Primera
lectura.
Lectura del libro del Génesis
2, 7-9; 3,1-7
El Señor Dios modeló al
hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre
se convirtió en ser vivo. Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia
oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar
del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer;
además, el árbol de la ida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del
bien y el mal. La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que
el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:
-¿Conque Dios os ha
dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?
La mujer contestó a la
serpiente:
-Podemos comer los
frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad
del jardín no nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo
contrario moriréis?
La serpiente replicó a
la mujer:
-No, no moriréis; es que
Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como
Dios en el conocimiento del bien y el mal.
Entonces la mujer se dio
cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para
lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su
marido, que también comió. Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron
que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se la ciñeron.
Textos paralelos.
Entonces Yahvé Dios modeló
al hombre con polvo del suelo
Qo 3, 20s: Todos caminan al mismo lugar, todos vienen del polvo y todos
vuelven al polvo.
Qo 12, 7: Y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva
al Dios que lo dio.
Sb 15, 8-11: Luego, malgastando esfuerzos, modela un dios falso con el
mismo barro; / lo modela uno que poco antes nació de la tierra / y que pronto
regresará al lugar de donde fue sacado / cuando le reclamen la vida prestada. /
Pero no le preocupa tener que morir / ni que su vida sea efímera, / sino que
compite con orfebres y plateros, / imita a los que forjan el bronce / y presume
de modelar figuras falsas. / Su corazón es ceniza, / su esperanza, más vulgar
que la tierra / y su vida, más despreciable que el barro, / porque desconoce al
que lo modeló, / al que le infundió un alma activa / y le insufló un aliento
vital.
Sal 104, 29s: Escondes tu rostro, y se espantan / les retiras el
aliento, y expiran / y vuelven a ser polvo.
Jb 34, 14-15: Si decidiera por cuenta propia / retirar su espíritu y su
aliento, / dejarían de respirar los vivientes, / y volverían los humanos al
polvo.
Plantó Yahvé un jardín en Edén:
Jb 33, 4: El soplo de Dios me formó, / el aliento del Todopoderoso me
dio vida.
1 Cor 15, 45: Efectivamente, así está escrito: el primer hombre, Adán,
se convirtió en ser viviente. El último Adán, en espíritu vivificante.
La serpiente era el más astuto de todos los animales:
Sb 2, 23-24: Dios creó al hombre incorruptible / y lo hizo a imagen de
su propio ser; / mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, / y la
experimentan los de su bando.
Jn 8, 44: Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir
los deseos de vuestro padre. Él era homicida desde el principio y no se mantuvo
en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando dice la mentira, habla de lo
suyo porque es mentiroso y padre de la mentira.
Ap 12, 9: Y fue precipitado el gran dragón, la serpiente antigua, el
llamado Diablo y Satanás, el que engaña al mundo entero; fue precipitado a la
tierra y sus ángeles fueron precipitados con él.
20, 2: Sujetó al dragón, la antigua serpiente, o sea, el Diablo o
Satanás, y lo encadenó por mil años.
Rm 5, 12-21: Por lo tanto, lo mismo que por un hombre entró el pecado
en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los
hombres, porque todos pecaron.
No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte:
Gn 2, 17: Pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás,
porque el día en que comas de él, tendrás que morir.
Gn 3, 22: Y el Señor Dios dijo: “He aquí que el hombre se ha hecho como
uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal no vaya ahora a alargar su
mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre.
Notas exegéticas.
2 7 (a) El hombre ‘adam, viene del suelo, ‘adamâ, ver 3, 19.
Este nombre colectivo será el nombre propio del primer ser humano, Adán, ver 4,
25; 5, 12
2 7 (b) Es la palabra nefes, que designa al ser animado por un
soplo (también manifestado por el “espíritu”, ruah, 6, 17; Is 11, 2),
ver Sal 6, 5.
2 8 “Jardín” se traduce por “paraíso” en la versión griega, y luego en
toda la tradición literaria. “Edén” es un nombre geográfico imposible de
localizar, y tal vez, significa “estepa”. Podría compararse con el bit adimi
asirio-babilónico, región a orillas del Éufrates de la que hablan también
algunos textos bíblicos, Am 1,5; 2 Re 19, 12; Is 37, 12; Ez 27, 23. Pero los
israelitas interpretaron la palabra según la raíz hebrea dn “delicias”.
La distinción entre Edén y el jardín, expresada aquí y en el v. 10, se difumina
luego; se habla de “jardín de Edén·, v. 15; 3, 23.24. En Ez 28, 13 y 31,9. Edén
es el “jardín de Dios” y en Is 51,3 Edén, el “jardín de Dios”, se corresponde
al desierto y a la estepa.
2 9 Símbolo de la inmortalidad, ver 3, 22. Sobre el árbol de la
ciencia del bien y del mal, ver v. 17ss.
3 1 ¿Sirve la serpiente de disfraz a un ser hostil a Dios y enemigo
del hombre? Es sabido que la tradición sapiencial, y luego el NT y toda la
tradición cristiana, han reconocido en ella al Adversario (o Tentador), al
Diablo, véase Jb 1,6ss. En favor de esta identificación se puede aducir que la
serpiente quiere rebatir la prohibición divina, haciendo ver que Dios intenta
ocultar al hombre y a la mujer lo que ocurrirá si comen de la fruta prohibida;
pero está en tensión con la descripción que la presenta como un simple animal,
aunque astuto, y con la condena a caminar sobre su vientre y comer polvo, v.
14. Quizá la intervención de un animal astuto como tentador no es más que una
manera de sugerir que el hombre y la mujer solo pueden acusarse a sí mismos por
su transgresión. El autor presentaría como un diálogo entre la serpiente y la
mujer lo que es el resultado de un proceso humano; la atracción del fruto
prohibido conduce a la transgresión: 3, 6 describe el proceso.
3 4 La serpiente interpreta la advertencia divina como indicación de
una muerte inmediata. El hombre y la mujer no morirán después de la
transgresión, como predice la serpiente, pero la muerte se convertirá en el
destino inevitable de los humanos.
3 5 Nótese la diferencia de perspectiva respecto de 1, 26-27: allí es
Dios mismo el que crea al varón y a la mujer a su imagen, aquí el “ser como
dioses” (o “como Dios”) sería una empresa humana.
3 6 Con frecuencia se ha visto el hecho de que la serpiente se dirija
a la mujer la prueba de que es más fácil de seducir que los hombres. Sin
embargo, hay que advertir que el hombre tiene un papel desdibujado en este
relato, ya que come del fruto sin plantearse ninguna pregunta.
3 7 Lo que el hombre y la mujer perciben como novedad es en realidad
una experiencia turbadora. En la conciencia de su desnudez habría ya una
manifestación del desajuste introducido por el pecado en la armonía y el orden
de la creación.
Salmo responsorial
Salmo
50, 3-6.12-14.17
R/. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.
Textos paralelos.
2 S 11-12: el
pecado de David.
Piedad de mí, oh Dios, por tu bondad:
Ex 18, 23ss: Si haces lo que te digo, cumplirás lo
que Dios te manda y podrás resistir, y el pueblo se volverá a casa en paz.
Pues yo reconozco mi delito:
Is 59, 12: Porque son muchas nuestras
transgresiones contra ti, / nuestros pecados testimonian contra nosotros, / nos
acompañan nuestros delitos, / y reconocemos nuestras culpas.
Ez 6, 9: Los que sobrevivan se acordarán de mí en
las naciones adonde serán llevados cautivos. Quebrantaré su corazón adúltero
que se apartó de mi, y sus ojos adúlteros, que se volvieron a sus ídolos, y
tendrán horror de sí mismos por las maldades y acciones detestables que
cometieron.
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro:
Ez 11, 19-20: Les daré otro corazón e infundiré en
ellos un espíritu nuevo: les arrancaré el corazón de piedra y les daré un
corazón de carne, para que sigan mis preceptos y cumplan mis leyes y las pongan
en práctica: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Sb 1,5: Pues el espíritu educador y santo huye del
engaño, / se aleja de los pensamientos necios / y es ahuyentado cuando llega la
injusticia.
Sb 9, 17: ¿Quién conocerá tus designios, si tú no
les das sabiduría / y les envías tu santo espíritu desde lo alto?
Rm 8, 9: Pero vosotros no estáis en la carne, sino
en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si
alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Rm 8, 14-16: Cuantos se dejan llevar por el
Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu
de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de
hijos de adopción, en el que clamamos: “¡Abba, Padre!”.
Is 57, 15 s: Porque esto dice el Alto y Excelso, /
que vive para siempre y cuyo nombre es “Santo”: / Habito en un lugar alto y
sagrado, / pero estoy con los de ánimo humilde y quebrantado, / para reanimar a
los humildes, / para reanimar el corazón quebrantado.
Notas exegéticas.
Este salmo penitencial,
ver 6+, tiene un estrecho parentesco con la literatura profética, sobre todo
con Isaías y Ezequiel.
50 6 Totalmente puro e íntegro, Dios, al perdonar, manifiesta su poder
sobre el mal y su victoria sobre el pecado.
50 12 [crea en mí] Este verbo es exclusivo de Dios y designa el acto por
el cual da excelencia a algo nuevo y maravilloso, Gn 1,1; Ex 34,m 10; Is 48, 7;
65, 17; Jr 31, 21-22. La justificación del pecador es la obra divina por
excelencia, análoga al acto creador, ver Ez 36, 25s. – Ver también Jr 31, 33;
32,39-40.
50 13 Se trata del principio intrínseco al hombre, pero dado por Dios,
de la vida moral y religiosa, ya no individual, Sal 143, 10; Sb 1,5; 9, 17, ya
de todo el pueblo, Ne 9,20; Is 63, 11; Ag 2,5.
Segunda lectura.
Lectura de la primera
carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19
Hermanos:
Lo mismo que por un
hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte
se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron… Pues, hasta que llegó la
ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley.
Pese a todo, la muerte reinó, desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no
habían pecado con una trasgresión como la de Adán, que era figura del que había
que venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el
delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don
otorgando en virtud de un hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos. Y
tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno: pues el juicio, a
partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos
pecados, acabó en justicia. Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su
reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales
el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo,
Jesucristo. En resumen: lo mismo que por un solo delito resultó condena para
todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para
todos. Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron
constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán
constituidos justos.
