Lectura del libro del Éxodo 17, 3-7.
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed,
murmuró contra Moisés:
¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de
sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados? Clamó Moisés al Señor y
dijo:
¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me
apedreen.
Respondió el Señor a Moisés:
Preséntate al pueblo llevando contigo algunos ancianos
de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el ´rio y vete,
que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá
de ella agua para que beba el pueblo. Moisés lo hizo así a la vista de los
ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la
reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo:
“¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”.
Textos
paralelos.
¿Qué puedo hacer
con este pueblo?
Nm 14, 10: Pero la comunidad entera hablaba de
apedrearlos, cuando la gloria del Señor apareció en la tienda del encuentro
ante todos los israelitas.
Yo estaré ante ti,
junto a la roca del Horeb.
Nm 20, 10: Ayudado de Aarón, reunió la asamblea delante
de la roca, y le dijo: Escuchad rebeldes: ¿Creéis que podemos sacaros agua de
la roca?
Y llamó a aquel
lugar Masá y Meribá.
Nm 20, 24: Aarón se va a reunir con los suyos, pues no
ha de entrar en la tierra que voy a dar a los israelitas, porque os rebelasteis
contra mí mandato en Meribá.
Dt 6, 16: No tentaréis al señor, vuestro Dios,
poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá.
Dt 9, 22: Luego en Taberá, en Masá y en Quibrot Hatavá
seguisteis provocando al Señor.
Dt 32, 51: Porque os portasteis mal conmigo en medio de
los israelitas, en la Fuente de Meribá, en Cadés, en el desierto de Sin, y no
reconocisteis mi santidad en medio de los israelitas.
Dt 33, 8: Para tus leales los tumim y urim. Los pusiste
a prueba en Masá, los desafiaste en Meribá.
Sal 95, 8: No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de la prueba en el desierto.
Sal 106, 32: Lo irritaron junto a Meribá y por su causa
le fue mal a Moisés.
Notas
exegéticas.
17 Un milagro análogo es narrado en Nm 20, 1, 13,
que los sitúa en la región de Cadés. Aquí es localizado en Refidín, la última
etapa antes del Sinaí. Si prescindimos de la noticia de la partida y de la
acampada, que es de tradición sacerdotal, el relato parece combinar elementos
de las tradiciones yahvista y elohísta. Nos encontramos otra vez con el tema de
las murmuraciones en el desierto.
17 5 El cayado de Moisés es el emblema del poder
divino que opera por medio de él para liberar a Israel (plagas de Egipto, pasa
del mar). Es la fuerza misma de Yahvé, que aquí permite a Israel apagar la sed.
17 6 “del Horeb” parece ser una glosa del lector.
Algunos rabinos suponían que la roca había seguido a los israelitas en sus
peregrinaciones. Respecto de la designación del mismo Dios como roca ver Sal
18, 3.
17 7 Masá: tentación. Meribá:
querella.
Salmo
responsorial
Sal 95 (94), 1-2.6-9.
Ojalá
escuchéis hoy la voz del Señor:
“No
endurezcáis vuestro corazón! R/.
Venid,
aclamemos al Señor,
demos
vítores a la Roca que nos salva;
entremos
a su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos. R/.
Entrad,
postrémonos por tierra
bendiciendo
al Señor, Creador nuestro.
Porque
él es nuestro Dios
y
nosotros su pueblo,
el
rebaño que él guía. R/.
Ojalá escuchéis hoy su
voz:
“No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como
el día de Masá en el desierto:
cuando
vuestros padres me pusieron a prueba
y
me tentaron, aunque habían visto mis obras”. R/.
Textos
paralelos.
Aclamemos a la
Roca que nos salva.
Dt 32, 15: Comió Jacob hasta saciarse, engordó mi
cariño, y tiró coces – estabas gordo y cebado y corpulento – y rechazó a Dios,
su creador: deshonró a su Roca salvadora.
Porque él es
nuestro Dios.
Sal 100, 3: Sabed que el Señor es Dios, él nos hizo y
somos suyos, pueblo suyo y ovejas de su aprisco.
Nosotros somos su
pueblo.
Ez 34, 1: Me dirigió la palabra el Señor: “Hijo de Adán,
profetiza contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles: ¡Pastores!,
esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí
mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?”.
Sal 23, 1-4: El señor es mi pastor: nada me falta. En
verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara
mis fuerzas; me guía por senderos oportunos como pide su título. Aunque camine
por cañadas oscuras, nada temo: Tú vas conmigo; tu vara y tu cayado me
sosiegan.
Sal 80, 2: Pastor de Israel, escucha; tú que guías a
José como a un rebaño; en tu trono de querubines resplandece.
No seáis tercos
como en Meribá.
Ex 19, 5: Por tanto, si queréis obedecerme y guardar mi
alianza, entre todos los pueblos seréis mi propiedad, porque es mía toda la
tierra
Hb 3, 7-11: En consecuencia, como dice el Espíritu
Santo: Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis el corazón como cuando lo
irritaron, el día de la prueba en el desierto, cuando vuestros padres me
pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis acciones durante
cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación y dije: Su mente
siempre se extravía y no reconoce mis caminos. Por eso, airado, juré: No
entrarán en mi descanso.
Como el día de
Masá en el desierto.
Sal 81, 9: Escucha, pueblo mío, que te amonesto, Israel,
ojalá me escuches.
Ex 17, 1-7: La comunidad israelita se alejó del desierto
de Sin por etapas, según las órdenes del Señor, y acamparon en Rafidín, donde
el pueblo no encontró agua de beber. El pueblo se encaró con Moisés, diciendo:
“Danos agua de beber”. Él respondió: “¿Por qué os encaráis conmigo y tentáis al
Señor?”. Pero el pueblo, sediento, protestó contra Moisés: “¿Por qué nos has
sacado de Egipto, para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y al
ganado?”. Moisés clamó al Señor: “¿Qué hago con este pueblo? Por poco me
apedrean”. El señor respondió a Moisés: “Pasa delante del pueblo, acompañado de
las autoridades de Israel, empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y
camina; yo te espero allí, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca y saldrá
agua para que beba el pueblo”. Moisés lo hizo ante las autoridades israelitas y
llamó al lugar Masá y Meribá, porque los israelitas se habían careado y habían
tentado al Señor preguntando: “¿Está o no está con nosotros el Señor?”.
Nm 20, 2-13: Faltó agua al pueblo y se amotinaron contra
Moisés y Aarón. El pueblo se encaró con Moisés, diciendo: “¡Ojalá hubiéramos
muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué has traído a la
comunidad del Señor a este desierto, para que muramos nosotros y nuestras
bestias? ¿Por qué nos has sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible,
que no tiene grano, ni higueras, ni viñas, ni granados, ni agua para beber?”.
Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la entrada de la
tienda del encuentro, y delante de ella se echaron rostro en tierra. La gloria
del Señor se apareció, y el señor dijo a Moisés: “Agarra el bastón, reúne a la
asamblea tú con tu hermano Aarón, y en presencia de ellos ordenad a la roca que
dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a las bestias”.
Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba; ayudado de
Aarón, reunió la asamblea delante de la roca, y les dijo: Escuchad, rebeldes:
“¿Creéis que podemos sacaros agua de esta roca?”. Moisés alzó la mano y golpeó
la roca con el bastón dos veces, y brotó agua tan abundante que bebió toda la
gente y las bestias. “El Señor dijo a Moisés y a Aarón: Por no haberme creído,
por no haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no haréis
entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar. (Esta es Meribá, donde
los israelitas se carearon con el Señor, y él les mostró su santidad”.
Allí vuestros
padres me probaron.
Dt 6, 16: No tentaréis al Señor, vuestro Dios,
poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá.
Dt 33, 8: Para tus leales los tumim y urim. Los pusiste
a prueba en Masá, los desafiaste en Meribá.
Nm 14, 22: “Ninguno de los hombres que vieron mi gloria
y los signos que hice en Egipto y en el desierto, y me han puesto a prueba, ya
van diez veces, y no me han obedecido, verá la tierra que prometí a sus padres,
ninguno de los que me han despreciado la verá”.
Sal 78, 8: Para
que no imitaran a sus antepasados: generación rebelde y contumaz, generación de
corazón inconstante, de espíritu desconfiado de Dios.
Sal 78, 37: Su corazón no era constante con
él ni eran fieles a su alianza.
Dt 32, 18: ¡Despreciaste a la Roca que te
engendró, y olvidaste al Dios que te guió!
Jb 21, 14: Ellos que decían a Dios:
“Apártate de nosotros, que no nos interesan tus caminos”.
Sal 132, 8: ¡Levántate, Señor, ven a tu
descanso, ven con el arca de tu poder!
Sal 132, 14: Este es mi descanso para
siempre, aquí habitaré, porque lo quiero.
Nm 14, 30: No entraréis en la tierra donde juré que os
establecería. Solo exceptúo a Josué, hijo de Nun, y a Caleb, hijo de Jefoné.
Nm 14, 34-35: Contando los días que explorasteis la
tierra, cuarenta días, cargaréis con vuestra culpa un año por cada día,
cuarenta años. Para que sepáis lo que es desobedecerme. Yo, el Señor, juro que
trataré así a esa comunidad perversa que se ha amotinado contra mí: en el
desierto se consumirán y en él morirán.
Dt 12, 9: Porque no habéis alcanzado todavía vuestro
reposo, la heredad que va a darte el Señor, tu Dios.
Notas exegéticas.
95 Himno procesional, recitado, quizá en la
fiesta de las Tiendas.
95 1 Alusión, repetida en el v. 8, a la roca de
donde brotó el agua en el desierto, Ex 17, 1s, o a la roca sobre la que se
hallaba edificado el Templo, 2 S 24, 18.
95 8 Meribá significa “disputa” y Masá
“tentación”.
Segunda
lectura.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los
Romanos 5, 12-19
Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo,
y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres,
porque todos pecaron… Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo,
pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte
reinó, desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una
trasgresión como la de Adán, que era figura del que había que venir. Sin
embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo
murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgando en virtud
de un hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos. Y tampoco hay
proporción entre la gracia y el pecado de uno: pues el juicio, a partir de uno,
acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en
justicia. Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través
de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de
la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo. En
resumen: lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así
también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos. Pues,
así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos
pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos
justos.
Palabra de Dios.
Textos
paralelos.
Por una persona
entró el pecado en el mundo.
1 Co 15, 21-22: Si por un hombre vino la muerte, por un
hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en
Cristo todos serán vivificados.
Sb 2, 23-24: Dios creó al hombre incorruptible / y lo
hizo a imagen de su propio ser; / mas por envidia del diablo entró la muerte en
el mundo, / y la experimentan los de su bando.
Gn 3, 17: A Adán le dijo: “Por haber hecho caso a tu
mujer / y haber comido del árbol del que te prohibí, / maldito el suelo por tu
culpa: / comerás de él con fatiga mientras vivas”.
Gn 3, 19: “Comerás el pan con sudor de tu frente, /
hasta que vuelvas a la tierra, / porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo
y al polvo volverás”.
Rm 6, 23: Porque la paga del pecado es la muerte,
mientras que el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Rm 3, 23: Y ahora, ¿dónde está la gloria? Queda
eliminada. ¿En virtud de qué ley? ¿De la ley de las obras? No, sino en virtud
de la ley de la fe.
Rm 4, 15: Pues la ley provoca ira; ya que donde no hay
ley, tampoco hay transgresión.
Rm 7, 7: Entonces, ¿qué diremos?, ¿Qué la ley es pecado?
¡En absoluto! Pero ocurre que yo no he conocido el pecado sino a través de la
ley. Pues yo no habría conocido el deseo, si la ley no dijera: No desearás.
Por la obediencia
de uno todos serán constituidos justos.
Is 53, 11: Port trabajos de su alma verá la luz, / el
justo se saciará de conocimiento. / Mi siervo justificará a muchos, / porque
cargó con los crímenes de ellos.
Notas
exegéticas:
5 Tema de la
segunda parte, 5-8, el cristiano justificado halla en el amor de Dios y el don
del Espíritu la garantía de su salvación. Los vv. 1-11, introducción de la
sección Rm 5-8, se orientan al futuro, mientras que los vv. 12-21 se vuelven al
pasado para subrayar, en contraposición a la figura de Adán, el papel único de
Cristo, por quien toda gracia ha sido dada en plenitud.
