domingo, 5 de abril de 2009

Triduo Pascual: Vigilia Pascual


Significado.
Con la llegada de la noche nos encontramos en el corazón de las celebraciones de la Semana Santa. Es la hora de la gran Vigilia Pascual, “la madre de todas las vigilias”, en palabras de San Agustín.
Esta fiesta, la más cristiana y la más importante de todas las fiestas, tiene sus raíces en la pascua judía, que se celebraba el 14 del mes de primavera de nisán, conmemorando la liberación de la esclavitud de Egipto. En ella los judíos conmemoraban todas las maravillas que Dios ha hecho en el curso de la historia: la liberación de la mano de los enemigos, la entrega de la alianza en el monte Sinaí, los portentos del éxodo (maná, codornices, fuente de Meribá, derrota de los enemigos,...) y la entrada en la tierra prometida. Pero no era sólo un recuerdo, sino que lo acontecido en el pasado se hacía realidad en el presente. Dios no sólo redimió a Moisés y sus contemporáneos, sino también a aquellos que celebraban año tras año la Pascua, a su Pueblo.
Jesús al morir en la cruz inaugura la nueva y definitiva Pascua y así lo comprendió el evangelista san Juan, quien tuvo especial cuidado de mostrar la correspondencia entre los acontecimientos de la pascua judía y los misterios de la vida de Jesús: Él es el nuevo Moisés que conduce a su pueblo a la libertad, lo alimentá con el nuevo maná (la eucaristía) y le da a beber de la fuente de aguas vivas. Él es la serpiente de bronce, y todos los que lo miran con fe se salva. Él es la luz que brilló en las tinieblas y guía al nuevo pueblo de Israel a través del desierto. Él es el verdadero cordero pascual al que no le quiebran los huesos (Éxodo 12, 46). Cordero crucificado a la hora en que los corderos pascuales están siendo degollados en el templo

Elementos de este día:
-Celebración de la luz:
Fuera de la Iglesia se enciende una hoguera, el pueblo se reúne en círculo alrededor del fuego.
La Pascua es el nuevo comienzo del mundo. La creación concluyó el séptimo día (Sábado) con el descanso de Dios. Nos encontramos en el primer día de la semana, el primero de la nueva creación, simbolizada en el fuego nuevo y la nueva luz. Si bien el fuego tiene vestigios paganos, las palabras del sacerdote se encargan de disiparlos, es la luz de los que velan la llegada del Señor.
Bendición del fuego nuevo y encendido del Cirio Pascual, el más grande y hermoso de todos los que hay en la Iglesia. En él se encuentran grabados:
la cruz (): el Resucitado es el Crucificado.
el Alfa () y la Omega (), es decir, las primeras letras del alfabeto griego, en referencia a las palabras del Apocalipsis (“Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, Ap 22, 13).
el año correspondiente (2009), por cuanto Cristo es el Señor de los tiempos y cada año está traspasado por Él.
También se incrustan cinco granos de incienso en referencia a las cinco llagas de la cruz.
Procesión de entrada y encendido de las velas, mientras el sacerdote aclama: “Luz de Cristo”. De este modo todos se encaminan al interior de la Iglesia a oscuras. La luz se distribuye, iluminando a la Iglesia.
Pregón Pascual: canto de alegría en el que se alaba a Dios por todo lo que representa esta noche y se canta al cirio, recuerdo de la columna de fuego que acompañó la noche del paso del Mar Rojo a los hijos de Israel.
Liturgia de la Palabra:
Nueve lecturas que culminan con el evangelio recuerdan los momentos de luz del Antiguo Testamento. Si bien por motivos pastorales se puede reducir el número de lecturas. El plan del Antiguo Testamento encuentra su cumplimiento y realización en el Nuevo Testamento.
Gloria: entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se entona este canto, que expresa alabanza, adoración y súpñica humilde.
Lectura de la Carta de San Pablo.
Aleluya: omitido durante la cuaresma es un canto de alabanza, gozo y victoria.
Evangelio de la Resurrección.
Homilía.
Liturgia bautismal:
En recuerdo de los bautismos realizados esta noche, especialmente durante los primeros siglos.
Letanías o invocación de los santos, la Iglesia a la que va a integrarse el bautizado.
Bendición del agua.
Renovación de las promesas bautismales.
Aspersión.
Oración Universal.
Liturgia Eucarística.

Lecturas de la misa.
Primera lectura.

Lectura del libro del Génesis 1,1-2,2
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del Abismo, la tiniebla. Y el Aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: Qué exista la luz. Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de las tinieblas: llamó Dios a la luz "Día"; a las tinieblas "Noche"; pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios: Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas: E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda "Cielo". —Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios: Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes. Y así fue. Y llamó Dios a los continentes "Tierra" y a la masa de las aguas la llamó "Mar". Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: Verdee la tierra hierba verde, que engendren semillas y árboles frutales que den fruto según su especie, y que lleven semilla sobre la tierra. Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. —Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios: Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo para dar luz sobre la tierra. Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, y la lumbrera menor para regir la noche; y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. -Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Y dijo Dios: pululen las aguas un pulular viviente, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo. Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hace pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo diciendo: Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar, que las aves se multipliquen en la tierra. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios: Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Creced y multiplicáos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces de mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.
Y dijo Dios: Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra. A todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento. Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. Quedaron concluidos el cielo y la tierra y sus ejércitos. Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.
Palabra de Dios

Salmo responsorial.
Salmo 103
R./ Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice, alma mía, al Señor,
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R./

Asentaste la tierra sobre tus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R./

De los manantiales sacas los ríos
para que fluyan entre los montes,
junto a ellos habitan las aves del cielo
y entre frondas se oye su canto. R./

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados
y forrajes para los que sirven al hombre. R./

¡Cuántas son tus obras Señor!,
y todas las hiciste con sabidurías,
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R./

O bien:
Salmo 32
R./ La misericordia del Señor llena la tierra.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales.
El ama de justicia y de derecho,
Y su misericordia llena la tierra. R./

La palabra del señor hizo el cielo,
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. R./

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que Él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
y se fija en todos los hombres. R./

Nosotros guardamos al Señor:
Él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R./

Segunda lectura.

Lectura del libro del Génesis 22,1-18
En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán llamándole:
— ¡Abrahán!
Él respondió:
— Aquí me tienes.
Dios le dijo:
—Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moría y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré.
Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios. El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados: "Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar y después volveremos con vosotros."
Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a Abrahán, su padre: "Padre" Él respondió: "Aquí estoy, hijo mío." El muchacho dijo: "Tenemos fuego y leña, pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?" Abrahán contestó: "Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío."
Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
— ¡Abrahán, Abrahán!
Él contestó:
—Aquí me tienes.
El ángel le ordenó:
—No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, Tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. Abrahán llamó aquel sitio "El Señor ve", por lo que se dice aún hoy "El monte del Señor ve".
El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:
—Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu único hijo, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.
Palabra de Dios

Salmo 15
R./ Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R./

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan en mies entrañas,
y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R./

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua en tu derecha. R./

Tercera lectura.

Lectura del libro del Éxodo 14, 15-15,1
En aquellos días dijo el Señor a Moisés:
— ¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y todo su ejército, de sus carros y de los guerreros.
Se puso en marcha, el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos en medio del mar todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.
Mientras velaban al amanecer, miró el Señor el campamento egipcio desde la columna de fuego y nube sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente. Y dijo Egipto: “Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto.”
Dijo el Señor a Moisés:
—Extiende tu mano sobre el mar y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.
Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios huyendo iban a su encuentro y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de Israel caminaban por el seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar: Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor:
No se concluye con el Palabra de Dios.


