Así dice el Señor:«Maldito quien confía en el hombre,y en la carne busca su fuerza,apartando su corazón del Señor.Será como un cardo en la estepa,no verá llegar el bien;habitará la aridez del desierto,tierra salobre e inhóspita.Bendito quien confía en el Señory pone en el Señor su confianza.Será un árbol plantado junto al agua,que junto a la corriente echa raíces;cuando llegue el estío no lo sentirá,su hoja estará verde;en año de sequía no se inquieta,no deja de dar fruto.Palabra de Dios
MEDITACIÓN
De nuevo nos encontramos con un texto del profeta de los siglos VII-VI a.C. y en concreto el fragmento que proclamamos, meditamos y rezamos este domingo pertenece a la primera parte u oráculos sobre Judá y Jerusalén y la segunda sección, es decir, los dirigidos en tiempos del rey Joaquín (609-597).
Como conjunto de sentencias sapienciales, la base del fragmento se encuentra en el salmo que proclamamos a continuación, el salmo 1. Ambos nos presentan dos caminos apoyados en una bendición y una maldición. Maldito quien se apoya en el hombre y bendito quien construye su vida sobre Dios. El hombre y la sociedad que camina pensando sólo en criterios humanos se convierte en un desierto en el que nadie habita, mientras quienes apoyan su vida en Dios y los valores que emanan de la Ley divina, se convierte en un árbol frondoso que da fruto. Dos imágenes bien claras sobre la opción vital y social: ser un desierto o ser un árbol de esos que crecen junto a los ríos Turia, Jucar, Albaida,...
El fragmento es bien claro y si lo dirigimos a nuestro centro obtenemos unas enseñanzas muy claras. Bendito el centro junior que se apoya en Dios y por tanto Dios no es un paréntesis en la vida, al que dedicamos sólo una misa de vez en cuando y algún tema, sino el agua que riega toda la vida del centro junior y por tanto impregna las reuniones, los juegos, las actividades,... ¿Qué nos parece demasiado? Escuchemos lo que el mismo Dios dirige a nuestro centro junior, a ti y a mí, como educador y consiliario. Si el centro sólo piensa en lo humano y olvida a Dios no es que acabará, es que ya es un desierto incapaz de dar fruto y de enfrentarse a los problemas. ¿Y tú por quien optas? Dios o tener niños, sin hablar de Dios, porque cuando prestamos atención a Dios algunos se van?
SALMO
Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R/.: Sal 39, 5a)R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.Dichoso el hombreque no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos;sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R/.Será como un árbolplantado al borde de la acequia:da fruto en su sazóny no se marchitan sus hojas;y cuanto emprende tiene buen fin. R/. No así los impíos, no así;serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R/.
MEDITACIÓN
Con Israel: nos encontramos ante el primero del Salterio o libro de los salmos y comienza con la primera letra del alfabeto hebreo “aleph” y la última palabra del salmo comienza con la última letra del alfabeto hebreo, “tab”, es decir, en él se encuentra resumida toda la ley, desde la A hasta la Z, por tanto los dos caminos con los que se enfrenta toda persona: uno conduce a la felicidad y otro a la nada, simbolizados en el árbol que da fruto y la paja que arrebata el viento. El salmo formaba parte del ritual de la Alianza y debía cantarse en la fiesta de los Tabernáculos, cuando se renovaba la Alianza o pacto entre Dios e Israel por el que los segundos se comprometían a cumplir la Ley de Moisés, mientras el segundo correspondía mediante la bendición.
Con Jesús: el resumen de su pensamiento son las bienaventuranzas, éstas en Lucas tienen el mismo esquema: bendiciones y maldiciones, acompañadas las primeras con la misma palabra que el salmo, “asherei” (dichosos). También Jesús se sirvió de la imagen del árbol que da buenos frutos (Mt 7), que crece de tal forma que las aves del cielo hacen en él sus nidos (Mt 13,32). Para él la corriente de agua viva que permite al árbol permanecer verde es el Espíritu Santo (Jn 4, 14; 7, 38), también el agua es, en el bautismo, símbolo de la vida que renace. La misma cruz es el árbol de la vida que evoca el Paraíso, plantado junto a la corriente de agua, la que brota del costado de Cristo. Así pues al meditar el salmo bien podemos afirmar feliz quien medita día y noche el Evangelio.
Con nuestro tiempo: la mejor reflexión la aporta un gran pensador y físico, conocido por todos, Pascal. Quien al finalizar las “Apuestas sobre Dios” escribe: “¿qué perdéis escogiendo a Dios? ¿qué mal os alcanzará si estáis a su lado? Seréis fieles, honestos, humildes, agradecidos, bienhechores, amigos sinceros, veraces. En realidad, no estaréis en medio de los placeres apestosos, en la gloria, en las delicias; pero tendréis otra clase de placeres. Os digo que ganaréis en esta vida y que cada paso que avancéis por este camino, veréis con certeza la ganancia, y la nada de aquello que arriesgáis; conoceréis finalmente que habéis apostado por una cosa cierta, infinita, por la cual no habéis dado nada” (Pensamientos de Pascal, 343).
Con los juniors: uno de los temas que se ofrece en los cursos de MTL y AJ es la identidad del educador junior. Y aquí tenemos un resumen de ella, el A-Z del educador. Si nos preguntásemos, ¿qué es un junior? La respuesta está en el salmo, es quien no sigue los criterios y valores de nuestra sociedad, aquellos que nos presenta la televisión, los que se apoyan en la fama, el dinero, el goce desenfrenado y sin normas morales, los que mezclan su fe con las corrientes filosóficas o religiosas ajenas y a veces opuestas al cristianismo. El educador junior es el que es feliz viviendo la Ley de Dios y medita día y noche el Evangelio. Quizás nos parezca demasiado radical, pero la Palabra de Dios es así. Como en la primera lectura, nos corresponde optar, pues no podemos servir a Dios y a nosotros mismos, compaginar valores cristianos con los antivalores es imposible, aunque sea lo que hacemos. Y aplicándolo al Centro Junior, queda bien claro, bendito el Centro Junior que, siguiendo las líneas planteadas por Juniors, moviment diocesà, vive comprometido con Jesús, tratando de ser fiel a sus enseñanzas; comprometido con la Iglesia, amándola y siguiendo el camino que nos ofrecen el Papa y los Obispos, asumiendo los criterios pastorales del Obispo; y comprometido con la sociedad viviendo los valores que le ayudarán a ser más justa y solidaria.
Inspirado en NOEL QUESSON50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo IIPAULINAS, 2ª Edición. BOGOTA-COLOMBIA-1981.Págs. 252-255
CARLOS VALLÉS. BUSCO TU ROSTRO.
«¡Dichoso el hombre cuyo gozo es la ley del Señor!»
Tengo suerte, Señor, y lo sé. Tengo la suerte de conocerte, de conocer tus caminos, tu voluntad, tu Ley. La vida tiene sentido para mí, porque te conozco a ti, porque sé que este mundo difícil tiene una razón de ser, que hay una mano cariñosa que me sostiene, un corazón amigo que piensa en mí, y una presencia de eternidad día y noche dentro de mí. Conozco mi camino, porque te conozco a ti, y tú eres el Camino. El pensar en eso me hace caer en la cuenta de la suerte que tengo de conocerte y de vivir contigo.
Veo tal confusión a mi alrededor, Señor, tanta oscuridad y tanta duda y tal desorientación en la vida de gentes con las que trato, y en escritos que leo, que yo mismo a veces dudo y me confundo y me quedo ciego en la oscuridad de un mundo que no ve. La gente habla de sus vidas sin rumbo, de su falta de dirección, de seguridad, de certeza, de su sentirse a la deriva en un viaje que no sabe de dónde viene ni a dónde va, del vacío en su vida, de las sombras, de la nada. Todo eso me toca a mi de cerca, porque todo lo que sufre un hombre o una mujer lo sufro yo con solidaridad fraterna en la familia de la que tú eres Padre.
Mucha gente es en verdad «paja que arrebata el viento», colgados tristemente de los caprichos de la brisa, de las exigencias de una sociedad competitiva, de las tormentas de sus propios deseos. Son incapaces de dirigir su propio curso y definir sus propias vidas. Tal es la enfermedad del hombre moderno y, según aprendo en tu Palabra, Señor, era también la enfermedad del hombre en la antigüedad cuando se escribió el primer Salmo. También aprendo allí el remedio que es tu palabra, tu voluntad, tu ley. La fe en ti es lo que da dirección y sentido y fuerza y firmeza. Sólo tú puedes dar tranquilidad al corazón del hombre, luz a su mente y dirección a sus pasos. Sólo tú puedes dar estabilidad en un mundo que se tambalea.
En ti encuentro las raíces que dan firmeza a mi vida. Tú me haces sentirme como «un árbol plantado al borde de las aguas». Siento la corriente de tu gracia que me riega el alma y el cuerpo, hace florecer mi capacidad de pensar y de amar y convierte mis deseos en fruto cuando llega la estación y el sol de tu presencia bendice los campos que tú mismo has sembrado.
Necesito seguridad, Señor, en medio de este mundo amenazador en que vivo, y tu ley, que es tu voluntad y tu amor y tu presencia, es mi seguridad. Te doy gracias, Señor, como el árbol se las da al agua y a la tierra.
¡Que nunca «se marchiten mis hojas», Señor!
http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/T-O/06C/marco_do_06c.htm
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 12. 16-20Hermanos:Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan?Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados.¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
MEDITACIÓN
Después de explicar el kerigma cristiano sobre la muerte y resurección de Cristo, el apóstol extrae las consecuencias de ello. Así su argumentación ex absurdo marca toda la sección, pues si Cristo no resucitó somos los hombres más desgraciados, toda nuestra fe, todo lo que creemos, esperamos y amamos, todo se desploma, pierde sentido, es absurdo seguir trabajando en la Iglesia por el Evangelio, seguir siendo sacerdotes, monitores, educadores y juniors.
Pero la verdad es lógicamente otra, Cristo resucitó el primero de todos, no el único. Esta es la realidad, podría haber resucitado Él por ser el único Justo, el único que es Hijo de Dios, pero no lo quiso, Él es el primero una larga cadena que llega a nosotros. Él es el que hace posible que un día, cuando los que nos aman, lloren nuestra ausencia, también resucitemos.
Entre Cristo y nosotros, por el bautismo, hay una unidad. Él es la Cabeza y nosotros el cuerpo. Así resucita todo el cuerpo, con su cabeza y miembros.
ara nosotros en cuanto educadores juniors son importantes estas afirmaciones y en un mundo donde hay pluralidad de ideas entorno a la muerte hemos de estar convencidos de ello, pues es el núcleo de nuestra fe. Dicho de otro modo no podemos creer en Cristo y a la vez creer en la reencarnación o en que la vida se termina aquí y no hay otra existencia. El educador que no tiene esto claro está educando en vano. Nuestro ser educadores se apoya en la experiencia de Cristo resucitado, primer y real animador del Centro Junior y en nuestra esperanza de resucitar un día con todos los que han muerto en Cristo.
EVANGELIO
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 17. 20-26En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:— «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo.¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre.¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
En los últimos domingos hemos descubierto a Jesús en el Jordán, recibiendo el bautismo, en Nazaret proclamando la Buena Noticia a los pobres y sufriendo el rechazo de quienes le conocían desde pequeño, en Galilea llamando a sus discípulos y en el lago de Getnesaret siendo autor de la pesca multitudinaria. Seguidamente nuestro Maestro cura a un leproso, un paralítico, se sienta en la mesa de Leví y los pecadores a comer, discute con los fariseos y elige a los Doce. Tras esta elección, realizada después de una noche de oración en lo alto de un monte, desciende, cura a los poseídos por espíritus inmundos y a los enfermos y comienza una nueva predicación. Es el Sermón del Llano, en él proclama las bienaventuranzas, el mandamiento del amor a los enemigos y de la compasión, invitando a ser árboles que den frutos y a construir sobre roca.
En este domingo meditamos el comienzo de este sermón. A diferencia de Mateo, Lucas lo sitúa en un llano, porque mientras el primero tiene interés de presentar a Jesús como el Nuevo Moisés y al Evangelio como el nuevo Pentateuco, el segundo no tiene este interés. Otra diferencia es la contraportada a las bienaventuranzas, las desventuras o “ay de vosotros”. Y finalmente no precisa los pobres. A diferencia de Mateo, “pobres de espíritu”, Lucas los llama sencillamente “pobres”, con una connotación más social, pues era consciente del peligro que tenía su comunidad.
De este modo en el evangelio de este domingo descubrimos un resumen de las instrucciones de Jesús a sus discípulos y por tanto a cada uno de los educadores juniors.
EL EVANGELIO COMENTADO POR LOS SANTOS PADRES
Ahora diremos cómo san Lucas ha sintetizado en cuatro las ocho bienaventuranzas. Sabemos que existen cuatro virtudes cardinales: templanza, justicia, prudencia y fortaleza. El que es pobre de espíritu no tiene avidez. El que llora no se enorgullece sino que es manso y sosegado; el que llora se humilla. El que es justo no niega lo que sabe que es dado a todos por el uso común. El que tiene compasión da de lo suyo; el que da de lo suyo no busca lo ajeno ni engaña a su prójimo.
San Ambrosio.
Bienaventurado, dice, los pobres. No todos los pobres son bienaventurados; pues la pobreza es de suyo indiferente: puede haber pobres malos y buenos; a no ser que se entienda que el pobre bienaventurado es el que ha descrito el profeta al decir que 2vale más un pobre justo que un rico mentiroso2 (Prov 19, 1). “Bienaventurado el pobre que ha clamado y el Señor le ha escuchado” (Sal 34, 6); bienaventurado el hombre pobre en el que el príncipe de este mundo no puede nada; pobre a imitación de aquel pobre que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros. Dejando todo pecado, despojado de toda malicia, estando contento en mi simplicidad, desnudo de todo mal, sólo me queda moderar mi carácter. ¿De qué me sirve carecer de los bienes del mundo si no soy manso ni pacífico”.
San Ambrosio
¿Qué es mejor: reír o llorar? ¿Quién hay que no elija para sí el reír? Mas pensando en el dolor saludable de la penitencia, el Señor puso en el llanto el deber y en la risa la recompensa. ¿Cómo? Cuando dice en el evangelio: Dichosos los que lloran, porque reirán. Por tanto, el llorar es un deber y la risa es el premio de la sabiduría. Puso la risa en lugar de la alegría; pero no se trata de reírse a carcajadas, sino de exultar.
San Agustín
La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento. 3. Evangelio según san Lucas. Ciudad Nueva
ORACIÓN DESDE LA METODOLOGÍA JUNIOR.-
Experiencia:
A lo largo de la historia siempre hemos estado tentados a construir al margen de Dios, a confiar en otros dioses que no son Yahvéh. Así ocurre en los centros juniors cuando hay miedo a hablar de Dios y del Evangelio, cuando reducimos a la mínima expresión las celebraciones, oraciones y eucaristías a lo largo del curso y en los campamentos, cuando enseñamos a los niños lo que nosotros no vivimos ni nos creemos. Y en nuestra vida muchas veces predominan los criterios de esta sociedad: marginación del inmigrante, inhibición ante los problemas salarios bajos que sufren los trabajadores, frente a personas cada vez más ricas que se están aprovechando de la crisis, insensibilidad ante las guerras, hambre y explotación de los países del Sur, aceptación del aborto y la eutanasia, vivencia de la sexualidad no como proyecto de vida con una persona igual y a la vez complementaria, sino como medio para disfrutar una noche o un rato, consumismo desenfrenado de aquello que nos sirve un día y después acaba en el armario o en el cuarto trastero,...
Reflexión:
La primera lectura, el salmo y el Evangelio nos ofrece dos caminos: el hombre que se busca a sí mismo y su propia felicidad y el camino del hombre que busca a Dios y por tanto la felicidad de los demás. A la luz de la Palabra cabe preguntarnos realmente sobre qué fundamentamos nuestra vida y descubrir como cuando el árbol que es nuestra existencia lo enraizamos en una vida de lectura, meditación y oración de la Biblia, vivida en la participación activa de la misa dominical, ésta se convierte en un árbol frondoso que da frutos. Un buen momento para recordar aquellos tiempos en los cuales realmente eramos juniors o agradecer a Dios estar viviendo así, enraizados en Él.
Compromiso.
Si ser junior se reduce a la reunión del equipo de educadores, la actividad del sábado y la misa (cuando el centro asiste), plantearme medios para ser un árbol que se alimente de la Palabra de Dios. Los propósitos pueden ser estos: todos los días al levantarme leer el Evangelio 2010 de Juniors, realizar un examen de conciencia por la noche, especialmente contrastando lo vivido con lo enseñado en el evangelio leído por la mañana y asistir a misa el domingo, habiendo previamente leído las lecturas del día del Evangelio 2010.
Celebración:
Después de esta meditación le hablo a Dios con el corazón, también puede ser leer de forma orante, es decir, pausadamente, el salmo de este domingo.
ORACIÓN AL COMIENZO DE LA REUNIÓN - CENA DEL HAMBRE
AMBIENTACIÓN:
Elementos presentes siempre en las oraciones: cruz de San Damián (Togo), icono de la Virgen María, Biblia, cartel y vela encendida.
Signo de esta semana: cartel de manos unidas, un trozo de pan y un vaso de agua al pie de la cruz.
Preparación: preferiblemente en la cena del hambre
Proclamación del Evangelio: Proyectamos sucesivamente: el audiovisual de Cáritas, “Relato del Rico Adinerado”, el evangelio de las benedictinas y el video de la campaña de Manos Unidas que esta ong católica ha enviado a las parroquias, incluso si hay tiempo.
Interiorización : ¿Qué tengo yo? ¿desde el Evangelio que me pide Jesús? ¿cómo puedo ayudar a los más necesitados?
Gesto: el pobre es Cristo, él tiene a sus pies pan. Después de meditar, me acerco a él y parto un trozo de pan, lo tomo en las manos. Cuando todos lo han tomado lo comen. Quien realmente se ha entregado a los más necesitados, recibe mucho más de lo que les da, pobre no es el que es ayudado, sino el que siendo ayudado da lo que quien ayuda tiene menos. Así lo vivieron los educadores que marcharon en principio a enseñar a los jóvenes de Togo y regresaron recibiendo mucho más de lo que les habían dado, una experiencia capaz de transformarles interiormente como educadores juniors. Así lo descubrimos en los misioneros como el Padre Rafael o el hermano Pepe, salesianos en Togo. Con el gesto expresamos nuestro reconocimiento de la presencia de Cristo en el necesitado y a la vez nuestro deseo de escuchar y acoger el pan que él nos da.
Oración final: manos unidas nos ofrece para rezar el Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís, pues “nadie como él supo llamar hermano al sol, a la luna, a los pájaros e incluso al peligroso lobo de Gubbio y nadie como él supo ponerse del lado de los pobres compartiendo todo y haciéndose más pobre que nadie” (Campaña “Contra el hambre defiende la Tiuerra”).
GUIÓN CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA.
Monición de entrada.-
Queridos hermanos y hermanas: cada domingo nos reunimos los hijos de Dios para celebrar que Jesús nos ama y lo expresa reuniéndonos alrededor del altar, hablándonos al corazón y dándose en el pan y el vino. Pero hoy la misa es especial, porque igual que están haciendo los niños de Primera Comunión en toda España, nosotros vamos a celebrar el Día de Manos Unidas y a ayudar a las personas que en otros países son pobres. Este año el lema es “Contra el hambre, defiende la tierra”. Abramos nuestro corazón a Dios que quiere que no seamos egoístas sino que cuidemos de nuestro planeta tierra y de los que más pobres.
Acto penitencial.-
Nos da rabia los lloricas y sin embargo tú nos dices: Felices los que lloran. Señor, ten piedad.
Nos enfadamos cuando la comida que me han preparado no mnos gusta gusta y sin embargo tú nos dices: Felices los que tienen hambre.
Que mal nos caen los que siempre llevan los deberes hechos, y sin embargo tú nos dices: Felices cuando os insulten. Señor, ten piedad.
Monición Primera lectura.-
El profeta Jeremías nos va a recordar en la lectura dónde hemos de poner nuestro corazón: en Dios y en su Palabra. En este domingo de Manos Unidas los misioneros y misioneras son un ejemplo de las personas que confían en Dios, ellos son como los árboles plantados junto al río, no tienen miedo a pasarlo mal, si es por ayudar a los más pobres.
Monición Segunda lectura.-
San Pablo continúa este domingo hablándonos de la resurrección de Jesús, ella es para nosotros lo más importante, saber que Él esta vivo y tan vivo que lo recibiremos en la Primera Comunión.
Monición evangelio.-
Hola soy el apóstol Juan. Mirad, después de que Jesús hizo el milagro del domingo pasado, ¿os acordáis?, sí, sí, lo de la red llena de peces. Pues bien, cuando acabó nosotros le acompañamos por allí por donde iba. Y hubo una vez que mirándonos a todos nos dijo:
Homilía.-
En las escaleras hemos colocado caramelos. Dividimos a los niños en tres grupos. Le pedimos a uno de los grupos que se acerquen y recojan los que quieran, sin miedo. Posiblemente el primer grupo coja todos los caramelos. Ello nos dará pie a preguntarles: ¿cuántos caramelos tenéis? ¿por qué tenéis más que los otros? ¿qué os parece que vosotros tengáis tantos y haya muchos compañeros que no tienen ninguno? ¿cómo os habéis sentido?
Seguidamente les leemos esta carta:
Hola, mi nombre no importa, soy uno de los siete educadores juniors que estamos en Togo. La verdad es que ha sido impresionante el viaje, pues para llegar hasta aquí nos ha costado mucho y hemos parado en un país que no esperabamos parar. Después de aterrizar han venido a recogernos los salesianos y por carreteras sin asfaltar hemos recorrido casi todo el país. Por fin hemos llegado a Kara y ya estamos de campamento con los niños de las parroquias cercanas.
Es impresionante. Aquí los campamentos no son como los que hacemos los juniors, apenas tienen condiciones, no hay duchas, ni agua corriente, muchas veces nos pasamos horas sin luz. Y os preguntaréis por la comida. Pues bien, todos los días es muy parecida o al menos a nosotros nos sabe igual, pero sin embargo para ellos está buenísima. Tanto que muchos han venido al campamento porque sabían que aquí iban a comer todos los días, ya que en sus casas muchos días no comen. Y eso gracias a que los misioneros les ayudan. La verdad es que estamos disfrutando mucho, aunque la vida aquí es muy dura, pero estos niños que no tienen comida tienen algo que a veces vosotros no tenéis. Ellos sonríen aunque no tienen ni wi, ni luz, ni agua, ni médicos que los curen y ellos lo poco que tienen lo comparten. El otro día después de comer repartimos la que había sobrado, ellos la compartieron.