5 12 (a) El
pecado habita en el hombre, mas como la muerte, castigo del pecado, ha entrado
en el mundo a consecuencia del pecado de Adán, Pablo deduce que el mismo pecado
ha entrado en la humanidad por medio de esta falta inicial; es la doctrina del
pecado original que interesa aquí al Apóstol por el paralelismo que le ofrece entre
la obra nefasta del primer Adán y la reparación sobreabundante del último Adán.
Si Cristo salva a la humanidad, lo hace como nuevo Adán, imagen según la cual
restaura Dios su creación.
5 12 (b) El
pecado, separa al hombre de Dios. Esta separación es la muerte: muerte
espiritual y eterna, cuya señal es la muerte física.
5 12 (c) La
proposición del v. 12 d se puede interpretar como oración de relativo (“por lo cual”),
o como una circunstancial causal (“por cuanto”, “por el hecho de que”), o
consecutiva (“ya que”). La traducción propuesta aquí expresa el interés de
Pablo en subrayar el hecho universal del pecado desde el principio: 1º pecado
de uno solo, 2º que tiene como consecuencia la muerte de todos; 3º
seguidamente, la situación de pecado, 4º, y finalmente, la venida de la ley
mosaica y su función.
5 14 “figura”,
semejante pero imperfecta. Por lo mismo, la comparación, esbozada en el v. 12 e
interrumpida por el largo paréntesis de los vv. 13 y 14, se transforma en el v.
15 en un contraste.
5 15 Este
“todos” incluye a todos los hombres.
5 18 Tras los
argumentos a fortiori de los tres versos precedentes, Pablo retoma la
comparación del v. 12.
5 19 No solo
en el Juicio final (para Pablo, la justificación es actual), sino conforme los
hombres van renaciendo, en Jesucristo.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio
según san Juan 4, 5-42.
En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaría
llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el
manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado, junto al
manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaría a sacer agua, y Jesús le
dice:
-Dame de beber.
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice:
-¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy
samaritana?
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó:
-Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide
de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
-Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde
sacas el agua viva?, ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este
pozo y de él bebieron él y sus hijos con sus ganados?
Jesús le contestó:
-El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el
que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré
se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta a la vida eterna.
La mujer le dice:
-Señor, dame esa agua: así no tendré más sed ni tendré
que venir aquí a sacarla.
Él le dice:
-Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta:
-No tengo marido.
Jesús le dice:
-Tienes razón que no tienes marido, has tenido ya cinco
y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice:
-Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres
dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar
culto está en Jerusalén.
Jesús le dice:
-Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este
monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no
conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de
los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que
quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el
Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto
deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
-Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga,
él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
-Soy yo: el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que
estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: “¿Qué preguntas o de
qué le hablas?”.
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y
dijo a la gente:
-Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he
hecho; ¿será este el Mesías?
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde
estaba él. Mientras tanto, sus discípulos le insistían:
-Maestro, come.
Él les dijo:
-Yo tengo por comida un alimento que vosotros no
conocéis.
Los discípulos comentaban entre ellos:
-¿Le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dijo:
-Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y
llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses
para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos,
que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y
almacenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y
segador. Con todo, tiene razón el proverbio: “Uno siembra y otro siega”. Yo os
envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el
ruto de sus sudores.
En aquel pueblo, muchos samaritanos creyeron en él por
el testimonio que había dado la mujer: “Me ha dicho todo lo que he hecho”. Así,
cuando llegaron a verlo los samaritanos le rogaban que se quedara con ellos. Y
se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a
la mujer:
Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo
hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.
Textos
paralelos.
Se enteró de que
había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más discípulos.
Jn 3, 22-23: Algo después Jesús con sus discípulos se
dirigió a Judea: allí se quedó con ellos y se puso a bautizar. También Juan
bautizaba en Ainón, cerca de Salín, donde había agua abundante. La gente acudía
y se bautizaba.
No era Jesús mismo
el que bautizaba, sino sus discípulos.
Lc 9, 52-55: Y despachó por delante mensajeros. Ellos
fueron y entraron en una aldea de samaritanos para preparársela . Pero estos no
lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. Al verlo, Juan y Santiago, sus
discípulos, dijeron: “Señor, ¿quieres que mandemos que caiga un rayo del cielo
y acabe con ellos?”. Él se volvió y los reprendió.
Llegó a un pueblo
de Samaría llamado Sicar, cerca de la heredad que Jacob legó a su hijo José.
Gn 33, 18-20: Jacob llegó sano y salvo a Siquén, en
tierra de Canaán, proveniente de Padán Aram, y acampó fuera, frente a la
ciudad. Y el terreno donde plantó las tiendas se lo compró a los hijos de
Jamor, antepasado de Siquén, por cien monedas. Allí levantó un altar y lo
dedicó al Dios de Israel.
Gn 48, 21-22: Israel dijo a José: “Yo estoy para morir.
Dios estará con vosotros y os llevará otra vez a la tierra de vuestros padres.
Yo te entrego Siquén, con preferencia a tus hermanos, la que conquisté a los
amorreos con mi espada y mi arco”.
Allí estaba el
pozo de Jacob.
Jos 24, 32: Los huesos de José, traídos por los
israelitas de Egipto, los enterraron en Siquén, en el campo que había comprado
Jacob a los hijos de Jamor, padre de Siquén, por cien pesos, y que pertenecía a
los hijos de José.
Era
alrededor de la hora sexta.
Jn 19, 14: Era la víspera de Pascua, al
mediodía. Dice a los judíos: “Ahí tenéis a vuestro rey”.
Dame
de beber.
Jn 19, 28: Después Jesús, sabiendo que todo había
terminado, para que se cumpliese la Escritura, dice: “Tengo sed”.
Me pides de beber
a mí que soy una mujer de Samaría.
Lc 10, 33: Un samaritano que iba de camino llegó adonde
estaba, lo vio y se compadeció.
Lc 17, 15-16: Uno de ellos, viéndose curado, volvió
glorificando a Dios en vuz alta, y cayó de bruces a sus pies, dándole gracias.
Era samaritano.
Si conocieras el
don de Dios.
Jn 3, 16: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo
único, para que quien crea no perezca, sino tenga vida eterna.
Hch 8, 20: Pedro le replicó: “¡Así perezcas tú con tu
dinero!, si crees que el don de Dios está en venta.
¿Cómo es que
tienes esa agua viva?
Jn 6, 31-32: Nuestros padres comieron el maná en el
desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. Les respondió
Jesús: Os lo aseguro, no fue Moisés quien os dio pan del cielo; es mi Padre
quien os da el verdadero pan del cielo.
¿Te crees más que nuestro padre Jacob?
Jn 8, 53: ¿Por quién te tienes?
Pero el que beba
del agua que yo le dé no tendrá sed jamás.
Jn 6, 35: Yo soy el pande vida: el que acude a mí no
pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed.
Jn 7, 37-39: El último día, el más solemne de la fiesta,
Jesús se puso en pie y exclamó: “Quien tenga sed acuda a mí a beber, quien crea
en mí. Así dice la Escritura: De sus entrañas manarán ríos de agua viva. (Se
refería al Espíritu que habían de recibir los creyentes en él: todavía no se
daba Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado”.
Se convertirá en
él en fuente de agua.
Is 58, 11: El Señor te guiará siempre, en el desierto
saciará tu hambre, haré fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un
manantial de aguas cuya vena nunca engaña.
Le
dijo la mujer: Señor dame de esa agua, para no volver a tener sed.
Jn 6, 34: Le dijeron: “Señor, danos siempre
de ese pan”.
Jn 2, 19: Jesús les dijo: “Derribad este
templo y en tres días lo reconstruiré”.
No
tengo marido.
Jn 1, 48: Le pregunta Natanael: “¿De qué me conoces?”.
Jesús le contestó: “Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera”.
Señor, veo que
eres más que un profeta.
Mt 16, 14: Contestaron: “Unos que Juan el Bautista,
otros que Elías, otros que Jeremías o algún otro profeta”.
Decís que el lugar
donde se debe adorar es Jerusalén.
Dt 12, 5: Vosotros iréis a visitar la morada del Señor,
el lugar que el Señor vuestro Dios, se elija en una de las tribus, para poner
allí su nombre.
Vosotros adoráis
lo que no conocéis.
2 R 17, 27-33: El rey de Asur ordenó: “Llevad allá uno
de los sacerdotes deportados de Samaría, para que se establezca allí y les
enseñe los ritos del dios del país”. Uno de los sacerdotes deportados de
Samaría fue entonces a establecerse en Betel, y les enseñó cómo había que dar
culto al Señor. pero todos aquellos pueblos se fueron haciendo sus dioses, y
cada uno en la ciudad donde vivía los pusieron en las ermitas de los altozanos
que habían construido los de Samaría. Los de Babilonia hicieron a Sucot-Benot;
los de Cutá, a Nergal; los de Jamat, a Asima; los de Avá, a Nibjás y Tartac;
los de Sefarvain sacrificaban a sus hijos en la hoguera en honor de sus dioses
Adramélec y Anamélec. También daban culto al Señor; nombraron sacerdotes a
gente de la masa del pueblo, para que oficiaran en las ermitas de los
altozanos. De manera que daban culto al Señor y a sus dioses, según la religión
del país de donde habían venido.
La salvación viene
de los judíos.
Rm 9, 4-5: Son israelitas, adoptados como hijos de Dios,
tienen su presencia, las alianzas, el culto, las promesas, los patriarcas; de
su linaje carnal desciende el Mesías. Sea por siempre bendito el Dios que está
sobre todo. Amén.
Adorarán al Padre
en Espíritu y en verdad:
Jn 4, 32: Él les dijo: “Yo tengo un sustento que
vosotros no conocéis”.
Se que va a venir
el Mesías, el llamado Cristo.
Dt 18, 18-22: Suscitaré un profeta de entre sus
hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le
mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, o le pediré
cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo
no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta
morirá. Y si te preguntas: “¿Cómo distinguir si una palabra no es palabra del
Señor”. Cuando un profeta hable en nombre del señor y no suceda ni se cumpla su
palabra, es algo que no dice el Señor; ese profeta habla por arrogancia, no le
tengas miedo”.
Yo soy, el que
está hablando.
Jn 9, 37: Jesús le dijo: “Lo has visto: es el que está
hablando contigo”.
Jn 8, 24: Os dije que moriréis por vuestros pecados. Si
no creéis que Yo soy, moriréis por vuestros pecados.
Is 52, 6: Por eso mi pueblo reconocerá mi nombre,
comprenderá aquel día que era yo el que hablaba y aquí estoy.
Mi alimento es
hacer la voluntad del que me ha enviado.
Dt 8, 3: El que te afligió, haciéndote pasar hambre, y
después te alimentó con el maná – que tú no conocías ni conocieron tus padres –
para enseñarte que el hombre no vive solo de pan, sino de todo lo que sale de
la boca de Dios.
Jn 1, 1: Al principio ya existía la Palabra y la Palabra
se dirigía a Dios, y la Palabra era Dios.
Jn 6, 38-40: Porque no bajé del cielo para hacer mi
voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del que me
envió, que no pierda a ninguno de los que me confió, sino que los resucite el
último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre, que todo el que contempla
al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.
Y
llevar a cabo su obra.
Jn 17, 4: Yo te he dado gloria en la tierra
cumpliendo la tarea que me encargaste hacer.
Jn 19, 30: Jesús tomó el vinagre y dijo:
Está acabado. Dobló la cabeza y entregó el espíritu.
Alzad
los ojos y ved los campos que amarillean ya para la siega.
Mt 9, 37-38: Entonces dijo a los discípulos: “La mies es
abundante, los braceros son pocos. Rogad al amo de la mies que envíe braceros a
su mies”.
Lc 10, 2: Les decía: La mies es mucha, los braceros
pocos; rogad al amo de la mies que envíe braceros a la mies.
Yo os
he enviado a segar, donde vosotros no os habéis fatigado.
Jn 17, 18: Como me enviaste al mundo, yo
los envié al mundo.
Jn 20, 21: Jesús les repitió: “Paz con
vosotros. Como el Padre me envió, yo os envío a vosotros”.
