sábado, 17 de octubre de 2026

Nº 328. Domingo 29º T. Ordinario. 18 de octubre de 2026.

 


Primera lectura.

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a. 

Esto dice el Señor a su ungido, a Ciro:

-Yo lo he tomado de la mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes, para abrir ante él las puertas, para que los portales no se cierren. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios. Te pongo el cinturón, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro.

 

Textos paralelos.

Esto dice Yahvé a su Ungido Ciro.

Is 41, 1-5: Islas, callad ante mí; / naciones, esperad mi reto. / Que se acerquen a hablar, / compadezcamos juntos a juicio. / ¿Quién lo ha suscitado en oriente / y convoca la victoria a su paso, / le entrega los pueblos, / le somete los reyes? / Su espada los tritura / y su arco los dispersa como paja; / los persigue y avanza seguro / por sendas que sus pies no hollaban. / ¿Quién lo ha hecho y ejecutado? / El que anuncia el futuro de antemano. / Yo, el Señor, que soy el primero, / yo estoy con los últimos. / Vedlo, islas, y estremeceros, / tiemblen los confines del orbe.

Yo marcharé delante de ti.

Is 40, 4: Que los valles se levanten, / que montes y colinas se abajen, / que lo torcido se enderece / y lo escabroso se nivele.

Romperé los cerrojos de hierro.

Sal 107, 16: Quebró las puertas de bronce / y arrancó los cerrojos de hierro.

A causa de mi siervo Jacob.

Is 41, 8: Tú, Israel, siervo mío; / Jacob, mi elegido; / estirpe de Abrahán, mi amigo.

Yo soy Yahvé, no hay ningún otro.

2 S 7, 22: Por eso eres grande, mi Señor, como hemos oído; no hay nadie como tú, no hay Dios fuera de ti.

Is 40, 25: ¿A quién podéis compararme, / que me asemeje? / – dice del Santo –,

Is 44, 6: Así dice el Señor, Rey de Israel, / su redentor, el Señor de los ejércitos; / Yo soy el primero y yo soy el último; / fuera de mí no hay dios.

 

Notas exegéticas.

45 Es un oráculo real de entronización, como los de los Sal 2 y 110. Ciro es llamado ·por su nombre· y recibe el título de “Ungido” de Yahvé”, que estaba reservado a los reyes de Israel, y se convirtió en título del rey salvador esperado. La paradoja se da en que este título se da aquí a un soberano extranjero que no conocía a Yahvé. Este oráculo es extrañamente paralelo a un texto babilónico, el “cilindro de Ciro”, en el que Marduc, que no es un dios persa, ha “nombrado el nombre de Ciro y le ha llamado al dominio sobre toda la tierra”. Este texto, redactado por los sacerdotes de Babilonia, fue escrito, como el oráculo del Segundo Isaías, en el momento de la marcha victoriosa de Ciro, el 538.

45 1 (a) La unción con aceite era el signo de la penetración del Espíritu de Dios, que investía a una persona para una misión: el rey (2 S 5, 3), el sacerdote (Ex 29, 7) o el profeta (1 R 19, 16; Is 61, 1). Aquí domina la acepción real y se aplica evidentemente al persa Ciro.

45 1 (b) Lit. “desceñiré los riñones de los reyes”, comparar 1 R 20 11, y la fórmula inversa “ceñir sus riñones”: “ceñir su espada”.

 

 Salmo responsorial

Salmo 96 (95), 1. 3.4.-4.7-10b

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra.

Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor,

y muy digno de alabanza,

más temible que todos los dioses.

Pues los dioses de los gentiles no son nada,

mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.

 

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor;

aclamad la gloria del nombre del Señor,

entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R/.

 

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,

tiemble en su presencia la tierra toda.

Decid a los pueblos: “El Señor es rey:

él gobierna a los pueblos rectamente”. R/.

 

Textos paralelos.

 ¡Cantad a Yahvé un nuevo canto!

1 Cro 16, 23-33: Cantad al Señor la tierra entera, / pregonad día tras día su victoria. / Contad a los pueblos su gloria / sus maravillas a todas las naciones; / porque es grande el Señor y muy digno de alabanza; / más temible que todos los dioses. / Pues los dioses de los paganos son apariencia, / mientras que el Señor hizo los cielos; / honor y majestad están en su presencia, / fuerza y belleza en su santuario. / Tributad al Señor, familias de los pueblos, / tributad al Señor la gloria de su nombre, / entrad en sus atrios trayéndole ofrendas; / postraos ante el Señor en el atrio sagrado, / tiemble en su presencia la tierra entera. / Él afianzó el orbe y no vacilará. / Alégrense los cielos, goce la tierra, / y digan los pueblos: “El Señor es rey”. / Retumbe el mar y cuanto hay en ella, / aclamen los árboles silvestres / delante del Señor, que ya llega, / ya llega a regir la tierra.

Sal 98, 1: Cantad al Señor un cántico nuevo / porque ha hecho maravillas; / su diestra le ha dado la victoria, / su santo brazo.

Confiad su gloria a las naciones.

Sal 98, 2: El Señor da a conocer su victoria, / revela su justicia a la vissta de los pueblos.

Sal 105, 1: Dad gracias al Señor, invocad su nombre, / informad de sus hazañas a los pueblos.

Pues grande es Yahvé.

Sal 48, 2: ¡Grande es el Señor! y muy digno de alabanza / en la ciudad de nuestro Dios.

Sal 145, 5: Alaban ellos tu gloria y majestad / y yo medito tus maravillas.

Tributad a Yahvé, familias de los pueblos.

Sal 29, 1: Hijos de Dios, aclamad al Señor / aclamad la gloria y el poder del Señor.

Postraos ante Yahvé en el atrio sagrado.

Sal 29, 2: Aclamad la gloria del nombre del Señor, / postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

El orbe está seguro, no vacila.

Sal 93, 1: El Señor reina, de majestad vestido, / el Señor, vestido y ceñido de poder. / Así está firme el orbe y no vacila.

 

Notas exegéticas.

 96 Este himno, que agrupa quizá dos poemas que celebran la realeza divina y el advenimiento del Juez del mundo, se compone de reminiscencias de Salmos y de Isaías. – El orden es distinto en la recesión de 1 Cro 16, 23-33. – El griego añade un título al salmo: “Cántico de David. cuando se construía la casa tras el cautiverio”.

96 8 El poeta sigue el Sal 29, 1-2, cuyo tono universalista acentúa, ver Sal 47, 10; Za 14, 17

 

Segunda lectura.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

 

Textos paralelos.

 Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia.

2 Ts 1, 1-2: De Pablo, Silvano y Timoteo a la iglesia de Dios Padre y del Señor Jesucristo en Tesalónica: paz y gracia a vosotros. Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros.

Rm 1, 1: De Pablo, siervo de Jesús Mesías, llamado a ser apóstol, reservado para anunciar la buena noticia de Dios.

Hch 15, 22: Entonces los apóstoles, los ancianos y la comunidad entera decidieron escoger algunos dirigentes de los hermanos, para enviarlos con Pablo, Bernabé, Judas por sobrenombre Barsabas y Silas.

