ayude a permanecer
cerca de Jesús presente en las personas que sufren, descartadas, abandonadas.
Que la Virgen nos lleve de la mano a Jesús presente en estas personas.
A todos, un buen camino hacia la Pascua.
Papa Francisco. Homilía. 2 de
abril de 2023.
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46).
Es la invocación que la Liturgia nos hace repetir hoy en el Salmo responsorial
(cf. Sal 22,2) y es la única pronunciada en la cruz por Jesús
en el Evangelio que hemos escuchado. Son, pues, las palabras que nos llevan al
corazón de la pasión de Cristo, al punto culminante de los sufrimientos que
padeció para salvarnos. “¿Por qué me has abandonado?”
El sufrimiento de Jesús fue grande y cada vez que escuchamos el relato de la pasión nos
conmueve. Sufrió en el cuerpo: pensemos en las bofetadas, en
los golpes, en la flagelación, en la corona de espinas, en el suplicio
de la cruz. Sufrió en el alma: la traición de Judas,
las negaciones de Pedro, las condenas religiosas y civiles, las burlas de los
guardias, los insultos bajo la cruz, el rechazo de muchos, el fracaso de
todo, el abandono de los discípulos. Sin embargo, en todo este dolor, a Jesús
le quedaba una certeza: la cercanía del Padre. Pero ahora sucede lo impensable;
antes de morir grita: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
El abandono de Jesús.
Este es el sufrimiento más lacerante, es el sufrimiento del
espíritu; en la hora más trágica, Jesús experimenta el abandono de
Dios. Nunca antes había llamado al Padre con el nombre genérico de Dios.
Para transmitirnos la fuerza de aquel acontecimiento, el Evangelio indica la
frase también en arameo; es la única, entre las pronunciadas por Jesús en la
cruz, que nos llega en la lengua original. El acontecimiento real es el
abajamiento extremo, es decir, el abandono de su Padre, el abandono de Dios. El
Señor llega a sufrir por amor a nosotros, lo que nos es difícil incluso de
comprender. Ve el cielo cerrado, experimenta la amarga frontera del vivir, el
naufragio de la existencia, el derrumbamiento de toda certeza. Grita el
“por qué” de los “por qué”. “Dios mío, ¿por qué?”
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? El verbo “abandonar” en
la Biblia es fuerte; aparece en momentos de extremo dolor: en amores
fracasados, negados y traicionados; en hijos rechazados y abortados; en
situaciones de repudio, viudez y orfandad; en matrimonios agotados, en
exclusiones que privan de vínculos sociales, en la opresión de la injusticia y
la soledad de la enfermedad. En fin, en las más dramáticas heridas de
las relaciones. Ahí se dice esta palabra: “abandono”. Cristo llevó todo ello a la
cruz, tomando sobre sí el pecado del mundo. Y en el momento culminante, el Hijo
unigénito y amado experimentó la situación que le era más ajena: el abandono,
la lejanía de Dios.
¿Y por qué llegó a ese punto? Por nosotros, no existe otra respuesta. Por
nosotros. Hermanos y hermanas, hoy esto no es un espectáculo. Que cada uno,
sintiendo el abandono de Jesús, se diga a sí mismo: por mí.
Este abandono es el precio que pagó por mí. Se hizo solidario con cada uno de
nosotros hasta el extremo, para estar con nosotros hasta las últimas
consecuencias. Experimentó el abandono para no dejarnos rehenes de la
desolación y estar a nuestro lado para siempre. Lo hizo por ti, por mí, para
que cuando tú, yo, o cualquiera se vea entre la espada y la pared, perdido en
un callejón sin salida, sumido en el abismo del abandono, absorbido por el
torbellino de los tantos “por qué” sin respuesta, pueda tener una esperanza.
Él, por ti, por mí. No es el final, porque Jesús ha estado allí y está ahora
contigo. Él, que sufrió el alejamiento del abandono para acoger en su amor todos
nuestros distanciamientos. Para que cada uno de nosotros pueda decir: en mis
caídas ―todos hemos caído tantas veces―, en mi desolación, cuando me siento
traicionado o he traicionado a los demás, cuando me siento descartado o he
descartado a los demás, cuando me siento abandonado o he abandonado a los
demás, pensemos que Él fue abandonado, traicionado, descartado. Y ahí lo
encontramos a Él. Cuando me siento errado y perdido, cuando ya no puedo más, Él
está conmigo, en mis tantos “por qué” sin respuesta, Él está ahí.
