Primera lectura.
Lectura del libro de
Isaías 25, 6-10a.
Esto dice el Señor a su
ungido, a Ciro:
-Yo lo he tomado de la
mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes, para abrir
ante él las puertas, para que los portales no se cierren. Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque
no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios. Te
pongo el cinturón, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro.
Textos paralelos.
Esto dice Yahvé a su
Ungido Ciro.
Is 41, 1-5: Islas,
callad ante mí; / naciones, esperad mi reto. / Que se acerquen a hablar, /
compadezcamos juntos a juicio. / ¿Quién lo ha suscitado en oriente / y convoca
la victoria a su paso, / le entrega los pueblos, / le somete los reyes? / Su
espada los tritura / y su arco los dispersa como paja; / los persigue y avanza
seguro / por sendas que sus pies no hollaban. / ¿Quién lo ha hecho y ejecutado?
/ El que anuncia el futuro de antemano. / Yo, el Señor, que soy el primero, /
yo estoy con los últimos. / Vedlo, islas, y estremeceros, / tiemblen los
confines del orbe.
Yo marcharé delante
de ti.
Is 40, 4: Que los valles
se levanten, / que montes y colinas se abajen, / que lo torcido se enderece / y
lo escabroso se nivele.
Romperé los cerrojos
de hierro.
Sal 107, 16: Quebró las
puertas de bronce / y arrancó los cerrojos de hierro.
A causa de mi siervo
Jacob.
Is 41, 8: Tú, Israel,
siervo mío; / Jacob, mi elegido; / estirpe de Abrahán, mi amigo.
Yo soy Yahvé, no hay
ningún otro.
2 S 7, 22: Por eso eres
grande, mi Señor, como hemos oído; no hay nadie como tú, no hay Dios fuera de
ti.
Is 40, 25: ¿A quién
podéis compararme, / que me asemeje? / – dice del Santo –,
Is 44, 6: Así dice el
Señor, Rey de Israel, / su redentor, el Señor de los ejércitos; / Yo soy el
primero y yo soy el último; / fuera de mí no hay dios.
Notas exegéticas.
45 Es un oráculo real de entronización, como los de los Sal 2 y 110.
Ciro es llamado ·por su nombre· y recibe el título de “Ungido” de Yahvé”, que
estaba reservado a los reyes de Israel, y se convirtió en título del rey
salvador esperado. La paradoja se da en que este título se da aquí a un
soberano extranjero que no conocía a Yahvé. Este oráculo es extrañamente
paralelo a un texto babilónico, el “cilindro de Ciro”, en el que Marduc, que no
es un dios persa, ha “nombrado el nombre de Ciro y le ha llamado al dominio
sobre toda la tierra”. Este texto, redactado por los sacerdotes de Babilonia,
fue escrito, como el oráculo del Segundo Isaías, en el momento de la marcha
victoriosa de Ciro, el 538.
45 1 (a) La unción con aceite era el signo de la penetración del Espíritu
de Dios, que investía a una persona para una misión: el rey (2 S 5, 3), el
sacerdote (Ex 29, 7) o el profeta (1 R 19, 16; Is 61, 1). Aquí domina la
acepción real y se aplica evidentemente al persa Ciro.
45 1 (b) Lit. “desceñiré los riñones de los reyes”, comparar 1 R 20 11, y
la fórmula inversa “ceñir sus riñones”: “ceñir su espada”.
Salmo responsorial
Salmo 96 (95), 1. 3.4.-4.7-10b
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.
Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son
nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.
Familias de los pueblos, aclamad al
Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor;
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.
R/.
Postraos ante el Señor en el atrio
sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: “El Señor es rey:
él gobierna a los pueblos rectamente”. R/.
Textos paralelos.
¡Cantad a Yahvé un nuevo canto!
1 Cro 16, 23-33: Cantad
al Señor la tierra entera, / pregonad día tras día su victoria. / Contad a los
pueblos su gloria / sus maravillas a todas las naciones; / porque es grande el
Señor y muy digno de alabanza; / más temible que todos los dioses. / Pues los
dioses de los paganos son apariencia, / mientras que el Señor hizo los cielos; /
honor y majestad están en su presencia, / fuerza y belleza en su santuario. /
Tributad al Señor, familias de los pueblos, / tributad al Señor la gloria de su
nombre, / entrad en sus atrios trayéndole ofrendas; / postraos ante el Señor en
el atrio sagrado, / tiemble en su presencia la tierra entera. / Él afianzó el
orbe y no vacilará. / Alégrense los cielos, goce la tierra, / y digan los
pueblos: “El Señor es rey”. / Retumbe el mar y cuanto hay en ella, / aclamen
los árboles silvestres / delante del Señor, que ya llega, / ya llega a regir la
tierra.
Sal 98, 1: Cantad al
Señor un cántico nuevo / porque ha hecho maravillas; / su diestra le ha dado la
victoria, / su santo brazo.
Confiad su gloria a
las naciones.
Sal 98, 2: El Señor da a
conocer su victoria, / revela su justicia a la vissta de los pueblos.
Sal 105, 1: Dad gracias
al Señor, invocad su nombre, / informad de sus hazañas a los pueblos.
Pues grande es Yahvé.
Sal 48, 2: ¡Grande es el
Señor! y muy digno de alabanza / en la ciudad de nuestro Dios.
Sal 145, 5: Alaban ellos
tu gloria y majestad / y yo medito tus maravillas.
Tributad a Yahvé,
familias de los pueblos.
Sal 29, 1: Hijos de
Dios, aclamad al Señor / aclamad la gloria y el poder del Señor.
Postraos ante Yahvé
en el atrio sagrado.
Sal 29, 2: Aclamad la
gloria del nombre del Señor, / postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
El orbe está seguro,
no vacila.
Sal 93, 1: El Señor
reina, de majestad vestido, / el Señor, vestido y ceñido de poder. / Así está
firme el orbe y no vacila.
Notas exegéticas.
96 Este himno,
que agrupa quizá dos poemas que celebran la realeza divina y el advenimiento
del Juez del mundo, se compone de reminiscencias de Salmos y de Isaías. – El
orden es distinto en la recesión de 1 Cro 16, 23-33. – El griego añade un
título al salmo: “Cántico de David. cuando se construía la casa tras el
cautiverio”.
96 8 El poeta sigue el Sal 29, 1-2, cuyo tono universalista acentúa,
ver Sal 47, 10; Za 14, 17
Segunda lectura.
Lectura de la carta del
apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b
Pablo, Silvano y Timoteo
a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A
vosotros, gracia y paz. En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros
y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante
Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y
la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor. Bien sabemos,
hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro
evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu
Santo y con plena convicción.
Textos paralelos.
Pablo, Silvano y Timoteo a
la Iglesia.
2 Ts 1, 1-2: De Pablo, Silvano y Timoteo a la iglesia de Dios Padre y
del Señor Jesucristo en Tesalónica: paz y gracia a vosotros. Damos siempre
gracias a Dios por todos vosotros.
Rm 1, 1: De Pablo, siervo de Jesús Mesías, llamado a ser apóstol,
reservado para anunciar la buena noticia de Dios.
Hch 15, 22: Entonces los apóstoles, los ancianos y la comunidad entera
decidieron escoger algunos dirigentes de los hermanos, para enviarlos con
Pablo, Bernabé, Judas por sobrenombre Barsabas y Silas.
Hch 16, 1: Así llegó a Derbe y Listra. Había allí un discípulo llamado
Timoteo, hijo de madre judía convertida y de padre griego.
