lunes, 31 de agosto de 2026

Nº 322. 30 de agosto de 2026.

 


Primera lectura.

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9 

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido. He sido a diario el hazmerreír, todo el mundo se burlaba de mí. Cuando hablo, tengo que gritar, proclamar violencia y destrucción. La palabra del Señor me ha servido de oprobio y desprecio a diario. Pensé en olvidarme del asunto y dije: “No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre; pero había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos. Yo intentaba sofocarlo, y no podía.

 

Textos paralelos.

 Me has seducido, Yahvé.

Jr 15, 10: ¡Ay de mí, madre mía / que me engendraste / hombre de pleitos y contiendas / con todo el mundo!

Pero había en mi corazón algo / parecido a fuego ardiente.

Jr 23, 29: ¿no es mi palabra fuego /  – oráculo del Señor – / o martillo que tritura la piedra?

Prendido en mis huesos.

Jb 32, 19-20: Mis entrañas están como odres nuevos / que el vino encerrado revienta. / Hablaré y me desahogaré, / abriré los labios para responder.

Sal 39, 4: El corazón me ardía por dentro; / pensándolo me requemaba, / hasta que solté la lengua.

 

Notas exegéticas.

20 7 Estas imágenes de seducción y de lucha señalan la influencia de Yahvé sobre el profeta. Este parece que aquí se rebela contra un Dios al que considera responsable de su desdicha. Resulta rara en la Biblia la expresión de tamaña desesperación. Pero Jeremías mantiene la certeza de que Yahvé es el Dios de la Gracia, y en lo más hondo de su angustia lanza un grito de esperanza.

 

Salmo responsorial

Sal 62, 2-6.8-9

 

R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

 

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios. R/.

 

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré como de enjundia y de manteca,

y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

 

Porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo.

Mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene. R/.

 

 Textos paralelos.

Dios, tú mi Dios, yo te busco.

1 S 22, 1a: David marchó de allí a esconderse en el refugio de Adulán.

Sal 36, 6-10: Señor tu lealtad llega al cielo, / tu fidelidad hasta las nubes; / tu justicia es como las altas cordilleras, / tus juicios son un océano inmenso. / Tú socorres a hombres y animales / ¡qué inapreciable es tu lealtad, oh Dios! / Los humanos se acogen / a la sombra de tus alas, / se nutren de la enjundia de tu casa, / les das a beber del torrente de tus delicias; / porque en ti está la fuente viva / y a tu luz vemos la luz.

Mi ser tiene sed de ti.

Sal 42, 2: Como ansía la cierva corrientes de agua, / así mi alma te ansía, oh Dios.

Como un erial agotado, sin agua.

Sal 143, 6: Extiendo hacia ti las manos / y la garganta como tierra reseca.

Me saciaré como de grasa y médula.

Sal 36, 9: Se nutren de la enjundia de tu casa, / les das a beber del torrente de tus delicias.

Mi ser se aprieta contra ti.

Sal 17, 8: Guárdame como a la niña de los ojos, / a la sombra de tus alas escóndeme.

 

Notas exegéticas.

63 1 Este salmo ha sido aplicado a David errante por el desierto. Quizá ha sufrido retoques en función de esta relectura.

63 2 Versiones: “por ti madrugo”.

 

Segunda lectura.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual. Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

 

 

 

Textos paralelos.

Como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.

Hch 10, 35: [Dios] antes acepta a quien lo respeta y procede honradamente, de cualquier nación que sea.

Tal debería ser vuestro culto espiritual.

Rm 1, 9: Tomo como testigo a Dios, a quien doy culto espiritual anunciando la buena noticia de su Hijo, de que sin cesar os recuerdo siempre.

No os acomodéis a la forma de pensar en el mundo.

Rm 8, 5: En efecto, los que viven según el instinto se inspiran en el instinto; los que viven según el Espíritu se inspiran en el Espíritu.

Rm 8, 14: Cuantos se dejan llevar del Espíritu de Dios son hijos de Dios.

Rm 8, 26: De ese modo el Espíritu socorre nuestra debilidad. Aunque no sabemos pedir como es debido, el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inarticulados.

Transformaos mediante la renovación de vuestra mente.

Ef 4, 23-24: Renovaos en espíritu y mentalidad, revestíos de la nueva humanidad, creada a imagen de Dios con justicia y santidad auténticas.

Rm 2, 18: Estás convencido de ser guía de ciegos, luz de los que están a oscuras.

Ef 5, 10: Comprobad qué agrada al Señor.

Ef 5, 17:Por eso no seáis imprudentes, antes comprended lo que el Señor desea.

Podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios.

Flp 1, 10: Para que sepáis apreciar lo que vale más. Así llegaréis limpios y sin tropiezo al día de Cristo.

Hb 5, 14: El alimento sólido es para los maduros, que con la práctica y el entrenamiento de los sentidos, saben distinguir el bien del mal.

 

Notas exegéticas.

12 La comunidad cristiana sucede al Templo de Jerusalén y el Espíritu que mora en ella da una nueva intensidad a la presencia de Dios en medio del pueblo santo. También inspira un nuevo culto espiritual, porque los creyentes son los miembros de Cristo, quien, en su cuerpo crucificado y resucitado, se ha hecho el lugar de una presencia nueva de Dios y de un culto nuevo.

12 1 (a) Lit. “ofrezcáis vuestros cuerpos”. Pero no se trata del cuerpo en cuanto distinto del alma, sino de la persona como tal, que opera en y por el cuerpo, lugar necesario de su existencia y de su acción, de su relación con Dios, con los demás y con el mundo.

12 1 (b) El adjetivo “espiritual” traduce el griego logikós: “razonable”, “lógico”, “pertinente”. Pablo quiere decir a la vez que la ofrenda de sí mismo es verdadera y que responde adecuadamente al don mismo de Dios descrito en los capítulos 1-11.

12 2 “Mundo” o “siglo”: lit. “eón”. Los primeros cristianos adoptan del judaísmo su concepción de dos grandes periodos en la historia del mundo: el siglo presente, abiertamente dominado por el mal, y el siglo venidero, donde Dios, establecerá su reino. Pero para Pablo, como para la mayor parte de los primeros autores cristianos, el mundo futuro ha comenzado tras la llegada de Cristo. El mundo presente, sometido al siglo del pecado, solo persiste como prórroga, pues su fin está decidido: las arras del nuevo mundo ya están presentes. En consecuencia, el cristiano no debe permitir que una realidad marcada por el mal y condenada a su pronta desaparición dicte sus normas de vida.

 

Evangelio.

X Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

-¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte.

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

-¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios.

Entonces dijo a los discípulos:

-Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

 

Textos paralelos.

Debía ir a Jerusalén.

Mt 17, 12: Pero os aseguro que Elías ya vino y no lo reconocieron y lo trataron a su antojo. Otro tanto ha de sufrir de ellos este Hombre.

Mt 17, 22-23: Mientras paseaban juntos por Galilea, Jesús les dijo: “Este Hombre será entregado en manos de hombres que le darán muerte. Al tercer día resucitará”. Ellos se entristecieron profundamente.

Lc 2, 38: Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos aguardaban el rescate de Jerusalén.

Lc 13, 33: Con todo, hoy y mañana y pasado tengo que seguir mi viaje, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.

Resucitaría al tercer día.

Hch 10, 40-41: Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se apareciese, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados de antemano por Dios.

Os 6, 2: En dos días nos hará revivir, / al tercer día nos restablecerá/ y viviremos en su presencia.

¡De ningún modo te sucederá eso!

Mt 4, 10: Entonces Jesús le replicó: “¡Vete, Satanás!, que está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto.

Volviéndose, dijo a Pedro.

1 Re11, 14: Así, suscitó el Señor a Salomón un adversario: Hadad, el idumeo, de la estirpe de Edom.

¡Solo me sirves de escándalo!

Is 8, 14: Él será para tropezar / y roca para despeñarse / para las dos casas de Israel, / será lazo y trampa.

Mc 4, 13: Y añadió: “Si no entendéis esta parábola, ¿cómo vais a entender las restantes?”.