Peticiones.-
Por la Iglesia, para se manifieste como lugar de acogida, especialmente par alos pobres. Roguemos al Señor.
Por el Papa Benedicto, para que con su enseñanza nos ayude a abrir nuestro corazón a los países del Sur. Roguemos al Señor.
Por los gobernantes de los países ricos, para que la crisis no les lleve a olvidarse de los países del tercer mundo. Roguemos al Señor.
Por los misioneros y misioneras para que encuentren en nuestra tierra la ayuda que necesitan. Roguemos al Señor.
Por nuestras familias, para que nos enseñen a compartir. Roguemos al Señor.
Por los enfermos y enfermas de nuestra parroquia, para que sientan nuestro amor a través de la oración. Roguemos al Señor.
Por los que niños para que compartamos con los niños que tienen menos cosas. Roguemos al Señor.
Por la Campaña de Manos Unidas, para que obtengan mucho dinero y así puedan ayudar a los más pobres. Roguemos al Señor.
Por nosotros, para que seamos siempre generosos. Roguemos al Señor.
Ofrendas.-
Te presentamos el pan y el vino, que nos ayudan a no tener miedo a las dificultades.
Te presentamos el cartel de Manos Unidas y en nuestro deseo de ayudar a los países del Sur.
Acción de gracias.-
Cántico de San Francisco.
Webs con guiones para la misa del Domingo IV:
http://www.salesianosbilbao.com/modulos/usuariosFtp/connrecu/recur2444A.pdf
http://www.javierleoz.org/Javier%20Leoz/CICO%20C%20(09)/MISA%20FAMILIAR%205º%20C.doc
http://www.sta-catalina.com/
EL EVANGELIO REPRESENTADO CON NIÑOS
PERSONAJES.‑ JESÚS. Diez DISCÍPULOS. Cuatro niños o niñas del PÚBLICO.
MATERIALES NECESARIOS: Música suave.
OBSERVACIONES: Escenificación realizada con niños y niñas de 6 a 10 años en el teatro y en la Capilla. El personaje de JESÚS, por su complejidad, debería adjudicarse a uno de los mayores.
ESCENIFICACIÓN (Música suave de fondo. Los cuatro niños y niñas están sentados, en diversos lugares entre el PÚBLICO. Entran al presbiterio o escenario JESÚS y sus DISCÍPULOS. Forman un grupo que actúa con naturalidad Cesa la música.)
DISCÍPULO 1: (Contento.) Maestro, es estupendo que nos hayas elegido a todos (Señala al resto.) para acompañarte.
DISCÍPULO 2: Es verdad, siendo tantos, podremos ayudarte mucho mejor.
DISCÍPULO 3: (Toma del brazo al DISCÍPULO 4.) Mi hermano y yo nos ocuparemos de pescar, para que no te falte comida.
DISCÍPULO 4: (Satisfecho.) Seguro, Maestro, y no es por presumir, pero somos buenos pescadores.
DISCÍPULO 5: (Molesto. Al 4) ¡No te pases, Santiago! Para buenos pescadores, mi hermano SIMÓN y yo.
DISCÍPULO 6: (Reflexivo.) Pienso, que si hemos de hacer algún trabajo, será el Maestro el que deba decírnoslo.
DISCÍPULO 7: Tienes razón, por algo ha sido él el que nos ha elegido.
DISCÍPULO 8. A mí me gustaría encargarme de administrar el dinero... ¡si es que tenemos alguno!
DISCÍPU 9: (Burlón.) Ya está Judas con su amor a los denarios, a quien tenemos que querer es a JESÚS.
DISCÍPULO 10: (A JESÚS. Engreído.) Yo te quiero mucho, JESÚS. Pero no estés muy seguro de los demás.
TODOS: (Enfadados.) ¡Chulo! ¡Tonto! ¡Repelente!
JESÚS: (Exige silencio con un ademán.) ¡Callad de una vez! (Los DISCÍPULOS quedan quietos.) Escuchad los deseos de aquellos a los que tenéis que ir, están muy lejos de lo que quiere el Padre del Cielo. (Los niños y niñas del PÚBLICO se ponen de pie para hablar, después se sientan.)
PÚBLICO 1: (Entusiasmado ante la perspectiva.) A mí lo que más me gustaría es tener muchííísimo dinero. (Tras cada una de las intervenciones de los niños y niñas del PÚBLICO, JESÚS habla a los DISCÍPULOS alto, lento y con autoridad.)
JESÚS: ¡Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios!
PÚBLICO 2: (Remilgado.) Cuando la comida de mi madre no me gusta, me enfado hasta que prepara lo que quiero.
JESÚS: Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
PÚBLICO 3: (Bravucón.) ¡Me dan una rabia los «lloricas»! ¡Hay que ser «duros»!
JESÚS: Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
PÚBLICO 4: (Envidioso.) ¡Qué odio le tengo al «bueno» de la clase, siempre tan educado! ¡Menudo «pelota» está hecho!
JESÚS: Dichosos vosotros cuando os odien y os insulten y os excluyan por mi causa, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. (Se dirige al PÚBLICO con fuerza y severidad.) ¡Ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque pasaréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque vais a lamentaros y a llorar!
ORACION
Marcelo A. Murúa. Campaña Junior 2009/10.
Padre bueno,
que creaste todas las cosas
y nos diste un mundo tan hermoso.
Te pido para que los hombres
sepamos cuidar tu creación.
Que respetemos la vida
de los animales, de los bosques,
que no abusemos de la naturaleza
ni la ensuciemos con contaminación.
Te pido por quienes
defienden las bellezas naturales,
las especies en extinción,
por quienes trabajan por un mundo más limpio.
Te pido también para que todas las personas
puedan gozar de la naturaleza
y los bienes que ella nos provee.
Que no le falte a nadie el alimento
que Tú nos diste con generosidad para todos.
Padre bueno
ayúdanos a conservar el planeta
y a repartir las riquezas de la naturaleza
para beneficio de todos.
¡Que así sea, Señor!
http://www.buenasnuevas.com/espiritualidad/oraciones.htm
CÁNTICO DE LAS CRIATURAS DE S. FRANCISCO DE ASÍS. (VERSIÓN DE LEÓN FELIPE)
Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el honor; tan sólo tú eres digno de toda bendición, y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor, y en especial loado por el hermano sol, que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor, y lleva por los cielos noticia de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor, y las estrellas claras, que tu poder creó, tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son, y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor, que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor! Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol, y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!
Y por la hermana tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra, que da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores de color, y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor los males corporales y la tribulación:¡felices los que sufren en paz con el dolor, porque les llega el tiempo de la consolación!
Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor! Ningún viviente escapa de su persecución;¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación! Servidle con ternura y humilde corazón. Agradeced sus dones, cantad su creación. Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.
COMENTARIOS AL EVANGELIO
FRAY SANTIAGO AGRELO. ARZOBISPO DE TANGER.
La voz de la Iglesia profana la tiranía del dios de lo políticamente correcto.
Es la voz de la Iglesia, sólo una voz. Tiene la osadía de ir por libre, se atreve a pensar y dice lo que piensa, y profana una y otra vez el santuario donde ejerce su tiranía el dios de lo políticamente correcto.
Esta voz defiende la dignidad inviolable de las personas, y sostiene que las personas, por serlo, tienen derechos inherentes a su naturaleza humana, derechos que legisladores y tribunales han de reconocer y defender, y que ni tribunales ni legisladores pueden conceder o quitar. Y mientras la conciencia de la Iglesia custodie este fondo inviolable de derechos, su voz lo dirá con libertad, lo gritará si hace falta, para que la justicia se abra camino incluso en el asfalto de leyes y tribunales sin corazón.
Muchos agradecerían ver a la comunidad eclesial replegada sobre sí misma, ocupada en bisbiseos de rezos y doctrinas, alienada de la realidad social y política. Les estorba esta comunidad, que se alimenta de Escrituras y Eucaristía, que recorre desde siempre los caminos de los pobres, y que tiene como espacio de trabajo el infierno: las mesas sin pan, las vidas sin amparo, las fronteras, las vallas, las pateras, las rutas de los clandestinos, las cunetas de la marginación, las caravanas de los nuevos esclavos.
Esta comunidad no hace pobres, pero no deja de buscarlos para vestirlos, alimentarlos y curarlos, y procura servirlos discretamente, sin que la caridad los ofenda.
Si después alguien añade que esta comunidad es una gran pecadora, tentada siempre por el rito en detrimento del Reino, por la ideología con menoscabo de la vida, por el sacrificio con daño de la misericordia, y agobiada por las miserias innumerables de sus hijos, yo lo suscribo, lo temo y lo denuncio, pero no lo haré como quien acusa al vecino de casa, sino como quien se confiesa culpable y pide perdón.
Mientras tenga Palabra y Eucaristía, esta comunidad será libre y tendrá voz: ¡Paciencia!
+ Fr. Santiago Agrelo Martínez
Arzobispo de Tánger
www.religiondigital.com
JUAN MANUEL BARREIRO, SACERDOTE. EN WWW.DIOCESISMALAGA.ES
¿Cuántas humanas esperanzas quedan sin realizarse; cuántos anhelos truncados; cuántos deseos insatisfechos?... El hombre no encuentra en sí mismo la capacidad de alcanzar la meta de sus aspiraciones y deseos más íntimos: “¡Ay de vosotros, los ricos… ¡ay de vosotros, los que estáis saciados… ¡ay de los que ahora reís… ¡ay si todo el mundo habla bien de vosotros…” Nuestra corporeidad se abre a la trascendencia, nuestro “yo” más íntimo se realiza en la común-unión, nuestro ser queda potenciado y adquiere sentido en la medida que nos dejamos abrazar por Otro que revela en nosotros su impronta personal amándonos y reconociéndonos como “imagen y semejanza” suya: “¡bendito el que pone su confianza en el Señor!”
Y ¿cuántas esperanzas, anhelos y deseos quedan alcanzados, logrados y cumplidos?: “Bienaventurados los pobres, los que pasan hambre, los que lloran, los proscritos y excluidos… porque vuestro es el Reino, quedaréis saciados, reiréis, tendréis recompensa”.
Habrá muchas medidas humanas, quizás tantas como esperanzas aniden en el corazón del hombre; pero sólo hay una talla perfecta de Hombre: “el hombre Cristo Jesús”. Él se nos ha dado por entero y se ha realizado como Evangelio, en Él las aspiraciones y esperanzas más nobles de la Humanidad quedan satisfechas, Él ha muerto por nosotros y ha resucitado por nosotros, con Él nuestra vida se llena de esperanza, Él es la esperanza de nuestra vida.
En este Año Sacerdotal, mientras experimentamos la fidelidad de Cristo, nuestra fidelidad a favor de la justicia, los derechos humanos, el progreso y desarrollo de los pueblos… ha de afianzarse como una experiencia prometedora y firme, ¿no será éste, quizás, el reto que nos presenta Manos Unidas, en su Campaña contra el Hambre, cuando nos impulsa a apretar las manos de los que tanto esperan y a los que el Señor Jesús llama: “bienaventurados”? ¿Asumimos el reto?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
VÍCTIMAS
Probablemente, Jesús sólo pronunció tres bienaventuranzas: las que declaran dichosos a los pobres, a los hambrientos y los afligidos. Las demás fueron añadidas más tarde extendiendo a otras áreas su mensaje. ¿Será excesivo atrevimiento hacer hoy algo semejante ante la violencia doméstica?
Dichosas vosotras que sufrís en silencio la amenaza constante de vuestros esposos, sin que nadie sospeche vuestra angustia, vuestro miedo, insomnios y depresión. Aunque os cueste creerlo, Dios no se olvida de vosotras.
Ay de nosotros los varones, que no tenemos inteligencia ni corazón para reconocer el sufrimiento que generamos en la mujer desde nuestras posiciones machistas y dominantes. Dios confundirá un día nuestra ceguera y prepotencia.
Dichosas vosotras que vivís aterrorizadas por los insultos, golpes y agresiones de vuestra pareja, sin saber cómo defenderos a vosotras mismas y a vuestros hijos de su acoso y violencia diaria. Dios está sufriendo con vosotras.
Ay de nosotros que seleccionamos las víctimas que merecen nuestra atención e interés, y olvidamos a las mujeres que sufren el «terrorismo doméstico», dejando sin protección a quienes más lo necesitan. Dios desprecia nuestra indiferencia e hipocresía.
Dichosas vosotras que os sentís ridiculizadas y humilladas por vuestra pareja ante vuestros propios hijos y ante amigos y conocidos, hasta ver destruida vuestra personalidad. Dios es el primer defensor de vuestra dignidad.
Ay de nosotros, los creyentes, que vivimos tranquilos pidiendo a Dios por el bienestar de nuestra familia, sin recordar en nuestras eucaristías a las víctimas de esta tragedia doméstica. ¿Cómo va a escuchar Dios nuestra plegaria?
Dichosas vosotras que vivís en la impotencia, la inseguridad y el desprecio, sometidas al servilismo o perversamente culpabilizadas por vuestra pareja. Tenéis un lugar especial en el corazón de Dios.
Ay de nosotros, los eclesiásticos, que lo ignoramos casi todo de la violencia doméstica y no gritamos a los varones la necesidad urgente de conversión. ¿Quién reconocerá en nuestra predicación al Dios de Jesús
http://svicentemartir-abando.org/
JÓVENES EJEMPLARES:
BEATA MARÍA GABRIELA SAGHEDDU (25 de Abril).
Nació en Dorgali, isla de Cerdeña, el 18 de Marzo de 1914, hija de una familia humilde que bautizó a su retoño con el nombre de María. Pronto la niña quedó sin padre, descansando todo el peso del hogar en su madre. La vida de la niña trascurre como las de su tiempo, compaginando las prácticas de piedad cristianas, siendo una niña rebelde pero con un fuerte sentido del deber.
De carácter reservado era muy exigente consigo misma y con los demás y con una gran fuerza de voluntad que le llevaba a no desistir hasta alcanzar su propósito. En su juventud perteneció a la Acción Católica. Fue cuando un grupo de amigas suyas ingresaron como monjas cistercienses, entregadas a una vida de trabajo y oración, siguiendo a San Bernardo y la Regla de San Benito, cuando ella entró en contacto con el Monasterio Cisterciense de San José, situado cerca de Roma. Allí marchó con el fin de conocer la vida de silencio de las monjas, ingresando el 30 de septiembre de 1935, con 21 años de edad.
La oración litúrgica, la oración personal y el trabajo manual fueron para ella los medios idóneos para irradiar espiritualidad en el mundo. “Nuestra misión es orar por todos, sean amigos y bienhechores enemigos, y no dejamos de hacerlo, esperando que el Señor se dignará escuchar nuestras plegarias. La gente del mundo dice que somos unas egoístas al encerrarnos en un convento pensando sólo en nosotras. Es falso, vivimos una vida de continuo sacrificio hasta la inmolación por la salvación de las almas”, escribió.
El 31 de Octubre de 1936 emitió los votos temporales, convencida que el Cister estaba hecha para ella, y ella para el Cister. Y allí se ofreció tota ella al Señor, se abandonó totalmente en Cristo, esperando que el Padre mirase con ojos de complacencia su pequeña ofrenda. “Sólo deseo santificarme en el amor, en la observancia de mis deberes y en el perfecto abandono a la voluntad de Dios. Él me ha conducido hasta aquí, me sostendrá en adelante”. Y éste fue su propósito.
Meses después, el 18 de Enero de 1937 iniciaban las religiosas el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos. Y una de ellas, Sor Inmaculada, religiosa anciana, le ofreció al Señor lo poco que le quedaba de vida, por la unión de todos los cristianos. En el último día del Octavario, el 25 de Enero, falleció. Aquello llevó a la joven religiosa a pedirle a la madre ocupar su lugar.
Días antes una tosecilla impertinente, un dolor sordo en la espalda, comenzaban a mermar su robusta salud. La tisis pulmonar le llevó a morir el 23 de Abril, domingo del Buen Pastor, siendo beatificada por Juan Pablo II el 25 de Enero de 1983.
CATEQUESIS DEL PAPA: 3 de Febrero. Santo Domingo de Guzmán
Queridos hermanos y hermanas:
La semana pasada presenté la luminosa figura de san Francisco de Asís. Hoy quiero hablaros de otro santo que, en la misma época, dio una contribución fundamental a la renovación de la Iglesia de su tiempo. Se trata de santo Domingo, el fundador de la Orden de Predicadores, conocidos también como Frailes Dominicos.
Su sucesor al frente de la Orden, el beato Jordán de Sajonia, ofrece un retrato completo de santo Domingo en el texto de una famosa oración: "Inflamado del celo de Dios y de ardor sobrenatural, por tu caridad sin límites y el fervor del espíritu vehemente te consagraste totalmente, con el voto de pobreza perpetua, a la observancia apostólica y a la predicación evangélica". Se subraya precisamente este rasgo fundamental del testimonio de Domingo: hablaba siempre con Dios y de Dios. En la vida de los santos van siempre juntos el amor al Señor y al prójimo, la búsqueda de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.
Domingo nació en España, en Caleruega, en torno al año 1170. Pertenecía a una noble familia de Castilla la Vieja y, con el apoyo de un tío sacerdote, se formó en una célebre escuela de Palencia. Se distinguió en seguida por el interés en el estudio de la Sagrada Escritura y por el amor a los pobres, hasta el punto de vender los libros, que en su tiempo constituían un bien de gran valor, para socorrer, con lo obtenido, a las víctimas de una carestía.
Ordenado sacerdote, fue elegido canónigo del cabildo de la catedral en su diócesis de origen, Osma. Aunque este nombramiento podía representar para él cierto motivo de prestigio en la Iglesia y en la sociedad, no lo interpretó como un privilegio personal, ni como el inicio de una brillante carrera eclesiástica, sino como un servicio que debía prestar con entrega y humildad. ¿Acaso no existe la tentación de hacer carrera y tener poder, una tentación de la que no están inmunes ni siquiera aquellos que tienen un papel de animación y de gobierno en la Iglesia? Lo recordé hace algunos meses, durante la consagración de cincos obispos: "No buscamos poder, prestigio, estima para nosotros mismos. (...) Sabemos cómo las cosas en la sociedad civil, y no raramente también en la Iglesia, sufren por el hecho de que muchos de aquellos a quienes les ha sido conferida una responsabilidad trabajan para sí mismos y no para la comunidad" (Homilía en la misa de ordenación episcopal de cinco prelados, 12 de septiembre de 2009: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de septiembre de 2009, p. 7).
El obispo de Osma, que se llamaba Diego, un pastor auténtico y celoso, notó muy pronto las cualidades espirituales de Domingo, y quiso contar con su colaboración. Juntos se dirigieron al norte de Europa, para realizar misiones diplomáticas que les había encomendado el rey de Castilla. Durante el viaje, Domingo se dio cuenta de dos enormes desafíos que debía afrontar la Iglesia de su tiempo: la existencia de pueblos aún sin evangelizar, en los confines septentrionales del continente europeo, y la laceración religiosa que debilitaba la vida cristiana en el sur de Francia, donde la acción de algunos grupos herejes creaba desorden y alejamiento de la verdad de la fe. Así, la acción misionera hacia quienes no conocen la luz del Evangelio, y la obra de nueva evangelización de las comunidades cristianas se convirtieron en las metas apostólicas que Domingo se propuso conseguir. Fue el Papa, al que el obispo Diego y Domingo se dirigieron para pedir consejo, quien pidió a este último que se dedicara a la predicación a los albigenses, un grupo hereje que sostenía una concepción dualista de la realidad, es decir, con dos principios creadores igualmente poderosos, el Bien y el Mal. Este grupo, en consecuencia, despreciaba la materia como procedente del principio del mal, rechazando también el matrimonio, hasta negar la encarnación de Cristo, los sacramentos en los que el Señor nos "toca" a través de la materia, y la resurrección de los cuerpos. Los albigenses estimaban la vida pobre y austera —en este sentido eran incluso ejemplares— y criticaban la riqueza del clero de aquel tiempo. Domingo aceptó con entusiasmo esta misión, que llevó a cabo precisamente con el ejemplo de su vida pobre y austera, con la predicación del Evangelio y con debates públicos. A esta misión de predicar la Buena Nueva dedicó el resto de su vida. Sus hijos realizarían también los demás sueños de santo Domingo: la misión ad gentes, es decir, a aquellos que aún no conocían a Jesús, y la misión a quienes vivían en las ciudades, sobre todo las universitarias, donde las nuevas tendencias intelectuales eran un desafío para la fe de los cultos.
Este gran santo nos recuerda que en el corazón de la Iglesia debe arder siempre un fuego misionero, que impulsa incesantemente a llevar el primer anuncio del Evangelio y, donde sea necesario, a una nueva evangelización: de hecho, Cristo es el bien más precioso que los hombres y las mujeres de todo tiempo y de todo lugar tienen derecho a conocer y amar. Y es consolador ver cómo también en la Iglesia de hoy son tantos —pastores y fieles laicos, miembros de antiguas Órdenes religiosas y de nuevos movimientos eclesiales— los que con alegría entregan su vida por este ideal supremo: anunciar y dar testimonio del Evangelio.
A Domingo de Guzmán se asociaron después otros hombres, atraídos por la misma aspiración. De esta forma, progresivamente, desde la primera fundación en Tolosa, tuvo su origen la Orden de Predicadores. En efecto, Domingo, en plena obediencia a las directrices de los Papas de su tiempo, Inocencio III y Honorio III, adoptó la antigua Regla de san Agustín, adaptándola a las exigencias de la vida apostólica, que lo llevaban a él y a sus compañeros a predicar trasladándose de un lugar a otro, pero volviendo después a sus propios conventos, lugares de estudio, oración y vida comunitaria. De modo especial, Domingo quiso dar relevancia a dos valores que consideraba indispensables para el éxito de la misión evangelizadora: la vida comunitaria en la pobreza y el estudio.
Ante todo, Domingo y los Frailes Predicadores se presentaban como mendicantes, es decir, sin grandes propiedades de terrenos que administrar. Este elemento los hacía más disponibles al estudio y a la predicación itinerante y constituía un testimonio concreto para la gente. El gobierno interno de los conventos y de las provincias dominicas se estructuró sobre el sistema de capítulos, que elegían a sus propios superiores, confirmados después por los superiores mayores; una organización, por tanto, que estimulaba la vida fraterna y la responsabilidad de todos los miembros de la comunidad, exigiendo fuertes convicciones personales. La elección de este sistema nació precisamente del hecho de que los dominicos, como predicadores de la verdad de Dios, debían ser coherentes con lo que anunciaban. La verdad estudiada y compartida en la caridad con los hermanos es el fundamento más profundo de la alegría. El beato Jordán de Sajonia dice de santo Domingo: "Acogía a cada hombre en el gran seno de la caridad y, como amaba a todos, todos lo amaban. Se había hecho una ley personal de alegrarse con las personas felices y de llorar con aquellos que lloraban" (Libellus de principiis Ordinis Praedicatorum autore Iordano de Saxonia, ed. H.C. Scheeben, [Monumenta Historica Sancti Patris Nostri Dominici, Romae, 1935]).