En todo momento damos gracias a Dios.
1 Ts 2, 13-14: Por eso también nosotros damos gracias incesantes a
Dios, porque, cuando nos escuchasteis la palabra de Dios, la acogisteis, no
como palabra humana, sino como realmente es, palabra de Dios, activa en
vosotros, los creyentes.
La eficacia de vuestra fe.
1 Co 13, 13: Ahora nos quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres.
La más grande de todas es el amor.
1 Ts 5, 8: Nosotros, en cambio, como seres diurnos, permanezcamos
sobrios, revestidos de la coraza de la fe y el amor, con el casco de la
esperanza de salvación.
Ap 2, 2: Conozco tus obras, tus fatigas, tu paciencia, que no toleras a
los malvados, que has sometido a prueba a los que se dicen apóstoles sin serlo
y has comprobado que son falsos.
Ya que os fue predicado nuestro Evangelio.
1 Co 2, 4: Mi mensaje y mi proclamación no se apoyaban en palabras
sabias y persuasivas, sino en la demostración del poder del Espíritu.
1 Ts 2, 13: Por eso también nosotros damos gracias incesantes a Dios,
porque, cuando nos escuchasteis la palabra de Dios, la acogisteis, no como
palabra humana, sino realmente es, palabra de Dios, activa en vosotros, los
creyentes.
Hch 1, 8: Pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre
vosotros, y seréis testigos míos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta el
confín del mundo.
Notas exegéticas.
1 1 (a) Contrariamente
a su costumbre, Pablo no reivindica aquí su título de apóstol, tanto en
Tesalónica como en Filipos, su autoridad de apóstol no era discutida, como lo
será en Corintio y en Galacia.
1 1 (b) Este
término es empleado aquí en el sentido de comunidad cristiana local (ver 1 Co
1, 2).
1 1 (c) Adicción:
“de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”, ver 2 Ts 1, 2.
1 2 Tras
el saludo a los destinatarios de sus cartas Pablo tiene por costumbre (salvo en
la epístola a los gálatas) dirigir a Dios una acción de gracias. En ella suele
expresar su alegría por la acción de Dios en el seno de las comunidades
cristianas, y por la forma generosa con la que los nuevos cristianos responden
a ella. Aquí la acción de gracias está especialmente desarrollada, pues
continua hasta el final del capítulo 3. Para Pablo, es la ocasión propicia para
recordar las principales circunstancias de la evangelización de Tesalónica.
1 3 Pablo
ve estas tres disposiciones cristianas, 1 Co 13, 13, actuando en la vida d ela
Iglesia, y en cada una de ellas subraya una cualidad apropiada para
circunstancias difíciles.
1 4 Lit.
“conocemos vuestra elección·. En el AT la elección es un privilegio de Israel,
llamado por tal motivo el “pueblo elegido”. Dios lo escogió entre los otros
pueblos no en virtud de sus propios méritos, sino por pura gracia. Pablo
reconoce ahora el mismo privilegio de las comunidades cristianas de origen
griego, destinatarias del amor gratuito de Dios Salvador. Ver 2 P 1, 10.
1 5 Var.:
“el Evangelio de Dios” o “desde nuestro Dios”. – El evangelio no es solamente
la predicación, es toda la economía nueva de la salvación. Gn 1, 6 (b), cuya
eficacia asegura el Espíritu.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21
-Maestro, sabemos que eres
sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te
importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es
lícito pagar impuesto al Cesar o no?
Comprendiendo su mala voluntad,
les dijo Jesús:
-Hipócritas, ¿por qué me
tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.
Le presentaron un denario. Él
les preguntó:
-¿De quién son esta imagen y
esta inscripción?
Le respondieron:
-Del Cesar.
Entonces les replicó:
-Pues dad al César lo que es
del César y a Dios lo que es de Dios.
Textos paralelos.
|
Mateo |
Marcos 12, 13-17: |
Lucas 20, 20-26: |
|
En aquel tiempo, se retiraron los fariseos
y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con
unos herodianos, y le dijeron:
-Maestro, sabemos que eres sincero y que
enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie,
porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar
impuesto al Cesar o no?
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo
Jesús: -Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
Enseñadme la moneda del impuesto.
Le presentaron un denario. Él les
preguntó: -¿De quién son esta imagen y esta
inscripción?
Le respondieron: -Del Cesar. Entonces les replicó: -Pues dad al César lo que es del César y a
Dios lo que es de Dios.
|
Después
le enviaron unos fariseos y herodianos para ponerle una trampa con las
palabras. Se acercan y le dicen:
-Maestro, nos consta que eres veraz
y que no te importan nadie porque no eres partidista, sino que enseñas
sinceramente el camino de Dios. ¿Es lícito pagar tributo al Cesar o no? ¿lo
pagamos o no?
Adivinando su hipocresía, les dijo: -¿Por qué me tentáis? Traedme un
denario, que lo vea.
Se lo llevaron y les pregunta: -¿De quíén es esta imagen y esta inscripción?
Le contestan: -Del Cesar. Y Jesús replicó: -Pues dad al Cesar lo que es del
Cesar y a Dios lo que es de Dios. |
Así que, puestos al acecho, le
enviaron unos agentes, fingiendo ser gente de bien, para atraparlo en sus
palabras y poderlo entregar a la autoridad y jurisdicción del gobernador. Le
preguntaron:
-Maestro, nos consta que hablas y
enseñas rectamente, que no eres parcial, sino que enseñas sinceramente el
camino de Dios. ¿Nos es lícito pagar tributo al Cesar o no?
Adivinando su mala intención, les
dijo: -Enseñadme el denario,
¿de quién lleva la imagen y la
inscripción?
Le contestan: -Del César. Y él les dijo: -Pues dad al César lo que es del
César y a Dios lo que es de Dios. Y no lograron atraparlo en sus palabras
delante del pueblo, antes admirados de la respuesta, se callaron |
Sorprenderle con alguna palabra:
Lc 11, 54: buscando, con insidias, atraparlo en
alguna palabra.
Enseñas el camino de Dios con franqueza.
Gn 18, 19: Lo he escogido [a Abrahán] para que
instruya a sus hijos, a su casa y sucesores, a mantenerse en el camino del
Señor, practicando la justicia y el derecho. Así cumplirá el Señor a Abrahán
cuanto le ha prometido.
Sal 25, 9: Encamina con el mandato a los humildes, /
enseña a los humildes su camino.
Sal 51, 13: No me arrojes lejos de tu rostro / ni me
quites tu santo espíritu.
1 S 16, 7: Pero el Señor le dijo: “No te fijes en
las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los
hombres, que ven la apariencia. El Señor ve el corazón”.
Pues lo del César devolvérselo.
Rm 13, 7: Dad a cada uno lo debido: impuesto,
contribución, respeto, honor; lo que toque a cada uno.
Notas exegéticas Biblia de
Jerusalén.
22 16 Partidarios de la dinastía de Herodes, Mc 3, 6, designados para denunciar
a la autoridad romana las palabras hostiles al Cesar que esperaban hacer
pronunciar a Jesús.
22 17 Además de impuestos indirectos (peajes, aduanas, inumerables tasas), las
provincias pagaban al imperio romano un tributo, el mismo para todos los
judíos, solo niños y ancianos estaban exentos de él. Era considerado un signo
infamante del sometimiento del pueblo a Roma. Los zelotes prohibían pagarlo a
sus secuaces.
