lunes, 30 de marzo de 2026

301. Domingo de Ramos. 29 de marzo de 2026.

 


 

Lectura antes de la bendición de los ramos.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 1-11

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos diciéndoles:

-Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con un pollino, lo desatáis y me lo traéis. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.

Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: “Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”.

Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos y Jesús se montó. La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:

-¡Hosanna! al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando:

-¿Quién es este?

La multitud contestaba:

-Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.

Palabra de Dios.

 

Textos paralelos.

Cuando se aproximaron a Jerusalén y llegados a Betfagé.

Mc 11,1-10: Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monto de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”. Fueron y encontraron el pollino en la calle atado a una puerta y lo soltaron. Algunos de los presentes le preguntaron: “¿Qué hacéis desatando el pollino? Ellos les contestaron como había dicho Jesús y se lo permitieron. Llevaron el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás gritaban: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Honassa en las alturas!”. Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce.

Lc 19, 28-38: Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olvis, mandó a dos discípulos, diciéndoles: “Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”. Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: “¿Por qué desatáis el pollino?”. Ellos dijeron: “El Señor lo necesita”. Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él. Mientras él iba avanzando, extendía sus manos por el camino. Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, diciendo: “¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas”. Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos”. Y respondiendo, dijo: “Os digo que si estos callan, gritarán las piedras”.

Jn 12. 12-16: Al día siguiente, la multitud de gente que había venido a la fiesta al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramos de palmeras y salieron a su encuentro gritando: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!”. Encontrando Jesús un pollino montó sobre él, como está escrito: “No temas, hija de Sión, he aquí que viene tu Rey, sentado sobre un pollino de asna”. Estas cosas no las comprendieron sus discípulos al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que esto estaba escrito acerca de él y que así lo habían hecho para con él.

Za 14. 4: Aquel día se plantarán sus pies sobre el monto de los Olivos, al este de Jerusalén. El monte de los Olivos se partirá en dos, al este y al oeste; quedará un gran valle. La mitad de la montaña se retirará hacia el norte y la otra mitad hacia el sur.

Decid a la hija de Sión.

Is 62, 11: El Señor hace oír esto / hasta el confín de la tierra: / “Decid a la hija de Sión: / Mira a tu salvador, que llega, / el premio de su victoria lo acompaña, / la recompensa lo precede.

Za 9, 9: ¡Salta de gozo, Sión; / alégrate, Jerusalén! / Mira que viene tu rey, / justo y triunfador, / pobre y montado en un borrico, / en un pollino de asna.

Manos y montado en un asna.

Mt 11, 29: Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.

Gn 49, 11: Ata su asno a una viña, / y a una cepa, el pollino de la asna; / lava su sayo en vino, / y su túnica en sangre de uvas.

Pusieron sobre ellos sus mantos.

1 R 1, 33-34: Les dijo: “Tomad con vosotros a los leales de vuestro señor, montad a mi hijo Salomón en mi propia mula; bajadlo a Guijón y allí lo ungirán rey de Israel, el sacerdote Sadoc y Natán el profeta. Tocad entonces el cuerno y aclamad: ‘¡Viva el rey Salomón!”.

Extendía sus mantos por el camino.

2 R 9, 13: De inmediato cada uno se apresuró a tomar su manto para colocarlo a sus pies sobre el empedrado. Luego tocaron el cuerno y gritaron: “Jehú es rey”.

¡Hosanna al Hijo de David!

9, 27: Cuando Jesús salía de allí, dos ciegos lo seguían gritando: “Ten compasión de nosotros, hijo de David”.

Sal 118, 25-26: Señor, danos la salvación; / Señor, danos prosperidad. // Bendito el que viene en nombre del Señor, / os bendecimos desde la casa del Señor. // El Señor es Dios, él nos ilumina, / Ordenad una procesión con ramos / hasta los angulos del altar.

Hch 2, 33: Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.

Este es el profeta Jesús.

16, 14: Ellos contestaron: “Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”.

 

Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

21 5 Cita de Za 9, 9, con una introducción modificada (quizá según Is 62, 11) y ligeras variantes. El profeta dice: “Montado en un asno, en una cría de asna” – Este modesto aparato del Rey mesiánico debía manifestar en el pensamiento del profeta, el carácter humilde y pacífico de su reino. Mateo aplica esta profecía a Jesús, Mesías humilde.

21 9 Transcripción de una forma tardía del hebreo hosiana (“Salva”, ver Sal 118, 25). De grito de llamada (ver S 4: hosia dirigido al rey) lanzado especialmente el séptimo día de la Fiesta de las Tiendas agitando ramos (también en otras ocasiones, ver 2 M 10, 6-7), el ´termino se convierte, quizá desde el judaísmo (en todo caso en el cristianismo primitivo), en una aclamación cuyo destinatario es mencionado eventualmente (en griego) mediante un complemento dativo.

