Lectura
del libro del Eclesiástico 15, 15-20.
Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su
voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que
quieras. Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo
que prefiera. Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo
ve todo. Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del
hombre. A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.
Textos
paralelos.
El te ha puesto delante fuego y agua.
Dt 11, 26-28: Mira. Hoy os pongo delante bendición y maldición: la
bendición, si acatáis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando
hoy; la maldición, si no acatáis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os
desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que
no habíais conocido.
Ante los humanos está la vida y la muerte.
Dt 30, 15-20: Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la
muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te
promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus
preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor tu Dios, te
bendecirá en la tierra adonde vas a entrar para conquistarla. Pero si tu
corazón se aparta y no obedece, si te dejas arrastrar y te prosternas dando
culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que después
de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no
vivirás muchos años en ella. Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y
a la tierra; te pongo delante bendición y maldición. Elige la vida y viviréis
tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a
él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a
tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob.
Jr 21, 8: Le dirás: Así dice el Señor: yo os pongo delante el
amino de la vida y el camino de la muerte.
Tiene un gran poder y todo lo ve.
Sal 33, 13-18: Desde el
cielo se fija el Señor mirando a todos los hombres. Desde su solio observa a
todos los habitantes de la tierra; él, que modeló cada corazón y conoce todas
sus acciones. No vence un rey por su gran ejército, no escapa un soldado por su
mucha fuerza; engañosa es la caballería para la victoria y por su gran ejército
no se salva. Mira: el ojo del Señor sobre sus fieles, que esperan en su
misericordia.
Pone la mirada en los que le temen.
Sal 34, 16: El Señor dirige los ojos a los justos, los oídos a sus
clamores.
Notas
exegéticas.
15 15 Para este segundo hemistiquio,
el Manuscrito A dice: “y la perspicacia para hacer su voluntad”; y añade
(también Manuscrito B): “Si crees en él, también tú vivirás”.
15 17 El Manuscrito B trae otro
estico: “Pues abundante es la sabiduría del Señor, / Dios poderoso que observa
todo”.
15 19 Para este hemistiquio, dice el
Manuscrito A: “Los ojos de Dios ven sus obras”.
15 20 El segundo hemistiquio dice
así en el Manuscrito A: “y no fortaleció a los mentirosos”. A continuación trae
otro estico (también Manuscrito B): “No se apiada de quien obra falsamente, /
ni de quien descubre un secreto”.
Salmo
responsorial
Sal 119 (118), 1-2.4-5.17-18.33-34.
Dichoso
el que camina en la ley del Señor. R/.
Dichoso
el que, con vida intachable,
camina
en la ley del Señor;
dichoso
el que, guardando sus preceptos,
lo
busca de todo corazón. R/.
Tu
promulgas tus mandatos
para
que se observen exactamente.
Ojalá
esté firme mi camino,
para
cumplir tus decretos. R/.
Haz
bien a tu siervo: viviré
y
cumpliré tus palabras;
ábreme
los ojos, y contemplaré
las
maravillas de tu ley. R/.
Muéstrame,
Señor,
el
camino de tus decretos,
y
lo seguiré puntualmente;
enséñame
a cumplir tu ley
y
a guardarla de todo corazón. R/.
Textos
paralelos.
Dichosos los que caminan
rectamente.
Sal 1, 1: Dichoso el hombre que
no camina aconsejado pro los malvados y en el camino de pecadores no se detiene
y en la sesión de los cínicos no toma asiento.
Sal 112, 1: Aleluya, Dichoso el
que respeta al Señor y es entusiasta de sus mandatos.
Mt 5, 3: Dichosos los pobres de
Corazón, porque el reino de Dios les pertenece.
Dt 4, 29: Desde allí buscarás
al Señor, tu Dios, y lo encontrarás si lo buscas de todo corazón y con toda el
alma.
2 Cro 31, 19: El Señor, que es
bueno, perdone a todos los que sirven de corazón a Dios, al Señor Dios de sus
padres, aunque no tengan la pureza ritual.
2 Cro 31, 21: Los israelitas
que se encontraban en Jerusalén celebraron la fiesta de los Ázimos durante
siete días con gran júbilo; los sacerdotes y levitas alababan al Señor día tras
día con todo entusiasmo.
Enséñame, Yahvé, el
camino de tus preceptos.
Sal 19, 12: Aunque tu siervo se
alumbra con ellos y guardarlos trae recompensa.
Notas
exegéticas.
119 Salmo “alfabético”. Los ochos
versos dobles de cada estrofa comienzan con una de las 22 letras del alfabeto
hebreo, y cada uno de ellos, con la única excepción del v. 122, contiene uno de
los términos que designan la Ley: dictamen, ordenanza, precepto, mandamiento,
promesa, palabra, juicio, camino. La palabra “ley” y sus sinónimos han de ser
tomados en el sentido más amplio de la enseñanza revelada, tal como la han
transmitido los profetas. Tenemos en este salmo uno de los monumentos más
característicos de la piedad israelita hacia la revelación divina.
119 17 En este salmo, la vida se
entiende en sentido pleno, felicidad, seguridad, plenitud. Tema frecuente en
Ezequiel 3, 18; 18, 33.
119 33 La fidelidad a los
mandamientos es ya el gozo y la recompensa del justo. Otras traducciones:
griego “lo guardaré continuamente” (arameo, “hasta el final”); Jerónimo y
Rashí: “los guardaré paso a paso”.
119 34 Este deseo [dame
inteligencia], repetido aquí con frecuencia, lo expresan también a menudo los
Sabios.
Segunda
lectura.
Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10.
Hermanos:
Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que
no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer,
sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada
por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de
este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran
crucificado al Señor de la gloria. Sino que, como está escrito: “Ni el ojo vio,
ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que
lo aman”. Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea
todo, incluso lo profundo de Dios.
Textos paralelos.
Una sabiduría de Dios,
misteriosa.
Rm 16, 25: Al que puede
confirmarnos según mi buena noticia y la proclamación de Jesús como Mesías,
según el secreto callado durante siglos.
Desconocida de todos los
jefes de este mundo.
Ef 3, 10: De ese modo ahora en
la Iglesia se manifestará a las autoridades y potestades celestes la multiforme
sabiduría de Dios.
1 P 1, 12: Les revelaron que no
era para ellos, sino para vuestro servicio, eso que ahora han anunciado los que
traen la buena noticia, inspirados por el Espíritu Santo enviado desde el
cielo: cosas que los ángeles querrían presenciar.
Is 19, 11: ¡Qué locos los
magnates de Tanis, los sabios que aconsejan al faraón consejos desatinados!
¿Cómo decís al faraón: Soy discípulo de sabios, discípulo de antiguos reyes?
Is 19, 13: Los magnates de
Tanis son necios, son ilusos los magnates de Menfis, los notables de sus tribus
descarrían a Egipto.
No habrían crucificado al
Señor de la Gloria.
Ba 3, 14: Aprende dónde se
encuentra la prudencia, dónde el valor y dónde la inteligencia; así aprenderás
dónde se encuentra la vida larga, y donde la luz de los ojos y la paz.
Lo que el ojo vio, ni el
oído oyó, ni al corazón humano llegó; lo que Dios preparó para los que lo aman.
Is 64, 3: Jamás oído oyó ni oyó
vio un Dios fuera de ti que hiciera tanto por el que espera en él.
Jr 3, 16: Entonces, cuando
crezcáis y os multipliquéis en el país – oráculo del Señor –, ya no se nombrará
el arca de la alianza del Señor, no se recordará ni mencionará, no se echará de
menos ni se hará otra.
Sal 19, 4: Sin que hablen, sin
que pronuncien, sin que se oiga su voz.
Si 1, 10: La repartió entre los
vivientes, según su generosidad, se la regaló a los que lo aman.
El Espíritu todo lo
sondea hasta las profundidades de Dios.
2 Co 13, 13: La gracia del
Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté con
todos vosotros.
Jn 14, 26: El Valedor, el
Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, os lo enseñará todo y os
recordará todo lo que os dije.
Notas
exegéticas.
2 6 (a) No un grupo esotérico de
iniciados, sino los que han alcanzado el pleno desarrollo de la vida y del
pensamiento cristiano. Se identifican con los espirituales a los que Pablo
contrapone los niños en Cristo, 3 1).
2 6 (b) Por “jefes de este mundo”
hay que entender a las autoridades humanas, o mejor las potencias del mal, los
demonios que reinan en el mundo; o ambas a la vez, ya que las primeras son
instrumentos de las segundas.
2 7 Lit.: “en misterio”. No es una
sabiduría enigmática, sino una sabiduría cuyo objeto es el misterio, el secreto
del designio de la salvación realizada en Cristo.
2 8 En Corinto algunos exaltaban la
gloria de Cristo a expensas de sus padecimientos.
2 9 Utilización combinada de Is 64,
3 y de Jeremías 3, 16 o cita del apócrifo Apocalipsis de Elías.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio según
san Mateo 5, 17-37.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-No creáis que he venido a abolir la Ley y los
Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que
antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra
o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes
y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los
cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos,
no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No
matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se
deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su
hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama
“necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego. Por tanto, si cuando vas
a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano
tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vete primero a reconciliarte
con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone
pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea
que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En
verdad te digo que n o saldrás de allí hasta que hayas pagado el último
céntimo.
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido
adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo
y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale
perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”. Se dijo: “El que
repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia
a su mujer – no hablo de unión ilegítima – la induce a cometer adulterio, y el
que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No
jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no
juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra,
que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey.
Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco, o negro un solo cabello.
Que vuestro hablar sea sí, si, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.
Textos paralelos.
No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas.
Rm 3, 31: Entonces, ¿qué?, ¿privamos a la ley de su valor mediante la fe?
De ningún modo. Más bien confirmamos la ley.
Rm 10, 4: Pues el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo el
que cree.
Rm 13, 8-10: A nadie le debáis nada, más que amor mutuo; porque el que
ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho el no cometerás adulterio, no
matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquiera de los otros mandamientos, se
resume en esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal a su
prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.
Os aseguro que mientras duren el cielo.
Lc 16, 17: Es más fácil que pasen el cielo y la tierra que no que caiga
un ápice de la ley.
Ni una tilde de la ley.