Salmo responsorial-
Ex 15, 1-6, 17-18
R./ Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

Cantaremos al Señor, sublime es su victoria:
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor, él es mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R./

El Señor es un guerrero,
su nombre es el Señor.
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el Mar Rojo a sus mejores capitanes. R./

Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R./

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. R./
Cuarta lectura.
Lectura del libro del profeta Isaías 54, 5-14
El que te hizo te tomará por esposa: su nombre es el Señor de los Ejércitos, Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra. Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a esposa de juventud, repudiada -dice tu Dios. Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré. En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con misericordia eterna te quiero -dice el Señor, tu Redentor.
Me sucede como en tiempo de Noé: Juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; así juro no airarme contra ti ni amenazarte. Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no se retirará de ti mi misericordia ni mi alianza de paz vacilará -dice el Señor, que te quiere.
¡Oh, afligida zarandeada, desconsolada! Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches, tus cimientos sobre zafiros; te pondré almenas de rubí, y puertas de esmeralda, y murallas de piedras preciosas. Tus hijos serán discípulos del Señor, tendrán gran paz tus hijos. Tendrás firme asiento en la justicia. Estarás lejos de la opresión, y no tendrás que temer, y lejos del terror, que no se acercará.
Palabra de Dios

Salmo responsorial.
Salmo 29, 2.4.5-6.11.12a.13b
R./ Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R./

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante, su bondad de por vida;
al atardecer nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo. R./

Escucha, Señor y ten piedad de mí,
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R./
Quinta lectura.
Lectura del libro de Isaías 55. 1-11
Así dice el Señor:
Oíd, sedimentos todos, acudid todos por agua, también lo que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta y salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros la alianza perfecta, la promesa que aseguré a David: a él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones; tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti; por el Señor, por tu dios, por el santo de Israel que te honra.
Buscad al señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —Oráculo del Señor.
Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come; así será mi Palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad, y cumplirá mi encargo.
Palabra de Dios
Salmo responsorial.
Is 12, 2-3.bcd.5-6
R/. Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación.

El Señor es mi Dios y mi Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
Él fue mi salvación. R./

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R./

Tañed para el señor que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión.
“Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”. R./

Sexta lectura.
Lectura del libro de Baruc 3, 9-15. 32—4, 4
Escucha, Israel, mandatos de vida, presta oído para aprender prudencia.
¿A qué se debe, Israel, que estés aún en el país enemigo, que envejezcas en tierras extranjeras, que estés impuro entre los muertos, que te cuenten con los habitantes del Abismo? —Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido el camino de Dios, habitarías en paz para siempre. Aprende dónde encuentra la prudencia, el valor y la inteligencia, así aprenderás dónde se encuentra la vida larga, la luz de los ojos y la paz.
¿Quién encontró su puesto o entró en sus almacenes? El que todo lo sabe la conoce, la examina y la penetra. El que creó la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos; el que manda a la luz, y ella va, y le obedece temblando; a los astros, que velan gozosos en sus puestos de guardia los llama y responden: “Presentes” y brillan gozosos para su Creador.
Él es nuestro Dios y no hay otro frente a Él: investigó el camino del saber y se lo dio a su hijo Jacob, a su amado, Israel. Después apareció en el mundo y vivió entre los hombres. Es el libro de los mandatos de Dios, la ley de la validez eterna: los que guardan, vivirán, los que abandonan, morirán. Vuélvete, Jacob, a recibirla, camina a la claridad de su resplandor; no entregues a otros tu gloria ni tu dignidad a un pueblo extranjero. ¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor!
Palabra de Dios

Salmo Responsorial
Salmo 18

R./ Señor, tienes palabras de vida eterna

La Ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R./

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del señor es límpida
y da luz a los ojos. R./

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y eternamente justos. R./

Más precioso que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R./

Lectura del libro de Ezequiel 36, 16-28
Me vino esta Palabra del Señor: Cuando la casa de Israel habitaba en su tierra, la profanó con su conducta, con sus acciones, como sangre inmunda fue su proceder ante mí. Entonces derramé mi cólera sobre ellos, por la sangre que habían derramado en el país, por haberlo profanado con sus idolatrías. Los esparcí entre las naciones, anduvieron dispersos por los países; según su proceder, según sus acciones los sentencié. Cuando llegaron a las naciones donde se fueron, profanaron mi santo nombre; decían de ellos:
—Estos son el pueblo del Señor, de su tierra han salido.
Sentí lástima de mi santo nombre, profanado por la casa de Israel en las naciones a las que se fue. Por eso, di a la casa de Israel: Esto dice el Señor: No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros, en las naciones a las que habéis ido. Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que soy yo el Señor —oráculo del Señor —, cuando les haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.
Palabra de Dios


Salmo responsorial 41,3. 5bcd;42,3.4

R/. Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Tiene sed de Dios
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?. R./

Cómo marchaba a la cabeza del grupo
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R /

Envía tu luz y tu verdad;
que ellos me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R./

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R./

O bien:
Salmo 50
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro, con espíritu firme;
no me arrojes de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R./

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
Los pecadores volverán a ti. R./

Los sacrificios no te satisfacen,
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado,
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias. R.-/
Epístola.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos. 6, 3-11
Hermanos:
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a Él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya. Comprendamos que nuestra vieja condición ha ido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús Señor Nuestro.
Palabra de Dios

Salmo responsorial.
Salmo 117,1-2.16ab-17.22-23

R./ Aleluya, aleluya, aleluya.

Dad gracias al señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R./

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré,
para contar las hazañas del Señor. R./

La piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
Ha sido un milagro patente. R./

Evangelio.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 16,1-8.
En aquel tiempo María la Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:
-¿Quién nos correrá la piedra a la entrada del sepulcro?
Al mirar vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron.
Él les, dijo:
-No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. HA RESUCITADO. Mirad el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.
Salieron corriendo del sepulcro, temblando de espanto. Y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían.




FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Sábado Santo


Durante este día la Iglesia permanece en oración, en espera de la Resurrección de Cristo.
En el Oficio de Lecturas medita esta homilía: De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado (PG 43, 439.451.462-463)
El descenso del Señor al abismo
¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.
Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. El, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.
El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos». Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu». Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz».
Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: "Salid", y a los que se encuentran en las tinieblas: "Iluminaos", y a los que duermen: "Levantaos".
A ti te mando: Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.
Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.
Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.
Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.
El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad».

Triduo Pascual: Viernes Santo


Sentido:
Hoy empezamos, propiamente, la celebración de la Pascua. Como bien significa este término, el “paso”, el tránsito de Jesús a través de la muerte a la Nueva Vida.
Hoy es el primer acto de este paso: la “Pascha Crucifixionis”, como llamaban los Santos Padres o primeros escritores cristianos. Un acto que no tiene sentido sin el segundo, la Resurrección.
Realmente constituyen dos aspectos de una gran unidad: la memoria de la Muerte el Viernes Santo está marcada por la esperanza y la victoria, mientras que la Vigilia Pascual es la celebración de la victoria de quien el viernes fue crucificado e inmolado por nuestros pecados.
Todo este día se encuentra centrado en el Cruz del Señor. Desde la medianoche el centro deja de ser el Monumento para fijar la mirada en la cruz. Ella es la protagonista del Via Crucis y de las Siete Palabras, adquiriendo su centralidad en la Acción Litúrgica de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, donde es adorada.
Pero la cruz no invita a la tristeza sino a la celebración. La comunidad cristiana proclama la Pasión del Señor y adora su Cruz como el primer acto del Misterio Pascual.
Atrás queda el color morado, la cuaresma terminó la mañana del Jueves Santo. Hoy es el color rojo, color de los mártires, recordando pedagógicamente que no estamos en un entierro ni guardando luto. Cristo Jesús, como Sumo Sacerdote en nombre de toda la humanidad, se ha entregado voluntariamente a la Muerte para salvar a todos. No es la celebración de un fracaso ni es la tragedia de un Dios impotente que es crucificado por la humanidad. Es la celebración de la victoria sobre el pecado y la muerte, la entronización de un Dios a quien no le quitan la vida, sino que la da. La misma Pasión de San Juan manifiesta al Cristo Rey, eliminando de ella todo dramatismo.
También el Viernes y el Sábado Santo están marcados por la austeridad y el ayuno, no sólo como signo penitencial sino como expresión de que la comunidad cristiana sigue la marcha de su Señor a través de la muerte. Este año abarca la liturgia. Así en estos dos días no hay celebraciones sacramentales. La Iglesia ora, celebra la Pasión y la Cruz, se reune para la meditación y la contemplación o para la alabanza de la Liturgia de las Horas, pero no celebra la eucaristía.
Esta austeridad también se manifiesta en el carácter sobrio de la celebración: ausencia de flores, de música, de campanas, desnudez del altar, el sagrario después de la Pasión abierto y vacío.