Así es como el Señor nos salva, desde el interior de nuestros “por qué”.
Desde ahí despliega la esperanza que no defrauda. En la
cruz, de hecho, aunque se sienta abandonado completamente, no cede a la
desesperación ―este es el límite―, sino que reza y se encomienda.
Grita su “por qué” con las palabras de un salmo (22,2) y se entrega en las
manos del Padre, aun sintiéndolo lejano (cf. Lc 23,46) o no lo
siente porque se encuentra abandonado. En el abandono se entrega. En el
abandono sigue amando a los suyos que lo habían dejado solo. En el abandono
perdona a los que lo crucifican (v. 34). Así es como el abismo de nuestras
muchas maldades se hunde en un amor más grande, de modo que toda nuestra
separación se transforma en comunión.
Hermanos y hermanas, un amor así, todo para nosotros, hasta el extremo, el
amor de Jesús, es capaz de transformar nuestros corazones de piedra en
corazones de carne. Es un amor de piedad, de ternura, de compasión. Este es el
estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura. Así es Dios. Cristo abandonado
nos mueve a buscarlo y amarlo en los abandonados. Porque en ellos no sólo hay
personas necesitadas, sino que está Él, Jesús abandonado, Aquel que nos salvó
descendiendo hasta lo más profundo de nuestra condición humana. Está con cada
uno de ellos, abandonados hasta la muerte. Pienso en aquel hombre alemán,
indigente, que murió en la columnata de la plaza, solo, abandonado. Ese es
Jesús para cada uno de nosotros. Muchos necesitan nuestra cercanía, muchos
abandonados. Yo también necesito que Jesús me acaricie y se me acerque, es
por eso que voy a buscarlo en los que están abandonados, solos. Él quiere que
cuidemos de los hermanos y de las hermanas que más se asemejan a Él, en el
momento extremo del dolor y la soledad. Hoy, queridos hermanos y hermanas,
hay tantos “cristos abandonados”. Hay pueblos enteros explotados y abandonados
a su suerte; hay pobres que viven en los cruces de nuestras calles, con
quienes no nos atrevemos a cruzar la mirada; hay emigrantes que ya no son
rostros sino números; hay presos rechazados, personas catalogadas como
problema. Pero también hay tantos cristos abandonados invisibles, escondidos,
que son descartados con guante blanco: niños no nacidos, ancianos que han
sido dejados solos ―que tal vez pueden ser tu papá, tu mamá, tu abuelo o tu
abuela, abandonados en los institutos geriátricos―, enfermos no visitados,
discapacitados ignorados, jóvenes que sienten un gran vacío interior sin que
nadie escuche realmente su grito de dolor. Y no encuentran otro camino más
que el del suicidio. Los abandonados de hoy. Los cristos de hoy.
Jesús abandonado nos pide que tengamos ojos y corazón para los abandonados. Para nosotros, discípulos del
Abandonado, nadie puede ser marginado; nadie puede ser abandonado a su suerte.
Porque, recordémoslo, las personas rechazadas y excluidas son iconos vivos de
Cristo. Nos recuerdan la locura de su amor, su abandono que nos salva de toda
soledad y desolación. Hermanos y hermanas, pidamos hoy la gracia de saber amar
a Jesús abandonado y saber amar a Jesús en cada persona abandonada. Pidamos la
gracia de saber ver, de saber reconocer al Señor que sigue gritando en ellos.
No dejemos que su voz se pierda en el silencio ensordecedor de la indiferencia.
Dios no nos ha dejado solos; cuidemos de aquellos que han sido dejados solos.
Entonces, sólo entonces, haremos nuestros los deseos y los sentimientos de
Aquel que por nosotros «se anonadó a sí mismo» (Flp 2,7). Se
anonadó totalmente por nosotros.
Papa Francisco. Ángelus. 5 de
abril de 2020.
Queridos hermanos y hermanas:
Antes de que concluya esta
celebración, me gustaría saludar a todos los que han tomado parte en ella
mediante los medios de comunicación social. Pienso, en particular, en los
jóvenes de todo el mundo que viven, de una manera inusual, a nivel diocesano,
la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebra hoy. Justo hoy estaba
prevista la entrega de la cruz por los jóvenes de Panamá a los de Lisboa. Este
evocador gesto se aplaza al domingo de Cristo Rey, el próximo 22 de noviembre.