Mt 24, 34-35: En verdad os digo que no pasará esta generación sin que
todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
No de importancia a uno de estos mandamientos.
St 2, 10: Pues quien observa toda la ley, pero falta en un solo precepto.
se hace responsable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, dijo
también: No matarás; por tanto, si no cometes adulterio, pero matas, te haces
transgresor de la ley.
El que los observe y los enseñe, ese será grande.
Ga 6, 2: Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley
de Cristo.
St 1, 25: Pero el que se concentra en una ley perfecta, la de la
libertad, y permanece en ella, no como oyente olvidadizo, sino poniéndola en
práctica, ese será dichoso al practicarla.
Porque os digo que si vuestra justicia.
Lv 19, 15-16: No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al
rico. Juzga con justicia a tu prójimo. No andarás difamando a tu gente, ni
declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
Rm 10, 3: En efecto, desconociendo la justicia de Dios y buscando
establecer su propia justicia, no se sometieron a la justicia de Dios.
Flp 3, 8-9: Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de
ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justificación mía, la de la ley,
sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se
apoya en la fe.
No matarás.
Gn 9, 6: [Alianza de Dios con Noé] Quien derrame la sangre de un hombre
por otro será su sangre derramada; porque a imagen de Dios hizo él al hombre.
Ex 20, 13: No matarás.
Dt 5, 17: No matarás.
Todo aquel que se encolerice contra su hermano.
Si 10, 6: Por ningún agravio guardes rencor al prójimo, ni actúes guiado
por un arrebato de insolencia.
Ef 4, 26-27: Si os indignáis, no lleguéis a pecar; que el solo no se
ponga sobre vuestra ira. No deis ocasión al diablo.
St 1, 19-20: Tened esto presente, mis queridos hermanos: que toda persona
sea pronta para escuchar, lenta para hablar y lenta para la ira, pues la ira
del hombre no produce la justicia que Dios quiere.
Será reo de la Gehenna.
Mt 3, 12: [Juan Bautista] Él tiene el bieldo de la mano: aventará su
parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no
se apaga.
Mc 11, 25: Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra
otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.
Vete primero a reconciliarte.
Si 28, 2: Perdona la ofensa del prójimo y, cuando reces, tus pecados te
serán perdonados.
Lc 12, 58-59: Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz
lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a
la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en
la cárcel.
No hayas pagado el último céntimo.
Ex 20, 14: No cometerás adulterio.
Dt 5, 18: No cometerás adulterio.
Todo el que mira con deseo a una mujer.
Si 9, 5: No te fijes demasiado en la doncella, no sea que te castiguen
por causa suya.
Ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Mt 18, 8-9: Si tu mano o tu pie te induce a pecar, córtatelo y arrójalo
de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo que con las dos manos o los
pies ser arrojado al fuego eterno. Y si tu ojo te induce a pecar, sácalo y
arrójalo de ti. Más te vale entrar en la vida con un solo ojo que con los dos
ser arrojado a la gehenna del fuego.
Todo su cuerpo vaya a la Gehenna.
Dt 24, 1-4: Si uno se casa con una mujer y luego no le gusta, porque
descubre en ella algo vergonzoso, y le escribe el acta de divorcio, se la
entrega y la echa de casa, y ella sale de la casa, va y se casa con otro, y el
segundo también la aborrece, le escribe el acta de divorcio, se la entrega y la
echa de casa, o bien muere el segundo marido, el primer marido, que la
despidió, no podrá casarse otra vez con ella, porque ha quedado impura; sería
una abominación ante el Señor; no eches un pecado sobre la tierra que el Señor,
tu Dios, va a darte en heredad.
Ml 2, 14-16: Y encima decís: “¿Por qué?”. Porque el Señor es testigo de
que traicionaste a la mujer de tu juventud, a tu compañera, a la mujer con
quien te uniste por alianza. Nadie que tenga un mínimo de espíritu actúa así:
¡cuánto menos quien busca descendencia divina! Cuidad vuestro espíritu y no
traicionéis a la mujer de vuestra juventud. El que odia y la despacha, dice el
Señor Dios de Israel, cubre sus vestidos de violencia, dice el Señor del
universo. Cuidad vuestro espíritu y no seáis traidores.
Le dé acta de repudio.
Mt 19, 9: Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer – no hablo de
unión ilegítima – y se casa con otra, comete adulterio.
Todo aquel que repudia a una mujer.
Mc 10, 11-12: Él les dijo: Si uno repudia a su mujer y se casa con otra,
comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con
otro, comete adulterio.
Lc 16, 18: Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra comete
adulterio, y el que se casa con una repudiada por su marido comete adulterio.
Excepto en caso de unión legítima.
1 Co 7, 10-11: A los casados les ordeno, no yo sino el Señor, que la
mujer no se separe del marido; pero si se separa, que permanezca sin casarse o
que se reconcilie con el marido; y que el marido no repudie a la mujer.
Os 1, 2: Comienzo de lo que dijo el Señor por medio de Oseas. Dijo el
Señor a Oseas: Ve y despósate con una mujer ligada a la prostitución y acepta
los hijos de su prostitución, porque el país no hace sino prostituirse,
apartándose del Señor.
Habéis oído que se dijo a los antepasados: No perjuradas.
Ex 20, 7: No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque
no dejará el señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.
Nm 30, 3: Si un hombre hace un voto al Señor o se compromete a algo bajo
juramento; no faltará a su palabra: cumplirá todo lo que ha proferido su boca.
Dt 23, 22: Si haces un voto al Señor tu Dios, no tardarás en cumplirlo,
porque el Señor, tu Dios, te lo reclamarás e incurrirás en pecado.
Si 23, 9: No habitúes tu boca al juramento, ni te acostumbres a nombrar
al Santo.
St 5, 12: Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por
la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí, y vuestro
no, no, para que no caigáis bajo condena.
Sal 11, 4: Pero el Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono
en el cielo y sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres.
Is 66, 1: Esto dice el Señor: El cielo es mi trono, y la tierra, el
estrado de mis pies; ¿Qué templo podréis construirme o que lugar para mi
reposo?
Es el trono de Dios.
Sal 48, 3-4: El monte Sión, confín del cielo, ciudad del gran rey; entre
sus palacios Dios descuella como un alcázar.
Tampoco jures por tu cabeza.
2 Co 1, 17-19: Al hacer estos planes, ¿actué a la ligera?, ¿o es que los
planes que hago los hago con miras humanas, de forma que se dan en mí el sí y
el no? ¡Dios me es testigo! La palabra, que os dirigimos no es sí y no. Pues el
Hijo de Dios, Jesucristo, que fue anunciado entre vosotros por mí, por Silvano
y por Timoteo, no fue sí y no, sino que en él solo hubo sí.
St 5, 12: Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por
la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí, y vuestro
no, no, para que no caigáis bajo condena.
Notas exegéticas Biblia de
Jerusalén.
5 17 Jesús no viene ni a destruir la
Ley (y toda la economía antigua) ni a consagrarla como intangible, sino a darle
con su enseñanza y su modo de actuar una forma nueva y definitiva, en la que
por fin se realiza en plenitud aquello hacia lo que la Ley conducía. Esto es
así, en particular de la “Justicia”, justicia “perfecta”, de la que sentencias
de los vv. 21-48 dan varios ejemplos relevantes. El precepto antiguo se hace
interior y llega hasta el deseo y el motivo secretos. Por tanto, ningún detalle
de la Ley debe ser omitido mientras no haya sido así llevado a su cumplimiento.
No se trata tanto de aligeramiento como de profundización. El amor, en el que
ya se resumía la Ley antigua, pasa a ser el mandamiento nuevo e inagotable y
cumple toda la ley.
5 18 (a) Lit.: “en verdad (Amén) os
digo...”. Introduciendo algunos de sus dichos con Amén, término hebreo
que significa “en verdad”. Jesús subraya su autoridad. La palabra hebrea, que
en su origen significaba “firmeza”, evolucionó en dos direcciones: la de
“verdad” y la de “fidelidad”.
5 18 (b) Se trata de los rasgos más
pequeños del alfabeto hebreo.
5 18 (c) Expresión difícil. Probablemente
no se trata de “hasta que haya cumplido todo en la cruz”, ni “hasta que todos
los mandamientos hayan sido cumplidos por mis discípulos”, sino “hasta que todo
se cumpla”, e.d. hasta el final del mundo. La ley, revalorizada por Jesús,
conservará toda su autoridad.
5 19 Las palabras “el más pequeño...
ese será grande” no implican la idea de una jerarquía en el Reino. Mediante
esta expresión, los rabís aprobaban o desaprobaban los diversos comportamientos
de las personas.
5 20 Justicia es la fidelidad de los
discípulos a la ley de Dios, fidelidad nueva, que la interpretación autorizada
que Jesús ofrece de dicha ley hace posible y urgente. Idéntica palabra con el
mismo sentido en 3, 15.
5 21 Por la enseñanza tradicional,
dada oralmente sobre todo en las sinagogas.
5 22 (a) El término Raqa, traducido
del arameo, significa: cabeza vacía, sin seso.
5 22 (b) Aquí el Gran Sanedrín, que tenía
su sede en Jerusalén, por oposición a los simples “tribunales” distribuidos por
el país.
5 22 (c) Al sentido originario del término
griego “insensato”, el uso judío añadía un matiz mucho más grave de impiedad
religiosa.
5 22 (d) La Gehenna era una de las
vaguadas de Jerusalén donde se ofrecieron holocaustos de niños en honor de
Moloc. Profanado por Josías fue quizá transformado en vertedero público. En
cualquier caso, se convirtió en símbolo de maldición, incluso de maldición eterna
en la literatura apocalíptica. En este último sentido lo emplea el NT (diez
veces en Mt).
5 26 Lit. “cuadrante” (kodrántes),
e.d., la cuarta parte de un as, moneda romana que permitía comprar un par de
pajarillos.
5 28 La mirada dirigida a una mujer
(esposa o prometida) con pretensiones de arrebatársela a otro. Esta palabra (gyné)
tiene el mismo valor en Mt 1, 20. Jesús no condena el hecho en sí de que un
hombre se sienta atraído por una mujer, sino el deseo activo, que de algún modo
se apropia de la mujer ajena.