21 10 Lit. “fue sacudida” (vb. seio en pas. empleado para describir los temblores de tierra: Mt 27, 15; 28, 4; ver 8, 24; Ap 6, 13). Cuando Jesús entra en Jerusalén como rey mesiánico, la ciudad queda conmovida, como había ocurrido en el anuncio de su nacimiento (2, 3): la vida de Jesús es un acontecimiento público.

21 11 Mt es el único en contar lo que dice de Jesús la muchedumbre (ver 9, 33 y 12, 23). Jesús es reconocido como profeta (ver Mt 16, 14; Mc 6, 15; Lc 7, 16-39), sin que su origen galileo sea una objeción, como en Jn 7, 52 (ver Mt 13, 57). La comunidad cristiana verá en él al profeta (ch 3,22-23), citando Dt 18, 15; ver Mt 17, 5 y paralelo Jn 1,21; 5, 14; 7, 40).

 

MISA.

 

Primera lectura.

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

El Señor em ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

 

Textos paralelos.

 El Señor Yahvé me ha dado una lengua de iniciado.

Is 42, 1: Mirad a mi siervo, / a quien sostengo, / mi elegido, / en quien me complazco. / He puesto mi espíritu sobre él, / manifestará la justicia a las naciones.

Jn 3, 11: En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio.

El Señor Yahvé me ha abierto el oído.

Is 53, 7: Maltratado, voluntariamente, se humillaba / y no abría la boca: / como cordero llevado al matadero, / como oveja ante el esquilador, / enmudecía y no abría la boca.

Y no hurté mi rostro a insultos y salivazos.

Mt 27, 30: Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza.

Ofrecí mi cara como el pedernal.

Ez 3, 8-9: Mira, hago tu rostro tan duro como el de ellos, y tu cabeza terca como la de ellos, como el diamante, más dura que el pedernal hago tu cabeza. No les tengas miedo ni te espantes de ellos, aunque sean un pueblo rebelde.

Sal 25, 3: Pues los que esperan en ti no quedan defraudados, / mientras que el fracaso malogra a los traidores.

 

Notas exegéticas.

 50 4 En este tercer canto, e Siervo se muestra menos como profeta que como sabio, discípulo fiel de Yahvé, vv. 4-5, encargado de enseñar a su vez a los que temen a Dios, es decir, a todos los judíos piadosos, v. 10 y también a los extraviados o infieles “que andan a oscuras”. Gracias a su coraje y a la ayuda divina, vv. 7-9, soportará las persecuciones, vv. 5-6, hasta que dios le haya concedido un triunfo definitivo, vv. 9-11. – El que habla hasta el v. 9 incluido es el Siervo.

50 6 Esta descripción de los sufrimientos del siervo se repetirá con más amplitud en el canto cuarto, 52, 13-53, 12. Evoca ya a Mt 26, 67; 27,30.

 

Salmo responsorial

Salmo 21, 8-9.17-20.23-34


R/. Dios mío, Dios mío,

¿por qué me has abandonado?

 

Al verme, se burlan de mí,

hacen visajes, menean la cabeza:

“Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;

que lo libre si tanto lo quiere”. R/.

Me acorrala una jauría de mastines,

me cerca una banda de malhechores;

me taladran las manos y los pies,

puedo contar mis huesos. R/.

 

Se reparten mi ropa,

echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R/.

 

Contaré a mis hermanos,

en medio de la asamblea te alabaré.

“Los que teméis al Señor, alabadlo;

linaje de Jacob, glorificadlo;

temedlo, linaje de Israel. R/.

 

Textos paralelos.

Todos cuantos me ven de mí se mofan.

Mt 27, 39: Los que pasaban, lo injuriaban, y meneando la cabeza, decían: “Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz”.

Se confío a Yahvé, pues que lo libre.

Mt 27, 43: Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”.

Sb 2, 18-20: Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará / y lo librará de las manos de sus enemigos.

Reparten entre sí mi ropa.

Jn 19, 24: Así se cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica”. Esto hicieron los soldados.

Contaré tu fama a mis hermanos.

Hb 2, 12: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, / en medio de la asamblea te alabaré.

Sal 40, 10:  He proclamado tu justicia / ante la gran asamblea; / no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.

 

Segunda lectura.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11.

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

 

Textos paralelos.

 El cual, siendo de condición divina.

Sb 2, 23: Dios creó al hombre incorruptible / y lo hizo a imagen de su propio ser.

A ser tratado igual a Dios.

Is 53,12: Le daré una multitud como parte, / y tendrá como despojo una muchedumbre, / Porque expuso su vida a la muerte / y fue contado entre los pecadores, / él tomó el pecado de muchos / e intercedió por los pecadores.

2 Co 8, 9: Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza.

Asumiendo semejanza humana

Gn 4,4: También Abel ofreció las primicias y la grasa de sus ovejas. El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda.

Haciéndose obediente hasta la muerte.

Rm 8, 19: Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios.

Por eso Dios lo exaltó.