Palabra de Dios.
Textos paralelos.
Por una persona entró el
pecado en el mundo.
1 Co 15, 21-22: Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la
resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán
vivificados.
Sb 2, 23-24: Dios creó al hombre incorruptible / y lo hizo a imagen de
su propio ser; / mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, / y la
experimentan los de su bando.
Gn 3, 17: A Adán le dijo: “Por haber hecho caso a tu mujer / y haber
comido del árbol del que te prohibí, / maldito el suelo por tu culpa: / comerás
de él con fatiga mientras vivas”.
Gn 3, 19: “Comerás el pan con sudor de tu frente, / hasta que vuelvas a
la tierra, / porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo
volverás”.
Rm 6, 23: Porque la paga del pecado es la muerte, mientras que el don
de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Rm 3, 23: Y ahora, ¿dónde está la gloria? Queda eliminada. ¿En virtud
de qué ley? ¿De la ley de las obras? No, sino en virtud de la ley de la fe.
Rm 4, 15: Pues la ley provoca ira; ya que donde no hay ley, tampoco hay
transgresión.
Rm 7, 7: Entonces, ¿qué diremos?, ¿Qué la ley es pecado? ¡En absoluto!
Pero ocurre que yo no he conocido el pecado sino a través de la ley. Pues yo no
habría conocido el deseo, si la ley no dijera: No desearás.
Por la obediencia de uno todos serán constituidos justos.
Is 53, 11: Port trabajos de su alma verá la luz, / el justo se saciará
de conocimiento. / Mi siervo justificará a muchos, / porque cargó con los
crímenes de ellos.
Notas exegéticas:
5, 12 (a) El pecado habita en el hombre, Rm 7, 14-24, más como la muerte, castigo
del pecado, ha entrado en el mundo a consecuencia del pecado de Adán, Sb 2, 24,
Pablo deduce que el mismo pecado ha entrado en la humanidad por medio de esta
falta inicial; es la doctrina del pecado original que interesa aquí al Apóstol
por el paralelismo que ofrece entre la obra nefasta del primer Adán y la
reparación sobreabundante del “último Adán”, vv. 15-19; 1 Co 15,21-25. Si
Cristo salva a la humanidad, lo hace como “nuevo Adán”, imagen según la cual
restaura Dios su creación. Rm 8,29; 2 Co 5, 17ss.
5 12 (b) El pecado separa al hombre de Dios. Esta separación es la “muerte”,
muerte espiritual y “eterna”, cuya señal es la muerte física, ver Sb 1, 13; 2,
24; Hb 6, 1ss.
5 12 (c) La proposición del v. 12 d se puede interpretar como oración de relativo
(“por lo cual”), o como una circunstancial causal (“por cuanto”, “por el hecho
de que”), o consecutiva (“ya que”). La traducción propuesta aquí expresa el
interés de Pablo en subrayar el hecho universal del pecado desde el principio:
1º pecado de uno solo (vv.12.15.17). 2º que tiene como consecuencia la muerte
de todos (vv.12.13.17). 3º seguidamente la situación de pecado (vv.12.19), 4º y
finalmente, la venida de la ley mosaica y su función (vv.13.20).
5 14 “figuras” ver 2 Co 10, 6, semejante pero imperfecta. Por lo mismo, la
comparación, esbozada en el v. 12 e interrumpida por el largo paréntesis de los
vv. 13 y 14 se transforma en v. 15 en un contraste.
5 15 Este “todos” incluye a todos los hombres, ver v.18; ver Mt 20, 28.
5 18 Tras los argumentos a fortiori de los tres versos precedentes
Pablo retoma la comparación del v. 12
5 19 No sólo es el Juicio Final (para Pablo la justificación es actual, ver 5,
1, etc.), sino conforme los hombres van renaciendo en Cristo.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11
En aquel tiempo, Jesús
fue llevado al desierto por el Espíritu Santo para ser tentado por el diablo.
Y, después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió
hambre. El tentador se el acercó y le dijo:
-Si eres Hijo de Dios,
di que estas piedras se conviertan en panes.
Pero él le contestó:
-Está escrito: “No solo
de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Entonces el diablo lo
llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
-Si eres Hijo de Dios,
tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti
y te sostendrán en tus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.
Jesús le dijo:
-También está escrito:
“No tentarás al Señor, tu Dios”.
De nuevo el diablo lo
llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le
dijo:
-Todo esto te daré, si
te postras y me adoras.
Entonces le dijo Jesús:
-Vete, Satanás, porque
está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás, y a él solo darás culto”.
Entonces lo dejó el
diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Evangelios paralelos.
|
Mc 1, 12-13: |
Mt 4, 1-11 |
Lc 4, 1-13 |
|
A
continuación, el Espíritu lo empujó al desierto. Se
quedó en el desierto cuarenta días, siendo
tentado por Satanás; vivía
con las fieras y los ángeles le servían. |
En aquel
tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu Santo Y,
después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió
hambre. para ser
tentado por el diablo. Y, después
de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador
se el acercó y le dijo: -Si eres
Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Pero él le
contestó: -Está
escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios”. Entonces el
diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: -Si eres
Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus
ángeles acerca de ti y te sostendrán en tus manos, para que tu pie no
tropiece con las piedras. Jesús le
dijo: -También
está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”. De nuevo el
diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su
gloria, y le dijo: -Todo esto
te daré, si te postras y me adoras. Entonces le
dijo Jesús: -Vete,
Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás, y a él solo darás
culto”. Entonces lo
dejó el diablo, y he aquí
que se acercaron los ángeles y lo servían. |
Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió
del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el
desierto, En todos aquellos días estuvo sin comer y, al
final, sintió hambre. mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y,
al final, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: -Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra
que se convierta en pan. Jesús le contestó: -Está escrito: “No solo de pan vive el
hombre”. Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el
alero del templo y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,
porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles también. “te sostendrán
sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”. Respondiendo Jesús, le dijo: -Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Después llevándole a lo alto, el diablo le
mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: -Te daré el poder y la gloria de todo eso,
porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas
delante de mí, todo será tuyo”. Respondiendo Jesús, le dijo: -Está escrito: “Al Señor, tu Dios,
adorarás y a él solo darás culto”. Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en
el alero del templo y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí
abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles también. “te
sostendrán sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”. Respondiendo Jesús, le dijo: -Está escrito: “No tentarás al Señor, tu
Dios”. Acabada toda la tentación se marchó hasta
otra ocasión. |
Textos paralelos.
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto.
Dt 8, 2: Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho re
correr estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para probarte y
conocer lo que hay en tu corazón: si observas sus preceptos o no.
El tentador se acercó:
Hb 2, 18: Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación,
puede auxiliar a los que son tentados.
Hb 4,15: No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de
nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en
el pecado.
Ex 24,18: Moisés se adentró en la nube y subió a la montaña. Moisés
estuvo en la montaña cuarenta días y cuarenta noches.
Ex 34, 28: Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días con sus
cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua; y escribió en las tablas las
palabras de la alianza, las Diez Palabras.
Dt 9, 9: Cuando yo subí al monte a recibir las tablas de piedra, las
tablas de la alianza que concertó el Señor con vosotros, me quedé en el monte
cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua.
1 Re19,8: Elías se levantó, comió, bebió y, con la fuerza de aquella
comida, caminó cuarenta días y cuanta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.
Jb 2, 6: El Señor respondió a Satán: “Haz lo que quieras con él, pero
respétale la vida”.
No solo de pan vive el hombre.
Dt 8, 3: El te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó
con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte
reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale
de la boca de Dios.
Sb 16, 23: Así aprenderán los hijos queridos, Señor, / que la variedad
de frutos no alimenta al hombre, / sino tu palabra, que mantiene a los que
creen en ti.
Lo puso sobre el alero del templo.
Dn 3,28: Has decretado sentencias justas / en todo lo que has hecho
caer sobre nosotros / sobre la ciudad santa de nuestros padres, Jerusalén, /
pues lo has hecho con rectitud y justicia / a causa de nuestros pecados.
A sus ángeles te encomendará.
Sal 91, 11-12: No se te acercará la desgracia, / ni la plaga llegará a
tu tienda, / porque a sus ángeles ha dado órdenes / para que te guarden en tus
caminos. / Te llevarán en sus palmas, / para que tu pie no tropiece en la
piedra, / caminarás sobre áspides y víboras, / pisotearás leones y dragones.
No tentarás al Señor tu Dios.
Dt 6,16: No tentaréis al Señor, vuestro Dios, como lo habéis tentado en
Masá.
Ap 21,10: Y me llevó en espíritu a un monte grande y elevado, y me
mostró la ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios.
Dt 34,1-4: Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, a la cima
del Pisgá, frente a Jericó; y el Señor le mostró toda la tierra: Galaad hasta
Dan.
Todo esto te daré.
Mt 16, 23: Jesús se volvió y dijo a Pedro: “¡Ponte detrás de mí,
Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres,
no como Dios”.
Dt 6, 13: Al Señor tu Dios, temerás, a él servirás y en su nombre
jurarás.
1 Re 19, 5: [Elías] se recostó y quedó dormido bajo la retama, pero un
ángel lo tocó y dijo: “Levántate y come”.
Mt 26, 53: ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría
enseguida más de doce legiones de ángeles.
Notas
exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica.
4 1-11 Las llamadas “tres tentaciones” – experiencia personal del Hijo de Dios
que, en su humanidad, se vio sometido a pruebas (eso es una tentación)
–, son variantes del mismo ataque diabólico, tendente a hacer que Jesús se
presentara como Mesías político y predicara el Evangelio con métodos de
“mundo”. Del texto de Mt, en el que abundan los presentes históricos, no puede
deducirse si se trata de visiones corporales y tangibles o de visiones
imaginarias experimentadas en la psicología humana de Jesús.
3 El tentador…: lit. y habiéndose acercado el tentador dijo a él.
Hasta en el Calvario se repite ese estribillo tentador: “Si… eres [el]
Hijo de Dios…”. La forma gramatical griega es la de una oración condicional
real: “Si eres, efectivamente, [el] Hijo de Dios”. El Hijo: porque se
trata del Hijo de Dios por excelencia. Algunos opinan que el tentador pedía a
Jesús, nuevo Moisés, algo parecido a un nuevo milagro del maná.