En segundo lugar, Domingo, con un gesto valiente, quiso que sus seguidores adquirieran una sólida formación teológica, y no dudó en enviarlos a las universidades de la época, aunque no pocos eclesiásticos miraban con desconfianza a esas instituciones culturales. Las Constituciones de la Orden de Predicadores dan mucha importancia al estudio como preparación al apostolado. Domingo quiso que sus frailes se dedicasen a él sin reservas, con diligencia y piedad; un estudio fundado en el alma de cada saber teológico, es decir, en la Sagrada Escritura, y respetuoso de las preguntas planteadas por la razón. El desarrollo de la cultura exige que quienes desempeñan el ministerio de la Palabra, en los distintos niveles, estén bien preparados. Exhorto, por tanto, a todos, pastores y laicos, a cultivar esta "dimensión cultural" de la fe, para que la belleza de la verdad cristiana pueda ser comprendida mejor y la fe pueda ser verdaderamente alimentada, fortalecida y también defendida. En este Año sacerdotal, invito a los seminaristas y a los sacerdotes a estimar el valor espiritual del estudio. La calidad del ministerio sacerdotal depende también de la generosidad con que se aplica al estudio de las verdades reveladas.
Domingo, que quiso fundar una Orden religiosa de predicadores-teólogos, nos recuerda que la teología tiene una dimensión espiritual y pastoral, que enriquece el alma y la vida. Los sacerdotes, los consagrados y también todos los fieles pueden encontrar una profunda "alegría interior" al contemplar la belleza de la verdad que viene de Dios, verdad siempre actual y siempre viva. El lema de los Frailes Predicadores —contemplata aliis tradere— nos ayuda a descubrir, además, un anhelo pastoral en el estudio contemplativo de esa verdad, por la exigencia de comunicar a los demás el fruto de la propia contemplación.
Cuando Domingo murió, en 1221, en Bolonia, la ciudad que lo declaró su patrono, su obra ya había tenido gran éxito. La Orden de Predicadores, con el apoyo de la Santa Sede, se había difundido en muchos países de Europa en beneficio de toda la Iglesia. Domingo fue canonizado en 1234, y él mismo, con su santidad, nos indica dos medios indispensables para que la acción apostólica sea eficaz. Ante todo, la devoción mariana, que cultivó con ternura y que dejó como herencia preciosa a sus hijos espirituales, los cuales en la historia de la Iglesia han tenido el gran mérito de difundir la oración del santo rosario, tan arraigada en el pueblo cristiano y tan rica en valores evangélicos, una verdadera escuela de fe y de piedad. En segundo lugar, Domingo, que se hizo cargo de algunos monasterios femeninos en Francia y en Roma, creyó hasta el fondo en el valor de la oración de intercesión por el éxito del trabajo apostólico. Sólo en el cielo comprenderemos hasta qué punto la oración de las monjas de clausura acompaña eficazmente la acción apostólica. A cada una de ellas dirijo mi pensamiento agradecido y afectuoso.
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2010/documents/hf_ben-xvi_aud_20100203_sp.html
CARTA DE D. CARLOS, ARZ. DE VALENCIA
En este año 2010 celebramos los cincuenta años de vida y compromiso con los pobres del tercer mundo de Manos Unidas. Cincuenta años trabajando por la erradicación de la pobreza y del hambre desde los valores del Evangelio y guiados por la Doctrina Social de la Iglesia. ¡Cuántas personas han puesto lo mejor de sí mismas en esta tarea! Unas poniendo su vida a disposición de la entidad y otras colaborando a través de las campañas contra el hambre. ¡Cuántos medios económicos según las posibilidades de cada uno se han puesto al servicio de los demás! Y todo porque de una u otra manera creían de verdad en aquellas palabras del Señor; “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre, y me disteis de comer…” (Mt 25, 34b-40).
Manos Unidas, cuando celebra el cincuenta aniversario de su existencia, ha querido acercarse a todos los que sufren la pobreza y el hambre, haciéndonos tomar conciencia a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad, de la insostenibilidad del uso que hacemos de nuestro planeta. Como muy bien nos recordaba el Papa Benedicto XVI en su última Encíclica Caritas in veritate: “El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera en que se trata a sí mismo, y viceversa. Esto exige que la sociedad actual revise seriamente su estilo de vida, que en muchas partes del mundo, tiende al hedonismo y al consumismo, despreocupándose de los daños que de ello se derivan” (Caritas in veritate, 51). La tierra, el aire, los ríos, los bosques… todo nos ha sido dado gratuitamente a los hombres y por ello, malgastar o degradar estas realidades es entrar de lleno en hipotecar el presente y el futuro de toda la humanidad.
Hemos de tomar una nueva conciencia sobre el estado de nuestro planeta. En esa nueva conciencia y en todas las iniciativas que se tomen para un verdadero desarrollo, debe quedar a salvo siempre el principio fundamental de la centralidad de la persona humana, que es quien debe asumir en primer término el deber del desarrollo. Interesa ciertamente mejorar las condiciones de vida de los habitantes de las regiones del planeta que están en peores situaciones, donde la explotación a menudo es más grande y donde los deterioros de la naturaleza son más fuertes.
Desde una visión cristiana de la vida, ¡qué importante es reconocer en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus necesidades legítimas! Siempre respetando el equilibrio inherente a la creación misma. Cuando esta visión no existe, se acaba por considerar a la naturaleza como un tabú intocable o por abusar de la misma. Y ambas posturas no están conformes con la visión cristiana de la naturaleza que ha sido creada por Dios.
En esta nueva conciencia sobre el estado de nuestro planeta hemos de ser concientes los cristianos y todos los hombres de buena voluntad, de que “la naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del Creador y de su amor a la humanidad. Está destinada a encontrar la plenitud en Cristo al final de los tiempos… La naturaleza está a nuestra disposición no como un montón de desechos esparcidos al azar, sino como un don del Creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que debe seguir para guardarla y cultivarla” (Caritas in veritate, 48). De ahí la importancia que tiene no deteriorar la naturaleza y el profundo significado que tiene hablar del cambio climático en el sentido del que hablan las Naciones Unidas: “por cambio climático se entiende un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima” (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, Artículo, 1, párrafo 2).
En ese sentido podemos hacernos esta pregunta: ¿Afecta a todos por igual? ¿Afecta a los más empobrecidos en el Sur? ¿Los países pobres contribuyen a este deterioro? Los cambios climáticos generan efectos directos sobre el sustento y los recursos de los que dependen los más pobres, como la pesca, los bosques, las cosechas, el acceso al agua. En el mundo hay mil seiscientos millones de personas que no tienen acceso a la electricidad y dos mil cuatrocientos millones que cocinan y se calientan con fuentes de combustibles tradicionales y sufren la contaminación del aire en espacios cerrados y al aire libre. Hay más de dos mil millones de personas que viven en viviendas infrahumanas, en condiciones de hacinamiento, agravadas por la falta de empleo, la inseguridad en la propiedad de las viviendas, la carencia de servicios de abastecimiento de agua, saneamiento y salud.
¿Podemos hacer algo? Hemos de cuidar el planeta como nuestro “cuerpo exterior”. Las decisiones adoptadas sobre el desarrollo económico, la explotación de las materias, las políticas medioambientales…, los hábitos de consumo y los estilos de vida de las personas contribuyen al problema global y en muchas ocasiones estos países pobres se ven sometidos a las decisiones de los más ricos.
Manos Unidas se propone, un año más, ayudar a los más pobres de la tierra. Y cada uno de nosotros en esta Campaña contra el Hambre, va a poner algo propio. Ciertamente, el cambio climático afecta a la capacidad para conseguir alimentos; afecta a la salud y a la calidad de vida; agrava las situaciones de pobreza; crea elevados riesgos de conflictos: tengamos en cuenta que según Alerta Internacional, existen cuarenta y seis países en los que viven dos mil setecientos millones de personas donde los efectos del cambio climático, al interactuar con problemas económicos, sociales y políticos, crean elevados riesgos de conflictos violentos.
Os lo aseguro:
1. Bienaventurados seremos si el ser humano descubre que “no debe disponer arbitrariamente de la tierra, no puede suplantar a Dios”.
2. Bienaventurados seremos si cambiamos la perspectiva en vez del “ambiente como recurso, el ambiente como casa”.
3. Bienaventurados seremos si asumimos que la tutela del medio ambiente es un desafío para toda la humanidad.
4. Bienaventurados seremos “si la programación del desarrollo económico que hagamos”, considera atentamente la necesidad de respetar los ritmos de la naturaleza.5. Bienaventurados seremos si el principio del destino universal de los bienes ofrece una orientación fundamental, moral y cultural, que deshaga la unión que se da entre crisis ambiental y pobreza.
6. Bienaventurados seremos, si los graves problemas ecológicos nos llevan a vivir un cambio efectivo de mentalidad que lleven a adoptar nuevos estilos de vida: “a tenor de los cuales la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un crecimiento común sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones” (Centesimus annus, 36).
7. Bienaventurados seremos si cuando defendemos la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos, protegemos sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo.
8. Bienaventurados seremos si somos capaces de eliminar una contradicción como es el pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas, cuestionando la vida misma.
Participemos en esta Campaña contra el hambre. Os invito a todas las comunidades cristianas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a que participéis activamente en esta Campaña, colaborando económicamente con Manos Unidas, una entidad de la Iglesia que lleva medio siglo de labor ejemplar gracias al trabajo de muchísimos cristianos que en sus parroquias consiguen que las personas que tenían las manos vacías las llenen del amor del Señor. Con gran afecto os bendice
+ Carlos, Arzobispo de Valencia
RESSÓ DE LA PARAULA. Agustín Cortés.
Mn. Samsó era bienaventurado por su condición de auténtico catequista, que enseñaba y cumplía el Evangelio. Pero también lo era por el hecho de haber vivido unidas otras dos bienaventuranzas. La primera, haber sido «perseguido por causa de la justicia». ¿Qué justicia? Jesús dijo: «¡Felices vosotros cuando, por mi causa, os insulten, os persigan y difundan contra vosotros toda clase de calumnias! Alegraos y celebradlo, porque vuestra recompensa es grande en el cielo. También persiguieron así a los profetas que os han precedido» (Mt 5,10-12).
La bienaventuranza da a entender que Jesús es la justicia, es decir, la salvación.
De hecho, si todas las bienaventuranzas parecen una contradicción —para algunos una ironía cruel— ésta todavía más: mientras el perseguido es objeto de toda clase de maldiciones, Jesús le dedica la mejor de las bendiciones. ¿Quién puede entender que sea feliz aquel que carga con la persecución, el maltrato, la calumnia… la muerte? Únicamente lo puede aceptar y vivir quien ha experimentado en su interior la presencia de Jesucristo por la fe y el amor.
Algunas versiones traducen «perseguidos a causa de la justicia» o «a causa de ser justos» o «a causa de querer cumplir la voluntad de Dios». El motivo de la felicidad y de la bienaventuranza no es, por tanto, el sufrimiento, que siempre es un mal, sino el porqué del sufrimiento: la fe en Jesucristo mismo y la vida de fidelidad al Padre que aquella fe comporta. Creer en Jesucristo, amarle, vivirlo, y en consecuencia llevarlo dentro, hasta identificarse con Él, es realmente la bienaventuranza. Todas las bienaventuranzas son Él.
Por eso quien cumple una, puede cumplir todas. En este sentido se entiende cómo Mn. Samsó también vivió a fondo otra bienaventuranza:
«Felices los compasivos: ellos alcanzarán misericordia » (Mt 5,7)
Otra paradoja. Quienes le insultaban, le torturaban y le mataban, no hacían otra cosa que maldecirle, mientras que él les devolvía la bendición del perdón. Tal vez sea relativamente fácil perdonar cuando pensamos sacar una ganancia o cuando lo hacemos desde una posición de poder soberano… Pero cuando el perdón no evitará ser sometido a la violencia hasta la muerte, entonces parece inútil y absurdo. Sólo lo puede vivir quien sabe que el amor perdonador de Cristo es la única arma eficaz contra la violencia y la injusticia.
—Bienaventurado quien es Cristo, enseñando y viviendo lo que enseña.
—Bienaventurado quien es Cristo perseguido, maltratado y ultrajado.
—Bienaventurado quien es Cristo, ofreciendo el perdón y la misericordia.
La beatificación de Mn. Samsó ha significado para todos nosotros el reconocimiento público del valor de un modelo de vida. Especialmente para los sacerdotes, pues él vivió todas estas virtudes como presbítero diocesano secular. Pero su beatificación también fue una solemne confesión de fe, la jubilosa proclamación de que las Bienaventuranzas son verdad. Que lo fueron, cuando murió el primer mártir, Jesucristo; que lo eran, cuando murió asesinado Mn. Samsó y que lo son y serán hoy y mañana, para quienes aún caminamos en esta historia.
† Agustí Cortés Soriano. Obispo de Sant Feliu de Llobregat
http://www.bisbatsantfeliu.org/mcs/FullDominical/2010/100214_7_7.pdf
AÑO SACERDOTAL: PADRE VJEKO CURIC, OFM
“Esta misma mañana nos ha llegado la noticia de que anoche fue asesinado en Kigali, Ruanda, delante de la puerta de la iglesia de la Sagrada Familia, el Padre Vjeko Curic, misionero de la Orden de los Frailes Menores. Es una nueva víctima que se suma a la larga lista de los misioneros que han confirmado su amor a Cristo y al pueblo africano con el sacrificio de la vida”.
Nos encontramos en Roma, un 1 de Febrero de 1998, tras el rezo del Ángelus, el Papa Juan Pablo II ha comunicado la triste y a la vez gloriosa noticia, un misionero había derramado su sangre en y por el continente africano. Años más tarde sería el protagonista de una película muy buena, “Disparando a Perros” (2005).
Y en esta semana en la que nuestra oración y acción se dirige hacia los misioneros, valga un homenaje a este sacerdote que entregó su vida en las misiones. Pero, ¿quién era el Padre Vjeko Curic?
De origen croata-bosnio, nació en 1957 y fue el segundo de los seis hijos de Petar y Ana Curic. Tras estudiar en el Seminario Menor Franciscano de Visoko, ingresó en la orden franciscana el 15 de Julio de 1976, estudiando teología en Sarajevo y siendo ordenado sacerdote el 21 de junio de 1982. De allí se trasladó a París con el fin de formarse como misionero y el 18 de agosto de 1983 llegó a Ruanda.
Fue en 1994 cuando estalló la guerra entre los hutus y tutsis que llevó a la matanza de miles de seres humanos. Mientras la mayoría de los occidentales abandonaban el país, él permaneció allí salvando muchísimas personas, refugiando en su parroquia a cuantos pudo. “Dios está aquí con estas personas sufriendo. Mi corazón y mi alma están aquí. Si me voy no volveré a encontrarla”. Apoyado en la oración y la eucaristía, permaneció allí durante todo el genocidio. Y allí permaneció hasta su asesinato. Es la vida de un sacerdote que como Cristo dejó la paz para entrar en el camino de la cruz, perdiéndola la ganó.
Sed alegres en la esperanza, pacientes en los sufrimientos, constantes en la oración (Romanos 12:12).
Si, a pesar de todo, os veis obligados a padecer por la justicia, ¡dichosos vosotros!. No temáis sus amenazas, ni os turbéis. Glorificad en vuestros corazones a Cristo, el Señor, dispuestos siempre a contestar a todo el que os pida razón de vuestra esperanza; pero hacedlo con dulzura y con respeto, para que los que interpretan mal vuestra vida cristina queden avergonzados con sus propias palabras.
(1 Pedro 3:14-16).
Reflexiones de la Madre:
Durante esta Cuaresma mejoremos nuestro espíritu de oración y de recogimiento – liberemos nuestras mentes de todo lo que no es Jesús-. Si encuentras difícil rezar, pídele una y otra vez “Jesús, ven a mi corazón, reza dentro de mí para que yo aprenda a rezar.” Cuanto más reces, mejor lo harás. Presta atención a cómo te arrodillas, como unes las manos, cuándo pasas al lado de una capilla, en ir a los conventos, en tomar el agua bendita y en utilizar imágenes sagradas para elevar tu mente a Dios.
Para Nuestra Señora, aquellos eran días en que profeso una grandiosa fe. Ella no lo sabía entonces, pero creía que la crucifixión no era el final. Su corazón estaba lleno de esperanza. La esperanza es un gran regalo de Dios. La esperanza de gran profesión de fe.
Tengamos esperanza cuando todo parece negro. Esperanza, confianza y entrega, eso es la aceptación del dolor y del sufrimiento.
http://www.motherteresa.org/Centenary/Spanish/February_sp.html
ORAR CON EL SEMINARIO MENOR DE VALENCIA. SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA.
-Día 15: Conviene que quien ha aprendido a recibir bienes de Dios, aprenda pasar males por Él. Oro es quien ha cumplido estas palabras; mas conviene que entre en el fuego, para que sea más apurado; trigo es de Cristo; conviene que sea molido por Él, para que sea sabroso pan.
Palabra: Lc 14,25-27
-Día 16: No hay otra señal tan grande de amor como es padecer por el amado; porque la paciencia obra perfecta tiene. Pues luego la bondad acabada consiste en dos cosas: en hacer bienes por Dios y en padecer de gana males por Él, y mayor señal es de bondad lo segundo que lo primero. Y, por tanto, después que nuestro Señor nos ha enseñado en las palabras pasadas lo que hemos de hacer, esfuérzanos ahora a que hayamos de padecer diciendo: Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Como si dijese: los buenos cristianos a ningún hombre han de hacer mal, y a todos han de aprovechar en lo que pudiesen; mas si viviendo ellos así hubiere algunos hombres tan malos que los persiguen, no por culpa que en ellos haya, mas porque siguen la justicia, no pierdan los buenos su voluntad por ocasión de la maldad ajena, porque no es bueno de verdad el que no sabe sufrir al malo.
Palabra: 1Tim 6,11-16
-Día 17: Por tanto, no penséis de poder agradar juntamente a dos tan contrarios como a mí y al mundo; y si mi compañía os agradare, no os espanten las persecuciones que os han de venir; y dígoslas antes para que no os derriben con su tropel, si os vinieren sin ser esperadas. Sabed por muy cierto que el mundo, enemigo de mí, se levantará contra vosotros y os perseguirá con todas sus fuerzas y en todas vuestras cosas.
Palabra: Jn 16,1-4
-Día 18: Pues los filósofos hinchados con su propio saber, que tienen por necedad todo aquello que por razón no pueden alcanzar, tampoco podrán recibir el Evangelio, que quiere ser más sencillamente oído y creído que curiosamente disfrutado. No porque sean las cosas de Dios contra razón, mas porque son sobre toda razón y en ellas va más seguro el humilde e ignorante que el sabio soberbio, porque son como río muy grande, en el cual nada el cordero y se ahoga el elefante. Y, por tanto, porque estos tales se quieren hacer necios para ser sabios, quedarse han con su sabiduría, que es necedad, regidos por su espíritu: pues no quieren recibir el de Dios, el cual se da a los chicos y humildes y es negado a los grandes soberbios.
Palabra: Mc 8,11-13
-Día 19: Porque ¿cuándo podrán parecer bien a un soberbio, que como pavón quiere tender en este mundo la rueda de plumas de su vanidad, la humildad de quien en este mundo se abaja como gusanillo para ser ensalzado en el otro? ¿Y cómo contentará al airado león la mansedumbre del cordero, que no sabe vengarse? Tarde se contentará la maliciosa y doblada raposa de la paloma sencilla, que no sabe engañar.
Palabra: Mc 12,38-40
-Día 20 y 21: Repetir días anteriores.
viernes, 12 de febrero de 2010
jueves, 4 de febrero de 2010
Nº 29. 7 de Febrero de 2010. Domingo V T.O.

Lectura del libro de Isaías 6, 1 -2a. 3-8
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo:— «¡ Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!»Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.Yo dije:— «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.»Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:— «Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.»Entonces, escuché la voz del Señor, que decía:— «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?»Contesté:— «Aquí estoy, mándame.»Palabra de Dios.
MEDITACIÓN
La semana pasada la liturgia nos presentaba la vocación de Jeremías. Hoy nos ofrece la llamada a otro de los grandes profetas, Isaías, quien nació el año 765 a.C. y hallándose en el Hekal o recinto previo al Santa Santoru, recibió en el año de la muerte del rey Ozías (740 a.C.) la misión a anunciar la ruina de Israel y Judá, en castigo por los pecados cometidos.
El texto se divide en tres partes: la manifestación de Dios, en toda su trascendencia y santidad (“Santo, Santo, Santo”, es decir, el más santo), rodeado por los serafines o figuras humanas con seis alas que recuerdan los seres misteriosos que tiran del carro de Yahvé, cubriéndose el rostro por temor a Dios; el rito de purificación y consagración realizado por un serafín tocando los labios de Isaías y el mandato divino-respuesta positiva del escogido.
Este domingo la Palabra de Dios nos invita a nosotros como educadores revivir nuestra vocación y tomar conciencia de ella. También en determinados momentos de nuestra vida nos hemos sentido sobrecogidos por la experiencia de Dios. A lo largo de nuestra vida Dios se ha servido de los sacerdotes para tocar nuestra persona, purificarla y consagrarla. Así en el bautismo y en la confirmación fuimos purificados por el agua y consagrados por el crisma. También al ser llamados como educadores juniors Dios nos ha escogido no sólo para entretener a los niños un sábado, sino para ser enviados a anunciarle. Pero, ¿cuál es nuestra respuesta ante esta consagración? ¿somos capaces de responder como Isaías?
SALMO
Sal 137, l-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8 (R/.: lc)
MEDITACIÓN
La semana pasada la liturgia nos presentaba la vocación de Jeremías. Hoy nos ofrece la llamada a otro de los grandes profetas, Isaías, quien nació el año 765 a.C. y hallándose en el Hekal o recinto previo al Santa Santoru, recibió en el año de la muerte del rey Ozías (740 a.C.) la misión a anunciar la ruina de Israel y Judá, en castigo por los pecados cometidos.
El texto se divide en tres partes: la manifestación de Dios, en toda su trascendencia y santidad (“Santo, Santo, Santo”, es decir, el más santo), rodeado por los serafines o figuras humanas con seis alas que recuerdan los seres misteriosos que tiran del carro de Yahvé, cubriéndose el rostro por temor a Dios; el rito de purificación y consagración realizado por un serafín tocando los labios de Isaías y el mandato divino-respuesta positiva del escogido.