Entonces dijo Jesús.

// Mc 8, 34: Y llamando a la gente con los discípulos, les dijo: “Quien quiera seguirme, niéguese a sí, cargue con su cruz y sígame”.

Mc 9, 1: Os aseguro que hay aquí algunos presentes que no sufrirán la muerte antes de ver llegar el reino de Dios con poder.

// Lc 9, 23-27: Y a todos les decía: “Quien quiera seguirme, niéguese a sí, cargue con su cruz cada día y venga conmigo. Quien se empeñe en salvar su vida la perderá; quien pierda su vida por mí la salvará. ¿Qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se malogra él. Si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, este Hombre se avergonzará de él cuando vuelva con su gloria, la de su Padre y de los santos ángeles. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte antes de ver el reinado de Dios”.

Mt 10, 38-39: Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí. Quien se aferre a la vida la perderá, quien la pierda por mí la conservará.

// Lc 14, 27: Quien no carga con su cruz y me sigue, no puede ser discípulo mío.

Porque quien quiera salvar su vida.

Lc 17, 33: Quien se empeñe en conservar la vida la perderá, quien la pierda la conservará.

// Jn 12, 25-26: El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. Quien me sirva que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor, si uno me sirve, lo honrará el Padre.

Porque el Hijo del hombre ha de venir

Mt 25, 31: Cuando llegue el Hijo del Hombre con majestad, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria y comparecerán ante él todas las naciones.

Dn 7, 13-14: Seguí mirando, y en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo una figura humana, que se acercó al anciano y fue presentada ante él. Le dieron poder real y dominio: todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

2 Ts 1, 7: Hasta el punto de convertiros en modelo de todos los creyentes de Macedonia y Asia.

Sal 62, 13: Que tuya, Señor, es la lealtad; / que tú pagarás a cada uno / según sus obras.

Ez 18, 21: Si el malvado se convierte / de los pecados cometidos / y guarda mis preceptos / y practica el derecho y la justicia, / ciertamente vivirá y no morirá

 

Los dichos de Jesús.

Q 14, 27 El que no toma su cruz y viene detrás de mí no puede ser discípulo mío.

Q 17, 33 [El que encuentre] su vida la perderá y [el que] pierda su propia vida [por mí] la encontrará.

 Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

16 21 (a) Después del momento crucial en el que los discípulos hacen la primera profesión de fe expresa en la mesianidad de Jesús, el evangelio introduce el primer anuncio de su Pasión: al papel glorioso del Mesías une el papel doloroso del Siervo doliente. Esta disposición de tradiciones, después de la cual viene la Transfiguración, seguida de una consigna de silencio y un anuncio similares prepara la fe de los discípulos para la crisis próxima de la muerte y Resurrección de Jesús.

16 21 (b) Este anuncio de la pasión, cuyo texto más antiguo conserva Mc, lo transforma Mt según la terminología de su tiempo. Jesús resucitará, no “a los tres días” (Mc 8, 31), sino “al tercer día”.

16 23 (a) Pedro al pretender atravesarse en el camino que debe seguir el Mesías, le sirve de “escándalo” ( es decir, “tropiezo”, sentido originario del griego skándalon) y se convierte en secuaz, aunque inconsciente, del mismo Satán.

16 23 (b) Esta oposición entre los pensamientos de Dios y los de los hombres tiene su origen en el AT y era conocida por el judaísmo del tiempo de Jesús.

16 25 Este logion de forma paradójica, y los que le siguen, juegan con dos etapas de la vida humana: la presente y la futura. El griego psyjé, equivalente aquí del hebreo nefês, combina los tres sentidos de vida, alma, persona. Ver Gn 2, 7.

16 27 “Su conducta”: var. “sus obras” – Para expresar la idea de la retribución personal Mt cita Sal 28, 4. Profundamente enraizada en el Antiguo Testamento esta idea presenta en Mt dos nuevas características: será Jesús, Hijo del hombre, quien juzgará a cada uno el último día: por otra parte Mt insiste constantemente en la importancia de las buenas obras, que hay que realizar pensando solo en Él que “te recompensará”.

 

Notas exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica.

21-28 Comienza la etapa más difícil en el crecimiento de la fe: los apóstoles han de purificar el seguimiento primero (4, 20); no sólo han de superar el sueño nacionalista de un triunfo político-religioso, sino que deberán superar el plano de la “sabiduría” de los hombres, para vivir en el plano de la sabiduría de Dios (lo que llama san Pablo “locura de la cruz”.

21 DESPERTAR: lit. ser despertado por Dios (voz pasiva teológica), es decir, resucitar.

22 Pedro empezó a ejercer precipitadamente los poderes que acababa de recibir, sin esperar la gracia de Pentecostés, y chocó con el escándalo de la cruz. // DIOS NO LO QUIERA. lit. es una expresión elíptica: Propicio para ti (se entiende: “… sea Dios, a fin de que”… no te suceda eso). Probablemente en el tiempo del NT no se percibía ya el origen religioso de esta expresión; lo mismo que ocurre con nuestra exclamación “ojalá” (=quiera Dios).

23 DETRÁS DE MÍ: expresión independiente de ¡VETE!, supone un verbo implícito. Fórmulas semejantes serían: “¡quítate de delante!”, “¡no quiero ni verte!”. // SATANÁS. Pedro ha vuelto a ser Simón Barjoná, se ha hecho “adversario” de Jesús, se ha colocado delante del Maestro y se ha convertido en obstáculo, en TROPIEZO en el “camino” hacia Jerusalén; para ser verdadero discípulo, Simón necesita de nuevo ponerse DETRÁS de Jesús y seguirlo.

27 VA A VENIR… (cf. 25, 31) CON (lit. en, que equivale a un he hebreo instrumental) EL ESPLENDOR, e.d., la gloria de la magnificencia (6, 29) propia del Padre (Jn 1, 14 habla del esplendor “propio del Hijo”). // PAGARÁ… SEGÚN SU CONDUCTA (lit. a la acción de él): cf. referencias bíblicas en 1 Pe 1, 17.

 

Notas exegéticas desde la Biblia Didajé.

16, 23 Jesús les reveló a Pedro que su misión de redención incluía un sufrimiento terrible, muerte y resurrección. Este es el primero de los tres anuncios de la Pasión (los otros dos: Mt 17, 22-23; 20, 17-19). Cuando Pedro se resistió ante esta revelación, Cristo le dirigió su más severa reprimenda, asociándole con Satanás, que también le tentó (Mt 4, 1). El mensaje de Cristo es que no pueda haber redención sin cruz. Cat. 440, 540, 554 y 507.

16, 25 Para llegar a ser un verdadero discípulo de Cristo, se requiere un compromiso de sacrificio de amor en su forma de negación de sí mismo y voluntad de aceptar el sufrimiento por amor a Cristo. Una oración de san Nicolás de Flüe dice: “Mi Señor y mi Dios, sepárame de mí para darte todo a ti”. Cat. 617, 2029 y 2232.

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

440 Jesús acogió la confesión de fe de Pedro que le reconocía como el Mesías anunciándole la próxima pasión del Hijo del hombre. Reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica en la identidad trascendente del Hijo del Hombre “que ha bajado del cielo” (Jn 3, 13), a la vez que en su misión redentora como Siervo sufriente: “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20, 28). Por esta razón, el verdadero sentido de su realeza no se ha manifestado más que desde lo alto de la Cruz. Solamente después de su resurrección su realeza mesiánica podrá ser proclamada por Pedro ante el pueblo de Dios: “Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado” (Hch 2, 36).

617 Sua sanctissima passione in ligno crucis nobis justificationem meruit (“Por su sacratísima pasión en el madero de la cruz nos mereció la justificación”), enseña el Concilio de Trento (Sesión 6ª, Decretum de iustiricatione, c. 1) subrayado el carácter único del sacrificio de Cristo como “causa de salvación eterna” (cf. Hb 5, 9).