Hch 16, 1: Así llegó a Derbe y Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de madre judía convertida y de padre griego.

En todo momento damos gracias a Dios.

1 Ts 2, 13-14: Por eso también nosotros damos gracias incesantes a Dios, porque, cuando nos escuchasteis la palabra de Dios, la acogisteis, no como palabra humana, sino como realmente es, palabra de Dios, activa en vosotros, los creyentes.

La eficacia de vuestra fe.

1 Co 13, 13: Ahora nos quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande de todas es el amor.

1 Ts 5, 8: Nosotros, en cambio, como seres diurnos, permanezcamos sobrios, revestidos de la coraza de la fe y el amor, con el casco de la esperanza de salvación.

Ap 2, 2: Conozco tus obras, tus fatigas, tu paciencia, que no toleras a los malvados, que has sometido a prueba a los que se dicen apóstoles sin serlo y has comprobado que son falsos.

Ya que os fue predicado nuestro Evangelio.

1 Co 2, 4: Mi mensaje y mi proclamación no se apoyaban en palabras sabias y persuasivas, sino en la demostración del poder del Espíritu.

1 Ts 2, 13: Por eso también nosotros damos gracias incesantes a Dios, porque, cuando nos escuchasteis la palabra de Dios, la acogisteis, no como palabra humana, sino realmente es, palabra de Dios, activa en vosotros, los creyentes.

Hch 1, 8: Pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis testigos míos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta el confín del mundo.

 

Notas exegéticas.

1 1 (a) Contrariamente a su costumbre, Pablo no reivindica aquí su título de apóstol, tanto en Tesalónica como en Filipos, su autoridad de apóstol no era discutida, como lo será en Corintio y en Galacia.

1 1 (b) Este término es empleado aquí en el sentido de comunidad cristiana local (ver 1 Co 1, 2).

1 1 (c) Adicción: “de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”, ver 2 Ts 1, 2.

1 2 Tras el saludo a los destinatarios de sus cartas Pablo tiene por costumbre (salvo en la epístola a los gálatas) dirigir a Dios una acción de gracias. En ella suele expresar su alegría por la acción de Dios en el seno de las comunidades cristianas, y por la forma generosa con la que los nuevos cristianos responden a ella. Aquí la acción de gracias está especialmente desarrollada, pues continua hasta el final del capítulo 3. Para Pablo, es la ocasión propicia para recordar las principales circunstancias de la evangelización de Tesalónica.

1 3 Pablo ve estas tres disposiciones cristianas, 1 Co 13, 13, actuando en la vida d ela Iglesia, y en cada una de ellas subraya una cualidad apropiada para circunstancias difíciles.

1 4 Lit. “conocemos vuestra elección·. En el AT la elección es un privilegio de Israel, llamado por tal motivo el “pueblo elegido”. Dios lo escogió entre los otros pueblos no en virtud de sus propios méritos, sino por pura gracia. Pablo reconoce ahora el mismo privilegio de las comunidades cristianas de origen griego, destinatarias del amor gratuito de Dios Salvador. Ver 2 P 1, 10.

1 5 Var.: “el Evangelio de Dios” o “desde nuestro Dios”. – El evangelio no es solamente la predicación, es toda la economía nueva de la salvación. Gn 1, 6 (b), cuya eficacia asegura el Espíritu.

Evangelio.

X Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:

-Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al Cesar o no?

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

-Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

-¿De quién son esta imagen y esta inscripción?

Le respondieron:

-Del Cesar.

Entonces les replicó:

-Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

 

Textos paralelos.

 

Mateo

Marcos 12, 13-17:

Lucas 20, 20-26:

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.

Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:

 

 

 

 

-Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al Cesar o no?

 

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

-Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.

 

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

-¿De quién son esta imagen y esta inscripción?

 

Le respondieron:

-Del Cesar.

Entonces les replicó:

-Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

 

 

 

 

Después le enviaron unos fariseos y herodianos para ponerle una trampa con las palabras. Se acercan y le dicen:

 

 

 

-Maestro, nos consta que eres veraz y que no te importan nadie porque no eres partidista, sino que enseñas sinceramente el camino de Dios. ¿Es lícito pagar tributo al Cesar o no? ¿lo pagamos o no?

 

Adivinando su hipocresía, les dijo:

-¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.

 

Se lo llevaron y les pregunta:

-¿De quíén es esta imagen y esta inscripción?

 

Le contestan:

-Del Cesar.

Y Jesús replicó:

-Pues dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.

 

 

 

 

Así que, puestos al acecho, le enviaron unos agentes, fingiendo ser gente de bien, para atraparlo en sus palabras y poderlo entregar a la autoridad y jurisdicción del gobernador. Le preguntaron:

 

-Maestro, nos consta que hablas y enseñas rectamente, que no eres parcial, sino que enseñas sinceramente el camino de Dios. ¿Nos es lícito pagar tributo al Cesar o no?

 

 

Adivinando su mala intención, les dijo:

-Enseñadme el denario,

 

 

 

¿de quién lleva la imagen y la inscripción?

 

Le contestan:

-Del César.

Y él les dijo:

-Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Y no lograron atraparlo en sus palabras delante del pueblo, antes admirados de la respuesta, se callaron

Sorprenderle con alguna palabra:

Lc 11, 54: buscando, con insidias, atraparlo en alguna palabra.

Enseñas el camino de Dios con franqueza.

Gn 18, 19: Lo he escogido [a Abrahán] para que instruya a sus hijos, a su casa y sucesores, a mantenerse en el camino del Señor, practicando la justicia y el derecho. Así cumplirá el Señor a Abrahán cuanto le ha prometido.

Sal 25, 9: Encamina con el mandato a los humildes, / enseña a los humildes su camino.

Sal 51, 13: No me arrojes lejos de tu rostro / ni me quites tu santo espíritu.

1 S 16, 7: Pero el Señor le dijo: “No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia. El Señor ve el corazón”.

Pues lo del César devolvérselo.

Rm 13, 7: Dad a cada uno lo debido: impuesto, contribución, respeto, honor; lo que toque a cada uno.

 

Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

22 16 Partidarios de la dinastía de Herodes, Mc 3, 6, designados para denunciar a la autoridad romana las palabras hostiles al Cesar que esperaban hacer pronunciar a Jesús.

22 17 Además de impuestos indirectos (peajes, aduanas, inumerables tasas), las provincias pagaban al imperio romano un tributo, el mismo para todos los judíos, solo niños y ancianos estaban exentos de él. Era considerado un signo infamante del sometimiento del pueblo a Roma. Los zelotes prohibían pagarlo a sus secuaces.

22 21 Puesto que aceptan prácticamente la autoridad y los beneficios del poder romano, del que esa moneda es símbolo, pueden e incluso deben rendirle el homenaje de su obediencia y de sus bienes, sin perjuicio de lo que por otro lado deben a la autoridad superior de Dios.

 

Notas exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica.