Hch 8, 14-17: En Jerusalén se enteraron los apóstoles de
que Samaría había aceptado la palabra de Dios y les enviaron a Pedro y Juan.
Los cuales bajaron y rezaron para que recibieran el Espíritu Santo; pues
todavía no había bajado sobre ninguno; solo estaban bautizados para el nombre
del señor Jesús. Les imponían las manos y recibieron el Espíritu Santo.
Ya no creemos por
tus palabras, pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que este es
verdaderamente el Salvador del mundo.
Jn 1, 9: La luz verdadera que ilumina a todo hombre
estaba viniendo al mundo.
Notas
exegéticas Biblia de Jerusalén.
4 5 La
antigua Siquén (Sicara en arameo), o la actual aldea de Askar, al pie
del monte Ebal, a unos mil metros del pozo de Jacob. De este pozo no se habla
en Gn.
4 5 Mediodía.
4 9 Omisión
del paréntesis. – Los judíos odiaban a los samaritanos y explicaban su origen
por la inmigración forzada de cinco grupos paganos, que en parte siguieron
fieles a sus dioses simbolizados por cinco maridos del v. 18.
4 10 La
oposición entre aguas estancadas (o muertas) y aguas corrientes (o vivas) era
ya clásica (Jr 2, 13). Como en la entrevista con Nicodemo, Jesús se da
paradójicamente a conocer mediante una serie de malentendidos.
4 11 El
título Kryie parece aquí simplemente respetuoso, sin carga teológica.
4 14 Alusión
a Pr 18, 4 (LXX): “Un agua profunda en la palabra en el corazón de los hombres,
un río que brota, una fuente de vida”. El agua que de Cristo es, pues, su
palabra, su enseñanza llena de sabiduría divina. El que guarda esta palabra no
verá la muerte jamás, vivirá para siempre, el agua simboliza el Espíritu Santo.
4 18 Los
cinco maridos simbolizaban a los dioses importados por cinco poblaciones
paganas, según 2 R 17, 24. El dios de los cananeos se llamaba Ba’al,
pero esta palabra se había convertido en un nombre común para designar a los
falsos dioses. Como en las lenguas semíticas la palabra ba’al significa
también “marido”, tendríamos aquí el juego de palabras, intraducible en griego
que habría tomado de Os 2, 18-19, texto que anuncia la conversión de Samaría.
4 19 Al
constatar que Jesús conoce los secretos de su vida la mujer le saluda como a un
hombre de Dios y le invita a aclarar la cuestión decisiva del verdadero culto.
4 20 El monte
Garizin, sobre el cual los samaritanos habían construido un templo, rival de
Jerusalén, Juan Hircano lo había destruido en el 129.
4 23 El
Espíritu, principio del nuevo nacimiento es también principio del nuevo culto,
culto espiritual. Este culto es en verdad, porque solo un culto así responde a
la revelación que de él hace Dios por Jesús.
4 25 Mejor
que anunciará. En lenguaje apocalíptico el verbo empleado significa desvelar,
explicar.
4 26 Más allá
de la declaración mesiánica, la respuesta podría tener intenciones teológicas
más amplias: Jesús se aplica la fórmula de revelación de Yahvé a Moisés: “Yo
soy”.
4 27 No se
trata solo de que Jesús contraviene la costumbre que se oponía a que un hombre
conversase con una mujer desconocida; los discípulos quizá se extrañan sobre
todo de que Jesús haya transmitido la Palabra a una mujer, además samaritana.
4 28 Ver Gn
24, 28. El relato cobra todo su relieve si se unen los vv. 28-289 a las vv.
16-18. Variante: “se fue”, verbo mateano que Juan no usa en ningún otro sitio.
4 34 Como
Moisés, 12, 49, como Jeremías, 10, 36, Jesús ha sido enviado por Dios, a quien
llama “El que me ha enviado, y passim. Toda su vida se consagra, pues, a
hacer la voluntad de quien le ha enviado a llevar a cumplimiento la obra de
Dios que es salvar a la humanidad dándole la vida eterna. Esta obediencia la
llevará hasta la muerte y la última palabra de Cristo agonizante en la cruz
será afirmar que “todo está cumplido”.
4 35 La mies
espiritual, cuyas primicias son los samaritanos que van llegando.
4 38 Los
discípulos serán los cosechadores de los últimos tiempos; recogerán lo que ha
costado fatigas y sufrimientos a los sembradores: alusión a los antiguos
profetas y, sobre todo, al propio Jesús.
4 41 No hay
necesidad de milagros para unirse a Cristo y creer en su misión: la palabra que
él nos transmite de parte de Dios debe bastar para convencernos.
4 42 El
título de “Salvador” era a veces aplicado a Dios en el AT (Is 19, 20; 43, 3),
pero a veces también al emperador en el mundo helenístico. Los escritores del
NT lo aplican generalmente a Jesús (Mt 1, 21; Lc 1, 47; Hch 5, 31; Flp 3, 20);
Juan es el único que utiliza la expresión “Salvador del mundo”, que subraya la
universalidad de la salvación
Notas
exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica.
5 SICAR: a un
kilómetro de Siquén; en tiempo de Jesús no llegaba a ser ciudad (destruida en
el año 107 a. C., no había sido reedificada), sino solo una pequeña aldea.
4-42 El
ejemplo de la santa de Ávila nos invita a leer esta página: “¡Oh, qué de veces
me acuerdo del agua viva que dijo el Señor a la samaritana!, y así soy muy
aficionada a aquel evangelio”.
6 (La)
FUENTE: en los vs. 11-12 se habla, con más exactitud, de un pozo. //
FATIGADO DEL CAMINO: Jn sabe unir los extremos de la gloria de Jesús y el
realismo de su carne: la fatiga, la sed, las lágrimas, la preocupación, la
turbación, la amistad humana. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, estaba libre
incluso de la ascesis (también en esto era superior al Bautista); pero su vida
no fue cómoda; la pobreza y las dificultades materiales le acompañaron durante
largas jornadas agotadoras. // (LA) HORA SEXTA, el mediodía: lit. hora era
como sexta.
7 DAME DE
BEBER: nota realista de Dios, que mendiga un sorbo de agua e introducción al
tema central del diálogo: “¡Oh, qué sed tiene de dar! (…) Sed tiene de que
apaguemos la nuestra” (B. Gracián). “¡Qué leves y qué baratos son los pedidos
de Dios, del rey Cristo a sus vasallos. Pide para dar. El negarle a Dios lo que
nos pide nace de que no conocemos que su pedir es dádiva. ¿Qué nos pide, que no
sea para darnos? (Quevedo). Lo que más necesitaba y debía pedir la mujer era conocimiento
interno de Cristo.
9 JUDIOS Y
SAMARITANOS se odiaban; estos, desde la caída de Samaría (721 a. C.) formaban
una población heterogénea; los judíos los consideraban cismáticos, medio
paganos, y más desde que en una fiesta de Pascua (años 6-9 d. C.) los
samaritanos profanaron el templo de Jerusalén esparciendo en él huesos humanos.
10 En el
diálogo literal hay formulas introductorias estereotipadas: “respondió Jesús y
dijo ella” (vs. 10.13), “respondiendo la mujer y dijo él” (v. 17). // Todo el
relato está orientado hacia la revelación de la identidad de Jesús; la mujer
samaritana, cuyo auténtico pecado, del que brota su vida moral desquiciada, es no
conocer a Jesús, ha de ir aceptando EL DON DE DIOS (“el don de la verdad”:
1, 14), creciendo en conocimiento de fe. Conocer es el primer paso de la
conversión. Jesús sí adora “lo que conoce”; los demás no adoran porque no
conocen: SI HUBIERAS CONOCIDO (V. 10), “adoráis lo que no conocéis” (v.
22), “vosotros no conocéis” (v. 32). En la samaritana hay avance en ese
conocimiento: Jesús es “un judío” (v. 9), tal vez es “más que Jacob” (v. 12);
es “un profeta” (v. 19); sin duda es “el Mesías” (v. 29). Al final los
samaritanos lo definen del todo: “Sabemos que es el Salvador del mundo” (v.
42). // SI HUBIERAS CONOCIDO… LE HABRÍAS PEDIDO…: o bien: si conocieras… le
pedirías…// AGUA VIVA (cf. Jr 2, 13): la que brota y corre limpia, en
oposición al agua estancada; símbolo bíblico de bendición y fecundidad en el
desierto, y prefiguración de los tiempos mesiánicos. En el rabinismo, “las
palabras de la Ley son comparadas al agua” (Sifré Deuteronomio 11, 22); aquí es
símbolo de la revelación conocimiento de Jesús.
12 MÁS (lit. mayor):
más importante.
13-14 Conocer
a Jesús es beber AGUA que fluye como MANANTIAL, perenne y comunica VIDA ETERNA.
A partir de la “glorificación de Jesús” (7, 39), ese conocimiento de fe se da
en la Iglesia gracias a la acción del Espíritu Santo, que nos acerca la
revelación: “… las fuentes de agua, que es en la Escritura la gracia del
Espíritu, que refresca y cría y engruesa y sustenta”, decía fray Luis de León;
o, según san Juan de la Cruz, “esta agua era el Espíritu que habían de recibir
en su fe (cf. Jn 7, 39) los creyentes”.
20 Los
samaritanos había construido al sur de Siquén, en el MONTE Garizín, un templo
cismático que fue destruido por Juan Hircano (129 d. C.).
21 Y ES ESTA:
lit. y ahora es. // EN (EL) ESPÍRITU Y (EN LA ) VERDAD, dice mucho más
que espiritualmente (en oposición al culto exterior) y verdaderamente
(con autenticidad). La adoración al Padre es suscitada por el Espíritu de
Dios (Rm 8, 26), que lo hace orar “injertado” en el Hijo, en Jesús (que
es “la Verdad”).
24 SUS
ADORADORES… (EN LA) VERDAD: los verdaderos adoradores han de adorar al Padre
en Espíritu – e. d., movidos por el Espíritu – y en la Verdad – por
la presencia permanente de Cristo en ellos –. “El Señor dijo que hay que adorar
en Espíritu y en Verdad, destinándose ciertamente a sí mismo como la Verdad”
(san Basilio Magno). El culto cristiano (interno y externo) querido por Dios,
nace cuando se acepta la revelación de Cristo y se siguen las mociones del
Espíritu del Padre y del hijo. “Nosotros somos verdaderos adoradores y
verdaderos sacerdotes cuando, orando en espíritu, en espíritu ofrecemos el
sacrificio de la oración, víctima propia de Dios y agradable a Él, la que Él
pidió y preparó para sí” (Tertuliano).
26 En la cima
del relato; Jesús se revela, se da a conocer: “YO SOY” (CF. 6, 20; 8,
24.289.58; 13, 19; 18, 5. 8; Mc 6, 50; Mt 14, 27). Jesús se coloca en el nivel
de Dios, expresando su ser eterno. Esta fórmula suele completarse añadiendo un
predicado: “Yo soy el pan”, “Yo soy el camino”, etc.
27 Hablar CON
UNA MUJER era una de las seis cosas que tenían prohibidas los discípulos de los
rabinos (Talmud Berakot 6, 6). // QUE QUIERES: o qué buscas, e. d. , que
pretendes al hablar con él.
28 A LA
GENTE: lit. a los hombres.
29 Lit.
venid, ved hombre que dijo a mí todas cuantas cosas (o, según otros
manuscritos, las cosas que) hice, acaso no este es el Cristo.
32 También
para los apóstoles se conjuga el verbo “no conocer”; su ignorancia, en este
caso, tiene como objeto la voluntad del Padre sobre Jesús.
34 Lo que
aseguró y unificó la vida interior de Jesús, y su reflejo externo, fue la
orientación profunda de todo su ser humano-divino hacia el querer del Padre.
Esa unión de voluntades solo se explica por la filiación divina de Jesús. // El
QUE ME ENVIÓ: en Jn es casi expresión consagrada, que define a Jesús como enviado
(=apóstol) del Padre.
35 La
experiencia popular – expresada literalmente todavía cuadrimestre hay – en
boca de los discípulos que siguen sin comprender, queda corregida por Jesús:
“No tenéis que esperar, la mies ya está granada”, los samaritanos vienen ya en
busca de la luz, empieza la cosecha (cf. Hch 8, 25). // ESTÁN DORADAS: lit. blancas
están.