 

Concilio Vaticano II

[Los laicos] impulsados por la caridad que procede de Dios, hacen el bien a todos y especialmente a los hermanos en la fe, renunciando a toda maldad y a todo engaño, a hipocresías, envidias y maledicencias, atrayendo así a los hombres hacia Cristo. La caridad de Dios que se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo que nos ha sido dado hace a los laicos capaces de encarnar realmente en sus vidas el espíritu de las bienaventuranzas. Siguiendo a Jesús pobre, ni se abaten por la escasez de bienes temporales ni se envanecen por su abundancia; imitando a Cristo humilde, no ambicionan la gloria vana, sino que se afanan por agradar a Dios más que a los hombres, estando siempre dispuestos a abandonarlo todo por cristo y a sufrir persecución por causa de la justicia, recordando las palabras del Señor: “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16, 24).

Decreto Apostolicam actuositatem, 4.

 

Los Santos Padres.

Para que no pensaran que el padecer era cosa indigna de Él, no solo por lo que precede, sino por lo que sigue también, los instruye sobre la excelencia del sufrimiento. En Juan dice: “Si el grano de trigo no cae a la tierra y muere, se queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto” (Jn 12, 24-25). Aquí, tratando el tema más ampliamente, no solo refiere sus palabras a Él mismo, a la necesidad que tiene de morir, sino también a cuantos le quieran seguir. Tanta es – parece decir – la ganancia que hay en ello, que también para vosotros el no querer morir es un mal; mas el estar dispuestos a la muerte, un bien. Esto lo pone de manifiesto en lo que sigue, aunque por ahora solo trata una parte. Y mirad cómo no obliga porque no dijo: “Queráis o no queráis, tenéis que pasar por ello”, sino: “Si alguno quiere venir en pos de mí”. Yo no lo fuerzo ni obligo a nadie. Libre dejo a cada uno de su propia determinación. Por eso digo: “Si alguno quiere”.

S. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 55, 1. 1b, pg. 77.

Si uno tiene en poco la vida presente gracias a mi palabra, que le invita a luchar hasta la muerte por la verdad entregándola mediante la piedad a lo que generalmente llamamos muerte, entonces por mi causa habrá perdido la vida, pero a su vez conseguirá la salvación. Además, la frase puede interpretarse de otra manera: si uno se da cuenta de lo que es la salvación y quiere mantener esta salvación para la propia alma, entonces debe renunciar a esta vida, negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme, y debe perder su vida para el mundo. Pues si la pierde por mi causa y toda mi doctrina, a cambio de haberla perdido conseguirá la salvación.

Orígenes. Comentario al Ev. de Mateo, 12, 26. 1b, pg. 78.

¿Por qué, pues, Pedro, temes al oírme hablar de muerte? Entonces me verás en la gloria de mi Padre. Y si yo estoy en gloria, también vosotros. Porque vuestro destino no termina con la presente vida, sino que a esta ha de suceder una suerte mejor. Sin embargo, después de hablar de lo bueno, no se detuvo en ello, sino que mezcló también lo espantoso, aludiendo en sus palabras a aquel terrible tribunal, a la cuenta inexorable, a la sentencia incorruptible y al juicio sin apelación. Pero ni aun así quiso que sus palabras presentaran un aspecto totalmente triste, sino que mezcló con ellas las buenas esperanzas. Con estas palabras no solo se recuerda el castigo de los pecadores, sino también los premios y coronas de los que han obrado rectamente.

Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 55, 5. 1b, pg. 79.

 

San Jerónimo.

21 Desde aquel día Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir mucho. Aún hoy Jesús tiene mucho que padecer de parte de aquellos que crucifican de nuevo al hijo de Dios. Considerados en la Iglesia como ancianos y sumos sacerdotes, sin embargo, dado que siguen solamente la letra, matan al hijo de Dios que se comprende integralmente sólo en espíritu.

22.23 Tú eres para mí un obstáculo. Muchos piensan [Hilario de Poitiers] que el Señor no habría corregido a Pedro sino al espíritu enemigo que sugería esas palabras al apóstol. Pero yo no creería jamás que el error del apóstol, proveniente de un piadoso sentimiento, haya sido provocado por el diablo. Al diablo le dice: Retírate; Pedro oye que le dicen: ve detrás de mí, es decir, sigue mi decisión, porque no tienes el gusto de las cosas de Dios sino de las de los hombres. Mi voluntad y la del Padre – cuya voluntad he venido a cumplir – es que muera por la salvación de los hombres; pero tú, considerando sólo tu voluntad, no quieres que el grano de trigo caiga en tierra y produzca mucho fruto. Un lector atento podrá preguntarse cómo después de haber oído una tan grande bienaventuranzas: Feliz tú, Simón,… ¿Qué cambio tan repentino es este, que después de tan grandes recompensas tenga que ser llamado Satanás? Pero el que esto se pregunta considere que esa bendición, esa bienaventuranza, el poder y la edificación de la Iglesia fundada sobre él, le son prometidas a Pedro para el futuro, no concedidas para el presente. Todo esto se refiere al futuro; si se lo hubiera dado enseguida, jamás hubiera tenido lugar el error de su equivocada declaración.

27. Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles y entonces pagará a cada uno según sus propias obras. Pedro, escandalizado por el anuncio de la muerte del Señor, había sido reprendido duramente por las palabras de este; los discípulos eran invitados a negarse a sí mismos, a tomar su cruz y a seguir a su maestro dispuestos a morir. Grande es su terror al oír esto; después de haber espantado al príncipe de los apóstoles, podía inspirar temor también a los demás. Por eso a las tristes perspectivas le suceden las alegres. Temes la muerte, conoce cuál es la gloria del triunfador; recelas la cruz, escucha: los ángeles están a su servicio. No hay distinción entre judío y pagano, entre varón y mujer, entre pobres y ricos, porque aquí no se consideran las personas sino las obras.

 

San Agustín.

Hemos oído cómo suena la trompeta evangélica que exhorta a los mártires al combate en que han de vencer al mundo: Quien quiera salvar su alma la perderá; quien la pierda por mí la hallará (Mt 16, 25). Salvándola la pierde, perdiéndola la halla. ¿Qué significa esto, sino que hay una salud del alma según este mundo y otra según Dios? En el momento de la tentación con que fueron probados los mártires, presentándoseles la alternativa entre negar a Cristo y probar la muerte, quienes quisieron salvar sus almas según el mundo, negaron a Cristo, y las perdieron; en cambio, quienes las perdieron según el mundo, confesaron a Cristo y las hallaron. ¿A quién podían confiar su alma con más seguridad que a su creador? ¿Quién puede conservar lo que ya existía, sino quien pudo crear lo que no existía? […] ¡Dichósos ellos perdiendo sus almas! ¡Oh afortunadas pérdidas! Así arrojan, así pierden quienes siembran. ¿Quién duda de que en toda sementera, lo que se siembra es arrojado y cubierto de tierra? Pero ¡cuán grande es la esperanza de la mies a la que precede la del sembrador! Tampoco cuando se siembra ve nadie la mies; todo se deja en la mano de Dios, se le confía a la tierra. La tierra lo conserva, lo fecunda, lo multiplica; pero por obra de quien hizo el cielo y la tierra.

Sermón 306 C, 1.

San Juan de Ávila.

¿Qué además es ese, Señor? ¿Hablaros Sant Pedro aparte y respondéis en público? Para desengañar a muchos engañados; que aquesto que se dijo a los discípulos, a los frailes y clérigos, a todos habla el Señor: Que quien no llevare su cruz, no le seguirá. No es profesión, ser cristiano, de gente delicada en el sufrir; no es de gente delicada en la honra. Quien me quisiere seguir tome su cruz. Esta es la columna de fuego que Dios dio a su pueblo cuando lo sacó de Egipto: que cuando habían de parar, paraba la columna, y cuando habían de andar, andaba la columna.

Lecciones sobre 1 Juan (I). Lección 8.   OC II. Pg. 173.

