Lectura del libro de la Sabiduría 12,
13.16-19
Fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo, a quien tengas que
demostrar que no juzgas injustamente. Porque tu fuerza es el principio de la
justicia y su señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos. Despliegas
tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los
que lo conocen. Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas
con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres. Actuando
así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos una
buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.
Textos
paralelos.
Pues fuera de ti no
hay Dios que cuide de todo.
Dt 32, 39: Pero
ahora mirad: yo soy yo / y no hay otro fuera de mí; / yo doy la muerte y la
vida, / yo desgarro y yo curo, / y no hay otro fuera de mí.
Jb 34, 13: ¿Quién le
ha encomendado a él la tierra, quién le ha confiado el universo?
Y nos gobiernas con
gran indulgencia.
Sal 115, 3: Nuestro
Dios está en el cielo / e hizo cuanto quiso.
Sal 135, 6: Todo lo
que quiere el Señor / lo hace en el cielo y la tierra, / en los mares y las
corrientes.
Notas
exegéticas.
12 16 [Demuestras tu poder ante…]
Porque posee la plenitud de la fuerza y no tiene ninguna razón para abusar de
ella Dios ejerce su justicia con entera imparcialidad y libertad, del mismo
modo su dominio soberano sobre todos los seres le autoriza a usar de clemencia
con todos. En virtud de algunos manuscritos hay quienes traducen los verbos de
este verso en tercera persona del singular. Pero el contexto desaconseja tal
lectura.
12 18 O el autor se identifica con
todos los hombres, o bien esboza ya la idea de un trato de favor reservado a
los israelitas.
12 19 O “amigo del ser humano”, a
ejemplo de la sabiduría. Esta actitud corresponde al universalismo radical de
los escritos de sabiduría y encontrará una expresión nueva en el NT, ver Mt 5,
43-48.
Salmo
responsorial
Sal 85, 5-6.9-10.15-16a
R/. Tú,
Señor, eres bueno y clemente.
Porque
tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico
en misericordia con los que te invocan.
Señor,
escucha mi oración,
atiende
a la voz de mi súplica. R/.
Todos
los pueblos vendrán
a
postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán
tu nombre:
“Grande
eres tú, y haces maravillas;
tú
eres el único Dios”. R/.
Pero
tú, Señor,
Dios
clemente y misericordioso,
lento
a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame,
ten compasión de mí. R/.
Textos
paralelos.
Rico en amor con los que te invocan.
Sal 5, 2-3: Escucha mis palabras, Señor, percibe mi susurro, / haz
caso de mis gritos de socorro, / ¡Dios mío y Rey mío! / A ti te suplico, Señor.
Todas las naciones que has hecho.
Jr 10, 6: No hay como tú, Señor; / tú eres grande, / grande es tu
fama y tu poder, / ¿quién no te temerá?
Ap 15, 4: ¿Quién no te respetará, Señor, quién no dará gloria a tu
nombre? Tú solo eres santo, y todas las naciones vendrán a adorarte en tu
presencia, porque se han revelado tus decisiones.
Sal 22, 28: Lo recordarán y se volverán hacia el Señor / todos los
confines de la tierra, / se postrarán en su presencia / las familias de los
pueblos.
Pero tu Señor, Dios clemente y misericordioso.
Ex 34, 6: El Señor pasó ante él proclamando: el Señor, el Señor,
el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel.
Sal 103, 8: El Señor es compasivo y clemente, / paciente y
misericordioso.
Sal 145, 8: El Señor es clemente y compasivo, / paciente y
misericordioso.
Sal 25, 16: Vuélvete a mí y ten piedad, / que estoy solo y
afligido.
Notas exegéticas.
86 Composición del periodo
helenista, sin mucha unidad literaria, que refleja el estado anímico de los
judíos piadosos, precursores de los asideos de la época macabea.
Segunda
lectura.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27
Hermanos:
El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no
sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con
gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del
Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.
Textos
paralelos.
De igual manera, el
Espíritu viene también en ayuda.
2 Co 5, 7: Pues procedemos por
fe, no por visión.
Hb 11, 1: Fe es la consistencia
de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve.
El Espíritu mismo
intercede por nosotros.
St 4, 3: O, si pedís, no lo
obtenéis porque pedís mal, para gastar en vuestros placeres.
St 4, 5: ¿O pensáis que en vano
dice la Escritura: con envidia ambiciona el espíritu que depositó en nosotros.
Rm 5, 5: Y la esperanza no
defrauda, porque el amor de Dios se infunde en nuestro corazón por el don del
Espíritu Santo.
Rm 8, 15: Y no habéis recibido
un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos que
nos permite clamar Abba, Padre.
Examina el interior de
las personas.
Jr 11, 20: Tú, Señor, me examinas y me
conoces; / tu sabes cuál es mi actitud contigo; / apártalos como a ovejas de
matanza, / resérvalos para el día del sacrificio.
Notas
exegéticas:
8 26 Siguiendo a Jesús y conforme a
la costumbre de los primeros cristianos Pablo recomienda la oración constante.
Él mismo ruega sin descanso por sus fieles como igualmente les pide que rueguen
por él y los unos por los otros. Además de las gracias de progreso espiritual,
estas oraciones piden la remoción de los obstáculos exteriores e interiores así
como el bien del orden social. Pablo insiste mucho sobre la oración de acción
de gracias que debe seguir a toda acción, especialmente a la comida, con ella
empieza el mismo todas las cartas y quiere que penetre las relaciones de los
cristianos entre sí. La oración de acción de gracias y de alabanza es el alma
de las asambleas litúrgicas en las que los hermanos se edifican mutuamente por
medio de cánticos inspirados. Porque la oración tiene su origen en el Espíritu
Santo, Pablo, más que reiterar los temas sapienciales tradicionales sobre las
condiciones y la eficacia de la oración insiste en la garantía que supone la
presencia del Espíritu de Cristo en el cristiano haciéndole orar con
disposiciones de hijo, mientras el mismo Cristo, a la derecha del Padre,
intercede por nosotros. En consecuencia, el Padre otorga su favor en forma
sobreabundante. Los cristianos son los que invocan el nombre de Jesucristo.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio según
san Mateo 13, 24-43
En aquel tiempo, Jesús propuso
otra parábola a la gente diciendo:
-El reino de los cielos se
parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los
hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.
Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.
Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena
semilla en el campo? ¿De dónde sale la cizaña? Él les dijo: “Un enemigo lo ha
hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él
les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo.
Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los
segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla y el
trigo almacenadlo en mi granero”.
Les propuso otra parábola.
-El reino de los cielos se
parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la
más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se
hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en
sus ramas.
Les dijo otra parábola:
-El reino de los cielos se
parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que
todo fermenta.
Jesús dijo todo esto a la gente
en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo
dicho por medio del profeta:
-Abriré mi boca diciendo
parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.
Luego dejó a la gente y se fue
a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:
-Explícanos la parábola de la
cizaña en el campo.
Él les contestó:
-El que siembra la buena
semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los
ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que
la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores
los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será el
final de los tiempos: el Hijo del hombre envidará a sus ángeles y arrancarán de
su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los
arrojarán al horno del fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga
oídos, que oiga.
Textos
paralelos.
Dejad que ambos crezcan
hasta la siega.