36-37 EL
REFRÁN: lit. la palabra.
38 OS ENVÍO: el tiempo gramatical griego es
aoristo.
42 PORQUE TÚ
LO DECÍAS: lit. por medio de tu habla. // EL SALVADOR DEL MUNDO: el
título de “Salvador” aplicado a Jesús no es de los más antiguos en los textos
del NT, pero la Iglesia primitiva entendió pronto que Jesús (= Yahvé salva)
era verdaderamente lo que significa: el Salvador (cf. 1, 29; 3, 17; 12, 47).
Notas
exegéticas desde la Biblia Didajé:
4, 1-45 Las
doce tribus originarias de Israel, que se asentaron en Canaán se acabaron
dividiendo en un reino meridional, que estaba constituido principalmente por
dos tribus con capital en Jerusalén, y un reino septentrional, que estaba
constituido por las otras diez tribus con capital en Samaría. En el siglo VIII
a. C., los asirios conquistaron el reino septentrional, desterrando a una parte
de las tribus y asimilando, por medio de matrimonios, a las tribus que tenían
permitido quedarse. De un modo similar, el reino meridional sufrió el exilio
parcial a manos de los babilonios dos siglos más tarde. Durante este tiempo, se
desarrollaron algunas creencias y prácticas divergentes entre los dos reinos,
pero ninguna fue más problemática que la del lugar del verdadero Templo. El
reino meridional, los samaritanos, construyeron un templo en el monte Garizim,
al creer que era el sitio que Dios había elegido como centro de culto mejor que
en Jerusalén. Este templo fue destruido en el siglo II a. C. por el rey judío.
Los samaritanos solo reconocieron el Pentateuco como Escritura Sagrada propia,
y por ello no estaban familiarizados con la literatura de la Sabiduría y los
escritos de los profetas. Los samaritanos mismos preferían ser llamados
israelitas y creían ser los verdaderos descendientes de Moisés. En tiempos de
Jesús, los judíos y samaritanos se despreciaban públicamente, y a menudo eran
hostiles los unos con los otros.
4, 4 En
tiempos de Jesús, había dos rutas principales que iban de Judea a Galilea: una,
que seguía el recorrido del río Jordán y, otra ruta, más corta, que atravesaba
Samaría. Como los judíos consideraban impuros a los samaritanos, normalmente
tomaban la ruta más larga. El texto dice que Cristo estaba cansado por la ruta
(v. 6), como era humano en todos los sentidos menos en el pecado, experimentó
las condiciones humanas de fatiga, hambre y sed. Cat. 544-545.
4, 9 Los
judíos no hablaban con los samaritanos, a quienes consideraban herejes y
pecadores. Un hombre judío, especialmente un rabino, nunca hablaría con una
mujer en público, y menos todavía si ella era samaritana. En cierto modo, la
impureza de los samaritanos se extendía incluso al agua de un poco samaritano.
Cat. 579.
4, 10 Cristo
se refería al agua viva del Espíritu Santo y el agua del bautismo, que conceden
la vida verdadera. Entre los manantiales de oración de los cuales podemos sacar
agua están la Eucaristía, la Escritura y la liturgia, además de las virtudes
teologales. Cat. 694, 728, 1137, 2560-2561, 2652-2658.
4, 18 La
historia de la vida de la mujer es vista como una alegoría de la historia del
conflicto samaritano. Durante los años de la conquista asiria cinco tribus
extranjeras se mezclaron con los israelitas del antiguo Reino del Norte, y cada
uno introdujo en la región su propia divinidad o Baal, que quiere decir
“señor” o “marido”. También cabe recordar que tres patriarcas del Antiguo
Testamento (Isaac, Jacob y Moisés) conocieron a sus futuras mujeres en un pozo
(Génesis 24, 10-20; 29, 10-20; Ex 2, 15-21). De manera alegórica, podía parecer
que Cristo animaba a los samaritanos a arrepentirse de sus pecados y les
invitaba a comprometerse con él, el Esposo y único y verdadero Dios. Cat. 401,
710.
4, 20 Los
samaritanos creían que el Monte Garizim era el lugar donde Abrahán estuvo a
punto de sacrificar a su hijo Isaac, y donde se ordenó a Josué que construyera
un altar para realizar ofrendas de paz a Dios. Cat. 435.
4, 23 Esto
es, una sutil referencia a la próxima destrucción de Jerusalén. En la Nueva
Alianza, el culto no estaría ligado ni al Monte Garizim ni a Jerusalén, sino al
Mesías como nuevo Templo de Dios vivo que no tendría fin. La salvación, se
dice, viene de los judíos, porque incluso en el Pentateuco se decía que el
Mesías procedía de la estirpe de David, que era de la tribu de Judá. Cat. 439,
469, 528, 586, 728 y 1179.
4, 28 Como
los primeros apóstoles, que dejaron sus barcas de pesca para seguir a Cristo,
la mujer dejó su cántaro para proclamar el Evangelio que había escuchado. Este
detalle corrobora la necesidad de renunciar a todas las cosas para ser testigos
activos de la verdad del Evangelio. Cat. 2544.
4, 34 Cristo
acogió plenamente la voluntad de su Padre y su plan de salvación, y era
alimentado y fortalecido por ello. Cat. 606, 2611 y 2824.
4, 42 Hay que
fijarse en cómo creció la mirada de la mujer samaritana hacia Cristo hasta que
culminó finalmente en una emotiva conversión. De algún modo, su conocimiento de
él se hizo más profundo al percibirle de la siguiente manera: como un profeta
(Jn 4, 19), un Mesías (Jn 4, 29) y un Salvador. Cat. 2812.
Catecismo de
la Iglesia Católica.
544 Jesús,
desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce del
hambre, la sed y la privación.
694 El agua.
El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el
Bautismo, ya que, después de la invocación del Espíritu Santo, esta se
convierte en el signo sacramental eficaz del nuevo nacimiento: del mismo modo
que la gestación de nuestro nacimiento se hace en el agua, así el agua
bautismal, significa realmente que nuestro nacimiento a al vida divina se nos
da en el Espíritu Santo. Pero bautizados en un solo espíritu, también hemos
bebido de un solo espíritu: el Espíritu es, pues, también personalmente el Agua
viva que brota de Cristo crucificado como de un manantial y que en nosotros
brota en vida eterna.
728 Jesús no
revela plenamente el Espíritu Santo hasta que él mismo no ha sido glorificado
por su muerte y resurrección. Sin embargo, lo sugiere poco a poco, incluso en
su enseñanza a la muchedumbre, cuando revela que su carne será alimento para la
vida del mundo. Lo sugiere también a Nicodemo, a la Samaritana y a los que
participan en la fiesta de los Tabernáculos.
1137 El
Apocalipsis de san Juan, leído en la liturgia de la Iglesia, nos revela
primeramente que un trono estaba erigido en el cielo y Uno sentado en el trono:
el señor Dios. Luego revela Cordero, inmolado y de pie. Cristo crucificado y
resucitado, el único Sumo Sacerdote del santuario verdadero.
2652 El
Espíritu Santo es el agua viva que, en el corazón orante, brota para la vida
eterna. Él es quien nos enseña a recogerla en la misma fuente: Cristo. Pues
bien, en la vida cristiana hay manantiales donde Cristo nos espera para darnos
a beber el Espíritu Santo.
439 Jesús
aceptó el título de Mesías al cual tenía derecho, pero no sin reservas porque
una parte de sus contemporáneos lo comprendían según una concepción demasiado
humana, esencialmente política.
528 Su venida
(de los Magos) significa que los gentiles no pueden descubrir a Jesús y
adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose hacia los
judíos y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está contenida en el
Antiguo Testamento.
586 Lejos de
haber sido hostil al Templo donde expuso lo esencial de su enseñanza, Jesús
quiso pagar el impuesto del Templo asociándose con Pedro, a quien acababa de
poner como fundamento de su futura Iglesia. Aún más, se identificó con el
Templo presentándose como la morada definitiva de Dios entre los hombres. Por
eso su muerte corporal anuncia la destrucción del templo que señalará la
entrada en una nueva edad de la historia de la salvación: “Llega la hora en
que, ni en este monte, ni en Jerusalén, adoraréis al Padre” (Jn 4, 21).
1179 El culto
en espíritu y en verdad de la Nueva Alianza no está ligado a un lugar
exclusivo. Toda la tierra es santa y ha sido confiada a los hijos de los
hombres. Cuando los fieles se reúnen en un mismo lugar, lo fundamental es que
ellos son piedras vivas, reunidas para la edificación de un edificio
espiritual. El Cuerpo de Cristo resucitado es el templo espiritual de donde
brota la fuente de agua viva. Incorporados a Cristo por el Espíritu Santo,
somos el templo de Dios vivo.
606 Desde el
primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de
salvación en su misión redentora: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me
ha enviado y llevar a cabo su obra” (Jn 4, 34).
2611 La
oración de fe no consiste solamente en decir “Señor, Señor”, sino en disponer
el corazón para hacer la voluntad del Padre. Jesús invita a sus discípulos a
llevar a la oración esta voluntad de cooperar con el plan divino.
Concilio
Vaticano II.
Mediante el bautismo, los hombres se insertan en el
misterio pascual de Cristo; mueren con Él, son sepultados con Él y resucitan
con Él; reciben el espíritu de adopción de hijos en el que clamamos Abba,
Padre, y así se convierten en los verdaderos adoradores que busca el Padre.
Gaudium et spes,
86
Los Santos
Padres.
Es un símbolo de la realidad la venida de esta mujer
extranjera, que era figura de la Iglesia, porque se formaría de los gentiles,
gente extraña a los judíos.
San Agustín. Tratados sobre el Ev. de
Juan, 15, 10. 4ª. Pg. 223.
Pide de beber como una persona que tiene
sed, para poder tener oportunidad de calmar la sed.
Efren de Nisibi. Comentario al
Diatessaron, 12, 16. 4ª. Pg. 224.
Pide agua y promete agua. Se muestra como un necesitado
de recibir y, al mismo tiempo, se manifiesta como uno desbordante para saciar.
“¡S te dieses cuenta, dice, del don de Dios!”. El don de Dios es el Espíritu
Santo.
Agustín. Tratado sobre el Ev. de Juan, 15, 12. 4ª.
Pg. 225.
Vulgarmente agua viva es la que sale de una fuente; pues
el agua de lluvia que se recoge en las lagunas o cisternas, no se llama agua
viva. Como tampoco es agua viva si mana de una fuente y es recogida en algún
depósito sin comunicación alguna con al fuente, sino incomunicada y como
separada del manantial. Agua viva es la que se coge del manantial mismo. Así
era el agua de aquella fuente o pozo.
Agustín. Tratado sobre el Ev. de Juan, 15, 12. 4ª. Pg.
226.
Sin duda que esta fuente es la gracia espiritual, río
que procede de una fuente viva. Y fuente de la vida es también el Espíritu
Santo… Por tanto, la gracia espiritual es un agua buena. ¿Quién dará a mi pecho
esta fuente? ¡Que brote en mí, que fluya en mí este dador de vida eterna! ¡Que
sobreabunde en nosotros esta fuente.
Ambrosio. El Espíritu Santo, 1, 16.180-181. 4ª.
Pg. 228.
El cántaro es, pues, la concupiscencia, y el agua
profunda es el placer. Cuando alguien se llega al placer de este siglo, que es
el manjar, y la bebida, y los baños, y los espectáculos, y el comercio carnal,
¿por ventura no volverá ya a tener sed? El que bebe de esta agua volverá a
tener sed; más, si la recibe de mí, no volverá jamás a tener sed.
Agustín. Tratado sobre el Evangelio de Juan, 15, 16. 4ª.
Pg. 230.
Después que ha llegado la plenitud de los tiempos no se
debe pensar que la verdadera adoración y el auténtico culto haya que
realizarlos ya en Jerusalén, puesto que no se está ya en la carne, sino en el
espíritu; ya no existe el símbolo, sino la verdad. Cada persona deberá
asemejarse a los verdaderos adoradores que Dios desea.
Orígenes, Comentarios al Ev. de Juan¸ 13,
71.83-38. 4ª. Pg. 237.