Elementos de este dia:

Via Crucis: por la mañana emprendemos el camino de la cruz, tomando las catorce estaciones en las cuales se mezclan hechos procedentes de la Biblia (condena a muerte, el cireneo, las mujeres de Jerusalén, la crucifixión,...) y de la tradición (encuentro con su madre, la Verónica, las caídas). Especialmente en los pueblos donde se han levantado en las montañas calvarios, constituye un momento de gran plasticidad para revivir el largo camino hacia la cruz. Es éste un camino tan grande que nunca lo agotaremos y es tan piadoso que nunca nos cansaremos; comprendemos y no acabamos de comprender. El misterio no está en la cruz, sino en el que la lleva y es crucificado. La cruz sola es maldición, la cruz con Cristo es fuente de bendición.
I Estación. Jesús es condenado a muerte (Lucas 23, 24-25). Ser junior muchas veces es sufrir la misma condena, el desprecio, las palabras con doble sentido, las miradas burlonas. ¿Estoy dispuesto a asumirlo por amor a Cristo?
II Estación. Jesús carga con la cruz (Isaías 53,2). Ser junior es cargar con la cruz de la formación, los encuentros, las oraciones,... a fin de poder seguir a Cristo. ¿Soy conciente de la importancia que tiene cuidar mi vida cristiana para ser un buen monitor o educador/a?
III Estación. Jesús cae por primera vez (Isaías 53, 3). Ser junior es asumir el fracaso, de una reunión, de un juego, de un campamento,... y a la vez tener el valor de emprender con más ilusión. ¿Cómo vivo los fracasos, rezo a Dios para que me levante?
IV Estación. Jesús se encuentra con su madre (Lc 2, 51). Ser junior es amar a María, la Madre de Jesús, encontrar en ella el modelo de entrega a Dios, rezarle y encomendarle los proyectos y las iniciativas, contar con María. ¿Qué lugar ocupa la Virgen María en mi vida como junior?
V Estación. Simón de Cirene ayuda a Jesús (Mt 27, 32). En nuestro camino como educadores encontramos niños que llevan la cruz, bien desde sus casas (problemas en el hogar) bien por sus amigos o por la soledad que sienten en un campamento. ¿Nos preocupamos de ellos, los vemos, nos acercamos, les escuchamos y les hablamos?
VI Estación. La Verónica enjuga el rostro de Jesús (Mt 26, 10). Siempre hay una lágrima que limpiar a lo largo del curso, en una convivencia, en un campamento. Pero, ¿la vemos en el monitor que lo está pasando mal, en el cansancio del consiliario?
VII Estación. Jesús cae por segunda vez (Isaías 53, 4-5). Caemos, sí. Nos cansamos de ir semana tras semana de reunión, campamento, convivencia, encuentro de zona, día junior,... Pero levantamos la cabeza y ¿descubrimos la razón de nuestro ser junior, que no es el pasárselo bien sino el servir a Cristo?
VIII Estación. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén (Lc 23, 38). Hablar es muy fácil, sentir compasión por los demás también. Pero, ante el sufrimiento del educador que lo está pasando mal o del niño que llora, ¿actuamos, ayudándole a cargar con su cruz?