Ap 14, 15: Salió otro ángel del
templo y gritó en voz alta al que estaba sentado en la nube: Mete la hoz y
siega porque llegó la hora de la siega, cuando la mies de la tierra está
madura.
// Mc 4, 30-32: Decía también:
“¿Con qué compararemos el reinado de Dios? ¿con qué parábola lo explicaremos? Con
una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de las
semillas; después de sembrada crece y se hace más alta que las demás
hortalizas, y echa ramas tan grandes, que las aves pueden anidar a su sombra.
// Lc 13, 18-19: Les decía: “¿A
quién se parece el reino de Dios?, ¿a qué lo compararé? Se parece a un grano de
mostaza que un hombre toma y siembra en el huerto; crece, se hace un arbusto y
las aves anidan en sus ramas.
A un grano de mostaza.
Mt 17, 20: Les contestó: “Por
vuestra poca fe. Os aseguro que, si tuvierais fe como un grano de mostaza,
diríais a aquel monte que se trasladara allá, y se trasladaría.
Es mayor que las
hortalizas.
Ez 17, 23: Echará ramas, dará
fruto / y llegará a ser un cedro magnífico, / anidarán en él todos los pájaros,
/ a la sombra de su ramaje / anidarán todas las aves.
Sal 104, 12: Junto a ellos
habitan las aves del cielo. / Desde las frondas envían su canción.
Dn 4, 9: Su follaje era hermoso
/ de sus frutos copiosos / se alimentaban todos, / bajo él se guarecían / las
fieras agrestes / y en su ramaje anidaban / las aves del cielo; / sustentaba a
todos los vivientes.
Dn 4, 18: De hermoso follaje y
frutos copiosos que sustentaban a todos, a cuya sombra habitaban las fieras
agrestes y en cuyo ramaje anidaban las aves del cielo.
Todo esto dijo Jesús en
parábolas.
// Mc 4, 33-34: Con muchas
parábolas les exponía el mensaje, adaptado a su capacidad. Sin parábolas no les
exponía nada; pero en privado, a sus discípulos, les explicaba todo.
Mt 13, 3: Les explicó muchas
cosas con parábolas.
Abriré con parábolas mi
boca.
Sal 78, 2: Que voy a abrir la
boca a una parábola, / haré brotar enigmas del pasado.
Anunciaré lo que estaba
oculto.
1 Co 2, 7: Proponemos la
sabiduría de Dios, misterio oculto, decidido por Dios, desde antiguo para
vuestra gloria.
La cizaña son los hijos
del maligno.
1 Jn 3, 10: Quienes son hijos
de Dios y quienes del diablo se demuestra así: quien no practica la justicia ni
ama a su hermano no procede de Dios.
El enemigo que la sembró.
Mt 4, 1: Entonces Jesús, movido
por el Espíritu, se retiró al desierto para ser puesto a prueba por el Diablo.
La siega es el fin del
mundo.
Jl 4, 13: Mano a la hoz, madura
está la mies: / venid y pisad, repleto está el lagar; / rebosan las cubas, /
porque abunda su maldad.
Ap 14, 15-16: Salió otro ángel
del templo y gritó en voz alta al que estaba sentado en la nube: Mete la hoz y
siega porque llegó la hora de la siega, cuando la mies de la tierra está bien
madura.
Todos los escándalos y a
los que actúan inicuamente.
So 1, 3: Acabaré con hombres y
animales, / acabaré con las aves del cielo / y los peces del mar, / (con los
escándalos y los malvados); / extirparé a los hombres / de la superficie de la
tierra / – oráculo del Señor.
Mt 7, 23: Y yo entonces les
declararé: Nunca os conocí: apartaos de mí, malhechores.
Los arrojarán al horno.
Dn 3,6: El que no se postre en
adoración al punto arrojado dentro del horno encendido abrasador.
Mt 8, 12: Mientras que los
ciudadanos del reino serán expulsados a las tinieblas de fuego. Allí será el
llanto y el rechinar de dientes.
Entonces los justos
brillarán.
Ap 21, 8: En cambio, los
cobardes y desconfiados, los depravados y asesinos, los fornicarios y
hechiceros, los idólatras y embusteros de toda clase tendrán su lote en el foso
de fuego y azufre ardiente (que es la muerte segunda).
Jc 5, 31: ¡Perezcan así, Señor,
tus enemigos! / ¡Tus amigos sean fuertes como el sol al salir!
2 S 23, 4: Es como luz del alba
al salir el sol, / mañana sin nubes tras la lluvia, / que hace brillar la hierba
del suelo.
El que tenga oídos que
oiga.
Dn 12, 3: Los justos brillarán
/ como brilla el firmamento, / y los que convierten a los demás, / como
estrellas, perpetuamente.
Notas
exegéticas Biblia de Jerusalén.
13 24 Esta parábola habla solo ya de
la tierra buena y prolonga el tiempo hasta la cosecha. Así, y tal vez como
respuesta a los impacientes (como Juan Bautista) pone de relieve la existencia
de un tiempo intermedio e invita a la paciencia en espera del juicio y la
victoria de Dios.
13 25 Sustantivo colectivo (original
en plural) que designa a las plantas nocivas para la agricultura: cardos,
espinas, etc. De referirse a una sola planta (sg. dsidasanion), podría
tratarse del lolium temudentum. Las malas hierbas se dejaban secar y
eran después utilizadas como combustible.
13 30 Imagen bíblica tradicional que
simboliza el juicio final de los tiempos.
13 31 Contraste entre la pequeñez del
comienzo y el esplendor del final (como en la siguiente parábola de la
levadura). El crecimiento solo es mencionado en un inciso. La parábola se
inspira en Ez 17, 23 (el ramo de cedro convertido en cedro magnífico) y en Dn
4, 9-18 (las aves del cielo). Su lección es una visión de fe: reconocer a
través de los modestos comienzos de Jesús, mucho más modestos que los de otros
reformadores de Israel, el esplendor del final.
13 35 Varios testigos omiten “del
mundo” – A diferencia del primer motivo explicativo de las parábolas, este
segundo vincula el género parabólico al modo necesario de la revelación de los
misterios divinos.
13 38 “Los hijos del Reino” y “los
hijos del Maligno”, semitismo con sentido de “adepto”.
13 43 Al Reino del Hijo (reino
mesiánico) del v. 41 sucede el Reino del Padre, a quien el Hijo entrega los
elegidos salvados por él.
Notas
exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica
24-30 Pequeño tratado de
eclesiología: 1º) El reino definitivo de Dios tiene un primer estadio en la
tierra: es la Iglesia, compuesta no solamente de justos y predestinados, sino
de buenos y malos, de trigo y cizaña. 2º) El reino de Dios en la Iglesia
incluye elementos internos y espirituales y elementos externos y visibles, como
el trigo y la cizaña se ven externamente y se aprecian sus diferencias. 3º)
Perennidad de la Iglesia: la coexistencia trigo-cizaña será la “economía” que
durará hasta la segunda venida del Señor; esa perennidad exige una continuación
de los sucesores de los apóstoles, no se cumple solo por la mera continuidad de
sus escritos.
24 PARÁBOLA: o enigma.
SE PARECE: en griego hay un
aoristo, que puede equivaler a un perfecto semítico empleado para verdades
generales. Propiamente, el reino de los cielos no se parece A UN HOMBRE, sino
que con el reino de los cielos ocurre lo que ocurrió a un hombre que… La
fórmula inicial de muchas parábolas – se parece a; o se parecerá a;
o es parecido a – traduce un le arameo, que abrevia lo que
nosotros diríamos así: “Con el reino de los cielos pasa algo parecido a lo que
aquel hombre que…, a lo que le ocurrió que…”.