Dios usa con nosotros al revés del mundo. El mundo tiene los principios sabrosos y los dejos amargos; nuestro Señor tiene los principios amargos y los dejos sabrosísimos, y de gran perpetuidad y descanso. ¿Qué nos dice el Señor? Primero, toma tu cruz, y sígueme (Mt 16, 24); sufre la tentación por amor de mí; sufre los trabajos por mi amor, que al fin será la gloria. Sufre aquella muestra trabajosa que la virtud tiene, que después os será mayor deleite, aun en esta vida, seguir la virtud. Hacer la voluntad de Dios da gran deleite a los que mucho tiempo lo han hecho. Tiempo os vendrá que os sea más deleite trabajar, sufrir injurias, seguir la virtud, que a los malos les es gusto seguir sus deleites. Tenéis aquí un peso con dos balanzas iguales; ¡no lleguéis a ellas, pésense ellas! No tienen los hombres paciencia para dejarlas pesar, sino luego echan mano de la cosa deleitable. Dejar pesar ese peso, no tengáis esa balanza. Vuestro amor es vuestro peso; adondequiera que sois llevados sois llevados por amor. El deleite os lleva; la honra os lleva. ¿No diréis: “Lo que me lleva quiero ver, quiero ver lo que no me dan”? ¡No echéis mano a la balanza! No tenéis paciencia para hacer eso. Ponéis vuestro amor y vuestro corazón en la cobdicia de la carne, o en la cobdicia de los ojos, en el fausto de la vida. No miréis el amargura que eso trae, porque no tenéis paciencia para pesarlo con la virtud.

Lecciones sobre 1 Juan (I). Lección 14.  OC II. Pg. 393.

¿Qué le aprovecha al hombre que gane todo el mundo, si su alma padece detrimento? (Mt 16, 26). ¿Sí su vida padece detrimento? ¿Si lo matan? Pues la vida del cuerpo, comparada a la vida del alma, ¡qué diferencia hay! En esto conocemos la caridad de Dios, en que puso su ánima por sus amigos: su vida.

Lecciones sobre 1 Juan (I). Lección 22. OC II. Pg. 305.

Los que ahora oyen y siguen de buena voluntad la palabra de la cruz, no temerán entonces oír la palabra de la eterna damnación; la señal de la cruz estará en el cielo cuando nuestro Señor vendrá a juzgar. Entonces todos los siervos de la cruz, que se conformaron en la vida con Jesucristo crucificado, se llegarán a Él con gran confianza. Pues así, ¿por qué temes tomar la cruz, por la cual van al reino? En la cruz es la salud y la vida. En la cruz es la defensa de los enemigos. En la cruz está la infusión de la suavidad soberana. En la cruz es la fortaleza del corazón. En la cruz está el gozo del espíritu. En la cruz está la suma virtud. En la cruz está la perfección de la santidad. No está la salud del alma ni la esperanza de la vida sino en la cruz. Toma, pues, la cruz, y sigue a Jesucristo, e irás a la vida eterna. Él vino primero, y llevó su cruz, y murió en la cruz por ti, porque tú también la lleves y desees morir en ella. Porque si murieses juntamente con Él, vivirás con él. Y si fueres compañero de la pena, serlo has también de la gloria. Mira que todo está en la cruz, todo está en morir en ella, y no hay otra vía para la vida y para la verdadera y entrañable paz, sino la vía de la santa cruz y continua mortificación. Ve donde quisieres, que no hallarás más alto camino en lo alto, ni más seguro en lo bajo. Dispone y ordena todas las cosas según tu parecer y querer, que no hallarás sino que has de padecer algo por fuerza o de grado, y así siempre hallarás la cruz. O sentirás dolor en el cuerpo, o tribulación en el espíritu; a veces te dejará Dios, a veces te perseguirá el prójimo. Y lo que peor es, muchas veces te descontentarás de ti mismo y no serás aliviado con ningún remedio ni consuelo: mas conviene que sufras hasta cuando Dios quisiere; porque quiere Dios que aprendas a sufrir la tribulación sin consuelo y te sujetes del todo a Él y te hagas más humilde con la tribulación.

Traducción de la “Imitación de Cristo”. Libro II, c. 12. OC II. Pg. 923

Mientras no dijéredes un no a vuestro sí y un sí a vuestro no, no habéis pasado a Cristo. Habéis de pasar por él: Cristo viva en mí, ya no yo. Quien a Cristo enoja, a mí enoja, y quien a Cristo alaba, a mí alaba; y quien a Cristo sirve, a mí sirve; porque ya no vivo en mí sino Él; ya se murió fulano, ya no soy yo, ya no vivo para mí, ni duermo para mí, ni trabajo para mí, ni hago cosas para mí. Viva Cristo y muera yo en mí, para que viva yo en Él. Esto es comulgar y esto habéis de pedir y desear. Señor, ¡qué me torne yo vos! ¡Qué de este altar no vuelva fulano, sino que, como él pan se muda en vos, así haga yo!

Ciclo temporal. Sermones del Santísimo Sacramento. 57. Octava del Corpus. OC III. Pg. 774.

¿Qué aprovecha al rico que tenga muchos tesoros, señoríos y reinos, si se mure y lo deja todo acá? Trocarlo ha todo de buena gana por un poco de vida, aunque fuese con trabajos, y pidiendo por amor de Dios de puerta en puerta. Sin vida, ninguna cosa se goza, y con ella de todas; y cuando todas fallecen, el mismo vivir da contentamiento, aunque tenga anejos muchos trabajos

Ciclo temporal. Sermones del Santísimo Sacramento. 45. Santísimo Sacramento. OC III. Pg. 593.

Si tú entonces no has obrado, ni has sido casto, ni tenido obediencia a Dios, ni hecho nada por su amor, ¿qué sentirás cuando diga: llama los obreros y págalos, y veas qué tú te quedas sin jornal, y que por no haber trabajado te envían a los trabajos incomportables del infierno, a do siempre trabajarás? Di: ¿qué placer sentirás entonces cuando te digan que, por la jarra de agua que diste, dirá Dios: “Denle su jornal?”. Y el jornal será el reino de Dios para siempre, adonde gozarás con Él y vivirás descansado, sin pensamiento de trabajo que jamás te venga, ni recelo que perderás aquel sumo bien que una vez te han dado. ¿Cuál valdría entonces más, el jarro de agua o el cuento de dineros que dejaste en el arca? ¿Quién es el que no alza las baldas y se apareja al trabajo, y le abraza de buena gana, pues jornal tan aventajado es para recebir en el cielo por su trabajar?

Ciclo temporal. Sermones de tiempo. 8. Domingo de Septuagésima. OC III. Pg. 120s.

¡Oh, válame Dios, y que de cosas pasamos por tan buenas y verdaderas, siendo tan malas y tan falsas! ¿Oh cuantas intitulamos por muy espirituales que son pura carne! Si no, echad el ojo a San Pedro, cuando Cristo trató de que había de morir y él le dijo: Tened, Señor, piedad de vos, ¿qué es razón que muráis? ¿Quién no dijera no proceder esta compasión de grande amor y caridad, y era eso de carne? Y fue respondido y reprehendido por el mismo Dios con la mesma reprehensión que hizo al diablo, que le probó a tentar en el monte, llamándole Satanás, que quiere decir acusador y adversario y contradecidor de las obras de Dios. Y si hubiéramos de juzgar aquel consejo, según seso de carne, diéramos voto que era muy justo y muy provechoso, pues era quitar cruz y muerte a quien tan mal la merecía. Y Cristo dice que es Satanás y que no sabe las cosas de Dios, sino de la carne, porque, a serlo, aceptará la cruz y abrazárala y amárala con Jesucristo, y, ansí, pues, era para remedio del mundo y así lo quería el Padre eterno.

Carta a un mancebo. OC IV. Pg. 610.

Se prueba el amor en el proprio desprecio y propria abnegación, como el Señor dice, que quien quiere ir tras Él, se niegue a sí mismo.

Carta a una señora. OC IV. Pg. 416.

Y aprovecharos ha que cada vez que comulgades hagáis renunciación de vuestra voluntad en la de nuestro Señor y el pedirle muchas veces que mereced que, pues vos no se la podéis dar, la tome Él. Y os dé la suya por vuestra. Y aunque sean pocas cosas, no dejéis salir a vuestra voluntad con lo que quiere, sino contradecilde; y amad a quien os la contradice, porque el ensayarse en las cosas aprovecha para mayores. Cristo os favorezca para que del todo seáis suya.