4 En respuesta dijo: lit. habiendo respondido dijo.
Está escrito: tiempo verbal griego de perfecto: “Se escribió en el pasado, y ahora
sigue vigente esa escritura”.
5-6 La ciudad santa es Jerusalén. Frente a un camino fácil para atraer a las masas – lo
espectacular – Jesús se adhiere a la voluntad del Padre, que quiere ganar cada
corazón humano por la conversión y renovación de vida.
10 Servirás:
o bien darás culto.
11 Se acercaron para asistirle (lit. se acercaron y servían a él).
“Asistir” tiene el significado primitivo de servir a la mesa.
A continuación v. 12-17 Contra lo sugerido por el demonio, Jesús comienza
su apostolado con medios humildes, obediente al Padre.
Notas exegéticas Biblia de
Jerusalén.
4 Jesús
es conducido al desierto para ser allí tentado durante cuarenta días, como lo
había sido antes Israel durante cuarenta años. Dt 8,2-4; ver Nm 14,34. Allí
sufre tres tentaciones, subrayadas por tres citas tomadas del Dt 6-8, capítulos
dominados (como la ética de Mateo) por el mandamiento de amar a Dios: Dt 6,5.
Las tres tentaciones, a primera vista enigmáticas, pueden entenderse (a la luz
de la interpretación tradicional judía de Dt 6, 5) como tentaciones contra el
amor de Dios, valor supremo: a) No amar a Dios “con todo el corazón”, esto es,
no someter a Dios tus deseos interiores, revelarse contra el alimento divino.
b) No amar a Dios con “toda el alma·”, esto es, con tu vida, con tu cuerpo
físico hasta el extremo del martirio si es preciso. c) No amar a Dios “con
todas las fuerzas”, esto es, con tus riquezas, lo que se posee, los bienes
exteriores. Al final Jesús se muestra como uno que ama a Dios perfectamente.
4 1 (a) El Espíritu Santo, “Soplo” y energía creadora de Dios, que dirigía a los
profetas, Is 11, 2; Jc 3,10, va a dirigir ahora a Jesús mismo en el
cumplimiento de su misión, ver 3, 16; Lc 4,1, como más tarde dirigirá los
comienzos y el desarrollo de la Iglesia, Hch 1,8.
4 1 (b) Este nombre, que quiere decir Acusador, Calumniador, ha traducido a veces
el hebreo Satán (Adversario), Jb 1,6; ver Sb 2,24. El personaje que lo
lleva es considerado responsable de todo lo que obstaculiza la obra de Dios y
de Cristo: 13,39; Jn 8, 44; 13,2; Hch 10,38; Ef 6, 11; 1 Jn 3, 8; etc. Su
derrota significará la victoria final de Dios, Mt 25,41; Hb 2, 14; Ap 12,9;
20,2.10.
4 3 El título bíblico de “Hijo de Dios” no expresa necesariamente una
filiación de naturaleza, sino que puede indicar simplemente una filiación
adoptiva resultante de una elección divina que establece entre Dios y su
criatura relaciones de una protección particular. Así este título es aplicado a
los ángeles, Jb 1,6, al pueblo elegido, Ex 4,22; Sb 18,13, a los israelitas Dt
14,1; Os 2,1; ver Mt 5,9.45, etc., a sus jefes Sal 82,6. Por tanto, cuando se
dice del Rey Mesías 1 Cro 17, 13; Sal 2,7; 89, 27, no exige que este sea más
que humano, y no es necesario suponer más en el pensamiento de Satán. Mt 4,
3.6, de los endemoniados Mc 3,11; 5,7; Lc 4,41, a fortiori del centurión
Mc 15, 39, ver Lc 23,47. Incluso las palabras del Bautismo Mt 3,17 y de la
Transfiguración 17, 5, no implicarían de suyo más que el favor especial
otorgado al Mesías-Siervo y la pregunta del sumo sacerdote 26, 643 no parece
que va más allá de esta significación mesiánica. Pero el título “Hijo de Dios”
queda abierto en otros pasajes a la significación más elevada de una filiación
propiamente dicha, y Jesús lo ha sugerido claramente al designarse como Hijo,
21,37, superior a los ángeles, 24,36, que tiene a Dios por Padre a título
enteramente especial Jn 20, 17 y ver Padre mío, Mt 7,21, etc., porque sostiene
con él relaciones únicas de conocimiento y de amor. Mt 11,2y. Estas
declaraciones apoyadas por otras sobre el rango divino del Mesías 22, 42-46, y
sobre el origen celestial del Hijo del hombre, 8, 20, confirmadas finalmente
por el título de la Resurrección, han dado a la expresión Hijo de Dios el sentido propiamente divino
que se encontrará, pro ejemplo, en San Juan, Jn 1,18. Si los discípulos no
tuvieron clara conciencia de ello en vida de Jesús (los textos de Mt 14, 33 y
16,16, al añadir esta expresión al texto más primitivo de Mc reflejan sin duda
una fe más evolucionada), la fe que definitivamente adquirieron después de
Pascua, con la ayuda del Espíritu Santo, se apoya no menos realmente en las
palabras históricas del Maestro que expresó hasta donde podían captarlo sus
contemporáneos, su conciencia de ser Hijo propio del Padre.
4 4 Mateo cita Dt 8, 3 según el griego; el texto hebreo no es tan preciso:
“…de todo lo que sale de la boca de Yahvé”.
4 5 Podría tratarse de la cornisa superior de una de las grandes puertas de
donde se esperaba que Jesús se tirase para demostrar su mesianismo ante la
muchedumbre que habitualmente se arremolinaba en ese lugar, 4 6. El Sal 91,
11-12 es citado según el griego. Como Dt 8, 3, estas palabras del salmo no se
referían precisamente al Mesías, sino a todo israelita fiel que solo espera
ayuda de Dios.
4 7 Tentar a Dios es un tema recurrente en el AT (Ex 17,2-7; Nm 14,22; Sal
78, 18, etc.) con dos sentidos complementarios: desobedecerle para ver hasta
donde llega su paciencia o, como aquí, valerse de su bondad con fines
interesados.
4 9 Este verbo denota un acto de sumisión total de consecuencias concretas e
inmediatas (ver 2, 2; 8, 2; 9, 18; Gn 37, 7-10). Idéntico sentido en 28, 17.
4 11 Este verbo significa servir la mesa, dar de comer (ver 8, 15). A Jesús le
atienden ángeles (“mensajeros” de Dios) y le ofrecen comida que él había
rechazado previamente desoyendo las palabras del diablo. Enseñará a sus
discípulos a pedirla y recibirla igualmente del Padre (6, 11).
Notas exegéticas desde la Biblia
Didajé:
4, 1-11 Cristo oró y ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches para
prepararse a su ministerio. En las Escrituras, el número cuarenta simboliza un
periodo de espera y de preparación. Moisés pasó cuarenta días y cuarenta noches
en la montaña para prepararse para recibir la Ley (cf. Ex 34, 28), y Elías pasó
cuarenta días en el desierto para prepararse para su misión (cf. 1 Re 19, 5-8).
Los israelitas anduvieron errantes por el desierto durante cuarenta años para
prepararse a la tierra prometida (cf. Dt 8, 1-6). A diferencia de los
israelitas, que a menudo, caían en el pecado, Cristo salió victorioso en
previsión de su victoria sobre el pecado y la muerte en el misterio pascual.
Esto es rememorado durante la Cuaresma y el Triduo pascual, que incluye un periodo
de cuarenta días de oración, ayuno y mortificación, como preparación para la
resurrección de Cristo en la Pascua. Estas prácticas penitenciales constituyen
también medios sobrenaturales para extender el reino de Dios en el mundo. Cat
333, 394, 538, 540.
4, 1 Tentado por el diablo: el diablo intentó desviar a Cristo de su misión, que era cumplir la
voluntad del Padre. La oración es necesaria para vencer las tentaciones del
diablo (cat. 394 y 2849). a diferencia de Adán que sucumbió a la tentación,
Cristo, el nuevo Adán, superó la tentación (cat. 539). Cristo es “en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado”; aunque experimentó la tentación,
su voluntad humana estaba perfectamente conformada con la voluntad de su Padre
que no cometió pecado (cat. 470, 475, 482, 2849).
4, 2 El ayuno es un medio de preparación espiritual, disciplina y penitencia,
que se practica sobre todo durante el tiempo de Cuaresma. Los católicos de rito
latino están obligados a ayunar el Miércoles de Ceniza, el Viernes Santo y
durante la hora previa a recibir la Sagrada Comunión. También se recomienda
ayunar como práctica piadosa en otros momentos, según a uno le parezca (cat.
1387).
4, 4 No solo de pan: en la oración del Padrenuestro pedimos a Dios: “Danos hoy nuestro pan
de cada día”. Dependemos de Dios para todas nuestras necesidades y reconocemos
que, en último término, nuestro corazón hambrea a Dios mismo (cat. 2835).
4, 10 Cristo recordó el primer y segundo mandamiento del Decálogo y la Shemá
(cf. Dt 6, 4-9). Adorar a Dios correctamente es cumplir con la virtud de la
religión en obediencia al primer mandamiento. Satanás significa
“adversario” y “oponente”, en hebreo y arameo (cat. 2083 y 2135).
Catecismo de la Iglesia Católica.
333 De le Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está
rodeada de la adoración y el servicio a los ángeles.
394 La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama
“homicida desde el principio” (Jn 8, 44) y que incluso intentó apartarlo de la
misión recibida del Padre (cf. Mt 4, 1-11).
538 Los evangelios hablan de un tiempo de soledad de Jesús en el desierto
inmediatamente después de su bautismo por Juan: “Impulsado por el Espíritu” al
desierto, Jesús permanece allí sin comer durante cuarenta días; vive entre los
animales y los ángeles le servían (cf. Mc 1, 13). Al final de este tiempo,
Satanás le tienta tres veces tratando de poner a prueba su actitud filial hacia
Dios. Jesús rechaza estos ataques que recapitulan las tentaciones de Adán en el
Paraíso y de Israel en el desierto, y el diablo se aleja de él “hasta un tiempo
oportuno” (Lc 4, 13).