A la espera de ese momento, os exhorto a vosotros, jóvenes, a cultivar y dar
testimonio de la esperanza, la generosidad y la solidaridad que todos
necesitamos en estos tiempos difíciles.
Mañana, 6 de abril, se celebra el Día Mundial del Deporte para el
Desarrollo y la Paz, convocado por las Naciones Unidas. En este periodo se han
tenido que suspender muchos eventos, pero florecen los mejores frutos del
deporte: la resistencia, el espíritu de equipo, la fraternidad, el dar lo mejor
de sí mismo… Fomentemos, pues, el deporte para la paz y el desarrollo.
Muy queridos hermanos y hermanas, encaminémonos con fe en la Semana
Santa, en la que Jesús sufre, muere y resucita. Invito a las personas y las
familias que no pueden participar en las celebraciones litúrgicas a recogerse
en casa para rezar, también con la ayuda de los medios tecnológicos. Abracemos
espiritualmente a los enfermos, a sus familias y a quienes los cuidan con tanta
abnegación; recemos por los difuntos, en la luz de la fe pascual. Cada uno está
presente en nuestro corazón, en nuestro recuerdo, en nuestra oración.
Aprendamos de María el silencio interior, la mirada desde el corazón, la fe
amorosa para seguir a Jesús en su camino hacia la cruz, que conduce a la gloria
de la Resurrección. Ella camina con nosotros y sostiene nuestra
esperanza.
Papa Francisco. Ángelus. 9 de abril
de 2017.
Al final de esta
celebración, os saludo cordialmente a todos vosotros aquí presentes,
especialmente a los que han participado en el Encuentro internacional en vista
de la asamblea sinodal sobre los jóvenes, promovida por el dicasterio para los
Laicos, la Familia y la Vida en colaboración con la Secretaría General del
Sínodo de los Obispos. Este saludo se extiende a todos vosotros jóvenes que
hoy, en torno a sus obispos, celebran la Jornada mundial de la juventud en cada
diócesis del mundo. Es otra etapa de la gran peregrinación, iniciada por san
Juan Pablo ii, que el año pasado nos reunió en Cracovia y que nos convoca en
Panamá en enero de 2019. Por esto, dentro de algunos instantes, los jóvenes
polacos entregarán la cruz de la Jornada mundial de la juventud a los jóvenes
panameños, acompañados, los unos y los otros, por sus pastores y las
autoridades civiles.
Pidamos al Señor que la cruz, unida al icono de María Salus Populi
Romani, allí por donde pase haga crecer la fe y la esperanza, revelando el
amor invencible de Cristo.
A Cristo, que hoy entra en la Pasión, y a la Virgen encomendamos a las
víctimas del atentado terrorista sucedido el viernes pasado en Estocolmo, como
también a los que son aún duramente probados por la guerra, desastre de la
humanidad. Y rezamos por las víctimas del atentando perpetrado lamentablemente
hoy, esta mañana, en El Cairo, en una iglesia copta. A mi querido hermano, su
santidad Papa Teodoro II, a la Iglesia copta y a toda la querida nación egipcia
expreso mi profundo pésame, rezo por los difuntos y por los heridos, estoy
cercano a los familiares y a toda la comunidad. El Señor convierta el corazón
de las personas que siembran terror, violencia y muerte, y también el corazón
de los que hacen y trafican con armas.
Papa Francisco. Ángelus. 13 de
abril de 2014.
Al término de esta
celebración, dirijo un saludo especial a los 250 delegados —obispos,
sacerdotes, religiosos y laicos— que participaron en el encuentro sobre las
Jornadas mundiales de la juventud organizado por el Consejo pontificio para los
laicos. Comienza así el camino de preparación para el próximo encuentro
mundial, que tendrá lugar en julio de 2016 en Cracovia y que tendrá por tema
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,
7).
Dentro de poco los jóvenes brasileños entregarán a los jóvenes polacos la
Cruz de las Jornadas mundiales de la juventud. La entrega de la cruz a los
jóvenes la realizó hace treinta años el beato Juan Pablo II: él les pidió que
la llevasen por todo el mundo como signo del amor de Cristo a la humanidad.