22 21 Puesto que aceptan prácticamente la autoridad y los beneficios del poder
romano, del que esa moneda es símbolo, pueden e incluso deben rendirle el
homenaje de su obediencia y de sus bienes, sin perjuicio de lo que por otro
lado deben a la autoridad superior de Dios.
Notas
exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica.
15 SE
FUERON A… CONSEJO: lit. habiendo ido… consejo tomaron. // VALIÉNDOSE DE
[LA] CONVERSACIÓN: lit. en palabra, con palabras, utilizando palabras.
Hasta el final, el capítulo es un forcejeo de palabras: representantes
de los diversos grupos religiosos, quieren TENDERLE UN LAZO a Jesús – aquí:
indisponerlo con la autoridad romana, haciéndolo alinearse con los zelotes (cf.
Mc 3, 18), que prohibían pagar tributo a Roma –. A la vez es un muestrario de
la sabiduría y el ingenio, la seguridad y la fuerza dialéctica de Jesús, que
deja sin argumentos a sus adversarios (cf. vs. 34. 46). Las preguntas de estos,
no siempre capciosas, nacen de una responsabilidad; pero, al no querer creer
que Jesús es el Enviado de Dios, la responsabilidad se les convierte en culpa;
voluntariamente se excluyen del reino de Dios.
16 LOS
HERODIANOS. colaboracionistas con el poder romano, eran partidarios de la línea
dinástica de Herodes. // LE ENVIARON (lit. en presente histórico o narrativo:
le envían)… PARA DECIRLE [LE]: quienes ENVIARON, fueron los fariseos,
para que transmitieran su pregunta, como se ve por las formas verbales del
texto griego; la frase MAESTRO, SABEMOS QUE…., reproduce lo ensayado
previamente, lo que los fariseos habían hecho aprender a los emisarios. // NO
TIENES RESPETO HUMANO NINGUNO: lit. no preocupa a ti acerca de (lo que
diga) nadie, pues no miras hacia rostro de hombres; mirar a[l] rostro de
alguien es un hebraísmo; significa atender a la condición externa o social de
las personas, tener acepción de personas. Pensar que Jesús no se deja llevar
por parcialidad arbitraria e injusta (FAVORITISMO) dice más de lo que pensaban
sus adversarios: no tener favoritismo es modo de actuar típico de Dios. Cf.
referencias en Rm 2, 11.
17 El
vocablo TRIBUTO es, en griego, kênsos, del latín census. Se trata
aquí del TRIBUTO personal (no del impuesto sobre la renta), que
representaba más claramente la humillante sumisión de los judíos A[L]
EMPERADOR.
18 HIPÓCRITAS:
cf. 7, 5.
19 Por
el mero hecho de llevar consigo aquella moneda, demostraban su condición de
súbditos del emperador; y aparecía más claramente su hipocresía. // UN DENARIO:
cf. 18,28.
20 La
moneda era, para un judío ortodoxo, blasfema por la imagen (contra el 2º
Mandamiento) y por la inscripción, que consideraba a Tiberio hijo del “divino
Augusto”.
21 PAGADO:
o también: devolved (los intereses; cf. los renteros de 21, 41). La
solución no es meramente práctica; es respuesta doctrinal: “Lo de menos es que
el emperador exija un tributo que es una moneda, suya al fin y al cabo; lo
importante es vuestro tributo personal, vuestra adhesión… ¿a qué señor?.
Como Josué (Jos 24, 15-24), Jesús les lanza este desafío en el plano religioso:
“¡Elegid hoy a quién queréis servir!”. El que viva en ese plano profundo, como
“súbdito” o siervo de Dios, sabrá ser súbdito de la autoridad humana (cf. Rm
13, 7) y adoptará la actitud más cristiana en cada caso concreto.
Notas exegéticas desde la Biblia Didajé.
22, 15-22 Cristo es interrogado de nuevo por aquellos que tienen intención de
tenderle una trampa, pero él es capaz de dar la vuelta a sus críticas. Los
fieles están obligados a someterse a la autoridad civil, que ejerce su
autoridad en materia secular para el bien común. Sin embargo, si las exigencias
de la autoridad civil van en contra de la ley moral, la dignidad humana, o de
una conciencia bien formada, los fieles también tienen la obligación de negarse
a obedecer cualquier ley que les haga cómplices en el pecado. Catecismo de la
Iglesia Católica 2242, 2419 y 2423.
Catecismo de la Iglesia Católica.
2242 No corresponde a los pastores de la Iglesia intervenir directamente en la
actividad política y en la organización de la vida social. Esta tarea forma
parte de la vocación de los fieles laicos, que actúan por su propia iniciativa
con sus conciudadanos. La acción social puede implicar una pluralidad de vías
concretas. Deberá atender siempre al bien común y ajustarse al mensaje
evangélico y a la enseñanza de la Iglesia. “Corresponde a los fieles laicos
animar con su compromiso cristiano las realidades temporales y, en ellas,
procurar ser testigos y operadores de paz y de justicia” (Juan Pablo II. Carta
encíclica Solicitudo rei socialis, 47. 1988).
2419 “La revelación cristiana nos conduce a una comprensión más profunda de
las leyes de la vida social” (C. Vaticano II, Gaudium et spes, 23.
1966). La Iglesia recibe del Evangelio la plena revelación de la verdad del
hombre. Cuando cumple la misión de anunciar el Evangelio, enseña al hombre, en
nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las
personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a
la sabiduría divina.
2423 La doctrina social de la Iglesia propone principios de reflexión, extrae
criterios de juicio, da orientaciones para la acción. Todo sistema según el
cual las relaciones sociales deben estar determinadas enteramente por los
factores económicos resulta contrario a la naturaleza de la persona humana y de
sus actos (Juan Pablo II, Carta encíclica Centessimus annus, 24. 1991).
Concilio Vaticano II
[Cristo] reconoció los derechos del poder civil al
ordenar dar tributo al Cesar; pero advirtió con claridad que deben respetarse
los derechos superiores de Dios: “Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo
que es de” Dios (Mt 22, 21).
Dignitatis humanae, 11.
La profunda y veloz transformación del mundo exige
con gran urgencia que no exista nadie que, despreocupado del curso de las cosas
e indolente en su inercia, se contente con una ética meramente individualista.
El deber de justicia y caridad se cumple cada vez más cuando uno, contribuyendo
al bien común según su propia capacidad y las necesidades de los otros, además
promueve y ayuda a aquellas instituciones, públicas o privadas, que sirven para
mejorar las condiciones de vida de los hombres. Hay quienes, profesando opiniones
amplias y generosas, sin embargo viven siempre como si no se preocuparan en
absoluto de las necesidades de la sociedad. Más aún, muchos, en diferentes
países, no estiman las leyes y las normas sociales. No pocos, con diversos
fraudes y engaños, no dudan en evitar los impuestos justos u otras obligaciones
debidas a la sociedad. Otros estiman poco algunas normas de vida social, por
ejemplo las establecidas para proteger la salud, o el código de la circulación,
sin darse cuenta de que con semejante negligencia ponen en peligro su vida y la
de otros.
Sea para todos algo inviolable considerar y observar
las relaciones sociales como uno de los deberes principales del hombre de hoy.
Pues cuanto más se unifica el mundo, tanto más abiertamente los deberes del hombre
rebasan los grupos particulares y, poco a poco, se extienden por el mundo
entero. Esto no puede realizarse si cada hombre y cada grupo no cultivan en sí
mismos y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de modo que
surjan hombres realmente nuevos y artífices de la nueva humanidad, con el
auxilio necesario de la gracia divina.