IX Estación. Jesús cae por tercera vez (Isaías 53, 6). A veces las caídas llegan cuando menos lo esperábamos. Se llaman crisis de fe y no hay edad. Pero ante las caídas ¿recurrimos a Dios, mediante la lectura de la Biblia, la oración, el consejo de un sacerdote, los sacramentos de la reconciliación y la eucaristía? o más bien, ¿preferimos quedarnos así, abandonar los juniors y la Iglesia?
X Estación. Jesús es despojado de sus vestiduras (Mateo 27, 33-35). No es fácil despojarse. Y sin embargo lo hacemos. Nos despojamos de la familia, los amigos, la fiesta del sábado y lo hacemos para ir de campamento o convivencia. Pero, ¿por qué lo hacemos? ¿por qué nos lo pasamos bien o porque nos sentimos educadores y por tanto servidores de Cristo, apóstoles suyos llamados a anunciar el Evangelio a los niños?
XI Estación. Jesús es clavado en la cruz (Juan 12, 32). La oración muchas veces es un clavarse a la cruz de Cristo, lo mismo la misa. Es estar ahí con él. Aunque no me diga nada, aunque me aburra o me vengan mil pensamientos. Pero estar ahí porque Jesús está ahí.
XII Estación. Jesús muere en la cruz (Filipenses 2, 8). Es lo más grande que Dios ha realizado por la humanidad, pero, realmente, como junior, ¿lo es para mí? ¿transmito a los niños la pasión de Cristo por ellos?
XIII Estación. Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre (Lucas 2, 34): cada día Jesús baja de la cruz del altar y se entrega a mí en la Eucaristía. Mis manos son como el regazo de María, que acoge a Cristo, no muerto sino vivo. Y sin embargo, a pesar de ser junior, de haber recibido el crismón, la pañoleta, la cruz y la palabra, de haber sido bautizado y confirmado y de la ilusión con que tomé la primera comunión, me aparto de la cruz, no voy a misa y si voy, como no me gusta confesarme, no comulgo. ¿Por qué?
XIV Estación. Jesús es sepultado (Filipenses 2, 9-11). También nosotros muchas veces lo sepultamos, lo escondemos de los niños. ¿Para qué hablarles de Dios y si se nos van? Parece que tengamos vergüenza de mostrarles a Jesús y preferimos que esté en el sepulcro, colocamos la losa del juego, la cena, la fiesta que impida ver a Jesús. ¿Qué lugar ocupa Jesús en la vida del Centro Junior, la oración al comenzar la actividad y al sepulcro del olvido?
Meditación de las Siete Palabras: si bien antes constituía uno de los momentos más importantes del Viernes Santo con los Sermones de las Siete Palabras y los elocuentes oradores sagrados, actualmente tiene también su sentido. A mitad del día, la comunidad se reúne entorno a la cruz para escuchar-meditar-contemplar las palabras que Jesús pronunció desde ellas. Desde la austeridad de este día. Las Siete Palabras constituyen el pentagrama reducido a dos líneas en una cruz y con dos notas con común denominador: Amor a Dios y amor al ser humano.
1ª “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). ¿También podrás perdonarnos nuestra indiferencia ante tu Palabra?
2ª “Hoy estarás conmigo en el Paraíso? (Lc 23,43). ¿Tendré que esperar al final de mi vida para pedirte un trozo de esa ciudad en la que Tú vives?
3ª “He aquí a tu hijo: he aquí a tu madre” (Jn 19, 26). ¿Siento a María cercana a mi fe?
4ª “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mt 27, 46). ¿Son nuestras manos la prolongación de su presencia?
5ª “Tengo sed” (Jn 19, 28) ¿Tengo sed de Dios?
6ª “Todo está cumplido” (Jn 19, 30) ¿Seré capaz de despojarme de aquello que me impide ser buen junior?
7ª “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46). ¿Me siento sostenido por la presencia de Dios o dudo de su aliento?
Acción Litúrgica de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
Siguiendo el orden cronológico de la Pasión, tiene lugar a primeras horas de la tarde, alrededor de las tres, hora en que Jesús fue crucificado, si bien, por motivos pastorales se celebra más tarde. En ella el centro es la cruz.
Elementos:
Liturgia de la Palabra: la ceremonia comienza de una manera escueta. El celebrante y los ministros se aproximan al altar en silencio, el sacerdote se postra ante él. Todos rezan en silencio durante unos segundos. A continuación el celebrante lee la oración colecta y después todos se sientan para escuchar las lecturas.
Isaías 52, 13-53, 12: nos presenta al siervo paciente, figura profética de Cristo que en su pasión es el “varón de dolores”. En él se contiene todo: sus humillaciones y sufrimientos, el rechazo por parte del pueblo, su muerte redentora e incluso los detalles de la pasión como “fue traspasado por nuestros pecados”. Pero lejos de ser un episodio oscuro, en él se contiene un rayo de esperanza. Desde la primera línea el poema apunta a la victoria final y concluye con la exaltación.
Salmo 30, 2 y 6, 12-13,15-16.17 y 25: oración de quien como Cristo experimenta el sufrimiento y el abandono. En ella encontramos una de las palabras que Jesús pronunció en la cruz.
Hebreos 4,14-16;5,7-9: nos presenta a Cristo en su función sacerdotal, reconciliando a los hombres con Dios por el sacrificio de su vida. Él es a la vez el sacerdote y la víctima, oferente y ofrenda, nuestro mediador con el Padre.
Juan 18, 1-19,42: toda la narración está impregnada de una atmósfera de paz y serenidad. Cristo, y no sus enemigos, es quien domina la situación. No hay coacción: él libremente se encamina hacia su ejecución. De este modo la cruz se transforma en la revelación suprema del amor de Dios. En ella se revela como rey (corona de espinas y burlas de los soldados), juez (ante sus palabras y ante su cruz nos encontramos condenados o justificados) y salvador (reúne a su pueblo alrededor de la cruz). La Iglesia, representada en la túnica sin costura, queda formada. Jesús desde la cruz constituye a María madre de todos los vivientes y desde allí entrega su espíritu, inaugurando el periodo final en el que los creyentes adorarán “en espíritu y verdad”. De su costado brota sangre y agua, símbolos de salvación y del Espíritu que da vida. Cristo se muestra como el verdadero cordero pascual al que no le quiebran los huesos.
Oración universal: por la Iglesia,el Papa, los ministros y los fieles, los catecúmenos, la unidad de los cristianos, los judíos, los que no creen en Cristo, los que no creen en Dios, los gobernantes y los atribulados (enfermos, padecen hambre, perseguidos, encarcelados, emigrantes, desterrados, los que viajan y los moribundos). Con ello en la función sacerdotal de la Iglesia se eleva la oración por todos los que han sido llamados a participar de la Salvación de Cristo.
Adoración de la cruz: el viernes santo se omite la parte central de la misa, la Plegaria Eucarística y por tanto, la consagración. En su lugar tenemos la emotiva adoración de la cruz. En ella contemplamos y adoramos “el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo”, mientras se cantan los improperios que relatan lo que ha hecho Dios por su pueblo: los sacó de Egipto, los condujo a través del desierto, los alimentó con el maná, mientras el pueblo lo trata con desprecio. En ellos nos encontramos nosotros. Son así una invitación a dejar que Cristo nos reproche, nos recuerde todo lo que ha hecho y hace por nosotros, mientras preferimos servir a otros dioses y lo crucificamos con nuestra indiferencia, apatía y pasotismo ante lo religioso.
Rito de la comunión: el altar se cubre con un mantel y sobre él se coloca el corporal y el misal. Es llevado el santísimo, se dicen las oraciones acostumbradas antes de la comunión (Padrenuestro,...), en silencio se distrubuye entre los fieles. Cuando todos han comulgado , se guarda silencio unos minutos, se reserva y concluye la celebración con una oración, sin despedida ni canto final. El altar queda desnudo, el sagrario vacío, solamente la cruz. Nada distrae la atención. La Iglesia permanece vigilante junto a la cruz del Señor, como la esposa fiel a su Amado.
Procesión del Santo Entierro: recordando su sepultura.
La Liturgia de las Horas: durante este día la Iglesia sigue rezando con los salmos y textos en esta oración, oficial de la Iglesia. Ella como el justo ora siete veces al día, centrando su corazón en Dios.


















Lecturas de la misa.

Lectura del Profeta Isaías 52,13-53,12.
Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano;
así asombrará a muchos pueblos:
ante El los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.
¿Quién creyó nuestro anuncio?
¿A quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como un brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado por los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros;
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado,
traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable vino sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino,
y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Maltratado,
voluntariamente se humillaba
y no abría la boca;
como un cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron.
¿Quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malhechores;
porque murió con los malvados,
aunque no había cometido crímenes,
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.
Cuando entregue su vida como expiación,
verá su descendencia, prolongará sus años;
lo que el Señor quiere prosperará por sus manos.
A causa de los trabajos de su alma, verá y se hartará; con lo aprendido, mi Siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos.
Por eso le daré una parte entre los grandes,
con los poderosos tendrá parte en los despojos; porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,
y él tomó el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores



SALMO RESPONSORIAL
Sal 30,2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25

R/. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.
Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor.


Lectura de la carta a los Hebreos 4,14-16; 5,7-9.
Hermanos:
Tenemos un Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús el Hijo de Dios-. Mantengamos firmes la fe que profesamos.
Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo, igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos en el tiempo oportuno.
Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su actitud reverente. El, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que obedecen en autor de salvación eterna.
Sacerdote Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan 18,1-19,42.

Narrador En aquel tiempo Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
 -¿A quién buscáis?
Narrador Le contestaron:
Sinagoga -A Jesús el Nazareno.
Narrador Les dijo Jesús:
 -Yo soy.
Narrador Estaba también con ellos Judas el traidor. Al decirles «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
 -¿A quién buscáis?
Narrador Ellos dijeron:
Sinagoga -A Jesús el Nazareno.
Narrador Jesús contestó:
 -Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.
Narrador Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
 -Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?
Narrador La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año, el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.»
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Ese discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera, a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:
Sinagoga -¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?
Narrador El dijo:
Sinagoga -No lo soy.
Narrador Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina.
Jesús le contestó:
 -Yo he hablado abiertamente al mundo: yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.
Narrador Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
Sinagoga -¿Así contestas al sumo sacerdote?
Narrador Jesús respondió:
 -Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?