540 La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el
Hijo de Dios, en oposición a la que le propone Satanás y a la que los hombres
(cf. Mt 16, 21-23) le quieren atribuir. Por eso Cristo ha vencido al Tentador en
beneficio nuestro: “Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda
compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros,
excepto en el pecado” (Hb 4, 15). La Iglesia se une todos los años, durante los
cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto.
2835 Esta petición y la responsabilidad que implica sirven además para otra
clase de hambre de la que desfallecen los hombres: “No solo de pan vive el
hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Dios” (Mt 4,
4; Dt 8, 3), es decir, de su Palabra y de su Espíritu. Los cristianos deben
movilizar todos sus esfuerzos para “anunciar el Evangelio a los pobres”. Hay
hambre sobre la tierra, “mas no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la
Palabra de Dios” (Am 8, 11).
2083 Jesús resumió los deberes del hombre para con Dios en estas palabras:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu
mente” (Mt 22, 37). Estas palabras siguen inmediatamente a la llamada solemne:
“Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor” (Dt 6, 34).
2135 “Al Señor tu Dios adorarás” (Mt 4, 10). Adorar a Dios, orar a Él,
ofrecerle el culto que le corresponde, cumplir las promesas y los votos que se
te han hecho, son todos ellos actos de la virtud de la religión que constituyen
la obediencia al primer mandamiento.
Concilio Vaticano II
Tanto en la liturgia como en la catequesis litúrgica debe ponerse más de
relieve el carácter doble del tiempo cuaresmal, que prepara a los fieles a oír
la palabra de Dios más intensamente y a rezar, especialmente mediante el
recuerdo o la preparación del bautismo y la penitencia, para celebrar el
misterio pascual. Por consiguiente:
a)Deben usarse con mayor abundancia los elementos bautismales propios de
la liturgia cuaresmal, restaurándose, según las circunstancias, algunos
elementos de la tradición anterior.
b)Dígase lo mismo de los elementos penitenciales. En lo referente a la
catequesis, debe inculcarse a los fieles, juntamente con las consecuencias
sociales del pecado, la naturaleza propia de la penitencia, que detesta el
pecado por cuanto es ofensa a Dios; no debe olvidarse la participación de la
Iglesia en la acción penitencial y recomiéndese la oración por los pecadores.
La penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser solo interna e individual,
sino también externa y social. Foméntese la práctica penitencial de acuerdo con
nuestro tiempo y con las posibilidades de las diferentes regiones, así como con
las situaciones de los fieles, y recomiéndese por parte de las autoridades
[Sede Apostólica y obispos] mencionadas en el art. 22.
Sin embargo, considérese sagrado el ayuno pascual, que debe celebrarse en
todas partes el viernes de la Pasión y Muerte del señor y que, según las
circunstancias, debe extenderse también al sábado, de modo que se llegue al
gozo del domingo de Resurrección con espíritu elevado y abierto.
Sacrosanctum Concilium, 109-110
En muchas ocasiones urge la necesidad de revisar las estructuras
económicas y sociales; pero hay que estar en guardia frente a las soluciones
técnicas prematuramente propuestas, sobre todo frente a aquellas que, dando al
hombre ventajas materiales, se oponen a su índole y progreso espiritual. Pues
“no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de
Dios” (Mt 4, 4). Cualquier parcela de la familia humana en sí misma y en sus
mejores tradiciones lleva consigo una parte del tesoro espiritual confiado por
Dios a la humanidad, aunque muchos no sepan de dónde procede.
Gaudium et spes, 86
Los Santos Padres:
Y ciertamente lo maravilloso es que le lleva el Espíritu Santo – así lo
afirma expresamente el Evangelio –. Y es que, como el Señor todo lo hacía y
sufría para nuestra enseñanza, quiso también ser conducido al desierto y trabar
allí combate contra el diablo, a fin de que los bautizados, si después del
bautismo sufren mayores tentaciones, no se turben por ello, como si fuera cosa
que no era de esperar. No, no hay que turbarse, sino permanecer firme y
soportarlo generosamente como la cosa más natural del mundo.
San Juan Crisóstomo. Homilías sobre el Ev. de Mateo, 13,1.
El haber sido conducido al desierto significa la libertad del Espíritu
Santo, que siempre libera su humanidad del diablo. Él no tenía hambre del
alimento de los hombres, sino de su salvación. En efecto, tuvo hambre después
de los cuarenta días, no durante ellos; tampoco Moisés y Elías tuvieron hambre
durante el mismo periodo de días.
San Hilario de Poitiers. Sobre el Ev. de Mateo, 3, 1-2.
Quien se alimenta de la palabra de Cristo no necesita comida terrena.
Tampoco puede desear el pan mundano quien se sacia con el pan del Salvador. En
efecto, el Señor tiene su propio pan, es más, el Salvador mismo es el pan, como
enseñó al decir: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo” (Jn 6, 41). De este
mismo pan dice también el profeta: “El pan fortalece el corazón del hombre”
(Sal 104, 15).
San Máximo de Turín. Sermones, 51,2.
¿Cómo es que el diablo incita cada tentación con las palabras: “Si eres
Hijo de Dios”? Lo que hizo con nuestros primeros padres, eso mismo hace aquí.
Alllí calumnió a Dios diciéndoles: “No, el mismo día en que comiereis se os
abrirán los ojos”. Con lo que les quería dar a entender que habían sido
engañados y eran unos ilusos, y que no le debían beneficio alguno. Aquí también
viene a significar lo mismo, como si le dijera al Señor: “Vanamente te ha dado
Dios nombre de Hijo, y te ha burlado con semejante don. Y, si, esto no es así,
dame la prueba de que tú tienes el poder que corresponde al Hijo de Dios”.
No tentarás al Señor tu Dios. Es que quería enseñarnos que al diablo hay
que vencerle no por medio de milagros, sino por la paciencia y la longanimidad;
y que, por otra parte, nada absolutamente debemos hacer por ostentación y
ambición de gloria.
San Juan Crisóstomo. Homilías sobre el Ev. de Mateo, 13,3.
Después de la huida del diablo, los ángeles se pusieron a servir a
Cristo. Esto significa que si nosotros vencemos y pisoteamos la cabeza del
diablo, tampoco a nosotros nos faltarán el servicio de los ángeles y de sus
beneficios celestes.
San Hilario de Poitiers. Sobre el Ev. de Mateo, 3, 5.
San Jerónimo. Comentario al
Evangelio de san Mateo.
Para ser tentado por el diablo. Es conducido no a pesar suyo ni como cautivo,
sino con la voluntad de luchar.
Cuarenta días. En este número se manifiesta el misterio de la cuarentena, durante este
lapso Moisés ayunó en el monte Sinaí y Elías junto al monte Horeb. El cuerpo es
sometido al hambre para dar al diablo la ocasión de tentación.
No solo de pan vive el hombre. El Señor respondió así porque su intención
era vencer al diablo por la humildad y no por el poder.
El que no se alimenta de la Palabra de Dios, no vive.
Lo puso en el alero del templo. Después de haberlo tentado con el hambre, lo
tienta en la vanagloria.
Tírate abajo. Palabras del diablo, que siempre desea que todos caigan. Tírate, dice;
puede persuadir, pero no precipitar.
A los ángeles te encomendará. Por tanto el diablo interpreta mal las
Escrituras. Sin duda, si hubiera sabido verdaderamente que este salmo estaba
escrito acerca del Salvador, debería haber agregado lo que sigue, que está
dirigido contra él mismo: Pisarás sobre el león y la víbora, hollarás el
leoncillo y al dragón. Habla de la ayuda de los ángeles como interpelando a
un ser débil pero astuto como es, calla que será pisoteado.
No tentarás al Señor tu Dios. Destroza las flechas falsas que el diablo
toma de las Escrituras con los escudos verdaderos de las Escrituras.
Le lleva el diablo a un monte muy alto. El Señor descendió a los lugares bajos y a
las llanuras para vencer al diablo por la humildad.
Si postrándote me adoras. Por tanto el que va a adorar al diablo ya se está desmoronando.
Apártate Satanás. Vete al fuego eterno preparado para ti y tus ángeles.
Al Señor tu Dios adorarás. El diablo dice al Salvador: Si postrándote me adoras, y escucha
que más bien es él quien debe adorarlo como su Señor y su Dios.
Se acercaron los ángeles y le servían. La tentación precede, para que siga la
victoria. Los ángeles le sirven para demostrar la dignidad del vencedor
San Agustín.
¿Por qué entonces, no hizo el milagro? Para enseñarte cómo debes
responder al tentador. Suponte que te hallas afligido. Se te acerca el tentador
y te sugiere: “Si fueras cristiano y en verdad pertenecieras a Cristo, ¿te
abandonaría en este apuro? ¿No te hubiese enviado socorro?”. Quizá el médico
está todavía sajando, y por eso te abandona; pero no te abandona. De la misma
manera que Pablo no fue escuchado porque fue escuchado. En efecto, Pablo dice
que no se le escuchó a propósito del aguijón de su carne, el ángel de Satanás,
por quien decía que era abofeteado: Por lo cual rogué tres veces al Señor que me lo quitase y me
respondió: Te basta mi gracia, pues la fortaleza llega a su plenitud en la
debilidad (2
Cor 12, 7-9). Es como si el enfermo dijera al médico que le aplicó un
cataplasma: “Este emplasto me molesta; te ruego que me lo quites”. El médico le
responderá: “No, es necesario que lo tengas aún más tiempo; de otro modo no
podrás curar”. El médico no escuchó al enfermo en ese deseo, porque le escuchó
en su ansia de salud. Por tanto, hermanos, sed fuertes. Si alguna vez os veis
tentados por alguna estrechez, es Dios quien os azota para probaros, él que os
ha preparado y os reserva la herencia eterna. No permitáis que el diablo os
diga: “Si fueses justo, ¿acaso no te mandaría Dios el pan por medio de un
cuervo como lo mandó a Elías? (1 Re 17,6) ¿Acaso no has leído las palabras: nunca he visto al justo
abandonado, ni a su descendencia mendigar el pan (Sal 36, 25).
Comentario al salmo 90, II 6-7.
San Juan de Ávila.