15 SE FUERON A… CONSEJO: lit. habiendo ido… consejo tomaron. // VALIÉNDOSE DE [LA] CONVERSACIÓN: lit. en palabra, con palabras, utilizando palabras. Hasta el final, el capítulo es un forcejeo de palabras: representantes de los diversos grupos religiosos, quieren TENDERLE UN LAZO a Jesús – aquí: indisponerlo con la autoridad romana, haciéndolo alinearse con los zelotes (cf. Mc 3, 18), que prohibían pagar tributo a Roma –. A la vez es un muestrario de la sabiduría y el ingenio, la seguridad y la fuerza dialéctica de Jesús, que deja sin argumentos a sus adversarios (cf. vs. 34. 46). Las preguntas de estos, no siempre capciosas, nacen de una responsabilidad; pero, al no querer creer que Jesús es el Enviado de Dios, la responsabilidad se les convierte en culpa; voluntariamente se excluyen del reino de Dios.

16 LOS HERODIANOS. colaboracionistas con el poder romano, eran partidarios de la línea dinástica de Herodes. // LE ENVIARON (lit. en presente histórico o narrativo: le envían)… PARA DECIRLE [LE]: quienes ENVIARON, fueron los fariseos, para que transmitieran su pregunta, como se ve por las formas verbales del texto griego; la frase MAESTRO, SABEMOS QUE…., reproduce lo ensayado previamente, lo que los fariseos habían hecho aprender a los emisarios. // NO TIENES RESPETO HUMANO NINGUNO: lit. no preocupa a ti acerca de (lo que diga) nadie, pues no miras hacia rostro de hombres; mirar a[l] rostro de alguien es un hebraísmo; significa atender a la condición externa o social de las personas, tener acepción de personas. Pensar que Jesús no se deja llevar por parcialidad arbitraria e injusta (FAVORITISMO) dice más de lo que pensaban sus adversarios: no tener favoritismo es modo de actuar típico de Dios. Cf. referencias en Rm 2, 11.

17 El vocablo TRIBUTO es, en griego, kênsos, del latín census. Se trata aquí del TRIBUTO personal (no del impuesto sobre la renta), que representaba más claramente la humillante sumisión de los judíos A[L] EMPERADOR.

18 HIPÓCRITAS: cf. 7, 5.

19 Por el mero hecho de llevar consigo aquella moneda, demostraban su condición de súbditos del emperador; y aparecía más claramente su hipocresía. // UN DENARIO: cf. 18,28.

20 La moneda era, para un judío ortodoxo, blasfema por la imagen (contra el 2º Mandamiento) y por la inscripción, que consideraba a Tiberio hijo del “divino Augusto”.

21 PAGADO: o también: devolved (los intereses; cf. los renteros de 21, 41). La solución no es meramente práctica; es respuesta doctrinal: “Lo de menos es que el emperador exija un tributo que es una moneda, suya al fin y al cabo; lo importante es vuestro tributo personal, vuestra adhesión… ¿a qué señor?. Como Josué (Jos 24, 15-24), Jesús les lanza este desafío en el plano religioso: “¡Elegid hoy a quién queréis servir!”. El que viva en ese plano profundo, como “súbdito” o siervo de Dios, sabrá ser súbdito de la autoridad humana (cf. Rm 13, 7) y adoptará la actitud más cristiana en cada caso concreto.

 

Notas exegéticas desde la Biblia Didajé.

22, 15-22 Cristo es interrogado de nuevo por aquellos que tienen intención de tenderle una trampa, pero él es capaz de dar la vuelta a sus críticas. Los fieles están obligados a someterse a la autoridad civil, que ejerce su autoridad en materia secular para el bien común. Sin embargo, si las exigencias de la autoridad civil van en contra de la ley moral, la dignidad humana, o de una conciencia bien formada, los fieles también tienen la obligación de negarse a obedecer cualquier ley que les haga cómplices en el pecado. Catecismo de la Iglesia Católica 2242, 2419 y 2423.

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

2242 No corresponde a los pastores de la Iglesia intervenir directamente en la actividad política y en la organización de la vida social. Esta tarea forma parte de la vocación de los fieles laicos, que actúan por su propia iniciativa con sus conciudadanos. La acción social puede implicar una pluralidad de vías concretas. Deberá atender siempre al bien común y ajustarse al mensaje evangélico y a la enseñanza de la Iglesia. “Corresponde a los fieles laicos animar con su compromiso cristiano las realidades temporales y, en ellas, procurar ser testigos y operadores de paz y de justicia” (Juan Pablo II. Carta encíclica Solicitudo rei socialis, 47. 1988).

2419 “La revelación cristiana nos conduce a una comprensión más profunda de las leyes de la vida social” (C. Vaticano II, Gaudium et spes, 23. 1966). La Iglesia recibe del Evangelio la plena revelación de la verdad del hombre. Cuando cumple la misión de anunciar el Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina.

2423 La doctrina social de la Iglesia propone principios de reflexión, extrae criterios de juicio, da orientaciones para la acción. Todo sistema según el cual las relaciones sociales deben estar determinadas enteramente por los factores económicos resulta contrario a la naturaleza de la persona humana y de sus actos (Juan Pablo II, Carta encíclica Centessimus annus, 24. 1991).

 

Concilio Vaticano II

[Cristo] reconoció los derechos del poder civil al ordenar dar tributo al Cesar; pero advirtió con claridad que deben respetarse los derechos superiores de Dios: “Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de” Dios (Mt 22, 21).

Dignitatis humanae, 11.

La profunda y veloz transformación del mundo exige con gran urgencia que no exista nadie que, despreocupado del curso de las cosas e indolente en su inercia, se contente con una ética meramente individualista. El deber de justicia y caridad se cumple cada vez más cuando uno, contribuyendo al bien común según su propia capacidad y las necesidades de los otros, además promueve y ayuda a aquellas instituciones, públicas o privadas, que sirven para mejorar las condiciones de vida de los hombres. Hay quienes, profesando opiniones amplias y generosas, sin embargo viven siempre como si no se preocuparan en absoluto de las necesidades de la sociedad. Más aún, muchos, en diferentes países, no estiman las leyes y las normas sociales. No pocos, con diversos fraudes y engaños, no dudan en evitar los impuestos justos u otras obligaciones debidas a la sociedad. Otros estiman poco algunas normas de vida social, por ejemplo las establecidas para proteger la salud, o el código de la circulación, sin darse cuenta de que con semejante negligencia ponen en peligro su vida y la de otros.

Sea para todos algo inviolable considerar y observar las relaciones sociales como uno de los deberes principales del hombre de hoy. Pues cuanto más se unifica el mundo, tanto más abiertamente los deberes del hombre rebasan los grupos particulares y, poco a poco, se extienden por el mundo entero. Esto no puede realizarse si cada hombre y cada grupo no cultivan en sí mismos y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de modo que surjan hombres realmente nuevos y artífices de la nueva humanidad, con el auxilio necesario de la gracia divina.

Gaudium et Spes, 30.

 

San Jerónimo.