5 29 Lit. “te escandaliza”. El
´termino griego por “escándalo” (skándalon) significa propiamente
“obstáculo”, “emboscada”, “lazo”, “piedra de tropiezo (Is 8, 14-15; Rm 9, 33; 1
P 2, 8). Muchas son las causas u ocasiones de caída: en primer lugar Jesús,
pero también, en otro sentido, los hombres, el mundo, la persecución.
5 31 Como en 19, 9, aquí no se trata
del divorcio en el sentido moderno del término, sino del derecho que tenía un
hombre a repudiar a su esposa.
5 32 El término griego correspondiente
(porneia) es interpretado de diversas maneras: 1. algo deshonroso.
En este caso, el texto autorizaba el repudio de la esposa por diversas razones,
no precisadas aquí. 2. El adulterio, e.d. la infidelidad de la mujer a
su esposo. En este caso, el texto autorizaría el repudio de la adúltera. 3. La unión
conyugal ilegal, sobre todo según la legislación de Lv 18, 6-18, sentido
que se encuentra probablemente en Hch 15, 18-29. En este caso, Jesús prohibiría
cualquier acto de repudio, excepto en los casos de uniones ilegales previstas
por Lv 18. Esta célebre “excepción mateana” es quizá la aplicación a una
situación nueva (análoga a lo que hace suponer 1 Co 7) de una palabra de Jesús
que excluía cualquier tipo de repudio. Sea lo que sea de estas hipótesis, este
texto quiere recordar la indisolubilidad de la unión conyugal. Basándose en él,
la tradición ortodoxa considera el adulterio, como causa posible de divorcio.
5 37 Esta fórmula, que aparentemente
se entiende bien puede explicarse de diversas maneras: 1º Veracidad: si es sí,
decid sí; si es no, decid no. 2º Sinceridad: que el sí (o el no) de la boca
corresponda al sí (o al no) del corazón. 31 Solemnidad: la repetición del sí o
del no sería una fórmula solemne de afirmación o de negación que debe bastar y
dispensar de recurrir a un juramente comprometiendo a la divinidad.
Notas
exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica.
17-20 Relación de Jesús con la Ley
antigua, de la alianza nueva con la alianza antigua: no son realidades
contrarias; Jesús conserva lo esencial de la tradición judía, pero le aporta un
sello nuevo, original, superior (cf. v. 20): se cumple desde dentro, con espíritu
y corazón nuevos. Escritores cristianos de los primeros tiempos, siguiendo la
línea del pensamiento judío – la Ley = personificación de la sabiduría divina
–, presentan a Jesús no solo como legislador de la nueva ley; él mismo es la
ley; también por eso, Jesús es punto de unión del AT y del NT. El documento
Le peuple juif et ses Saintes Éscritures dans la Bible chrétienne (2001)
afirma, al hablar del “cumplimiento”: “Jesús no se limita a interpretar un
papel ya escrito, el papel de Mesías, sino que confiere a las nociones de Mesías
y de salvación una plenitud que no se podía imaginar por adelantado;
la llena de un contenido nuevo. Se puede incluso hablar a este respecto de una
“nueva creación” (Enquiridion bíblico 1724).
17 LA LEY mosaica. // CUMPLIR
(término técnico de la escatología): llevar a plenitud, dar plenitud,
perfeccionar; o bien: revelar con la vida el verdadero sentido de la Ley. La
ley es necesaria, como la caridad, y ambas deben ir unidas, quedarse en la ley
es fariseísmo; despreciar la ley en nombre de una moral de la caridad es
desconocer al ser humano: unidad de materia y espíritu.
18 OS DIGO DE VERDAD (griego: amên
légô hymîn): fórmula solemne (casi como juramento), que introduce
rotundamente una afirmación importante. Si está duplicado el vocablo hebreo amên
(siempre en Jn) la traducimos: “De verdad os aseguro”. // NO... NI MUCHO MENOS:
la negación, en el texto griego, es enfática. // UNA “I”: la letra yod, la
más pequeña del alfabeto hebreo, la yota del alfabeto griego. // SE
REALICE TODO: ¿todo lo que anunciaron los profetas?; ¿lo que exige la nueva
“justicia”?, ¿el fin del mundo?
19 ESTOS MANDAMIENTOS: aun los
MÍNIMOS: se refiere a los de la ley mosaica, más bien que a los de Jesús. En el
escrito rabínico Sifré Deuteronomio (12, 28; 19, 11) se decía: “Que el
mandamiento leve te sea tan querido como el mandamiento grave; [...] si se quebranta
un mandamiento leve, se termina por quebrantar un mandamiento grave”. // SERÁ
LLAMADO, se entiende, por Dios (voz pasiva “teológica”).
20 JUSTICIA: fidelidad a la Ley en
cuanto expresión de la voluntad de Dios. // LOS ESCRIBAS Y FARISEOS, al igual
que “publicanos y pecadores”, no es una división adecuada, pues la mayoría de
los escribas era del partido fariseo (Hch 5, 21 y 23, 6).
21 Las antítesis, hasta el v. 44,
resaltan el contraste entre lo antiguo y lo nuevo, y explican en
qué y cómo la “justicia cristiana” es superior a la de los escribas y fariseos.
// OÍSTEIS, como en los vs. 27.37.38 y 43, es un semitismo: el vocablo
talmúdico sm’ significa recibir una tradición, una doctrina, y, por
tanto ser enseñado, aprender. // SE DIJO (lit. fue dicho; lo
mismo en los vs. 27.31.33.38 y 43): nuevo ejemplo de voz pasiva “teológica”;
equivale a Dios dijo. Por esto, es mayor la audacia de Jesús, en
apariencia mero aldeano de Nazaret, al explicar y definir la voluntad de Dios
al mismo nivel de Dios (Dios dijo..., pero yo os digo), no solo
transmitiendo disposiciones ajenas, como hizo Moisés. // REO ANTE EL TRIBUNAL:
o bien: merecedor de condena (lit. reo de juicio condenatorio).
Sobre la pena de muerte para el homicida, cf. Ex 21, 12 y Lv 24, 17. Para
Jesús, el sentido del 5º mandamiento dado por Dios es la caridad más delicada
con el prójimo. No matarás es: 1º) No tendrás rencor; y 2) Darás
vida.
22 Hay gradación en la condena:
condenado a muerte por el tribunal de 1ª instancia; confirmada la sentencia por
el tribunal supremo (EL SANEDRÍN) de Jerusalén; merecerá el infierno. En
cambio, los insultos no van de menos a más, y hasta no parecen indicar malicia
especial, por eso, es más sorprendente la pena impuesta. // “¡ESTÚPIDO!”:
en griego raká, versión literal del arameo reqa’ (=vacío, cabeza
hueca). // “¡NECIO!”, en 23, 17 Jesús mismo pronuncia esta palabra
contra los fariseos (propiamente, HERMANO es el que pertenece a la comunidad).
// LA GEHENA: “Gé-Hinnom”, valle del suroeste de Jerusalén, donde hubo
sacrificios en honor a Molok (cf. 2 Re 23, 10); por eso mismo, lugar simkbólico
de maldición en el AT (cf. Jr 7, 31-33). A partir del destierro fue convertido
en basurero. Desde el siglo II a.C. empezó a considerarse como emplazamiento
del “infierno” (lugar de castigo para los impíos). En los escritos
apocalípticos, la gehena, y otros nombres sinónimos, designan el (lugar del)
suplicio eterno de los condenados, después de la resurrección corporal y del
Juicio final; en esta línea hay que entender 5, 29-30.
25-26 La lección es: “¡Arrepiéntete a
tiempo!”. // PONTE DE ACUERDO: lit. sé benévolo. // Y TE ECHEN: lit. y
serás echado. // CÉNTIMO: lit. es un latinismo: cuadrante, la cuarta
parte de un “as”, un céntimo de denario; como quien dice, el último valor
monetario.
28 UNA MUJER casada o ya desposada
con otro. // PARA DESEARLA, o deseándola (a modo de infinitivo
hebreo-arameo con le). La pureza cristiana empieza por lo más secreto
del hombre, el corazón. Según el escrito rabínico Sifré Números 15, 38, no se
mira primeramente y luego peca el corazón, sino al revés: “Los ojos siguen al
corazón, como lo demuestra el ciego que comete todas las abominaciones”.
29-30 La condición está expresada en
griego como condición real: “si efectivamente...”, “si de hecho...”.
“Hacer caer”, hacer que otro dé un mal paso – lit. escandalizar –, ser
ocasión de tropiezo físico o moral (ocasionar la pérdida de la fe, apartar del
seguimiento de Jesús, obstaculizar el camino de la fe y la vida moral), es algo
que nace del corazón (Mc 7, 21-22); el OJO o la MANO son solamente instrumentos
externos del corazón, de esa fuente buena o mala.
31 “Despedir” no es
“divorciarse” en el sentido moderno; se trata, más bien, de “repudio” o
separación.
32 CASO (griego: lógos, con
valor jurídico, como en Hch 19, 38: “Sí... tiene una querella”) DE UNIÓN
ILEGÍTIMA: lit. de fornicación, con el sentido probable de concubinato,
o de poligamia sucesiva.
33 LO QUE PROMETISTE CON JURAMENTO:
lit. tus juramentos.
37 VUESTRO LENGUAJE SEA “Sí”...:
decid sí cuando sea sí, etc. La misma norma aparece también en la
literatura rabínica (p. ej. Melkitá Éxodo 19, 24). // DEL MALVADO: del demonio;
o bien: del mal, de lo malo.
Notas exegéticas de la Biblia
Didajé.
5, 20 Los escribas y los fariseos
cumplían la ley, pero no su espíritu; ambos son necesarios para la salvación.
Cat. 2054.
5, 21 Mientras que el quinto
mandamiento prohíbe el asesinato, la palabra de Cristo va a prohibir el odio,
la ira, y cualquier forma de violencia, radicalizando así el precepto
antiguo, es decir, llevándolo a su raíz más profunda. Cat. 678, 2257,
2262-2265, 2302-2303.
5, 22 El Sanedrín era el máximo
representante judicial de Israel. La gehenna del fuego (Gehenna es
una palabra aramea) se deriva del significado hebreo “Valle de Hinom), fosa
cerca de Jerusalén donde la basura se quemaba constantemente. Se utilizaba en
sentido figurado para describir un lugar de castigo donde los muertos sufrirán
por sus pecados. Cat 1036.