Ciertamente, el misterio fue revelado, mediante las
Escrituras proféticas y mediante la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Orígenes, Comentarios al Ev. de Juan, 13, 101. 4ª.
Pg. 237.
Dios tiene su trono en las alturas, pero busca las cosas
bajas. ¿Buscas una montaña? Humíllate para que des con ella. ¿Quieres subir?
Sube, pero no andes en busca de montañas. “Dios dispuso en su corazón – lo dice
el salmo – las gradas para subir en el valle de las lágrimas”. El valle es cosa
que está baja. El trabajo, pues, tiene que hacerse todo dentro de uno mismo. Y
si tal vez tratas de hallar un lugar alto, un lugar santo, hazte tú mismo
templo de Dios; porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros. ¿Quieres
orar en el templo? Ora dentro de ti. Pero primero sé templo de Dios, ya que Él
oye al que ora en su templo.
Agustín. Tratados sobre el Ev. de Juan, 15, 25. 4ª.
Pg. 242.
Poco a poco la va llevando hasta el grado más alto. Ella
vio primeramente en Jesús a una persona que tenía sed, después a un judío,
luego a un profeta y finalmente a Dios. La samaritana persuadió al que tenía
sed, sintió aversión hacia el Judío, interrogó al Sabio, fue corregida por el
Profeta y adoró al Cristo.
Efrén de Nisibi. Comentario al Diatessaron, 12,
18. 4ª. Pg. 243.
También nosotros debemos olvidarnos de las cosas
materiales y abandonarnos, para apresurarnos a comunicar a los demás el
beneficio del que participamos.
Orígenes. Comentarios al Ev. de Juan, 13, 169.
173-174. 4ª. Pg. 247.
El alimento de los sacerdotes consiste en la remisión de
los pecados, y por ello el Sumo Sacerdote afirma: “Mi alimento es hacer la
voluntad de mi Padre que está en los cielos”. ¿Y cuál es la voluntad de Dios
sino “cuando gimas arrepentido, entonces te salvarás” (Is 30, 15)?
Ambrosio, Cartas, 1, 3, 11. 4ª. Pg.
248.
No creían que el Cristo fuera uno más, sino
que lo reconocieron como Salvador verdadero.
Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev.
de Juan, 35, 1. 4ª. Pg. 252.
San Agustín.
La fortaleza de Cristo te hizo y su debilidad te rehízo.
La fortaleza de Cristo ha llamado a la existencia a lo que no existía; la
debilidad de Cristo ha impedido que se perdiese lo que ya existía. Con su
fortaleza nos creó, con su debilidad nos buscó. (…) ¿Porqué, pues, era la hora
sexta? Por hallarse en la sexta edad del mundo. El evangelio cuenta como
primera hora la primera edad del mundo, que va desde Adán hasta Noé; la
segunda, la que va desde Noé hasta Abrahán; la tercera, desde Abrahán hasta
David; la cuarta, desde David hasta la transmigración a Babilonia; la quinta
desde la transmigración a Babilonia hasta el bautismo de Juan; de él parte la
sexta que es la actual. (…) Se sentó, ya lo he dicho, porque se humilló.
Comentario sobre el evangelio de san Juan¸ 15. I, pg. 304 ss.
San Juan de
Ávila.
Y aquellos cuyos servicios, por grandes que fuesen,
mirados en sí, no subían de los tejados arriba, han ya bebido del agua de la
gracia, que es tan poderosa que se les ha hecho una fuente en sus entrañas, que
salta hasta la vida eterna (Jn 4, 14); con el valor de la cual, las buenas
obras, por pequeñas que sea, suben hasta la vida eterna, porque la merecen por
las causas ya dichas.
Audi filia (II). I, pg. 740.
Proficit (profesa) cuando siente un olor de la
castidad, mansedumbre, etc., de que se precia; parece que le dan una blandura,
etc., que es el venir a caer en la cuenta, un sentir allá dentro de las cosas
de otra manera, un no sé qué de Dios, que le hace decir: “¡Oh padre, cómo no me
lo habíades dicho!”. Y habíaselo dicho mil veces, sino que no había llegado la
mano de Dios, y, como en individuus spiritus, est veritas que se le
asienta muy asentada; hoc est andar en spiritu et veritate (Jn 4,
23). Decía uno que las asienta tunc las verdades como los ladrillos; y
en el entendimiento un asiento de las virtudes, entendida su verdad, y en la
voluntad otro asiento de amar su bondad.
Plática 3. A los
padres de la Compañía. I, pg. 823.
Por lo cual dice san Pablo que no me avergüenza de
predicar el evangelio, pues es virtud de Dios para salvar a los hombres (Rm
1, 16). Porque aunque se cuenten de Dios humanidad, hambre y deshonras,
tormento y muerte; mas no hay por qué de esto se avergüence el cristiano, pues,
por medio de aquestas cosas, obró Dios vencimiento de cosas tan fuertes, como
era muerte y pecado, y hizo que el hombre alcanzase la gracia de Dios y su
reino, que son las mayores cosas que al hombre podían venir; con lo cual gana
Dios más honra que en haber criado los cielos y tierra y cuanto hay en ella. Y
por esto se llama esta obra por excelencia obra de Dios, como el Señor
dijo: Este es mi manjar, hacer la voluntad de mi Padre en acabar ya su obra (Jn
4, 34), que es la redempción de los hombres. No porque Dios no haya hecho otras
obras, mas porque la encarnación y redempción, que de ella se sigue, es la
mayor obra de todas, y de la cual él más se precia, como de cosa que más honra
le da.
Audi, filia (II). I, pg. 622.
Mas la fe que Dios infunde está arrimada a la Verdad
divina, y hacer creer con mayor firmeza que si lo viese con sus propios ojos, y
tocar con sus propias manos, y con mayor certidumbre que la que tiene de que
cuatro son más que tres, o de otra casa que estas, que las ve el entendimiento
con tanta claridad que ni tiene escrúpulo, ni las puede dubdar, aunque quiera. Y
entonces dice el tal hombre, a todos los motivos que tenía para creer, lo que
dijeron los de Samaría a la samaritana: ya no creemos por lo que tú nos
dijiste, porque nosotros mismos hemos visto y sabido que este es el Salvador
del mundo (Jn 4, 42).
Audi, filia (II). I, pg. 622.
La palabra primera que dice un hombre cuando se
arripiente de sus pecados es: Quid feci? ¿Qué he hecho? Esa es la
verdadera confesión de la cual, hablando Dios con la samaritana, le preguntó
que si había de adorar a Dios en aquel monte o en Hierusalén. Respondióle el
Señor: Mujer, presto viene la hora, cuando los verdaderos adoradores
adorarán al Señor in spiritu et veritate (Jn 4, 4ss).
Lecciones sobre 1 san Juan (I). II, pg. 146.
Dice también qué es fuente de dulcísimas aguas, y que
está cerrada y guardada: Fiet in eo fons aquae salientis in vitma aeternam (Jn
4, 14).
Lecciones sobre la Epístola a los Gálatas. II, pg. 97.
Opinión es de Ricardo, y aún dice Alexander Alensis que
estamos obligados a amar a Dios cuando nos envía santas inspiraciones. Y más
dice Gersón: “Que las inspiraciones no son sino obligaciones”. Parece cosa
congruente que ame yo a Dios entonces, cuando me muestra particularmente señal
de amor. Enseñar en particular de cosas generales sin amor, todo es nada.
Aunque haya obras de grande apariencia, no contentan a Dios ni guían a la
Iglesia. (…) Adorabunt eum in spiritu (cf. Jn 4, 23).
Loca communia Sacrae Scripturae per odinem alphabeticum.
Amor erga Deum. Miscelánea breve. II, pg. 874.
Aquí el confesar no se toma solamente por la confesión
sacramental, mas entiéndese de la detestación y arrepentimiento que se ha de
tener del pecado, sin lo cual no perdona Dios el pecado. Mas esta confesión no
ha de ser fingida, con sola la boca o golpe de pechos, diciendo: “Pequé”, sino
con el corazón quebrantado; porque lo demás es confesión mentirosa, pues se
muestra otra cosa de fuera, así con la palabra como con la obra, de lo que
tiene el corazón. De lo cual se queja Dios por Jeremías, diciendo que Israel se
convertirá a él en mentira y no de corazón (cf. Jr 8, 5). Pues Dios espíritu
es, y tales quiere los adoradores que le adoren y se lleguen a él en espíritu y
verdad (cf. Jn 4, 24).
Lección sobre 1 San Juan (II). II, pg. 363.
¡Qué diferente cosa es ver a Cristo enclavado en el
cayado de la cruz, derramando sangre para sus ovejas, y ver a ellos sentados en
sus estrados regalados y de vanidad bebiendo la sangre de las suyas; Cristo
andar de pie de pueblo en pueblo, de aldea en aldea, visitando su ganado, y
ellos paseando con mucha majestad las cortes de los reyes o regalándose en las
frescas y adornadas salas; a Cristo trasnochar en oración, y a ellos dormir
hasta mediodía; a Cristo, con ansiosa sed de ganar una alma; caminar al sol, a
pie y a medio día, olvidado del manjar del cuerpo por le dar comida, como
aconteció en el pozo de Samaría (cf. Jn 4, 32), y a ellos olvidados de las
muchas que a su cargo tienen por regalar. Miren, pues, los perlados que no les
eligieron para carniceros que compran el ganado para lo matar, y a pesar, y
sacar dineros de sus carnes y sus pieles, sino para pastores criadores del
ganado, que los apacienten en los pastos de ciencia y doctrina, quitándoles la
mala hierba, dándoles abrevaderos limpios, untándoles la roña y llevándolos
sobre sus hombres, aunque sea con no dormir de noche, no reposar siesta y,
aunque sea con derramar sangre y dar la vida como hizo Cristo, y dijo que este
tal es el buen pastor y el que no lo hace mercenarios.
Advertencias al concilio de Toledo. II, pg. 650.
Dice el evangelista que como el Señor llegase fatigado
del camino, se sentó encima del pozo, que debría de tener algún brocal, y
sentóse allí. ¡Quién supiese regalar a este caminante, lavándoles los pies a
los que caminan! Y el Señor viene caminando del cielo a la tierra por nuetro
remedio: razón es que lo regalemos. Quédase allí solo, descansando. Por eso
quien quisiere negociar con Él, vaya, que allí lo hallará solo, y el negocio
que Él más quiere es que vais a regocijaros con Él; id, que allí lo hallaréis
solo, que quiere negociéis cómo salvaréis vuestra ánima. Quedose allí solo, y
vino una mujer (Él la trujo) y llegó al pozo. Mirad las maravillas del Señor.
Esta mujer, si os place, estaba amancebada y quísola el Señor pescar y
pescándola a ella, pescó a toda aquella ciudad. Llega allí la mujer a sacar
agua, y como el Señor la vio, dijole: Mulier, da mihi bibere. Y ella le
dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me demandas a mí a beber, como no se
tratan los judíos con los samaritanos? Porque los judíos son los que tenían la
ley, y tenían a los samaritanos por gente descomulgada y no trataban con ellos.
Y dijo el Señor: Si supieses el don de Dios y supieses quien es el que te
dice: Dame de beber, por ventura no lo negarías, y antes le pedirías tú
a Él del agua, y yo no sería tan corto para contigo como tú lo eres
conmigo. (A) aquel Dios de todos y (a) aquel Salvador de todos, no tenéis
razón, samaritana, de no dalle agua. “Hyo no excusaría, dice el Señor, como tú
te excusas, yo te daría agua viva”. Dijo ella: Tú no tienes con qué sacalla
y el pozo está hondo,, ¿a dónde tienes tú esa agua viva? ¿Por ventura eres tú
mayor que nuestro padre Abrahán, que nos dio este pozo y bebió él y sus hijos
de él, y aun su ganado?...
Sermón viernes de la semana 3 de Cuaresma. III,
pg. 153.
Y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que vos nos
dijiste, sino por lo que nosotros hemos visto (Jn 4, 6-42). ¡Bendito sea
Dios, que del mal de aquella mujer cuánto bien se sacó y se ganó toda aquella
ciudad! Plega a su misericordia que, pues las palabras que aquí se han de
predicar son suyas, que provea su Majestad que las ánimas que están aquí se
remedien y salgan de los pecados mediante sus palabras.