Carta a una mujer devota. OC IV. Pg. 452.

Entended que la cosa en que más podéis agradar a Dios es tener vuestra ánima limpia delante su acatamiento; y la mayor misericordia que podáis hacer es tener vuestra ánima agradable a Él.

Carta al mismo Juan de Dios. OC IV. Pg. 239.

¿Qué aprovecha tenerlo todo bueno, si a ti solo tienes malo? ¿Qué aprovecha ganancia en la bolsa y daño en el ánima; y gran nombre delante de los hombres y ser ignorado delante los ojos de Dios? Vendrá día, y cierto vendrá, cuando destruya Dios todos los que obran maldad y ¿qué aprovechará entonces lo que aquí más buscaron? ¡Oh día de la cuenta de todos los días, y cuán poco eres mirado, y por eso tan poco temido!

Carta a  un su devoto. OC IV. Pg. 516.

Cierto no va engañando quien tal trueco hace, porque cuando aparezca Dios con sus santos, y venga a dar a cada uno según sus obras, entonces parecerá locura lo que agora es tenido en gran precio, y llorarán los que agora gastan su vida en deleites; y sólo aquel será conocido de Cristo que acá hiciere su santo voluntad.

Carta a unos amigos suyos. OC IV. Pg. 285.

 

 

 

San Oscar Romero. Homilía.

La Cruz siempre es escándalo, La Cruz siempre provoca crisis. Si no veamos cómo Pedro también, está sufriendo una crisis en su fe. Le acaba de decir Cristo: -"bienaventurado Simón, me has confesado Hijo de Dios, eso no lo has aprendido de la carne y de la sangre, te lo ha revelado mi Padre que está en los cielos y yo te prometo que tú serás mi representante". Lo que este domingo es Juan Pablo I en Roma, era Pedro en aquel momento del evangelio que estamos reflexionando: el representante de Cristo. Y en esa hora solemne, cuando recibía esa promesa diríamos, cuando como un domingo como este, va a ser coronado Papa, siente la tentación de la fe. Hermanos, no estamos seguros, todos tenemos momentos terribles de crisis; y hasta el Papa. Por eso, no nos extrañemos de estas crisis de la fe. Pedro tuvo miedo, quiso aconsejar según los hombres y no según Dios... hizo presión a Cristo. Qué terribles son las presiones cuando nos quieren apartar de lo que Dios quiere para que hagamos como los hombres quieren

Homilía, 3 de septiembre de 1978.

 

León XIV.  Audiencia. 26 de agosto de 2026. Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 8. Las motivaciones de la reforma litúrgica

Queridos hermanos y hermanas:

En esta última catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, deseo reflexionar hoy sobre las razones por las cuales los Padres conciliares quisieron promover una reforma de la liturgia. Es iluminadora, en este sentido, la tercera carta desde el Concilio que el cardenal Giovanni Battista Montini, entonces arzobispo de Milán, envió el 28 de octubre de 1962 a los fieles de su propia diócesis. La liturgia —escribía— «es expresión sincera tanto de lo divino como de lo humano. Es lenguaje. Es vehículo de enseñanza divina, por un lado, es voz de coloquio con Dios. Está claro que ella no puede renunciar a su función didáctica, y no puede no ofrecer a la fe y a la piedad la posibilidad de expresarse con espontánea inteligibilidad». [1] Motivado por estas convicciones, el futuro papa san Pablo VI afirmaba que los fieles «no pueden ni deben permanecer mudos y pasivos. Su presencia material no puede conciliarse con su ausencia espiritual». [2]

Es evidente la consonancia de estas declaraciones con aquellas que aparecerán en el n. 48 de la Constitución conciliar: «la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí». Se percibe en estas palabras una renovada conciencia del valor de la liturgia. A través de las acciones rituales de la Iglesia, mientras se realiza el memorial de la obra de la salvación, se da la posibilidad de vivir la verdadera relación con Dios, entrando en contacto con el evento salvífico. Puesto que los gestos, las palabras de la sagrada liturgia son decisivos para realizar esta experiencia, la participación de los fieles no puede ser pasiva.

La reforma conciliar, al poner en el centro lo que constituye el corazón de la experiencia eclesial, quiso hacer resplandecer la liturgia como «la primera fuente de la vida divina que se nos comunica» [3]. De tal convicción nació la exigencia de hacer más accesible a todos los fieles la riqueza de los textos bíblicos y de las oraciones, y de hacer más lineal el ordenamiento celebrativo respecto al previsto en los libros litúrgicos entonces vigentes.

La liturgia, en efecto, al ser una realidad viva, siempre ha estado sujeta a lo largo de los siglos a desarrollos y cambios. El magisterio ha adaptado sus formas a las exigencias de las diversas épocas. No sorprende entonces que también el Concilio Vaticano II, con el máximo respeto por el patrimonio de la tradición, y precisamente con el fin de hacerlo más accesible, haya considerado necesaria una revisión de los libros litúrgicos.

El objetivo que los padres tenían en el corazón se explicita en el n. 21 de la Constitución Sacrosanctum Concilium: «Para que en la sagrada Liturgia el pueblo cristiano obtenga con mayor seguridad gracias abundantes, la santa madre Iglesia desea realizar una esmerada reforma general de la misma Liturgia. Porque la Liturgia consta de una parte que es inmutable por ser la institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden o incluso deben variar, si en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados. En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria». Se remonta a la Encíclica Mediator Dei del papa Pío XII la distinción, en la liturgia, entre elementos divinos, inmutables, y elementos humanos, que en cambio «pueden sufrir diversas modificaciones, aprobadas por la sagrada Jerarquía asistida por el Espíritu Santo, de acuerdo con las necesidades de los tiempos, de las cosas y de las almas» (Acta Apostolicae Sedis 39, 1947, 541-542).

Por lo demás, el deseo de una “reforma general” no nacía de improviso, sino que se había manifestado en la acción de los papas que se sucedieron desde el inicio del siglo XX, en sintonía con las demandas del Movimiento litúrgico. La afirmación de la necesidad de que los fieles no asistieran a las celebraciones «como extraños o mudos espectadores» ya había sido retomada por la Constitución apostólica Divini Cultus de papa Pío XI. Además, se pueden recordar las intervenciones de Pío XII sobre el ordenamiento de los ritos de la Semana Santa, los cuales reubicó en las horas correspondientes a los acontecimientos pascuales, después de que durante siglos se hubieran anticipado a las horas de la mañana. Tampoco se debe olvidar que san Juan XXIII consideró necesaria una simplificación de las rúbricas del Breviario y del Misal, aprobándola con el Motu proprio Rubricarum instructum, del 25 julio de 1960, en el cual remitía al anunciado Concilio Ecuménico la propuesta de los principios fundamentales para una reforma de la liturgia.

La reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II se sitúa, por lo tanto, en la línea de la tradición viva de la Iglesia. Su correcta comprensión permite también rechazar los abusosque se han verificado en algunos sectores de la Iglesia en la etapa postconciliar, y que lamentablemente a veces todavía hoy se verifican, absolutizando o comprendiendo mal algunos de los principios que estaban en la base de la misma reforma.

A este respecto, vale la pena recordar cómo la Constitución conciliar afirma que «Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es "sacramento de unidad", es decir, pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos.
Por eso pertenecen a todo el cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan» (Sacrosanctum Concilium n. 26).

Es, por lo tanto, responsabilidad primordial de los pastores, de los obispos, pero también de cada sacerdote de manera individual, custodiar y promover una liturgia que, en el respeto de las normas litúrgicas, resplandezca por su noble sencillez (cfr. n. 34) y manifieste así a la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Una liturgia de este tipo será también un vehículo fundamental de evangelización, el instrumento de gracia a través del cual, como enseña el Concilio, podremos aprender a ofrecernos a nosotros mismos y, por la mediación de Cristo, seremos perfeccionados en la unidad con Dios y entre nosotros (cfr. n. 48).
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[1] G. B. Montini, «Terza lettera dal Concilio», Rivista Diocesana Milanese 51 (1962) 921-923: 922.