Gaudium et Spes, 30.
San Jerónimo.
15.16. Entonces los fariseos se retiraron….: Sometida recientemente a los romanos, bajo
César Augusto, cuando tuvo lugar el censo de toda la tierra, Judea había sido
hecha tributaria y el pueblo estaba muy dividido. Unos decían que se debía
pagar el tributo para tener la seguridad y la paz porque los romanos la
aseguraban para todos; los fariseos, por el contrario, que se jactaban de su
justicia, sostenían que el pueblo de Dios que pagaba el diezmo, ofrecía las
primicias y cumplía las demás prescripciones escritas en la Ley, no debía estar
sometido a las leyes humanas. César Augusto había establecido, como rey de los
judíos a Herodes, un extranjero y un prosélito, hijo de Antipáter, que estaría
encargado de cobrar el tributo y obedecería al poder romano. […] Algunos
latinos [Tertuliano y Filastrio de
Brescia] piensan que los herodianos eran los que creían que Herodes era el
Cristo, pero esto es ridículo y no lo hemos leído en ninguna parte.
16.17. Maestro, sabemos…: Pregunta lisonjera [aduladora, rae.es] e insidiosa para inducirlo a
responder que él teme a Dios más que al César y a decir que no se debe pagar el
tributo, a fin de que los herodianos que lo escuchen lo detengan inmediatamente
como caudillo de una sedición contra los romanos.
18.
Pero Jesús, conociendo…: El primer poder sobrenatural del que les
responde es conocer el pensamiento de los que le preguntan y llamarlos no
discípulos sino tentadores. Se le llama hipócrita al que es una cosa y simula
otra, es decir que hace una cosa y pretende otra con sus palabras.
21.
Dad, pues al César…: Por César entendamos no Augusto sino a su hijastro
Tiberio [47 a.C.-37 d.C., emperador romano hijo de Tiberio Claudio Nerón y de
Livia, sucedió a Augusto el año 14 d.C.], que había sucedido a su padrastro y
bajo cuyo gobierno, precisamente, padeció el Señor. Todos los emperadores
romanos, a partir de Gayo César que se había apoderado del imperio, fueron
llamados Césares. En cuanto a las palabras: Dad al César lo que es del César,
quiere decir la moneda, el tributo, el dinero, y a Dios lo que es de Dios:
los diezmos, las primicias, oblaciones y víctimas, así como él mismo había
pagado el tributo por él y por san Pedro [cf. Mt 17,20] y daba a Dios lo que es
de Dios haciendo la voluntad del Padre [Jn 6, 38].
22.
Al oír esto quedaron admirados. En lugar de creer como hubieran debido
ante tanta sabiduría, se admiraron de que su habilidad para tenderle trampas no
hubiera logrado su objeto.
Y dejándolo se fueron, llevándose consigo a la vez incredulidad y asombro.
San Agustín.
Reesculpamos mediante el amor a la verdad aquella imagen según la cual
fuimos creados, y devolvamos a nuestro César su propia imagen. Esto habéis
escuchado en la respuesta del Señor a los judíos que querían tentarle. Mostradme
la moneda del tributo, es decir, la imagen y la inscripción. Mostradme lo
que tributáis, lo que preparáis, lo que se os exige; enseñádmelo. Le
presentaron un denario, y preguntó de quien era la imagen y la inscripción. Le
respondieron: Del César (Mt 22, 18-21).
También este César busca su imagen. El César no quiere que parezca lo que él
ordenó y Dios no quiere que perezca lo que él hizo. El César, hermanos míos, no
hizo la moneda; la hacen sus acuñadores; ordena a los artífices que la hagan;
lo mandó a sus ministros. La imagen está grabada en la moneda; en ella se halla
la imagen del César. Con todo, busca lo que otros imprimieron: atesora, no
quiere negarse a sí mismo. La moneda de Cristo es el hombre. En él está la
imagen de Cristo, en él el nombre de Cristo, la función de Cristo y los deberes
de Cristo.
Sermón 90,10
San Juan de Ávila.
3. Estos
herodianos, dicen algunos que eran gente de la justicia, pero no parece que
llevan camino para gente tan astuta: porque si ellos querían tomar a Cristo a
traición, claro está que no le habían de enviar la justicia. Lo que me parece
que lleva más camino es que esta gente debía de ser una secta que entonces
había.
5. Licet tributum dari Caesari an non? Nosotros somos vasallos del Rey del cielo,
conocemos a Dios y vivimos en su ley, y parécenos cosa contra su voluntad pagar
tributo a un hombre que adora los ídolos y los palos, y no conoce a Dios. ¿Qué
te parece que debemos hacer? Sus mañas. So color de pedirle consejo, iban
armados para tomarle la palabra, pareciéndoles que por esta vía no se les podía
escapar, porque de cualquier manera que respondiese, según la cuenta que ellos
llevaban hecha, habría de qué lo caluniar; porque si dice que paguemos el
tributo, achacalle hemos que es contra Dios en decir que paguemos tributo a un
infiel; y si dice que no lo paguemos, tomallo ha la gente del emperador y
matallo ha, y de esta manera no se podrá por ninguna parte escapar.
6.
Propuesta, pues, al Señor la cuestión, responde: Hipóquitas, hombres
fingidos, ¿por qué me tentáis? ¿Por qué no venís a mis sermones con
corazones sencillos? ¿Para qué os aprovecha la doctrina? ¿Por qué os llamáis
discípulos de quien no queréis tener por maestro ni seguís su parecer ni
consejo?
Responden: Del César, que es ésta la moneda que corre y con la que compramos que comer.
- Pues,
si la moneda es de César y con ella compráis lo que habéis menester, ya os
profesáis por vasallo del césar, y no es contra razón que le reconozcáis
vasallaje y le paguéis tributo en reconocimiento de él. Id, pues, y pagad a
César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios, que no contradice
servir con el cuerpo al rey y con el ánima a Dios. Ansí que el conocimiento, el
amor, la esperanza, etc., dadlo a Dios y lo demás dadlo al César. Y de esta
manera fueron los malaventurados confundidos, sin saber que responder (cf. Mt 22,
16-22). Haec est littera sancti evangelii.
26. Domingo 22 después de Pentecostés. O.C. III. Pg. 308-310
San Oscar Romero. Homilía.
El Papa es grande, porque Dios lo ha escogido para ser su Vicario en la
tierra. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Tú eres la
piedra de consistencia en la cual toma unidad y estilo la Iglesia que Yo,
Cristo, construyo. No la construye el Papa ni los Obispos, no somos más que los
humildes peones del gran artífice de la Iglesia. Construiré mi Iglesia y si las
puertas del infierno y de la muerte no prevalecen, no es porque descanse en los
hombros frágiles que apenas pueden soportar un mes la tremenda carga, sino
porque ese símbolo del Papa está sostenido por lo que es vida eterna, lo
inmortal., lo santo, lo divino: Cristo, Nuestro Señor. Y esto es lo que hace
grande a Juan Pablo, como a los últimos Pontífices tan santos y tan cristianos:
Ser cristiano y tratar de traducirse en instrumento del. cristianismo para el
mundo, hablar de Cristo. Porque Juan Pablo, podía decirse de él lo que el
Evangelio de San Juan dice del primer Juan cristiano: "No era él la luz,
pero vino a señalar la luz". Y si Juan Pablo encendió una lámpara que
iluminó toda la noche en que murió y que amaneció iluminando el día de la
historia y esa luz es la luz de Cristo -la luz de Cristo, la luz de la Iglesia-
es porque señaló los caminos de la verdad Iglesia. Dicen que murió con el libro
de La Imitación de Cristo y que, mientras leía, la luz quedó encendida y en sus
manos el librito del Kempis, La Imitación de Cristo.