Is 52, 13: Mirad, mi siervo tendrá éxito, / subirá y crecerá mucho.

Y le otorgó el Nombre.

Rm 14, 9: Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

Y toda lengua confiese.

Rm 10, 9: Porque, si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.

Para gloria de Dios Padre.

1 Co 12, 1: Acerca de los dones espirituales, no quiero, hermanos, que sigáis en la ignorancia.

 

Notas exegéticas:

2 6 (a) Lit. “en la forma de Dios”. La misma palabra griega (morphe) es utilizada en el v. 7 (lit. “tomando la forma de esclavo”). Su significado es casi idéntico al de “Imagen” (eikon), y los dos términos son utilizados indistintamente por los LXX. La “forma de Dios” es, pues, sinónimo de “imagen de Dios”, que es el predicado aplicado a Adán (Gn 1, 27; 1 Co 17, 7, y a Cristo 2 Co 5,5).

2 6 (b) Cristo al no tener pecado no tenía que morir. Idéntica idea aparece en algunos apócrifos, como Henoc, IV Esdras o II Baruc. Tenía pues, el derecho a vivir eternamente, algo propio de la divinidad. Gn 3, 4-5. Otras traducciones posibles: “No retuvo celosamente el rango que le igualaba a Dios” o “No consideró como presa el ser igual a Dios”. En este último caso, habría una oposición implícita entre Jesús, segundo o último Adán 1 Co 15, 56 y el primer Adán Gn 3, 4-5.

2 7 (a) Lit. “Se vacío a sí mismo”. El término kénosis procede de una raiz que significa “vaciar”. La fórmula está tomada de Is 53, 12. El pronombre reflexivo, que aparece en el v. 7 ( y ver Gn 2, 20), subraya la decisión del mismo Cristo, que optó por la muerte.

2 7 (b) Este modo de existencia, a la luz de la alusión a Is 53, 12, sólo puede ser el del humillado Siervo paciente de Yahvé, que murió por los demás. Is 53, 3.5.7. Nótese el contraste con Señor, v. 11.

2 7 (c) No hay intención de atenuar la humanidad de Jesús. No obstante si él no hbuera sido diferente no habría podido salvarnos. Él, que estaba vivo, resucitó a los que estaban muertos. Él no tenía necesidad de ser reconciliado con Dios, mientras todos los demás la tenían.

2 7 (d) Aunque diferente en su modo de existencia, Cristo compartió la naturaleza humana común a todos.

2 8 (a) Al envío del Hijo por el Padre para celebrar a la humanidad corresponde de parte de Cristo la obediencia.

2 8 (b) Mientras que la tradición primitiva sólo insistía en el efecto salvífico de la muerte de Cristo, Pablo subraya lógicamente que el valor ejemplar de esta muerte está en el cruel castigo de la crucifixión. Lit. “sobre-exaltó”. El verbo griego hypsou, que significa normalmente elevar, se traduce a menudo por “exaltar”. Aquí lleva además el prefijo hyper (del que se forma el mismo verbo), que redobla su significado, por el hecho de que, si es cierto que todos los justos serán exaltados, Is 52, 13; Sb 3, 1-8, Cristo es superior a todos ellos.

2 9 (b) El nombre es el de “Señor”, como explica el v. 11. Se trata aquí de un ´termino funcional que no se refiere precisamente a la naturaleza de Cristo, es un título que Cristo lo consigue por su pasión y resurrección. A pesar de su uso cotidiano, y de su frecuente aplicación a Cristo a lo largo de todo el NT aquí se toma como un título “que está sobre todo nombre”, la razón es que el NT lo reserva a Dios.

2 10 (a) La humanidad entera reconoce la nueva dignidad de Jesús, como estaba anunciado que las naciones reconocería a Yahvé. Is 45, 23; Rm 14, 11. El nombre propio de Jesús -sin más añadiduras – se usa aquí deliberadamente para evocar la figura humillada y paciente de los vv. 6-8.

2 10 (b) Estas frases, que alternan la cuidada estructura del himno fueron propiamente añadidas por Pablo con el fin de poner de relieve tanto el ilimitado alcance de la autoridad de Cristo como la dependencia respecto a su Padre.

 

Evangelio.

X Lectura del santo evangelio según san Mateo 26, 14-27,66

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

-¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?

Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

-¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?

-Él contestó:

-Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca;, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.

Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

-En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar.

Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:

-¿Soy yo acaso, señor?

Él respondió:

-El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!

Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

-¿Soy yo acaso, Maestro?

Él respondió:

-Tú lo has dicho.

Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a sus discípulos y les dijo:

-Tomad, comed: esto es mi cuerpo.

Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:

-Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.

Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:

-Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea”.

Pedro replicó:

-Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.

Jesús le dijo:

-En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, mee negarás tres veces.

Pedro le replicó:

-Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.

Y lo mismo decían los demás discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:

-Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.