Sermón viernes de la semana 3 de Cuaresma. III,
pg. 154.
Hermanos, no dejemos estar muriendo de hambre y sed a
Jesucristo, que su sed y hambre es la salvación de las ánimas; dejemos los
pecados, siquiera por hacer placer a Jesucristo, que tanto lo desea.
Sermón viernes de la semana 3 de Cuaresma. III,
pg. 154.
Hambriento y sediento está, no de manjar corporal, mas
de otro hambre y sed mucho mayor. Y si la del cuerpo le hizo decir a la
Samaritana: Dame a beber (Jn 4, 7), y decir en la cruz: Sed tengo (Jn
19, 28), ten por averiguado que con mayor instancia te pide a ti que le quites
aqueste hambre y aquesta sed, que entonces lo pedía para su cuerpo. No pienses
que por otra cosa está aquí encerrado, sino para que te dé a ti de comer y tú a
Él. Muchos años ha que lo mandó decir a su apóstol San Juan: Yo estoy a la
puerta y llamo, si alguno quiere abrir, entraré a él, y yo cenaré con él, y él
conmigo (cf. Ap 3, 20).
Sermón en la Infraoctava del Corpus. III, pg.
578.
Qui biberit ex hac aqua iterum sitiet, etc. (Jn
4, 13). Yo tengo algún deseo de aprovecharos, y no querría reñir ni querría que
tuviésedes algún pecado mortal. Por reverencia de nuestro Señor, que todos
dejéis los pecados de aquí adelante y comencéis ya a servir a Dios, porque
mientras esto no hiciéredes no puedo dejar de riñiros, y por eso, aunque el
evangelio de hoy es de los más sabrosos de todo el año, aunque yo quisiera
predicar de él, pero no haré más de declarar la letra y luego entender en lo
que conviene a vuestras almas.
Sermón viernes de la semana 3 de Cuaresma. III,
pg. 151.
¿Qué condición tiene esa agua, Señor? – Harásele – dice
nuestro Redemptor – una fuente de agua viva que salte hasta la vida eterna (cf.
Jn 4, 13-14). Veis aquí la señal que dio Cristo para saber cuándo ha venido el
Espíritu Santo a ti: que el Espíritu Santo tiene esta condición, que no puede
estar encubierto.
Sermón Domingo infraoctava de la Ascensión. III,
pg. 331.
Pues este es el misterio para que celebramos la fiesta,
no como judíos carnales, sino en espíritu, como dijo Él: verdaderos
adoradores en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 23). Tal habéis de pensar la
Divinidad dentro como de fuera la Humanidad, hermanos, por la santa encarnación
de Jesucristo y por su pasión. Esta es la Divinidad sin armas que dice: No haré
mal, pecador, llégate a mí, que así como no debes huir de un niño, así no le
debes huir de mi santa Divinidad.
Sermón de Navidad. III, pg. 70.
Pues ansí pensad a nuestro Señor Jesucristo cuando en
este mundo vivía, al cual el cuidado de las ánimas le traía tan ansioso, que,
diciéndole una vez los discípulos que comiese, porque había caminado y era ya
tarde, no hizo caso de aquella comida, porque con ella no se le quitaba el
hambre, que más pena le daba, y respondió: Otro manjar tengo yo que comer,
que vosotros no sabéis: Mi manjar es hacer la voluntad de mi Padre y acabar su
obra. (cf. Jn 4, 32.34); y esto era remediar las ánimas, que él había criado,
acabando lo que comenzó. Esta hambre de ánimas le atormentó viviendo, y de esa
sed se quejó en la cruz.
Sermón de la Fiesta de Evangelistas. III, pg.
1083.
¿No es más pobre un ánima que no tiene fuerza para
cumplir la voluntad de Dios, que no tiene un poco de obediencia a Dios? Que la
comida y majar del ánima, la obediencia es. Mi manjar, dice Cristo, es
hacer la voluntad de mi Padre (cf. Jn 4, 34)
Sermón en víspera de Navidad. III, pg. 57.
-¿Qué deseáis? – Guardar la ley de Dios. - ¿Seseáis
guardarla toda? Pues amad a Dios y a vuestros prójimo si guardarla heis, y si
la ley de Dios es la obra, y la obra es nuestro pan, como dice Jesucristo (Mi
manjar es hacer la voluntad de mi Padre (cf. Jn 4, 34), obsediendo Él por
nosotros, dionos este pan.
Sermón en vísperas de Navidad. III, pg. 63.
Dios espíritu es, y aunque tomó cuerpo, así como lo
principal de Él es su divinidad, la cual es espíritu, así el principal servicio
que pide, en espíritu ha de ser, porque tales adoradores quiere, como dice en
el Evangelio, que le adoren en espíritu y en verdad (Jn 4, 24).
Sermón en víspera del Corpus. III, pg. 480.
¡Oh hermana, y si supiésedes el don de Dios (cf.
Jn 4, 10) y quién son los que estas cosas padecen por la mayor parte, quizás os
alegrariades. Si yo viese que solamente los enemigos de Dios pasan tales cosas,
cierto me alegraría; mas veo los mayores amigos en eso tentados, ¿por qué no me
consolaré con ellos?
Carta a una mujer atribulada. IV, pg. 140.
No alcanza la Samaritana dónde y de dónde tenga
Cristo agua, y gana de dar la que, quien la bebiere, no tenga más sed. Mas dice
el Señor que no sabe la mujer el don de dios, ni quien es el que pide
a ella fe y penitencia (cf. Jn 4, 10-11), y quiere darle el Espíritu Santo.
Y no faltan agora hombres tan acobardados y flacos en la fe, que no puedan
creer de Dios sino conforme a su propia pequeñez, puestos los ojos en su poco
poder, poco merecer; y como animales de tierra, andan por ella, y así se quedan
en ella. Mas quien a Dios mira, y dándonos su Hijo, que es su amor y
amansamiento, contentamiento, y donde sus ojos se recrean, ¿qué dudará de este
Corazón, sino que le será propicio cuando le llama con penitencia y piadose
cuando le hubiere menester? Pues quien esto conoce y lo pide como lo debe
pedir, puede esperar que lo terná, y con tenerlo, tiene todo bien y no por qué
temer, como esclavo sin amor. Dése,
pues, vuestra señoría priesa a amar a este señor que tanto le ama y tanto bien
le tiene guardado.
Carta a un señor de título, enfermo y muy temeroso. IV,
pg. 114.
Y hallaremos ser verdad lo que Dios promete a los suyos,
que es un agua, que quien la bebe nunca más tiene sed (cf. Jn 4,
13). Y si esto aquí da, allá ¿qué dará? Si en el tiempo de la guerra hay tal
refresco, en las fiestas de la victoria, ¿qué habrá?
Carta a un amigo. IV, pg. 484.
Creo encontraría vuestra merced con tales cosas, que
dejaría el cántaro, como la Samaritana, por mejor gozar del agua viva que
Cristo da: de la cual quien bebe, nunca más ha sed, porque se hace en el
vientre una fuente de agua viva que da saltos hasta la vida eterna (Jn 4,
13s). Entonces, Señor, se quitarían de gana los deseos de las prosperidades de
esta vida, y antes serían aborrecidas que amadas, como cosa que estorba el
gusto de las cosas divinales, y cuyos cuidados ahogan la palabra de Dios.
Carta a un sacerdote que estaba alegre por las
mercedes que el Señor le hacía. IV, pg. 54.
La samaritana preguntaba que dónde había de orar; y el
Señor responde que en todo lugar y en espíritu (cf. Jn 4, 20-23); y así
ha de ser el cristiano, que en todas sus obras ha de orar al Señor, no en monte
ni en templo solo, sino en comer y beber, dormir, y salud y enfermedad,
refiriéndolo todo a Dios y gozándose en todo por recebirlo de la mano de Dios.
Carta a una señora afligida por su enfermedad. IV,
pg. 208.
El Señor dijo que: ni en el monte de Samaria ni en el
templo de Salomón habíamos de adorar al Padre, sino en espíritu y en verdad (Jn
4, 21-23), quitando la diferencia de lugares con la anchura del templo
espiritual. Y así también en los negocios debemos ensanchar el corazón,
tomándole como y cuales se nos orecen, dando buena cuenta de cómo cumplimos con
ellos, sin desbaratarnos, antes con espiritual ganancia.
Carta a un señor. IV, pg. 797.
De manera, señora, que de esta parte buen manjar tiene
vuestra merced en esta semana, pues la habrá celebrado no en carne, como los
que se contentan con el solo estruendo de las festividades; mas habrá celebrado
fiesta de Espíritu en el espíritu, según el Señor dice: Que quiere
adoradores espirituales (cf. Jn 4, 23 ss.)
Carta a una señora. IV, pg. 454.
San Oscar Romero.
Y mi homilía de hoy, pues, hermanos, a los bautizados y tal
vez a los no bautizados, a los que han sido fieles o traidores a su Bautismo,
es para hacerles un llamamiento: acerquémonos a nuestra Semana Santa, tal vez
distraídos como la Samaritana buscando agua de esta tierra pero con un ansia de
encontrar el agua que salta hasta la vida eterna. Recordemos en este Sábado
Santo, que el Bautismo que nos dieron hace muchos años, hizo brotar en nuestro
interior, en nuestra intimidad, una fuente de aguas vivas. Allí la llevas, ¿por
qué te estás muriendo de sed? Siéntela, vívela, hazla florecer. Esta es la
Semana Santa que queremos...
Tercer domingo de Cuaresma. 26 de febrero de 1978.
Papa León XIV. Ángelus. 1 de marzo
de 2026.
Queridos
hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
El
Evangelio de la liturgia de hoy compone para todos nosotros un icono lleno de
luz, narrando la Transfiguración del Señor (cf. Mt 17,1-9).
Para representarlo, el evangelista sumerge su pluma en la memoria de los
apóstoles, pintando a Cristo entre Moisés y Elías. El Verbo hecho hombre se
encuentra entre la Ley y la Profecía; él es la Sabiduría viviente, que lleva a
cumplimiento cada palabra divina. Todo lo que Dios ha mandado e inspirado a
los hombres encuentra en Jesús su manifestación plena y definitiva.
Como en
el día del bautismo en el Jordán, también hoy escuchamos la voz del Padre en el
monte, que proclama: «Este es mi Hijo muy querido», mientras el Espíritu Santo
cubre a Jesús con una «nube luminosa» (Mt 17,5). Con esta
expresión, realmente singular, el Evangelio describe el estilo de la
revelación de Dios. El Señor, cuando se manifiesta, nos revela su magnificencia;
frente a Jesús, cuyo rostro brilla «como el sol» y cuyas vestiduras se vuelven
«blancas como la luz» (cf. v. 2), los discípulos admiran el esplendor humano de
Dios. Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe
como un espectáculo para las multitudes, sino como una confidencia solemne.
La
Transfiguración anticipa la luz de la Pascua, acontecimiento de muerte y de
resurrección, de tinieblas y de luz nueva que Cristo irradia sobre todos los
cuerpos flagelados por la violencia, sobre los cuerpos crucificados por el
dolor, sobre los cuerpos abandonados en la miseria. En efecto, mientras
el mal reduce nuestra carne a una mercancía o a una masa anónima, precisamente
esta misma carne resplandece con la gloria de Dios. El Redentor transfigura
así las llagas de la historia, iluminando nuestra mente y nuestro corazón. ¡Su
revelación es una sorpresa de salvación! ¿Aún nos atrae? El verdadero rostro de
Dios, ¿encuentra en nosotros una mirada de admiración y de amor?
El Padre
responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el
Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión
eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el
anuncio de la resurrección futura. Esto es lo que los discípulos habían
visto en el fulgor de Cristo, pero para comprenderlo se necesita tiempo (cf. Mt 17,9).
Tiempo de silencio para escuchar la Palabra, tiempo de conversión para
gustar de la compañía del Señor.
Mientras
experimentamos todo esto durante la Cuaresma, pidamos a María, Maestra de
oración y Estrella de la mañana, que custodie nuestros pasos en la fe.
Papa Francisco. Ángelus. 12 de
marzo de 2023.