Homilía 22 de octubre de 1978.
León XIV. Audiencia. 7 de octubre de 2026. Catequesis - Catequesis
- Los documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución pastoral Gaudium et spes 5. La
misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo (GS, 40-45)
Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Retomando la reflexión sobre la Constitución
concicliar Gaudium et spes (GS),
hoy consideramos el cuarto capítulo de la primera parte dedicado a la misión de
la Iglesia en el mundo contemporáneo.
Ante todo, el Concilio
recuerda que la Iglesia no está “por encima de” o “junto” al mundo, sino que
está injertada en él. «Mundus reconciliatus Ecclesia», escribía San
Agustín (Sermón 96): la Iglesia es un mundo ya reconciliado con Dios;
somos peregrinos en la tierra y con este mundo compartimos la fragilidad y la
belleza (cf. GS,
40).
Como el Hijo de Dios se encarnó para dar la vida al mundo
y reconciliarlo con el Padre, así la Iglesia habita en el mundo como señal
de la encarnación de Dios para manifestar su plan de hacernos a todos hijos
suyos en una única gran familia humana. Por ello, la Iglesia camina en la
historia en medio de las gentes y de las culturas y «este entrelazamiento de
vida con los pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un
alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se
tejen las relaciones sociales» (Carta
enc. Magnifica humanitas, 19).
La primera misión de la Iglesia es la de ayudar a
las personas a prestar atención a las preguntas profundas de la vida: aquellas sobre
nuestro origen y nuestro destino, así como aquellas sobre el sentido del amor y
del dolor (cf. GS,
41). La lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la
información corren el riesgo de ejercer una presión indebida para que las
personas se adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes
materiales, pero nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto.
Los Padres del Concilio
recuerdan que la misión de la Iglesia se realiza también al contribuir a la
construcción de la ciudad terrenal. Sin embargo, sus métodos y su
finalidad no son principalmente de carácter político, sino que consisten en el
testimonio de la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la
justicia, la paz, la fraternidad. Adorando a Cristo, el Justo que
murió por los injustos, el creyente no puede aceptar la opresión de los
pequeños y de los pobres, ni tampoco aquellas estructuras injustas que
perpetúan las condiciones de dependencia y de injusticia. La Doctrina
social de la Iglesia orienta la acción de los cristianos, que colaboran con
todas las personas de buena voluntad al promover el bien común. La Iglesia, por
lo tanto, «nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de
todos, bajo cualquier régimen político que reconozca los derechos fundamentales
de la persona y de la familia y los imperativos del bien común» (GS,
42).
Para cumplir con eficacia la misión evangélica es
necesario que cada bautizado se comprometa a cooperar con la gracia del
Espíritu Santo, para que su fe sea viva y se exprese en comportamientos
coherentes. De hecho, como recuerdan los Padres conciliares, la separación entre la
fe profesada y la vida diaria «debe ser considerado como uno de los más graves
errores de nuestra época» (GS,
43).
Gaudium
et spes reserva una mención particular (cf. ibid.) a la misión de los fieles
laicos, los cuales, en virtud del Bautismo, están llamados a animar el mundo
con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio. Lugares principales de
esta acción, que bien puede definirse como sacerdotal, son indudablemente la
familia y la actividad laboral, pero se extiende a todos los ámbitos de la
vida.
Por último, la Iglesia siempre está atenta a lo que en la
sociedad sucede y se desarrolla (cf. GS,
44). Es tarea de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de los
teólogos, discernir lo que en las culturas de nuestro tiempo es digno de
consideración, teniendo siempre como supremo criterio de discernimiento la
Palabra de Dios y la Tradición de la Iglesia. Esto requiere un ánimo equilibrado
y libre de las modas culturales, capaz de mirar al mundo en un modo positivo y,
al mismo tiempo, firme en la custodia y la presentación del mensaje evangélico
en su integralidad. De hecho, «Ciertamente, no es diluyendo los contenidos y
suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo» (Discurso
a la Plenaria del Dicasterio para la Evangelización – Sección cuestiones
fundamentales de la evangelización del mundo, 28 de mayo de 2026).
Queridos, la Iglesia, mientras está en camino en la
historia, «sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la
salvación de toda la humanidad» (GS,
45). Con este fin, se orienta sobre todo a través de la santidad personal y el
amor fraternal. Escribía San Pablo VI: «Sin
esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el
corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e
infecunda» (Exhort.
ap. Evangelii nuntiandi, 76). Por lo tanto, hagámonos dóciles a la
acción del Espíritu Santo, para que nos ayude a vivir en santidad y caridad,
para que el mundo pueda creer y tener esperanza.
Papa León XIV. Angelus. 11 de
octubre de 2026.
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Hoy, en el Evangelio, Jesús habla de la fiesta de bodas
que un rey prepara para su hijo (cf. Mt 22,1-14).
El matrimonio de un hijo es un momento especial para cada
familia, y este padre, feliz, quiere compartir su alegría con todos. Ofrece un
banquete e invita a muchas personas. Santo Tomás de Aquino dice, al respecto,
que el bien tiende por naturaleza a difundirse: «Bonum dicitur diffusivum
sui» (Summa theologiae, I, q. 5 a. 4, ad 2). También la imagen de
nuestro relato, en el contexto concreto de una experiencia cotidiana, nos habla
de esta realidad. Cuando sucede algo bueno, se enciende una luz que lleva a
incluir a los demás en la propia felicidad.
Sin embargo, ante un ofrecimiento tan hermoso, los
invitados, en vez de unirse a la fiesta, dan un paso atrás y prefieren seguir
ocupándose de sus propios asuntos. Es más, algunos, molestos, insultan e
incluso matan a los mensajeros del rey. Lamentablemente, esto también sucede: el
bien que ofrecemos no siempre es comprendido, reconocido o apreciado; a veces
incluso es malinterpretado y rechazado. Pero eso no debe desanimarnos. El
rey, frente al rechazo, no suspende la boda ni cancela los festejos; es más,
extiende su invitación a un número aún mayor de personas, enviando a sus
siervos a llamarlas por las calles, de modo que la alegría de los esposos sea
un don para todos.
Llegados a este punto, nos preguntamos: ¿a quién
representan los protagonistas de esta historia? San Jerónimo identifica al
rey con el Padre de los cielos, al esposo con Jesús y a la esposa con la
Iglesia (cf. Comentario al Evangelio de san Mateo, Libro III, cap.
22). Entre los protagonistas, entonces, estamos también nosotros, elegidos
por el Señor para compartir con Él nuestra existencia y para ser junto a Él
portadores de vida. La fiesta de bodas es la nuestra, y la sala del
banquete son nuestras iglesias, nuestras casas, los lugares donde vivimos, y
donde cada día el Hijo del Rey, Jesucristo, vuelve a declararnos su amor y
espera nuestro “sí”. Allí nosotros lo encontramos, como la esposa, con la
vestidura blanca del Bautismo y ataviados con las joyas de las buenas obras,
que nos acercan a Dios y entre nosotros.