Y llevándose a Pedro y a los hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.

Entonces les dijo:

-Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.

Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:

-Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.

Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:

-¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil.

De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

-Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:

-Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.

Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:

-Al que yo bese, ese es: prendedlo.

Después se acercó a Jesús y le dijo:

-¡Salve, Maestro!

Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

-Amigo, ¿a qué vienes?

Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con él agarró la espada, lo desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.

Jesús le dijo:

-Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?

Entonces dijo Jesús a la gente:

-¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el tempo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas.

En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:

-Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”.

El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:

-¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?

Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:

-Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.

Jesús le respondió:

-Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al hijo del hombre sentado a la derecha del poder y que viene sobre las nubes del cielo.

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:

-Ha blasfemando. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?

Y ellos contestaron:

-Es reo de muerte.

Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:

-Haz de profeta, Mesías, dinos quién te ha pegado.

Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:

-También tú estabas con Jesús el Galileo.

-Él lo negó delante de todos diciendo:

-No sé qué quieres decir.

Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:

-Este estaba con Jesús el Nazareno.

Otra vez negó él con juramento:

-No conozco a ese hombre.

Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:

-Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata.

Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:

-No conozco a ese hombre.

Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: “Antes de que cante el gallo me negarás tres veces”. Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:

-He pecado entregando sangre inocente.

Pero ellos dijeron:

-¿A nosotros qué? ¡Allá tú!

Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:

-No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre.

Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía “Campo de Sangre”. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: “Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como lo había ordenado el Señor”.

Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:

-¿Eres tú el rey de los judíos?

Jesús respondió:

-Tú lo dices.

Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:

-¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?

Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. cuando la gente acudió, dijo Pilato:

-¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?

Pues sabía que lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

-No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.

Perro los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.

El gobernador preguntó:

-¿A cuál de los dos queréis que os suelte?

Ellos dijeron:

-A Barrabás.

Pilato les preguntó:

-¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?

Contestaron todos:

-Sea crucificado.

Pilato insistió:

-Pues, ¿qué mal ha hecho?

Pero ellos gritaban más fuerte:

-¡Sea crucificado!

Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:

-Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros”

Todo el pueblo contestó:

-¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!

Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:

-¡Salve, rey de los judíos!

Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a  llevar su cruz.

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de “la Calavera”), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:

-Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de dios, baja de la cruz.

Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:

-A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”.

De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:

-Elí, Elí, lemá sabaqtaní?

(Es decir:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:

-Está llamando a Elías.

Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada de vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.

Los demás decían:

-Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.

Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.

El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:

-Verdaderamente este era Hijo de Dios.

Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.

María la Magdalena y la otra María quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron eng rupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:

-Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: “A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea uqe vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura será peor que la primera.

Pilato contestó:

-Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.

Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.

Textos paralelos.

 Le asignaron treinta monedas de plata.

Gn 37, 28: Al pasar unos mercaderes madianitas, tiraron de su hermano; y, sacando a José del pozo, lo vendieron a unos ismaelitas por veinte monedas de plata. Estos se llevaron a José a Egipto.

Za 11, 12: Les dije: “Si os parece bien, pagadme mi salario; si no, dejadlo”. Y contaron mi salario: treinta monedas de plata.

Preparativos para cenar la Pascua.

Ex 12, 14: Durante siete días comeréis panes ácimos; el día primero haréis desaparecer de vuestra casa toda levadura, pues el que coma algo fermentado, del primero al séptimo día, será excluido de Israel.

El Maestro dice: mi tiempo está cerca.

Jn 2, 4: Jesús le dice: “Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora.

El que ha metido conmigo la mano en el plato.

Sal 41,10: Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba, / que compartía mi pan, / es el primero en traicionarme.

Sal 55, 20: Dios me escucha, los humilla / el que reina desde siempre. // Porque no quieren enmendarse / ni temen a Dios.

Jn 13, 18: No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”.

Más le valdría a ese hombre no haber nacido.

Ha 2, 6: ¿Y no pregonarán todos estos un poema, / una adivinanza, un enigma a su costa?

Ha 2, 15: ¡Ay del que hace beber a su compañero, / mezclando su bebida hasta embriagarlo / y ver así su desnudez.

Preguntó el que lo iba a entregar.

Is 48, 8: Ni lo habías oído ni lo sabías. / Desde antiguo te habías hecho el sordo. / Yo se lo traidor que eres / y que te llaman “rebelde de nacimiento”.

Tomó Jesús pan y lo bendijo.

1 Co 11, 24: Y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”.

Jn 6, 51-58: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo.

1 Co 10, 16: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

Bebed de ella.

Ex 24,8: Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo, diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras”.

Za 9, 11: En cuanto a ti, por la sangre de tu alianza, / sacaré a tus prisioneros del pozo / donde no hay agua.

Derramada por muchos para el perdón de los pecados.

Is 53, 12: Le daré una multitud como parte / y tendrá como despojo una muchedumbre. / Porque expuso su vida a la muerte / y fue contado entre los pecadores, / él tomó el pecado de muchos / e intercedió por los pecadores.