[2] Ibid.

[3] Solemne Clausura de la II Sesión del Concilio, Alocución del Santo Padre Pablo VI (4 de diciembre de 1963).

 

Papa León XIV. Angelus. 30 de agosto de 2026.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día y feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos habla de Jesús, que revela a sus discípulos el Misterio de su pascua inminente: el Mesías —dice— «tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día» (Mt 16,21).

Esta afirmación está muy lejos de lo que esperaban de un Mesías triunfante y poderoso, con cuya ayuda derrotarían y humillarían a sus enemigos (cf. Sal 108,14). Ya habían tenido el modo, en el tiempo transcurrido con Él, de maravillarse de muchos de sus gestos y palabras. Pero este último mensaje, fue más allá de toda perspectiva. Pedro, particularmente, manifiesta su desacuerdo y comienza a reprender a Jesús diciéndole: «“¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte”» (v. 22).

Apenas hacía un instante que había reconocido en Él al «Mesías, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Ahora en cambio, sorprendido y quizá decepcionado de lo que había escuchado, en contraste con la hermosa profesión de fe que acababa de pronunciar, lo reprende. Parecería que le dice: “sí, creo que tú eres el Mesías, pero ese no es el modo de salvar al mundo”. Es un impulso de fervor, sin duda motivado por un amor sincero que, sin embargo, nos hace reflexionar.

Tampoco para nosotros, es siempre fácil entender y aceptar los caminos de Dios, especialmente cuando están muy alejados de los nuestros. Entonces las tentaciones son, contra toda lógica de fe, pensar que sea el Señor el que se equivoca o, peor aún, el que no nos escucha o no se interesa por nosotros. Frente a esta incertidumbre Pedro, aun dentro de su impulsividad, nos enseña dos cosas importantes.   

La primera es la de no interrumpir nunca, ni siquiera en estos momentos, el diálogo con el Señor; más bien, manifestarle con confianza nuestra dificultad para comprender lo que nos pide.

La segunda es la de no juzgar nunca el obrar de Dios, sino más bien, ponernos a la escucha, con humildad, en la oración, de lo que nos está revelando a través de su accionar, aun cuando no corresponde a nuestras expectativas.

Y la grandeza del primero de los apóstoles se manifiesta también en esto.

Jesús le responde: «¡Ponte detrás de mí, Satanás!» (v. 23), y les explica, a él y a los otros discípulos que, para seguir sus huellas, deberán negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirlo (cf. v. 24). Pedro lo hará después de haberlo escuchado, asumirá el desafío y permanecerá fiel a las palabras del Cristo, al que ha reconocido como su redentor, por toda la existencia, hasta el martirio. 

Pidamos entonces al Señor que también nosotros tengamos en nuestra vida de fe y en nuestra oración, la misma sinceridad de Pedro, diciéndole con humildad lo que sentimos realmente, aun cuando el corazón está confuso; y, al mismo tiempo, que sepamos cultivar su docilidad, aceptando aquello que nos pide más allá de nuestras expectativas.

Que nos ayude María, que fue obediente a los designios de Dios permaneciendo de pie junto a la cruz de su hijo Jesús.

 

Papa Francisco. Angelus. 3 de septiembre de 2023.

Sin angelus.

 

Papa Francisco. Angelus. 30 de agosto de 2020.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El pasaje evangélico de hoy (cfr. Mt 16, 21-27) está unido al del domingo pasado (cfr. Mt 16, 13-20). Después de que Pedro, en nombre también de los otros discípulos, ha profesado la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios, Jesús mismo empieza a hablar de su pasión. A lo largo del camino hacia Jerusalén, explica abiertamente a sus amigos lo que le espera al final en la ciudad santa: preanuncia su misterio de muerte y de resurrección, de humillación y de gloria. Dice que deberá «sufrir mucho por causa de los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que lo matarían y al tercer día resucitaría» (Mt 16, 21). Pero sus palabras no son comprendidas, porque los discípulos tienen una fe todavía inmadura y demasiado unida a la mentalidad de este mundo (cfr. Rm 12, 2). Ellos piensan en una victoria demasiado terrena, y por eso no entienden el lenguaje de la cruz.

Frente a la perspectiva de que Jesús pueda fracasar y morir en la cruz, el mismo Pedro se rebela y le dice: «Dios no lo quiera, Señor; no te ocurrirá eso» (v. 22). Cree en Jesús —Pedro es así—, tiene fe, cree en Jesús, cree; le quiere seguir, pero no acepta que su gloria pase a través de la pasión. Para Pedro y los otros discípulos —¡pero también para nosotros!— la cruz es algo incómodo, la cruz es un “escándalo”, mientras que Jesús considera “escándalo” el huir de la cruz, que sería como eludir la voluntad del Padre, a la misión que Él le ha encomendado para nuestra salvación. Por esto Jesús responde a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son como los de Dios, sino como los de los hombres» (v. 23). Diez minutos antes, Jesús ha alabado a Pedro, le ha prometido ser la base de su Iglesia, el fundamento; diez minutos después le llama “Satanás”. ¿Cómo se entiende esto? ¡Nos sucede a todos! En los momentos de devoción, de fervor, de buena voluntad, de cercanía al prójimo, miramos a Jesús y vamos adelante; pero en los momentos en los que viene la cruz, huimos. El diablo, Satanás —como dice Jesús a Pedro— nos tienta. Es propio del espíritu malo, es propio del diablo alejarnos de la cruz, de la cruz de Jesús.

Dirigiéndose después a todos, Jesús añade: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga» (v. 24). De este modo Él indica el camino del verdadero discípulo, mostrando dos actitudes. La primera es «renunciar a sí mismos», que no significa un cambio superficial, sino una conversión, una inversión de mentalidad y de valores. La otra actitud es la de tomar la cruz. No se trata solo de soportar con paciencia las tribulaciones cotidianas, sino de llevar con fe y responsabilidad esa parte de cansancio, esa parte de sufrimiento que la lucha contra el mal conlleva. La vida de los cristianos es siempre una lucha. La Biblia dice que la vida del creyente es una milicia: luchar contra el espíritu malo, luchar contra el Mal.

Así el compromiso de “tomar la cruz” se convierte en participación con Cristo en la salvación del mundo. Pensando en esto, hagamos que la cruz colgada en la pared de casa, o esa pequeña que llevamos al cuello, sea signo de nuestro deseo de unirnos a Cristo en el servir con amor a los hermanos, especialmente a los más pequeños y frágiles. La cruz es signo santo del Amor de Dios, es signo del Sacrificio de Jesús, y no debe ser reducida a objeto supersticioso o joya ornamental. Cada vez que fijemos la mirada en la imagen de Cristo crucificado, pensemos que Él, como verdadero Siervo del Señor, ha cumplido su misión dando la vida, derramando su sangre para la remisión de los pecados. Y no nos dejemos llevar a la otra parte, en la tentación del Maligno. Por consiguiente, si queremos ser sus discípulos, estamos llamados a imitarlo, gastando sin reservas nuestra vida por amor de Dios y del prójimo.

La Virgen María, unida a su Hijo hasta el calvario, nos ayude a no retroceder frente a las pruebas y a los sufrimientos que el testimonio del Evangelio conlleva para todos nosotros.

 

Papa Francisco. Angelus. 3 de diciembre de 2017.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El pasaje del Evangelio de hoy (cf Mateo 16, 21-27) es la continuación de aquel del pasado domingo, en el cual se resaltaba la profesión de fe de Pedro, «roca» sobre la cual Jesús quiere construir su Iglesia. Hoy, en un contraste evidente, Mateo nos muestra la reacción del propio Pedro cuando Jesús revela a sus discípulos que en Jerusalén deberá sufrir, ser matado y resucitar al tercer día. (cf v. 21). Pedro lleva a parte al maestro y lo reprende porque esto —le dice— no le puede suceder a Él, a Cristo. Pero Jesús, a su vez, reprende a Pedro con duras palabras: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!» (v. 23). Un momento antes, el apóstol fue bendecido por el Padre, porque había recibido de Él aquella revelación, era una «piedra» sólida para que Jesús pudiese construir encima su comunidad; y justo después se convierte en un obstáculo, una piedra pero no para construir, una piedra de obstáculo en el camino del Mesías. ¡Jesús sabe bien que Pedro y el resto todavía tienen mucho camino por recorrer para convertirse en sus apóstoles!