Queridos hermanos y hermanas, buenos días, ¡feliz domingo!
Este domingo el Evangelio nos presenta uno de los encuentros más hermosos y
fascinantes de Jesús, el encuentro con la samaritana (cf. Jn 4,5-42).
Jesús y los discípulos hacen una parada junto a un pozo en Samaria. Llega una
mujer y Jesús le dice: «Dame de beber» (v. 7). Quisiera detenerme precisamente
en esta expresión: Dame de beber.
La escena nos muestra a Jesús sediento y cansado, que se encuentra en el
pozo de la samaritana en la hora más calurosa a mediodía, y como un mendigo
pide algo fresco. Es una imagen del abajamiento de Dios: Dios se abaja en
Jesucristo por la redención, viene a nosotros. En Jesús, Dios se hizo uno de
nosotros, se abajó; sediento como nosotros, sufre nuestra misma canícula.
Contemplando esta escena, cada uno de nosotros puede decir: el Señor, el
Maestro, «me pide de beber. Tiene, por lo tanto, sed como yo. Tiene mi sed.
¡Estás cerca de mí realmente, Señor! Estas vinculado a mi pobreza —¡no me lo
puedo creer!— me has tomado desde abajo, desde lo más bajo de mí mismo, donde
nadie puede alcanzarme» (P. Mazzolari, La Samaritana, Bolonia 2022,
55-56). Y tú viniste a mí, desde abajo, y me tomaste desde allí, porque
tenías, y tienes, sed de mí. La sed de Jesús, de hecho, no es solo física, expresa
las sequedades más profundas de nuestra vida: es sobre todo la sed
de nuestro amor. Es más que un mendigo, está sediento de
nuestro amor. Y emergerá en el momento culminante de la pasión, en la cruz;
allí, antes de morir, Jesús dirá: «Tengo sed» (Jn 19,28). Esa sed
de amor que lo llevó a descender, a abajarse, a ser uno de nosotros.
Pero el Señor, que pide beber, es Aquel que da de beber: al
encontrarse con la samaritana le habla del agua viva del Espíritu Santo y desde
la cruz derrama sangre y agua desde su costado atravesado (cf. Jn 19,34).
Jesús, sediento de amor, sacia nuestra sed con amor. Y hace con nosotros
como con la samaritana: se acerca a nosotros en lo cotidiano, comparte nuestra
sed, nos promete el agua viva que hace brotar en nosotros la vida eterna
(cf. Jn 4,14).
Dame de beber.
Hay un segundo aspecto. Estas palabras no son solo la petición de Jesús a la
samaritana, sino un llamamiento —a veces silencioso— que cada día se eleva
hacia nosotros y nos pide que nos hagamos cargo de la sed ajena. Dame
de beber nos dicen quienes —en la familia, en el lugar de trabajo, en
el resto de lugares que frecuentamos— tienen sed de cercanía, de atención,
de escucha; nos lo dice quien tiene sed de la Palabra de Dios y necesita
encontrar en la Iglesia un oasis donde beber. Dame de beber es
el llamamiento de nuestra sociedad, donde la prisa, la carrera por el consumo
y, sobre todo, la indiferencia, esta cultura de la indiferencia, generan
aridez y vacío interior. Y —no lo olvidemos— dame de beber es
el grito de tantos hermanos y hermanas a los que les falta el agua para vivir,
mientras se sigue contaminando y estropeando nuestra casa común; también
ella agotada y reseca, “tiene sed”.
Frente a estos desafíos, el Evangelio de hoy nos ofrece a cada uno de
nosotros el agua viva que puede hacer que nos convirtamos en fuente de
refrigerio para los demás. Y entonces, como la samaritana, que dejó su ánfora
en el pozo y fue a llamar a la gente del pueblo (cf. v. 28), tampoco nosotros
pensaremos solo en saciar nuestra sed, nuestra sed material, intelectual o
cultural, sino que, con la alegría de haber encontrado al Señor, podremos
saciar la sed de los demás: dar sentido a la vida de los demás, no como amos
sino como servidores de esta Palabra de Dios que ha despertado nuestra sed,
que continuamente nos la despierta; podremos entender su sed y compartir el
amor que Él nos dio a nosotros. Se me ocurre hacer esta pregunta, a mí y a
vosotros: ¿Somos capaces de entender la sed de los demás? ¿La sed de la
gente, la sed de tantos en mi familia, en mi barrio? Hoy podemos
preguntarnos: ¿Tengo sed de Dios, me doy cuenta de que necesito su amor como
el agua para vivir? Y después, yo que estoy sediento, ¿me preocupo de la
sed de los demás, la sed espiritual, la sed material?
Que la Virgen interceda por nosotros y nos sostenga en el camino.
Papa Francisco. Ángelus. 15 de
marzo de 2020.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este momento está finalizando en Milán la misa que el Señor Arzobispo
está celebrando para los enfermos, médicos, enfermeros y voluntarios. El Señor
Arzobispo está cerca de su pueblo y también cerca de Dios en la oración. Me
viene a la mente la fotografía de la semana pasada: él solo sobre el tejado del
Duomo rezando a Nuestra Señora. Querría dar las gracias a todos los sacerdotes,
la creatividad de los sacerdotes. Me llegan muchas noticias desde Lombardía
sobre su creatividad… Es cierto, Lombardía está muy afectada. Hay sacerdotes
que piensan en mil maneras de estar cerca del pueblo, para que el pueblo no se
sienta abandonado; sacerdotes con el celo apostólico que han entendido bien que
en este tiempo de pandemia no se puede ser como el don Abundio (el sacerdote
miedoso y pusilánime de Los Novios de Alejandro Manzoni, n.de
la r). Muchas gracias a vosotros, sacerdotes.
El pasaje evangélico de este domingo, el tercero de la Cuaresma, presenta
el encuentro de Jesús con una mujer samaritana (cf. Juan 4,
5-42). Está en camino con sus discípulos y se detienen ante un pozo en Samaria.
Los samaritanos eran considerados herejes por los judíos y eran muy
despreciados y tratados como ciudadanos de segunda clase. Jesús está cansado,
sediento. Una mujer viene a buscar agua y Él le pide: «Dame de beber» (v. 7).
De este modo, rompiendo toda barrera, comienza un diálogo en el que revela a
aquella mujer el misterio del agua viva, esto es, del Espíritu
Santo, don de Dios. En efecto, a la reacción de sorpresa de la mujer Jesús
responde: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de
beber”, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva» (v. 10).
En el centro de este diálogo está el agua. Por un lado, el agua como elemento
esencial para la vida, que sacia la sed del cuerpo y sostiene la vida. Por el
otro, el agua como símbolo de la gracia divina, que da la vida eterna. En la
tradición bíblica Dios es la fuente de agua viva –como se dice en los
Salmos, en los profetas–: alejarse de Dios, la fuente de agua viva, y de su
Ley, conduce a la peor sequía. Esta es la experiencia del pueblo de Israel en
el desierto. En el largo camino hacia la libertad, ellos, ardiendo de sed, protestan
contra Moisés y Dios porque no hay agua. Entonces, por voluntad de Dios, Moisés
hace brotar agua de una roca, como signo de la providencia de Dios que acompaña
a su pueblo y le da vida (cf. Éxodo 17, 1-7).
Y el apóstol Pablo interpreta esa roca como un símbolo de Cristo. Dice: “Y
la roca es Cristo” (cf. 1 Corintios, 10,4). Es la misteriosa figura
de su presencia en medio del pueblo de Dios que camina. Porque Cristo es el
Templo del que, según la visión de los profetas, brota el Espíritu Santo, es
decir, el agua viva que purifica y da vida. Aquellos que tienen sed de
salvación pueden saciarla gratuitamente en Jesús, y el Espíritu Santo se
convertirá en él o ella en una fuente de vida plena y eterna. La promesa de
agua viva que Jesús hizo a la mujer samaritana se hizo realidad en su Pascua:
“sangre y agua” brotaron de su costado atravesado (Juan 19, 34).
Cristo, Cordero inmolado y resucitado, es la fuente de la que mana el Espíritu
Santo, que perdona los pecados y regenera la nueva vida.
Este don es también la fuente del testimonio. Como la samaritana, quien encuentra
a Jesús vivo siente la necesidad de decírselo a los demás, para que todos
lleguen a confesar que Jesús «es verdaderamente el salvador del mundo» (Juan 4,
42), como dijeron más tarde los paisanos de esa mujer. También nosotros,
engendrados a una nueva vida a través del Bautismo, estamos llamados a dar
testimonio de la vida y la esperanza que hay en nosotros. Si nuestra
búsqueda y nuestra sed encuentran en Cristo la satisfacción plena,
manifestaremos que la salvación no está en las “cosas” de este mundo, que al
final llevan a la sequía, sino en Aquél que nos ha amado y nos ama siempre:
Jesús nuestro Salvador, en el agua viva que Él nos ofrece.
Que María Santísima nos ayude a cultivar el deseo de Cristo, la fuente de
agua viva, la única que puede saciar la sed de vida y de amor que llevamos en
nuestros corazones.
Papa Francisco. Ángelus. 19 de
marzo de 2017.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo, el tercero de Cuaresma, nos presenta el
diálogo de Jesús con la samaritana (cf. Juan 4, 5-42). El
encuentro tiene lugar mientras Jesús atravesaba Samaria, región entre Judea y
Galilea, habitada por gente que los judíos despreciaban, considerándoles
cismáticos y heréticos. Pero precisamente esta población será una de las
primeras en adherir a la predicación cristiana de los apóstoles. Mientras que
los discípulos van al pueblo a buscar comida, Jesús se queda junto un pozo y
pide a una mujer, que había ido allí para recoger agua, que le dé de beber. Y
de esta petición comienza un diálogo. «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de
beber a mí, que soy una mujer samaritana?». Jesús responde: «Si conocieras el
don de Dios, y quién es el que te dice: “dame de beber”, tú le habrías pedido a
él, y él te habría dado agua viva […] el que beba del agua que yo le dé, no
tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente
de agua que brota para la vida eterna» (vv. 10-14).
Ir al pozo por agua es cansado y aburrido; ¡sería bonito tener a
disposición una fuente brotando! Pero Jesús habla de un agua diferente. Cuando
la mujer se da cuenta que el hombre con el que está hablando es un profeta, le
confía la propia vida y le plantea cuestiones religiosas. Su sed de afecto y de
vida plena no ha sido apagada por los cinco maridos que ha tenido, es más, ha
experimentado desilusiones y engaños. Por eso la mujer queda impresionada del
gran respeto que Jesús tiene por ella cuando Él le habla incluso de la
verdadera fe, como relación con Dios Padre «en espíritu y verdad», entonces
intuye que ese hombre podría ser el Mesías y Jesús —algo rarísimo— lo confirma:
«yo soy, el que está hablando» (v. 26). Él dice que es el Mesías a una mujer
que tenía una vida tan desordenada.
Queridos hermanos, el agua que dona la vida eterna ha sido derramada en
nuestros corazones en el día de nuestro Bautismo; entonces Dios nos ha
transformado y llenado de su gracia. Pero puede darse que este gran don lo
hemos olvidado, o reducido a un mero dato personal; y quizá vamos en busca de
“pozos” cuyas aguas no nos sacian. Cuando olvidamos el agua verdadera,
buscamos pozos que no tienen aguas limpias. ¡Entonces este Evangelio es
precisamente para nosotros! No solo para la samaritana, para nosotros. Jesús
nos habla como a la samaritana. Cierto, nosotros ya lo conocemos, pero quizá
todavía no lo hemos encontrado personalmente. Sabemos quién es Jesús, pero
quizá no lo hemos encontrado personalmente, hablando con Él, y no lo hemos
reconocido todavía como nuestro Salvador. Este tiempo de Cuaresma es una buena
ocasión para acercarse a Él, encontrarlo en la oración en un diálogo de corazón
a corazón, hablar con Él, escucharle; es una buena ocasión para ver su rostro
también en el rostro de un hermano y de una hermana que sufre. De esta forma podemos
renovar en nosotros la gracia del Bautismo, saciar nuestra sed en la fuente de
la Palabra de Dios y de su Espíritu Santo; y así descubrir también la
alegría de convertirse en artífices de reconciliación e instrumentos de paz en
la vida cotidiana.