Hb 12, 15: Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios, y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño, contaminando a muchos.

Día aquel en que lo beba con vosotros.

Hb 8, 11: Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, / el otro a su hermano diciendo: “Conoce al Señor”, / porque todos me conocerán, / del menor al mayor.

Todos vosotros vais a escandalizaros de mí.

Jn 13, 38: Jesús le contestó: “¿Con qué darás tu vida por mi? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces”.

Jn 16, 32: Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre.

Heriré al pastor.

Za 13, 7: ¡Despierta, espada, contra mi pastor, / contra mi valeroso compañero! / - oráculo del Señor del universo –. / Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas, / mi brazo castigará incluso a los zagales.

Después de mi resurrección.

Mt 28, 7: E id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí me veréis”.

Fue Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní.

Jn 12, 27-30: Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por eso he venido, para esta hora.

Hb 5, 7-10: Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió sufriendo a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna, proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisedec.

Mi alma está triste.

Sal 42, 6: ¿Por qué te acongojas, alma mía / por qué gimes dentro de mí? / Espera en Dios, que volverás a alabarlo: / “Salud de mi rostro, Dios mío”.

Si 37, 2:

Pase de mí esta copa.

Is 51, 17-22: ¿No es un disgusto mortal / que un compañero o amigo se convierta en enemigo?

Los encontró dormidos.

Mt 6, 10: Venga a nosotros tu reino, / hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Jn 4, 34: Jesús les dice: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra”.

Jn 6, 38: Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Rm 5, 19: Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Flp 2, 8: Se humilló a sí mismo, / hecho obediente hasta la muerte, / y una muerte de cruz.

El espíritu está pronto, pero la carne es débil.

Mt 6, 13: No nos dejes caer en la tentación, / y líbranos del mal.

Rm 7, 5: Mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, avivadas por la ley, actuaban en nuestros miembros, a fin de que diéramos frutos para la muerte.

Hágase tu voluntad.

Mt 6, 10: No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis.

Va a ser entregado en manos de los pecadores.

2 S 24, 14: David respondió: “¡Estoy en un gran apuro!” Pero pongámonos en manos del Señor, cuya misericordia es enorme, y no en manos de los hombres.

Jn 14, 30-31: Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo. Levantaos, vámonos de aquí.

Le dio un beso.

Sal 41,10: Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba / que compartía mi pan, / es el primero en traicionarme.

Sal 55, 3: Hazme caso y respóndeme. / Me agitan mis ansiedades.

Vuelve tu espada a su sitio.

Gn 9, 6: Quien derrame la sangre de un hombre / por otro hombre será su sangre derramada; / porque a imagen de Dios hizo él al hombre.

Jn 5, 2: A todo sarmiento que no da fruto en mi lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Ap 13, 10: El que está destinado al cautiverio, al cautiverio va. El que mata a espada, a espada tiene que morir. ¡Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos!

Sal 91, 11: Porque a sus ángeles ha dado órdenes / para que te guarden en tus caminos.

Todos los días enseñaba en el templo.

Ha 1, 13: Tus ojos, puros para contemplar el mal, / no soportan ver la opresión. / ¿Por qué, pues, ves a los traidores y callas, / cuando el malvado se traga al justo?

Para que se cumplan las escrituras.

Sal 22, 11: Desde el seno pasé a tus manos, / desde el vientre materno tú eres mi Dios.

Za 13, 7: ¡Despierta, espada, contra mi pastor, / contra mi valeroso compañero! – oráculo del Señor del universo –. / Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas; / mi brazo castigará incluso a los zagales.

Los que prendieron a Jesús lo llevaron ante el Sumo Sacerdote.

Is 53, 7: Maltratado, voluntariamente se humillaba / y no abría la boca: / como cordero llevado al matadero, / como oveja ante el esquilador, / enmudecía y no abría la boca.

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín.

Sal 27, 12: No me entregues a la saña de mis adversarios, / porque se levantan contra mí testigos falsos, / que respiran violencia.

Yo puedo destruir el templo.

Jn 2, 19: Jesús contestó: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”.

Hch 6, 14: Pues hemos oído decir que ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés.

Pero Jesús callaba.

Is 53, 7: Maltratado, voluntariamente se humillaba / y no abría la boca: / como cordero llevado al matadero, / como oveja ante el esquilador, / enmudecía y no habría la boca.

Te conjuro por Dios vivo que nos digas.

Mt 4, 3: El tentador se le acercó y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”.

Mt 16, 16: Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Veréis al Hijo del hombre.

Mt 8, 20:  Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.

Mt 24, 30: Entonces aparecerá en el cielo el signo del Hijo del hombre. Todas las razas del mundo harán duelo y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria

Hch 2, 23: Entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombre inicuos.