5, 23s Para reconciliarte con Dios, es
necesario reconciliarte con el prójimo. Esto se expresa también en la oración
del Señor (el Padrenuestro), donde pedimos que se nos perdone como nosotros
perdonamos. El sacramento de la Penitencia es el medio sacramental habitual de
la reconciliación con Dios y con el prójimo. Cat. 1388-1390, 1424, 2608, 2792,
2841-2845.
5, 27 La tradición ha entendido el
sexto mandamiento referido a la globalidad de los pecados contra la moral
sexual, incluyendo la fornicación, los actos homosexuales, la masturbación, y
otros pecados contra la pureza. El adulterio del corazón (el deseo de actividad
sexual ilícita) también es gravemente pecaminoso. Oseas y Jeremías comparaban
la idolatría con el adulterio (cf. Os 2, 7; Jr 5, 7; 13, 27). Cat. 1456, 2336,
2380-2381, 2513, 2523-2533.
5, 30 Córtatela y tírala: esta exhortación
insta al cristiano a rechazar impetuosamente todo lo que nos separa de Dios.
Los cristianos deben emplear medios rigurosos para luchar contra las
tentaciones, aquí las tentaciones contra la castidad. El ejemplo de Cristo es
una advertencia: todo el mundo debe estar alerta ante cualquier cosa que pueda
llegar a convertirse en ocasión de pecado. Cat. 226, 1034.
5, 31 Dios creó el matrimonio como una
unión indisoluble entre un hombre y una mujer (cf. Gn 2, 24). Cristo elevó el
matrimonio a sacramento de la nueva alianza, insistiendo en su indisolubilidad
originaria. Unión ilegítima (en griego: porneia): algunos
estudiosos afirman que este término se refiere a la infidelidad o al adulterio.
Pero no es así. El griego (y particularmente Mt) conoce un término técnico
específico para hablar del adulterio (moicheia) diverso de porneia.
Mt 5, 31-32 se refiere con esta expresión a matrimonios ilícitos tales como
aquellos entre parientes cercanos, regulados en Lv 18, 7-13 (ver Mt 14, 4). El
matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados, una vez ratificado y
consumado, no puede ser disuelto excepto por la muerte. Cat. 174-175,
2380-2382.
5, 33-37 Todo juramento invoca a Dios como
testigo; por lo tanto, es un pecado grave jurar contradiciendo la verdad
intencionadamente. Cristo llama a sus discípulos a amar y a defender la verdad
incondicionalmente. Cat. 2150-2153, 2463, 2466.
Catecismo de la Iglesia Católica.
2262 En el Sermón de la Montaña, el
Señor recuerda el precepto “No matarás” (Mt 5, 21), y añade el rechazo absoluto
de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos
presentar la otra mejilla, amar a los enemigos. El mismo no se defendió y dijo
a Pedro que guardase la espada en la vaina.
2302 Recordando el precepto: “No
matarás” (Mt 5, 21) nuestro Señor pide la paz del corazón y denuncia la
inmoralidad de la cólera homicida y del odio: La ira es un deseo de venganza.
“Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito”;
pero es loable imponer una reparación “para la corrección de los vicios y el
mantenimiento de la justicia” (Sto. Tomás de Aquino, Summa theologiae).
Si la ira llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o de herirlo
gravemente, constituye una falta grave contra la caridad, es pecado mortal. El
Señor dice: “Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el
tribunal” (Mt 5, 22).
2303 El odio voluntario es
contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado cuando se le desea
deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le
desea deliberadamente un daño grave.
1036 Las afirmaciones de la Escritura
y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a
la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en
relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento
apremiante a la conversión.
2380 El adulterio. Esta
palabra, designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los
cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque
ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio.
El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento prohíben absolutamente el adulterio.
Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la imagen del pecado de
idolatría.
2529 El noveno mandamiento pone en
guardia contra el desorden o concupiscencia de la carne.
2530 La lucha contra la concupiscencia
de la carne pasa por la purificación del corazón y por la práctica de la
templanza.
2532 La purificación del corazón es
imposible sin la oración, la práctica de la castidad y la pureza de intención y
de mirada.
2533 La pureza del corazón requiere el
pudor, que es paciencia, modestia y discreción. El pudor preserva la intimidad
de la persona.
2153 Jesús enseña que todo juramento
implica una referencia a Dios y que la presencia de Dios y de su verdad debe
ser honrada en toda palabra. La discreción del recurso a Dios al hablar va
unida a la atención respetuosa a su presencia, reconocida o menospreciada en
cada una de nuestras afirmaciones.
Concilio Vaticano II
Así pues, Dios, inspirador y autor de los libros de
uno y otro testamento, dispuso en su sabiduría que el Nuevo estuviera latente
en el Antiguo y en el Nuevo el Antiguo se hiciera patente (cf. S. Agustín, Quaest.
in Hept., 2, 73). Pues aunque Cristo en su sangre fundó una Nueva Alianza
(cf. Lc 22, 20; 1 Co 11, 25); sin embargo, los libros del Antiguo Testamento,
asumidos en su integridad en la predicación evangélica (cf. S. Ireneo, Adv.
haer. III, 21, 3), adquieren y muestran su completa significación en el
Nuevo Testamento (cf. Mt 5, 17) y a su vez lo iluminan y explican.
Dei Verbum, 16.
San Agustín
Debemos reprender con amor; no con deseo de dañar,
sino con afán de corregir. [...] Si lo haces por amor propio, nada haces. Si lo
haces por amor hacia él, obras excelentemente. [...] ¿Quién de nosotros,
hermanos míos, puede esperar el reino de los cielos, diciendo el evangelio: Quien
llama a su hermano “necio” será reo del fuego de la gehenna? (Mt 5, 22).
Pánico grande; pero advierte allí mismo el remedio: Si presentas tu ofrenda
ante el altar y allí mismo te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
deja tu ofrenda ante el altar (Mt 5, 22-24). Dios no se aira porque tardes
en presentar tu ofrenda; Dios te quiere a ti más que a tu ofrenda. Pues si te
presentas con la ofrenda ante Dios lleno de malos sentimientos hacia tu
hermano, te responderá: “Perdido tú, ¿qué me has ofrecido?”. Presentas tu
ofrenda si ser tú mismo ofrenda. Cristo busca más a quien redimió con su sangre
que lo que tú hallaste en tu hórreo. Por tanto, deja allí tu ofrenda ante el
altar y vete a reconciliarte antes con tu hermano, y cuando vengas presenta la
ofrenda (ib.,24). Mira cuán pronto se desató aquel reato digno del fuego
eterno. Antes de reconciliarte, lo merecías; una vez reconciliado, presentas
confiado tu ofrenda ante el altar.
Sermón 82, 4-5. II, pgs. 812-813.
Los Santos Padres.
Esta es una manera magnífica de introducir la superación de las obras de
la Ley, superación que, sin abolirla, constituye un mejoramiento progresivo. En
efecto, manifiesta que la entrada en el cielo es ofrecida a los apóstoles
únicamente si superan la justicia de los fariseos. Así pues, una vez expuestas
las prescripciones de la Ley, las supera perfeccionándolas, no aboliéndolas.
Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 16. 1a, pg. 152.
Todo lo que la Ley no ha condenado, aunque se trate de acciones, lo
condena la fe del Evangelio por culpa de la ligereza en el insultar, aunque
solo sea con palabras.
Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 17. 1a, pg. 157.
¿Cómo la maldición de un hermano puede encerrar fuerza tan grande que
merezca el castigo tan extremo? Tanta, hermanos, tanta que Cristo está en el
hermano, y Cristo es la sabiduría de Dios. Por ello, quien maldice a su hermano
ridiculiza la sabiduría de Dios.
Pedro Crisólogo, Sermones, 177, 6-7. 1a, pg. 159.
La frase “si presentas tu ofrenda”, etc., significa que Dios ha inventado
para los pecadores el arrepentimiento como modo de salvación y de evitar el
castigo, y enuncia que un modo de evitar el castigo consiste en la atención del
afligido. Puesto que el que no ama a su hermano, no ama al Señor, es justo que
el Señor no acepte a quien tiene malos sentimientos contra el hermano, porque
no se acerca a Él con espíritu de verdad.
Cirilo de Alejandría, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 50. 1a,
pg. 160.
El ojo derecho, la mano derecha, representan el afecto por los hermanos,
la mujer, los hijos, los familiares y parientes. Si vemos que nos impiden
contemplar la verdadera luz, debemos cortar estas partes de nosotros mismos, no
sea que queriendo ganar a otros, nosotros mismos nos perdamos en la eternidad.
Jerónimo, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 5, 29. 1a, pg. 167.
En esta cuestión nada me parece más congruente que decir que el ojo
significa el amigo muy amado, pues ciertamente podemos llamarlo miembro
nuestro, y miembro que amamos intensamente; y él es el consejero que como ojo
nos muestra el camino, y consejero en las cosas divinas, porque es nuestro ojo
derecho. El ojo izquierdo, en cambio, es consejero muy estimado, pero en las
cosas terrenas pertenecientes a las necesidades de la vida: de él es superfluo
hablar cuando es ocasión de pecado, porque ni siquiera el derecho se ha de
perdonar en estos casos. Luego también la mano derecha podemos entender un
ministro y cooperador amado en nuestras obras santas. Así pues, como el ojo
representa la contemplación, la mano la acción. De este modo la mano izquierda
significa las obras que son necesarias a esta vida y al cuerpo.
Agustín, Sermón del Señor en la Montaña, 1, 13, 38. 1a, pg. 168.
La fe elimina la costumbre frecuente de jurar. Establece la actividad de
nuestra vida en la verdad y, rechazando la inclinación a mentir, prescribe la
lealtad tanto en el hablar como en el escuchar... Por tanto, los que viven en
la sencillez de la fe no necesitan hacer uso del juramento. Con tales personas
lo que es, siempre es, y lo que no es, no es, pues todas las palabras y todas
sus acciones permanecen en la verdad.
Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 23. 1a, pg. 172.