Así ganamos más con aquella paciencia que ganáramos con la devoción que
nos quitó, y ayúdanos a crecer en el servicio de Dios el que pensaba
estorbarnos. E hizo por su ocasión que, estando nuestra ánima en flor de
principios, comience a dar frutos de hombres perfectos, porque nos hace
desnudar de nosotros mismos y que, comiendo antes leche de devoción tierna,
comemos ya pan con corteza, manteniéndonos con las duras piedras de las
tentaciones; las cuales él nos traía para probarnos si éramos hijos de Dios (cf.
Mt 4, 3), y sacamos de la ponzoña miel, de las llagas salud; y así de la
tentación salimos probados y aprovechados.
Audi filia (I). I, pg. 430.
Y sucede de aquí que, estando nuestra ánima, en flor de principios,
comience a dar fruto de hombres perfectos; pues, mamando antes leche de
devoción tierna, comemos ya pan con corteza, manteniéndonos con las piedras
duras de las tentaciones, las cuales él nos traía para probarnos si éramos
hijos de Dios, como hizo con nuestro Señor (cf. Mt 4, 3). Y así sacamos de
la ponzoñosa miel y de las heridas salud, y de las tentaciones salimos
probados, con otros millones de bienes.
Audi filia (II). I, pg. 597.
Ductus est Iesus, etc. (Mt 4, 1), ubi supra. Muéstranos hoy el santo Evangelio una
batalla que nuestro Señor Jesucristo con el demonio tuvo, cómo lo venció la
mañana y el arte que en ello tuvo.
Sermón del Domingo I de Cuaresma. III, pg. 129.
Díjole el demonio a Jesucristo: Haz que estas piedras se vuelvan en pan.
Responde Cristo: Non in solo pane vivit homo, etc. Quiso aquí dicir
Cristo que no en solo pan vive el hombre (Mt 4, 4), mas con todo aquello
que quiere y manda Dios que viva; de forma que para mantener a un hombre no es
menester hacer de las piedras pan, sino mantenello en las mismas piedras (verbum
pro re, venció a). Y más, que lo llevó al pináculo del templo y le dijo: Échate
de aquí, que está escrito de ti que los ángeles te servirán (Mt 4, 6).
Notad y aprended de Cristo a responder al demonio con palabras santas de la
sagrada Escritura. En los libros santos habíades de leer ciertas horas
desocupadas, para entender en ello y para ejercitaros en las palabras del
Señor, para hallarnos apercibidos en las tentaciones. No se hace ansí y por eso
andáis como andáis. Llevólo también a un monte muy alto y dijole: Adórame y
darte he cuanto veas; todo es mío (Mt 4, 9).
Mira en qué fue a acabar. Estas son sus salidas. Díjole Cristo: Vade
retro; al Señor adorarás y a Él solo has de servir (Mc 8, 33). Confuso y
avergonzado con las respuestas a sus tentaciones hizo Cristo, fuese y quedó
Cristo en el campo como fuerte guerrero. Y vinieron los ángeles a lo servir (Mt
4, 11). ¿No os acordáis cómo se hubo Melquisedec cuando vencido hobo aquella
batalla Abraham? Ofreció pan y vino.
Esfuérzate tú, hermano, el tiempo que en este mundo estuvieres, a pelear
varonilmente contra los demonios y sus asechanzas. Y si ansí lo hiceres, vernán
no solamente los ángeles a te servir y consolar, pero el mismo Jesucristo
verná, y te consolará, y te esforzará y abrazará, y te dará gracia para este
vencimiento y después su gloria, ad quam nos perducat.
Dijo el tentador a Jesucristo, mostrándole todos los reinos del mundo y
su gloria: Todo esto es mío (cf. Mt 4, 9). Y mintió la cabeza de la
mentira y no dijo verdad, porque ninguna cosa criada es suya, ni tiene nada en
ella, ni aun una hormiguita posee. ¡Qué de promesas hace, qué de apariencias
nos pone para que lo creamos! Y en todo miente. Quien es nada no puede dar
algo, y si algo da, es lo que él tiene, que es fuego y infierno. Convídate a
deleites; dice que no se han de acabar, que te subirá a grandes honras, que te
dará grandes riquezas, que te prosperará en esta vida. Y en todo falta, porque
en nada tiene poder, ni puede dar sino de lo que no tiene, que es arder en los
fuegos infernales.
Lo que hemos dicho hasta aquí es lo de menos con que nos puede dañar,
porque, como estos son pecados claros, no puede él dañar con ellos sino, a
quien él muy de su parte tuviere, a estos que tuviere muy metidos en las cosas
de este mundo. Hace el demonio otra guerra muy más cruel y dañosa, y tanto más
cruel y dañosa, cuanto más disimuladamente la hace contra espirituales personas
y tiempos y lugares y con armas y cosas que parecen seguras, y es tanta su
maldad y astucia, que no hay quien de sus lazos se pueda escapar.
Sermón Domingo 1 de Cuaresma. III, pgs. 138-139.
Estos son los tres panes [pago por nuestros pecados, fuerza para no pecar
y esperanza para avanzar] que Jesucristo nos ganó por su misericordia, porque
cuando el demonio os viniere a tentar, le digáis: Vade retro Satana (cf.
Mt 4, 10), que no tengo temor ninguno de ti. ¿Qué es lo que temíades? ¿Qué? ¿Es
la falta del primer pan? ¿Temíades de Dios que os castigase en el infierno para
siempre? Pues decilde que ya habéis pagado lo que debíades de vuestro pecado, y
como dice el profeta Oseas, no castiga Dios la cosa dos veces.
Sermón en vísperas de Navidad. III, pg. 63.
Enseñaos, pues, a manteneros de grueso manjares y esforzaos a convertir
en pan las piedras de las tribulaciones, si queréis tener testimonio de que
sois hija de Dios (cf. Mt 4, 3). Y si os da gana de pan blanco de
consolaciones, remitid eso a la voluntad del Señor y contentaos con que ternéis
tanto de eso en el cielo, que lo dulce de allá excede mucho lo amargo de acá, y
en lugar de los duros huesos que acá daban a comer a los dientes del ánima,
será allá el mesmo Dios sabrosísimo pan de vida que nunca se acabe.
Esperad este y esforzaos con esto, porque este negocio no es para regalados ni
para hombres de poca fe.
A una mujer que sentía mucha ausencia y disfavores de nuestro Señor. IV, pg. 122.
Coceos en el fuego de la tribulación, para que seáis fuerte, como
ladrillo y no floja como adobe de barro, que en el agua se deshace, y seréis
convenible para piedra del cielo. Avezaos a comer manjares generosos, y en eso
se verá si sois hija de Dios, si convertís las piedras en pan (cf. Mt 4,
3). No os dé gana de pan blanco ni blando, mas dejá para el tiempo que está por
venir y esforzaos a tener tan fuertes dientes que los duros güesos no los
quebranten, porque no es este negocio para regalados ni para hombres de poca
fe.
A una persona que estaba tentada. IV, pg. 130.
Diga, pues, vuestra merced al Señor: Pues eres Hijo de Dios, di a
estas piedras que se me tornen pan. Di a este mar que se sosiegue (Mt 4,
3). Di a esta pena que no me parezca tan dura. Ella en sí no lo es, mas yo soy
la niña y la flaca; pon fuerza de amor en mí, para que me alegre yo en ella por
ti y la reciba por empresa de amor.
A una mujer devota que padecía trabajos. IV, 248.
El Señor lo dio, el Señor lo llevó; como al Señor plugo, así fue hecho;
sea su nombre bendito (Jb 1, 21). Cante, Señora, este cantar, si quiere alegrar a sí y que se
le tornen las piedras en pan (cf. Mt 4, 3); porque verná a tomar tanto
sabor en las tribulaciones, que se mantenga y haga fuerte con ellas y las pida
al Señor, como el niño pide pan a su madre. Ligeramente hará esto si ha dado a
sí y a sus cosas a Dios; mas si en el hijo estaba algo que a Dios no le había
dado, compasión he de verdad de vuestra merced cuanto le habrá atormentado,
como herida en carne llagada.
A una mujer casada. IV, pg. 251.
Y [san Pedro] fue respondido y reprehendido por el mismo Dios con la
mesma reprehensión que hizo al diablo, llamándole Satanás (cf. Mt 4, 10).
A un mancebo. IV, pg. 610.
San Oscar Romero.
Queremos un cristianismo que de veras se apoye como el de
Cristo, en la palabra de Dios; que no traicione por más que le ofrezcan
ventajas, la verdad de la palabra divina; que sepa apoyar su propia hambre, su
propia debilidad, su propio ocultamiento; no lo considere como un fracaso, como
estar esperando días mejores. Ya los tenemos esos días, son los que se apoyan
en Cristo en la medida en que hacemos nuestra fe consistir en la palabra de
Dios, y nuestro poder no en hacer milagros ni en apoyarnos en triunfalismos y
espectacularidad, sino en el sencillo cumplimiento del deber, en la fe sencilla
a la palabra de Dios. ¡Esa es la redención que Cristo nos ofrece!
Homilía Domingo I de Cuaresma, 12 de febrero de 1978.
Papa León XIV. Ángelus. 15 de
febrero de 2026.
Queridos
hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
También
hoy escuchamos en el Evangelio una parte del “sermón de la montaña” (cf. Mt 5,17-37).
Después de haber proclamado las Bienaventuranzas, Jesús nos invita a entrar en
la novedad del Reino de Dios y, para guiarnos en este camino, revela el
verdadero significado de los preceptos de la Ley de Moisés, que no sirven para
satisfacer una necesidad religiosa exterior y sentirse bien ante Dios, sino
para hacernos entrar en la relación de amor con Dios y con los hermanos.
Por eso, Jesús dice que no ha venido a abolir la Ley, «sino a dar cumplimiento»
(v. 17).
El
cumplimiento de la Ley es precisamente el amor, que realiza su significado profundo y su fin
último. Se trata de adquirir una “justicia superior” (cf. v. 20) a la de
los escribas y fariseos, una justicia que no se limita a observar los
mandamientos, sino que nos abre al amor y nos compromete en el amor. Jesús,
en efecto, examina algunos preceptos de la Ley que se refieren a casos
concretos de la vida, y utiliza una forma lingüística —las
antinomias— para hacer ver la diferencia entra una justicia religiosa formal y
la justicia del Reino de Dios. Por una parte, Jesús afirma: «Ustedes han
oído que se dijo a los antepasados», y, por otra: «Pero yo les digo» (cf. vv.