La alegría que anunciamos no es artificial, sino
profunda, concreta, real, hermosa como los rostros de las personas que encontramos,
verdadera como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, las manos estrechadas,
los gestos de bien de nuestras jornadas. Y es un don de Dios para la
salvación del mundo.
Pidamos a María, Madre del Señor, que nos ayude a crecer
en esta alegría y a anunciarla siempre y en todas partes, también allí donde no
es comprendida; con generosidad, con valentía y con fe.
Papa Francisco. Angelus. 22 de
octubre de 2023.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de la Liturgia de hoy nos relata que algunos fariseos se unen
a los herodianos para tender una trampa a Jesús. Siempre buscaban tenderle
trampas. Van donde Él y le preguntan: «¿Es lícito pagar impuesto al César o
no?» (Mt 22,17). Es un engaño: si Jesús legitima el impuesto, se pone de
parte de un poder político mal respaldado por el pueblo, mientras que si dice
de no pagarlo puede ser acusado de rebelión contra el imperio. Una auténtica
trampa. Pero Él escapa de esta insidia. Pide que le muestren una moneda, que
lleva impresa la imagen del César, y les dice: «Pues dad al César lo que es del
César y a Dios lo que es de Dios» (v. 21). ¿Qué significa esto?
Estas palabras de Jesús se han convertido en algo de uso común, pero a
veces se han utilizado de manera equivocada – o al menos reductiva – para
hablar de las relaciones entre Iglesia y Estado, entre cristianos y política; a
menudo se entienden como si Jesús quisiera separar a “César” y a “Dios”, es
decir, la realidad terrenal de la espiritual. A veces, también nosotros
pensamos así: una cosa es la fe con sus prácticas y otra cosa, la vida de todos
los días. Y esto no funciona. Esto es una “esquizofrenia”, como si la fe no
tuviera nada que ver con la vida concreta, con los desafíos de la sociedad, con
la justicia social, con la política y etcétera.
En realidad, Jesús quiere ayudarnos a colocar al “César” y a “Dios” cada
uno en su importancia. Al César - es decir, a la política, a las instituciones
civiles, a los procesos sociales y económicos – pertenece el cuidado del orden
terrenal, y nosotros, que en esta realidad estamos inmersos, debemos restituir
a la sociedad lo que nos ofrece a través de nuestra contribución de ciudadanos
responsables, prestando atención a lo que se nos confía, promoviendo el derecho
y la justicia en el mundo del trabajo, pagando honestamente los impuestos,
comprometiéndonos por el bien común y etcétera. Pero, al mismo tiempo, Jesús
afirma la realidad fundamental: que a Dios pertenece el hombre, todo hombre y
todo ser humano. Y esto significa que nosotros no pertenecemos a ninguna
realidad terrenal, a ningún “César” de turno. Somos del Señor y no debemos ser
esclavos de ningún poder mundano. En la moneda, por lo tanto, está la imagen
del emperador, pero Jesús nos recuerda que en nuestra vida está impresa la
imagen de Dios, que nada ni nadie puede ensombrecer. Al César pertenecen las
cosas de este mundo, pero el hombre y el mundo mismo pertenecen a Dios: ¡no lo
olvidemos!
Comprendamos entonces que Jesús nos está devolviendo a cada uno de nosotros
a la propia identidad: en la moneda de este mundo está la imagen de César,
pero, ¿tú – yo, cualquiera de nosotros - qué imagen llevas dentro de ti?
Hagámonos esta pregunta: ¿yo, qué imagen llevo dentro de mí? ¿Tú, de quién eres
imagen en tu vida? ¿Nos acordamos de pertenecer al Señor, o nos dejamos modelar
por las lógicas del mundo y hacemos del trabajo, de la política, del dinero,
nuestros ídolos a adorar?
Que la Virgen Santa nos ayude a reconocer y a honrar nuestra dignidad y la
de todo ser humano.
Papa Francisco. Ángelus. 11 de
octubre de 2020.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de la Liturgia de hoy nos relata que algunos fariseos se unen
a los herodianos para tender una trampa a Jesús. Siempre buscaban tenderle
trampas. Van donde Él y le preguntan: «¿Es lícito pagar impuesto al César o
no?» (Mt 22,17). Es un engaño: si Jesús legitima el impuesto, se pone de
parte de un poder político mal respaldado por el pueblo, mientras que si dice
de no pagarlo puede ser acusado de rebelión contra el imperio. Una auténtica
trampa. Pero Él escapa de esta insidia. Pide que le muestren una moneda, que
lleva impresa la imagen del César, y les dice: «Pues dad al César lo que es del
César y a Dios lo que es de Dios» (v. 21). ¿Qué significa esto?
Estas palabras de Jesús se han convertido en algo de uso común, pero a
veces se han utilizado de manera equivocada – o al menos reductiva – para
hablar de las relaciones entre Iglesia y Estado, entre cristianos y política;
a menudo se entienden como si Jesús quisiera separar a “César” y a
“Dios”, es decir, la realidad terrenal de la espiritual. A veces,
también nosotros pensamos así: una cosa es la fe con sus prácticas y otra
cosa, la vida de todos los días. Y esto no funciona. Esto es una
“esquizofrenia”, como si la fe no tuviera nada que ver con la vida concreta,
con los desafíos de la sociedad, con la justicia social, con la política y
etcétera.
En realidad, Jesús quiere ayudarnos a colocar al “César” y a “Dios”
cada uno en su importancia. Al César - es decir, a la política, a las
instituciones civiles, a los procesos sociales y económicos – pertenece el
cuidado del orden terrenal, y nosotros, que en esta realidad estamos
inmersos, debemos restituir a la sociedad lo que nos ofrece a través de
nuestra contribución de ciudadanos responsables, prestando atención a lo que se
nos confía, promoviendo el derecho y la justicia en el mundo del trabajo,
pagando honestamente los impuestos, comprometiéndonos por el bien común y
etcétera. Pero, al mismo tiempo, Jesús afirma la realidad fundamental: que a
Dios pertenece el hombre, todo hombre y todo ser humano. Y esto significa
que nosotros no pertenecemos a ninguna realidad terrenal, a ningún
“César” de turno. Somos del Señor y no debemos ser esclavos de ningún poder
mundano. En la moneda, por lo tanto, está la imagen del emperador, pero
Jesús nos recuerda que en nuestra vida está impresa la imagen de Dios, que nada
ni nadie puede ensombrecer. Al César pertenecen las cosas de este mundo, pero
el hombre y el mundo mismo pertenecen a Dios: ¡no lo olvidemos!
Comprendamos entonces que Jesús nos está devolviendo a cada uno de nosotros
a la propia identidad: en la moneda de este mundo está la imagen de César,
pero, ¿tú – yo, cualquiera de nosotros - qué imagen llevas dentro de ti?
Hagámonos esta pregunta: ¿yo, qué imagen llevo dentro de mí? ¿Tú, de quién eres
imagen en tu vida? ¿Nos acordamos de pertenecer al Señor, o nos dejamos
modelar por las lógicas del mundo y hacemos del trabajo, de la política, del
dinero, nuestros ídolos a adorar?
Que la Virgen Santa nos ayude a reconocer y a honrar nuestra dignidad y la
de todo ser humano.