Sal 110, 1: Oráculo del Señor a mi Señor: / “Siéntate a mi derecha, / y haré de tus enemigos / estrado de tus pies”.

Dn 7, 13: Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir a una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.

Ha blasfemado.

Lv 10, 6: Moisés dijo a Aarón y a sus hijos, Eleazar e Itamar: “No llevéis la cabeza desgreñada, ni rasguéis vuestras vestiduras; así no moriréis, ni la ira del señor se encenderá contra toda la comunidad. Vuestros hermanos, toda la casa de Israel, llorarán a los abrasados por el fuego del Señor”.

Lv 21, 10: El sumo sacerdote, el mayor entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el óleo de la unción y que recibió la investidura revistiéndose los ornamentos, no llevará desgreñada la cabeza ni se rasgará las vestiduras.

Lv 24, 16: Quien blasfeme el Nombre del Señor, será muerto; toda la comunidad lo apedreará. Sea emigrante o nativo, quien blasfeme el Nombre, morirá irremisiblemente.

Es reo de muerte.

Jr 26, 11: Los sacerdotes y los profetas dijeron a los magistrados y a la gente: “Este hombre es reo de muerte, pues ha profetizado contra esta ciudad, como lo habíes podido oír vosotros mismos”.

A abofetearle; y otros le golpeaban.

Is 50, 6: Es poco que seas mi siervo / para restablecer las tribus de Jacob / y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. / Te hago luz de las naciones, / para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.

Is 52, 14: como muchos se espantaron de él / porque desfigurado no parecía hombre, / ni tenía aspecto humano.

Mi 4, 14: Y ahora acude en tropel, / en cuadrilla, nos asedian; / golpearán con palos / la mejilla del juez de Israel.

Este estaba con Jesús el Nazoreo.

Mt 2, 23: Y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

Lloró amargamente.

Is 22, 4: Por eso digo: “Apartaos de mi, / lloraré amargamente; / no pretendáis consolarme / por la devastación de mi pueblo.

Lo entregaron al procurador Pilato.

Lc 3, 1: En el año decimoquinto del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Abilene.

He entregado a un inocente.

Hch 1, 18-19: Este, pues, adquirió un campo con un salario injusto y, cayendo de cabeza, reventó por medio y se esparcieron todas sus entrañas.

Dt 27, 25: Maldito quien se deje sobornar para quitar la vida a un inocente. Y todo el pueblo dirá. Amén.

Judas tiró las monedas en el Santuario.

2 S 17, 23: Al ver Ajitofel que no se llevaba a cabo su plan, aparejó el asno y se puso en camino a la casa de su ciudad. Dio instrucciones a los suyos y se ahorcó. Murió y fue enterrado en el sepulcro de su padre.

Recogieron las monedas.

Dt 23, 19: No llevarás a la casa del Señor, en cumplimiento de un voto, paga de prostituta ni dinero de prostituto, porque ambos son una abominación para el Señor, tu Dios.

Compraron con ellas el Campo del alfarero.

Jr 19, 4: Porque me han abandonado, han hecho extraño este lugar sacrificando en él a dios extranjeros, que ni ellos ni sus padres conocían, y los reyes de Judá lo han llenado de sangre inocente.

Campo de Sangre.

Jr 7, 32: Por eso, llegan días – oráculo del Señor – en que ya no se les llamará “Tófet” ni “valle de Ben Himmón”, sino “valle de la Matanza”, y enterrarán en el Tófet por falta de sitio”.

Tomaron las treinta monedas.

Za 11, 12-13: Y les dije: “Si os parece bien, pagadme mi salario; si no, dejadlos”. Y contaron mi salario: treinta monedas de plata. Me dijo el Señor: “Echa al tesoro el valioso precio en que me han tasado”. Tomé las treinta monedas de plata y las eché en el tesoro del templo.

Nada respondió.

Sal 39, 2: Yo me dije: “Vigilaré mi proceder, / para no pecar con mi lengua; / pondré una mordaza a mi boca / mientras el impío esté presente.

Is 53, 7: Maltratado, voluntariamente se humillaba / y no abría la boca: / como cordero llevado al matadero, / como oveja ante el esquilador, / enmudecía y no habría la boca.

¿Y qué voy a hacer con Jesús?

Sal 27, 12: No me entregues a la saña de mi adversario, / porque se levantan contra mí testigos falsos, / que respiran violencia.

Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.

Jr 26, 15: Pero sabedlo bien: si me matáis, os haréis responsables de sangre inocente, que caerá sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque es cierto que el Señor me ha enviado para que os comunique personalmente estas palabras.

Hch 5, 28: ¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese nombre?  En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.

Le echaron encima un manto de púrpura.

Jr 10, 9: De plata refinada de Tarsis / y de oro importado de Ofir: / obras de orfebres o fundidores, / revestidas de púrpura y de grana, / todos son obra de artistas.

Salve, Rey de los judíos.