15.16. Entonces los fariseos se retiraron….: Sometida recientemente a los romanos, bajo César Augusto, cuando tuvo lugar el censo de toda la tierra, Judea había sido hecha tributaria y el pueblo estaba muy dividido. Unos decían que se debía pagar el tributo para tener la seguridad y la paz porque los romanos la aseguraban para todos; los fariseos, por el contrario, que se jactaban de su justicia, sostenían que el pueblo de Dios que pagaba el diezmo, ofrecía las primicias y cumplía las demás prescripciones escritas en la Ley, no debía estar sometido a las leyes humanas. César Augusto había establecido, como rey de los judíos a Herodes, un extranjero y un prosélito, hijo de Antipáter, que estaría encargado de cobrar el tributo y obedecería al poder romano. […] Algunos latinos  [Tertuliano y Filastrio de Brescia] piensan que los herodianos eran los que creían que Herodes era el Cristo, pero esto es ridículo y no lo hemos leído en ninguna parte.

16.17. Maestro, sabemos…: Pregunta lisonjera [aduladora, rae.es] e insidiosa para inducirlo a responder que él teme a Dios más que al César y a decir que no se debe pagar el tributo, a fin de que los herodianos que lo escuchen lo detengan inmediatamente como caudillo de una sedición contra los romanos.

18. Pero Jesús, conociendo…: El primer poder sobrenatural del que les responde es conocer el pensamiento de los que le preguntan y llamarlos no discípulos sino tentadores. Se le llama hipócrita al que es una cosa y simula otra, es decir que hace una cosa y pretende otra con sus palabras.

21. Dad, pues al César…: Por César entendamos no Augusto sino a su hijastro Tiberio [47 a.C.-37 d.C., emperador romano hijo de Tiberio Claudio Nerón y de Livia, sucedió a Augusto el año 14 d.C.], que había sucedido a su padrastro y bajo cuyo gobierno, precisamente, padeció el Señor. Todos los emperadores romanos, a partir de Gayo César que se había apoderado del imperio, fueron llamados Césares. En cuanto a las palabras: Dad al César lo que es del César, quiere decir la moneda, el tributo, el dinero, y a Dios lo que es de Dios: los diezmos, las primicias, oblaciones y víctimas, así como él mismo había pagado el tributo por él y por san Pedro [cf. Mt 17,20] y daba a Dios lo que es de Dios haciendo la voluntad del Padre [Jn 6, 38].

22. Al oír esto quedaron admirados. En lugar de creer como hubieran debido ante tanta sabiduría, se admiraron de que su habilidad para tenderle trampas no hubiera logrado su objeto.

Y dejándolo se fueron, llevándose consigo a la vez incredulidad y asombro.

 

San Agustín.

Reesculpamos mediante el amor a la verdad aquella imagen según la cual fuimos creados, y devolvamos a nuestro César su propia imagen. Esto habéis escuchado en la respuesta del Señor a los judíos que querían tentarle. Mostradme la moneda del tributo, es decir, la imagen y la inscripción. Mostradme lo que tributáis, lo que preparáis, lo que se os exige; enseñádmelo. Le presentaron un denario, y preguntó de quien era la imagen y la inscripción. Le respondieron: Del César (Mt 22, 18-21). También este César busca su imagen. El César no quiere que parezca lo que él ordenó y Dios no quiere que perezca lo que él hizo. El César, hermanos míos, no hizo la moneda; la hacen sus acuñadores; ordena a los artífices que la hagan; lo mandó a sus ministros. La imagen está grabada en la moneda; en ella se halla la imagen del César. Con todo, busca lo que otros imprimieron: atesora, no quiere negarse a sí mismo. La moneda de Cristo es el hombre. En él está la imagen de Cristo, en él el nombre de Cristo, la función de Cristo y los deberes de Cristo.

Sermón 90,10

 

San Juan de Ávila.

3. Estos herodianos, dicen algunos que eran gente de la justicia, pero no parece que llevan camino para gente tan astuta: porque si ellos querían tomar a Cristo a traición, claro está que no le habían de enviar la justicia. Lo que me parece que lleva más camino es que esta gente debía de ser una secta que entonces había.

5. Licet tributum dari Caesari an non? Nosotros somos vasallos del Rey del cielo, conocemos a Dios y vivimos en su ley, y parécenos cosa contra su voluntad pagar tributo a un hombre que adora los ídolos y los palos, y no conoce a Dios. ¿Qué te parece que debemos hacer? Sus mañas. So color de pedirle consejo, iban armados para tomarle la palabra, pareciéndoles que por esta vía no se les podía escapar, porque de cualquier manera que respondiese, según la cuenta que ellos llevaban hecha, habría de qué lo caluniar; porque si dice que paguemos el tributo, achacalle hemos que es contra Dios en decir que paguemos tributo a un infiel; y si dice que no lo paguemos, tomallo ha la gente del emperador y matallo ha, y de esta manera no se podrá por ninguna parte escapar.

6. Propuesta, pues, al Señor la cuestión, responde: Hipóquitas, hombres fingidos, ¿por qué me tentáis? ¿Por qué no venís a mis sermones con corazones sencillos? ¿Para qué os aprovecha la doctrina? ¿Por qué os llamáis discípulos de quien no queréis tener por maestro ni seguís su parecer ni consejo?

Responden: Del César, que es ésta la moneda que corre y con la que compramos que comer.

- Pues, si la moneda es de César y con ella compráis lo que habéis menester, ya os profesáis por vasallo del césar, y no es contra razón que le reconozcáis vasallaje y le paguéis tributo en reconocimiento de él. Id, pues, y pagad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios, que no contradice servir con el cuerpo al rey y con el ánima a Dios. Ansí que el conocimiento, el amor, la esperanza, etc., dadlo a Dios y lo demás dadlo al César. Y de esta manera fueron los malaventurados confundidos, sin saber que responder (cf. Mt 22, 16-22). Haec est littera sancti evangelii.

26. Domingo 22 después de Pentecostés. O.C. III. Pg. 308-310

 

San Oscar Romero. Homilía. 

El Papa es grande, porque Dios lo ha escogido para ser su Vicario en la tierra. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Tú eres la piedra de consistencia en la cual toma unidad y estilo la Iglesia que Yo, Cristo, construyo. No la construye el Papa ni los Obispos, no somos más que los humildes peones del gran artífice de la Iglesia. Construiré mi Iglesia y si las puertas del infierno y de la muerte no prevalecen, no es porque descanse en los hombros frágiles que apenas pueden soportar un mes la tremenda carga, sino porque ese símbolo del Papa está sostenido por lo que es vida eterna, lo inmortal., lo santo, lo divino: Cristo, Nuestro Señor. Y esto es lo que hace grande a Juan Pablo, como a los últimos Pontífices tan santos y tan cristianos: Ser cristiano y tratar de traducirse en instrumento del. cristianismo para el mundo, hablar de Cristo. Porque Juan Pablo, podía decirse de él lo que el Evangelio de San Juan dice del primer Juan cristiano: "No era él la luz, pero vino a señalar la luz". Y si Juan Pablo encendió una lámpara que iluminó toda la noche en que murió y que amaneció iluminando el día de la historia y esa luz es la luz de Cristo -la luz de Cristo, la luz de la Iglesia- es porque señaló los caminos de la verdad Iglesia. Dicen que murió con el libro de La Imitación de Cristo y que, mientras leía, la luz quedó encendida y en sus manos el librito del Kempis, La Imitación de Cristo.