27 FUERON A DECIRLE: lit. habiéndose
acercado… dijeron a él.
28-29 El primero DIJO está, lit., en imperfecto (decía); el segundo es
un prsente histórico o narrativo (dice).
QUE VAYAMOS A RECOGER, lit. que
habiendo ido recojamos a ella.
Frente a la buena intención
precipitada de los siervos, está la paciencia respetuosa del dueño del campo,
ejemplo para nosotros: “Si sois buenos, soportad con ecuanimidad a los malos;
porque el que no soporta a los malos, él mismo, por su intolerancia testifica
que no es bueno, pues renuncia a ser Abel quien no es probado por la malicia de
Caín. Así en la era, durante la trilla, el grano se ve oprimido por la paja;
así nacen las flores entre las espinas, y la rosa, que da su aroma, crece con
la espina que hiere” (San Gregorio Magno).
30 Cf. Hermas. El Pastor
(Similitudes) III, 2-3: “El siglo presente, para los justos, es invierno:
no se manifiestan, viviendo como viven entre pecadores; pues, como los árboles
en el invierno se parecen [entre sí] cuando han perdido las hojas, y no se ve
cuáles están secos y cuáles tienen vida, así tampoco se ve en este siglo
quienes son justos y quienes pecadores”. Esta afirmación no dice todo, pues
sigue siendo verdad que “por sus frutos los reconoceréis” (Mt 7, 16.20).
31-32 Dos breves parábolas de
contraste entre los modestos comienzos del reino de Dios al venir su Hijo a la
tierra, y el desarrollo de la Iglesia al final de la historia.
31 Lit.: …de mostaza, al cual
habiendo cogido un hombre sembró en el campo de él; esta estructura se
repite en el v. 33.
33 COGE… PARA HACERLA DESAPARECER:
lit. habiendo cogido… ocultó.
TRES MEDIDAS: lit. tres satos
(unos 13 x 3 libros).
HASTA QUE FERMENTA TODO: la
frase (lit. hasta que fue fermentado todo) es elíptica (habría que
completar: … y está allí actuando oculta hasta que fermenta todo) y se
fija solo en la acción inicial y el resultado final. Pero quizás hay que tener
en cuenta que HASTA QUE (en griego heôs hoû) parece traducir el arameo ‘ad
dî, que puede equivaler a nuestra conjunción “y” (cf. Mt 1, 25):
“Para hacerla desaparecer entres medidas de harina, y fermenta todo.
24 AQUEL GENTÍO: lit. las
muchedumbres.
35 LO ANUNCIADO, se sobreentiende, por
Dios.
ENIGMAS: PARÁBOLAS.
36 FUE A LA CASA: ¿a su casa?
37 EL RESPONDIÓ ASÍ: lit. y él
habiendo respondido dijo.
38 LOS HIJOS DEL REINO, los
relacionados íntimamente con el reino de Dios son, en este caso, los
discípulos.
LOS HIJOS DEL MALVADO: los
relacionados íntimamente con el diablo, “los malos”.
41 LOS [QUE SON] PIEDRA DE
ESCÁNDALO, ocaión de tropiezo para los demás, es decir, los escandalosos.
Aplicado a personas, el vocablo griego skándalon es raro (no se
encuentra en el griego profano, en Salmos de Salomón 4, 2 tenemos un caso: el
Señor “nos guardará de todo escándalo malhechor”, es decir, de toda persona
escandalosa; por metonimia se aplica a quien hace caer a otros: así también
Simón fue escándalo para Jesús.
LOS QUE HACEN EL MAL: los obradores
de iniquidad; esa maldad es, lit., transgresión de la ley (en griego
anomía). En nuestra lengua, el término directo para calificar a esas
personas sería delincuente.
42 HORNO DE FUEGO es lo mismo que
“horno encendido”, “horno ardiendo”.
Notas
exegéticas desde la Biblia Didajé:
13, 24-30 La cizaña en esta parábola está
relacionada con los malhechores impertinentes que se niegan a arrepentirse.
Pero la cizaña también puede referirse también a nuestras imperfecciones. La
Iglesia está compuesta de pecadores que pasan apuros, algunos de los cuales se
esfuerzan por llevar una vida virtuosa. En esta parábola, la cizaña del pecado
y el trigo de la santidad coexisten en cada uno de nosotros hasta el final de
los tiempos. Nuestra propia fecundidad dependerá en último término del deseo y
anhelo de una estrecha amistad con Cristo en fidelidad a sus enseñanzas. Cat
827.
13, 33 Se compara a los cristianos con
la levadura por el efecto transformador que tienen en el mundo. Cat. 897, 903,
928-930.
Catecismo
de la Iglesia Católica.
827 Todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben
reconocerse pecadores. En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra
mezclada con la buena semilla del Evangelio hasta el fin de los tiempos. La
iglesia, pues, congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo,
pera aún en vías de santificación.
Concilio Vaticano II
La Sagrada Escritura, con la que está de acuerdo la experiencia de
siglos, enseña a la familia humana que el progreso humano, que es un gran bien
del hombre, lleva consigo, sin embargo, una gran tentación: la de que los
individuos y los grupos, turbada la jerarquía de valores y mezclado el bien con
el mal, miren solo sus intereses propios y no los de los demás. Lo que hace que
el mundo no sea ya espacio de verdadera fraternidad, mientras el poder
acrecentado de la humanidad amenaza con destruir el propio género humano.
A través de toda la historia del hombre se extiende una dura batalla
contra los poderes de las tinieblas que, iniciada ya desde el origen del mundo,
durará hasta el último día según dice el Señor (cf. Mt 24, 13). Inserto en esta
lucha, el hombre debe combatir continuamente para adherirse al bien, y no sin grandes
trabajos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de ignorar la unidad en
sí mismo.
Por ello, la Iglesia de Cristo, confiando en el designio del creador,
reconociendo que el progreso humano puede servir a la verdadera felicidad de
los hombres, no puede, sin embargo, dejar de hacer resonar las palabras del
Apóstol: “No queráis vivir conforme a este siglo” (Rm 12, 2), es decir,
conforme a aquel espíritu de vanidad y malicia que cambia la actividad humana,
ordenada al servicio de Dios y del hombre, en instrumento de pecado.
Por consiguiente, si alguien pregunta cómo se puede superar aquella
miseria, los cristianos proclamarán que todas las actividades del hombre, que
la soberbia y el amor desordenado de sí mismo ponen cada día en peligro, deben
ser purificadas y llevadas a la percepción por la cruz y la resurrección de
Cristo. Pues, redimido por Cristo y hecho criatura nueva en el Espíritu Santo,
el hombre puede y debe amar las cosas mismas creadas por Dios. Pues de Dios las
recibe y mira y respeta como provenientes de la mano de Dios. Dando gracias por
ellas a su Bienhechor, y usando y gozando de las criaturas con pobreza y
libertad de espíritu, entra en la verdadera posesión del mundo como quien no
tiene nada y lo posee todo (cf. 2 Co 6, 10). “Pues todas las cosas son
vuestras, vosotros de Cristo, Cristo de Dios” (1 Co 3, 23).