San Juan de Ávila
Los moros que van a Meca a ver el zancarrón de
Mahoma, se tienen por tan bienaventurados de lo ver, que muchos de ellos se
sacan los ojos, porque, habiendo visto cosa tan santa con ellos, les parece que
le es hacer desacato, si con los mesmos ojos miran otra cosa. [...] Con mucha
razón, por cierto, mandaste tú que todos los tuyos se saquen el ojo que les
escandaliza (Mt 5, 29); y con mucha razón nosotros nos los debemos sacar.
Quiere decir que los mortifiquemos, por el acatamiento que se debe a la vista
de su sagrada persona. La lengua del sacerdote llave es con que se cierra el
infierno y se abre el cielo, y se abran las conciencias, y consagra a Dios. Si
quisiéramos, padres, pecar con la lengua, pidamos otra lengua prestada; que
esta con la cual consagramos a Dios y hacemos tan admirables afectos, en
ninguna manera se sufre emplearla en servir al demonio con ella.
Plática a los sacerdotes. I, pg. 789.
El hombre es justificado por la fe, sin obras de
aquesta ley. Sí, que por la fe no destruimos la ley, sino establecémosla; antes
la confirmamos y damos entendimiento. Lo mismo dijo nuestro Señor por san
Mateo: Non veni solvere legem, sed adimplere (Mt 5, 17).
Lecciones sobre 1 Juan (I). II, pg. 178.
Porque todo lo que la ley vieja era sombra y todo se
hacía por figura, todas aquellas cerimonias, y aquel “no comáis esto y
estotro”, todo era por figura. Dice Sant Juan: La ley es dada por Moisén; la
gracia y la verdad fue hecha por Cristo. La verdad es contraria a sombra.
La verdad es cuerpo de la sombra. Quien cumplió lo figurado, dio verdad a las
figuras. Que mi Señor dijo: No vine a quebrantar la ley, sino a cumplilla (Mt
5, 17).
Lecciones sobre 1 Juan (I). II, pg. 331.
Verdad algunas veces se toma, según que
se opone a mentira, que es acepción común; otras, según que se opone a vanidad
y a cosa de poco tomo, como solemos decir: “Aquesto es verdad”, porque es
cosa sólida y de importancia; otras, a figura, porque en el Testamento
Viejo había tantas figuras cuya verdad era nuestro Señor Jesucristo,
como del cordero y pan cenceño. No solamente fue hecha la verdad por
nuestro Señor, según las dos primeras maneras; mas también según la tercera.
¿Hay otra manera de verdad que haya sido hecha por nuestro Señor? Sí; Él dice: Non
veni salvere Legem, sed adimplere (Mt 5, 17).
Lecciones sobre 1 Juan (II), II, pg. 452.
Amas a Dios y amas al prójimo por Dios: este amor no
compadece pecado mortal. Qui non diligit, manet in morte (1 Jn 3, 14).
Luego el que ama, con vida está. Sacaremos de aquí que la vida del alma es la
caridad. Omnis qui odit fratrem suum, homicida est. Et scitis quoniam omnis
honicida non habet vitam aeternam in se manentem (1 Jn 3, 15). Con Caín lo
ha San Mateo: Qui autem occiderit
reus erit iudicio. Ego autem dico vovis; quia omnis qui irascitur fratri
suo, reus erit iudicio (Mt 5, 21-22).
Lecciones sobre 1 Juan (I), 304-305.
Decís: “No eché mano a la espada, ni le saqué
sangre, ¿cómo, por querer mal a mi prójimo, soy homicida?”.
Eso es para con el alcalde, mas para con Dios,
homicida es. Omnis qui irascitur fratri suo, dignus erit iudicio (Mt 5,
22). Digno es la pena y juicio de homicida, el que se enojare con odio de
su hermano; porque, si no es más de una ira que no pasa en querello mal, ni
desealle mal, no sería pecado mortal, sino venial. Y que, aliende de enojarse,
queriéndolo mal, lo muestra por obra, que es con alguna señal o meneo, que es
decir racca, esto es decille fatue (necio). Y por eso se
engañaban los fariseos, a los cuales nuestro Señor esto hablaba, pensando que
solos los que sacaban sangre eran matadores.
Lecciones sobre 1 San Juan (II). II, pg. 438.
“El que dijere a su prójimo loco o necio (cf. Mt 5,
22) no por castigallo mas por injuriallo digno es del fuego del infierno”. Y,
pues esto es así, mira por ti y ten caridad como Dios lo manda y ternás sana tu
alma de esta enfermedad; porque quien ama no quiere mal, ni sabe injuriar, ni
herir ni matar, mas antes sufrir sin volver mal por mal, mas perdonar de buena
voluntad. Y si aquesto te parece recio, más te parecerá cuando Cristo te dirá:
“Vete al infierno pues heciste mal y no quieres perdonar. Allí será el
temblar”.
Tratado de Doctrina cristiana. II, pg. 817.
Dice la ley vieja: No te perjudarás; dice el
Evangelio: Non jurare omnino (Mt 5, 34). Hobo herejes que dijeron que
jurar, de cualquier manera que fuese, era pecado; tomáronlo de esta parte del
Evangelio. Dijo un doctor que lo habían dicho porque no sabían lógica; que, si
supieran, entenderían que en algunas cosas no es pecado jurar; que no quiere
decir,m sino: no juréis a todo viento. Non omnis homo currit, id est,
aliquis homno currit (Decir que no todo hombre corre es igual a decir
que hay algún hombre que corre). Que no va la sagrada Escriptura para esa
lógica. En ninguna cosa juréis: pues si me toman juramento, en ese caso se
permite. Lo que Dios defiende es jurar de la manera que el vulgo usa a jurar.
Lecciones sobre 1 San Juan (I), pg. 187.
No jurar, aunque sea con verdad, ni por Dios, ni por
sus santos, ni fe, ni cruz, ni cielo, ni tierra, ni por el cabello de tu
cabeza. Tu habla sea “sí” o “no” (Mt 5, 37) o “por cierto” o “en verdad”. Lo
demás es, de mal procede, si no hubiere gran necesidad y con verdad. Tercamente
pecan en este mandamiento los que no cumplen los votos que prometen.
Tratado de Doctrina cristiana. II, pg. 815-816.
Porque otra cosa no es nueva ley, sino espíritu de
la vieja, encerrado en la carne y sombras de la ley y figuras. Y por eso,
aunque muere según la letra, vive según su ánima; y más se dice cumplida y
mejorada que destruida; y así protestó el Señor que la venía a cumplir: Non
veni solvere legem sed adimplere (cf. Mt 5, 17).
Sermón del Jueves Santo. III, pg. 410.
Porque no penséis que son de mi cabeza, os diré las
palabras que dice Dios, el cual es tan verdadero, que primero faltará el cielo
y la tierra que su palabra falte (cf. Mt 5, 18).
Sermón domingo 4 después de Cuaresma. III, pg. 172.
-No soy robador, - No basta no ser robador, mas no
has de amar demasiadamente tu hacienda. No basta no matar a nadie, mas no te
has de airar, etc. Y esto es lo que Cristo dijo: Nisi abundaverit iustitia vestra
plusquam phariseorum, etc. (cf. Mt 5, 20). La justicia del fariseo era
aquella; la del cristiano es esta. Como aquel es un mal tan general y que tanta
inclinación tenemos a ello, que hasta los niños, si uno tiene unos zapatos
nuevos o un sayo, luego se nos hincha y luego desprecia a los otros. Si uno tiene
un poco de ciencia, si uno es de linaje, si una mujer es un poco hermosa, de
ahí viene a decir: “No soy como aquel”, y ternese en mucho y al otro en nada,
como ese fariseo. Esta es la una persona de la farsa. Entra agora la otra.
Domingo 10 después de Pentecostés. III, pg. 263.
Y el varón oiga y cumpla lo que el Señor dice: Si tu
ojo derecho te hace pecar, sácatelo y arrójalo de ti (cf. Mt 5, 20).
Baje los ojos; y si los alza, mire al Señor. No hagas, cristiano, cuenta que
tienes ojos mañana para mirar a mujeres; dáselos al Señor para que le sirvan a
Él, pues Él te lo dio; refrena tus malos deseos y tu vista de fuera; que
mientras más penoso te fuere, más meritorio te será; y según es Dios lleno de
misericordia, por ventura por verte mañana trabajar contigo por no le ofender
con tu vista, te dará fuerza para que te quedes con la buena costumbre de tener
vista casta y corazón casto, que no será pequeña merced. Y de esta manera dice
San Pablo, templo del Espíritu Santo, que cumpliremos lo que nos dijo: Comprados
sois con precio grande, honrad y llevad a Dios en vuestro cuerpo (1 Co 6, 20) y en
el espíritu de vuestra mente.
Sermón vísperas del Corpus. III, pg. 447.
Mis ovejas, dice el Señor, oyen
mi voz. Estáis vos enemistado o andáis vos fornicando, hozáis vos en las
vanidades del mundo, y díceos Dios: No fornicarás, amarás a tu prójimo, no jurarás
mi nombre en vano (cf. Ex 20, 2-17; Dt 5, 6-21; Mt 5, 21ss), y vos, como mala oveja, no
dejáis de comer y pacer y hozar en las enemistades y carnalidades.
Sermón miércoles de la semana de Pasión. III, pg. 210.
Porque el ser bueno para sí solo, cosa imperfecta
es; y el ser bueno para otros, y no para sí, cosa es dañosa. Y
aquel será llamado grande en el reino de los cielos (Mt 5, 19) que,
siendo él bueno, procumpla con entrambas obligaciones, sin que la obligación de
mirar por sí le haga estrecho para contentarse con ellas, ni el cuidado de
mirar por los otros le haga aflojar el cuidado de sí.
Carta a un señor de este reino, siendo
asistente de Sevilla. IV, pg. 59.
Sentencia es de Cristo que, si
nuestro ojo derecho nos es ocasión de pecar, lo saquemos y alacemos de nos (cf. Mt 5, 29). El ojo derecho es el amor que tenemos a la hacienda, honra,
vida o parientes; el amor de estas cosas ofende a nuestro Señor, nos habemos de
extrañar a él y cortarle de nos, porque no nos extrañemos a Dios. Ninguna cosa
nos debe ser tan amada, que no la hollemos si nos estorba estar bien con Dios.