Sal 27, 7-8: Escúchame, Señor, / que te llamo, / ten piedad, respóndeme. / Oigo en mi corazón: / “Buscad mi rostro. / Tu rostro buscaré, Señor.

Sal 69, 11-12: Cuando me aflijo con ayunos, / se burlan de mí. // Cuando me visto de saco, / se ríen de mí.

Sal 109, 25: Soy despreciable para ellos; / al verme, menean la cabeza.

Is 50, 6: Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, / las mejillas a los que mesaban mi barba; / no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

Le dieron a beber vino mezclado con hiel.

Sal 69, 22: En mi comida me echaron hiel, / para mi sed me dieron vinagre.

Pr 31, 6-7: Ofrece licor al desgraciado, / vino al que se siente abatido: / que beba y olvide su miseria, / y ya no se acuerde de sus penas.

Se repartieron sus vestidos.

Sal 22, 19: Se reparten mi ropa, / echan a suerte mi túnica.

Uno a la derecha y otro a la izquierda.

Is 53, 12: Le daré una multitud como parte, / y tendrá como despojo una muchedumbre. / Porque expuso su vida a la muerte / y fue contado entre los pecadores, / él tomó el pecado de muchos / e intercedió por los pecadores.

Is 53, 9: Le dieron sepultura con los malvados / y una tumba con los malhechores, / aunque no había cometido crímenes / ni hubo engaño en su boca.

Tú que destruyes el Santuario.

Sal 22, 7: Pero yo soy un gusano, no un hombre / vergüenza de la gente, desprecio del pueblo.

Sal 109, 25: Soy despreciable para ellos; / al verme, menean la cabeza.

Lm 2, 15: Baten palmas contra ti / cuantos pasan por el camino, / silban y mueven su cabeza / contra la hija de Jerusalén / “¿Es esta la ciudad más hermosa, / la alegría de toda la tierra?”.

Si 12, 18: Meneará la cabeza, aplaudirá, / hablará largo rato entre dientes y cambiará la cara.

Si 13, 7: Te avergonzará en sus banquetes, / te despojará dos o tres veces / y acabará burlándose de ti. / Y después, si te ve, te evitará / y meneará la cabeza mofándose de ti.

Sal 22, 8: Al verme, se burlan de mí, / hacen visajes, menean la cabeza.

A otros ha salvado.

So 3, 15: El Señor ha revocado tu sentencia, / ha expulsado a tu enemigo. / El rey de Israel, el Señor, / está en medio de ti, / no temas mal alguno.

Jn 1, 49: Natanael respondió: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.

Mt 4, 6: Y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”.

Sal 22, 9: “Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; / que lo libre si tanto lo quiere”.

Ha puesto su confianza en Dios.

Sb 2, 18-20: Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará / y lo librará de las manos de sus enemigos. // Lo someteremos a ultrajes y torturas, / para conocer su temple y comprobar su resistencia. // Lo condenaremos a muerte ignominiosa, / pues según dice, Dios lo salvará.

Mt 4, 3: El tentador se le acercó y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”.

Jn 10, 33: Los judíos le contestaron: “No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo hombre, te haces Dios”.

¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?

Jr 15, 9: La madre de siete hijos / desfallece y pierde el aliento; / su sol se pone en pleno día, / se siente confusa y desconcertada. / El resto lo entregaré a la espada / de sus enemigos – oráculo del Señor.

Am 8, 9: Aquel día – oráculo del Señor Dios - / haré que el sol se oculte a mediodía, / y oscureceré la tierra en pleno día.

Za 14, 16: Todos los supervivientes de las naciones que atacaron Jerusalén subirán cada año para postrarse ante el rey, el Señor del universo.

Sal 22, 2: Dios mío, Dios mío / ¿por qué me has abandonado? / A pesar de mis gritos, / mi oración no te alcanza.

La empapó con vinagre.

Sal 69, 22: En mi comida me echaron hiel, / para mi sed me dieron vinagre.

Tembló la tierra y las rocas se hendieron.

Ez 37, 12: Por eso profetiza y diles: “Esto dice el Señor Dios: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel”.

Dn 12, 13: Tú, vete hasta el final y descansa. Te alzarás a recibir tu destino al final de los tiempos.

Jn 5, 25: En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.

1 Co 15, 20: Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de lso que han muerto.

Col 1, 18: Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia. / Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, / y, así es el primero en todo.

1 P 3, 19: En el espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en prisión.

Verdaderamente este era hijo de Dios.

Sb 2, 18: Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará / y lo librará de las manos de sus enemigos.

Entre ellas estaban María Magdalena.

Mt 13, 55: ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

Se presentó a Pilato.

Dt 21, 22: Si uno, reo de la pena de muerte, es ejecutado y lo cuelgas de un árbol. su cadáver no quedará en el árbol de noche, sino que lo enterrarás ese mismo día, pues un colgado es maldición de Dios, y no debes contaminar la tierra que el Señor, tu Dios, te da en heredad.