Constitución Gaudium et spes, 37.
Los Santos Padres.
Pregúntate con interés si puedes entender la
expresión “la buena semilla son los hijos del reino”, de manera diferente a la
indicada más arriba, donde se dice que todo lo bueno que nace en el alma es
sembrado por la Palabra de Dios, “que estaba en el principio de Dios” (Jn 1, 2)
y que es el fruto del reino de Dios, pues las sanas doctrinas sobre cualquier
cuestión constituyen a los hijos del reino.
Pero mientras las personas duermen, no cumplen los
mandatos de Jesús, pues dice: “Vigilad y orad para que no caigáis en la
tentación” (Mt 26, 41), y el diablo, que es el enemigo, siembra la llamada
cizaña, las doctrinas perversas, es decir, lo que algunos llaman pensamientos
naturales, entre las buenas semillas esparcidas por la Palabra. Según esta
interpretación, el campo significaría el mundo entero y no solo la Iglesia de
Dios, porque es en el mundo entero donde el Hijo del hombre ha sembrado la
buena semilla y el enemigo la cizaña, o sea, las doctrinas malas que por su
maldad son los hijos del malvado.
Orígenes, Comentarios al Ev. de Mateo, 10, 2.
1a, pg. 361-362.
Ved lo que preferimos ser en su campo; considerad
cómo nos hallará la siega. El campo, que es el mundo, es la Iglesia difundida
por el mundo. Quien es trigo, persevere hasta la siega; los que son cizaña,
háganse trigo.
Tolerad en el campo lo que no tendréis con vosotros
en el granero.
Agustín, Sermones, 73. 1a, pg. 362.
El Señor se compara a un grano de mostaza, la más
activa y pequeña de todas las semillas, pero dotado de una fuerza y vigor que
solivianta las tribulaciones e instigaciones. Una vez sembrado en el campo, es
decir, cuando ha sido hecho prisionero por el pueblo y entregado a la muerte,
este grano fue sepultado como en un campo en el que su cuerpo se encuentra a
manera de semilla y ha crecido más que todas las hortalizas, elevándose por
encima de toda la gloria de los profetas.
Hilario de Poitieres, Sobre el Ev. de Mateo, 13, 4. 1a, pg. 366.
San Jerónimo.
24. 25 A esta segunda parábola no le sigue inmediatamente una explicación, sino
que se la comenta después de las otras parábolas. Aquí es propuesta y luego,
una vez despedida la multitud, entran a la casa y los discípulos se le acercan
y le piden: Explícanos la parábola de la cizaña del campo, etc. Por
tanto no debemos, por un deseo prematuro de comprender buscar su sentido antes
de que el Señor la comente.
31.32 El Reino de los cielos es la predicación del Evangelio y el conocimiento
de las Escrituras que conduce a la vida. Este Reino, pues, s semejante a un
grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. En este hombre
que siembra en su campo muchos ven al Salvador porque siembra en las almas de
los fieles. Otros piensan que es el hombre mismo que siembra en su campo, es
decir, en sí mismo, en su corazón. ¿Quién es el que siembra sino nuestra
inteligencia, nuestra alma que al recibir el grano de la predicación y
fecundarlo la siembra por la humedad de la fe la hace multiplicarse en el campo
de su corazón. La predicación del Evangelio es la menor de todas las doctrinas.
A primera vista no parece verosímil esta doctrina que predica a un Dios hombre,
un Cristo muerto y el escándalo de la cruz. Compara esta doctrina con los
principios de los filósofos, con sus libros, con el esplendor de su elocuencia
y su estilo armonioso y verás cuán inferior a las otras es la semilla del
sembrador del Evangelio. Pero aquellos cuantos crecen no muestran ningún vigor,
ninguna vida, ninguna vitalidad. Totalmente flácidos, marchitos, producen
legumbres y hierbas que pronto se secan y caen por tierra. En cambio esta
predicación que al principio parecía insignificante, una vez sembrada en el
alma del creyente en todo el mundo, no crece como legumbre sino que se
desarrolla hasta hacerse árbol de modo que las aves del cielo – por las que
debemos entender las almas de los creyentes o bien las potencias sometidas al
servicio de Dios –, vienen a habitar en sus ramas.
33. El Reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer. Esta mujer que tomó levadura y
la metió en tres medidas de harina hasta que fermentara todo, me parece que es
la predicación apostólica, o bien la Iglesia que ha sido congregada a partir de
muchos pueblos. Esta toma la levadura, a saber el conocimiento y la comprensión
de las Escrituras y lo mete en tres medidas de harina para que unificados el
espíritu, el alma y el cuerpo no estén en desacuerdos, sino que unidos dos o
tres, obtengan del Padre todo lo que le han pedido.
Según este filósofo [Platón] nuestra razón tiene su sede en el cerebro,
la ira en la hiel y el deseo en el hígado. Por tanto si hemos recibido la
levadura evangélica de las santas Escrituras de las que hablamos más arriba,
las tres pasiones del alma humana van en una misma dirección para que por la
razón tengamos prudencia, por la ira, odio a los vicios, por la concupiscencia,
el deseo ardiente de las virtudes; y esto sucede gracias a la doctrina
evangélica que nos proporcionó nuestra madre la Iglesia.
Aun mencionaré una tercera interpretación de algunos, para que el lector
atento tenga más posibilidad de elegir la que le agrada. En esta mujer ellos
ven también a la Iglesia que mezcló la fe del hombre con tres medidas de
harina: la creencia en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Cuando todo
está fomentado formando una unidad nos conduce al conocimiento no de un triple
Dios sino de una única divinidad.
35 Para que se cumpliese el oráculo del profeta, he leído en varios ejemplares
y un lector atento tal vez podría encontrarle, el siguiente texto: “Lo que dice
el profeta Isaías” [Códice Sinaitico descubierto en 1884 en el
monasterio de santa Catalina del monte Sinaí]. Como esto no se encuentra en
modo alguno en Isaías, pienso que mkás tarde fue suprimido por personas
entendidas. Me parece que el texto primitivo era: “Como dice el profeta Asaf”.
El primer copista no comprendió el nombre de Asaf, pensó que se trataba de un
error de copista y corrigió con el nombre de Isaías que le era más familiar.
Hemos de saber que en los salmos, himnos y cánticos de Dios, deben ser llamados
profetas no solo David, sino también los otros cuyos nombres aparecen en los
títulos, a saber, Asaf, Iditún, Héman el Ezraíta, Etán, los hijos de Coré y los
otros que menciona la Escritura.
37. En los hombres que duermen has de entender a los maestros de las
iglesias. En los siervos del padre de familia no entiendas sino a los ángeles
que ven cada día el rostro del Padre. El diablo es llamado hombre enemigo
porque cesó de ser dios. En el salmo nueve se dice acerca de él: Levántate,
Señor, que el hombre no triunfe. Por tanto no duerma el que ha sido puesto
a la cabeza de una iglesia, no sea que por su negligencia el hombre enemigo
venga después a sembrar cizaña, es decir, doctrinas heréticas.
Dejad que ambos crezcan juntos. Por eso el Señor nos advierte que cuando se
trata de algo ambiguo no hay que pronunciar de inmediato una condenación sino
reservar la decisión a Dios que es Juez.
San Agustín.