21-37).
Este
planteamiento es muy importante. Nos dice que la Ley ha sido dada a Moisés y
a los profetas como un camino para empezar a conocer a Dios y su proyecto sobre
nosotros y sobre la historia o, para usar una frase de san Pablo, como un
preceptor que nos ha guiado hacia Él (cf. Ga 3,23-25). Pero
ahora, Él mismo, en la persona de Jesús, ha venido entre nosotros llevando la
Ley a cumplimiento, haciéndonos hijos del Padre y dándonos la gracia de entrar
en relación con Él como hijos y hermanos entre nosotros.
Hermanos
y hermanas, Jesús nos enseña que la verdadera justicia es el amor y que,
en cada precepto de la Ley, debemos percibir una exigencia de amor. No es
suficiente con no matar físicamente a una persona, si después la mato con las
palabras o no respeto su dignidad (cf. vv. 21-22). Del mismo modo, no basta
con ser fiel al cónyuge formalmente y no cometer adulterio, si en esa
relación faltan la ternura recíproca, la escucha, el respeto, el cuidado
mutuo y el caminar juntos en un proyecto común (cf. vv. 27-28.31-32). A
estos ejemplos, que Jesús mismo nos ofrece, podríamos agregar otros más. El
Evangelio nos ofrece esta preciosa enseñanza: no se necesita una justicia
mínima, se necesita un amor grande, que es posible gracias a la fuerza de Dios.
Invoquemos
juntos a la Virgen María, que ha dado al mundo a Cristo, Aquel que lleva a
cumplimiento la Ley y el plan de salvación. Que Ella interceda por nosotros,
ayudándonos a entrar en la lógica del Reino de Dios y a vivir en su justicia.
León XIV. Audiencia general. 11
de febrero de 2026. Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - I. Constitución
dogmática Dei Verbum 5. La Palabra de Dios
en la vida de la Iglesia
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
En la catequesis de hoy nos detendremos en la profunda y vital relación que
existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia, relación expresada en la
Constitución conciliar Dei
Verbum, en el capítulo sexto. La Iglesia es el lugar proprio de
la Sagrada Escritura. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia nació
del pueblo de Dios, y está destinada al pueblo de Dios. En la comunidad
cristiana tiene, por así decir, su habitat: efectivamente, en la
vida y en la fe de la Iglesia encuentra el espacio donde revelar su significado
y manifestar su fuerza.
El Vaticano
II recuerda que «la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas
Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la
mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios
como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia». Además, «siempre
las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la
regla suprema de su fe» (Dei
Verbum, 21).
La Iglesia nunca deja de reflexionar sobre el valor de las Sagradas
Escrituras. Después del Concilio, un momento muy importante a este respecto fue
la Asamblea
General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios
en la vida y en la misión de la Iglesia”, en octubre de 2008. El Papa Benedicto XVI recogió
sus frutos en la Exhortación postsinodal Verbum
Domini (30 de septiembre de 2010), en la que afirma: «Precisamente
el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica
de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí
de María. […] El lugar originario de la interpretación escriturística es la
vida de la Iglesia» (n. 29).
Por tanto, la Escritura encuentra en la comunidad eclesial el ámbito en
el que desarrollar su propia tarea y alcanzar su fin: dar a conocer a Cristo y
abrir al diálogo con Dios. «La ignorancia de la Escritura – de hecho – es
ignorancia de Cristo» [1]. Esta célebre frase de san Jerónimo nos
recuerda la finalidad última de la lectura y la meditación de la Escritura:
conocer a Cristo y, a través de Él, entrar en relación con Dios; relación que
puede ser entendida como una conversación, un diálogo. Y la Constitución Dei
Verbum nos presenta la Revelación precisamente como un diálogo en
el que Dios habla a los hombres como a amigos (cfr. DV,
2). Esto sucede cuando leemos la Biblia con una actitud interior de oración:
entonces Dios viene a nuestro encuentro y entra en conversación con nosotros.
La Sagrada Escritura, confiada a la Iglesia y custodiada y explicada por ella, desempeña un
papel activo: con su eficacia y potencia, sostiene y fortalece la comunidad
cristiana. Todos los fieles están llamados a beber de esta fuente, sobre
todo en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos. El amor
por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas deben guiar a quien
ejerce el ministerio de la Palabra: obispos, sacerdotes, diáconos,
catequistas. El trabajo de los exégetas y de cuantos practican las ciencias
bíblicas es muy valioso; y en la Teología, que tiene su fundamento y su alma en
la Palabra de Dios, la Escritura ha de ocupar el puesto central.
Lo que la Iglesia desea ardientemente es que la Palabra de Dios pueda
alcanzar a todos sus miembros y nutrir su camino de fe. Pero la Palabra de Dios
también empuja a la Iglesia más allá de sí misma, la abre continuamente a la
misión hacia todos. De hecho, vivimos rodeados de multitud de palabras; sin
embargo, ¡cuántas de ellas son palabras vacías! A veces escuchamos también
palabras sabias pero que no tocan nuestro destino último. En cambio, la
Palabra de Dios sacia nuestra sed de sentido y de verdad sobre nuestra vida.
Es la única Palabra siempre nueva: revelándonos el misterio de Dios es
inexhaurible, no cesa nunca de ofrecer sus riquezas.
Queridos, viviendo en la Iglesia se aprende que la Sagrada Escritura se
refiere totalmente a Jesucristo, y se experimenta que esta es la razón profunda
de su valor y su potencia. Cristo es la Palabra viviente del Padre, el
Verbo de Dios hecho carne. Todas las Escrituras anuncian su Persona y su
presencia que salva, para todos nosotros y para toda la humanidad. Abramos,
entonces, el corazón y la mente para acoger este don, siguiendo a María, Madre
de la Iglesia.
____________________
[1] S. Jerónimo, Comm.
in Is., Prol.: PL 24, 17 B.
León XIV. Mensaje para la Cuaresma
2026. Escuchar
y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión
La Cuaresma es el tiempo en el
que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el
misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe
recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y
distracciones cotidianas.
Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la
Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo
entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos
y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se
convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar
la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a
Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Escuchar
Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la
importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha,
ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el
deseo de entrar en relación con el otro.
Dios mismo, al revelarse a Moisés
desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo
distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en
Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha
del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la
que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de
salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.
Es un Dios que nos atrae, que hoy
también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso,
la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más
verdadera de la realidad.
Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las
Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el
sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición
interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él,
hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la
historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras
sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la
Iglesia». [1]
Si la Cuaresma es tiempo de escucha,
el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la
acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un
ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión.
Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que
tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve,
por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta
el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla
para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el
tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón,
cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la
justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De
este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres,
mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados;
mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento
serán repletos». [2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no
sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también
expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la
tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad.
Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no
ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios». [3] En cuanto
signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la
gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de
privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio,
ya que «sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana». [4]
Por eso,
me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco
apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y
lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje,
renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de
quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias.
Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la
amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes
sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las
comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras
de esperanza y paz.
Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de
la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura
subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro
de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro
de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la
adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).
Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y
comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino
compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor
de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno
sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo
concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las
relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por
la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras
comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y
reconciliación.
Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más
atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de
un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras
que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para
que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que
sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación,
haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la
civilización del amor.
Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.
Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
_________________________________
[1] Exhort.
ap. Dilexi
te (4 octubre 2025), 9.
[2] S. Agustín, La utilidad
del ayuno, 1, 1.
[3] Benedicto XVI, Catequesis (9
marzo 2011).
[4] S. Pablo VI, Catequesis (8
febrero 1978).
Papa Francisco. Ángelus. 26 de
febrero de 2023.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este primer Domingo de Cuaresma nos presenta a Jesús en el
desierto tentado por el diablo (cfr. Mt 4,1-11). Diablo
significa “el que divide”. El diablo siempre quiere crear división, y eso
es lo que se propone también tentando a Jesús. Veamos entonces de quién quiere
dividir el diablo a Jesús, y de qué modo lo tienta.
¿De quién quiere separar el diablo a Jesús? Después de recibir el bautismo de
Juan en el Jordán, Jesús fue llamado por el Padre «mi Hijo amado» (Mt 3,17),
y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de paloma (cfr. v. 16).
El Evangelio nos presenta así las tres Personas divinas unidas en el amor.
Luego, Jesús mismo dirá que ha venido al mundo a hacernos partícipes de la
unidad que existe entre Él y el Padre (cfr. Jn 17,11). El
diablo, en cambio, hace lo contrario: entra en escena para dividir a Jesús del
Padre y apartarlo de su misión de unidad para nosotros. Divide siempre.
Veamos ahora de qué modo intenta dividir. El diablo
quiere aprovechar la condición humana de Jesús, que se encuentra débil
porque ha ayunado durante cuarenta días y tiene hambre (cfr. Mt 4,2).
El maligno intenta entonces instilar en Él tres “venenos” potentes con
el fin de paralizar su misión de unidad. Y estos venenos son el
apego, la desconfianza y el poder. Ante todo, el
veneno del apego a las cosas, el apego a las
necesidades; mediante razonamientos persuasivos, el diablo trata de sugestionar
a Jesús: “Tienes hambre, ¿por qué tienes que ayunar? Escucha tu necesidad,
satisfácela, tienes derecho y tienes también poder para ello: transforma
las piedras en pan”. Después, el segundo veneno, la desconfianza:
“¿Estás seguro de que el Padre quiere tu bien? —insinúa el maligno—.
¡Ponlo a prueba, chantajéalo! Tírate desde el punto más alto del templo
y haz que haga lo que tú quieres”. Por último, el poder:
“¡No necesitas a tu Padre! ¿Por qué esperar sus dones? ¡Sigue los
criterios del mundo, logra todo tú solo y serás poderoso!”. Las tres
tentaciones de Jesús. E igualmente nosotros vivimos estas tres tentaciones,
siempre. Es terrible. Pero es así también para nosotros: el apego a las
cosas, la desconfianza y la sed de poder son tres tentaciones frecuentes y
peligrosas que el diablo emplea con el fin de dividirnos del Padre y hacer
que ya no nos sintamos hermanos y hermanas entre nosotros; las usa para llevarnos
a la soledad y a la desesperación. ¡Esto es lo que quiere hacer el diablo,
esto es lo que quiere hacernos a nosotros: llevarnos a la desesperación!