Narrador Entonces Anás lo envió a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
Sinagoga -¿No eres tú también de sus discípulos?
Narrador Ello negó diciendo:
 -No lo soy.
Narrador Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
Sinagoga -¿No te he visto yo con él en el huerto?
Narrador Pedro volvió a negar, y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron en el Pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos y dijo:
Sinagoga -¿Qué acusación presentáis contra este hombre?
Narrador Le contestaron:
 -Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.
Narrador Pilato les dijo:
Sinagoga -Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.
Narrador Los judíos le dijeron:
Sinagoga -No estamos autorizados para dar muerte a nadie.
Narrador Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
Sinagoga -¿Eres tú el rey de los judíos?
Narrador Jesús le contestó:
 ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Narrador Pilato replicó:
Sinagoga -¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?
Narrador Jesús le contestó:
 -Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Narrador Pilato le dijo:
Sinagoga -Conque, ¿tú eres rey?
Narrador Jesús le contestó:
 -Tú lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.
Narrador Pilato le dijo:
Sinagoga -Y, ¿qué es la verdad?
Narrador Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
Sinagoga -Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Narrador Volvieron a gritar:
Sinagoga -A ése no, a Barrabás.
Narrador Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
Sinagoga -¡Salve, rey de los judíos!
Narrador Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

Sinagoga -Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.
Narrador Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
Sinagoga -Aquí lo tenéis.
Narrador Cuando lo vieron los sacerdotes y los guardias gritaron:
Sinagoga -¡Crucifícalo, crucifícalo!
Narrador Pilato les dijo:
Sinagoga -Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.
Narrador Los judíos le contestaron:
Sinagoga -Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.
Narrador Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el Pretorio, dijo a Jesús:
Sinagoga -¿De dónde eres tú?
Narrador Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

Sinagoga -¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?
Narrador Jesús le contestó:
 -No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.
Narrador Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
Sinagoga -Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César
Narrador Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal en el sitio que llaman «El Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
Sinagoga -Aquí tenéis a vuestro Rey.
Narrador Ellos gritaron:
Sinagoga -¡Fuera, fuera; crucifícalo!
Narrador Pilato les dijo:
Sinagoga -¿A vuestro rey voy a crucificar?
Narrador Contestaron los sumos sacerdotes:
Sinagoga -No tenemos más rey que al César.
Narrador Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: JESUS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDIOS.
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:
Sinagoga -No escribas «El rey de los judíos», sino «Este ha dicho: Soy rey de los judíos.
Narrador Pilato les contestó:
Sinagoga -Lo escrito, escrito está.
Narrador Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
Sinagoga -No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca.
Narrador Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica.»
Esto hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
 -Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Narrador Luego dijo al discípulo:
 -Ahí tienes a tu madre.
Narrador Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
 -Tengo sed.
Narrador Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre dijo:
 -Está cumplido.
Narrador E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparacion, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para las judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Sacerdote Palabra del Señor.

Triduo Pascual: Jueves Santo


Sentido:
Esta misa conmemora la última cena de Jesús y las tres instituciones que realizó en ella: el sacerdocio, la eucaristía y el mandamiento del amor fraterno.
Todo evoca la memoria de la cena pascual que Jesucristo compartió con sus discípulos: el tiempo (al atardecer), las lecturas de la institución de la eucaristía, el discurso final de Jesús y el lavatorio de los pies, la inserción en la plegaria eucarística de las palabras: “el cual hoy, la víspera de parecer por nuestra salvación...”.
Fue precisamente durante esta cena cuando instituyo la eucaristía, que es “sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera”, en palabras del Concilio Vaticano II (Sacrosanctum Concilium 47).
Todo el ambiente está impregnado por el espíritu de gozo profundo e interior que experimentó aquella tarde Jesús. La había esperado con ansia y así lo comparte con sus discípulos: “he deseado ardientemente comer esta pascua con vosotros”. Para los judíos este era el banquete más importante del año, en el que se rememoraba la liberación de Egipto, pero para Jesús la alegría era mucho más profunda, era el gozo del sacrificio total de aquel que da sin calcular los costos. Ya no era un animal el que se sacrificaba, sino el mismo Dios. La liberación no era material sino mucho más, la humanidad iba a ser liberada no de la esclavitud física sino de la espiritual, la esclavitud del pecado que ire y mata al ser humano.
Y este ambiente festivo impregna la misa. Los cantos son alegres, el Gloria se canta o se recita y las vestiduras son blancas. Sólamente se omite el Aleluya para recordarnos que no es todavía el domingo de pascua.
La eucaristía es el memorial del sacrificio de Cristo en la cruz. Existe una íntima relación necesaria entre la misa y el Calvario. Lo que el Señor hace en la última cena y manda hacer a sus discípulos en memoria de él anuncia y anticipa su sacrificio en la cruz.

Elementos de este dia:
Lavatorio de los pies: en tiempos de Jesús era muy corriente lavar los pies a los invitados como signo de hospitalidad. Él se sirve de este gesto para expresar el mensaje del servicio mutuo. La autoridad ha de ejercerse ante todo como forma de servicio. Pero además tiene un significado mucho más profundo. Representa el supremo acto de servicio de Cristo a la humanidad, evoca su entrega total en la cruz. Con este gesto, en el cual, el sacerdote lava los pies, se nos invita a imitar el espíritu de servicio de Cristo en las cosas pequeñas y a seguirlo a lo largo de todo el camino hasta dar la vida por Él.
Colecta: en muchas parroquias se destina a los pobres, expresión de nuestra voluntad de servir a los más necesitados.
Reserva solemne: la presencia de Cristo en la eucaristía, en palabras del papa Pablo VI no es sólo “mientras se etá ofreciendo el sacrificio y se constituye el sacramento, Cristo es verdadero Emmanuel, Dios con nosotros, porque día y noche está entre nosotros, habita en medio de nosotros lleno de gracia y de verdad”. Así el gran amor manifestado por Cristo en la eucaristía permanece en el Monumento. Durante unas horas la Iglesia permanece abierta a fin de poder adorar a Cristo presente en Él. Constituyen estas horas una buena ocasión para profundizar en el misterio que se está celebrando, su entrega total por nosotros, la máxima expresión de amor, de quien no sólo nos dio su vida sino que nos la da constantemente y permanece día y noche junto a nosotros. La comunidad cristiana dedica su atención, contemplativa y adoradora, a ese Cristo que ha querido ser alimento para nosotros y ha pensado darnos en este sacramento su Cuerpo y su Sangre de la cruz.
Hora Santa: en ella recordamos el discurso de sobremesa de Jesús, posterior a la cena, en el cual se despide de sus discípulos, les anuncia el envío del Espíritu Santo, el paráclito (defensor), quien les ayudará en las numerosas dificultades y persecuciones que sufrirán, invitándoles a permanecer unidos a Él como los sarmientos a la vid, hasta que Él vuelva. Concluye con la bellísima oración sacerdotal, en la que Jesús ruega al Padre por cada uno de nosotros. Todo este discurso se encuentra en Juan 13, 31-17, 26. También en esta hora se evoca la oración en el huerto de Getsemaní (Mt 26, 36-46; Mc 14, 32-42; Lc 22, 40-46), respondiendo a la invitación de Jesús: “¿ni una hora has podido velar? (Marcos 14, 37). Constituye un tiempo de intimidad y silencio con Cristo, dejándose empapar por el amor que Él ese día derramó. Es una hora de oración y contemplación, de escucha y acogida de tanto amor que al día siguiente llegará a su culminación con la muerte en cruz.

Lecturas de la misa.

Lectura del libro del Exodo 12,1-8.11-14.
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
-Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Di a toda la asamblea de Israel: el diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.
Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.
Lo guardaréis hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.
Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y verduras amargas.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies; un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor.
Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.
La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera al país de Egipto.
Este será un día memorable para vosotros y lo celebraréis como fiesta en honor del Señor, de generación en generación. Decretaréis que sea fiesta para siempre.
Palabra del Señor.


SALMO RESPONSORIAL
Sal 115,12-13. 15-16bc. 17-18

R/. El cáliz que bendecimos
es la comunión de la sangre de Cristo.

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos,
en presencia de todo el pueblo.


Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 11,23-26.
Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.»
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que bebáis, en memoria mía.»
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra del Señor.