Él les explicó [a los siervos] de donde procedía [la cizaña]. Sin
embargo, no permitió que la arrancasen antes de tiempo. Aunque los siervos
mismos estaban airados contra la cizaña, con todo pidieron el consejo y la
orden del dueño. Les disgustaba el ver la cizaña entre el trigo; pero veían que
si hacían algo por su propia cuenta aun en el arrancar la cizaña, ellos mismos
iban a ser contados entre la cizaña.
El Señor exige ahora de nosotros, la paciencia que presenta en sí mismo,
al decirte: “Sí yo quisiera juzgar ahora, ¿podría equivocarme, acaso? Si, pues,
yo que siempre juzgo rectamente y no puedo equivocarme retardo mi juicio, ¿te
atreves a juzgar antes de tiempo, tú que ignoras cómo serás juzgado?”. Ved,
hermanos, como el dueño no permitió a aquellos siervos que querían arrancar la
cizaña antes de tiempo que lo hicieran ni siquiera en la siega.
Tú, hombre limitado por la carne, que llevas la carne, o que, tal vez, no
eres más que carne, es decir, carne en el cuerpo y carne en el espíritu, ¿te
atreves a usurpar antes de tiempo un oficio, que ni siquiera en la siega será
tuyo?
Ahora, pues, no es el tiempo de la separación, sino el de la tolerancia.
Y no decimos esto, hermanos, para que dormite el afán de corregir. Al
contrario, para no llegar como incautos a aquel juicio, o como ciegos que
descuidaron su ceguera; para que no nos encontremos repentinamente a la
izquierda: con esta finalidad, impóngase la disciplina, pero no se anticipe el
juicio.
San Juan de Ávila.
Cierto, entiendo que no hay otro que el sembrador de cizaña ha sido el
auctor de que en esto haya habido tanto olvido en las provincias y obispados,
para que, faltando este modo de cultivar la tierra y viña del Señor, pudiese el
adversario más a su salvo sembrar la cizaña de los vicios y se fuese secando el
trigo (cf. Mt 13, 24ss) de los buenos estatutos y santos cánones antiguos,
dejando de tener su fuerza per non usum. Como se ve, y claro que, aunque
no tuvieran los sínodos fructo alguno otro sino tener en pie lo ya mandado y
detener la turba de los malos que no pueda del todo atropellarlos y anularlos,
es fructo muy digno de trabajo grande y de cuidado.
Advertencias al concilio de Toledo. II, pg. 664-665.
Porque el cuerpo de los malos y cada uno de ellos, se llama diablo, como
parece por Judas, por el cual dijo el Señor: Uno de vosotros es el diablo (Jn
6, 71). Y por consiguiente, hablando del demonio, le llamó el Señor el
hombre enemigo (cf. Mt 13, 25). Porque el demonio y los suyos son un cuerpo
y una persona mística, y se comunican los nombres de él a ellos y de ellos a
él. ¡Miserable género humano debajo de tales cabezas, que les causaban
abominable deshonra y gravísimo daño!
Sermón en la infraoctava del Corpus. III, pg. 687.
Aquí el Señor amansa nuestros pecados; aquí da fuerza a nuestra ánima
para que de aquí adelante no caiga en ellos; aquí sana nuestras enfermedades
e imperfecciones. Aquí nos junta consigo; aquí se nos da Él mismo en
prendas de que viviremos para siempre con él; porque es la levadura que se echó
en las tres medidas de harina (Mt 13, 33) para que el pan fuese sazonado
fuese gustoso el Señor y fuera de este sacratísimo cuerpo no hay vida ni salud,
en las buenas obras; no hay gracia, ni gloria, ni bien alguno. Porque ansí como
la fuente de la lumbre es el sol, y en el mar se juntan las aguas, así en este
poderosísimo Señor están juntos todos los bienes, y quien lo recibe puede
decir: Todos los bienes me vinieron con Él (cf. Sab 7, 11).
Sermón en la infraoctava del Corpus. III, pgs. 585-586.
San Oscar Romero. Homilía.
Este es el comentario del trigo y la cizaña. Dios ha sembrado bondad.
Ningún niño ha nacido malo. Todos hemos sido llamados a la santidad. Valores
que Dios ha sembrado en el corazón del hombre y que los actuales, los
contemporáneos, ¡tanto estiman!, no son piedras raras, cosas que nacen
continuamente. ¿Por qué entonces hay tanta maldad? Porque los ha corrompido la
mala inclinación del corazón humano y necesitan purificación. La vocación del
hombre pues, primigenia, original, es la bondad. Todos hemos nacido para la
bondad. Nadie nació con inclinaciones a hacer secuestros; nadie nació con
inclinaciones para ser un criminal; nadie nació para ser un torturador; nadie
nació para ser un asesino; todos nacimos para ser buenos, para amarnos, para
comprendernos. ¿Por qué entonces Señor, han brotado en tus campos tantas
cizañas? El enemigo lo ha hecho, dice Cristo. El hombre dejó que creciera en su
corazón la maleza, las malas compañías, las malas inclinaciones, los vicios.
Queridos jóvenes, ustedes que están en el momento en que la vocación se
decide, piensen que todos hemos sido llamados a la bondad, y que lo que está
dejando a ustedes los jóvenes, esta edad madura -a la que yo también pertenezco
y tengo que lamentar dejarles en herencia tanto egoísmo, tanta maldad. Ustedes
renueven, trigo nuevo, cosechas recién sembradas, campos todavía frescos con la
mano de Dios, niños jóvenes, sean ustedes un mundo mejor, obedezcamos en cambio
todos, a la segunda vocación: La conversión.
Homilía, 23
de julio de 1978.
Papa León XIV. Angelus. 12 de julio
de 2026.
Queridos hermanos y hermanas, buenos días y feliz domingo.
Hoy, en la liturgia, el evangelista Mateo nos presenta la parábola del
sembrador (cf. Mt 13,1-23), que describe la generosidad y
la confianza con las que Dios esparce su Palabra en nuestro corazón y su poder
en nosotros.
Jesús mismo, el
Verbo hecho hombre, que dio la vida por nuestra salvación, es la semilla que
el Padre sigue esparciendo en el mundo para que, muriendo, dé mucho fruto
(cf. Jn 12,24). Es verdad que, a veces, encuentra en nosotros
un terreno duro e insensible; otras veces, un terreno distraído, semejante al
suelo pisoteado de los caminos, al terreno pedregoso o a los matorrales de
espinos. Pero hay momentos en los que encuentra una tierra receptiva y fértil,
y entonces se producen milagros de amor capaces de cambiar todo lo demás, como
ciertamente también nosotros hemos experimentado en nuestra vida. Por eso el
Padre no deja de sembrar, porque sabe que el poder de su amor es más fuerte que
nuestra debilidad (cf. 2 Co 12,9-10).
San Juan Crisóstomo, refiriéndose a la «semilla» de la Palabra de Dios,
afirma: «¿En qué cabeza cabe —me dirás— sembrar sobre espinas y sobre roca y
sobre camino? —Tratándose de semillas que han de sembrarse en la tierra, eso no
tendría sentido; mas, tratándose de las almas y de la siembra de la doctrina,
la cosa es digna de mucha alabanza». (Homilías sobre el Evangelio de Mateo,
44, 3), porque en las manos de Dios es posible que «la roca se transforme y
se convierta en tierra grasa; y que el camino deje de ser pisado y se convierta
también en tierra fecunda, y que las espinas desaparezcan y dejen crecer
exuberantes las semillas» (ibíd.).