El próximo 27 de abril tendremos todos la alegría de celebrar la
canonización de este Papa, junto con Juan XXIII. Juan Pablo II, que fue el
iniciador de las Jornadas mundiales de la juventud, se convertirá en su gran
patrono; en la comunión de los santos seguirá siendo un padre y un amigo para
los jóvenes del mundo.
Pidamos al Señor que la Cruz, junto con el icono de María Salus
Populi Romani, sean signos de esperanza para todos revelando al mundo el
amor invencible de Cristo.
[Paso de la cruz y del icono de las JMJ de manos de los jóvenes brasileños
a las de sus coetáneos polacos.]i
Saludo a todos los romanos y a los peregrinos. Saludo en especial a las delegaciones
de Río de Janeiro y de Cracovia, encabezadas por sus arzobispos, los cardenales
Orani João Tempesta y Stanisław Dziwisz.
En este contexto tengo la alegría de anunciar que, si Dios quiere, el 15 de
agosto próximo, en Daejeon, en la República de Corea, me reuniré con los
jóvenes de Asia en su gran encuentro continental.
Y ahora nos dirigimos a la Virgen Madre, para que nos ayude a seguir
siempre con fe el ejemplo de Jesús.
Benedicto XVI. Ángelus. 10 de
abril de 2011.
Queridos hermanos y hermanas:
Ya sólo faltan dos semanas para la Pascua y todas las lecturas bíblicas de
este domingo hablan de la resurrección. Pero no de la resurrección de Jesús,
que irrumpirá como una novedad absoluta, sino de nuestra resurrección, a la que
aspiramos y que precisamente Cristo nos ha donado, al resucitar de entre los
muertos. En efecto, la muerte representa para nosotros como un muro que nos
impide ver mas allá; y sin embargo nuestro corazón se proyecta mas allá de este
muro y, aunque no podemos conocer lo que oculta, sin embargo, lo pensamos,
lo imaginamos, expresando con símbolos nuestro deseo de eternidad.
El profeta Ezequiel anuncia al pueblo judío, en el destierro, lejos de la
tierra de Israel, que Dios abrirá los sepulcros de los deportados y los hará
regresar a su tierra, para descansar en paz en ella (cf. Ez 37,
12-14). Esta aspiración ancestral del hombre a ser sepultado junto a sus padres
es anhelo de una «patria» que lo acoja al final de sus fatigas terrenas. Esta
concepción no implica aún la idea de una resurrección personal de la muerte,
pues esta sólo aparece hacia el final del Antiguo Testamento, y en tiempos de
Jesús aún no la compartían todos los judíos. Por lo demás, incluso entre los
cristianos, la fe en la resurrección y en la vida eterna con frecuencia
va acompañada de muchas dudas y mucha confusión, porque se trata de una
realidad que rebasa los límites de nuestra razón y exige un acto de fe. En
el Evangelio de hoy —la resurrección de Lázaro—, escuchamos la voz de la fe de
labios de Marta, la hermana de Lázaro. A Jesús, que le dice: «Tu hermano
resucitará», ella responde: «Sé que resucitará en la resurrección en el último
día» (Jn 11, 23-24). Y Jesús replica: «Yo soy la resurrección y la
vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» (Jn 11, 25).
Esta es la verdadera novedad, que irrumpe y supera toda barrera. Cristo
derrumba el muro de la muerte; en él habita toda la plenitud de Dios, que es
vida, vida eterna. Por esto la muerte no tuvo poder sobre él; y la
resurrección de Lázaro es signo de su dominio total sobre la muerte física, que
ante Dios es como un sueño (cf. Jn 11, 11).
Pero hay otra muerte, que costó a Cristo la lucha más dura, incluso el
precio de la cruz: se trata de la muerte espiritual, el pecado, que amenaza con
arruinar la existencia del hombre. Cristo murió para vencer esta muerte,
y su resurrección no es el regreso a la vida precedente, sino la apertura de
una nueva realidad, una «nueva tierra», finalmente unida de nuevo con el cielo
de Dios. Por este motivo, san Pablo escribe: «Si el Espíritu del que resucitó a
Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los
muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el
mismo Espíritu que habita en vosotros» (Rm 8, 11). Queridos
hermanos, encomendémonos a la Virgen María, que ya participa de esta
Resurrección, para que nos ayude a decir con fe: «Sí, Señor: yo creo que tú
eres el Cristo, el Hijo de Dios» (Jn 11, 27), a descubrir que él es
verdaderamente nuestra salvación.