Lectura del santo Evangelio según San Juan 13,1-15.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro y éste le dijo:
-Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
Jesús le replicó:
-Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.
Pedro le dijo:
-No me lavarás los pies jamás.
Jesús le contestó:
-Si no te lavo no tienes nada que ver conmigo.
Simón Pedro le dijo:
-Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.
Jesús le dijo:
-Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»)
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
-¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Guión para la misa con presencia de niños.
Monición de entrada.
Queridos padres:
Hoy vamos a celebrar una misa muy importante, porque en ella Jesús nos va a ofrecer el regalo que más felices nos hará a nosotros: la eucaristía.
Además en esta misa vamos a comenzar los tres días de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, por eso vamos a estar muy atentos y a poner nuestros ojos en los gestos que Él a través del sacerdote va a realizar.

Petición de perdón.
Porque no valoramos lo que significa recibirte cada día en la comunión. Señor, ten piedad.
Porque nos cuesta ayudar a los demás. Cristo, ten piedad.
Porque nos olvidamos de rezar y visitarte en el sagrario. Señor, ten piedad.
Monición a las lecturas.
Las lecturas de hoy nos cuentan la cena de la Pascua de los judíos que recordaba como Dios los había librado de la esclavitud que sufrían en Egipto. San Pablo nos contará lo que Jesús hizo en la última cena y en el Evangelio le veremos haciendo un gesto muy bonito, el mismo que hacían nuestros padres con nosotros, como signo que nos quieren: lava los pies a sus discípulos.

Monición al lavatorio.
Jesús antes de subir a la cruz quiso dejar clara una cosa: creer en Él significa servirle en los demás, arrodillarse ante las personas para ayudarles. En esta tarde, José, el sacerdote que representa a Jesús, va a arrodillarse ante nosotros, los niños de primera comunión, que representamos a todo el pueblo, para lavarnos los pies y mostrarnos así lo que significa ser sacerdote y cristiano. No significa estar por encima de los demás sino ser el criado de todas las personas, amar sirviendo.

Oración de los fieles.
Por la Iglesia: para que cada día nos muestre con su vida lo mucho que Dios nos quiere. Roguemos al Señor.
Por los sacerdotes: para que sigan sirviendo a las parroquias con ilusión y un gran amor a Dios y a las personas. Roguemos al Señor.
Por los ancianos, los enfermos y los pobres, para que no nos olvidemos de ellos. Roguemos al Señor.
Por los niños que pronto tomaremos la Primera Comunión, para que cada día nos esforcemos en querer mucho a Jesús. Roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que estos tres días, nos demos cuenta de lo mucho que Dios nos quiere. Roguemos al Señor.
Ofrendas:
Los niños traen nueve velas y el pan y vino.

Monición al traslado del monumento.
En estos tres años de catequesis, nuestras catequistas, nos han enseñado lo bonito que es conocer y amar a Jesús, estar con él un ratito. Ahora, terminada la misa, los niños que le recibiremos en la Primera Comunión y le acompañaremos el día del Corpus, en la procesión, vamos a acompañarle en la que es la primera procesión del Corpus, la de esta tarde en la Iglesia.
Es un momento para darle gracias a Jesús porque no quiere separarse de nosotros.

Jueves Santo: Misa Crismal

Misa Crismal.

Sentido:
El Jueves Santo se encuentra en la encrucijada entre la cuaresma y la pascua. Es el último día de cuaresma, y su misa vespertina da paso al triduo pascual, que es la preparación inmediata para la pascua.
Domina el ambiente de preparación. Así ocurría en los primeros tiempos, cuando esta mañana los que habían cometido pecado mortal recibían el perdón de Dios de forma pública y solemne, a fin de poder participar de las celebraciones pascuales. De ello queda la confesión pascual, realizada por muchas personas, esta mañana o en los días previos.
Este día se celebran dos misas: una por la mañana, sólo en las catedrales y la otra, por la tarde, en las parroquias y casas religiosas. La primera es la misa crismal, la cual, por necesidades pastorales en la Archidiócesis de Valencia, se celebra el Miércoles Santo.
En ella el Obispo consagra los oleos que serán llevados a la parroquias para la administración de los sacramentos: el crisma (bautismo y confirmación), de los catecúmenos (bautismo) y de los enfermos (unción de enfermos).
En esta asamblea del pueblo de Dios tenemos representada la Iglesia: el Obispo, los presbíteros (sacerdotes), los diáconos y los laicos.
El tema principal es la institución del sacerdocio, por este motivo, los sacerdotes allí presentes renuevan ante el Obispo las promesas sacerdotales, su compromiso de unirse más de cerca a Cristo, ser sus fieles ministros, enseñar y ofrecer la eucaristía y conducir a otros a Cristo.

Elementos de este dia:
Renovación de las Promesas Sacerdotales, para que “nos guarde en su caridad y nos conduca a todos, pastores y grey, a la vida eterna”
Bendición del Oleo de los Enfermos, para que ellos “sientan en cuerpo y alma tu divina protección y experimenten alivio en sus enfermedades”.
Bendición del Óleo de los Catecúmenos, para que “vivan más hondamente el evangelio de Cristo”.
Consagración del Crisma, “para que fieles al sentido de la unción, vivan su condición de reyes, sacerdotes y profetas”.

Lunes, Martes y Miércoles Santos

Sentido:
En la primera mitad de la Semana Santa no hay celebraciones de particular relieve. Durante estos tres días la Iglesia considera profundamente el misterio de la pasión del Señor

Lecturas de estos días.
Lunes Santo:
Isaías 42,1-7: Cántico I del Siervo de Yahvé, figura silenciosa y majestuosa que nos introduce en el misterio pascual: su elección, misión y sufrimientos son profecía de la suerte de Cristo. La lectura pausada, dejando que Dios vaya con las palabras pintando el rostro de Cristo ante nuestros ojos, nos ayuda a adentrarnos en el misterio de la Semana Santa, el Misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
Salmo 26, 1.2.3.13-14: respondemos a la Palabra con esta oración, en ella hacemos nuestros los sentimientos del justo perseguido, quien no tiembla ante los enemigos porque confía en el Señor, su luz, salvación y defensa, y espera en Él. Con este salmo, sabiendo que Jesús fue un gran orante de los salmos, nos adentramos en sus sentimientos, previos a la pasión.
Juan 12, 1-11: la cena de Betania es preludio de la última cena y por tanto de la Pasión y Muerte, en ella se encuentra Lázaro, a quien Jesús había resucitado y María, quien unge a Jesús, anunciando su muerte y resurrección. Dos personajes se contraponen: María, representando al discípulo que ama a Cristo y desborda su amor hacia el Señor y Judas, cuya mezquindad queda retratada en sus palabras.

Martes Santo:
Isaías 49, 1-6: en este canto el Siervo de Yahvé se presenta así mismo como unprofeta llamado por Dios desde las entrañas maternas a una misión universal: ser luz de las naciones, instrumento mediante el cual la salvación llegue a todos los hombres y mujeres. En él descubrimos a Jesús, el Salvador, que reúne entorno a la cruz a todos los pueblos.
Salmo 72, 1-2.3-4a.5-6ab.15.17: de nuevo en esta oración descubrimos la actitud de Cristo ante la muerte, depositando todas sus esperanzas.
Juan 13, 21-33: la escena se sitúa después del lavatorio de los pies y en ella Jesús anuncia la traición de Judas. De este modo la misa nos va situando en el contexto de la pasión.
Miércoles Santo:
Isaías 50, 4-9a: el tercer Canto del Siervo de Yahvé es de confianza y de victoria. Su misión de consolar al abatido, está marcada por la escucha de la Palabra que le da fuerza.
Salmo 68, -10.21bcd-22.31.33-34: respondemos a la Palabra de Dios haciendo nuestros los sentimientos del justo perseguido, de Cristo en la cruz, a quien al igual que el salmista le ofrecen hiel y vinagre.
Mateo 26, 14-25: el evangelio de este día nos sitúa en el umbral de la pasión. Judas traiciona a Jesús, mientras Él prepara la Última Cena. Todo está ya dispuesto para comenzar el Triduo Pascual. ¿Lo estamos nosotros?