Homilía 22 de octubre de 1978.

 

 

León XIV.  Audiencia. 7 de octubre de 2026. Catequesis - Catequesis - Los documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución pastoral Gaudium et spes 5. La misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo (GS, 40-45)

Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Retomando la reflexión sobre la Constitución concicliar Gaudium et spes (GS), hoy consideramos el cuarto capítulo de la primera parte dedicado a la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.

Ante todo, el Concilio recuerda que la Iglesia no está “por encima de” o “junto” al mundo, sino que está injertada en él. «Mundus reconciliatus Ecclesia», escribía San Agustín (Sermón 96): la Iglesia es un mundo ya reconciliado con Dios; somos peregrinos en la tierra y con este mundo compartimos la fragilidad y la belleza (cf. GS, 40).

Como el Hijo de Dios se encarnó para dar la vida al mundo y reconciliarlo con el Padre, así la Iglesia habita en el mundo como señal de la encarnación de Dios para manifestar su plan de hacernos a todos hijos suyos en una única gran familia humana. Por ello, la Iglesia camina en la historia en medio de las gentes y de las culturas y «este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales» (Carta enc. Magnifica humanitas, 19).

La primera misión de la Iglesia es la de ayudar a las personas a prestar atención a las preguntas profundas de la vida: aquellas sobre nuestro origen y nuestro destino, así como aquellas sobre el sentido del amor y del dolor (cf. GS, 41). La lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información corren el riesgo de ejercer una presión indebida para que las personas se adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes materiales, pero nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto.

Los Padres del Concilio recuerdan que la misión de la Iglesia se realiza también al contribuir a la construcción de la ciudad terrenal. Sin embargo, sus métodos y su finalidad no son principalmente de carácter político, sino que consisten en el testimonio de la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la justicia, la paz, la fraternidad. Adorando a Cristo, el Justo que murió por los injustos, el creyente no puede aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres, ni tampoco aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de dependencia y de injusticia. La Doctrina social de la Iglesia orienta la acción de los cristianos, que colaboran con todas las personas de buena voluntad al promover el bien común. La Iglesia, por lo tanto, «nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier régimen político que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común» (GS, 42).

Para cumplir con eficacia la misión evangélica es necesario que cada bautizado se comprometa a cooperar con la gracia del Espíritu Santo, para que su fe sea viva y se exprese en comportamientos coherentes. De hecho, como recuerdan los Padres conciliares, la separación entre la fe profesada y la vida diaria «debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época» (GS, 43).

Gaudium et spes reserva una mención particular (cf. ibid.) a la misión de los fieles laicos, los cuales, en virtud del Bautismo, están llamados a animar el mundo con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio. Lugares principales de esta acción, que bien puede definirse como sacerdotal, son indudablemente la familia y la actividad laboral, pero se extiende a todos los ámbitos de la vida.

Por último, la Iglesia siempre está atenta a lo que en la sociedad sucede y se desarrolla (cf. GS, 44). Es tarea de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de los teólogos, discernir lo que en las culturas de nuestro tiempo es digno de consideración, teniendo siempre como supremo criterio de discernimiento la Palabra de Dios y la Tradición de la Iglesia. Esto requiere un ánimo equilibrado y libre de las modas culturales, capaz de mirar al mundo en un modo positivo y, al mismo tiempo, firme en la custodia y la presentación del mensaje evangélico en su integralidad. De hecho, «Ciertamente, no es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo» (Discurso a la Plenaria del Dicasterio para la Evangelización – Sección cuestiones fundamentales de la evangelización del mundo, 28 de mayo de 2026).

Queridos, la Iglesia, mientras está en camino en la historia, «sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad» (GS, 45). Con este fin, se orienta sobre todo a través de la santidad personal y el amor fraternal. Escribía San Pablo VI: «Sin esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e infecunda» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 76). Por lo tanto, hagámonos dóciles a la acción del Espíritu Santo, para que nos ayude a vivir en santidad y caridad, para que el mundo pueda creer y tener esperanza.

 

Papa León XIV. Angelus. 11 de octubre de 2026.

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy, en el Evangelio, Jesús habla de la fiesta de bodas que un rey prepara para su hijo (cf. Mt 22,1-14).

El matrimonio de un hijo es un momento especial para cada familia, y este padre, feliz, quiere compartir su alegría con todos. Ofrece un banquete e invita a muchas personas. Santo Tomás de Aquino dice, al respecto, que el bien tiende por naturaleza a difundirse: «Bonum dicitur diffusivum sui» (Summa theologiae, I, q. 5 a. 4, ad 2). También la imagen de nuestro relato, en el contexto concreto de una experiencia cotidiana, nos habla de esta realidad. Cuando sucede algo bueno, se enciende una luz que lleva a incluir a los demás en la propia felicidad.

Sin embargo, ante un ofrecimiento tan hermoso, los invitados, en vez de unirse a la fiesta, dan un paso atrás y prefieren seguir ocupándose de sus propios asuntos. Es más, algunos, molestos, insultan e incluso matan a los mensajeros del rey. Lamentablemente, esto también sucede: el bien que ofrecemos no siempre es comprendido, reconocido o apreciado; a veces incluso es malinterpretado y rechazado. Pero eso no debe desanimarnos. El rey, frente al rechazo, no suspende la boda ni cancela los festejos; es más, extiende su invitación a un número aún mayor de personas, enviando a sus siervos a llamarlas por las calles, de modo que la alegría de los esposos sea un don para todos.   

Llegados a este punto, nos preguntamos: ¿a quién representan los protagonistas de esta historia? San Jerónimo identifica al rey con el Padre de los cielos, al esposo con Jesús y a la esposa con la Iglesia (cf. Comentario al Evangelio de san Mateo, Libro III, cap. 22). Entre los protagonistas, entonces, estamos también nosotros, elegidos por el Señor para compartir con Él nuestra existencia y para ser junto a Él portadores de vida. La fiesta de bodas es la nuestra, y la sala del banquete son nuestras iglesias, nuestras casas, los lugares donde vivimos, y donde cada día el Hijo del Rey, Jesucristo, vuelve a declararnos su amor y espera nuestro “sí”. Allí nosotros lo encontramos, como la esposa, con la vestidura blanca del Bautismo y ataviados con las joyas de las buenas obras, que nos acercan a Dios y entre nosotros.

La alegría que anunciamos no es artificial, sino profunda, concreta, real, hermosa como los rostros de las personas que encontramos, verdadera como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, las manos estrechadas, los gestos de bien de nuestras jornadas. Y es un don de Dios para la salvación del mundo.