En aquel punto, el Maestro se dirige a todos los que lo seguían, presentándoles con claridad la vía a recorrer: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (v. 24) Siempre, también hoy. Está la tentación de querer seguir a un Cristo sin cruz, es más, de enseñar a Dios el camino justo, como Pedro: «No, no Señor, esto no, no sucederá nunca». Pero Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no existe el verdadero amor sin sacrificio de sí mismo. Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser cada vez más conscientes de la necesidad y de la fatiga para nosotros cristianos de caminar siempre a contracorriente y cuesta arriba. Jesús completa su propuesta con palabras que expresan una gran sabiduría siempre válida, porque desafían la mentalidad y los comportamientos egocéntricos. Él exhorta: «Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará». (v. 25). En esta paradoja está contenida la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla de que solo el amor da sentido y felicidad a la vida.

Gastar los talentos propios, las energías y el propio tiempo solo para cuidarse, custodiarse y realizarse a sí mismos conduce en realidad a perderse, o sea, a una experiencia triste y estéril. En cambio, vivamos para el Señor y asentemos nuestra vida sobre su amor, como hizo Jesús: podremos saborear la alegría auténtica y nuestra vida no será estéril, será fecunda. En la celebración de la Eucaristía revivimos el misterio de la cruz; no solo recordamos sino que cumplimos el memorial del Sacrificio redentor, en el que el Hijo de Dios se pierde completamente a Sí mismo para recibirse de nuevo en el Padre y así encontrarnos, que estábamos perdidos, junto con todas las criaturas.

Cada vez que participamos en la Santa Misa, el amor de Cristo crucificado y resucitado se nos comunica como alimento y bebida, porque podemos seguirlo a Él en el camino de cada día, en el servicio concreto de los hermanos. Que María Santísima, que siguió a Jesús hasta el calvario, nos acompañe también a nosotros y nos ayude a no tener miedo de la cruz, pero con Jesús crucificado, no una cruz sin Jesús, la cruz con Jesús, es decir la cruz de sufrir por el amor de Dios y de los hermanos, porque este sufrimiento, por la gracia de Cristo, es fecundo de resurrección.

 

Papa Francisco. Angelus. 31 de agosto de 2014.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el itinerario dominical con el Evangelio de Mateo, llegamos hoy al punto crucial en el que Jesús, tras verificar que Pedro y los otros once habían creído en Él como Mesías e Hijo de Dios, comenzó «a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho..., ser ejecutado y resucitar al tercer día» (16, 21). Es un momento crítico en el que emerge el contraste entre el modo de pensar de Jesús y el de los discípulos. Pedro, incluso, siente el deber de reprender al Maestro, porque no puede atribuir al Mesías un final tan infame. Entonces Jesús, a su vez, reprende duramente a Pedro, lo pone «a raya», porque no piensa «como Dios, sino como los hombres» (cf. v. 23) y sin darse cuenta hace las veces de Satanás, el tentador.

Sobre este punto insiste, en la liturgia de este domingo, también el apóstol Pablo, quien, al escribir a los cristianos de Roma, les dice: «No os amoldéis a este mundo —no entrar en los esquemas de este mundo—, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios» (Rm 12, 2).

En efecto, nosotros cristianos vivimos en el mundo, plenamente incorporados en la realidad social y cultural de nuestro tiempo, y es justo que sea así; pero esto comporta el riesgo de convertirnos en «mundanos», el riesgo de que «la sal pierda el sabor», como diría Jesús (cf. Mt 5, 13), es decir, que el cristiano se «agüe», pierda la carga de novedad que le viene del Señor y del Espíritu Santo. En cambio, tendría que ser al contrario: cuando en los cristianos permanece viva la fuerza del Evangelio, ella puede transformar «los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 19). Es triste encontrar cristianos «aguados», que se parecen al vino diluido, y no se sabe si son cristianos o mundanos, como el vino diluido no se sabe si es vino o agua. Es triste esto. Es triste encontrar cristianos que ya no son la sal de la tierra, y sabemos que cuando la sal pierde su sabor ya no sirve para nada. Su sal perdió el sabor porque se entregaron al espíritu del mundo, es decir, se convirtieron en mundanos.

Por ello es necesario renovarse continuamente recurriendo a la savia del Evangelio. ¿Cómo se puede hacer esto en la práctica? Ante todo leyendo y meditando el Evangelio cada día, de modo que la Palabra de Jesús esté siempre presente en nuestra vida. Recordadlo: os ayudará llevar siempre el Evangelio con vosotros: un pequeño Evangelio, en el bolsillo, en la cartera, y leer un pasaje durante el día. Pero siempre con el Evangelio, porque así se lleva la Palabra de Jesús y se la puede leer. Además, participando en la misa dominical, donde encontramos al Señor en la comunidad, escuchamos su Palabra y recibimos la Eucaristía que nos une a Él y entre nosotros; y además son muy importantes para la renovación espiritual las jornadas de retiro y de ejercicios espirituales. Evangelio, Eucaristía y oración. No lo olvidéis: Evangelio, Eucaristía, oración. Gracias a estos dones del Señor podemos configurarnos no al mundo, sino a Cristo, y seguirlo por su camino, la senda del «perder la propia vida» para encontrarla de nuevo (v. 25). «Perderla» en el sentido de donarla, entregarla por amor y en el amor —y esto comporta sacrificio, incluso la cruz— para recibirla nuevamente purificada, libre del egoísmo y de la hipoteca de la muerte, llena de eternidad.

La Virgen María nos precede siempre en este camino; dejémonos guiar y acompañar por ella.

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 21 de agosto de 2011.

Queridos amigos,

Ahora vais a regresar a vuestros lugares de residencia habitual. Vuestros amigos querrán saber qué es lo que ha cambiado en vosotros después de haber estado en esta noble Villa con el Papa y cientos de miles de jóvenes de todo el orbe: ¿Qué vais a decirles? Os invito a que deis un audaz testimonio de vida cristiana ante los demás. Así seréis fermento de nuevos cristianos y haréis que la Iglesia despunte con pujanza en el corazón de muchos.

¡Cuánto he pensado en estos días en aquellos jóvenes que aguardan vuestro regreso! Transmitidles mi afecto, en particular a los más desfavorecidos, y también a vuestras familias y a las comunidades de vida cristiana a las que pertenecéis.

No puedo dejar de confesaros que estoy realmente impresionado por el número tan significativo de Obispos y sacerdotes presentes en esta Jornada. A todos ellos doy las gracias muy desde el fondo del alma, animándolos al mismo tiempo a seguir cultivando la pastoral juvenil con entusiasmo y dedicación.

Saludo con afecto al Señor Arzobispo castrense y agradezco vivamente al Ejército del Aire el haber cedido con tanta generosidad la Base Aérea de Cuatro Vientos, precisamente en el centenario de la creación de la aviación militar española. Pongo a todos los que la integran y a sus familias bajo el materno amparo de María Santísima, en su advocación de Nuestra Señora de Loreto.

Asimismo, y al conmemorarse ayer el tercer aniversario del grave accidente aéreo ocurrido en el aeropuerto de Barajas, que ocasionó numerosas víctimas y heridos, deseo hacer llegar mi cercanía espiritual y mi afecto entrañable a todos los afectados por ese lamentable suceso, así como a los familiares de los fallecidos, cuyas almas encomendamos a la misericordia de Dios.

Me complace anunciar ahora que la sede de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en el dos mil trece, será Río de Janeiro. Pidamos al Señor ya desde este instante que asista con su fuerza a cuantos han de ponerla en marcha y allane el camino a los jóvenes de todo el mundo para que puedan reunirse nuevamente con el Papa en esa bella ciudad brasileña.