Este domingo la Palabra de Dios nos invita a nosotros como educadores revivir nuestra vocación y tomar conciencia de ella. También en determinados momentos de nuestra vida nos hemos sentido sobrecogidos por la experiencia de Dios. A lo largo de nuestra vida Dios se ha servido de los sacerdotes para tocar nuestra persona, purificarla y consagrarla. Así en el bautismo y en la confirmación fuimos purificados por el agua y consagrados por el crisma. También al ser llamados como educadores juniors Dios nos ha escogido no sólo para entretener a los niños un sábado, sino para ser enviados a anunciarle. Pero, ¿cuál es nuestra respuesta ante esta consagración? ¿somos capaces de responder como Isaías?
SALMO
Sal 137, l-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8 (R/.: lc)
R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R/.
Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R/.
Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/
MEDITACIÓN
Con Israel: este salmo proclama la trascendencia de Dios, quien mira a los humildes con predilección. La grandeza de Dios no es aplastante, es la grandeza del amor, la “Hessed” o sentimiento que llega hasta las entrañas de un Dios que da la vida y salva, que está en contra de todo lo que hace daño y protege al pobre rodeado de peligros.
MEDITACIÓN
Con Israel: este salmo proclama la trascendencia de Dios, quien mira a los humildes con predilección. La grandeza de Dios no es aplastante, es la grandeza del amor, la “Hessed” o sentimiento que llega hasta las entrañas de un Dios que da la vida y salva, que está en contra de todo lo que hace daño y protege al pobre rodeado de peligros.
Con Jesús: la acción de gracias es el sentimiento dominante del alma de Jesús y así afloraba a sus labios: “te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, proque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes, y las revelaste a los pequeños (Mt 11, 25).
Con nuestro tiempo: frente a los grandes avances, el hombre sigue siendo pequeño. Un ser insignificante ante el poder de la naturaleza y el cosmos, situado en un pequeño rincón de un pequeño planeta. Esto nos lleva a descubrir la grandeza que nos rodea y por tanto a ir más allá de lo que vemos, a reconocer que Dios es más fuerte que nosotros, llevando nuestro corazón a la adoración, es decir, a asumir su grandeza y su amor que lo supera todo. Nuestra pequeñez es el camino por donde Dios nos va a amar. Necesitamos más que amar a Dios, realizar un camino difícil: dejarnos amar por Él, por quien es el amor y la misericordia eterna, es decir, quien ama al pobre (miser) y pedirle que no abandone la obra de sus manos, es decir, nosotros.
Con los juniors: un día sin saber como nos encontramos sumergidos en la preparación de un campamento. Éramos monitores. Nuestro ser y estar en el junior había dado un cambio cualitativo. ¿Quién se encontraba detrás de ello? Está claro, el grupo de amigos, los educadores que nos animaban a tomar el relevo e ir cogiendo las riendas del Centro Junior, el consiliario que aplaudía nuestro sí. Pero, ¿quién se encontraba detrás de ello? Dios. El tiempo pasa y no podemos más que darle gracias a Dios porque seguimos ahí, trabajando por el centro junior, con ilusión y ganas. Y le decimos que nos ayude, no abandone lo que él comenzó.
Inspirado en NOEL QUESSON50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo IIPAULINAS, 2ª Edición. BOGOTA-COLOMBIA-1981.Págs. 252-255
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CARLOS VALLÉS. BUSCO TU ROSTRO.
¡NO DEJES POR ACABAR LA OBRA DE TUS MANOSI
«El Señor llevará a cabo sus planes sobre mí. Señor, tu misericordia es eterna; no abandones la obra de tus manos».
Palabras consoladoras, si las hay. «El Señor llevará a cabo sus planes sobre mí». Sé que tienes planes sobre mí, Señor, que has comenzado tu trabajo y que quieres llevar a feliz término lo que has comenzado. Eso me basta. Con eso descanso. Estoy en buenas manos. El trabajo ha comenzado. No quedará estancado a mitad de camino. Has prometido que lo acabarás. Gracias, Señor.
Tú mismo hablaste con reproche del hombre que comienza y no acaba: del labrador que mira hacia atrás a mitad del surco, del aparejador que deja la torre a medias, sin acabar de construir. Eso quiere decir que tú, Señor, no eres así. Tú trazas el surco hasta el final, acabas la torre, llevas a buen fin tu trabajo. Yo soy tu trabajo. Tus manos me han hecho, y tu gracia me ha traído adonde estoy. No eludas tu responsabilidad, Señor. No me dejes en la estacada. No repudies tu trabajo. Se trata de tu propia reputación, Señor. Que nadie, al verme a mí, pueda decir de ti: «Comenzó a construir y no pudo acabar». Lleva a feliz término lo que en mí has comenzado, Señor.
Tú me has dado los deseos; dame ahora la ejecución de esos deseos. Tú me invitaste a hacer los votos; dame ahora fuerza para cumplirlos. Tú me llamaste para que me pusiera en camino hacia ti; dame ahora determinación para llegar. ¿Por qué me llamaste, si luego no ibas a continuar llamándome? ¿Por qué me hiciste salir, si no tenías intención de hacerme llegar? ¿Por qué me diste la mano, si luego me ibas a soltar a mitad de camino? Eso no se hace, Señor...
Estoy en pleno trajinar, y siento la dificultad, el cansancio, la duda. Por eso me consuela pensar en la seriedad de tus palabras y la solidez de tu promesa. «El Señor llevará a cabo sus planes sobre mí». Esa declaración me da esperanza cuando me fallan las fuerzas, y ánimo cuando se acobarda mi fe. Yo puedo fallar, pero tú no. Tú te has comprometido en mi causa. Y tú cumples tu promesa hasta el final.
Permíteme expresar mi fe en una oración, mi propia convicción en una humilde plegaria, con las palabras que tú me has dado y que me deleitan al pronunciarlas:
«¡Señor, no dejes por acabar la obra de tus manos!»
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-11
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mi.Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
MEDITACIÓN
La carta que estamos meditando en estos primeros domingos del año se dirige a la comunidad de Corintio. Ésta había sido fundada por el Apóstol durante los años 50-51, en una ciudad estratégica, con un importante puerto donde llegaban gentes de diversas corrientes filosóficas y religiones. El contacto de la fe con el paganismo planteó para los cristianos muchos problemas delicados, ante los cuales Pablo responde en sus dos cartas.
En este domingo la respuesta se dirige a un tema siempre actual: la resurrección de los muertos. Al igual que hoy muchos pensadores, los griegos consideraban inaceptable que los muertos resucitasen. El apóstol parte de lo que para los cristianos es la raíz de nuestra fe, lo más nuclear y fundamental: la muerte y resurrección de Cristo por nuestros pecados. Su fundamento se encuentra en el testimonio de los testigos oculares de la resurrección, de aquellos que vieron a Cristo muerto en la cruz, lo acompañaron a la sepultura y días después lo contemplaron resucitado.
Así fe, realmente no es “creer en lo que no se ve”, sino creer en lo que otros vieron y transmitieron, en el Misterio Pascual de la muerte y resurrección de Cristo, que experimentaron los apóstoles y transmitieron a la Iglesia y ella nos ha enseñado.
Así un junior es quien cree en Jesucristo muerto y resucitado. Frente a otras concepciones filosóficas o religiosas el educador junior cree con convicción y enseña a los niños la resurrección de Cristo y la esperanza en la propia resurrección, sin ella no tiene sentido ni ser junior ni ser cristiano, como bien afirma el apóstol, “habríais creído en vano”.
EVANGELIO
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
— «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó:
— «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reaventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:
— «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.Jesús dijo a Simón:
— «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.Palabra del Señor.
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CARLOS VALLÉS. BUSCO TU ROSTRO.
¡NO DEJES POR ACABAR LA OBRA DE TUS MANOSI
«El Señor llevará a cabo sus planes sobre mí. Señor, tu misericordia es eterna; no abandones la obra de tus manos».
Palabras consoladoras, si las hay. «El Señor llevará a cabo sus planes sobre mí». Sé que tienes planes sobre mí, Señor, que has comenzado tu trabajo y que quieres llevar a feliz término lo que has comenzado. Eso me basta. Con eso descanso. Estoy en buenas manos. El trabajo ha comenzado. No quedará estancado a mitad de camino. Has prometido que lo acabarás. Gracias, Señor.
Tú mismo hablaste con reproche del hombre que comienza y no acaba: del labrador que mira hacia atrás a mitad del surco, del aparejador que deja la torre a medias, sin acabar de construir. Eso quiere decir que tú, Señor, no eres así. Tú trazas el surco hasta el final, acabas la torre, llevas a buen fin tu trabajo. Yo soy tu trabajo. Tus manos me han hecho, y tu gracia me ha traído adonde estoy. No eludas tu responsabilidad, Señor. No me dejes en la estacada. No repudies tu trabajo. Se trata de tu propia reputación, Señor. Que nadie, al verme a mí, pueda decir de ti: «Comenzó a construir y no pudo acabar». Lleva a feliz término lo que en mí has comenzado, Señor.
Tú me has dado los deseos; dame ahora la ejecución de esos deseos. Tú me invitaste a hacer los votos; dame ahora fuerza para cumplirlos. Tú me llamaste para que me pusiera en camino hacia ti; dame ahora determinación para llegar. ¿Por qué me llamaste, si luego no ibas a continuar llamándome? ¿Por qué me hiciste salir, si no tenías intención de hacerme llegar? ¿Por qué me diste la mano, si luego me ibas a soltar a mitad de camino? Eso no se hace, Señor...
Estoy en pleno trajinar, y siento la dificultad, el cansancio, la duda. Por eso me consuela pensar en la seriedad de tus palabras y la solidez de tu promesa. «El Señor llevará a cabo sus planes sobre mí». Esa declaración me da esperanza cuando me fallan las fuerzas, y ánimo cuando se acobarda mi fe. Yo puedo fallar, pero tú no. Tú te has comprometido en mi causa. Y tú cumples tu promesa hasta el final.
Permíteme expresar mi fe en una oración, mi propia convicción en una humilde plegaria, con las palabras que tú me has dado y que me deleitan al pronunciarlas:
«¡Señor, no dejes por acabar la obra de tus manos!»
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-11
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mi.Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
MEDITACIÓN
La carta que estamos meditando en estos primeros domingos del año se dirige a la comunidad de Corintio. Ésta había sido fundada por el Apóstol durante los años 50-51, en una ciudad estratégica, con un importante puerto donde llegaban gentes de diversas corrientes filosóficas y religiones. El contacto de la fe con el paganismo planteó para los cristianos muchos problemas delicados, ante los cuales Pablo responde en sus dos cartas.
En este domingo la respuesta se dirige a un tema siempre actual: la resurrección de los muertos. Al igual que hoy muchos pensadores, los griegos consideraban inaceptable que los muertos resucitasen. El apóstol parte de lo que para los cristianos es la raíz de nuestra fe, lo más nuclear y fundamental: la muerte y resurrección de Cristo por nuestros pecados. Su fundamento se encuentra en el testimonio de los testigos oculares de la resurrección, de aquellos que vieron a Cristo muerto en la cruz, lo acompañaron a la sepultura y días después lo contemplaron resucitado.
Así fe, realmente no es “creer en lo que no se ve”, sino creer en lo que otros vieron y transmitieron, en el Misterio Pascual de la muerte y resurrección de Cristo, que experimentaron los apóstoles y transmitieron a la Iglesia y ella nos ha enseñado.
Así un junior es quien cree en Jesucristo muerto y resucitado. Frente a otras concepciones filosóficas o religiosas el educador junior cree con convicción y enseña a los niños la resurrección de Cristo y la esperanza en la propia resurrección, sin ella no tiene sentido ni ser junior ni ser cristiano, como bien afirma el apóstol, “habríais creído en vano”.
EVANGELIO
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
— «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó:
— «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reaventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:
— «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.Jesús dijo a Simón:
— «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
Concluido el episodio de la Sinagoga de Nazaret Jesús comienza a predicar y curar entorno al pueblo de Cafarnaún. Seguidamente en los capítulos 5 y 6 el evangelista Lucas nos ofrece la vocación y elección de los discípulos de Jesús.
El evangelista a través de numerosos símbolos nos ofrece el relato de la vocación, no sólo de los apóstoles, sino de todo dscípulo de Cristo. Así el agua representa las aguas incontrolables por el ser humano, la sociedad en la que vive el discípulo; la barca es de Pedro, es decir, la cabeza de la Iglesia y por tanto representa a la Iglesia, cuya barca es guiada por el Papa, sucesor de Pedro; los primeros discípulos son pescadores, gente sencilla, humilde, como los que formaron parte de las primeras comunidades cristianas; la obediencia de Pedro a Jesús, a pesar de que no esperaba buenos resultados, representa la actuación de los apóstoles después de Pentecostés y la red es la Iglesia que acoge a todos.
EL EVANGELIO COMENTADO POR LOS SANTOS PADRES
Repasemos, pues, junto con vosotros, las dos pescas que los discípulos realizaron por mandato del Señor, una antes de la pasión y la otra después de la resurrección. En estas dos pescas es simbolizada la Iglesia entera, cómo es ahora y cómo será después de la resurrección de los muertos. Ahora tiene una multitud innumerable, incluidos buenos y malos; pero después de la resurrección tendrá un número fijo de sólo buenos. [...] Recibieron de Él las redes de la Palabra de Dios, las echaron al mundo como a un mar profundo, y capturaron la muchedumbre de cristianos que vemos y nos causa admiración. Aquellas dos barcas simbolizaban a los dos pueblos, el de los judíos y el de los gentiles, el de la sinagoga y el de la Iglesia.
San Agustín.
Eligió la barca de Pedro y abandonó la de Moisés; es decir, despreció la sinagoga incrédula y eligió la Iglesia creyente. [...] Vemos su imagen ya en el Antiguo Testamento. En efecto, lo mismo que el arca de Noé, mientras el mundo naufragaba, mantuvo a salvo a todos los que tenía dentro, así también la Iglesia de Pedro, mientras el mundo perece entre llamas, mantendrá a salvo a todos los que ella abraza. Y como entonces, después del diluvio, la paloma llevó hasta el arca de Noé la señal de la paz, así también, después del juicio, Cristo traerá a la Iglesia de Pedro la alegría de la paz, porque Él mismo es paloma o paz, como prometió al decir: “De nuevo vendré y vuestro corazón se alegrará”.
Máximo de Turín.
Mediante una acción visible realizada de forma milagrosa quedaron completamente persuadidos de que su esfuerzo no permanecería sin recompensa, y que el trabajo llevado a cabo para extender la red de la predicación del Evangelio daría su fruto. Y con esta red pescarían también una multitud de gentiles. [...] En verdad son muchos los que han participado y participan en los trabjaos de los santos apóstoles, especialmente los que investigan detenidamente las sagradas escrituras de los Evangelios para nosotros, y junto a aquellos también hay otros, pastores y maestros, y líderes del pueblo, que son conocedores de las doctrinas de la verdad. Incluso hoy se recoge la red de Cristo llena, y sigue llamando a la conversión a los que, según la Escritura, están en el fondo del mar, esto es, a los que viven en la tormenta y en las olas del mundo.
Cirilo de Alejandría.
La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento. 3. Evangelio según san Lucas. Ciudad Nueva
ORACIÓN DESDE LA METODOLOGÍA JUNIOR.-
Experiencia:
¿Cuántas veces ha surgido entre nosotros la pregunta por qué somos educadores juniors? ¿y cuántas veces nos hemos desanimado?
Nuestra vida de juniors es una historia en la que un día fuimos llamados por Cristo a través del consiliario y el centro, nos adentramos en el movimiento y en él hemos vivido todo tipo de experiencias, entre ellas el desánimo ante una actividad. ¡Cuánta ilusión, esfuerzo y trabajo depositamos en ese juego! ¿Recuerdas aquel campamento al que dedicasteis muchas horas programando y sin embargo, qué pocos fueron los niños que se beneficiaron el campamento? En nuestra vida como educadores el desánimo está presente. Pero seamos positivos. A pesar de ello lo volvisteis a intentar y en la siguiente actividad fueron muchos los niños que asistieron.
Reflexión:
A la luz de la primera y segunda lectura, mira tu vida e ilumínala con la Palabra de Dios. Recuerda y revive tus inicios como educador/a junior. Descubre la presencia de Dios que te llamó a ti, a través de otras personas. Quizás sentiste lo mismo que Jeremías el pasado domingo, “soy un muchacho”, “ni se te ocurra, si no tengo cualidades para estar una tarde animando a los niños”, o sentiste lo mismo que Isaías, te estremeciste al pensar lo que significaba ser educador junior: un modelo y persona de referencia para los niños. Tú que eres joven de labios impuros, es decir, pecador. Y sin embargo fuiste escogido por Dios para esta misión. También recuerda los momentos de desánimo y gozo, los fracasos y los éxitos. ¿Cuántas veces Dios a través del consiliario, el jefe de centro o el equipo de educadores te ha animado a volver a intentarlo, a volver a desbordar entusiasmo en una convivencia o en un campamento? Descubre en esas circunstancias la presencia de Dios que actúa en tu vida.
A la luz de la primera y segunda lectura, mira tu vida e ilumínala con la Palabra de Dios. Recuerda y revive tus inicios como educador/a junior. Descubre la presencia de Dios que te llamó a ti, a través de otras personas. Quizás sentiste lo mismo que Jeremías el pasado domingo, “soy un muchacho”, “ni se te ocurra, si no tengo cualidades para estar una tarde animando a los niños”, o sentiste lo mismo que Isaías, te estremeciste al pensar lo que significaba ser educador junior: un modelo y persona de referencia para los niños. Tú que eres joven de labios impuros, es decir, pecador. Y sin embargo fuiste escogido por Dios para esta misión. También recuerda los momentos de desánimo y gozo, los fracasos y los éxitos. ¿Cuántas veces Dios a través del consiliario, el jefe de centro o el equipo de educadores te ha animado a volver a intentarlo, a volver a desbordar entusiasmo en una convivencia o en un campamento? Descubre en esas circunstancias la presencia de Dios que actúa en tu vida.
Compromiso.
Trato de plantearme un propósito, bien puede ser, tratar de vivir mi ser educador junior no tanto como una persona que anima a los niños y los entretiene, sino como un apóstol, es decir, como un testigo de la resurrección de Cristo que vive todo lo que le ocurre en todos sus ámbitos desde la experiencia de no estar solo sino acompañado por Dios, buscando más que el que los niños se lo pasen bien, el que se acerquen a Jesús y tengan experiencia personal de Él. Puede ser éste u otros, háblalo con Jesús, decidid entre los dos, en la oración, cuál es el más adecuado.
Celebración:
Repito pausadamente una de las frases que más me ha llamado la atención de las lecturas. Una de ellas puede ser la de Isaías, “Aquí estoy Señor, mándame”. No se trata de pensar, eso ya lo has hecho. Ahora es dejar que la Palabra vaya reposando en tu corazón, como el sonido del agua a su paso por un río, brotando de una fuente o en las olas del mar. Es dejar que se la Palabra se pose en tu alma, como los pequeños copos de nieve, suavemente, sin apenas presionar.
ORACIÓN AL COMIENZO DE LA REUNIÓN
AMBIENTACIÓN:
Elementos presentes siempre en las oraciones: cruz de San Damián (Togo), icono de la Virgen María, Biblia, cartel y vela encendida.
Signo de esta semana: una red o si no la tenemos el dibujo de una barca.
Preparación: entregamos a cada uno un dibujo de una barca.
Proclamación del Evangelio: leemos el Evangelio del domingo. Podemos proyectar el powerpoint de las benedictinas de Montserrat.
Interiorización : ¿qué es una barca? ¿qué representa la barca en el evangelio? (la Iglesia) ¿Quiénes están dentro de la barca?(Jesús, la Iglesia con el Papa y los cristianos) ¿A dónde se dirige la barca? ¿dónde realmente me encuentro yo en la barca, dentro o fuera? ¿estoy decidido a entrar en ella o prefiero vivir tranquilamente en la profundidad del mar, es decir, de una vida sin valores, pensando sólo en el fin de semana, el carnaval de Pego o el Villa del Arzobispo,... sin pensar en los demás ni tener unos valores basados en el amor a Dios y al prójimo?
Gesto: si se ha traído una red escribimos en una cuartilla nuestro nombre y lo colocamos dónde realmente nos encontramos, dentro o fuera de la red. Si se ha dibujado una barca colocamos nuestro nombre. Bien podemos que cada uno escriba el suyo donde se ve dentro de la iglesia o todos juntos. Otro gesto es entregar a cada un pez, colocar un dibujo de una red y pegarlos dentro de ella.
Oración final: cada uno espontáneamente pide a Dios por algo relacionado con las lecturas o por una necesidad concreta.
GUIÓN CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA.
Monición de entrada.-
Queridos hermanos y hermanas: sed bienvenidos a esta misa, en la que al igual que todos los domingos, Jesús nos pide que demostremos con nuestra vida que somos amigos de él y que confiamos en él, sin tener miedo a nada ni a nadie. En la misa él quiere que subamos a la barca de la Iglesia y con él nos adentremos en el mar de la vida, sabiendo que no estamos solos, sino que Jesús viana con nosotros.
Monición de entrada.-
Queridos hermanos y hermanas: sed bienvenidos a esta misa, en la que al igual que todos los domingos, Jesús nos pide que demostremos con nuestra vida que somos amigos de él y que confiamos en él, sin tener miedo a nada ni a nadie. En la misa él quiere que subamos a la barca de la Iglesia y con él nos adentremos en el mar de la vida, sabiendo que no estamos solos, sino que Jesús viana con nosotros.
Acto penitencial.-
Porque hay momentos en los que no se nota que somos cristianos. Señor, ten piedad.
Un niño presenta un recipiente totalmente vacío.
Porque a veces nos dejamos llevar por la corriente, por la manera de pensar de los que no creen en ti. Cristo, ten piedad.
Se ofrece una tela negra.
Porque tenemos miedo a ser cristianos y tenemos dudas. Señor, ten piedad.
Se ofrecen un “¿?” de cartulina
Monición Primera lectura.-
El profeta Isaías tuvo una aparición de Dios que le dejó asombrado. Sintió la necesidad de hablar de Dios y fue fortalecido para cumplir esta misión. Estemos atentos.
Monición Segunda lectura.-
San Pablo hoy nos habla de lo que para nosotros los cristianos es la verdad más importante de todas, que Jesús murió y resucitó. Esto es tan importante que estamos convencidos de su presencia en medio de nosotros, porque Él está vivo y ahora lo podemos escuchar en las lecturas y tocar con nuestras manos en la comunión.
Monición evangelio.-
Hola, me llamo el apóstol Pedro y hoy os voy a contar lo que me pasó un día de buena mañana, cuando regresaba con mis compañeros pescadores de pescar en el mar sin conseguir un sólo pez. La verdad es que aún estoy temblando porque nunca creí que pudiera pasarme eso en la barca de mi padre. Pero os preguntaréis que me pasó, ¿no? Estad atentos a lo que hizo Jesús en mi barca.