Pidamos a María, Madre del Señor, que nos ayude a crecer en esta alegría y a anunciarla siempre y en todas partes, también allí donde no es comprendida; con generosidad, con valentía y con fe.

 

Papa Francisco. Angelus. 22 de octubre de 2023.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia de hoy nos relata que algunos fariseos se unen a los herodianos para tender una trampa a Jesús. Siempre buscaban tenderle trampas. Van donde Él y le preguntan: «¿Es lícito pagar impuesto al César o no?» (Mt 22,17). Es un engaño: si Jesús legitima el impuesto, se pone de parte de un poder político mal respaldado por el pueblo, mientras que si dice de no pagarlo puede ser acusado de rebelión contra el imperio. Una auténtica trampa. Pero Él escapa de esta insidia. Pide que le muestren una moneda, que lleva impresa la imagen del César, y les dice: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (v. 21). ¿Qué significa esto?

Estas palabras de Jesús se han convertido en algo de uso común, pero a veces se han utilizado de manera equivocada – o al menos reductiva – para hablar de las relaciones entre Iglesia y Estado, entre cristianos y política; a menudo se entienden como si Jesús quisiera separar a “César” y a “Dios”, es decir, la realidad terrenal de la espiritual. A veces, también nosotros pensamos así: una cosa es la fe con sus prácticas y otra cosa, la vida de todos los días. Y esto no funciona. Esto es una “esquizofrenia”, como si la fe no tuviera nada que ver con la vida concreta, con los desafíos de la sociedad, con la justicia social, con la política y etcétera.

En realidad, Jesús quiere ayudarnos a colocar al “César” y a “Dios” cada uno en su importancia. Al César - es decir, a la política, a las instituciones civiles, a los procesos sociales y económicos – pertenece el cuidado del orden terrenal, y nosotros, que en esta realidad estamos inmersos, debemos restituir a la sociedad lo que nos ofrece a través de nuestra contribución de ciudadanos responsables, prestando atención a lo que se nos confía, promoviendo el derecho y la justicia en el mundo del trabajo, pagando honestamente los impuestos, comprometiéndonos por el bien común y etcétera. Pero, al mismo tiempo, Jesús afirma la realidad fundamental: que a Dios pertenece el hombre, todo hombre y todo ser humano. Y esto significa que nosotros no pertenecemos a ninguna realidad terrenal, a ningún “César” de turno. Somos del Señor y no debemos ser esclavos de ningún poder mundano. En la moneda, por lo tanto, está la imagen del emperador, pero Jesús nos recuerda que en nuestra vida está impresa la imagen de Dios, que nada ni nadie puede ensombrecer. Al César pertenecen las cosas de este mundo, pero el hombre y el mundo mismo pertenecen a Dios: ¡no lo olvidemos!

Comprendamos entonces que Jesús nos está devolviendo a cada uno de nosotros a la propia identidad: en la moneda de este mundo está la imagen de César, pero, ¿tú – yo, cualquiera de nosotros - qué imagen llevas dentro de ti? Hagámonos esta pregunta: ¿yo, qué imagen llevo dentro de mí? ¿Tú, de quién eres imagen en tu vida? ¿Nos acordamos de pertenecer al Señor, o nos dejamos modelar por las lógicas del mundo y hacemos del trabajo, de la política, del dinero, nuestros ídolos a adorar?

Que la Virgen Santa nos ayude a reconocer y a honrar nuestra dignidad y la de todo ser humano.

 

Papa Francisco. Ángelus. 11 de octubre de 2020.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia de hoy nos relata que algunos fariseos se unen a los herodianos para tender una trampa a Jesús. Siempre buscaban tenderle trampas. Van donde Él y le preguntan: «¿Es lícito pagar impuesto al César o no?» (Mt 22,17). Es un engaño: si Jesús legitima el impuesto, se pone de parte de un poder político mal respaldado por el pueblo, mientras que si dice de no pagarlo puede ser acusado de rebelión contra el imperio. Una auténtica trampa. Pero Él escapa de esta insidia. Pide que le muestren una moneda, que lleva impresa la imagen del César, y les dice: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (v. 21). ¿Qué significa esto?

Estas palabras de Jesús se han convertido en algo de uso común, pero a veces se han utilizado de manera equivocada – o al menos reductiva – para hablar de las relaciones entre Iglesia y Estado, entre cristianos y política; a menudo se entienden como si Jesús quisiera separar a “César” y a “Dios”, es decir, la realidad terrenal de la espiritual. A veces, también nosotros pensamos así: una cosa es la fe con sus prácticas y otra cosa, la vida de todos los días. Y esto no funciona. Esto es una “esquizofrenia”, como si la fe no tuviera nada que ver con la vida concreta, con los desafíos de la sociedad, con la justicia social, con la política y etcétera.

En realidad, Jesús quiere ayudarnos a colocar al “César” y a “Dios” cada uno en su importancia. Al César - es decir, a la política, a las instituciones civiles, a los procesos sociales y económicos – pertenece el cuidado del orden terrenal, y nosotros, que en esta realidad estamos inmersos, debemos restituir a la sociedad lo que nos ofrece a través de nuestra contribución de ciudadanos responsables, prestando atención a lo que se nos confía, promoviendo el derecho y la justicia en el mundo del trabajo, pagando honestamente los impuestos, comprometiéndonos por el bien común y etcétera. Pero, al mismo tiempo, Jesús afirma la realidad fundamental: que a Dios pertenece el hombre, todo hombre y todo ser humano. Y esto significa que nosotros no pertenecemos a ninguna realidad terrenal, a ningún “César” de turno. Somos del Señor y no debemos ser esclavos de ningún poder mundano. En la moneda, por lo tanto, está la imagen del emperador, pero Jesús nos recuerda que en nuestra vida está impresa la imagen de Dios, que nada ni nadie puede ensombrecer. Al César pertenecen las cosas de este mundo, pero el hombre y el mundo mismo pertenecen a Dios: ¡no lo olvidemos!

Comprendamos entonces que Jesús nos está devolviendo a cada uno de nosotros a la propia identidad: en la moneda de este mundo está la imagen de César, pero, ¿tú – yo, cualquiera de nosotros - qué imagen llevas dentro de ti? Hagámonos esta pregunta: ¿yo, qué imagen llevo dentro de mí? ¿Tú, de quién eres imagen en tu vida? ¿Nos acordamos de pertenecer al Señor, o nos dejamos modelar por las lógicas del mundo y hacemos del trabajo, de la política, del dinero, nuestros ídolos a adorar?

Que la Virgen Santa nos ayude a reconocer y a honrar nuestra dignidad y la de todo ser humano.

 

Papa Francisco. Angelus. 22 de octubre de 2017.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (Mateo 22, 15-21) nos presenta un nuevo cara a cara con Jesús y sus opositores. El tema afrontado es el del tributo al César: una cuestión «espinosa», acerca de la legalidad o no de pagar los impuestos al emperador de Roma, al que estaba sometida Palestina en el tiempo de Jesús. Las posiciones eran diversas. Por lo tanto, la pregunta que hicieron los fariseos: «¿Es lícito pagar tributo al César o no?» (v. 17) constituye una trampa para el Maestro. De hecho, según cómo hubiera respondido, podría haber sido acusado de estar a favor o en contra de Roma.