Queridos amigos, antes de despedirnos, y a la vez que los jóvenes de España entregan a los de Brasil la cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud, como Sucesor de Pedro, confío a todos los aquí presentes este gran cometido: Llevad el conocimiento y el amor de Cristo por todo el mundo. Él quiere que seáis sus apóstoles en el siglo veintiuno y los mensajeros de su alegría. ¡No lo defraudéis! Muchas gracias.

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 24 de agosto de 2008.

Queridos hermanos y hermanas:

También hoy, en el Evangelio, aparece en primer plano el apóstol san Pedro, como el domingo pasado. Pero, mientras que el domingo pasado lo admiramos por su fe sincera en Jesús, a quien proclamó Mesías e Hijo de Dios, esta vez, en el episodio sucesivo, muestra una fe aún inmadura y demasiado vinculada a la "mentalidad de este mundo" (cf. Rm 12, 2).

En efecto, cuando Jesús comienza a hablar abiertamente del destino que le espera en Jerusalén, es decir, que tendrá que sufrir mucho y ser asesinado para después resucitar, san Pedro protesta diciendo: "¡Lejos de ti, Señor! De ningún modo te sucederá eso" (Mt 16, 22). Es evidente que el Maestro y el discípulo siguen dos maneras opuestas de pensar. San Pedro, según una lógica humana, está convencido de que Dios no permitiría nunca que su Hijo terminara su misión muriendo en la cruz. Jesús, por el contrario, sabe que el Padre, por su inmenso amor a los hombres, lo envió a dar la vida por ellos y que, si esto implica la pasión y la cruz, conviene que suceda así. Por otra parte, sabe también que la última palabra será la resurrección. La protesta de san Pedro, aunque fue pronunciada de buena fe y por amor sincero al Maestro, a Jesús le suena como una tentación, una invitación a salvarse a sí mismo, mientras que sólo perdiendo su vida la recibirá nueva y eterna por todos nosotros.

Ciertamente, si para salvarnos el Hijo de Dios tuvo que sufrir y morir crucificado, no se trata de un designio cruel del Padre celestial. La causa es la gravedad de la enfermedad de la que debía curarnos: una enfermedad tan grave y mortal que exigía toda su sangre. De hecho, con su muerte y su resurrección, Jesús derrotó el pecado y la muerte, restableciendo el señorío de Dios. Pero la lucha no ha terminado: el mal existe y resiste en toda generación y, como sabemos, también en nuestros días. ¿Acaso los horrores de la guerra, la violencia contra los inocentes, la miseria y la injusticia que se abaten contra los débiles, no son la oposición del mal al reino de Dios? Y ¿cómo responder a tanta maldad si no es con la fuerza desarmada y desarmante del amor que vence al odio, de la vida que no teme a la muerte? Es la misma fuerza misteriosa que utilizó Jesús, a costa de ser incomprendido y abandonado por muchos de los suyos.

Queridos hermanos y hermanas, para llevar a pleno cumplimiento la obra de la salvación, el Redentor sigue asociando a sí y a su misión a hombres y mujeres dispuestos a tomar la cruz y seguirlo. Como para Cristo, también para los cristianos cargar la cruz no es algo opcional, sino una misión que hay que abrazar por amor. En nuestro mundo actual, en el que parecen dominar las fuerzas que dividen y destruyen, Cristo no deja de proponer a todos su invitación clara: quien quiera ser mi discípulo, renuncie a su egoísmo y lleve conmigo la cruz. Invoquemos la ayuda de la Virgen santísima, la primera que siguió a Jesús por el camino de la cruz, hasta el final. Que ella nos ayude a seguir con decisión al Señor, para experimentar ya desde ahora, también en las pruebas, la gloria de la resurrección.

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 28 de agosto de 2005.

Queridos hermanos y hermanas: 

La semana pasada, en Colonia se vivió verdaderamente una extraordinaria experiencia eclesial con ocasión de la Jornada mundial de la juventud, con la participación de un número grandísimo de jóvenes de todas las partes del mundo, acompañados por muchos obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas. Fue un acontecimiento providencial de gracia para toda la Iglesia. Hablando con los obispos de Alemania, poco antes de emprender el regreso a Italia, dije que los jóvenes han dirigido a sus pastores, y en cierto modo a todos los creyentes, un mensaje que es al mismo tiempo una petición: "Ayudadnos a ser discípulos y testigos de Cristo. Como los Magos, hemos venido a encontrarlo y adorarlo". Desde Colonia los jóvenes volvieron a sus ciudades y naciones animados por una gran esperanza, pero sin perder de vista las numerosas dificultades, los obstáculos y los problemas que en nuestro tiempo acompañan la búsqueda auténtica de Cristo y la adhesión fiel a su Evangelio.

No sólo los jóvenes, sino también las comunidades y los pastores deben tomar cada vez mayor conciencia de un dato fundamental para la evangelización: donde Dios no ocupa el primer lugar, donde no se lo reconoce y adora como el Bien supremo, corre peligro la dignidad del hombre. Por tanto, es urgente llevar al hombre de hoy a "descubrir" el rostro auténtico de Dios, que se nos ha revelado en Jesucristo. Así, también la humanidad de nuestro tiempo, como los Magos, podrá postrarse delante de él y adorarlo. Hablando con los obispos alemanes, recordé que la adoración no es "un lujo, sino una prioridad". Buscar a Cristo debe ser el anhelo incesante de los creyentes, de los jóvenes y los adultos, de los fieles y sus pastores. Es preciso impulsar, sostener y guiar esta búsqueda. La fe no es simplemente la adhesión a un conjunto de dogmas, completo en sí mismo, que apagaría la sed de Dios presente en el alma humana. Al contrario, proyecta al hombre, en camino en el tiempo, hacia un Dios siempre nuevo en su infinitud. Por eso, el cristiano al mismo tiempo busca y encuentra. Precisamente esto hace que la Iglesia sea joven, abierta al futuro y rica en esperanza para toda la humanidad.

San Agustín, cuya memoria celebramos hoy, tiene unas reflexiones estupendas sobre la invitación del salmo 104 "Quaerite faciem eius semper", "Buscad siempre su rostro". Explica que esa invitación no vale solamente para esta vida, sino también para la eternidad. El descubrimiento del "rostro de Dios" no se agota jamás. Cuanto más entramos en el esplendor del amor divino, tanto más hermoso es avanzar en la búsqueda, de modo que "amore crescente inquisitio crescat inventi", "en la medida en que crece el amor, crece la búsqueda de Aquel que ha sido encontrado" (Enarr. in Ps. 104, 3: CCL, 40, 1537).

Esta es la experiencia a la que también nosotros aspiramos desde lo más hondo de nuestro corazón. Que nos la obtenga la intercesión del gran obispo de Hipona; que nos la obtenga la ayuda materna de María, Estrella de la evangelización, a la que invocamos ahora con la plegaria del Ángelus.

 

DOMINGO 23 T. O.  

 

Monición de entrada.-

Buenos días:

En todas las misas Jesús está con nosotros, porque la hacemos en su nombre.

Así la misa nos ayuda a quererle más y cuidad unos de los otros, perdonándonos siempre.

 

Señor, ten piedad.-

Tú eres Santo. Señor, ten piedad.

Tú eres perfecto.  Cristo, ten piedad.

Tú eres perdonador. Señor, ten piedad.

 

Peticiones.-

Por el Papa León; para que siga teniendo un gran corazón que perdona a quienes le hacen sufrir. Te lo pedimos, Señor.

Por la Iglesia; para que denuncie el mal.  Te lo pedimos, Señor.

Por los que mandan, para que sus palabras sean para ayudar a los demás. Te lo pedimos, Señor.

Por los que en internet se dedican a insultar, para que cambien. Te lo pedimos, Señor.

Por nosotros; para que nos digamos las cosas como Jesús quiere que nos las digamos. Te lo pedimos, Señor.

 

Acción de gracias.-

María, queremos darte las gracias por ayudarnos a perdonar siempre.