Domingo de Ramos

DOMINGO DE RAMOS

Sentido:
Con este domingo inauguramos la Semana Santa, celebrando la entrada de Cristo en Jerusalén para realizar el misterio pascual.
En los cuatro evangelios Jesús es presentado como el Rey-Mesías que entra y toma posesión de su ciudad, un Mesías humilde y manso que cumple la profecía de Zacarías (9,9): “He aquí que tu rey viene a ti; él es justo y victorioso, humilde y montado en un asno”.
Así el domingo es llamado domingo de Ramos y domingo de pasión, en cuanto en él tienen lugar los dos elementos: acogemos a Cristo victorioso que al pecado y sus consecuencias, con su pasión y muerte.

Elementos de este dia:
La Procesión: su origen se encuentra en Jerusalén durante el s.IV, celebrándose allí el domingo por la tarde. Ese día se reunían todos en el monte de los Olivos y desde allí iban en procesión hasta la ciudad, llevando ramos de olivo y acompañando al Obispo, quien representaba a Cristo.
Se caracteriza por el gozo y el júbilo que anticipa la Pascua. Es una procesión en honor a Cristo rey; por eso los ornamentos (el alba, la estola y la casulla que lleva el sacerdote) son rojos (igual que en Pentecostés, las misas del Espíritu Santo y de los mártires, es decir, de quienes entregando su vida por Cristo triunfan). Durante la procesión se cantan.
En ella no sólo recordamos un hecho histórico acaecido en la ciudad de Jerusalén, sino que aclamamos al que es para nosotros el Señor que viene cada día en la eucaristía, es la celebración de quienes acogemos a Cristo en la Jerusalén de nuestra vida, con sus mediocridades, intrigas interiores, hipocresías, pero también con la sinceridad, la belleza interior y el deseo de acoger a Dios que viene en Jesús, en la Palabra, los sacramentos y los hermanos, especialmente los que sufren.
Por otra parte la alegría y el triunfo expresado en las palmas anticipan la Pascua. Los ramos bendecidos y llevados en procesión son el emblema de la victoria de Cristo sobre la muerte.
La Liturgia de la Palabra: si la procesión evocaba la Pascua, la liturgia de la Palabra (las lecturas) evocan el viernes santo. Con ello se resume toda la Semana Santa, como bien se ha indicado más arriba: Cristo vencerá por su pasión y muerte.
La primera lectura es del profeta Isaías (50, 7-4), en ella encontramos el retrato de Cristo que acepta el sufrimiento pacientemente, como bien nos indica el apóstol Pablo en la segunda lectura (Filipenses 2, 6-11). En su anonadamiento es elevado por el Padre. Seguidamente tiene lugar la solemne lectura de la pasión. En ella se despoja de todo ceremonial, no hay velas ni incienso y se omite la señal de la cruz al principio. Simplemente se comienza con el anuncio: “Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos”.

Estructura de la celebración:
1.Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén.
Acogida:
Reunidos en una Iglesia menor o lugar apto fuera de la Iglesia en la que se va a celebrar la misa y llevando los fieles en sus manos los ramos.
Vestiduras de los sacerdotes: casulla o capa pluvial roja.
El sacerdote saluda al pueblo con esta monición:
Queridos hermanos:
Ya desde el principio de la Cuaresma nos venimos preparando con obras de penitencia y caridad. Hoy, cercana la Noche santa de Pascua, nos disponemos a inaugurar, en comunión con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de Jesucristo, misterios que empezaron con la solemne entrada del Señor en Jerusalén.
Por ello, recordando con fe y devoción la entrada triunfal de Jesucristo en la ciudad santa, le acompañaremos con nuetros cantos, para que, participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección.
Bendición de los ramos:
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno,
santifica con tu bendición estos ramos,
y, a cuantos vamos a acompañar a Cristo
aclamándolo con cantos,
concédenos entrar en la Jerusalén del cielo,
por medio de él.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
A continuación el sacerdote rocía con agua bendita los ramos sin decir nada.
Seguidamente se proclama el evangelio.
Procesión:
El sacerdote u otro ministro idóneo, puede hacer esta monición:
Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros con júbilo al Señor.
Comienza la procesión con este orden: incensario – cruz adornada y acompañada por dos ministros con velas encendidas – sacerdote con los ministros – fieles con ramos en las manos.
Los cantores cantan.

Entrada en la Iglesia:
El sacerdote al llegar al altar, lo venera y si juzga oportuno lo inciensa.
El sacerdote va a la sede, se quita la capa pluvial y se pone la casulla y dice la oración colecta de la misa.

En las restantes misas:
Se hace memoria de la entrada del Señor en Jerusalén mediante la lectura de la antífona de entrada en la que se recuerda este acontecimiento, recitándose el salmo 23, en el cual se exalta a Cristo, el Rey de la gloria y Señor de los ejércitos.

Misa:
La Liturgia de la Palabra y Eucarística del mismo modo que en todas las misas.
Excepción: en la lectura de la Pasión del Señor no se llevan ni cirios ni incienso, ni se hace al principio la salutación habitual, ni se signa el libro. Puede ser proclamada por lectores laicos, reservando, si es posible, al sacerdote la parte correspondiente a Cristo.
Prefacio: resume el sentido de la pasión.
Siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales. De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa, y, al resucitar, fuimos justificados.

Bendición de los ramos.

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 11,1-10.
Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:
-Id a la aldea de enfrente, y en cuanto entréis, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto.
Fueron y encontraron el borrico en la calle atado a una puerta; y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron:
-¿Por qué tenéis que desatar el borrico?
Ellos le contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.
Llevaron el borrico, le echaron encima los manteos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban:
-Viva, bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. ¡Viva el Altísimo!

Lecturas de la misa.

Lectura del Profeta Isaías 50,4-7.
Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido
una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los iniciados.

El Señor Dios me ha abierto el oído;
y yo no me he rebelado
ni me he echado atrás.

Ofrecí la espalda. a los que me golpeaban,
la mejilla a los que mesaban mi barba.

No oculté el rostro a insultos y salivazos.

Mi Señor me ayudaba,
por eso no quedaba confundido;
por eso ofrecí el rostro como pedernal,
y sé que no quedaré avergonzado.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial.
Sal 21,8-9.17-18a.1920.23-24

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que le ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere.»

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores:
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo,
linaje de Jacob, glorificadlo,
temedlo, linaje de Israel.

Segunda lectura.
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 2,6-11.
Hermanos:
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo,
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
-en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo-,
y toda lengua proclame: « ¡Jesucristo es Señor!»,
para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

Evangelio. Mc 14, 1-15,47
Texto íntegro
Narrador Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos
Faltaban. dos días para la Pascua y los Acimos. Los sumos sacerdotes y los letrados pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían
Sinagoga -No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.
Narrador Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza. Algunos comentaban indignados:
Sinagoga -¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres
Narrador Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
 -Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.
Narrador Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. A1 oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. El andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
Sinagoga -¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
Narrador -El envió a dos discípulos diciéndoles:
-Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?»
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arregladla con divanes. Preparadnos allí la cena.
Narrador Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo dijo Jesús:
 -Os aseguro, que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.
Narrador Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:
Sinagoga -¿Seré yo?
Narrador Respondió:
 -Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del Hombre se va, como está escrito, pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!
Narrador Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
 -Tomad, esto es mi cuerpo.
Narrador Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.
Y les dijo:
 -Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro, que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.
Narrador Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos. Jesús les dijo:
 -Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.» Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.