La generosidad de Dios para con nosotros no es ingenua, sino sabia, y sabe
descubrir en nosotros la posibilidad de un bien del que, a veces, ni siquiera
nosotros mismos somos conscientes. Por eso el Señor, que conoce bien el
terreno de nuestro corazón mejor de lo que nosotros mismos lo conocemos, no
deja de creer en nosotros, en lo que somos y en lo que podemos llegar a ser,
día tras día, si con fe nos abandonamos en Él.
Así, de la gratuidad y la confianza con las que se esparce la semilla, y
de la humildad y la disponibilidad con las que es recibida, crecen en nosotros
y se difunden los frutos del Espíritu Santo, que son, como enseña san
Pablo: «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia,
dominio de sí» (Gal 5,22). ¡Cuánto necesita nuestro mundo de
estos frutos, de ser colmado y transformado por ellos!
Comprometámonos,
entonces, especialmente en estos días de vacaciones, a dar espacio a la
escucha, a la lectura y a la meditación de la Palabra de Dios, cultivando,
junto con el descanso y la sana diversión, también momentos significativos de
silencio y de oración. Volveremos a nuestras ocupaciones habituales
renovados en el cuerpo y en el espíritu, dispuestos a anunciar la Buena Noticia
del Evangelio y cada vez con más capacidad de colaborar en el crecimiento del
Reino de Dios.
Que María, Reina de los Apóstoles y Estrella de la evangelización, nos
ayude a todo esto.
Papa Francisco. Angelus. 23 de
julio de 2023.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy nos ofrece la parábola del trigo y la cizaña (cf. Mt 13,24-43).
Un agricultor, que ha sembrado buena semilla en su campo, descubre que un
enemigo de noche ha sembrado en él cizaña, una planta de aspecto muy parecido
al trigo, pero infectada.
De este modo, Jesús habla de nuestro mundo, que en realidad es como un gran
campo, donde Dios siembra trigo y el maligno cizaña, y así el bien y el mal
crecen juntos. El bien y el mal crecen juntos. Lo vemos en las noticias,
en la sociedad, y también en la familia y también en la Iglesia. Y cuando,
junto al trigo bueno, vemos malas hierbas, nos dan ganas de arrancarlas
inmediatamente, de hacer "limpieza total" de inmediato. Pero el Señor
nos advierte hoy que es una tentación hacer esto: no podemos crear un mundo
perfecto y no podemos hacer el bien destruyendo precipitadamente lo que está
mal, porque esto tiene efectos peores: acabamos -como se dice-
"tirando el niño junto con el agua sucia".
Hay, sin embargo,
un segundo campo en el que podemos limpiar: es el campo de nuestro corazón,
el único en el que podemos intervenir directamente. También allí hay trigo
y cizaña, de hecho, es desde allí desde donde ambos se extienden al gran campo
del mundo. Hermanos y hermanas, nuestro corazón, en efecto, es el
campo de la libertad: no es un laboratorio aséptico, sino un espacio abierto
y, por tanto, vulnerable. Para cultivarlo adecuadamente, es necesario,
por una parte, cuidar constantemente los delicados brotes de bondad y,
por otra, identificar y erradicar las malezas, en el momento justo. Así
pues, miremos en nuestro interior y examinemos un poco que ocurre, lo
que crece en mí. Que está creciendo en mi de bien y de mal. Existe un hermoso
método para hacerlo: aquello que se llama el examen de conciencia, que
es ver qué sucede hoy en mi vida, qué me impactó en el corazón y qué
decisión tomé. Y esto sirve precisamente para verificar, a la luz de Dios,
donde están las hierbas malas y donde la semilla buena.
Después del campo del mundo y del campo del corazón hay un tercero campo.
Podemos llamarlo el campo del vecino. Son las personas con las que nos
relacionamos, que frecuentamos cada día y a las que juzgamos a menudo. ¡Qué
fácil nos resulta reconocer su cizaña! ¡Y qué difícil es, en cambio, ver
el buen trigo que crece! ¡Cómo nos gusta “despellejar” a los demás...! Recordemos,
sin embargo, que si queremos cultivar los campos de la vida, es importante
buscar ante todo la obra de Dios: aprender a ver en los demás, en el mundo y
en nosotros mismos la belleza de lo que el Señor ha sembrado, el trigo
besado por el sol con sus espigas doradas. Hermanos y hermanas, Pedimos la
gracia de poder verla en nosotros mismos, pero también en los demás, empezando
por los que están cerca de nosotros. No es una mirada ingenua, es una mirada
creyente, porque Dios, el agricultor del gran campo del mundo, ama ver lo bueno
y hacerlo crecer hasta hacer de la siega una fiesta.
Por eso, también hoy podemos hacernos algunas preguntas. Pensando en el
campo del mundo: ¿Yo sé vencer la tentación de "hacer de cada
hierba un montón", de hacer “limpieza total” de los demás con mis
juicios? Luego, pensando en el campo del corazón: ¿soy honesto para
buscar las malas plantas que hay en mí y decidido arrojarlas al fuego de la
misericordia de Dios? Y, pensando en el campo del prójimo: ¿tengo la
sabiduría de ver lo bueno sin desanimarme por las limitaciones y la lentitud de
los demás?
Que la Virgen María nos ayude a cultivar con paciencia lo que el Señor
siembra en el campo de la vida, en mi campo, en el campo de mi vecino, en el
campo de todos.
Papa Francisco. Angelus. 19 de julio
de 2020.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de hoy (cfr. Mt 13, 24-43) nos volvemos a
encontrar a Jesús hablando a la multitud en parábolas sobre el Reino de los
cielos. Me detengo solamente en la primera, la de la cizaña, a través de la
cual nos hace conocer la paciencia de Dios, abriendo nuestro
corazón a la esperanza.
Jesús cuenta que, en el campo en el que se ha sembrado la semilla buena,
brota también la cizaña, un término que resume todas las malas hierbas, que
infestan el terreno. Entre nosotros, podemos decir que también hoy el
terreno está devastado por muchos herbicidas y pesticidas, que al final también
hacen mal tanto a la hierba, como a la tierra y a la salud. Pero esto, entre
paréntesis. Los siervos entonces van donde el amo para saber de dónde viene la
cizaña, y él responde: «Algún enemigo ha hecho esto» (v. 28). ¡Porque nosotros
hemos sembrado trigo bueno! Un enemigo, uno que hace la competencia, ha venido
a hacer esto. Ellos quieren ir enseguida a arrancar la cizaña que está
creciendo, sin embargo el amo dice que no, porque se corre el riesgo de
arrancar juntas las malas hierbas —la cizaña— y el trigo. Es necesario esperar
el momento de la cosecha: solo entonces se separan y la cizaña será quemada. Es
también una historia de sentido común.