Homilía.-
En un poster DIN A 3 representamos la escena, con la barca, la red, el mar, Jesús, Pedro y los apóstoles. Los niños tienen que buscar distintos personajes que se encuentran entre los altares: una iglesia, el centro parroquial o una actividad parroquial (formación u oración de los juniors, sesión de catequesis, personas de cáritas ayudando a los demás o religiosos sirviendo a los pobres,....), imágenes de violencia, guerras, hambre, maltrato,..., el sacerdote elevando la eucaristía o está sola, el Papa Benedicto XVI, sacerdotes, personas en misa,... Estos los pegarán en el poster.
Con ello tratamos de explicarles que en esta sociedad donde hay personas que sufren nos encontramos los cristianos quienes vivimos en la barca que guía el Papa y gracias a Jesús conseguimos sacar de allí a los que sufren y ofrecerles una vida mejor.
Peticiones.-
Por la Iglesia, para que no tenga miedo a las dificultades. Roguemos al Señor.
Por el Papa Benedicto, para que Jesús le ayude a pilotar bien la barca de Pedro. Roguemos al Señor.
Por los jóvenes para que no tengan miedo de ser sacerdotes y navegar mar adentro. Roguemos al Señor.
Por las personas que trabajan en la parroquia, para que no se desanimen cuando no vean recompensados sus esfuerzos. Roguemos al Señor.
Por nuestros padres para que Jesús les ayude en los momentos en los que lo pasen mal. Roguemos al Señor.
Por los enfermos y enfermas de nuestra parroquia, para que confíen siempre en Jesús. Roguemos al Señor.
Por los que niños que estamos en la parroquia, para que cada día queramos más a Jesús. Roguemos al Señor.
Por los que no creen, para que vean en los que creemos que vale la pena creer en Jesús. Roguemos al Señor.
Por nosotros, para que no tengamos miedo a arriesgarnos por amor a Jesús y a los demás. Roguemos al Señor.
Ofrendas.-
Te presentamos el pan y el vino, que nos ayudan a no tener miedo a las dificultades.
Acción de gracias.-
Gracias, Señor, por despertarnos a la fe: ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, por empujarnos mar adentro: ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, por regalarnos el don de la resurrección: ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, por la fuerza de la Eucaristía: ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, por nuestros sacerdotes: ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, por la barca de tu Iglesia: ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, por todos los que reman y trabajan con elle: ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, por quitarnos los miedos: ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, por tu Palabra que nos ilumina: ¡Gracias, Señor!
Gracias, Señor, por enviarnos a dar testimonio de Ti: ¡Gracias, Señor!
Webs con guiones para la misa del Domingo IV:
http://www.salesianosbilbao.com/modulos/usuariosFtp/connrecu/recur2444A.pdf
http://www.javierleoz.org/Javier%20Leoz/CICO%20C%20(09)/MISA%20FAMILIAR%205º%20C.doc
http://www.sta-catalina.com/
A CAMPAÑA “LA CIUTAT S’OMPLÍ D’ALEGRÍA”.
TEMA 1. LA PERSONA HUMANA.
Resumen del tema.
La dignidad de la persona tiene su razón de ser en el origen y destino del hombre. Éste ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza, redimido por la sangre de Cristo y llamado a la eterna vida de comunión con Dios, siendo hijo en el Hijo y templo vivo del Espíritu Santo.
En el Evangelio encontramos razones para defenderla, en cuanto garantiza la dignidad de la persona y la libertad del hombre, enuncia y proclama la libertad de los hijos de Dios, rechaza las esclavitudes que derivan del pecado y respeta la dignidad de la conciencia y su libre decisión, advirtiendo que todo talento humano debe redundar en el servicio de Dios y bien de la humanidad y encomendando a todos a la caridad de todos.
Así teniendo presente el origen y destino del ser humano y las enseñanzas de Jesús la Iglesia proclama los derechos del hombre, los reconoce y estima.
La dignidad del hombre nos lleva a la libertad. Ésta es signo de la imagen de Dios en él y fundamento de su dignidad trascendente, en cuanto ha sido regalada por Dios y orientada hacia el Creador. Así la libertad es la facultad de optar por la Verdad y el Bien, es decir, por Dios que es la Verdad y el Bien.
La libertad es un derecho y un deber que nos lleva a respetar los derechos y libertades de los demás.
Por otra parte no se puede separar del Amor, pues cuando el hombre se aparta de él atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la divina verdad.
Tampoco se puede separar de la conciencia o preceptos de la ley escritos en el corazón del hombre.
Así la libertad, unida estrechamente a la búsqueda de la Verdad y el Bien, al amor y a la conciencia, enraizada en el conjunto de aptitudes y cualidades que cada uno poseemos y cultivada por la educación y el esfuerzo, hacen al hombre responsable, señor de su propio destino y capaz de orientar su vida a la vocación o proyecto que Dios ha puesto en cada persona.
Como cristianos buscamos no la libertad, sino la Libertad. Es decir, no el hacer lo que nos apetece sino la verdadera libertad que consiste en organizar la vida en referencia a los valores morales, evitando el fanatismo que en nombre de una ideología impone a los demás hombres la concepción de la verdad y del bien. Por ello la verdadera libertad no es sinónimo de integrismo o intolerancia sino que respeta la libertad de los otros, ahora bien, sin vivir uno al margen de unos criterios morales, los cuales como cristianos son los del Evangelio.
El hombre, en cuanto persona es un ser social y así lo ha querido Dios que desea constituya con los demás una sola familia, en la que todos se traten entre sí como hermanos.
Así lo expresó Jesús al proclamar el primer y mayor mandamiento: el amor a Dios y al prójimo que conlleva la entrega sincera de sí mismo a los demás.
Así desde la Biblia y la experiencia descubrimos que la vida social no es un mero accidente sino que engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación.
La libertad y la naturaleza social de la persona nos conducen a los derechos humanos. Éstos proceden de la propia naturaleza del hombre y son universales e inviolables. Mediante ellos los hombres y mujeres nos abrimos al mundo de las realidades espirituales, adquirimos conciencia de ser miembros de la sociedad, nos sentimos impulsados a conocer mejor al verdadero Dios y juzgamos que las relaciones que nos unen con Dios son el fundamento de la propia vida.
Pero desgraciadamente en nuestro mundo permanece la lacra de la discriminación social, cultural,... Ésta debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino.
Entre los derechos humanos se encuentra el derecho a la libertad religiosa, por el cual, en materia religiosa, ninguna persona puede ser coaccionada por parte de personas particulares, grupos sociales o potestades humanas. Así no se puede obligar a nadie a obrar contra su propia conciencia ni impedirle que actúe conforme a ella en privado o en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Por este motivo la limitación de la libertad religiosa es una experiencia dolorosa que ofrende la dignidad del hombre y su promoción un elemento esencial de la pacífica convivencia de los hombres. Ello lleva a la Iglesia a anunciar el Evangelio por las vías legítimas, como son la educación, la persuasión interior, la conversación común, respetando la libertad personal y civil y evitando toda coacción exterior.
Finalmente los derechos humanos nos conducen a la defensa de la vida humana, en cuanto ésta es sagrada y proviene de Dios. Así sólo Él es el señor de la vida y en consecuencia nadie puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente.
El derecho a la vida es un derecho primero y fundamental, la condición de todos los derechos de la persona. Por esto para la Iglesia la vida humana, aunque débil y enferma, es siempre un don espléndido del Dios de la bondad, donde descubre el esplendor de aquel Sí que es Cristo.
Por este motivo todo lo que se opone a la vida pertenece al ámbito de los actos que por sí y en sí mismos son malos e independientemente de las circunstancias son gravemente ilícitos por razón de su objeto.
Estos son los que se oponen a la vida (pena de muerte, homicidios, genocidios, aborto, suicidio voluntario,...), los que violan la integridad de la persona humana (mutilaciones, torturas corporales y mentales, intentos de coacción psicológica,...), los que ofenden a la dignidad humana (condiciones infrahumanas de vida, encarcelamientos arbitrarios, deportaciones, esclavitud, prostitución, trata de blancas y de jóvenes, condiciones ignominiosas de trabajo,...). Todos ellos son contrarios al honor debido al creador.
Entre estos atentados se encuentran el aborto y la eutanasia. Ante ellos la Iglesia afirma que nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente (feto, embrión, niño, adulto, enfermo, anciano, agonizante,...), así la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Esta afirmación se encuentra fundamentada en la ley no escrita que cada hombre, a la luz de la razón, encuentra en el propio corazón, corroborada por la Sagrada Escritura, transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.
TÍTULO
La libertad
OBJETIVOS
Profundizar en la dignidad y libertad de la persona humana.
Descubrir la relación entre la libertad, la verdad y el bien.
Valorar la libertad desde la responsabilidad.
ITINERARIOS
Educativo en la fe
Comunitario eclesial
Litúrgico sacramental
De oración
Testimonio
Ser persona
MÉTODO
EXPERIENCIA
X
REFLEXIÓN
X
COMPROMISO
X
CELEBRACIÓN
X
MATERIAL
Testimonio de Helder Cámara, campaña, cruz, Biblia, cartel, cadena y tenazas.
DESARROLLO DE LA SESIÓN
EXPERIENCIA
-Desde tres viñetas analizar la falsa libertad.
REFLEXIÓN
- Iluminar la libertad con el testimonio del Obispo Helder Cámara, el mensaje de Jesús acerca de construir la vida sobre roca y el texto del tema.
COMPROMISO
-Tratar de liberarse de las falsas libertades y de aquello que nos esclaviza, comenzando con gestos muy concretos.
CELEBRACIÓN
-Oración pidiendo la liberación de cuanto nos esclaviza, mediante el gesto de la ruptura de los eslabones de una cadena.
Dinámica I: libertad.
Experiencia:
Divididos en tres grupos, cada uno de ellos analiza una de las viñetas.
Viñeta.
¿Qué tipo de libertad se ve reflejada en la viñeta de Quino?
¿Descubrimos personas que viven así?
¿Estas actitudes las hemos encontrado alguna vez en el equipo de educadores? ¿cuándo?, ¿en qué momentos?
Testimonio.
Leemos el testimonio del obispo brasileño Helder Cámara:
Si quieres ser,
perdona que te lo diga,
tienes que librarte ante todo
del exceso de poseer
que tanto te llena
de pies a cabeza;
que no te deja más sitio
a ti mismo
y todavía menos a Dios.
Para librarte de ti mismo,
lanza un puente
más allá del abismo de la soledad
que tu egoísmo ha creado.
Intenta ver más allá de ti mismo,
intenta escuchar a algún otro,
y sobre todo
prueba a esforzarte por amar
en vez de amarte a ti solo....
Reflexión.
Redactamos entre todos cinco ideas sobre la libertad, teniendo presente el texto.
Del tema extraemos otros cinco ideas sobre la libertad.
Los debatimos a fin de resumir en siete principios lo que para nosotros es la libertad.
Leemos Lc 6, 47-49:
¿De qué habla Jesús?
¿Cuál de los dos personajes vive la auténtica libertad?
¿Sobre qué roca hemos de asentar nuestra vida si queremos ser auténticamente libres?
Compromiso.
Analizar nuestro propia vida y descubrir las esclavitudes que nos atan: obsesión por las marcas, diversión entendida como beber en exceso,... y tratar de liberarse de una de ellas (el próximo fin de semana reducir el consumo de alcohol, ser crítico a la hora de comprar, evitando dejarme llevar por los anuncios publicitarios, comprando sólo lo que necesito, no lo que me incita la TV,...).
Celebración.
Ambientación: en círculo: en el centro la cruz, la Biblia, la vela y el cartel. Esta vez colocamos una cadena y unas tenazas para cortar los eslabones.
Repartimos el texto:
Lo más fácil es ser libre en el campo operativo: hacer lo que quiera.
Hay una libertad de la carne que llega a hacer esclavos.
Hay una libertad del Espíritu que lleva el germen de la plenitud.
Mi libertad ha de mirar a los demás
Mi libertad ha de regularse por el respeto al otro
Ser libro te abre a Dios
La libertad es un don y es un compromiso
La peor esclavitud es aquella en la que uno es esclavo de sí mismo
Liberarse es ser todo para todos
Liberarse es ponerse al servicio de los demás
Liberarse es aceptar en la vida el Espíritu de Dios
José Santana. Oración Joven
Meditamos estas frases. Cada uno lee en voz alta la que más le ha llamado la atención.
Leemos el salmo 31, bien a dos coros o cada uno lee una estrofa.
Cada educador se acerca, en voz alta o en silencio, pide a Dios le libere de aquello en lo que va a comprometerse (de comer sólo lo que me apetece, de ser esclavo del messenger, el tuenti, el face book,...) y rompe un eslabón de la cadena.
Terminamos con el Padrenuestro, acentuando el “líbranos”, con un silencio largo.
ORACION
De Guadalupe Hoyos, stj. Revista Catequistas,202.
Eres maravilloso y me gusta tu nombre: Jesús.
Has dicho que eres el camino,
un camino largo y grande que siempre está lleno de pisadas.
¡Me alegra, Jesús, que muchos te sigan!
Has dicho que eres la Verdad,
es tan bonita la verdad de tu Evangelio.
Tú hablabas junto al mar o en la montaña,
sentado en un barco o junto al pozo.
Te escuchaba la gente, Jesús, porque la querías.
Has dicho que eres la vida.
Todos te buscaban porque eras el Salvador.
Tú curaste al ciego, al cojo y al paralítico lo hiciste andar;
Tú limpiaste la lepra al pobre hombre
que tenía que estar solo y alejado de los demás.
Y diste la vida al joven de Naín
y todos los que te pedían con fe, quedaban curados.
Contigo se está bien. Eras amigo de todos.
Amigo, sobre todo de los que no tenían amigos.
Jesús, también nosotros queremos seguirte.
También nosotros, queremos ser tu grupo.
Tú que eres la luz del mundo,
Tú que eres como el agua fresca,
Tú que eres como un árbol que da sombra,
Tú, Jesús, danos luz para caminar,
y tu agua y tu sombra para marchar juntos.
Vas de camino con nosotros y creemos que eres:
CAMINO, VERDAD Y VIDA.
COMENTARIOS AL EVANGELIO
FRAY SANTIAGO AGRELO. ARZOBISPO DE TANGER.
«Apártate» y «quédate», verbos para la comunión:
Uno vio “al Señor sentado sobre un trono alto y excelso”; el otro vio sólo la redada de peces que había cogido después de echar las redes “en la palabra de Jesús”; y los dos, Isaías el profeta y Pedro el pescador, se asomaron al misterio de la grandeza de Dios y de la propia pequeñez, se vieron perdidos en la santidad de Dios y en la realidad inquietante del propio pecado.
El profeta expresó así lo que había experimentado: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos”.
El pescador expresó con una súplica y un gesto lo que había aprendido viendo peces en las redes: “Se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: _Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”.
Cada domingo nos reunimos para escuchar la palabra del Señor. Cada domingo nos acercamos a la mesa del Señor. Se supone que en la eucaristía escuchamos y comemos para mejor conocer la voluntad del Señor, obedecer sus mandatos, acoger su salvación y seguir sus caminos.
Cada domingo, como el profeta, nos acercamos al templo del Señor. Cada domingo, como el pescador, también nosotros echamos la red “en la palabra de Jesús”. Cada domingo es una ocasión que la gracia nos ofrece para el asombro por lo que se nos revela, para el santo temor de Dios por lo que Dios es, para la humildad del corazón por lo que nosotros somos.
Cada domingo, allí donde el profeta dijo: _ “¡ay de mí, estoy perdido!”; y donde el apóstol dijo: _ “apártate de mí, Señor, que soy un pecador”, nosotros decimos, robando las palabras a un soldado romano: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa”.
Hoy, con vosotros, quiero robarlas todas: las del profeta, las del pescador, las del soldado, por si se me agarra al alma el conocimiento de la grandeza de Dios, de su santidad, con la sabiduría de mi indignidad para ir hasta Dios o para recibirle si él viene a mi casa.
Hoy, con vosotros y con el apóstol, le diré «apártate», porque soy un pecador; mientras todo mi ser, con vosotros y con los discípulos en el camino de Emaús, le pediremos «quédate»: Quédate, porque anochece, y se oscurece la fe; quédate, porque tú tienes palabras de vida eterna; quédate, porque te necesitamos; quédate, porque sabemos que nos amas.
Y si la Eucaristía nos remite, Señor, a la entrega de tu vida por nuestro amor, mientras te digo «apártate» pues mi pecado es de muerte, mientras te digo «quédate» pues tu voz es de infinita misericordia, te diré también: “acuérdate de mí en tu reino”, entregando así mi pecado a tu misericordia.
Feliz domingo.
http://www.religiondigital.com/
JUAN MANUEL BARREIRO, SACERDOTE. EN http://www.diocesismalaga.es/
Reconozco que tengo un profundo sentimiento de gratitud por las personas que influyeron de manera decisiva tanto en mi vida personal como en mi vida cristiana y sacerdotal. Con ellos me siento un hombre enraizado en una experiencia de vida, en una familia humana y en la Iglesia. Gracias a ellos, fundamentalmente, soy el hombre, el cristiano y el sacerdote, que soy.
“Hermanos: os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando... y que os transmití, tal como lo había recibido...” Somos cristianos, miembros del Pueblo de Dios, la Iglesia, porque, en Jesucristo, hemos sido incorporados a ella por la Palabra y el Bautismo recibido y hemos crecido, con conciencia de “hijos de Dios”, por la oración y los Sacramentos.
Pueblo de Dios que, por Jesucristo, se enraíza en el Evangelio recibido y acogido y que ha de ser fielmente transmitido; pueblo fraterno con vocación de “hijos”, que se significa en la comunión de acciones como el servicio en favor de la justicia, el amor y la paz. Pueblo de consagrados con la unción del Espíritu, a los que Jesucristo ha rescatado del pecado por pura gracia y su gracia en mí no se ha frustrado, que nos impulsa, a pesar de cansancios, limitaciones, incomprensiones..., a “remar mar adentro”, confiando en su Palabra, que nos da confianza por encima de nuestros miedos y asombros, y nos abre un sorprendente nuevo futuro en la medida en que lo sigamos con fidelidad.
Pueblo del amor de Dios, llamados, como Cristo, a dar testimonio de este Amor y a ofrecerlo con vocación de sacerdocio común por el bien de todos. También en este Año Sacerdotal la voz del Señor, sigue clamando con nitidez: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por mí? Sin duda que nunca faltará quien, escuchando a Dios, se preste: “Aquí estoy, ¡mándame!”, y se confirmará la misión: “Ven y sígueme”.
Juan Manuel Barreiro, sacerdote
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
No admite fácilmente el hombre actual ser juzgado como culpable. Nadie quiere oír hablar de su propia culpa o pecado. Una cierta irresponsabilidad parece invadirlo todo.
Siempre la culpa la tienen otros. Nadie se hace responsable del egoísmo, la mentira, la injusticia o la violencia que invade nuestro vivir diario y nuestras relaciones sociales. Todo el mundo echa la culpa a todo el mundo.
S. Freud nos ha invitado a liberarnos de la culpa y eliminar la conciencia de pecado pues, según sus análisis, ello puede destruir una personalidad sana. Por otra parte, K. Marx nos ha enseñado a ver el mal no tanto en nosotros sino en las estructuras surgidas del capitalismo.
Es cierto que hay una manera infantil de vivir angustiado y paralizado por un sentimiento neurótico de culpa. Cierto también que vivimos dentro de unas estructuras socio-económicas que son, en muchos aspectos, objetivamente injustas. Pero, ¿quiere esto decir que podemos vivir cada uno de nosotros «inocentemente», sin sentirnos ya responsables de pecado alguno?
"El ateísmo contemporáneo no es más que el rechazo de la culpabilidad". Lo cierto es que, en muchas personas, el olvido de Dios ha ido acompañado de una pérdida aún mayor de responsabilidad moral.
Sin embargo, un hombre que quiera ser libre y responsable sabe confesarse culpable siempre que destruye la vida en sí mismo o en los demás.
Los creyentes sabemos por experiencia que reconocer nuestro pecado ante Dios no es destruirnos, sino renacer como hombres nuevos. La culpa, cuando es asumida con responsabilidad y cuando se la sabe perdonada por el amor de Dios, no anula al hombre, sino que le hace crecer.
Pocas veces un creyente se siente más humano que cuando sabe confesar como Pedro: "Señor, soy un hombre pecador".
Vivo demasiado cerrado a Dios, de espaldas a la verdad, contaminando egoísmo allí por donde paso, matando la esperanza de la gente, llenando el mundo de mentira, negando el verdadero amor a todos, renunciando a lo mejor de mí mismo, dando muerte a la vida.
Y pocas veces crece con tanta fuerza nuestra capacidad de regeneración como cuando escuchamos con fe agradecida esas palabras inolvidables dirigidas al fondo más íntimo de nuestro ser: "No tengas miedo".
http://svicentemartir-abando.org/ordinario_b/cristo_rey/pagola.htm
JÓVENES EJEMPLARES:
VENERABLE MARÍA TERESA GONZÁLEZ QUEVEDO, CARMELITA (9 de Abril).
Nació en Madrid el 12 de Abril de 1930, hija de un conocido médico. La niña crece en el centro histórico de la Villa y Corte, asistiendo a la escuela de las Carmelitas de la Caridad. Allí le entusiasmaban los partidos de pelota y un deseo que escribe a los diez años “e decidido ser santa”. A los trece descubrimos a una adolescente rubia, de ojos azules, que pronto aprendió a conducir. Son años en los que la niña además asiste en el instituto a un cursillo de ejercicios espirituales, ingresa en la Congregación Mariana con un deseo: “Madre mía, que quien me mire, te vea” y una oración: “¡Madre mía, dame vocación religiosa!”.
A los 17 años la joven marcha con su familia de vacaciones a Fuenterrabía, en el Norte de España. Allí disfruta de la pesca, juega al tenis, participa de las danzas vascas en la plaza del pueblo, en las ventas de beneficencia a favor de las misiones, con los chicos, impresionados éstos por la belleza de la joven, canta, ríe y bromea. Pronto ellos descubren en ella algo que superaba a una muchacha de esta edad: su vocación. Al final del verano participa en el Congreso de la Juventud Misionera que las carmelitas organizan en Tarragona y de nuevo un sueño: ser misionera.
El 21 de Noviembre de 1947 comunica la decisión a su tía sor Carmen, que se encuentra en Carabanchel. Ella intenta hacerla reflexionar y le pide retrase la entrada en el noviciado a tener los veinte años. Pero la joven está decidida. Pasadas las fiestas navideñas, el 7 de Enero, comunica a su padre la noticia. Y el 23 de Febrero ingresa en el noviciado, vistiendo el hábito de postulante, cambiando la vida de comodidad y riqueza de su familia por el estilo de vida pobre de las carmelitas.