Narrador Pedro replicó:
Sinagoga -Aunque todos caigan, yo no.
Narrador Jesús le contestó:
 -Te aseguro, que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.
Narrador Pero él insistía:
Sinagoga -Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
Narrador Y los demás decían lo mismo. Fueron a una finca, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos:
 -Sentaos aquí mientras voy a orar.
Narrador Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
 -Me muero de tristeza: quedaos aquí velando.
Narrador Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
 -¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
Narrador Volvió, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
Sinagoga -Simón, ¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.
Narrador De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió y les dijo:
 -Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.
Narrador Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los doce, y con él gente con espadas y 'palos, mandada por los sumos sacerdotes, los letrados y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto.
Narrador Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
Sinagoga -¡Maestro!
Narrador Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:
 -¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.
Narrador Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los letrados y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra él diciendo:

Sinagoga -Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.»
Narrador Pero ni en esto concordaban los testimonios.
El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
Sinagoga -¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?
Narrador Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo preguntándole:
Sinagoga -¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
Narrador Jesús contestó:
 -Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.
Narrador El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:
Sinagoga -¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?
Narrador Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirlo, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
Sinagoga -Haz de profeta.
Narrador Y los criados le daban bofetadas.
Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo:
Sinagoga -También tu andabas con Jesús el Nazareno.
Narrador El lo negó diciendo:
Sinagoga -Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.
Narrador Salió fuera al zaguán, y un galló cantó.
La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
Sinagoga -Este es uno de ellos.
Narrador Y él lo volvió a negar.
Al poco rato también los presentes dijeron a Pedro:
Sinagoga -Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.
Narrador Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
Sinagoga No conozco a ese hombre que decís.
Narrador Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:

Sinagoga -¿Eres tú el rey de los judíos?
Narrador El respondió:
 -Tú lo dices.
Narrador Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
Pilato le preguntó de nuevo:
Sinagoga -¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
Narrador Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.
Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre.
Pilato les contestó:
Sinagoga -¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Narrador Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
Sinagoga -¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos
Narrador Ellos gritaron de nuevo:
Sinagoga -Crucifícalo.
Narrador Pilato les dijo:
Sinagoga -Pues ¿qué mal ha hecho?
Narrador Ellos gritaron más fuerte:
Sinagoga -Crucifícalo.
Narrador Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
Sinagoga -¡Salve, rey de los judíos!
Narrador Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz.
Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDIOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice:- «Lo consideraron como un malhechor.»
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
Sinagoga -¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.
Narrador Los sumos sacerdotes se burlaban también de él diciendo:
Sinagoga -A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.
Narrador También los que estaban crucificados con él insultaban.
Al llegar el mediodía toda a región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
 -Eloí, Eloí, lamá sabaktaní. (Que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)
Narrador Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
Sinagoga -Mira, está llamando a Elías.
Narrador Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
Sinagoga -Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.
Narrador Y Jesús, dando un fuerte grito expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
Sinagoga -Realmente este hombre era Hijo de Dios.
Narrador Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José y Salomé, que cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el Reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.
Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.
María Magdalena y María, la madre de José, observaban dónde lo ponían
Sacerdote Palabra del Señor.


Texto breve

Sacerdote Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 14,1-15,47.
Narrador Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:

Sinagoga -¿Eres tú el rey de los judíos?
Narrador El respondió:
 -Tú lo dices.
Narrador Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
Pilato le preguntó de nuevo:
Sinagoga -¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
Narrador Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.
Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre.
Pilato les contestó:
Sinagoga -¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Narrador Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
Sinagoga -¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos
Narrador Ellos gritaron de nuevo:
Sinagoga -Crucifícalo.
Narrador Pilato les dijo:
Sinagoga -Pues ¿qué mal ha hecho?
Narrador Ellos gritaron más fuerte:
Sinagoga -Crucifícalo.
Narrador Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
Sinagoga -¡Salve, rey de los judíos!
Narrador Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz.
Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDIOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice:- «Lo consideraron como un malhechor.»
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
Sinagoga -¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.
Narrador Los sumos sacerdotes se burlaban también de él diciendo:
Sinagoga -A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.
Narrador También los que estaban crucificados con él insultaban.
Al llegar el mediodía toda a región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
 -Eloí, Eloí, lamá sabaktaní. (Que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)
Narrador Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
Sinagoga -Mira, está llamando a Elías.
Narrador Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
Sinagoga -Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.
Narrador Y Jesús, dando un fuerte grito expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
Sinagoga -Realmente este hombre era Hijo de Dios.
Sacerdote Palabra del Señor.






Guión para la misa de niños.
Monición antes de la bendición:
Buenos días a todos.
Hoy es un día de fiesta, de color y alegría porque comienza la Semana Santa y porque celebramos su entrada en Jerusalén.
Hace unos dos mil años los niños de Jerusalén salieron a recibir a Jesús con ramos de olivo en sus manos.
También este domingo los niños de Alfarrasí salimos a recibir a Jesús con ramos de olivo. Él viene en la persona del sacerdote y Él nos hablará en misa, cuando escuchemos como murió en la cruz.
Démosle gracias por este día de fiesta y dispongámonos a celebrar las fiestas más importantes de nuestro pueblo, que concluirán el próximo domingo con la fiesta de l’Angelet de la Corda, la resurrección de Jesús y su encuentro con nuestra Madre, María.

Monición a las lecturas:
Las lecturas de este domingo nos hablan de la entrega de Jesús por nosotros, por eso vamos a escuchar a lo que nos dice Dios por medio del profeta Isaías y por medio de San Pablo. Pero sobretodo vamos a estar muy atentos a la lectura de la Pasión de Jesús. Escuchemos, hoy más que nunca con atención.

Gestos que realizan los niños durante la proclamación de la Pasión:
-Inicio: una botella de colonia
-Última Cena: el candelabro de los siete brazos, un pan y una jarra de vino.
-Getsemaní: unos ramos de olivo.
-Casa de Caifás: un bastón.
-Crucifixión: posters con rostros de personas que sufren hoy la cruz y si ésta no se encuentra en el altar la entran ellos.
-Final: un paño blanco.

Peticiones:
-Por la Iglesia, para que nos enseñe a amar y dar la vida por los demás como hizo Jesús en su pasión. Roguemos al Señor.
-Por los que prefieren ir montados en los caballos del poder, para que descubran que la felicidad está en ir montados en el pollino del amor a los demás. Roguemos al Señor.
-Por las personas que en estos días sufren como Jesús la cruz: los enfermos, los pobres, los parados, los ancianos que viven solos, para que encuentren cristianos que les ayuden a llevar la cruz. Roguemos al Señor.
-Por todos los niños de nuestro pueblo, para que nunca perdamos la alegría y siempre la contagiemos a los mayores. Roguemos al Señor.
-Por todos nosotros, para que en estos días nos demos cuenta de lo mucho que Dios nos quiere. Roguemos al Señor.

Bendición del Angelet de la Corda.
Señor, Dios nuestro,
que de la boca de los niños
has sacado la alabanza de tu Nombre,
mira con bondad a esta niña
que tiene como tarea representar
a todos los niños del pueblo
y al ángel que anunció a María
tu gloriosa resurrección,
y, así como tu hijo
al recibir con agrado a los niños,
los abrazaba y los bendecía,
y nos los puso como ejemplo,
así también, Padre, derrama sobre ella tu bendición.