Pero Jesús, también en este caso, responde con calma y aprovecha la pregunta maliciosa para dar una enseñanza importante, elevándose por encima de la polémica y de las formaciones opuestas. Dice a los fariseos: «Mostradme la moneda del tributo». Estos le presentan el dinero y Jesús, observando la moneda, pregunta: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Los fariseos solo pueden responder: «De César». Entonces Jesús concluye: «Dad entonces al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (cf v. 19-21). Por un lado, al insinuar devolver al emperador lo que le pertenece, Jesús declara que pagar el impuesto no es un acto de idolatría, sino un acto debido a la autoridad terrenal; por el otro —y es aquí donde Jesús da el «golpe maestro»— reclamando el primado de Dios, pide que se le rinda lo que le espera como Señor de la vida del hombre y de la historia.

La referencia a la imagen de César, incisa en la moneda, dice que es justo sentirse ciudadanos del Estado de pleno título —con derechos y deberes—; pero simbólicamente hace pensar en otra imagen que está impresa en cada hombre: la imagen de Dios. Él es el Señor de todo y nosotros, que hemos sido creados «a su imagen» le pertenecemos ante todo a Él. Jesús planteó, a partir de la pregunta hecha por los fariseos, una interrogación más radical y vital para cada uno de nosotros, una interrogación que podemos hacernos: ¿a quién pertenezco yo? ¿A la familia, a la ciudad, a los amigos, a la escuela, al trabajo, a la política, al Estado? Sí, claro. Pero antes que nada —nos recuerda Jesús— tú perteneces a Dios. Esta es la pertenencia fundamental. Es Él quien te ha dado todo lo que eres y tienes. Y por lo tanto, nuestra vida, día a día, podemos y debemos vivirla en el reconocimiento de nuestra pertenencia fundamental y en el reconocimiento de corazón hacia nuestro Padre, que crea a cada uno de nosotros de forma singular, irrepetible, pero siempre según la imagen de su Hijo amado, Jesús. Es un misterio admirable. El cristiano está llamado a comprometerse concretamente con las realidades humanas y sociales sin contraponer «Dios» y «César»; contraponer a Dios y al César sería una actitud fundamentalista. El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades terrenales, pero iluminándolas con la luz que viene de Dios. El confiarse de forma prioritaria a Dios y la esperanza en Él no comportan una huida de la realidad, sino restituir laboriosamente a Dios aquello que le pertenece. Por eso el creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrenal con plenitud y responder con coraje a sus desafíos.

Que la Virgen María nos ayude a vivir siempre en conformidad con la imagen de Dios que llevamos en nosotros, dentro, dando también nuestra contribución a la construcción de la ciudad terrenal.

 

Papa Francisco. Angelus. 19 de octubre de 2014.

Queridos hermanos y hermanas:

Al término de esta solemne celebración, deseo saludar a los peregrinos provenientes de Italia y de diversos países, con un recuerdo deferente para las delegaciones oficiales. En especial, saludo a los fieles de las diócesis de Brescia, Milán y Roma, vinculadas de modo significativo a la vida y al ministerio del Papa Montini. A todos doy las gracias por la presencia y os exhorto a seguir fielmente las enseñanzas y el ejemplo del nuevo beato.

Él ha sido un incansable defensor de la misión ad gentes; de ello da testimonio, sobre todo, la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi con la que quiso despertar el impulso y el compromiso por la misión de la Iglesia. Esta exhortación es aún actual, ¡conserva toda su actualidad! Es significativo considerar este aspecto del pontificado de Pablo VI, precisamente hoy que se celebra la Jornada mundial de las misiones.

Antes de invocar todos juntos a la Virgen con la oración del Ángelus, me complace destacar la profunda devoción mariana del beato Pablo VI. El pueblo cristiano estará siempre agradecido con este Pontífice por la exhortación apostólica Marialis cultus y por proclamar a María «Madre de la Iglesia», con ocasión de la conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II.

Que María, reina de los santos y Madre de la Iglesia, nos ayude a realizar fielmente en nuestra vida la voluntad del Señor, así como hizo el nuevo beato.

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 16 de octubre de 2011.

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer y hoy ha tenido lugar en el Vaticano un importante encuentro sobre el tema de la nueva evangelización, encuentro que concluyó esta mañana con la celebración eucarística que presidí en la basílica de San Pedro. La iniciativa, organizada por el Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, tenía como objetivo principal profundizar en los ámbitos de un renovado anuncio del Evangelio en los países de antigua tradición cristiana y, al mismo tiempo, ha propuesto algunos testimonios y experiencias significativas. A esta invitación respondieron numerosas personas de todas partes del mundo, comprometidas en esta misión, que ya el beato Juan Pablo II había indicado claramente a la Iglesia como un desafío urgente y apasionante. De hecho, siguiendo la estela del concilio Vaticano II y de aquel que puso en marcha su actuación —el Papa Pablo VI—, fue tanto un incansable promotor de la misión ad gentes, o sea, a los pueblos y a los territorios donde el Evangelio aún no ha echado raíces, como un heraldo de la nueva evangelización. Estos son aspectos de la única misión de la Iglesia y, por lo tanto, es significativo considerarlos juntos en este mes de octubre, caracterizado por la celebración de la Jornada mundial de las misiones, precisamente el próximo domingo.

Como hice hace un momento durante la homilía de la misa, con gusto aprovecho esta ocasión para anunciar que he decidido convocar un especial «Año de la fe», que comenzará el 11 de octubre de 2012 —50° aniversario de la apertura del concilio Vaticano II— y concluirá el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del universo. Las motivaciones, las finalidades y las líneas directivas de este «Año» las he expuesto en una carta apostólica que se publicará en los próximos días. El siervo de Dios Pablo VI convocó un análogo «Año de la fe» en 1967, con ocasión del decimonoveno centenario del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, en un período de grandes cambios culturales.

Considero que, transcurrido medio siglo desde la apertura del Concilio, vinculada a la feliz memoria del beato Papa Juan XXIII, conviene destacar la belleza y la centralidad de la fe, la exigencia de reforzarla y profundizarla a nivel personal y comunitario, y hacerlo no tanto en una perspectiva celebrativa, sino más bien misionera, precisamente en la perspectiva de la misión ad gentes y de la nueva evangelización.

Queridos amigos, en la liturgia de este domingo se lee lo que san Pablo escribió a los Tesalonicenses: «Cuando os anuncié nuestro Evangelio, no fue sólo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción» ( 1 Ts 1, 5). Que estas palabras del Apóstol de los gentiles sean auspicio y programa para los misioneros de hoy —sacerdotes, religiosos y laicos— comprometidos en anunciar a Cristo a quien no lo conoce o a quien lo ha reducido a simple personaje histórico. Que la Virgen María ayude a todo cristiano a ser un buen testigo del Evangelio.

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 9de octubre de 2008.