Sin embargo en mayo de 1949 enferma de una pleuresia aguda, que le obliga a guardar cama durante todo el mes. Ella lo vive con optimismo, amabilidad y alegría. El 18 de Enero de 1950 advierte un fuerte dolor de cabeza, su padre, médico, le diagnostica la causa: una meningitis tuberculosa. Ern la noche del Jueves Santo después de ataque que le lleva a sufrir terribles dolores, ante los cuales ella responde con estas palabras: “Señor... aquí está... la que os ama... y desea...ardientemente... recibiros... Señor...vuestra soy...para vos nací...¿qué queréis, Señor... de mí?... todo lo puedo... en aquel... que me conforta...¡Madre mía, ven a recibirme y llévame contigo al cielo!... Por los que no te aman... ¡Madre mía, lo que tú quieras!... ¡Qué hermoso!”. Sus brazos cayeron sobre el lecho y pocos minutos después expiró. Era el 8 de abril de 1950, faltaban pocos días para que cumpliera los veinte años.
El 9 de Julio de 1893 Juan Pablo II proclamó la heroicidad de sus virtudes y la declaró Venerable.
Para todos nosotros esta joven vivió desde un lema: “Madre mía, que quien me mire te vea a ti”, que le llevó a la amabilidad y delicadeza constante con Dios y con los hombres y mujeres, tratando de parecerse a la Virgen María.
Resumen tomado de Nuevo Año Cristiano. Abril.
CATEQUESIS DEL PAPA: 20 de Enero. vatican.va
Queridos hermanos y hermanas:
En una catequesis reciente ilustré ya el papel providencial que tuvieron la Orden de los Frailes Menores y la Orden de los Frailes Predicadores, fundadas respectivamente por san Francisco de Asís y por santo Domingo de Guzmán, en la renovación de la Iglesia de su tiempo. Hoy quiero presentaros la figura de san Francisco, un auténtico "gigante" de la santidad, que sigue fascinando a numerosísimas personas de todas las edades y religiones.
"Nacióle un sol al mundo". Con estas palabras, el sumo poeta italiano Dante Alighieri alude en la Divina Comedia (Paraíso, Canto XI) al nacimiento de Francisco, que tuvo lugar a finales de 1181 o a principios de 1182, en Asís. Francisco pertenecía a una familia rica —su padre era comerciante de telas— y vivió una adolescencia y una juventud despreocupadas, cultivando los ideales caballerescos de su tiempo. A los veinte años tomó parte en una campaña militar y lo hicieron prisionero. Enfermó y fue liberado. A su regreso a Asís, comenzó en él un lento proceso de conversión espiritual que lo llevó a abandonar gradualmente el estilo de vida mundano que había practicado hasta entonces. Se remontan a este período los célebres episodios del encuentro con el leproso, al cual Francisco, bajando de su caballo, dio el beso de la paz, y del mensaje del Crucifijo en la iglesita de San Damián. Cristo en la cruz tomó vida en tres ocasiones y le dijo: "Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas". Este simple acontecimiento de escuchar la Palabra del Señor en la iglesia de san Damián esconde un simbolismo profundo. En su sentido inmediato san Francisco es llamado a reparar esta iglesita, pero el estado ruinoso de este edificio es símbolo de la situación dramática e inquietante de la Iglesia en aquel tiempo, con una fe superficial que no conforma y no transforma la vida, con un clero poco celoso, con el enfriamiento del amor; una destrucción interior de la Iglesia que conlleva también una descomposición de la unidad, con el nacimiento de movimientos heréticos. Sin embargo, en el centro de esta Iglesia en ruinas está el Crucifijo y habla: llama a la renovación, llama a Francisco a un trabajo manual para reparar concretamente la iglesita de san Damián, símbolo de la llamada más profunda a renovar la Iglesia de Cristo, con su radicalidad de fe y con su entusiasmo de amor a Cristo. Este acontecimiento, que probablemente tuvo lugar en 1205, recuerda otro acontecimiento parecido que sucedió en 1207: el sueño del Papa Inocencio III, quien en sueños ve que la basílica de San Juan de Letrán, la iglesia madre de todas las iglesias, se está derrumbando y un religioso pequeño e insignificante sostiene con sus hombros la iglesia para que no se derrumbe. Es interesante observar, por una parte, que no es el Papa quien ayuda para que la iglesia no se derrumbe, sino un pequeño e insignificante religioso, que el Papa reconoce en Francisco cuando este lo visita. Inocencio III era un Papa poderoso, de gran cultura teológica y gran poder político; sin embargo, no es él quien renueva la Iglesia, sino el pequeño e insignificante religioso: es san Francisco, llamado por Dios. Pero, por otra parte, es importante observar que san Francisco no renueva la Iglesia sin el Papa o en contra de él, sino sólo en comunión con él. Las dos realidades van juntas: el Sucesor de Pedro, los obispos, la Iglesia fundada en la sucesión de los Apóstoles y el carisma nuevo que el Espíritu Santo crea en ese momento para renovar la Iglesia. En la unidad crece la verdadera renovación.
Volvamos a la vida de san Francisco. Puesto que su padre Bernardone le reprochaba su excesiva generosidad con los pobres, Francisco, ante el obispo de Asís, con un gesto simbólico se despojó de sus vestidos, indicando así que renunciaba a la herencia paterna: como en el momento de la creación, Francisco no tiene nada más que la vida que Dios le ha dado, a cuyas manos se entrega. Desde entonces vivió como un eremita, hasta que, en 1208, tuvo lugar otro acontecimiento fundamental en el itinerario de su conversión. Escuchando un pasaje del Evangelio de san Mateo —el discurso de Jesús a los Apóstoles enviados a la misión—, Francisco se sintió llamado a vivir en la pobreza y a dedicarse a la predicación. Otros compañeros se asociaron a él y en 1209 fue a Roma, para someter al Papa Inocencio III el proyecto de una nueva forma de vida cristiana. Recibió una acogida paterna de aquel gran Pontífice, que, iluminado por el Señor, intuyó el origen divino del movimiento suscitado por Francisco. El "Poverello" de Asís había comprendido que todo carisma que da el Espíritu Santo hay que ponerlo al servicio del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia; por lo tanto, actuó siempre en plena comunión con la atoridad eclesiástica. En la vida de los santos no existe contraste entre carisma profético y carisma de gobierno y, si se crea alguna tensión, saben esperar con paciencia los tiempos del Espíritu Santo.
En realidad, en el siglo XIX y también en el siglo pasado algunos historiadores intentaron crear detrás del Francisco de la tradición, lo que llamaban un Francisco histórico, de la misma manera que detrás del Jesús de los Evangelios se intenta crear lo que llaman el Jesús histórico. Ese Francisco histórico no habría sido un hombre de Iglesia, sino un hombre unido inmediatamente sólo a Cristo, un hombre que quería crear una renovación del pueblo de Dios, sin formas canónicas y sin jerarquía. La verdad es que san Francisco tuvo realmente una relación muy inmediata con Jesús y con la Palabra de Dios, que quería seguir sine glossa, tal como es, en toda su radicalidad y verdad. También es verdad que inicialmente no tenía la intención de crear una Orden con las formas canónicas necesarias, sino que, simplemente, con la Palabra de Dios y la presencia del Señor, quería renovar el pueblo de Dios, convocarlo de nuevo a escuchar la Palabra y a obedecer a Cristo. Además, sabía que Cristo nunca es "mío", sino que siempre es "nuestro"; que a Cristo no puedo tenerlo "yo" y reconstruir "yo" contra la Iglesia, su voluntad y sus enseñanzas; sino que sólo en la comunión de la Iglesia construida sobre la sucesión de los Apóstoles se renueva también la obediencia a la Palabra de Dios.
También es verdad que no tenía intención de crear una nueva Orden, sino solamente renovar el pueblo de Dios para el Señor que viene. Pero entendió con sufrimiento y con dolor que todo debe tener su orden, que también el derecho de la Iglesia es necesario para dar forma a la renovación y así en realidad se insertó totalmente, con el corazón, en la comunión de la Iglesia, con el Papa y con los obispos. Sabía asimismo que el centro de la Iglesia es la Eucaristía, donde el Cuerpo de Cristo y su Sangre se hacen presentes. A través del Sacerdocio, la Eucaristía es la Iglesia. Donde sacerdocio y Cristo y comunión de la Iglesia van juntos, sólo aquí habita también la Palabra de Dios. El verdadero Francisco histórico es el Francisco de la Iglesia y precisamente de este modo habla también a los no creyentes, a los creyentes de otras confesiones y religiones.
Francisco y sus frailes, cada vez más numerosos, se establecieron en "la Porziuncola", o iglesia de Santa María de los Ángeles, lugar sagrado por excelencia de la espiritualidad franciscana. También Clara, una joven de Asís, de familia noble, se unió a la escuela de Francisco. Así nació la Segunda Orden franciscana, la de las clarisas, otra experiencia destinada a dar insignes frutos de santidad en la Iglesia.
También el sucesor de Inocencio III, el Papa Honorio III, con su bula Cum dilecti de 1218 sostuvo el desarrollo singular de los primeros Frailes Menores, que iban abriendo sus misiones en distintos países de Europa, incluso en Marruecos. En 1219 Francisco obtuvo permiso para ir a Egipto a hablar con el sultán musulmán Melek-el-Kâmel, para predicar también allí el Evangelio de Jesús. Deseo subrayar este episodio de la vida de san Francisco, que tiene una gran actualidad. En una época en la cual existía un enfrentamiento entre el cristianismo y el islam, Francisco, armado voluntariamente sólo de su fe y de su mansedumbre personal, recorrió con eficacia el camino del diálogo. Las crónicas nos narran que el sultán musulmán le brindó una acogida benévola y un recibimiento cordial. Es un modelo en el que también hoy deberían inspirarse las relaciones entre cristianos y musulmanes: promover un diálogo en la verdad, en el respeto recíproco y en la comprensión mutua (cf. Nostra aetate, 3). Parece ser que después, en 1220, Francisco visitó la Tierra Santa, plantando así una semilla que daría mucho fruto: en efecto, sus hijos espirituales hicieron de los Lugares donde vivió Jesús un ámbito privilegiado de su misión. Hoy pienso con gratitud en los grandes méritos de la Custodia franciscana de Tierra Santa.
A su regreso a Italia, Francisco encomendó el gobierno de la Orden a su vicario, fray Pietro Cattani, mientras que el Papa encomendó la Orden, que recogía cada vez más adhesiones, a la protección del cardenal Ugolino, el futuro Sumo Pontífice Gregorio IX. Por su parte, el Fundador, completamente dedicado a la predicación, que llevaba a cabo con gran éxito, redactó una Regla, que fue aprobada más tarde por el Papa.
En 1224, en el eremitorio de la Verna, Francisco ve el Crucifijo en la forma de un serafín y en el encuentro con el serafín crucificado recibe los estigmas; así llega a ser uno con Cristo crucificado: un don, por lo tanto, que expresa su íntima identificación con el Señor.
La muerte de Francisco —su transitus— aconteció la tarde del 3 de octubre de 1226, en "la Porziuncola". Después de bendecir a sus hijos espirituales, murió, recostado sobre la tierra desnuda. Dos años más tarde el Papa Gregorio IX lo inscribió en el catálogo de los santos. Poco tiempo después, en Asís se construyó una gran basílica en su honor, que todavía hoy es meta de numerosísimos peregrinos, que pueden venerar la tumba del santo y gozar de la visión de los frescos de Giotto, el pintor que ilustró de modo magnífico la vida de Francisco.
Se ha dicho que Francisco representa un alter Christus, era verdaderamente un icono vivo de Cristo. También fue denominado "el hermano de Jesús". De hecho, este era su ideal: ser como Jesús; contemplar el Cristo del Evangelio, amarlo intensamente, imitar sus virtudes. En particular, quiso dar un valor fundamental a la pobreza interior y exterior, enseñándola también a sus hijos espirituales. La primera Bienaventuranza en el Sermón de la montaña —Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5, 3)— encontró una luminosa realización en la vida y en las palabras de san Francisco. Queridos amigos, los santos son realmente los mejores intérpretes de la Biblia; encarnando en su vida la Palabra de Dios, la hacen más atractiva que nunca, de manera que verdaderamente habla con nosotros. El testimonio de Francisco, que amó la pobreza para seguir a Cristo con entrega y libertad totales, sigue siendo también para nosotros una invitación a cultivar la pobreza interior para crecer en la confianza en Dios, uniendo asimismo un estilo de vida sobrio y un desprendimiento de los bienes materiales.
En Francisco el amor a Cristo se expresó de modo especial en la adoración del Santísimo Sacramento de la Eucaristía. En las Fuentes franciscanas se leen expresiones conmovedoras, como esta: "¡Tiemble el hombre todo entero, estremézcase el mundo todo y exulte el cielo cuando Cristo, el Hijo de Dios vivo, se encuentra sobre el altar en manos del sacerdote! ¡Oh celsitud admirable y condescendencia asombrosa! ¡Oh sublime humildad, oh humilde sublimidad: que el Señor del mundo universo, Dios e Hijo de Dios, se humilla hasta el punto de esconderse, para nuestra salvación, bajo una pequeña forma de pan!" (Francisco de Asís, Escritos, Editrici Francescane, Padua 2002, p. 401).
En este Año sacerdotal me complace recordar también una recomendación que Francisco dirigió a los sacerdotes: "Siempre que quieran celebrar la misa ofrezcan purificados, con pureza y reverencia, el verdadero sacrificio del santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo" (ib., 399). Francisco siempre mostraba una gran deferencia hacia los sacerdotes, y recomendaba que se les respetara siempre, incluso en el caso de que personalmente fueran poco dignos. Como motivación de este profundo respeto señalaba el hecho de que han recibido el don de consagrar la Eucaristía. Queridos hermanos en el sacerdocio, no olvidemos nunca esta enseñanza: la santidad de la Eucaristía nos pide ser puros, vivir de modo coherente con el Misterio que celebramos.
Del amor a Cristo nace el amor hacia las personas y también hacia todas las criaturas de Dios. Este es otro rasgo característico de la espiritualidad de Francisco: el sentido de la fraternidad universal y el amor a la creación, que le inspiró el célebre Cántico de las criaturas. Es un mensaje muy actual. Como recordé en mi reciente encíclica Caritas in veritate, sólo es sostenible un desarrollo que respete la creación y que no perjudique el medio ambiente (cf. nn. 48-52), y en el Mensaje para la Jornada mundial de la paz de este año subrayé que también la construcción de una paz sólida está vinculada al respeto de la creación. Francisco nos recuerda que en la creación se despliega la sabiduría y la benevolencia del Creador. Él entiende la naturaleza como un lenguaje en el que Dios habla con nosotros, en el que la realidad se vuelve transparente y podemos hablar de Dios y con Dios.
Querido amigos, Francisco fue un gran santo y un hombre alegre. Su sencillez, su humildad, su fe, su amor a Cristo, su bondad con todo hombre y toda mujer lo hicieron alegre en cualquier situación. En efecto, entre la santidad y la alegría existe una relación íntima e indisoluble. Un escritor francés dijo que en el mundo sólo existe una tristeza: la de no ser santos, es decir, no estar cerca de Dios. Mirando el testimonio de san Francisco, comprendemos que el secreto de la verdadera felicidad es precisamente: llegar a ser santos, cercanos a Dios.
Que la Virgen, a la que Francisco amó tiernamente, nos obtenga este don. Nos encomendamos a ella con las mismas palabras del "Poverello" de Asís: "Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a ti, hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros... ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro" (Francisco de Asís, Escritos, 163).
CARTA DE D. CARLOS, ARZ. DE VALENCIA
El Papa Pablo VI escribió hace unos años lo siguiente: “la ruptura entre Evangelio y cultura es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo” (EN 20c). Sin lugar a dudas, con esa ruptura han salido perdiendo ambas partes, la fe y la cultura. Y es que la cultura necesita ese “suplemento de alma” que reclamaba Bergson en “Les deux sources de la morale et de la religión”.
Se ha dicho en infinidad de ocasiones que nuestra cultura, nuestro mundo, es “un mundo sin hogar”. Y lo es porque le falta la presencia viva de Dios, de la Belleza. ¡Qué duro le resulta al ser humano no sentirse “en casa” en esta sociedad y en último término no sentirse consigo mismo! Ya dijo Ortega que “una cultura contra la cual puede lanzarse el gran argumento ad hominem de que no nos hace felices, es una cultura incompleta”. No hacernos felices, es decir, que no nos llena, que algo muy importante le falta.Por otra parte, resulta tremendamente significativo que el Papa Juan Pablo II en la carta que escribió con motivo de la constitución del Consejo Pontificio para la Cultura, junto a la tarea de dialogar con la cultura y las culturas, le encargase “defender al hombre”. Y al hombre se le defiende manteniéndole en manos de quien salió. Es Dios quien le ha creado, es la Belleza misma quien lo creó a imagen suya.
Oigamos a Dios mismo que en el acto de la creación dijo: “hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y mande en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas, y en todas las sierpes que serpean sobre la tierra. Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó” (Gn 1, 26-27).
La recomendación de “defender al hombre” que hace el Papa, no viene solamente porque facilitará a la humanidad el necesario plus de sentido, sino porque a menudo los comportamientos sociales injustos y deshumanizantes vienen legitimados y promovidos por esquemas de pensamiento que circulan como buenos y necesarios para la sociedad, sin que nadie los discuta y en los que falta la presencia de la Belleza misma, de Dios. “Defender al hombre”, es mantenerlo en la belleza que le dio Dios mismo, suprema Belleza.
Hay muchos modelos que se pueden establecer en las relaciones entre fe y cultura, me voy a permitir reducirlos a tres: 1) un modelo es cuando la fe desprecia la cultura; 2) otro modelo es cuando la fe se identifica con la cultura; 3) y otro modelo, que es el verdadero, es cuando la fe dialoga con la cultura. Este tercer modelo es el correcto, pues es el del diálogo. Como escribía el Papa Pablo VI en la Encícilica “Eclesiam suam”: “La Iglesia debe entablar diálogo con el mundo en el que tiene que vivir. La Iglesia se hace coloquio” (ES 60). Y ¿por qué este diálogo?, porque debe inspirarse en la Encarnación del Verbo. En aquél acontecimiento único, que inauguró una nueva economía salvadora basada en el encuentro y el intercambio, es decir en el encuentro con la Belleza que toma rostro y el intercambio de belleza por Belleza.
Siempre me ha impresionado aquella pregunta de Dostoievski en su novela “El idiota” que hace por labios del ateo Hippolit al príncipe Myskin: “¿Es verdad, príncipe, que dijisteis un día que al mundo lo salvará la belleza? Señores –gritó dirigiéndose a todos–, el príncipe afirma que el mundo será salvado por la belleza… ¿Qué belleza salvará al mundo?”.La belleza de la que os hablo no es la belleza seductora que aleja de la verdadera meta a la que tiende nuestro corazón inquieto; yo me refiero a la belleza de Dios, a aquella que san Agustín confiesa como objeto de su amor purificado por la conversión, la belleza de Dios (San Agustín, Confesiones, 10, 27). Esa pregunta, ¿qué belleza salvará al hombre y al mundo?, debe ser un estímulo en nuestra vida. No basta deplorar y denunciar las fealdades del mundo. En nuestra época que tiende al desencanto, en la que hablamos de tantas formas de deberes, programas, exigencias, es preciso hablar con un corazón cargado de amor compasivo, experimentando ese amor de Dios, de la Belleza que engendra entusiasmo en toda tarea.
Hay que descubrir y rastrear el entusiasmo que un día en el monte de la transfiguración experimentaron los primeros discípulos, cuando con aquellas palabras en su boca, “¡que bien estamos aquí!” (Mt 17, 4), nos decían que junto a la suprema Belleza, revelada en Jesucristo, se sentían a gusto, realizados, transfigurados ellos también. Hoy necesitamos experimentar la cercanía de la Belleza, del Dios que nos ha sido revelado en Jesucristo.
Quizá la contemplación del arte en todas sus facetas, nos puede ayudar a descubrir, acercar y vislumbrar la Belleza: perplejos ante un cuadro, escuchando una pieza musical, contemplando una imagen construida en cualquier material, en los maravillosos ángeles de nuestra Catedral de Valencia, en la contemplación del horizonte de un paisaje, en la sucesión de imágenes en el cine, en la recitación de un poema, en la lectura de una novela. Pero también atisbamos la Belleza que nos habla al corazón o cuando se nos presenta realmente en nuestra vida: en la escucha de la Palabra, en la contemplación del Misterio de la Eucaristía, en la Liturgia celebrada.
Contemplad a Jesucristo que es la revelación de la Belleza. Contempladlo en el Misterio de la Encarnación. ¡Qué fuerza tiene el misterio de la Encarnación! ¡Qué grandeza para vislumbrar nuestra belleza naciendo de la comunión con la Belleza! ¡Es tanta Belleza la que se manifiesta en este mundo! La Encarnación tiene como un doble movimiento de ascenso y descenso: el Hijo de Dios se hace hombre (descenso), pero no para que haya un hombre más, sino para que los hombres lleguen a ser hijos de Dios (ascenso); pasa por la muerte (descenso) para acabar con la muerte (ascenso); se hace pecado (descenso) para vencer al pecado (ascenso); se somete a la ley (descenso) para liberarnos de la ley (ascenso). Como dice Paul Bougy, “la Encarnación acaba en el misterio de la Ascensión: descendit et ascendit, bajó y subió; bajó solo, pero subió llevando consigo a una multitud”.
Un día Erich Fromm pudo escribir: “En nuestro siglo el problema es que el hombre está muerto”. Yo lo llamaría “vacío existencial”, el hombre no sabe lo que es ser hombre, por ello la necesidad de acercarse a quien manifestó la Belleza suprema haciéndose Hombre como nosotros, a Jesucristo. El mejor servicio que podemos prestar a esta humanidad es saber de la Belleza y anunciar la Belleza. Y un trabajo fundamental para nosotros los cristianos es acercar a los hombres a experimentar la cercanía de la Belleza. Busca y encuentra a Dios en la belleza. Recupera tu belleza con la Belleza.
Con gran afecto y mi bendición
+ Carlos, Arzobispo de Valencia
CATEQUESIS DEL PAPA: 20 de Enero. vatican.va
Queridos hermanos y hermanas:
En una catequesis reciente ilustré ya el papel providencial que tuvieron la Orden de los Frailes Menores y la Orden de los Frailes Predicadores, fundadas respectivamente por san Francisco de Asís y por santo Domingo de Guzmán, en la renovación de la Iglesia de su tiempo. Hoy quiero presentaros la figura de san Francisco, un auténtico "gigante" de la santidad, que sigue fascinando a numerosísimas personas de todas las edades y religiones.