Pero Jesús vence las tentaciones. ¿Y cómo las vence? Evitando
discutir con el diablo y respondiendo con la Palabra de Dios. Esto es
importante: con el diablo no se discute, con el diablo no se dialoga. Jesús le
hace frente con la Palabra de Dios. Cita tres frases de las Escrituras que
hablan de libertad respecto a las cosas (cfr. Dt 8,3), de
confianza (cfr. Dt 6,16) y de servicio a Dios
(cfr. Dt 6,13), tres frases opuestas a las tentaciones. No
dialoga nunca con el diablo, no negocia con él, sino que rechaza sus
insinuaciones con las Palabras benéficas de las Escrituras. Esto supone una
invitación para nosotros: ¡con el diablo no se discute! No se negocia,
no se dialoga; no se le vence tratando con él, es más fuerte que nosotros.
Al diablo se le vence oponiéndole con fe la Palabra divina. Jesús nos enseña a
defender de este modo la unidad con Dios y entre nosotros de los ataques del
que divide. La Palabra divina es la respuesta de Jesús a las tentaciones del
diablo.
Por ello, preguntémonos: ¿qué lugar tiene en mi vida la Palabra de Dios?
¿Recurro a la Palabra de Dios en mis luchas espirituales? Si tengo un
vicio o una tentación que se repite, ¿por qué no busco, haciendo que me ayuden,
un versículo de la Palabra de Dios que responda a ese vicio? Luego, cuando
llegue la tentación, lo recito, lo rezo confiando en la gracia de Cristo.
Probemos, nos ayudará en las tentaciones, nos ayudará mucho, porque, entre las
voces que se agitan dentro de nosotros, resonará la voz benéfica de la Palabra
de Dios. Que María, que ha acogido la Palabra de Dios y con su humildad ha
derrotado la soberbia del que divide, nos acompañe en la lucha espiritual de la
Cuaresma.
Papa Francisco. Ángelus. 1 de
marzo de 2020.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio (cf. Mateo 4,
1-11) relata que Jesús, después de su bautismo en el río Jordán, «fue llevado
por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo» (v. 1). Se
prepara para comenzar su misión como anunciador del Reino de los Cielos y, como
Moisés y Elías (cf. Éxodo 24, 18; I Reyes 19,
8) en el Antiguo Testamento, lo hace con un ayuno de cuarenta días. Entra en
“Cuaresma”.
Al final de este período de ayuno, el tentador, el diablo, irrumpe e
intenta poner a Jesús en dificultades tres veces. La primera tentación
se inspira en el hecho de que Jesús tiene hambre; el diablo le sugiere: «Si
eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes» (v. 3). Un
desafío. Pero la respuesta de Jesús es clara: «Está escrito: No sólo de pan
vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (4, 4). Hace
referencia a Moisés, cuando recuerda al pueblo el largo viaje realizado en el
desierto, en el que aprendió que su vida depende de la Palabra de Dios
(cf. Deuteronomio 8, 3).
Entonces el diablo lo intenta por segunda vez (vv. 5-6), se hace aún
más astuto, citando las Sagradas Escrituras él mismo. La estrategia es clara:
si tienes tanta confianza en el poder de Dios, entonces experiméntalo, ya que
la propia Escritura afirma que serás socorrido por los ángeles (v. 6). Pero,
incluso en este caso, Jesús no se deja confundir, porque quien cree sabe que
a Dios no se le somete a prueba, sino que se confía en su bondad. Por lo
tanto, a las palabras de la Biblia, interpretadas instrumentalmente por
Satanás, Jesús responde con otra cita: «También está escrito: No tentarás al
Señor tu Dios» (v. 7).
Finalmente, el tercer intento (vv. 8-9) revela el verdadero
pensamiento del diablo: como la venida del Reino de los Cielos marca el
comienzo de su derrota, el maligno quiere desviar a Jesús de su misión,
ofreciéndole una perspectiva de mesianismo político. Pero Jesús rechaza
la idolatría del poder y la gloria humana y, al final, expulsa al tentador
diciéndole «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás,
y sólo a él darás culto» (v. 10). Y en este punto, los ángeles se acercaron a Jesús,
fiel a la consigna del Padre, para servirle (cf. v. 11).
Esto nos enseña una cosa: Jesús no dialoga con el
diablo. Jesús responde al diablo con la Palabra de Dios, no con su
palabra. En la tentación muchas veces empezamos a dialogar con la
tentación, a dialogar con el diablo: “Sí, pero puedo hacer esto..., luego me
confieso, luego esto, luego lo otro...”. Nunca se habla
con el diablo. Jesús hace dos cosas con el diablo: lo expulsa o, como en
este caso, responde con la Palabra de Dios. Tened cuidado: nunca dialoguéis
con la tentación, nunca dialoguéis con el diablo.
También hoy Satanás irrumpe en la vida de las personas para tentarlas
con sus propuestas tentadoras; mezcla las suyas con las muchas voces que
tratan de domar la conciencia. Desde muchos lugares llegan mensajes que invitan
a la gente a “dejarse tentar” para experimentar la embriaguez de la
transgresión. La experiencia de Jesús nos enseña que la tentación es el
intento de tomar caminos alternativos a los de Dios: “Pero haz esto, no hay
ningún problema, ¡luego Dios te perdona! Pero tómate un día de alegría...” –
“¡Pero es un pecado!” – “No, no es nada”. Caminos alternativos, caminos que nos
dan la sensación de autosuficiencia, de disfrutar de la vida como un fin en sí
misma. Pero todo esto es ilusorio: pronto nos damos cuenta de que cuanto
más nos alejamos de Dios, más impotentes y desamparados nos sentimos ante los
grandes problemas de la existencia.
Que la Virgen María, la Madre de Aquel que quebró la cabeza a la serpiente,
nos ayude en este tiempo de Cuaresma a estar vigilantes ante las tentaciones, a
no someternos a ningún ídolo de este mundo, a seguir a Jesús en la lucha contra
el mal; y también nosotros saldremos vencedores como Jesús.
Papa Francisco. Ángelus. 5 de marzo
de 2017.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos introduce en el camino
hacia la Pascua, mostrando a Jesús que permanece durante cuarenta días en el
desierto, sometido a las tentaciones del diablo (cf Mateo 4,
1-11). Este episodio se coloca en un momento preciso de la vida de Jesús: justo
después del bautismo en el río Jordán y antes del ministerio público. Él acaba
de recibir la investidura solemne: el Espíritu de Dios ha descendido sobre Él,
el Padre del Cielo lo ha declarado: «Este es mi Hijo amado» (Mateo 3,
17). Jesús ya está preparado para empezar su misión; y ya que esta tiene un
enemigo declarado, es decir Satanás, Él lo afronta enseguida, “cuerpo a
cuerpo”. El diablo hace presión precisamente en el título de “Hijo de Dios”
para alejar a Jesús del cumplimiento de su misión: «Si eres Hijo de Dios...»,
lo repite (vv. 3.6), y le propone hacer gestos milagrosos —hacer el “mago”—
como trasformar las piedras en pan para saciar su hambre, y tirarse abajo desde
el muro del templo y hacerse salvar por los ángeles. A estas dos tentaciones,
sigue la tercera: adorarle a él, el diablo, para tener el dominio sobre el
mundo (cf v. 9).
Mediante esta triple tentación, Satanás quiere desviar a Jesús del camino
de la obediencia y de la humillación –porque sabe que así, por este camino, el mal será
derrotado— y llevarlo por el falso atajo del éxito y de la gloria. Pero las
flechas venenosas del diablo son todas “paradas” por Jesús con el escudo
de la Palabra de Dios (vv. 4.7.10) que expresa la voluntad del Padre. Jesús
no dice ninguna palabra propia: responde solamente con la Palabra de Dios.
Y así el Hijo, lleno de la fuerza del Espíritu Santo, sale victorioso del
desierto.
Durante los cuarenta días de la Cuaresma, como cristianos estamos invitados
a seguir las huellas de Jesús y afrontar el combate espiritual contra el
maligno con la fuerza de la Palabra de Dios. No con nuestra palabra, no sirve. La Palabra de
Dios: esa tiene la fuerza para derrotar a satanás. Por esto es necesario
familiarizarse con la Biblia: leerla a menudo, meditarla, asimilarla. La
Biblia contiene la Palabra de Dios, que es siempre actual y eficaz. Alguno ha
dicho: ¿qué sucedería si usáramos la Biblia como tratamos nuestro móvil?
¿Si la llevásemos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de
bolsillo, qué sucedería?; si volviésemos atrás cuando la olvidamos: tú
te olvidas el móvil —¡oh!—, no lo tengo, vuelvo atrás a buscarlo; si la
abriéramos varias veces al día; si leyéramos los mensajes de Dios
contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del teléfono, ¿qué
sucedería? Claramente la comparación es paradójica, pero hace reflexionar. De
hecho, si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna
tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría hacer que nos
desviáramos del camino del bien; sabríamos vencer las sugestiones diarias
del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; nos encontraríamos más
capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a
nuestros hermanos, especialmente a los más débiles y necesitados, y también a
nuestros enemigos.
La Virgen María, icono perfecto de la obediencia a Dios y de la confianza
incondicional a su voluntad, nos sostenga en el camino cuaresmal, para que nos
pongamos en dócil escucha de la Palabra de Dios para realizar una verdadera
conversión del corazón.
Papa Francisco. Ángelus. 9 de marzo
de 2014.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio del primer domingo de Cuaresma presenta cada año el episodio
de las tentaciones de Jesús, cuando el Espíritu Santo, que descendió sobre Él
después del bautismo en el Jordán, lo llevó a afrontar abiertamente a Satanás
en el desierto, durante cuarenta días, antes de iniciar su misión pública.