Papa Francisco. Angelus. 22 de
octubre de 2017.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo (Mateo 22, 15-21) nos presenta un nuevo
cara a cara con Jesús y sus opositores. El tema afrontado es el del tributo al
César: una cuestión «espinosa», acerca de la legalidad o no de pagar los
impuestos al emperador de Roma, al que estaba sometida Palestina en el tiempo
de Jesús. Las posiciones eran diversas. Por lo tanto, la pregunta que hicieron
los fariseos: «¿Es lícito pagar tributo al César o no?» (v. 17) constituye
una trampa para el Maestro. De hecho, según cómo hubiera respondido, podría
haber sido acusado de estar a favor o en contra de Roma.
Pero Jesús, también en este caso, responde con calma y aprovecha la
pregunta maliciosa para dar una enseñanza importante, elevándose por encima de
la polémica y de las formaciones opuestas. Dice a los fariseos: «Mostradme la
moneda del tributo». Estos le presentan el dinero y Jesús, observando la
moneda, pregunta: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Los fariseos
solo pueden responder: «De César». Entonces Jesús concluye: «Dad entonces al
César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (cf v. 19-21). Por un
lado, al insinuar devolver al emperador lo que le pertenece, Jesús declara que pagar
el impuesto no es un acto de idolatría, sino un acto debido a la autoridad
terrenal; por el otro —y es aquí donde Jesús da el «golpe maestro»— reclamando
el primado de Dios, pide que se le rinda lo que le espera como Señor de la
vida del hombre y de la historia.
La referencia a la imagen de César, incisa en la moneda, dice que es
justo sentirse ciudadanos del Estado de pleno título —con derechos y deberes—;
pero simbólicamente hace pensar en otra imagen que está impresa en cada
hombre: la imagen de Dios. Él es el Señor de todo y nosotros, que
hemos sido creados «a su imagen» le pertenecemos ante todo a Él. Jesús
planteó, a partir de la pregunta hecha por los fariseos, una interrogación más
radical y vital para cada uno de nosotros, una interrogación que podemos
hacernos: ¿a quién pertenezco yo? ¿A la familia, a la ciudad, a los
amigos, a la escuela, al trabajo, a la política, al Estado? Sí, claro. Pero
antes que nada —nos recuerda Jesús— tú perteneces a Dios. Esta es la
pertenencia fundamental. Es Él quien te ha dado todo lo que eres y tienes.
Y por lo tanto, nuestra vida, día a día, podemos y debemos vivirla en el
reconocimiento de nuestra pertenencia fundamental y en el reconocimiento de
corazón hacia nuestro Padre, que crea a cada uno de nosotros de forma singular,
irrepetible, pero siempre según la imagen de su Hijo amado, Jesús. Es un
misterio admirable. El cristiano está llamado a comprometerse concretamente
con las realidades humanas y sociales sin contraponer «Dios» y «César»;
contraponer a Dios y al César sería una actitud fundamentalista. El cristiano
está llamado a comprometerse concretamente en las realidades terrenales, pero
iluminándolas con la luz que viene de Dios. El confiarse de forma
prioritaria a Dios y la esperanza en Él no comportan una huida de la realidad,
sino restituir laboriosamente a Dios aquello que le pertenece. Por eso el
creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrenal con
plenitud y responder con coraje a sus desafíos.
Que la Virgen María nos ayude a vivir siempre en conformidad con la imagen
de Dios que llevamos en nosotros, dentro, dando también nuestra contribución a
la construcción de la ciudad terrenal.
Papa Francisco. Angelus. 19 de
octubre de 2014.
Queridos hermanos y hermanas:
Al término de esta solemne celebración, deseo saludar a los peregrinos
provenientes de Italia y de diversos países, con un recuerdo deferente para las
delegaciones oficiales. En especial, saludo a los fieles de las diócesis de
Brescia, Milán y Roma, vinculadas de modo significativo a la vida y al
ministerio del Papa Montini. A todos doy las gracias por la presencia y os
exhorto a seguir fielmente las enseñanzas y el ejemplo del nuevo beato.
Él ha sido un incansable defensor de la misión ad gentes; de ello da
testimonio, sobre todo, la exhortación apostólica Evangelii
nuntiandi con la que quiso despertar el impulso y el compromiso por la
misión de la Iglesia. Esta exhortación es aún actual, ¡conserva toda su
actualidad! Es significativo considerar este aspecto del pontificado de Pablo
VI, precisamente hoy que se celebra la Jornada mundial de las misiones.
Antes de invocar todos juntos a la Virgen con la oración del Ángelus, me
complace destacar la profunda devoción mariana del beato Pablo VI. El pueblo
cristiano estará siempre agradecido con este Pontífice por la exhortación
apostólica Marialis
cultus y por proclamar a María «Madre de la Iglesia», con ocasión de la
conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II.
Que María, reina de los santos y Madre de la Iglesia, nos ayude a realizar
fielmente en nuestra vida la voluntad del Señor, así como hizo el nuevo beato.
Papa Benedicto XVI. Angelus. 16 de
octubre de 2011.
Queridos hermanos y hermanas:
Ayer y hoy ha tenido lugar en el Vaticano un importante encuentro sobre el
tema de la nueva evangelización, encuentro que concluyó esta mañana con la celebración
eucarística que presidí en la basílica de San Pedro. La iniciativa,
organizada por el Consejo pontificio para la promoción de la nueva
evangelización, tenía como objetivo principal profundizar en los ámbitos de un
renovado anuncio del Evangelio en los países de antigua tradición cristiana y,
al mismo tiempo, ha propuesto algunos testimonios y experiencias
significativas. A esta invitación respondieron numerosas personas de todas
partes del mundo, comprometidas en esta misión, que ya el beato Juan Pablo II
había indicado claramente a la Iglesia como un desafío urgente y apasionante.
De hecho, siguiendo la estela del concilio Vaticano II y de aquel que puso en
marcha su actuación —el Papa Pablo VI—, fue tanto un incansable promotor de la
misión ad gentes, o sea, a los pueblos y a los territorios donde el
Evangelio aún no ha echado raíces, como un heraldo de la nueva evangelización.
Estos son aspectos de la única misión de la Iglesia y, por lo tanto, es
significativo considerarlos juntos en este mes de octubre, caracterizado por la
celebración de la Jornada mundial de las misiones, precisamente el próximo
domingo.
Como hice hace un momento durante la homilía
de la misa, con gusto aprovecho esta ocasión para anunciar que he decidido
convocar un especial «Año de la fe», que comenzará el 11 de octubre de 2012
—50° aniversario de la apertura del concilio Vaticano II— y concluirá el 24 de
noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del universo. Las motivaciones, las
finalidades y las líneas directivas de este «Año» las he expuesto en una carta
apostólica que se publicará en los próximos días. El siervo de Dios Pablo VI
convocó un análogo «Año de la fe» en 1967, con ocasión del decimonoveno
centenario del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, en un período de
grandes cambios culturales.
Considero que, transcurrido medio siglo desde la apertura del Concilio,
vinculada a la feliz memoria del beato Papa Juan XXIII, conviene destacar la
belleza y la centralidad de la fe, la exigencia de reforzarla y profundizarla a
nivel personal y comunitario, y hacerlo no tanto en una perspectiva
celebrativa, sino más bien misionera, precisamente en la perspectiva de la
misión ad gentes y de la nueva evangelización.
Queridos amigos, en la liturgia de este domingo se lee lo que san Pablo
escribió a los Tesalonicenses: «Cuando os anuncié nuestro Evangelio, no fue
sólo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena
convicción» ( 1 Ts 1, 5). Que estas palabras del Apóstol de los gentiles
sean auspicio y programa para los misioneros de hoy —sacerdotes, religiosos y
laicos— comprometidos en anunciar a Cristo a quien no lo conoce o a quien lo ha
reducido a simple personaje histórico. Que la Virgen María ayude a todo
cristiano a ser un buen testigo del Evangelio.