No se da la amistad del reino soberano sino a quien piensa que compra barato,
aunque le cueste la misma vida; que los que quieren cumplir con sus afectos y
con el amor del Señor, muy engañados están amando a Dios como a una de las
otras cosas, queriendo Él ser amado sobre todas.
Carta a un su devoto.
IV, pg. 370.
San Oscar Romero.
Nuestra Iglesia tiene que tener mucho cuidado, las queridas
comunidades de base, los grupos de reflexión, para que al reflexionar en la
Biblia, en la palabra del Señor, no busquen otra cosa más que la sabiduría de
Cristo Crucificado, no el poder de la política o del dinero. ¡A cuántos ha
seducido y los ha hecho sal insípida ese apoyo frágil de las fuerzas de la
tierra! Ni tampoco en el otro extremo: La puesta de las armas y de la
violencia. No es el lenguaje Cristiano.
Homilía, 5 de febrero de 1978.
Papa León XIV. Ángelus. 8 de
febrero de 2026.
Queridos
hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Después
de haber proclamado las Bienaventuranzas, Jesús se dirige a quienes las viven
diciendo que, gracias a ellos, la tierra ya no es la misma y el mundo ya no
está oscuro. «Ustedes son la sal de la tierra. […] Ustedes son la luz del
mundo» (Mt 5,13-14). La alegría verdadera es la que da sabor a la
vida y hace surgir lo que antes no existía. Esta alegría se irradia de un
estilo de vida que se desea y elige, de un modo de habitar la tierra y de vivir
juntos. Es la vida que resplandece en Jesús, el sabor nuevo de sus gestos y de
sus palabras. Después de haberlo encontrado, parece insípido y opaco lo que
se aleja de su pobreza de espíritu, de su mansedumbre y sencillez de corazón,
de su hambre y sed de justicia, que impulsan a la misericordia y a la paz como
dinámicas de transformación y reconciliación.
El
profeta Isaías enumera gestos concretos que ponen fin a la injusticia:
compartir el pan con el hambriento, albergar a los pobres sin techo, cubrir al
desnudo, sin despreocuparse de los vecinos y familiares (cf. Is 58,7).
«Entonces —continúa el profeta— despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no
tardará en cicatrizar» (v. 8). Por una parte, la luz, que no se puede esconder
porque es grande como el sol de cada mañana que disipa las tinieblas; por otra,
una herida, que antes ardía y ahora sana.
Es
doloroso, en efecto, perder sabor y renunciar a la alegría; sin embargo, es
posible tener esta herida en el corazón. Pareciera que Jesús pone en guardia
a quien lo escucha para que no renuncie a la alegría. La sal que ha perdido
sabor, dice, «ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por la
gente» (Mt 5,13). Cuántas personas —quizá nos ha sucedido
también a nosotros— se sienten descartadas, fracasadas; como si su luz se
hubiera escondido. Pero Jesús nos anuncia a un Dios que nunca nos
descarta, a un Padre que custodia nuestro nombre y nuestra unicidad. Cada
herida, aun profunda, sanará acogiendo la palabra de las Bienaventuranzas y
haciéndonos regresar al camino del Evangelio.
Los
gestos de apertura y de atención a los demás son los que reavivan la alegría. Ciertamente, en su sencillez nos sitúan
contracorriente. Jesús mismo fue tentado, en el desierto, por otros caminos:
hacer valer su identidad, exhibirla y tener el mundo a sus pies. Pero él
rechaza los caminos en los que hubiera perdido su verdadero sabor, aquel que
hallamos cada domingo en la fracción del Pan: la vida entregada, el amor que no
hace ruido.
Hermanos
y hermanas, dejémonos alimentar e iluminar por la comunión con Jesús. Sin
exhibiciones seremos entonces como una ciudad en la cima del monte, no sólo
visible, sino también atrayente y acogedora; la ciudad de Dios en la que todos,
en definitiva, desean vivir y encontrar la paz. A María, Puerta del cielo,
dirijamos ahora la mirada y la oración, para que nos ayude a ser y a permanecer
como discípulos de su Hijo.
León XIV. Audiencia general. 2
de febrero de 2026. Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - I. Constitución
dogmática Dei Verbum 4. La Sagrada Escritura:
Palabra de Dios en palabras humanas
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
La Constitución conciliar Dei
Verbum, sobre la cual estamos reflexionando en estas semanas, indica en
la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, un espacio
privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y a las
mujeres de todos los tiempos, para que, escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo.
Los textos bíblicos, sin embargo, no fueron escritos en un lenguaje
celestial o sobrehumano. Como también nos enseña la realidad cotidiana, de
hecho, dos personas que hablan lenguas diferentes no se entienden entre ellas,
no pueden entrar en diálogo, no logran establecer una relación. En algunos
casos, hacerse comprender por el otro es un primer acto de amor. Por esto Dios
elige hablar usando lenguajes humanos y, así, diferentes autores, inspirados
por el Espíritu Santo, han redactado los textos de la Sagrada Escritura. Como
recuerda el documento conciliar, «las palabras de Dios expresadas con lenguas
humanas se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo
del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a
los hombres» (DV,
13). Por tanto, no sólo en sus contenidos, sino también en el lenguaje, la
Escritura revela la condescendencia misericordiosa de Dios hacia los hombres y
su deseo de hacerse cercano a ellos.
A lo largo de la historia de la Iglesia, se ha estudiado la relación que se
produce entre el Autor divino y los autores humanos de los textos sagrados.
Durante muchos siglos, muchos teólogos se han preocupado por defender la
inspiración divina de la Sagrada Escritura, casi considerando a los autores
humanos sólo como instrumentos pasivos del Espíritu Santo. En
tiempos más recientes, la reflexión ha revalorizado la contribución de los
hagiógrafos en la redacción de los textos sagrados, hasta el punto de que
el documento conciliar habla de Dios como «autor» principal de la
Sagrada Escritura, pero llama también a los hagiógrafos «verdaderos
autores» de los libros sagrados (cfr DV, 11).
Como observaba un agudo exégeta del siglo pasado, «rebajar la operación humana
a la de puro amanuense no es glorificar la operación divina». [1] ¡Dios no mortifica nunca al ser
humano y sus potencialidades!
Por tanto, si la Escritura es palabra de Dios en palabras humanas,
cualquier aproximación a ella que descuide o niegue una de estas dos
dimensiones resulta parcial. De ello se desprende que una correcta
interpretación de los textos sagrados no puede prescindir del ambiente
histórico en el que estos han madurado y de las formas literarias utilizadas;
es más, la renuncia al estudio de las palabras humanas de las que Dios
se ha servido, corre el riesgo de dar lugar a lecturas fundamentalistas o
espiritualistas de la Escritura, que traicionan su significado. Este
principio vale también para el anuncio de la Palabra de Dios: si
pierde contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los
hombres, si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico,
resulta ineficaz. En cada época la Iglesia está llamada a proponer de nuevo
la Palabra de Dios con un lenguaje capaz de encarnarse en la historia y de
alcanzar los corazones. Como recordaba el Papa Francisco,
«cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original
del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de
expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado
para el mundo actual». [2]
Igualmente reductiva es, por otra parte, una lectura de la Escritura que
descuida su origen divino y termina entendiéndola como una mera enseñanza
humana, como algo que debe estudiarse simplemente desde un punto de vista
técnico o como sólo «un texto del pasado». [3] Más bien, especialmente cuando se
proclama en el contexto de la liturgia, la Escritura pretende hablar a los
creyentes de hoy, tocar su vida presente con sus problemáticas, iluminar los
pasos a seguir y las decisiones que tienen que asumir. Esto solamente es
posible cuando el creyente lee e interpreta los textos sagrados bajo la guía
del mismo Espíritu que los inspiró (cfr. DV,
12).
En este sentido, la Escritura sirve para alimentar la vida y la caridad
de los creyentes, como recuerda san Agustín: «El que juzga haber entendido
las divinas escrituras […], y con esta inteligencia no edifica este doble amor
de Dios y del prójimo, aún no las entendió». [4] El origen divino de la Escritura
recuerda también que el Evangelio, encomendado al testimonio de los bautizados,
incluso abrazando todas las dimensiones de la vida y de la realidad, las
trasciende: esto no se puede reducir a mero mensaje filantrópico o social, sino
que es anuncio alegre de la vida plena y eterna, que Dios nos ha donado en
Jesús.
Queridos hermanos y hermanas, demos gracias al Señor porque, en su
bondad, no permite que en nuestras vidas falte el alimento esencial de su
Palabra y oremos para que nuestras palabras, y más aún nuestras vidas, no
oscurezcan el amor de Dios que en ellas se narra.
__________________________________________________
[1] L. Alonso Schökel, La
parola ispirata. La Bibbia alla luce della scienza del linguaggio, Brescia
1987, 70. ( La palabra inspirada. La Biblia a la luz de la ciencia del
lenguaje).
[2] Francisco, Exhort. ap. Evangelii
gaudium (24 noviembre 2013), 11.
[3] Benedicto XVI, Exhort. ap.
post-sin. Verbum
Domini (30 septiembre 2010), 35.
[4] S. Agustín, De doctrina
christiana I, 36, 40.
Papa Francisco. Ángelus. 12 de
febrero de 2023.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de la liturgia de hoy, Jesús dice: «No piensen que he
venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar
cumplimiento» (Mt 5,17). Dar cumplimiento: ésta es
una palabra clave para entender a Jesús y su mensaje. ¿Pero qué
significa este “dar cumplimiento”? Para explicarlo, el Señor comienza diciendo
lo que no es cumplimiento. La Escritura dice “no matarás”,
pero para Jesús esto no basta si luego se hiere a los hermanos con las
palabras; la Escritura dice “no cometerás adulterio”, pero esto no basta si
luego se vive un amor salpicado por la doblez y la falsedad; la Escritura dice
“no jurarás en falso”, pero no basta hacer un juramento solemne si luego se
actúa con hipocresía (cf. Mt 5,21-37). Así no hay cumplimiento
Para darnos un ejemplo concreto, Jesús se centra en el “rito de la
ofrenda”. Al hacer una ofrenda a Dios, se correspondía a la gratuidad de sus
dones. Hacer una ofrenda para corresponder simbólicamente —digámoslo
así— a la gratuidad de sus dones, era un rito muy importante, tan
importante que estaba prohibido interrumpirlo salvo por motivos graves.