"Nacióle un sol al mundo". Con estas palabras, el sumo poeta italiano Dante Alighieri alude en la Divina Comedia (Paraíso, Canto XI) al nacimiento de Francisco, que tuvo lugar a finales de 1181 o a principios de 1182, en Asís. Francisco pertenecía a una familia rica —su padre era comerciante de telas— y vivió una adolescencia y una juventud despreocupadas, cultivando los ideales caballerescos de su tiempo. A los veinte años tomó parte en una campaña militar y lo hicieron prisionero. Enfermó y fue liberado. A su regreso a Asís, comenzó en él un lento proceso de conversión espiritual que lo llevó a abandonar gradualmente el estilo de vida mundano que había practicado hasta entonces. Se remontan a este período los célebres episodios del encuentro con el leproso, al cual Francisco, bajando de su caballo, dio el beso de la paz, y del mensaje del Crucifijo en la iglesita de San Damián. Cristo en la cruz tomó vida en tres ocasiones y le dijo: "Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas". Este simple acontecimiento de escuchar la Palabra del Señor en la iglesia de san Damián esconde un simbolismo profundo. En su sentido inmediato san Francisco es llamado a reparar esta iglesita, pero el estado ruinoso de este edificio es símbolo de la situación dramática e inquietante de la Iglesia en aquel tiempo, con una fe superficial que no conforma y no transforma la vida, con un clero poco celoso, con el enfriamiento del amor; una destrucción interior de la Iglesia que conlleva también una descomposición de la unidad, con el nacimiento de movimientos heréticos. Sin embargo, en el centro de esta Iglesia en ruinas está el Crucifijo y habla: llama a la renovación, llama a Francisco a un trabajo manual para reparar concretamente la iglesita de san Damián, símbolo de la llamada más profunda a renovar la Iglesia de Cristo, con su radicalidad de fe y con su entusiasmo de amor a Cristo. Este acontecimiento, que probablemente tuvo lugar en 1205, recuerda otro acontecimiento parecido que sucedió en 1207: el sueño del Papa Inocencio III, quien en sueños ve que la basílica de San Juan de Letrán, la iglesia madre de todas las iglesias, se está derrumbando y un religioso pequeño e insignificante sostiene con sus hombros la iglesia para que no se derrumbe. Es interesante observar, por una parte, que no es el Papa quien ayuda para que la iglesia no se derrumbe, sino un pequeño e insignificante religioso, que el Papa reconoce en Francisco cuando este lo visita. Inocencio III era un Papa poderoso, de gran cultura teológica y gran poder político; sin embargo, no es él quien renueva la Iglesia, sino el pequeño e insignificante religioso: es san Francisco, llamado por Dios. Pero, por otra parte, es importante observar que san Francisco no renueva la Iglesia sin el Papa o en contra de él, sino sólo en comunión con él. Las dos realidades van juntas: el Sucesor de Pedro, los obispos, la Iglesia fundada en la sucesión de los Apóstoles y el carisma nuevo que el Espíritu Santo crea en ese momento para renovar la Iglesia. En la unidad crece la verdadera renovación.
Volvamos a la vida de san Francisco. Puesto que su padre Bernardone le reprochaba su excesiva generosidad con los pobres, Francisco, ante el obispo de Asís, con un gesto simbólico se despojó de sus vestidos, indicando así que renunciaba a la herencia paterna: como en el momento de la creación, Francisco no tiene nada más que la vida que Dios le ha dado, a cuyas manos se entrega. Desde entonces vivió como un eremita, hasta que, en 1208, tuvo lugar otro acontecimiento fundamental en el itinerario de su conversión. Escuchando un pasaje del Evangelio de san Mateo —el discurso de Jesús a los Apóstoles enviados a la misión—, Francisco se sintió llamado a vivir en la pobreza y a dedicarse a la predicación. Otros compañeros se asociaron a él y en 1209 fue a Roma, para someter al Papa Inocencio III el proyecto de una nueva forma de vida cristiana. Recibió una acogida paterna de aquel gran Pontífice, que, iluminado por el Señor, intuyó el origen divino del movimiento suscitado por Francisco. El "Poverello" de Asís había comprendido que todo carisma que da el Espíritu Santo hay que ponerlo al servicio del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia; por lo tanto, actuó siempre en plena comunión con la atoridad eclesiástica. En la vida de los santos no existe contraste entre carisma profético y carisma de gobierno y, si se crea alguna tensión, saben esperar con paciencia los tiempos del Espíritu Santo.
En realidad, en el siglo XIX y también en el siglo pasado algunos historiadores intentaron crear detrás del Francisco de la tradición, lo que llamaban un Francisco histórico, de la misma manera que detrás del Jesús de los Evangelios se intenta crear lo que llaman el Jesús histórico. Ese Francisco histórico no habría sido un hombre de Iglesia, sino un hombre unido inmediatamente sólo a Cristo, un hombre que quería crear una renovación del pueblo de Dios, sin formas canónicas y sin jerarquía. La verdad es que san Francisco tuvo realmente una relación muy inmediata con Jesús y con la Palabra de Dios, que quería seguir sine glossa, tal como es, en toda su radicalidad y verdad. También es verdad que inicialmente no tenía la intención de crear una Orden con las formas canónicas necesarias, sino que, simplemente, con la Palabra de Dios y la presencia del Señor, quería renovar el pueblo de Dios, convocarlo de nuevo a escuchar la Palabra y a obedecer a Cristo. Además, sabía que Cristo nunca es "mío", sino que siempre es "nuestro"; que a Cristo no puedo tenerlo "yo" y reconstruir "yo" contra la Iglesia, su voluntad y sus enseñanzas; sino que sólo en la comunión de la Iglesia construida sobre la sucesión de los Apóstoles se renueva también la obediencia a la Palabra de Dios.
También es verdad que no tenía intención de crear una nueva Orden, sino solamente renovar el pueblo de Dios para el Señor que viene. Pero entendió con sufrimiento y con dolor que todo debe tener su orden, que también el derecho de la Iglesia es necesario para dar forma a la renovación y así en realidad se insertó totalmente, con el corazón, en la comunión de la Iglesia, con el Papa y con los obispos. Sabía asimismo que el centro de la Iglesia es la Eucaristía, donde el Cuerpo de Cristo y su Sangre se hacen presentes. A través del Sacerdocio, la Eucaristía es la Iglesia. Donde sacerdocio y Cristo y comunión de la Iglesia van juntos, sólo aquí habita también la Palabra de Dios. El verdadero Francisco histórico es el Francisco de la Iglesia y precisamente de este modo habla también a los no creyentes, a los creyentes de otras confesiones y religiones.
Francisco y sus frailes, cada vez más numerosos, se establecieron en "la Porziuncola", o iglesia de Santa María de los Ángeles, lugar sagrado por excelencia de la espiritualidad franciscana. También Clara, una joven de Asís, de familia noble, se unió a la escuela de Francisco. Así nació la Segunda Orden franciscana, la de las clarisas, otra experiencia destinada a dar insignes frutos de santidad en la Iglesia.
También el sucesor de Inocencio III, el Papa Honorio III, con su bula Cum dilecti de 1218 sostuvo el desarrollo singular de los primeros Frailes Menores, que iban abriendo sus misiones en distintos países de Europa, incluso en Marruecos. En 1219 Francisco obtuvo permiso para ir a Egipto a hablar con el sultán musulmán Melek-el-Kâmel, para predicar también allí el Evangelio de Jesús. Deseo subrayar este episodio de la vida de san Francisco, que tiene una gran actualidad. En una época en la cual existía un enfrentamiento entre el cristianismo y el islam, Francisco, armado voluntariamente sólo de su fe y de su mansedumbre personal, recorrió con eficacia el camino del diálogo. Las crónicas nos narran que el sultán musulmán le brindó una acogida benévola y un recibimiento cordial. Es un modelo en el que también hoy deberían inspirarse las relaciones entre cristianos y musulmanes: promover un diálogo en la verdad, en el respeto recíproco y en la comprensión mutua (cf. Nostra aetate, 3). Parece ser que después, en 1220, Francisco visitó la Tierra Santa, plantando así una semilla que daría mucho fruto: en efecto, sus hijos espirituales hicieron de los Lugares donde vivió Jesús un ámbito privilegiado de su misión. Hoy pienso con gratitud en los grandes méritos de la Custodia franciscana de Tierra Santa.
A su regreso a Italia, Francisco encomendó el gobierno de la Orden a su vicario, fray Pietro Cattani, mientras que el Papa encomendó la Orden, que recogía cada vez más adhesiones, a la protección del cardenal Ugolino, el futuro Sumo Pontífice Gregorio IX. Por su parte, el Fundador, completamente dedicado a la predicación, que llevaba a cabo con gran éxito, redactó una Regla, que fue aprobada más tarde por el Papa.
En 1224, en el eremitorio de la Verna, Francisco ve el Crucifijo en la forma de un serafín y en el encuentro con el serafín crucificado recibe los estigmas; así llega a ser uno con Cristo crucificado: un don, por lo tanto, que expresa su íntima identificación con el Señor.
La muerte de Francisco —su transitus— aconteció la tarde del 3 de octubre de 1226, en "la Porziuncola". Después de bendecir a sus hijos espirituales, murió, recostado sobre la tierra desnuda. Dos años más tarde el Papa Gregorio IX lo inscribió en el catálogo de los santos. Poco tiempo después, en Asís se construyó una gran basílica en su honor, que todavía hoy es meta de numerosísimos peregrinos, que pueden venerar la tumba del santo y gozar de la visión de los frescos de Giotto, el pintor que ilustró de modo magnífico la vida de Francisco.
Se ha dicho que Francisco representa un alter Christus, era verdaderamente un icono vivo de Cristo. También fue denominado "el hermano de Jesús". De hecho, este era su ideal: ser como Jesús; contemplar el Cristo del Evangelio, amarlo intensamente, imitar sus virtudes. En particular, quiso dar un valor fundamental a la pobreza interior y exterior, enseñándola también a sus hijos espirituales. La primera Bienaventuranza en el Sermón de la montaña —Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5, 3)— encontró una luminosa realización en la vida y en las palabras de san Francisco. Queridos amigos, los santos son realmente los mejores intérpretes de la Biblia; encarnando en su vida la Palabra de Dios, la hacen más atractiva que nunca, de manera que verdaderamente habla con nosotros. El testimonio de Francisco, que amó la pobreza para seguir a Cristo con entrega y libertad totales, sigue siendo también para nosotros una invitación a cultivar la pobreza interior para crecer en la confianza en Dios, uniendo asimismo un estilo de vida sobrio y un desprendimiento de los bienes materiales.
En Francisco el amor a Cristo se expresó de modo especial en la adoración del Santísimo Sacramento de la Eucaristía. En las Fuentes franciscanas se leen expresiones conmovedoras, como esta: "¡Tiemble el hombre todo entero, estremézcase el mundo todo y exulte el cielo cuando Cristo, el Hijo de Dios vivo, se encuentra sobre el altar en manos del sacerdote! ¡Oh celsitud admirable y condescendencia asombrosa! ¡Oh sublime humildad, oh humilde sublimidad: que el Señor del mundo universo, Dios e Hijo de Dios, se humilla hasta el punto de esconderse, para nuestra salvación, bajo una pequeña forma de pan!" (Francisco de Asís, Escritos, Editrici Francescane, Padua 2002, p. 401).
En este Año sacerdotal me complace recordar también una recomendación que Francisco dirigió a los sacerdotes: "Siempre que quieran celebrar la misa ofrezcan purificados, con pureza y reverencia, el verdadero sacrificio del santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo" (ib., 399). Francisco siempre mostraba una gran deferencia hacia los sacerdotes, y recomendaba que se les respetara siempre, incluso en el caso de que personalmente fueran poco dignos. Como motivación de este profundo respeto señalaba el hecho de que han recibido el don de consagrar la Eucaristía. Queridos hermanos en el sacerdocio, no olvidemos nunca esta enseñanza: la santidad de la Eucaristía nos pide ser puros, vivir de modo coherente con el Misterio que celebramos.
Del amor a Cristo nace el amor hacia las personas y también hacia todas las criaturas de Dios. Este es otro rasgo característico de la espiritualidad de Francisco: el sentido de la fraternidad universal y el amor a la creación, que le inspiró el célebre Cántico de las criaturas. Es un mensaje muy actual. Como recordé en mi reciente encíclica Caritas in veritate, sólo es sostenible un desarrollo que respete la creación y que no perjudique el medio ambiente (cf. nn. 48-52), y en el Mensaje para la Jornada mundial de la paz de este año subrayé que también la construcción de una paz sólida está vinculada al respeto de la creación. Francisco nos recuerda que en la creación se despliega la sabiduría y la benevolencia del Creador. Él entiende la naturaleza como un lenguaje en el que Dios habla con nosotros, en el que la realidad se vuelve transparente y podemos hablar de Dios y con Dios.
Querido amigos, Francisco fue un gran santo y un hombre alegre. Su sencillez, su humildad, su fe, su amor a Cristo, su bondad con todo hombre y toda mujer lo hicieron alegre en cualquier situación. En efecto, entre la santidad y la alegría existe una relación íntima e indisoluble. Un escritor francés dijo que en el mundo sólo existe una tristeza: la de no ser santos, es decir, no estar cerca de Dios. Mirando el testimonio de san Francisco, comprendemos que el secreto de la verdadera felicidad es precisamente: llegar a ser santos, cercanos a Dios.
Que la Virgen, a la que Francisco amó tiernamente, nos obtenga este don. Nos encomendamos a ella con las mismas palabras del "Poverello" de Asís: "Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a ti, hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros... ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro" (Francisco de Asís, Escritos, 163).
CARTA DE D. CARLOS, ARZ. DE VALENCIA
El Papa Pablo VI escribió hace unos años lo siguiente: “la ruptura entre Evangelio y cultura es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo” (EN 20c). Sin lugar a dudas, con esa ruptura han salido perdiendo ambas partes, la fe y la cultura. Y es que la cultura necesita ese “suplemento de alma” que reclamaba Bergson en “Les deux sources de la morale et de la religión”.
Se ha dicho en infinidad de ocasiones que nuestra cultura, nuestro mundo, es “un mundo sin hogar”. Y lo es porque le falta la presencia viva de Dios, de la Belleza. ¡Qué duro le resulta al ser humano no sentirse “en casa” en esta sociedad y en último término no sentirse consigo mismo! Ya dijo Ortega que “una cultura contra la cual puede lanzarse el gran argumento ad hominem de que no nos hace felices, es una cultura incompleta”. No hacernos felices, es decir, que no nos llena, que algo muy importante le falta.Por otra parte, resulta tremendamente significativo que el Papa Juan Pablo II en la carta que escribió con motivo de la constitución del Consejo Pontificio para la Cultura, junto a la tarea de dialogar con la cultura y las culturas, le encargase “defender al hombre”. Y al hombre se le defiende manteniéndole en manos de quien salió. Es Dios quien le ha creado, es la Belleza misma quien lo creó a imagen suya.
Oigamos a Dios mismo que en el acto de la creación dijo: “hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y mande en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas, y en todas las sierpes que serpean sobre la tierra. Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó” (Gn 1, 26-27).
La recomendación de “defender al hombre” que hace el Papa, no viene solamente porque facilitará a la humanidad el necesario plus de sentido, sino porque a menudo los comportamientos sociales injustos y deshumanizantes vienen legitimados y promovidos por esquemas de pensamiento que circulan como buenos y necesarios para la sociedad, sin que nadie los discuta y en los que falta la presencia de la Belleza misma, de Dios. “Defender al hombre”, es mantenerlo en la belleza que le dio Dios mismo, suprema Belleza.
Hay muchos modelos que se pueden establecer en las relaciones entre fe y cultura, me voy a permitir reducirlos a tres: 1) un modelo es cuando la fe desprecia la cultura; 2) otro modelo es cuando la fe se identifica con la cultura; 3) y otro modelo, que es el verdadero, es cuando la fe dialoga con la cultura. Este tercer modelo es el correcto, pues es el del diálogo. Como escribía el Papa Pablo VI en la Encícilica “Eclesiam suam”: “La Iglesia debe entablar diálogo con el mundo en el que tiene que vivir. La Iglesia se hace coloquio” (ES 60). Y ¿por qué este diálogo?, porque debe inspirarse en la Encarnación del Verbo. En aquél acontecimiento único, que inauguró una nueva economía salvadora basada en el encuentro y el intercambio, es decir en el encuentro con la Belleza que toma rostro y el intercambio de belleza por Belleza.
Siempre me ha impresionado aquella pregunta de Dostoievski en su novela “El idiota” que hace por labios del ateo Hippolit al príncipe Myskin: “¿Es verdad, príncipe, que dijisteis un día que al mundo lo salvará la belleza? Señores –gritó dirigiéndose a todos–, el príncipe afirma que el mundo será salvado por la belleza… ¿Qué belleza salvará al mundo?”.La belleza de la que os hablo no es la belleza seductora que aleja de la verdadera meta a la que tiende nuestro corazón inquieto; yo me refiero a la belleza de Dios, a aquella que san Agustín confiesa como objeto de su amor purificado por la conversión, la belleza de Dios (San Agustín, Confesiones, 10, 27). Esa pregunta, ¿qué belleza salvará al hombre y al mundo?, debe ser un estímulo en nuestra vida. No basta deplorar y denunciar las fealdades del mundo. En nuestra época que tiende al desencanto, en la que hablamos de tantas formas de deberes, programas, exigencias, es preciso hablar con un corazón cargado de amor compasivo, experimentando ese amor de Dios, de la Belleza que engendra entusiasmo en toda tarea.
Hay que descubrir y rastrear el entusiasmo que un día en el monte de la transfiguración experimentaron los primeros discípulos, cuando con aquellas palabras en su boca, “¡que bien estamos aquí!” (Mt 17, 4), nos decían que junto a la suprema Belleza, revelada en Jesucristo, se sentían a gusto, realizados, transfigurados ellos también. Hoy necesitamos experimentar la cercanía de la Belleza, del Dios que nos ha sido revelado en Jesucristo.
Quizá la contemplación del arte en todas sus facetas, nos puede ayudar a descubrir, acercar y vislumbrar la Belleza: perplejos ante un cuadro, escuchando una pieza musical, contemplando una imagen construida en cualquier material, en los maravillosos ángeles de nuestra Catedral de Valencia, en la contemplación del horizonte de un paisaje, en la sucesión de imágenes en el cine, en la recitación de un poema, en la lectura de una novela. Pero también atisbamos la Belleza que nos habla al corazón o cuando se nos presenta realmente en nuestra vida: en la escucha de la Palabra, en la contemplación del Misterio de la Eucaristía, en la Liturgia celebrada.
Contemplad a Jesucristo que es la revelación de la Belleza. Contempladlo en el Misterio de la Encarnación. ¡Qué fuerza tiene el misterio de la Encarnación! ¡Qué grandeza para vislumbrar nuestra belleza naciendo de la comunión con la Belleza! ¡Es tanta Belleza la que se manifiesta en este mundo! La Encarnación tiene como un doble movimiento de ascenso y descenso: el Hijo de Dios se hace hombre (descenso), pero no para que haya un hombre más, sino para que los hombres lleguen a ser hijos de Dios (ascenso); pasa por la muerte (descenso) para acabar con la muerte (ascenso); se hace pecado (descenso) para vencer al pecado (ascenso); se somete a la ley (descenso) para liberarnos de la ley (ascenso). Como dice Paul Bougy, “la Encarnación acaba en el misterio de la Ascensión: descendit et ascendit, bajó y subió; bajó solo, pero subió llevando consigo a una multitud”.
Un día Erich Fromm pudo escribir: “En nuestro siglo el problema es que el hombre está muerto”. Yo lo llamaría “vacío existencial”, el hombre no sabe lo que es ser hombre, por ello la necesidad de acercarse a quien manifestó la Belleza suprema haciéndose Hombre como nosotros, a Jesucristo. El mejor servicio que podemos prestar a esta humanidad es saber de la Belleza y anunciar la Belleza. Y un trabajo fundamental para nosotros los cristianos es acercar a los hombres a experimentar la cercanía de la Belleza. Busca y encuentra a Dios en la belleza. Recupera tu belleza con la Belleza.
Con gran afecto y mi bendición
+ Carlos, Arzobispo de Valencia
http://www.archivalencia.org/
RESSÓ DE LA PARAULA.
El pasado día 23 de enero fue proclamado «beato» Mn. Josep Samsó Elias, presbítero y mártir, de la Archidiócesis de Barcelona. Quienes ahora formamos parte de la diócesis de Sant Feliu nos sentimos particularmente vinculados a él, por el hecho de haber nacido en Castellbisbal y haber ejercido como párroco de Sant Joan de Mediona. Es por ello que compartimos especialmente el gozo y la alabanza a Dios, porque de nuestro pueblo, ha surgido tal fruto de santidad. Nos parece mejor usar hoy el adjetivo «bienaventurado » en vez de «beato» por una razón psicológica. Los dos adjetivos quieren decir lo mismo, pero el uso y la costumbre nos han hecho relacionar «beato» más con el hecho de la canonización, como reconocimiento de que está en la gloria, mientras que el adjetivo «bienaventurado » lo relacionemos con las Bienaventuranzas
evangélicas, que nos marcan una conducta para vivir aquí en la tierra. Eso nos
despista, haciéndonos olvidar algo esencial: que si hoy la Iglesia proclama beato, o sea, «feliz » a Mn. Samsó es precisamente porque ha vivido aquí en la tierra las Bienaventuranzas. Hemos de recordar que ya las Bienaventuranzas, tanto en la versión del Evangelio de san Mateo, como en la de san Lucas, hacen una referencia esencial al cielo. Son una proclamación, casi un grito de exultación, anunciando el cielo y la gloria, para todos aquellos que en el presente,
aquí en la tierra, sufren todo tipo de padecimientos.
El secreto, el misterio, de las Bienaventuranzas es precisamente haber puesto en relación directa la historia del sufrimiento humano con el triunfo de la gloria. Podemos decir que este secreto es el corazón del Evangelio, de la Buena
Noticia, que nos ha traído Jesucristo. Era, además, tan profunda la convicción de Jesucristo al respecto, que no dudó en proclamar ya hoy, en esta tierra, bienaventurados y felices, a los que son pobres de espíritu, quienes lloran, los humildes, los que tienen hambre y sed de ser justos… En este sentido Mn. Samsó ya fue «beato» aquí en la tierra.
Por lo que conocemos de su vida, podemos descubrir algunos rasgos de su bienaventuranza.
El primero, uno que en las palabras de Jesús no aparece acompañado del adjetivo «feliz o bienaventurado», pero que participa del mismo tono de felicitación de todo el discurso. Podríamos formularlo así: «Bienaventurados quienes cumplen y enseñan a cumplir uno de los mandamientos pequeños de la Ley de Dios» (cf. Mt 5,0 18-19).
La bienaventuranza sería aquello que dice el mismo texto en boca de Jesús: «Serán tenidos por grandes en el Reino del cielo». Así pues, Mn. Samsó era bienaventurado ya como gran catequista.