Benedicto XVI. Ángelus. 9 de marzo
de 2008.
Queridos hermanos y hermanas:
En nuestro itinerario cuaresmal hemos llegado al quinto domingo,
caracterizado por el evangelio de la resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,
1-45). Se trata del último gran "signo" realizado por Jesús, después
del cual los sumos sacerdotes reunieron al sanedrín y deliberaron matarlo; y
decidieron matar incluso a Lázaro, que era la prueba viva de la divinidad de
Cristo, Señor de la vida y de la muerte.
En realidad, esta página evangélica muestra a Jesús como verdadero hombre y
verdadero Dios. Ante todo, el evangelista insiste en su amistad con Lázaro y
con sus hermanas Marta y María. Subraya que «Jesús los amaba» (Jn 11,
5), y por eso quiso realizar ese gran prodigio. «Lázaro, nuestro amigo, está
dormido: voy a despertarlo» (Jn 11, 11), así les habló a los
discípulos, expresando con la metáfora del sueño el punto de vista de Dios
sobre la muerte física: Dios la considera precisamente como un sueño, del que
se puede despertar.
Jesús demostró un poder absoluto sobre esta muerte: se ve cuando devuelve
la vida al joven hijo de la viuda de Naím (cf. Lc 7, 11-17) y
a la niña de doce años (cf. Mc 5, 35-43). Precisamente de ella
dijo: «La niña no ha muerto; está dormida» (Mc 5, 39), provocando
la burla de los presentes. Pero, en verdad, es precisamente así: la muerte
del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede despertar en cualquier momento.
Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar una sincera
com-pasión por el dolor de la separación. Al ver llorar a Marta y María y a cuantos habían acudido
a consolarlas, también Jesús «se conmovió profundamente, se turbó» y, por
último, «lloró» (Jn 11, 33. 35). El corazón de Cristo es
divino-humano: en él Dios y hombre se encontraron perfectamente, sin separación
y sin confusión. Él es la imagen, más aún, la encarnación de Dios, que es amor,
misericordia, ternura paterna y materna, del Dios que es Vida.
Por eso declaró solemnemente a Marta: «Yo soy la resurrección y la vida:
el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí,
no morirá para siempre». Y añadió: «¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26).
Una pregunta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros; una pregunta que
ciertamente nos supera, que supera nuestra capacidad de comprender, y nos pide
abandonarnos a él, como él se abandonó al Padre.
La respuesta de Marta es ejemplar: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el
Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» (Jn 11,
27). ¡Sí, oh Señor! También nosotros creemos, a pesar de nuestras dudas y de
nuestras oscuridades; creemos en ti, porque tú tienes palabras de vida eterna;
queremos creer en ti, que nos das una esperanza fiable de vida más allá de la
vida, de vida auténtica y plena en tu reino de luz y de paz.
Encomendemos esta oración a María santísima. Que su intercesión
fortalezca nuestra fe y nuestra esperanza en Jesús, especialmente en los
momentos de mayor prueba y dificultad.
JUEVES
SANTO.
Monición de
entrada:
Queridos
hermanos:
Esta tarde de
jueves es distinta y la misa también. Porque esta tarde hemos venido a misa y
en ella nos van a lavar los pies.
Así la misa de
hoy se llama de la Cena del Señor y en ella nos acordamos cuando Jesús nos dio
tres regalos: la comunión, los sacerdotes y el mandamiento de amarnos los unos
a los otros.
Los niños de
comunión que somos hoy como los apóstoles os damos la bienvenida.
Señor, ten
piedad.
Tú que nos
amas del todo. Señor, ten piedad.
Tú que nos
ayudas mucho. Cristo, ten piedad.
Tú que nos vas
a lavar los pies. Señor, ten piedad.
Peticiones.-
Te pedimos por el Papa Francisco para que esté muchos años como papa.
Te lo pedimos Señor.
Te pedimos por los sacerdotes, para que les ayudes a quererte mucho y a
querernos mucho a nosotros. Te lo pedimos Señor.
Te pedimos por las personas que en Cáritas ayudan a los pobres, para
que les ayudes a ver en ellos tu cara. Te lo pedimos Señor.