La Virgen María nos ayude a recurrir constantemente a la gracia, a esa agua
que mana de la roca que es Cristo Salvador, para que podamos profesar con
convicción nuestra fe y anunciar con alegría las maravillas del amor de Dios,
misericordioso y fuente de todo bien.
Papa Francisco. Ángelus. 23 de
marzo de 2014.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro de Jesús con la mujer
samaritana, acaecido en Sicar, junto a un antiguo pozo al que la mujer iba cada
día a sacar agua. Ese día encontró allí a Jesús, sentado, «fatigado por el
viaje» (Jn 4, 6). Y enseguida le dice: «Dame de beber» (v. 7). De
este modo supera las barreras de hostilidad que existían entre judíos y
samaritanos y rompe los esquemas de prejuicio respecto a las mujeres. La
sencilla petición de Jesús es el comienzo de un diálogo franco, mediante el
cual Él, con gran delicadeza, entra en el mundo interior de una persona a la
cual, según los esquemas sociales, no habría debido ni siquiera dirigirle la
palabra. ¡Pero Jesús lo hace! Jesús no tiene miedo. Jesús cuando ve a una
persona va adelante porque ama. Nos ama a todos. No se detiene nunca ante una
persona por prejuicios. Jesús la pone ante su situación, sin juzgarla, sino
haciendo que se sienta considerada, reconocida, y suscitando así en ella el
deseo de ir más allá de la rutina cotidiana.
Aquella sed de Jesús no era tanto sed de agua, sino de encontrar un alma
endurecida. Jesús
tenía necesidad de encontrar a la samaritana para abrirle el corazón: le
pide de beber para poner en evidencia la sed que había en ella misma. La
mujer queda tocada por este encuentro: dirige a Jesús esos interrogantes
profundos que todos tenemos dentro, pero que a menudo ignoramos. También
nosotros tenemos muchas preguntas que hacer, ¡pero no encontramos el valor de
dirigirlas a Jesús! La cuaresma, queridos hermanos y hermanas, es el
tiempo oportuno para mirarnos dentro, para hacer emerger nuestras necesidades
espirituales más auténticas, y pedir la ayuda del Señor en la oración. El
ejemplo de la samaritana nos invita a expresarnos así: «Jesús, dame de esa agua
que saciará mi sed eternamente».
El Evangelio dice que los discípulos quedaron maravillados de que su
Maestro hablase con esa mujer. Pero el Señor es más grande que los prejuicios,
por eso no tuvo temor de detenerse con la samaritana: la misericordia es más
grande que el prejuicio. ¡Esto tenemos que aprenderlo bien! La misericordia
es más grande que el prejuicio, y Jesús es muy misericordioso, ¡mucho! El
resultado de aquel encuentro junto al pozo fue que la mujer quedó transformada:
«dejó su cántaro» (v. 28) con el que iba a coger el agua, y corrió a la ciudad
a contar su experiencia extraordinaria. «He encontrado a un hombre que me ha
dicho todas las cosas que he hecho. ¿Será el Mesías?» ¡Estaba entusiasmada!
Había ido a sacar agua del pozo y encontró otra agua, el agua viva de la
misericordia, que salta hasta la vida eterna. ¡Encontró el agua que buscaba desde
siempre! Corre al pueblo, aquel pueblo que la juzgaba, la condenaba y la
rechazaba, y anuncia que ha encontrado al Mesías: uno que le ha cambiado la
vida. Porque todo encuentro con Jesús nos cambia la vida, siempre. Es un paso
adelante, un paso más cerca de Dios. Y así, cada encuentro con Jesús nos
cambia la vida. Siempre, siempre es así.
En este Evangelio hallamos también nosotros el estímulo para «dejar nuestro
cántaro», símbolo de todo lo que aparentemente es importante, pero que pierde
valor ante el «amor de Dios». ¡Todos tenemos uno o más de uno! Yo os pregunto a vosotros, también a mí: ¿cuál
es tu cántaro interior, ese que te pesa, el que te aleja de Dios? Dejémoslo
un poco aparte y con el corazón escuchemos la voz de Jesús, que nos ofrece otra
agua, otra agua que nos acerca al Señor. Estamos llamados a redescubrir la
importancia y el sentido de nuestra vida cristiana, iniciada en el bautismo y,
como la samaritana, a dar testimonio a nuestros hermanos. ¿De qué? De la
alegría. Testimoniar la alegría del encuentro con Jesús, porque he dicho que
todo encuentro con Jesús nos cambia la vida, y también todo encuentro con
Jesús nos llena de alegría, esa alegría que viene de dentro. Así es el
Señor. Y contar cuántas cosas maravillosas sabe hacer el Señor en nuestro
corazón, cuando tenemos el valor de dejar aparte nuestro cántaro.
Benedicto XVI. Ángelus. 27 de marzo de 2011.
Queridos hermanos y hermanas:
Este tercer domingo de Cuaresma se caracteriza por el célebre diálogo de
Jesús con la mujer samaritana, narrado por el evangelista san Juan. La mujer
iba todos los días a sacar agua de un antiguo pozo, que se remontaba a los
tiempos del patriarca Jacob, y ese día se encontró con Jesús, sentado, «cansado
del camino» (Jn 4, 6). San Agustín comenta: «Hay un motivo
en el cansancio de Jesús... La fuerza de Cristo te ha creado, la debilidad de
Cristo te ha regenerado... Con la fuerza nos ha creado, con su debilidad
vino a buscarnos» (In Ioh. Ev., 15, 2). El cansancio de
Jesús, signo de su verdadera humanidad, se puede ver como un preludio de
su pasión, con la que realizó la obra de nuestra redención. En particular,
en el encuentro con la Samaritana, en el pozo, sale el tema de la «sed» de
Cristo, que culmina en el grito en la cruz: «Tengo sed» (Jn 19,
28). Ciertamente esta sed, como el cansancio, tiene una base física. Pero
Jesús, como dice también Agustín, «tenía sed de la fe de esa mujer» (In
Ioh. Ev., 15, 11), al igual que de la fe de todos nosotros.
Dios Padre lo envió para saciar nuestra sed de vida eterna, dándonos su amor,
pero para hacernos este don Jesús pide nuestra fe. La omnipotencia del
Amor respeta siempre la libertad del hombre; llama a su corazón y espera con
paciencia su respuesta.
En el encuentro con la Samaritana, destaca en primer lugar el símbolo
del agua, que alude claramente al sacramento del Bautismo, manantial de
vida nueva por la fe en la gracia de Dios. En efecto, este Evangelio,
como recordé en la catequesis del miércoles de Ceniza, forma parte del antiguo
itinerario de preparación de los catecúmenos a la iniciación cristiana, que
tenía lugar en la gran Vigilia de la noche de Pascua. «El que beba del agua
que yo le daré —dice Jesús—, nunca más tendrá sed. El agua que yo le daré se
convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna»
(Jn 4, 14). Esta agua representa al Espíritu Santo, el «don»
por excelencia que Jesús vino a traer de parte de Dios Padre. Quien renace
por el agua y el Espíritu Santo, es decir, en el Bautismo, entra en una
relación real con Dios, una relación filial, y puede adorarlo «en espíritu y
en verdad» (Jn 4, 23.24), como revela también Jesús a la mujer
samaritana. Gracias al encuentro con Jesucristo y al don del Espíritu Santo, la
fe del hombre llega a su cumplimiento, como respuesta a la plenitud de la
revelación de Dios.
Cada uno de nosotros puede identificarse con la mujer samaritana: Jesús nos
espera, especialmente en este tiempo de Cuaresma, para hablar a nuestro
corazón, a mi corazón. Detengámonos un momento en silencio, en nuestra
habitación, o en una iglesia, o en otro lugar retirado. Escuchemos su voz que
nos dice: «Si conocieras el don de Dios...». Que la Virgen María nos ayude
a no faltar a esta cita, de la que depende nuestra verdadera felicidad.
Benedicto XVI. Ángelus. 24 de febrero de 2008.
Queridos hermanos y hermanas:
En este tercer domingo de Cuaresma la liturgia vuelve a proponernos este
año uno de los textos más hermosos y profundos de la Biblia: el diálogo entre
Jesús y la samaritana (cf. Jn 4, 5-42). San Agustín, del que
estoy hablando extensamente en las catequesis de los miércoles, se sentía con
razón fascinado por este relato, e hizo un comentario memorable de él. Es
imposible expresar en una breve explicación la riqueza de esta página
evangélica: es preciso leerla y meditarla personalmente, identificándose con
aquella mujer que, un día como tantos otros, fue a sacar agua del pozo y
allí se encontró a Jesús sentado, «cansado del camino», en medio del calor del
mediodía. «Dame de beber», le dijo, dejándola muy sorprendida. En efecto, no
era costumbre que un judío dirigiera la palabra a una mujer samaritana, por lo
demás desconocida. Pero el asombro de la mujer estaba destinado a aumentar:
Jesús le habló de un «agua viva» capaz de saciar la sed y de convertirse en
ella en un «manantial de agua que salta hasta la vida eterna»; le demostró,
además, que conocía su vida personal; le reveló que había llegado la hora de
adorar al único Dios verdadero en espíritu y en verdad; y, por último, le
aseguró —cosa muy rara— que era el Mesías.
Todo esto a partir de la experiencia real y sensible de la sed. El tema
de la sed atraviesa todo el evangelio de san Juan: desde el encuentro con
la samaritana, pasando por la gran profecía durante la fiesta de las
Tiendas (cf. Jn 7, 37-38), hasta la cruz, cuando
Jesús, antes de morir, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed» (Jn 19,
28). La sed de Cristo es una puerta de acceso al misterio de Dios, que tuvo
sed para saciar la nuestra, como se hizo pobre para enriquecernos
(cf. 2 Co 8, 9).
Sí, Dios tiene sed de nuestra fe y de nuestro amor. Como un padre
bueno y misericordioso, desea para nosotros todo el bien posible, y este bien
es él mismo. En cambio, la mujer samaritana representa la insatisfacción
existencial de quien no ha encontrado lo que busca: había tenido «cinco
maridos» y convivía con otro hombre; sus continuas idas al pozo para sacar agua
expresan un vivir repetitivo y resignado. Pero todo cambió para ella aquel día
gracias al coloquio con el Señor Jesús, que la desconcertó hasta el punto de
inducirla a dejar el cántaro del agua y correr a decir a la gente del pueblo:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será este el
Mesías?» (Jn 4, 28-29).
Queridos hermanos y hermanas, también nosotros abramos el corazón a la
escucha confiada de la palabra de Dios para encontrar, como la samaritana, a
Jesús que nos revela su amor y nos dice: el Mesías, tu Salvador, «soy yo: el
que habla contigo» (Jn 4, 26). Nos obtenga este don María, la
primera y perfecta discípula del Verbo encarnado.
DOMINGO 4º TIEMPO DE CUARESMA. MISA DE NIÑOS.
Monición de entrada:
Bienvenidos a misa:
Nos quedan tres domingos para el domingo de
pascua. Y hoy vamos a conocer al ciego de nacimiento.
Porque nosotros muchas veces no vemos a las
personas como las ve Jesús.
Por eso en la misa él nos ayuda a verlas con
su corazón, que es muy grande.
Señor, ten piedad.
Tú que enciendes en nuestro corazón una luz.
Señor, ten piedad.
Tú que nos ayudas a mirar con tus ojos. Cristo ten piedad.
Tú que nos pides iluminar a las personas que
están muy cerca de nosotros. Señor, ten piedad.
Peticiones.-
Por la Iglesia, para que nos enseñe a mirar
como mira Jesús. Te lo pedimos, Señor.
Por el Papa Francisco, para que siga
iluminando a todas las personas. Te lo
pedimos, Señor.
Por la Unión Europea, que está de cumpleaños,
para que ayude a los paises pobres. lo
pedimos, Señor.
Por las personas que están ciegas, para que
tengan siempre una familia que los cuide. Te lo pedimos, Señor
Por nosotros, para que que seamos lucecitas
que iluminan las calles y las casas de nuestro pueblo. Te lo pedimos, Señor.
Acción de gracias
Gracias Virgen María
porque hoy Jesús nos ha enseñado
que podemos iluminar
el corazón de las personas
que están tristes.