Pero Jesús afirma que hay que interrumpirlo si un hermano tiene algo contra
nosotros, para ir primero a reconciliarnos con él (cf. vv. 23-24): solo
entonces se cumple el rito. El mensaje es claro: Dios nos ama
primero, gratuitamente, dando el primer paso hacia nosotros sin que lo
merezcamos; y, por ende, nosotros no podemos celebrar su amor sin dar a
nuestra vez el primer paso para reconciliarnos con quienes nos han herido.
Así hay cumplimiento a los ojos de Dios, de lo contrario la observancia
externa, puramente ritualista, es inútil, se convierte en una ficción.
En otras palabras, Jesús nos hace comprender que las reglas religiosas son
útiles, son buenas, pero son solo el inicio: para darles
cumplimiento, es necesario ir más allá de la letra y vivir su sentido. Los
mandamientos que Dios nos ha dado no deben encerrarse en la caja fuerte
asfixiante de la observancia formal, pues de lo contrario nos quedamos en una
religiosidad externa y desapegada, siervos de un “dios amo” en lugar de hijos
de Dios Padre. Jesús quiere esto, que no tengamos la idea de servir a un
Dios amo, sino al Padre, y por esto es necesario ir más allá de la letra.
Hermanos y hermanas, este problema no existía solo en tiempos de Jesús,
existe también hoy. A veces, por ejemplo, oímos: “Padre, no he matado,
no he robado, no he hecho daño a nadie...”, como diciendo: “He cumplido”.
Esta es la observancia formal, que se conforma con el mínimo
indispensable, mientras que Jesús nos invita al máximo
posible. Es decir, Dios no razona con cálculos y tablas; Él
nos ama como un enamorado: ¡no hasta el mínimo, sino hasta el máximo! No nos
dice: “Te amo hasta cierto punto”. No, el verdadero amor nunca llega hasta
un punto determinado y nunca se siente satisfecho; el amor va siempre más
allá, no puede por menos. El Señor nos lo mostró dando su vida en la cruz y
perdonando a sus asesinos (cf. Lc 23,34). Y nos ha confiado
el mandamiento que más aprecia: que nos amemos unos a otros como Él nos
ha amado (cf. Jn 15,12). ¡Este es el amor que da
cumplimiento a la Ley, a la fe, a la verdadera vida!
Así pues, hermanos y hermanas, podemos preguntarnos: ¿cómo vivo yo mi
fe? ¿Es una cuestión de cálculo, de formalismo, o es una historia de amor con
Dios? ¿Me conformo solo con no hacer el mal, con mantener “la fachada”, o
intento crecer en el amor a Dios y a los demás? Y de vez en cuando ¿me
confronto a mí mismo con el gran mandamiento de Jesús, me pregunto si amo a mi
prójimo como Él me ama? Porque tal vez somos inflexibles para juzgar a los
demás y nos olvidamos de ser misericordiosos, como Dios lo es con nosotros.
Que María, que observó perfectamente la Palabra de Dios, nos ayude a dar
cumplimiento a nuestra fe y a nuestra caridad.
Papa Francisco. Ángelus. 16 de
febrero de 2020.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy (cf. Mateo 5, 17-37) está tomado del
“Sermón de la Montaña” y trata el tema del cumplimiento de la Ley: cómo debo
cumplir la Ley, cómo hacerlo. Jesús quiere ayudar a sus oyentes a tener un
acercamiento justo a las prescripciones de los Mandamientos dados a Moisés,
exhortándolos a estar disponibles para Dios que nos educa para la verdadera
libertad y responsabilidad a través de la Ley. Se trata de vivirla como
un instrumento de libertad. No olvidemos esto: vivir la Ley como un
instrumento de libertad, que me ayude a ser más libre, que me ayude a no ser
esclavo de las pasiones y el pecado. Pensemos en las guerras, pensemos en
las consecuencias de las guerras, pensemos en esa niña que murió de frío en
Siria anteayer. Tantas calamidades, tantas. Esto es el resultado de las
pasiones, y la gente que hace la guerra no sabe cómo dominar sus pasiones.
No cumplen con la ley. Cuando se cede a las tentaciones y pasiones, uno no es
señor y protagonista de su vida, sino que se vuelve incapaz de manejarla con
voluntad y responsabilidad.
El discurso de Jesús está estructurado en cuatro antítesis, expresadas con la fórmula «Habéis
oído que se dijo... pues yo os digo». Estas antítesis se refieren a otras
tantas situaciones de la vida cotidiana: el asesinato, el adulterios, el
divorcios y el juramento. Jesús no suprime las prescripciones relativas a
estas cuestiones, sino que explica su pleno significado e indica el espíritu en
el que deben ser observadas. Nos anima a pasar de la observancia formal de
la Ley a la observancia sustancial, aceptando la Ley en nuestros corazones,
que es el centro de las intenciones, decisiones, palabras y gestos de cada uno
de nosotros. Del corazón salen las buenas y las malas acciones.
Acogiendo la Ley de Dios en nuestros corazones entendemos que, cuando no
amamos a nuestro prójimo, nos matamos de alguna manera a nosotros mismos y a
los demás, porque el odio, la rivalidad y la división matan la caridad
fraternal, que es la base de las relaciones interpersonales. Y esto se aplica a
lo que he dicho sobre las guerras y también a las habladurías, porque el
lenguaje mata. Aceptando la Ley de Dios en el corazón se entiende que los
deseos deben ser guiados, porque no se puede tener todo lo que uno desea, y
no es bueno ceder a sentimientos egoístas y posesivos. Cuando se acepta la Ley
de Dios en el corazón, se comprende que hay que abandonar un estilo de vida de
promesas rotas, así como pasar de la prohibición del perjurio a la decisión de
no jurar en absoluto, asumiendo la actitud de plena sinceridad con todos.
Y Jesús es consciente de que no es fácil vivir los mandamientos de una
manera tan completa. Por eso nos ofrece la ayuda de su amor: vino al mundo no
sólo para cumplir la Ley, sino también para darnos su gracia, para que podamos
realizar la voluntad de Dios, amándolo a Él y a nuestros hermanos y hermanas.
¡Todo, todo lo podemos hacer con la gracia de Dios! Así, la santidad no es otra
cosa que guardar esta gratitud que Dios nos ha dado, esta gracia. Se trata de
confiar y encomendarse a Él, a su Gracia, a esa gratitud que nos ha dado y
coger la mano que nos tiende constantemente, para que nuestros esfuerzos y
nuestro compromiso necesario puedan ser sostenidos por su ayuda, llena de
bondad y misericordia.
Hoy Jesús nos pide que avancemos en el camino del amor que nos ha indicado
y que comienza en el corazón. Éste es el camino que hay que seguir para vivir como cristianos. Que la
Virgen María nos ayude a seguir el camino trazado por su Hijo, a alcanzar la
verdadera alegría y a difundir la justicia y la paz por todas partes.
Papa Francisco. Ángelus. 12 de
febrero de 2017.
¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
La liturgia de hoy nos presenta otra página del Discurso de la montaña, que
encontramos en el Evangelio de Mateo (cf. 5, 17-37). En este pasaje, Jesús
quiere ayudar a quienes le escuchan para realizar una relectura de la ley
mosaica. Lo que fue dicho en la antigua alianza era verdadero, pero no
era todo: Jesús vino para dar cumplimiento y para promulgar de manera
definitiva la ley de Dios, hasta la última iota (cf. 18). Él manifiesta las
finalidades originarias y cumple los aspectos auténticos, y hace todo esto
mediante su predicación y más aún al ofrecerse a sí mismo en la cruz. Así Jesús
enseña cómo hacer plenamente la voluntad de Dios y usa esta palabra: con una “justicia
superior” respecto a la de los escribas y fariseos (cf. 20). Una justicia animada
por el amor, por la caridad, por la misericordia, y por lo tanto capaz de realizar
la sustancia de los mandamientos, evitando el riesgo del formalismo. El formalismo:
esto puedo, esto no puedo; hasta aquí puedo, hasta aquí no puedo... No:
más, más. En particular, en el Evangelio de hoy Jesús examina tres aspectos,
tres mandamientos: el homicidio, el adulterio y el juramento. Respecto
al mandamiento “no matarás”, Él afirma que es violado no solo por el
homicidio efectivo, sino también por esos comportamientos que ofenden la
dignidad de la persona humana, comprendidas las palabras injuriosas (cf v.
22). Claro, estas palabras injuriosas no tienen la misma gravedad y
culpabilidad del asesinato, pero se ponen en la misma línea, porque se dan las
premisas y revelan la misma malevolencia. Jesús nos invita a no establecer
una clasificación de las ofensas, sino a considerarlas todas dañinas, en
cuanto son movidas por el intento de hacer el mal al próximo. Y Jesús pone el
ejemplo. Insultar: nosotros estamos acostumbrados a insultar, es como decir
“buenos días”. Y eso está en la misma línea del asesinato. Quien insulta al
hermano, mata en su propio corazón a su hermano. Por favor, ¡no insultéis! No
ganamos nada...
Otro cumplimiento es aportado a la ley matrimonial. El adulterio era
considerado una violación del derecho de propiedad del hombre sobre la mujer.
Jesús en cambio va a la raíz del mal. Así como se llega al homicidio a
través de las injurias, las ofensas y los insultos, se llega al adulterio a
través de las intenciones de posesión respecto a una mujer diversa de la propia
mujer. El adulterio, como el hurto, la corrupción y todos los otros
pecados, primero son concebidos en nuestra intimidad y, una vez cumplida en el
corazón la elección equivocada, se ponen en práctica a través de un
comportamiento concreto. Y Jesús dice: quien mira a una mujer que no es la
propia con ánimo de posesión es un adúltero en su corazón, ha iniciado el
camino hacia el adulterio. Pensemos un poco sobre esto: sobre los malos
pensamientos que vienen en esta línea.