Te pedimos por los niños a los que hoy José nos lavará los pies, para
que tratemos con mucho cariño a nuestros abuelos. Te lo pedimos Señor.
Te pedimos por los niños y las personas que estos días están en los
hospitales y por los que los cuidan, para que te tengan muy cerca. Te lo
pedimos Señor.
Te pedimos por la familia de Jesús en nuestro pueblo y por nuestras
familias para que nos dejemos querer por Jesús y nos amemos mucho. Te lo
pedimos Señor.
Monición antes de la reserva:
La misa del jueves no se termina
ahora, sino que continúa hasta el sábado por la noche. Ahora vamos a acompañar a Jesús al Monumento.
Esta noche tendremos una oración. Mañana por la mañana tendremos el vía crucis
y por la tarde nos acordaremos con dos oraciones de cuando murió Jesús.
VIERNES
SANTO
Monición de
entrada:
Esta tarde no hay misa sino una oración.
En ella recordamos la pasión y muerte de Jesús.
Y lo hacemos leyendo la lectura que nos cuenta como sufrió y murió
Jesús.
Después rezaremos por todas las personas.
Besaremos la cruz.
Recibiremos la comunión y terminaremos.
Monición
a las lecturas.
Vamos a escuchar lo que contó Isaías, un amigo de Dios.
Él, muchos años antes dijo que Jesús moriría como una oveja.
Después escucharemos una oración que seguramente Jesús rezó mientras
estaba en la cruz.
Y terminaremos esta parte con la lectura de la muerte de Jesús contada
por su amigo Juan.
Monición a las peticiones.
Esta
tarde en todas las iglesias del mundo rezamos por todas las personas que viven
en la tierra o han vivido en ella. Porque Jesús no solo quiere a sus amigos,
sino que quiere a todos y nos salvó a todos muriendo en la cruz.
Monición a la adoración de la cruz.
El sacerdote va a enseñarnos una cruz.
Además dirá unas palabras: mirad el árbol donde estuvo colgada la
salvación del mundo.
Nosotros responderemos y después la besaremos.
VIGILIA PASCUAL
Monición
de entrada.-
Buenas noches.
La misa de hoy
es la más importante del año.
Y la empezamos
fuera de la iglesia encendiendo el cirio pascual.
Porque hoy es
la primera misa, la que nos acordamos de cuando Jesús volvió a la vida.
Pongamos
nuestro corazón en todos los gestos, como este primero, de encender el cirio y
entrarlo en la iglesia.
Monición
a las lecturas.
Esta noche las
lecturas son más que otros días.
En ellas
escucharemos historias de como Dios creó la tierra, eligió a personas muy
buenas, liberó a su pueblo de la esclavitud y les dijo que un día vendría
Jesús.
Monición
a la liturgia bautismal.
Después de
la cuaresma, en la que nos hemos preparado para esta noche, vamos a acordarnos
del bautismo.
Lo haremos
contestando a las preguntas del sacerdote y recibiendo el agua bendecida.
Acción de gracias.-
María,
queremos felicitarte porque esta noche has tenido el regalo más grande que
pueda tener una madre a la que se ha muerto su hijo: verlo vivo.
Y lo vamos a
recordar con el encuentro.
DOMINGO
DE PASCUA.
Monición
de entrada.-
Buenos días:
Hoy es el
domingo de Pascua.
Es el primer
día del año para los cristianos, porque hoy Jesús ha resucitado.
Es el primer
domingo porque todos los demás son como un eco del domingo de Pascua.
Es la fiesta
de las fiestas, la más importante del año.
Señor, ten piedad.-
Tú que has vencido a la muerte. Señor, ten piedad.
Tú que eres la vida. Cristo, ten piedad.
Tú que rezas por nosotros. Señor, ten piedad.
Peticiones.-
Jesús, te
pido por el Papa Francisco y el obispo Enrique. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por la Iglesia para que pueda decir
en todos los sitios que has resucitado.
Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por los niños y mayores que anoche
fueron bautizados, para que sean siempre buenos bautizados. Te lo pedimos,
Señor.
Jesús, te pido por las personas que sufren, para que
no pierdan la ilusión por mejorar. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por nosotros, para que vivamos
siempre con Jesús. Te lo pedimos, Señor.
Acción de gracias.-
María, queremos felicitarte porque Jesús ha
resucitado. Y tú estás muy contenta, como vemos en los encuentros del día de
Pascua.