Papa Benedicto XVI. Angelus. 9de
octubre de 2008.
Queridos hermanos y hermanas:
Después de la solemne celebración eucarística y de la tradicional súplica a
la Virgen de Pompeya, como todos los domingos, dirigimos una vez más nuestra
mirada a María con el rezo del Ángelus y a ella le encomendamos las grandes
intenciones de la Iglesia y de la humanidad. De modo particular rezamos por la
Asamblea ordinaria del Sínodo de los
obispos, que se está celebrando en Roma y que tiene por tema: "La
Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia" para que dé
frutos de auténtica renovación en todas las comunidades cristianas.
La Jornada
mundial de las misiones, que celebramos hoy, nos ofrece otra intención
especial de oración. En este Año paulino propone a nuestra meditación una
célebre expresión del Apóstol de los gentiles: "¡Ay de mí si no predicara
el Evangelio!" (1 Co 9, 16). En este mes de octubre, mes misionero
y del rosario, ¡cuántos fieles y cuántas comunidades ofrecen el santo rosario
por los misioneros y por la evangelización!
Por eso, me alegra encontrarme hoy precisamente aquí, en Pompeya, en el
santuario más importante dedicado a la Virgen del Santo Rosario. Me permite
subrayar con mayor fuerza que el primer compromiso misionero de cada uno de
nosotros es precisamente la oración. Ante todo orando se prepara el camino al
Evangelio; orando se abren los corazones al misterio de Dios y se disponen los
espíritus a acoger su Palabra de salvación.
Además, en este día se da otra feliz coincidencia: precisamente hoy, en
Lisieux, son proclamados beatos Luis Martin y Celia Guérin, padres de santa
Teresa del Niño Jesús, declarada por Pío XI patrona de las misiones. Estos
nuevos beatos, con su oración y su testimonio evangélico, acompañaron y
compartieron el camino de su hija, llamada por el Señor a consagrarse a él sin
reservas entre las paredes del Carmelo. Allí, en el ocultamiento de la
clausura, santa Teresita realizó su vocación: "En el corazón de la Iglesia,
mi madre, yo seré el amor" (Manuscrits autobiographiques, Lisieux
1957, p. 229).
Pensando en la beatificación de los esposos Martin, quiero recordar otra
intención que llevo en el corazón: la familia, cuyo papel es fundamental en la
educación de los hijos en un espíritu universal, abierto y responsable hacia el
mundo y sus problemas, así como en la formación de las vocaciones a la vida
misionera.
Así, continuando espiritualmente la peregrinación que muchas familias
hicieron hace un mes a este santuario, invocamos la protección materna de la
Virgen de Pompeya sobre todas las familias del mundo, pesando ya en el VI
Encuentro mundial de las familias, que se celebrará en la Ciudad de México en
enero de 2009.
(Seguidamente, hablando en francés, añadió:)
En esta Jornada mundial de las misiones, nos unimos particularmente a los
peregrinos reunidos en Lisieux con motivo de la beatificación de Luis y de
Celia Martin, padres de santa Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones.
Con su vida de matrimonio ejemplar anunciaron el Evangelio de Cristo. Vivieron
ardientemente su fe y la transmitieron en su familia y en su entorno. Que su
oración común sea fuente de alegría y de esperanza para todos los padres y
todas las familias.
Papa Benedicto XVI. Angelus. 16 de
octubre de 2005.
Queridos hermanos y hermanas:
Hace veintisiete años, exactamente un día como hoy, el Señor llamó al
cardenal Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, a suceder a Juan Pablo I, que
murió poco más de un mes después de su elección. Con
Juan Pablo II comenzó uno de los pontificados más largos de la
historia de la Iglesia, durante el cual un Papa "venido de un país
lejano" fue reconocido como autoridad moral también por numerosos no
cristianos y no creyentes, como demostraron las conmovedoras manifestaciones de
afecto con ocasión de su enfermedad y de profundo luto después de su muerte.
Ante su tumba, en la cripta vaticana, todavía prosigue ininterrumpidamente la
peregrinación de numerosísimos fieles, y también este es un signo elocuente de
que el amado Juan Pablo II ha entrado en el corazón de la gente, sobre todo por
su testimonio de amor y entrega en el sufrimiento.
En él pudimos admirar la fuerza de la fe y de la oración, y una
consagración total a María santísima, que lo acompañó y lo protegió siempre,
especialmente en los momentos más difíciles y dramáticos de su vida.
Podríamos definir a Juan Pablo II como un Papa totalmente consagrado a
Jesús por medio de María, como podía verse con claridad en su escudo: "Totus
tuus". Fue elegido en el centro del mes del rosario, y el rosario que
tenía a menudo entre sus manos se ha convertido en uno de los símbolos de su
pontificado, sobre el que la Virgen inmaculada veló con solicitud materna.
A través de la radio y la televisión, los fieles de todo el mundo pudieron
unirse muchas veces a él en esta oración mariana y, gracias a su ejemplo y sus
enseñanzas, pudieron redescubrir su sentido auténtico, contemplativo y
cristológico (cf. Rosarium
Virginis Mariae, 9-17).
En realidad, el rosario no se contrapone a la meditación de la palabra de
Dios y a la oración litúrgica; más aún, constituye un complemento natural e
ideal, especialmente como preparación para la celebración eucarística y como
acción de gracias. Al Cristo que encontramos en el Evangelio y en el Sacramento
lo contemplamos con María en los diversos momentos de su vida gracias a los
misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Así, en la escuela de la
Madre aprendemos a configurarnos con su divino Hijo y a anunciarlo con nuestra
vida. Si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el rosario
contribuye de modo privilegiado a dilatar la comunión con Cristo, y enseña a
vivir teniendo la mirada del corazón fija en él, para irradiar su amor
misericordioso sobre todos y sobre todo.
Contemplativo y misionero: así fue el amado Papa Juan Pablo II. Lo
fue gracias a su íntima unión con Dios, alimentada diariamente por la
Eucaristía y por largos tiempos de oración. A la hora del Ángelus, tan
querida por él, es grato y justo recordarlo en este aniversario, renovando a
Dios la acción de gracias por haber donado a la Iglesia y al mundo un sucesor
tan digno del apóstol san Pedro. Que la Virgen María nos ayude a aprovechar su
valiosa herencia.
DOMINGO 29 T. O.
Monición de entrada.-
Los que venimos a misa estamos en la iglesia.
Y también en la calle, la escuela o donde
trabajan nuestras madres y padres.
Y en todos los sitios somos cristianos.
No se puede ser bueno en misa y después malo
en la escuela.
Señor, ten piedad.-
Tú eres nuestro único Salvador. Señor, ten
piedad.
Tú eres nuestro único Señor. Cristo, ten piedad.
Tú eres nuestro único Dios. Señor, ten
piedad.
Peticiones.-
Por el Papa León, para que el Espíritu Santo
les ayude. Te lo pedimos, Señor.
Por la Iglesia para que sea signo de la justa
libertad que Dios quiere para todos. Te
lo pedimos, Señor.
Por los que vamos a misa, para que
obedezcamos las leyes que son justas. Te lo pedimos, Señor.
Por nosotros y las personas que en los países
de misión irán este domingo a misa, para que seamos buenos amigos tuyos. Te lo
pedimos, Señor.
Acción de gracias.-

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