En esta parábola se puede leer una visión de la historia. Junto a Dios —el
amo del campo— que esparce siempre y solo semilla buena, hay un adversario, que
esparce la cizaña para obstaculizar el crecimiento del trigo. El amo actúa
abiertamente, a la luz del sol, y su propósito es una buena cosecha; el
otro, el adversario, sin embargo, aprovecha la oscuridad de la noche
y obra por envidia, por hostilidad, para arruinar todo. El adversario tiene un
nombre: es el diablo, el opositor de Dios por antonomasia. Su intención es
obstaculizar la obra de salvación, para que el Reino de Dios sea obstaculizado
por trabajadores injustos, sembradores de escándalos. De hecho, la buena
semilla y la cizaña no representan el bien y el mal de forma abstracta, sino a
nosotros los seres humanos, que podemos seguir a Dios o al diablo. Muchas
veces, hemos escuchado que una familia que estaba en paz, después han comenzado
las guerras, las envidias… Un barrio que estaba en paz, después han empezado
cosas feas… Y nosotros estamos acostumbrados a decir: “Alguien ha venido ahí a sembrar
cizaña”, o “esta persona de la familia, con los chismes, siembra cizaña”.
Siempre es sembrar el mal lo que destruye. Y esto lo hace siempre el diablo o
nuestra tentación: cuando caemos en la tentación de chismorrear para
destruir a los otros.
La intención de los siervos es la de eliminar enseguida el mal, es decir a
las personas malvadas, pero el amo es más sabio, ve más lejos: estos deben
saber esperar, porque soportar las persecuciones y las hostilidades forma parte
de la vocación cristiana. El mal, por supuesto, debe ser rechazado, pero los
malvados son personas con las que hay que tener paciencia. No se trata de
esa tolerancia hipócrita que esconde ambigüedad, sino de la justicia
mitigada por la misericordia. Si Jesús ha venido a buscar a los pecadores
más que a los justos, a curar a los enfermos antes que a los sanos (cfr. Mt 9,12-13),
también nuestra acción como sus discípulos debe estar dirigida no para suprimir
a los malvados, sino para salvarlos. Y ahí, la paciencia.
El Evangelio de hoy presenta dos modos de actuar y de vivir la
historia: por un lado, la mirada del amo, que ve lejos; por otro, la mirada de
los siervos, que ven el problema. Los criados se preocupan por un campo sin
malezas, el amo se preocupa por el buen trigo. El Señor nos invita a asumir
su misma mirada, la que mira al buen trigo, que sabe custodiarlo también
en las malas hierbas. No colabora bien con Dios quien se pone a la caza de
los límites y de los defectos de los otros, sino más bien quien sabe reconocer
el bien que crece silenciosamente en el campo de la Iglesia y de la historia,
cultivándolo hasta la maduración. Y entonces será Dios, y solo Él, quien
premie a los buenos y castigue a los malvados. La Virgen María nos ayude a
comprender e imitar la paciencia de Dios, que no quiere que ninguno de sus
hijos se pierda, que Él ama con amor de Padre.
Papa Francisco. Angelus. 23 de
julio de 2017.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La página evangélica de hoy propone tres parábolas con las
cuales Jesús habla a las masas del Reino de Dios. Me detengo en la primera: la
del grano bueno y la cizaña, que ilustra el problema del
mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios (cf. Mateo 13,
24-30. 36-43). ¡Cuánta paciencia tiene Dios! También cada uno de
nosotros puede decir esto: «¡Cuánta paciencia tiene Dios conmigo!». La
narración se desarrolla en un campo con dos protagonistas opuestos.
Por una parte el dueño del campo que representa a Dios y esparce la semilla
buena; por otra el enemigo que representa a Satanás y esparce la hierba mala.
Con el pasar del tiempo, en medio del grano crece también la cizaña y ante este
hecho el dueño y sus siervos tienen actitudes distintas. Los siervos querrían
intervenir arrancando la cizaña; pero el dueño, que está preocupado sobre todo
por salvar el grano, se opone diciendo: «no, no sea que, al recoger la cizaña,
arranquéis a la vez el trigo» (v. 29). Con esta imagen, Jesús nos dice que en
este mundo el bien y el mal están tan entrelazados, que es imposible separarlos
y extirpar todo el mal. Solo Dios puede hacer esto, y lo hará en el
juicio final. Con sus ambigüedades y su carácter complejo, la situación
presente es el campo de la libertad, el campo de la libertad de los cristianos,
en el cual se cumple el difícil ejercicio del discernimiento entre el bien y el
mal. Y en este campo se trata entonces de combinar, con gran confianza en Dios
y en su providencia, dos actitudes aparentemente contradictorias: la
decisión y la paciencia. La decisión es la de querer
ser buen grano —todos lo queremos—, con todas nuestras fuerzas, y
entonces alejarse del maligno y de sus seducciones. La paciencia
significa preferir una Iglesia que es levadura en la pasta, que no teme
ensuciarse las manos lavando las ropas de sus hijos, antes que una Iglesia
de «puros», que pretende juzgar antes del tiempo quién está en el Reino
y quién no.
El Señor, que es la Sabiduría encarnada, hoy nos ayuda a comprender que el
bien y el mal no se pueden identificar con territorios definidos o determinados
grupos humanos: «Estos son los buenos, estos son los malos». Él nos dice
que la línea de frontera entre el bien y el mal pasa por el corazón
de cada persona, pasa por el corazón de cada uno de nosotros, es
decir: todos somos pecadores. Me gustaría preguntaros: «quien no es
pecador levante la mano». ¡Nadie! Porque todos lo somos, todos somos pecadores.
Jesucristo, con su muerte en la cruz y su resurrección, nos ha liberado de la
esclavitud del pecado y nos da la gracia de caminar en una vida nueva; pero con
el Bautismo nos ha dado también la Confesión, porque siempre necesitamos ser
perdonados por nuestros pecados. Mirar siempre y solamente el mal que está
fuera de nosotros, significa no querer reconocer el pecado que está también en
nosotros.
Y luego Jesús nos enseña un modo diverso de mirar el campo del mundo, de
observar la realidad. Estamos llamados a aprender los tiempos de Dios —que no
son nuestros tiempos— y también la «mirada» de Dios: gracias al influjo
benéfico de una trepidante espera, lo que era cizaña o parecía cizaña, puede
convertirse en un producto bueno. Es la realidad de la conversión. ¡Es la
perspectiva de la esperanza!
La Virgen María nos ayude a percibir en la realidad que nos rodea no solo
la suciedad y el mal, sino también el bien y lo bonito; a desenmascarar la obra
de Satanás, pero sobre todo a confiar en la acción de Dios que fecunda la
historia.
Papa Francisco. Angelus. 20 de
julio de 2014.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En estos domingos la liturgia propone algunas parábolas evangélicas,
es decir, breves narraciones que Jesús utilizaba para anunciar a la multitud el
reino de los cielos. Entre las parábolas presentes en el Evangelio de hoy, hay
una que es más bien compleja, de la cual Jesús da explicaciones a los discípulos:
es la del trigo y la cizaña, que afronta el problema del
mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios (cf. Mt 13,
24-30.36-43). La escena tiene lugar en un campo donde el dueño siembra el
trigo; pero una noche llega el enemigo y siembra la cizaña, término que en
hebreo deriva de la misma raíz del nombre «Satanás» y remite al concepto de
división. Todos sabemos que el demonio es un «sembrador de cizaña», aquel que
siempre busca dividir a las personas, las familias, las naciones y los pueblos.
Los servidores quisieran quitar inmediatamente la hierba mala, pero el dueño lo
impide con esta motivación: «No, que al recoger la cizaña podéis arrancar
también el trigo» (Mt 13, 29). Porque todos sabemos que la cizaña,
cuando crece, se parece mucho al trigo, y allí está el peligro que se
confundan.