Jesús dice además a sus discípulos que no juren, en cuanto el
juramento es señal de la inseguridad y de la doblez con la cual se desarrollan
las relaciones humanas. Se instrumentaliza la autoridad de Dios para dar
garantía a nuestras actividades humanas. Más bien estamos llamados a
instaurar entre nosotros, en nuestras familias y en nuestras comunidades un
clima de limpieza y de confianza recíproca, de manera que podemos ser
considerados sinceros sin recurrir a intervenciones superiores para ser creídos.
¡La desconfianza y las sospechas recíprocas amenazan siempre la serenidad!
Que la Virgen María, que dona la escucha dócil y la obediencia alegre, nos
ayude a acercarnos siempre más al Evangelio, para ser cristianos no “de
fachada”, ¡sino de sustancia! Y esto es posible con la gracia del Espíritu
Santo, que nos permite hacer todo con amor, y así cumplir plenamente la
voluntad de Dios.
Papa Francisco. Ángelus. 16 de
febrero de 2014.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo forma parte aún del así llamado «sermón de la
montaña», la primera gran predicación de Jesús. Hoy el tema es la actitud de
Jesús respecto a la Ley judía. Él afirma: «No creáis que he venido a abolir
la Ley y los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud» (Mt 5,
17). Jesús, sin embargo, no quiere cancelar los mandamientos que dio el Señor
por medio de Moisés, sino que quiere darles plenitud. E inmediatamente después
añade que esta «plenitud» de la Ley requiere una justicia mayor, una
observancia más auténtica. Dice, en efecto, a sus discípulos: «Si vuestra
justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el
reino de los cielos» (Mt 5, 20).
¿Pero qué significa esta «plenitud» de la Ley? Y esta justicia mayor, ¿en
qué consiste? Jesús mismo nos responde con algunos ejemplos. Jesús era
práctico, hablaba siempre con ejemplos para hacerse entender. Inicia desde el
quinto mandamiento: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”; ...
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será
procesado» (vv. 21-22). Con esto, Jesús nos recuerda que incluso las palabras
pueden matar. Cuando se dice de una persona que tiene la lengua de serpiente,
¿qué se quiere decir? Que sus palabras matan. Por lo tanto, no sólo no hay
que atentar contra la vida del prójimo, sino que tampoco hay que derramar sobre
él el veneno de la ira y golpearlo con la calumnia. Ni tampoco hablar
mal de él. Llegamos a las habladurías: las habladurías, también, pueden
matar, porque matan la fama de las personas. ¡Es tan feo criticar! Al inicio
puede parecer algo placentero, incluso divertido, como chupar un caramelo. Pero
al final, nos llena el corazón de amargura, y nos envenena también a nosotros.
Os digo la verdad, estoy convencido de que si cada uno de nosotros hiciese
el propósito de evitar las críticas, al final llegaría a ser santo. ¡Es un
buen camino! ¿Queremos ser santos? ¿Sí o no? [Plaza: ¡Sí!] ¿Queremos vivir
apegados a las habladurías como una costumbre? ¿Sí o no? [Plaza: ¡No!] Entonces
estamos de acuerdo: ¡nada de críticas! Jesús propone a quien le sigue la
perfección del amor: un amor cuya única medida es no tener medida, de ir más
allá de todo cálculo. El amor al prójimo es una actitud tan fundamental que
Jesús llega a afirmar que nuestra relación con Dios no puede ser sincera si
no queremos hacer las paces con el prójimo. Y dice así: «Por tanto, si
cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que
tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete
primero a reconciliarte con tu hermano» (vv. 23-24). Por ello estamos llamados
a reconciliarnos con nuestros hermanos antes de manifestar nuestra devoción al
Señor en la oración.
De todo esto se comprende que Jesús no da importancia sencillamente a la
observancia disciplinar y a la conducta exterior. Él va a la raíz de la Ley,
apuntando sobre todo a la intención y, por lo tanto, al corazón del hombre,
donde tienen origen nuestras acciones buenas y malas. Para tener
comportamientos buenos y honestos no bastan las normas jurídicas, sino que son
necesarias motivaciones profundas, expresiones de una sabiduría oculta, la
Sabiduría de Dios, que se puede acoger gracias al Espíritu Santo. Y
nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del
Espíritu, que nos hace capaces de vivir el amor divino.
A la luz de esta enseñanza, cada precepto revela su pleno significado como
exigencia de amor, y todos se unen en el más grande mandamiento: ama a Dios con
todo el corazón y ama al prójimo como a ti mismo.
Benedicto XVI. Ángelus. 13 de febrero de 2011.
Queridos hermanos y hermanas:
En la Liturgia de este domingo prosigue la lectura del llamado «Sermón de
la montaña» de Jesús, que comprende los capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio de
Mateo. Después de las «bienaventuranzas», que son su programa de vida, Jesús
proclama la nueva Ley, su Torá, como la llaman nuestros hermanos
judíos. En efecto, el Mesías, con su venida, debía traer también la
revelación definitiva de la Ley, y es precisamente lo que Jesús declara:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir,
sino a dar plenitud». Y, dirigiéndose a sus discípulos, añade: «Si vuestra
justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el
reino de los cielos» (Mt 5, 17.20). Pero ¿en qué consiste esta
«plenitud» de la Ley de Cristo, y esta «mayor» justicia que él exige?
Jesús lo explica mediante una serie de antítesis entre los mandamientos
antiguos y su modo proponerlos de nuevo. Cada vez comienza diciendo:
«Habéis oído que se dijo a los antiguos...», y luego afirma: «Pero yo os
digo...». Por ejemplo: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”; y
el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: “todo el que se deja llevar de
la cólera contra su hermano será procesado”» (Mt 5, 21-22). Y así
seis veces. Este modo de hablar suscitaba gran impresión en la gente, que se
asustaba, porque ese «yo os digo» equivalía a reivindicar para sí la misma
autoridad de Dios, fuente de la Ley. La novedad de Jesús consiste,
esencialmente, en el hecho que él mismo «llena» los mandamientos con el amor de
Dios, con la fuerza del Espíritu Santo que habita en él. Y nosotros, a
través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que
nos hace capaces de vivir el amor divino. Por eso todo precepto se
convierte en verdadero como exigencia de amor, y todos se reúnen en un único
mandamiento: ama a Dios con todo el corazón y ama al prójimo como a ti mismo.
«La plenitud de la Ley es el amor», escribe san Pablo (Rm 13, 10).
Ante esta exigencia, por ejemplo, el lamentable caso de los cuatro niños
gitanos que murieron la semana pasada en la periferia de esta ciudad, en su
chabola quemada, impone que nos preguntemos si una sociedad más solidaria y
fraterna, más coherente en el amor, es decir, más cristiana, no habría podido
evitar ese trágico hecho. Y esta pregunta vale para muchos otros
acontecimientos dolorosos, más o menos conocidos, que acontecen diariamente en
nuestras ciudades y en nuestros países.
Queridos amigos, quizás no es casualidad que la primera gran predicación de
Jesús se llame «Sermón de la montaña». Moisés subió al monte Sinaí para recibir
la Ley de Dios y llevarla al pueblo elegido. Jesús es el Hijo de Dios que
descendió del cielo para llevarnos al cielo, a la altura de Dios, por el camino
del amor. Es más, él mismo es este camino: lo único que debemos hacer es
seguirle, para poner en práctica la voluntad de Dios y entrar en su reino,
en la vida eterna. Una sola criatura ha llegado ya a la cima de la montaña: la
Virgen María. Gracias a la unión con Jesús, su justicia fue perfecta: por esto
la invocamos como Speculum iustitiae. Encomendémonos a ella, para
que guíe también nuestros pasos en la fidelidad a la Ley de Cristo.
GUIÓN MISA NIÑOS. MIÉRCOLES DE CENIZA
Monición de entrada:
Bienvenidos.
Hoy es el miércoles de ceniza. Y con esta
misa empezamos la cuaresma.
La cuaresma son días para rezar. La cuaresma
son días para hacer pequeños sacrificios. La cuaresma son días para ayudar más
a las personas que nos piden ayuda.
Y la cuaresma son días para prepararnos para
la Semana Santa y la Pascua.
Monición a la bendición de la ceniza.
Ahora el sacerdote va a bendecir la ceniza
que pondrá sobre nuestra cabeza.
La ceniza se ha hecho con los ramos de olivo
que utilizamos el Domingo de Ramos del año pasado.
Peticiones.-
Para que Jesús ayude al papa León. Roguemos
al Señor.
Para que Jesús ayude a los cristianos que no
son queridos en sus países Roguemos al Señor.
Para que Jesús ayude a los que van a pasar
unos días rezando. Roguemos al Señor.
Para que Jesús ayude a los que no tienen
comida. Roguemos al Señor.
Acción de gracias.
Virgen María queremos darte gracias porque
hemos empezado la cuaresma. Y porque sabemos que nos vas a ayudar a ser mejores
estos días, siendo obedientes a nuestras madres y padres.
1 TIEMPO DE
CUARESMA
Monición de entrada:
Hemos empezado la cuaresma. Los cuarenta días
que nos ayudan a preparar la fiesta de la pascua.
Cada domingo nos ayudará a ver si estamos
arreglando el corazón para ese día.
Además hoy vamos a celebrar la fiesta del
perdón. Nos arrodillaremos y Jesús a través de José nos perdonará los pecados
por primera vez.
Señor, ten piedad.
Tú que nos acompañas estos días. Señor, ten piedad.
Tú que nos ayudas a portarnos bien. Cristo,
ten piedad.
Tú que nos vas a perdonar las veces que nos
hemos portado mal. Señor, ten piedad.
Peticiones.-
Para que la Iglesia sea la casa donde todos
se sientan perdonas. Te lo pedimos Señor.
Para que las palabras de Jesús nos ayuden a
ser buenos en cuaresma. Te lo pedimos Señor.
Para que las personas que se enfadan con los
demás o hablan mal de ellos, tengan un corazón grande para pedir perdón. Te lo
pedimos Señor.
Hoy es el día del seminario. Le pedimos para
que tengamos muchos y buenos sacerdotes que nos perdonen los pecados. Te lo
pedimos Señor.
Por nosotros, para que nunca nos cansemos de
pedirle perdón a Dios cuando nos portemos mal. Te lo pedimos Señor.
Oración.
Virgen María,
queremos darte las gracias porque tenemos un
corazón nuevo, como el que teníamos de pequeños.

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