Queridos hermanos y hermanas:

Después de la solemne celebración eucarística y de la tradicional súplica a la Virgen de Pompeya, como todos los domingos, dirigimos una vez más nuestra mirada a María con el rezo del Ángelus y a ella le encomendamos las grandes intenciones de la Iglesia y de la humanidad. De modo particular rezamos por la Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos, que se está celebrando en Roma y que tiene por tema: "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia" para que dé frutos de auténtica renovación en todas las comunidades cristianas.

La Jornada mundial de las misiones, que celebramos hoy, nos ofrece otra intención especial de oración. En este Año paulino propone a nuestra meditación una célebre expresión del Apóstol de los gentiles: "¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!" (1 Co 9, 16). En este mes de octubre, mes misionero y del rosario, ¡cuántos fieles y cuántas comunidades ofrecen el santo rosario por los misioneros y por la evangelización!

Por eso, me alegra encontrarme hoy precisamente aquí, en Pompeya, en el santuario más importante dedicado a la Virgen del Santo Rosario. Me permite subrayar con mayor fuerza que el primer compromiso misionero de cada uno de nosotros es precisamente la oración. Ante todo orando se prepara el camino al Evangelio; orando se abren los corazones al misterio de Dios y se disponen los espíritus a acoger su Palabra de salvación.

Además, en este día se da otra feliz coincidencia: precisamente hoy, en Lisieux, son proclamados beatos Luis Martin y Celia Guérin, padres de santa Teresa del Niño Jesús, declarada por Pío XI patrona de las misiones. Estos nuevos beatos, con su oración y su testimonio evangélico, acompañaron y compartieron el camino de su hija, llamada por el Señor a consagrarse a él sin reservas entre las paredes del Carmelo. Allí, en el ocultamiento de la clausura, santa Teresita realizó su vocación: "En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor" (Manuscrits autobiographiques, Lisieux 1957, p. 229).

Pensando en la beatificación de los esposos Martin, quiero recordar otra intención que llevo en el corazón: la familia, cuyo papel es fundamental en la educación de los hijos en un espíritu universal, abierto y responsable hacia el mundo y sus problemas, así como en la formación de las vocaciones a la vida misionera.

Así, continuando espiritualmente la peregrinación que muchas familias hicieron hace un mes a este santuario, invocamos la protección materna de la Virgen de Pompeya sobre todas las familias del mundo, pesando ya en el VI Encuentro mundial de las familias, que se celebrará en la Ciudad de México en enero de 2009.

(Seguidamente, hablando en francés, añadió:)

En esta Jornada mundial de las misiones, nos unimos particularmente a los peregrinos reunidos en Lisieux con motivo de la beatificación de Luis y de Celia Martin, padres de santa Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones. Con su vida de matrimonio ejemplar anunciaron el Evangelio de Cristo. Vivieron ardientemente su fe y la transmitieron en su familia y en su entorno. Que su oración común sea fuente de alegría y de esperanza para todos los padres y todas las familias.

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 16 de octubre de 2005.

Queridos hermanos y hermanas: 

Hace veintisiete años, exactamente un día como hoy, el Señor llamó al cardenal Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, a suceder a Juan Pablo I, que murió poco más de un mes después  de  su  elección.  Con  Juan  Pablo II comenzó uno de los pontificados más largos de la historia de la Iglesia, durante el cual un Papa "venido de un país lejano" fue reconocido como autoridad moral también por numerosos no cristianos y no creyentes, como demostraron las conmovedoras manifestaciones de afecto con ocasión de su enfermedad y de profundo luto después de su muerte. Ante su tumba, en la cripta vaticana, todavía prosigue ininterrumpidamente la peregrinación de numerosísimos fieles, y también este es un signo elocuente de que el amado Juan Pablo II ha entrado en el corazón de la gente, sobre todo por su testimonio de amor y entrega en el sufrimiento.

En él pudimos admirar la fuerza de la fe y de la oración, y una consagración total a María santísima, que lo acompañó y lo protegió siempre, especialmente en los momentos más difíciles y dramáticos de su vida.

Podríamos definir a Juan Pablo II como un Papa totalmente consagrado a Jesús por medio de María, como podía verse con claridad en su escudo:  "Totus tuus". Fue elegido en el centro del mes del rosario, y el rosario que tenía a menudo entre sus manos se ha convertido en uno de los símbolos de su pontificado, sobre el que la Virgen inmaculada veló con solicitud materna.

A través de la radio y la televisión, los fieles de todo el mundo pudieron unirse muchas veces a él en esta oración mariana y, gracias a su ejemplo y sus enseñanzas, pudieron redescubrir su sentido auténtico, contemplativo y cristológico (cf. Rosarium Virginis Mariae, 9-17).

En realidad, el rosario no se contrapone a la meditación de la palabra de Dios y a la oración litúrgica; más aún, constituye un complemento natural e ideal, especialmente como preparación para la celebración eucarística y como acción de gracias. Al Cristo que encontramos en el Evangelio y en el Sacramento lo contemplamos con María en los diversos momentos de su vida gracias a los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Así, en la escuela de la Madre aprendemos a configurarnos con su divino Hijo y a anunciarlo con nuestra vida. Si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el rosario contribuye de modo privilegiado a dilatar la comunión con Cristo, y enseña a vivir teniendo la mirada del corazón fija en él, para irradiar su amor misericordioso sobre todos y sobre todo.

Contemplativo y misionero:  así fue el amado Papa Juan Pablo II. Lo fue gracias a su íntima unión con Dios, alimentada diariamente por la Eucaristía y por largos tiempos de oración. A la hora del Ángelus, tan querida por él, es grato y justo recordarlo en este aniversario, renovando a Dios la acción de gracias por haber donado a la Iglesia y al mundo un sucesor tan digno del apóstol san Pedro. Que la Virgen María nos ayude a aprovechar su valiosa herencia.

 

DOMINGO 29 T. O.

Monición de entrada.-

Los que venimos a misa estamos en la iglesia.

Y también en la calle, la escuela o donde trabajan nuestras madres y padres.

Y en todos los sitios somos cristianos.

No se puede ser bueno en misa y después malo en la escuela.

 

Señor, ten piedad.-

Tú eres nuestro único Salvador. Señor, ten piedad.

Tú eres nuestro único Señor.  Cristo, ten piedad.

Tú eres nuestro único Dios. Señor, ten piedad.

 

Peticiones.-

Por el Papa León, para que el Espíritu Santo les ayude. Te lo pedimos, Señor.

Por la Iglesia para que sea signo de la justa libertad que Dios quiere para todos.  Te lo pedimos, Señor.

Por los que vamos a misa, para que obedezcamos las leyes que son justas. Te lo pedimos, Señor.

Por nosotros y las personas que en los países de misión irán este domingo a misa, para que seamos buenos amigos tuyos. Te lo pedimos, Señor.

 

Acción de gracias.-

María, queremos darte las gracias por el nuevo curso que hemos empezado y por los catequistas que son los misioneros en nuestro pueblo, porque nos hablan de Jesús.