La enseñanza de la parábola es doble. Ante todo dice que
el mal que hay en el mundo no proviene de Dios, sino de su enemigo, el
Maligno. Es curioso, el maligno va de noche a sembrar la cizaña, en la
oscuridad, en la confusión; él va donde no hay luz para sembrar la cizaña. Este
enemigo es astuto: ha sembrado el mal en medio del bien, de tal modo que es
imposible a nosotros hombres separarlos claramente; pero Dios, al final, podrá
hacerlo.
Y aquí pasamos al segundo tema: la contraposición
entre la impaciencia de los servidores y la paciente espera del
propietario del campo, que representa a Dios. Nosotros a veces tenemos una
gran prisa por juzgar, clasificar, poner de este lado a los buenos y del otro a
los malos... Pero recordad la oración de ese hombre soberbio: «Oh Dios, te doy
gracias porque yo soy bueno, no soy como los demás hombres, malos...»
(cf. Lc 18, 11-12). Dios en cambio sabe esperar. Él mira el
«campo» de la vida de cada persona con paciencia y misericordia: ve
mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero ve también los brotes de
bien y espera con confianza que maduren. Dios es paciente, sabe esperar.
Qué hermoso es esto: nuestro Dios es un padre paciente, que nos espera siempre
y nos espera con el corazón en la mano para acogernos, para perdonarnos. Él nos
perdona siempre si vamos a Él.
La actitud del propietario es la actitud de la esperanza
fundada en la certeza de que el mal no tiene ni la primera ni la última palabra. Y es gracias a esta paciente
esperanza de Dios que la cizaña misma, es decir el corazón malo con
muchos pecados, al final puede llegar a ser buen trigo. Pero atención: la
paciencia evangélica no es indiferencia al mal; no se puede crear confusión
entre bien y mal. Ante la cizaña presente en el mundo, el discípulo del
Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios, alimentar la esperanza con el
apoyo de una firme confianza en la victoria final del bien, es decir de Dios.
Al final, en efecto, el mal será quitado y eliminado: en el tiempo de la
cosecha, es decir del juicio, los encargados de cosechar seguirán la orden del
patrón separando la cizaña para quemarla (cf. Mt 13, 30). Ese
día de la cosecha final el juez será Jesús, Aquél que ha sembrado
el buen trigo en el mundo y que se ha convertido Él mismo en «grano de
trigo», murió y resucitó. Al final todos seremos juzgados con la misma
medida con la cual hemos juzgado: la misericordia que hemos usado hacia
los demás será usada también con nosotros. Pidamos a la Virgen, nuestra
Madre, que nos ayude a crecer en paciencia, esperanza y misericordia con todos
los hermanos.
Papa Benedicto XVI. Angelus. 17 de
julio de 2011.
Queridos hermanos y hermanas:
Las parábolas evangélicas son breves narraciones que Jesús utiliza para
anunciar los misterios del reino de los cielos. Al utilizar imágenes y
situaciones de la vida cotidiana, el Señor «quiere indicarnos el verdadero
fundamento de todas las cosas... Nos muestra... al Dios que actúa, que entra en
nuestras vidas y nos quiere tomar de la mano» (Jesús de Nazaret I,
Benedicto XVI-Joseph Ratzinger, La esfera de los libros, 2007, p. 233). Con
este tipo de discursos, el divino Maestro invita a reconocer ante todo la
primacía de Dios Padre: donde no está él, nada puede ser bueno. Es una
prioridad decisiva para todo. Reino de los cielos significa, precisamente,
señorío de Dios, y esto quiere decir que su voluntad se debe asumir como el
criterio-guía de nuestra existencia.
El tema contenido en el Evangelio de este domingo es precisamente el reino
de los cielos. El
«cielo» no se debe entender sólo en el sentido de la altura que está encima de
nosotros, pues ese espacio infinito posee también la forma de la interioridad
del hombre. Jesús compara el reino de los cielos con un campo de trigo para
darnos a entender que dentro de nosotros se ha sembrado algo pequeño y
escondido, que sin embargo tiene una fuerza vital que no puede suprimirse. A
pesar de todos los obstáculos, la semilla se desarrollará y el fruto madurará.
Este fruto sólo será bueno si se cultiva el terreno de la vida según la
voluntad divina. Por eso, en la parábola del trigo y la cizaña (Mt 13,
24-30), Jesús nos advierte que, después de la siembra del dueño, «mientras
todos dormían», intervino «su enemigo», que sembró la cizaña. Esto significa
que tenemos que estar preparados para custodiar la gracia recibida desde el
día del Bautismo, alimentando la fe en el Señor, que impide que el mal eche
raíces. San Agustín, comentando esta parábola, observa que «muchos primero
son cizaña y luego se convierten en trigo». Y añade: «Si estos, cuando son
malos, no fueran tolerados con paciencia, no llegarían al laudable cambio» (Quaest.
septend. in Ev. sec. Matth., 12, 4: pl 35, 1371).
Queridos amigos, el libro de la Sabiduría, del que está tomada
la primera lectura de hoy, subraya esta dimensión del Ser divino. Dice: «pues
fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo… porque tu fuerza es el
principio de la justicia y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con
todos» (Sb 12, 13.16). Y el Salmo 85 lo confirma: «Tú, Señor, eres bueno y
clemente, rico en misericordia con los que te invocan» (v. 5). Por tanto, si
somos hijos de un Padre tan grande y bueno, ¡tratemos de parecernos a él! Este
era el objetivo que Jesús se proponía con su predicación. En efecto, decía
a quienes lo escuchaban: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es
perfecto» (Mt 5, 48). Dirijámonos con confianza a María, a quien
ayer invocamos con la advocación de Nuestra Señora del Carmen, para que nos
ayude a seguir fielmente a Jesús, y de este modo a vivir como verdaderos hijos
de Dios.
DOMINGO XVII T.O.
Monición de entrada.-
La misa es el tesoro que tenemos los amigos
de Jesús.
Y este tesoro esconde otro que es el más
grande de todos: Jesús.
Aunque no lo vemos Él está escondido en las
lecturas, la comunión, el sacerdote y nuestro corazón.
Pero para que lo descubramos tenemos que
elegir ser amigos de Jesús.
Si no lo queremos la misa puede ser un rato
aburrido.
Señor,
ten piedad.-
Porque a veces nos aburren tus palabras.
Señor, ten piedad.
Porque a veces no nos las tomamos en
serio. Cristo, ten piedad.
Porque a veces no te buscamos. Señor, ten
piedad.
Peticiones.-
Por el Papa León y nuestro obispo Enrique. Te
lo pedimos, Señor.
Por los sacerdotes, catequistas, monitoras y
monitores Juniors. Te lo pedimos, Señor.
Por las monjas y los frailes que no se han
casado ni tienen hijos por amor a Jesús. Te lo pedimos, Señor.
Por los que les cuesta ser cristianos. Te lo
pedimos, Señor.
Por los campamentos que este verano se están
haciendo en los Juniors y las parroquias. Te lo pedimos, Señor.
Por las personas que les cuesta ser amigos de
Jesús. Te lo pedimos, Señor.
Por nosotros, que cada día intentamos ser
amigos de Jesús. Te lo pedimos, Señor.
Acción de gracias.-