Nos conviene recordarlo hoy:
—Bienaventurados los catequistas, los educadores cristianos, los padres y los evangelizadores: serán considerados grandes en el Reino del cielo.
—Bienaventurados, porque no sólo enseñan el Evangelio, sino porque lo cumplen.
—Bienaventurados, porque su vida es su mejor enseñanza.
Porque Jesús siempre puso el acento en el cumplimiento de aquello enseñado o escuchado. Quienes cumplen son su verdadera familia (cf. Lc 8,21) y auténticamente felices (Lc 11,28). La mejor sesión de catequesis que hizo Mn. Samsó fue su muerte martirial. Maestro y testigo. Como Jesús mismo.
† Agustí Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat
wwww.bisbatsantfeliu.org
AÑO SACERDOTAL: SAN JUAN BOSCO.
Nació en Castelnuovo, al norte de Roma, hijo de pobres campesinos, cuando apenas tenía dos años su padre murió, teniendo su madre Margarita que levantar la familia. En aquella familia donde muchas veces faltaba la comida todas las mñananas se rezaba el rosario y por la noche se leía la vida de un santo y una página misionera. El niño creció creció trabajando en el campo y destinando las horas libres a la lectura y formación cristiana. A los 9 años tuvo un sueño que determinaría su vida. En él vio unas fieras que se trasformaban en corderitos, a continuación unos niños que se peleaban. Él intentó apaciguarlos con patadas y golpes. Oyó una voz: no con golpes, sino con bondad y mansedumbre, se puede transformar estos niños en corderitos. En aquel sueño vio a Jesús y a María, a quien desde entonces honró bajo la advocación de “Auxiliadora de los cristianos”.
Porque aquel niño era sobre todo vivaz, baste descubrir sus aficiones: saltimbanqui, prestidigitador, cantor, titiritero,
En 1840 fue ordenado sacerdocio. El 8 de Diciembre de 1841 se preparaba para la misa cuando se encontró con Bartolomé Garelli, un chico de catorce años, huérfano, sin casa. Don Bosco le invitó a rezar con un Ave María y a volver con otros compañeros. Así nació la Obra del Oratorio. Allí los muchachos encontraban comida y alojamiento, estudiaban o aprendían un oficio y sobre todo aprendían a amar a Cristo.
Su amor por rescatar a los muchachos de la miseria se resume en estas palabras suyas: “con la bondad y el amor trato de ganar para el Señor a estos mis amigos”. Y por ellos sacrificó hasta su salud y para ellos fundó la Congregación Salesiana destinada a los muchachos y la Congregación de Hijas de María Auxiliadora destinada a las muchachas.
Además de los jóvenes, en aquellos años difíciles para el Papado, apoyó al Papa Beato Pío IX, mientras su obra se extendió por Europa y América Latina, mientras él recorrió Italia, Francia y España, gozando de fama de santidad. Su tiempo lo destinaba a escribir y divulgar opúsculos fáciles para la instrucción cristiana del pueblo, a la confesión, la adoración del Santísimo y la entrega a los demás. Agotado por un trabajo incesante y enfermo murió el 31 de Enero de 1888 murió, siendo canonizado en 1934.
Su vida fue la de un sacerdote profundamente humano, entregado a Cristo y enamorado de María, una vida entregada en favor de los jóvenes marginados. Ante los problemas de la juventud, él no sólo habló sino que actuó, siendo el precursor de la formación profesional como via de integración de los jóvenes.
MADRE TERESA DE CALCUTA.
Por qué te afliges, alma mía, por qué te quejas?Espera en Dios, que aún he de alabarlo, Salud de mi rostro, Dios mío (Salmos 42:5-6).
Reflexiones de la Madre:
Agradeciendo las miles de oportunidades que Jesús nos brinda para traer la esperanza a multitud de vidas, ayudaremos a este mundo problemático y al borde de la desesperación, a descubrir una nueva razón para vivir o para morir con un gesto de satisfacción.
Cuando el pequeño Sunil tenía 11 años– su padre murió. Su madre, desesperada, bebió algo y murió, con el pequeño sentada junto a ella. Le llevé a Shishu Bhavan. No quería comer. Me imagine que quería morir como su madre. Le dije a Sr. Agnes, “¡Intenta algo!” . Ella debía parecerse a su madre… porque con ella comenzó a comer y se recuperó. Ahora tiene 21 años y hace unos días me dijo” Quiero hacer con los niños pobres lo que hicisteis conmigo.”
Una vez recogí a un hombre de una alcantarilla. Su cuerpo estaba lleno de gusanos. Lo llevé al hogar y con una voz fuerte me dijo “He vivido como un animal en las calles, pero voy a morir como un ángel amado y cuidado”. Dos horas después murió, con una gran sonrisa en su rostro, sin lamento, sin angustia y sin maldecir.
2 ª Semana (Febrero 7 - 13)
Escrituras:
Que el Dios de la esperanza llene de alegría y paz vuestra fe, y que la fuerza del Espíritu Santo os colme de esperanza (Romanos 15:13).
Os recuerdo en mis oraciones para que ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza de su llamada, cuál la riqueza de la Gloria de su herencia otorgada a su pueblo. (Efesios 1:18).
Reflexiones de la Madre:
La gente pide ayuda espiritual y consejo. Algunos están tan asustados y descorazonados que acaban suicidándose. Por ello debemos concentrarnos en transmitir el amor de Dios y su presencia – no en palabras, sino en actos concretos, de amor, de escucha.
In Bourke ... me acerqué a un señor mayor y le pregunté “¿no enciendes la luz?”. Su habitación estaba mugrienta y la bombilla también estaba llena de suciedad. La limpié y la encendí. Dos años más tarde, él dijo “Decidle a mi amiga que la luz que ella encendió en mi vida sigue encendida.”. Para las Misioneras de la Caridad es muy importante que seamos transmisoras del amor de Dios. En muchos sitios dicen que las Misioneras llevamos la luz de la esperanza y esperan nuestra llegada. Hace un tiempo había un matrimonio que se amaba muchísimo. Cuando la esposa murió, el marido estaba muy enfadado y le dije “Ella se ha ido a la casa con Jesús, pero está más cerca de ti que nunca, porque Jesús está en tu corazón y ella, Phyllis, está con Jesús y por tanto, está en tu corazón. “Más tarde, me escribió una carta, “No sé lo que sus palabras hicieron, pero borraron la mitad del dolor y la pena. No sé cómo agradecérselo…”.
http://www.motherteresa.org/Centenary/Spanish/February_sp.html
ORAR CON EL SEMINARIO MENOR DE VALENCIA. SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA.
Día 1: Al posesionarse de su cargo de Arzobispo, los sacerdotes de la ciudad le obsequiaron 4,000 monedas de plata. Dijo: "los pobres necesitan esto más que yo. ¿Qué lujos y comodidades puede necesitar un sencillo fraile y religioso como soy yo?".
Palabra: Sab 2,1.10-11.
-Día 2: Algunos lo criticaban porque usaba una sotana muy vieja y desteñida, y él respondía: "Lo importante no es una sepultura. Lo importante es embellecer el alma que nunca se va a morir".
Palabra: Lc 18,24-27.
-Día 3: Lo que más le interesaba era transformar a sus sacerdotes. A los menos cumplidores se los ganaba de amigos y poco a poco a base de consejos y peticiones amables los hacía volverse mejores. A uno que no quería cambiar, lo llamó a su palacio y le dijo: "Yo soy el que tengo la culpa de que usted no quiera enmendarse. Porque no he hecho penitencias por su conversión, por eso no ha cambiado". Y quitándose la camisa empezó a darse latigazos a sí mismo hasta derramar sangre. El otro se arrodilló llorando y le pidió perdón y desde ese día mejoró totalmente su conducta.
Palabra: Si 3,17-20.
-Día 4: A quienes lo criticaban por dar demasiadas ayudas aun a vagos, les decía: "mi primer deber es no negar un favor a quien lo necesita, si en mi poder está el hacerlo. Si abusan de lo que reciben, ellos responderán ante Dios".
Palabra: Si 7, 32-36
-Día 5: "¿En qué otra cosa puedes gastar mejor tu dinero que en pagar tus culpas a Dios, haciendo limosna? Si quieres que Dios oiga tus oraciones, tienes que escuchar la petición de ayuda que te hacen los pobres. Debes anticiparte a repartir ayudas a los que no se atreven a pedir".
Palabra: Si 3, 30-4,6
-Día 6 y 7: Repetir textos anteriores.
-Día 8: Algunos le decían que debía ser más fuerte y lanzar maldiciones contra los que vivían en unión libre. Él respondía: "Hago todo lo que me es posible por animarlos a que se pongan en paz con Dios y que no vivan más en pecado. Pero nunca quiero emplear métodos agresivos contra nadie". Si oía hablar de otro respondía: "Quizás lo que hizo fue malo, pero probablemente sus intenciones eran buenas".
Palabra: Mt 18,12-14
-Día 9: Porque los pobres de espíritu y los mansos, llorosos, y los demás de estas siete palabras, no son los que tienen estas virtudes así como quiera, mas los que en el más alto grado, y a modo de espíritu divino más que humano. Así como el que fuere tan humilde, que tuviere muy claro conocimiento cómo de sí mismo es nada, y amare con grande amor su propio desprecio, dando de corazón la honra a Dios, éste será pobre de espíritu.
Palabra: Mt 5,3-12
-Día 10: Y el que se hallare libre, no sólo del deseo de venganza, más aún de la turbación de la ira, dándose suave y afable a los rencillosos, como si no hubiera sido injuriado, éste será el manso de quien aquí se habla.
Palabra: Mi 6,3-8
-Día 11: Y el que huyere los deleites presentes y tomare el gemido por canto, abrazando los trabajos con mayor afición que los mundanos sus placeres, éste es lloroso bienaventurado.
Palabra: 1Pe 4,12-16
-Día 12: Quien tuviere los males ajenos por suyos, a semejanza de madre, que está más enferma y llorosa por la enfermedad de su unigénito hijo, que el buen hijo que padece, éste es el buen misericordioso.
Palabra: Mt 25,31-40
-Día 13 y 14: Repetir días anteriores.
RESSÓ DE LA PARAULA.
El pasado día 23 de enero fue proclamado «beato» Mn. Josep Samsó Elias, presbítero y mártir, de la Archidiócesis de Barcelona. Quienes ahora formamos parte de la diócesis de Sant Feliu nos sentimos particularmente vinculados a él, por el hecho de haber nacido en Castellbisbal y haber ejercido como párroco de Sant Joan de Mediona. Es por ello que compartimos especialmente el gozo y la alabanza a Dios, porque de nuestro pueblo, ha surgido tal fruto de santidad. Nos parece mejor usar hoy el adjetivo «bienaventurado » en vez de «beato» por una razón psicológica. Los dos adjetivos quieren decir lo mismo, pero el uso y la costumbre nos han hecho relacionar «beato» más con el hecho de la canonización, como reconocimiento de que está en la gloria, mientras que el adjetivo «bienaventurado » lo relacionemos con las Bienaventuranzas
evangélicas, que nos marcan una conducta para vivir aquí en la tierra. Eso nos
despista, haciéndonos olvidar algo esencial: que si hoy la Iglesia proclama beato, o sea, «feliz » a Mn. Samsó es precisamente porque ha vivido aquí en la tierra las Bienaventuranzas. Hemos de recordar que ya las Bienaventuranzas, tanto en la versión del Evangelio de san Mateo, como en la de san Lucas, hacen una referencia esencial al cielo. Son una proclamación, casi un grito de exultación, anunciando el cielo y la gloria, para todos aquellos que en el presente,
aquí en la tierra, sufren todo tipo de padecimientos.
El secreto, el misterio, de las Bienaventuranzas es precisamente haber puesto en relación directa la historia del sufrimiento humano con el triunfo de la gloria. Podemos decir que este secreto es el corazón del Evangelio, de la Buena
Noticia, que nos ha traído Jesucristo. Era, además, tan profunda la convicción de Jesucristo al respecto, que no dudó en proclamar ya hoy, en esta tierra, bienaventurados y felices, a los que son pobres de espíritu, quienes lloran, los humildes, los que tienen hambre y sed de ser justos… En este sentido Mn. Samsó ya fue «beato» aquí en la tierra.
Por lo que conocemos de su vida, podemos descubrir algunos rasgos de su bienaventuranza.
El primero, uno que en las palabras de Jesús no aparece acompañado del adjetivo «feliz o bienaventurado», pero que participa del mismo tono de felicitación de todo el discurso. Podríamos formularlo así: «Bienaventurados quienes cumplen y enseñan a cumplir uno de los mandamientos pequeños de la Ley de Dios» (cf. Mt 5,0 18-19).
La bienaventuranza sería aquello que dice el mismo texto en boca de Jesús: «Serán tenidos por grandes en el Reino del cielo». Así pues, Mn. Samsó era bienaventurado ya como gran catequista.
Nos conviene recordarlo hoy:
—Bienaventurados los catequistas, los educadores cristianos, los padres y los evangelizadores: serán considerados grandes en el Reino del cielo.
—Bienaventurados, porque no sólo enseñan el Evangelio, sino porque lo cumplen.
—Bienaventurados, porque su vida es su mejor enseñanza.
Porque Jesús siempre puso el acento en el cumplimiento de aquello enseñado o escuchado. Quienes cumplen son su verdadera familia (cf. Lc 8,21) y auténticamente felices (Lc 11,28). La mejor sesión de catequesis que hizo Mn. Samsó fue su muerte martirial. Maestro y testigo. Como Jesús mismo.
† Agustí Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat
wwww.bisbatsantfeliu.org
AÑO SACERDOTAL: SAN JUAN BOSCO.
Nació en Castelnuovo, al norte de Roma, hijo de pobres campesinos, cuando apenas tenía dos años su padre murió, teniendo su madre Margarita que levantar la familia. En aquella familia donde muchas veces faltaba la comida todas las mñananas se rezaba el rosario y por la noche se leía la vida de un santo y una página misionera. El niño creció creció trabajando en el campo y destinando las horas libres a la lectura y formación cristiana. A los 9 años tuvo un sueño que determinaría su vida. En él vio unas fieras que se trasformaban en corderitos, a continuación unos niños que se peleaban. Él intentó apaciguarlos con patadas y golpes. Oyó una voz: no con golpes, sino con bondad y mansedumbre, se puede transformar estos niños en corderitos. En aquel sueño vio a Jesús y a María, a quien desde entonces honró bajo la advocación de “Auxiliadora de los cristianos”.
Porque aquel niño era sobre todo vivaz, baste descubrir sus aficiones: saltimbanqui, prestidigitador, cantor, titiritero,
En 1840 fue ordenado sacerdocio. El 8 de Diciembre de 1841 se preparaba para la misa cuando se encontró con Bartolomé Garelli, un chico de catorce años, huérfano, sin casa. Don Bosco le invitó a rezar con un Ave María y a volver con otros compañeros. Así nació la Obra del Oratorio. Allí los muchachos encontraban comida y alojamiento, estudiaban o aprendían un oficio y sobre todo aprendían a amar a Cristo.
Su amor por rescatar a los muchachos de la miseria se resume en estas palabras suyas: “con la bondad y el amor trato de ganar para el Señor a estos mis amigos”. Y por ellos sacrificó hasta su salud y para ellos fundó la Congregación Salesiana destinada a los muchachos y la Congregación de Hijas de María Auxiliadora destinada a las muchachas.
Además de los jóvenes, en aquellos años difíciles para el Papado, apoyó al Papa Beato Pío IX, mientras su obra se extendió por Europa y América Latina, mientras él recorrió Italia, Francia y España, gozando de fama de santidad. Su tiempo lo destinaba a escribir y divulgar opúsculos fáciles para la instrucción cristiana del pueblo, a la confesión, la adoración del Santísimo y la entrega a los demás. Agotado por un trabajo incesante y enfermo murió el 31 de Enero de 1888 murió, siendo canonizado en 1934.
Su vida fue la de un sacerdote profundamente humano, entregado a Cristo y enamorado de María, una vida entregada en favor de los jóvenes marginados. Ante los problemas de la juventud, él no sólo habló sino que actuó, siendo el precursor de la formación profesional como via de integración de los jóvenes.
MADRE TERESA DE CALCUTA.
Por qué te afliges, alma mía, por qué te quejas?Espera en Dios, que aún he de alabarlo, Salud de mi rostro, Dios mío (Salmos 42:5-6).
Reflexiones de la Madre:
Agradeciendo las miles de oportunidades que Jesús nos brinda para traer la esperanza a multitud de vidas, ayudaremos a este mundo problemático y al borde de la desesperación, a descubrir una nueva razón para vivir o para morir con un gesto de satisfacción.
Cuando el pequeño Sunil tenía 11 años– su padre murió. Su madre, desesperada, bebió algo y murió, con el pequeño sentada junto a ella. Le llevé a Shishu Bhavan. No quería comer. Me imagine que quería morir como su madre. Le dije a Sr. Agnes, “¡Intenta algo!” . Ella debía parecerse a su madre… porque con ella comenzó a comer y se recuperó. Ahora tiene 21 años y hace unos días me dijo” Quiero hacer con los niños pobres lo que hicisteis conmigo.”
Una vez recogí a un hombre de una alcantarilla. Su cuerpo estaba lleno de gusanos. Lo llevé al hogar y con una voz fuerte me dijo “He vivido como un animal en las calles, pero voy a morir como un ángel amado y cuidado”. Dos horas después murió, con una gran sonrisa en su rostro, sin lamento, sin angustia y sin maldecir.
2 ª Semana (Febrero 7 - 13)
Escrituras:
Que el Dios de la esperanza llene de alegría y paz vuestra fe, y que la fuerza del Espíritu Santo os colme de esperanza (Romanos 15:13).
Os recuerdo en mis oraciones para que ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza de su llamada, cuál la riqueza de la Gloria de su herencia otorgada a su pueblo. (Efesios 1:18).
Reflexiones de la Madre:
La gente pide ayuda espiritual y consejo. Algunos están tan asustados y descorazonados que acaban suicidándose. Por ello debemos concentrarnos en transmitir el amor de Dios y su presencia – no en palabras, sino en actos concretos, de amor, de escucha.
In Bourke ... me acerqué a un señor mayor y le pregunté “¿no enciendes la luz?”. Su habitación estaba mugrienta y la bombilla también estaba llena de suciedad. La limpié y la encendí. Dos años más tarde, él dijo “Decidle a mi amiga que la luz que ella encendió en mi vida sigue encendida.”. Para las Misioneras de la Caridad es muy importante que seamos transmisoras del amor de Dios. En muchos sitios dicen que las Misioneras llevamos la luz de la esperanza y esperan nuestra llegada. Hace un tiempo había un matrimonio que se amaba muchísimo. Cuando la esposa murió, el marido estaba muy enfadado y le dije “Ella se ha ido a la casa con Jesús, pero está más cerca de ti que nunca, porque Jesús está en tu corazón y ella, Phyllis, está con Jesús y por tanto, está en tu corazón. “Más tarde, me escribió una carta, “No sé lo que sus palabras hicieron, pero borraron la mitad del dolor y la pena. No sé cómo agradecérselo…”.
http://www.motherteresa.org/Centenary/Spanish/February_sp.html
ORAR CON EL SEMINARIO MENOR DE VALENCIA. SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA.
Día 1: Al posesionarse de su cargo de Arzobispo, los sacerdotes de la ciudad le obsequiaron 4,000 monedas de plata. Dijo: "los pobres necesitan esto más que yo. ¿Qué lujos y comodidades puede necesitar un sencillo fraile y religioso como soy yo?".
Palabra: Sab 2,1.10-11.
-Día 2: Algunos lo criticaban porque usaba una sotana muy vieja y desteñida, y él respondía: "Lo importante no es una sepultura. Lo importante es embellecer el alma que nunca se va a morir".
Palabra: Lc 18,24-27.
-Día 3: Lo que más le interesaba era transformar a sus sacerdotes. A los menos cumplidores se los ganaba de amigos y poco a poco a base de consejos y peticiones amables los hacía volverse mejores. A uno que no quería cambiar, lo llamó a su palacio y le dijo: "Yo soy el que tengo la culpa de que usted no quiera enmendarse. Porque no he hecho penitencias por su conversión, por eso no ha cambiado". Y quitándose la camisa empezó a darse latigazos a sí mismo hasta derramar sangre. El otro se arrodilló llorando y le pidió perdón y desde ese día mejoró totalmente su conducta.
Palabra: Si 3,17-20.
-Día 4: A quienes lo criticaban por dar demasiadas ayudas aun a vagos, les decía: "mi primer deber es no negar un favor a quien lo necesita, si en mi poder está el hacerlo. Si abusan de lo que reciben, ellos responderán ante Dios".
Palabra: Si 7, 32-36
-Día 5: "¿En qué otra cosa puedes gastar mejor tu dinero que en pagar tus culpas a Dios, haciendo limosna? Si quieres que Dios oiga tus oraciones, tienes que escuchar la petición de ayuda que te hacen los pobres. Debes anticiparte a repartir ayudas a los que no se atreven a pedir".
Palabra: Si 3, 30-4,6
-Día 6 y 7: Repetir textos anteriores.
-Día 8: Algunos le decían que debía ser más fuerte y lanzar maldiciones contra los que vivían en unión libre. Él respondía: "Hago todo lo que me es posible por animarlos a que se pongan en paz con Dios y que no vivan más en pecado. Pero nunca quiero emplear métodos agresivos contra nadie". Si oía hablar de otro respondía: "Quizás lo que hizo fue malo, pero probablemente sus intenciones eran buenas".
Palabra: Mt 18,12-14
-Día 9: Porque los pobres de espíritu y los mansos, llorosos, y los demás de estas siete palabras, no son los que tienen estas virtudes así como quiera, mas los que en el más alto grado, y a modo de espíritu divino más que humano. Así como el que fuere tan humilde, que tuviere muy claro conocimiento cómo de sí mismo es nada, y amare con grande amor su propio desprecio, dando de corazón la honra a Dios, éste será pobre de espíritu.
Palabra: Mt 5,3-12
-Día 10: Y el que se hallare libre, no sólo del deseo de venganza, más aún de la turbación de la ira, dándose suave y afable a los rencillosos, como si no hubiera sido injuriado, éste será el manso de quien aquí se habla.
Palabra: Mi 6,3-8
-Día 11: Y el que huyere los deleites presentes y tomare el gemido por canto, abrazando los trabajos con mayor afición que los mundanos sus placeres, éste es lloroso bienaventurado.
Palabra: 1Pe 4,12-16
-Día 12: Quien tuviere los males ajenos por suyos, a semejanza de madre, que está más enferma y llorosa por la enfermedad de su unigénito hijo, que el buen hijo que padece, éste es el buen misericordioso.
Palabra: Mt 25,31-40
-Día 13 y 14: Repetir días anteriores.
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