El tentador busca apartar a Jesús del proyecto del Padre, o sea, de la senda del sacrificio,
del amor que se ofrece a sí mismo en expiación, para hacerle seguir un camino
fácil, de éxito y de poder. El duelo entre Jesús y Satanás tiene lugar a
golpes de citas de la Sagrada Escritura. El diablo, en efecto, para apartar a
Jesús del camino de la cruz, le hace presente las falsas esperanzas
mesiánicas: el bienestar económico, indicado por la posibilidad de
convertir las piedras en pan; el estilo espectacular y milagrero, con la
idea de tirarse desde el punto más alto del templo de Jerusalén y hacer que los
ángeles le salven; y, por último, el atajo del poder y del dominio, a
cambio de un acto de adoración a Satanás. Son los tres grupos de tentaciones:
también nosotros los conocemos bien.
Jesús rechaza decididamente todas estas tentaciones y ratifica la firme
voluntad de seguir la senda establecida por el Padre, sin compromiso alguno con
el pecado y con la lógica del mundo. Mirad bien cómo responde Jesús. Él no
dialoga con Satanás, como había hecho Eva en el paraíso terrenal. Jesús
sabe bien que con Satanás no se puede dialogar, porque es muy astuto. Por ello,
Jesús, en lugar de dialogar como había hecho Eva, elige refugiarse en la
Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra. Acordémonos de
esto: en el momento de la tentación, de nuestras tentaciones, nada de diálogo
con Satanás, sino siempre defendidos por la Palabra de Dios. Y esto nos
salvará. En sus respuestas a Satanás, el Señor, usando la Palabra de Dios, nos
recuerda, ante todo, que «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios» (Mt 4, 4; cf. Dt 8,
3); y esto nos da fuerza, nos sostiene en la lucha contra la mentalidad
mundana que abaja al hombre al nivel de las necesidades primarias, haciéndole
perder el hambre de lo que es verdadero, bueno y bello, el hambre de
Dios y de su amor. Recuerda, además, que «está escrito también: “No
tentarás al Señor, tu Dios”» (v. 7), porque el camino de la fe pasa también
a través de la oscuridad, la duda, y se alimenta de paciencia y de espera
perseverante. Jesús recuerda, por último, que «está escrito: “Al Señor, tu
Dios, adorarás y a Él sólo darás culto”» (v. 10); o sea, debemos deshacernos
de los ídolos, de las cosas vanas, y construir nuestra vida sobre lo
esencial.
Estas palabras de Jesús encontrarán luego confirmación concreta en sus
acciones. Su fidelidad absoluta al designio de amor del Padre lo conducirá,
después de casi tres años, a la rendición final de cuentas con el «príncipe de
este mundo» (Jn 16, 11), en la hora de la pasión y de la cruz, y
allí Jesús reconducirá su victoria definitiva, la victoria del amor.
Queridos hermanos, el tiempo de Cuaresma es ocasión propicia para todos
nosotros de realizar un camino de conversión, confrontándonos sinceramente con
esta página del Evangelio. Renovemos las promesas de nuestro Bautismo:
renunciemos a Satanás y a todas su obras y seducciones —porque él es un
seductor—, para caminar por las sendas de Dios y llegar a la Pascua en la
alegría del Espíritu (cf. Oración colecta del IV Domingo
de Cuaresma, Año A).
Benedicto XVI. Ángelus. 13 de marzo de 2011.
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy es el primer domingo de Cuaresma, el tiempo litúrgico de cuarenta días
que constituye en la Iglesia un camino espiritual de preparación para la
Pascua. Se trata, en definitiva, de seguir a Jesús, que se dirige decididamente
hacia la cruz, culmen de su misión de salvación. Si nos preguntamos: ¿por
qué la Cuaresma? ¿Por qué la cruz? La respuesta, en términos radicales, es
esta: porque existe el mal, más aún, el pecado, que según las
Escrituras es la causa profunda de todo mal. Pero esta afirmación no es algo
que se puede dar por descontado, y muchos rechazan la misma palabra «pecado»,
pues supone una visión religiosa del mundo y del hombre. Y es verdad: si se
elimina a Dios del horizonte del mundo, no se puede hablar de pecado. Al igual
que cuando se oculta el sol desaparecen las sombras —la sombra sólo aparece
cuando hay sol—, del mismo modo el eclipse de Dios conlleva necesariamente el
eclipse del pecado. Por eso, el sentido del pecado —que no es lo mismo
que el «sentido de culpa», como lo entiende la psicología—, se alcanza
redescubriendo el sentido de Dios. Lo expresa el Salmo Miserere,
atribuido al rey David con ocasión de su doble pecado de adulterio y homicidio:
«Contra ti —dice David, dirigiéndose a Dios—, contra ti sólo pequé» (Sal 51,
6).
Ante el mal moral, la actitud de Dios es la de oponerse al pecado y salvar
al pecador. Dios no tolera el mal, porque es amor, justicia, fidelidad; y precisamente por
esto no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Para
salvar a la humanidad, Dios interviene: lo vemos en toda la historia del pueblo
judío, desde la liberación de Egipto. Dios está decidido a liberar a sus
hijos de la esclavitud para conducirlos a la libertad. Y la esclavitud más
grave y profunda es precisamente la del pecado. Por esto, Dios envió a su
Hijo al mundo: para liberar a los hombres del dominio de Satanás, «origen y
causa de todo pecado». Lo envió a nuestra carne mortal para que se convirtiera
en víctima de expiación, muriendo por nosotros en la cruz. Contra este plan de
salvación definitivo y universal, el Diablo se ha opuesto con todas sus
fuerzas, como lo demuestra en particular el Evangelio de las tentaciones de
Jesús en el desierto, que se proclama cada año en el primer domingo de
Cuaresma. De hecho, entrar en este tiempo litúrgico significa ponerse cada
vez del lado de Cristo contra el pecado, afrontar —sea como individuos sea
como Iglesia— el combate espiritual contra el espíritu del mal (Miércoles de
Ceniza, oración colecta).
Por eso, invocamos la ayuda maternal de María santísima para el camino
cuaresmal que acaba de comenzar, a fin de que abunde en frutos de conversión.
Pido un recuerdo especial en la oración por mí y por mis colaboradores de la
Curia romana, que esta tarde comenzaremos la semana de ejercicios espirituales.
Benedicto XVI. Ángelus. 10 de febrero de 2008.
Queridos hermanos y hermanas:
El miércoles pasado, con el ayuno y el rito
de imposición de la ceniza, hemos entrado en la Cuaresma.
Pero, ¿qué significa "entrar en la Cuaresma"? Significa iniciar un
tiempo de particular empeño en el combate espiritual que nos opone al mal
presente en el mundo, en cada uno de nosotros y en torno a nosotros. Quiere
decir mirar el mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos,
sobre todo contra sus causas, hasta la causa última, que es Satanás.
Significa no descargar el problema del mal en los demás, en la sociedad o en
Dios, sino reconocer las propias responsabilidades y afrontarlo conscientemente.
A este propósito, resuena con mucha urgencia, para nosotros cristianos, la
invitación de Jesús a que cada uno tome su "cruz" y lo siga con
humildad y confianza (cf. Mt 16, 24). La
"cruz", por pesada que sea, no es sinónimo de desventura,
de desgracia que hay que evitar lo más posible, sino de oportunidad para
seguir a Jesús y así adquirir fuerza en la lucha contra el pecado y el mal.
Por tanto, entrar en la Cuaresma significa renovar la decisión personal y
comunitaria de afrontar el mal junto con Cristo. En efecto, el camino de la
cruz es el único que conduce a la victoria del amor sobre el odio, del
compartir con los demás sobre el egoísmo, de la paz sobre la violencia. Vista
así, la Cuaresma es en verdad una ocasión de fuerte empeño ascético y espiritual,
fundado en la gracia de Cristo.
Este año, el inicio de la Cuaresma coincide providencialmente con el 150°
aniversario de las apariciones de Lourdes. Cuatro años después de la
proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción por parte del beato Pío IX,
María se apareció por primera vez el 11 de febrero de 1858 a santa Bernardita
Soubirous en la gruta de Massabielle. Siguieron luego otras apariciones,
acompañadas de acontecimientos extraordinarios, y al final la Virgen santísima
se despidió revelando a la joven vidente, en el dialecto local: "Yo soy la
Inmaculada Concepción". El mensaje que la Virgen sigue difundiendo en
Lourdes recuerda las palabras que Jesús pronunció precisamente al inicio de su
misión pública, y que volvemos a escuchar muchas veces durante estos días de
Cuaresma: "Convertíos y creed en el Evangelio", rezad y haced
penitencia. Acojamos la invitación de María, que hace eco a la de Cristo, y
pidámosle que nos obtenga "entrar" con fe en la Cuaresma, para vivir
con alegría interior y empeño generoso este tiempo de gracia.
A la Virgen le encomendamos también a los enfermos y a cuantos los asisten
amorosamente. En efecto, mañana, memoria de la Virgen de Lourdes, se celebra la
Jornada mundial del enfermo. Saludo de todo corazón a los peregrinos que se
reunirán en la basílica de San Pedro, guiados por el cardenal Lozano Barragán,
presidente del Consejo pontificio para la pastoral de la salud.
Lamentablemente, no podré encontrarme con ellos, porque esta tarde iniciaré los
ejercicios espirituales, pero en el silencio y en el recogimiento oraré por
ellos y por todas las necesidades de la Iglesia y del mundo. A cuantos quieran
recordarme ante el Señor, les expreso desde ahora mi sincera gratitud.
2º TIEMPO DE CUARESMA
Monición de entrada.-
Hola:
El domingo pasado Jesús se fue solo al
desierto a rezar.
Este domingo Jesús sube con tres amigos a una
montaña a rezar.
Y allí los amigos van a ver que tiene mucha
luz y está con dos amigos de Dios: Moisés y Elías.
En el camino de la cuaresma que termina en la
Pascua nosotros también necesitamos estar con Jesús.
Señor ten piedad.-
Tú que nos ayudas. Señor, ten piedad.
Tú que nos iluminas. Cristo, ten piedad.
Tú que nos salvas. Señor, ten piedad.
Peticiones.-
Jesús,
te pido por el Papa León y el obispo Enrique. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por la Iglesia, para que
seamos cada día más parecidos a ti. Te
lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por las personas que viven sin
ilusión, para que se encuentren contigo . Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por los poetas, artistas y
maestros, para que hagan que la sociedad sea mejor. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por nosotros, para que no nos
cansemos de ser amigos tuyos. Te lo pedimos, Señor.
Acción de gracias.-