Se lo entregase.

1 R 13, 29: El profeta recogió entonces el cadáver del hombre de Dios, lo acomodó sobre el asno y regresó a la ciudad del anciano profeta para enterrarlo.

Puso en su sepulcro nuevo.

Is 53, 9: Le dieron sepultura con los malvados / y una tumba con los malhechores, / aunque no había cometido crímenes / ni hubo engaño en su boca.

A los tres días resucitaré.

Mt 16, 21: Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Hch 10, 40: Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse.

Aseguraron el sepulcro.

Dn 6, 17: Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones. Y dijo a Daniel: ¡Que te salve tu Dios al que veneras fielmente!

 

 

Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

26 15 Treinta siclos (y no treinta denarios, como se dice a menudo). Era el precio fijado por la Ley para la vida de un esclavo. Ex 21, 32.

26 17 El primer día de la semana, en la que se comía pan sin levadura (ázimos), ver Ex 12, 1; 23, 14, era normalmente el que seguía a la cena pascual: llamando así al día precedente, los Sinópticos dan prueba de un uso más amplio. Por otra parte, parece cierto, según Jn 18, 28 y otros detalles de la Pasión, que el banquete pascual se celebró aquel año la tarde del viernes (o “Parasceve”, “preparación”). La cena de Jesús, que los Sinópticos colocan un día antes, la tarde del jueves, debe en consecuencia explicarse, o bien por anticipación del rito en una parte del pueblo judío, o mejor por una anticipación buscada por el mismo Jesús al no poder celebrar la Pascua al día siguiente, sino en su propia persona sobre la cruz, Jn 19, 36; 1 Co 5, 7. Jesús habría instituido su propio rito nuevo durante una cena que recibiría de rechazo los rasgos de la antigua Pascua. La opinión reciente que sitúa la cena en la tarde del martes, según el calendario esenio, goza de escasa probabilidad. – El 14 de Nisán (día de la cena pascual) cayó en viernes el 30 y el 33 d.C.; los exégetas eligen uno u otro de estos años para la muerte de Cristo, según sitúen su bautismo el 28 o el 29 y que asignen a su misterio una duración más o menos larga.

26 18 Fórmula teológica que evoca el designio de Dios, que se realiza en determinados “tiempos” (ver 8, 29). Es el tiempo de la muerte y glorificación de Jesús, que Jn expresa mediante la palabra “hora” (Jn 7, 30; 13, 1). A diferencia de Mc, Mt no se interesa por los detalles (mensajeros especiales, estado del cenáculo, descripción del propìetario): nada se desvía de la perspectiva cristológica (ver 26, 2).

26 21 Se trata de la primera parte del rito que precedía a la cena pascual propiamente dicha.

26 25 Apelativo reservado por Mt a los adversarios de Jesús (23, 7-8; 26, 49). El conjunto del v. es propio de Mt.

26 26 Se ha llegado al centro de la cena pascual. Entre ritos precisos y solemnes del ritual judío (bendiciones a Yahvé pronunciadas sobre el pan y el vino) injerta Jesús los ritos sacramentales del nuevo culto instaurado por él.

26 27 “Dar gracias” traduce aquí el verbo griego eujaristó, cuyo sustantivo eujaristia, “acción de gracias” ha sido adoptado por el lenguaje cristiano para designar la Sagrada Cena.

26 28 (b) Como antaño en el Sinaí, la sangre de las víctimas selló la alianza de Yahvé con su pueblo, Ex 24, 4-8, así también sobre la cruz, la sangre de la víctima perfecta, Jesús, va a sellar entre Dios y los hombres la alianza nueva, ver Lc 22, 20, que anunciaron los profetas, Jr 31, 31. Jesús se atribuye la misión de redención universal asignada por Isaías al “Siervo de Yahvé”, Is 42, 5; 49,6; 53, 12; ver 42, 1; ver Hb 8, 8; 9,15; 12, 24. La idea de alianza nueva aparece también en San Pablo, además de 1 Co 11, 25, en diversos contextos que hacen ver su gran importancia. 2 Co 3, 4-6; Ga 3, 15-20; 4, 24.

26 29 Alusión al banquete escatológico, ver 8, 11; 22, 1ss. Han concluido las comidas terrestres de Jesús con sus discípulos.

26 30 Los salmos del Ha-lel, Sal 113-118, cuya recitación cerraba la cena pascual.

26 31 Escándalo religioso de ver sucumbir, sin resistencia, al que ellos consideraban como Mesías 16, 16, y de quien esperaban el triunfo cercano, 20, 21s. Los discípulos perderán entonces por un momento su valor y hasta su fe, ver Lc 22, 31-32; Jn 16, 1.

26 32 Insertando el anuncio de lo que dirá el ángel el día de Pascua (28, 17), la tradición sinóptica compensa así el anuncio de la defección de los discípulos (26, 31).

26 36 (a) El nombre significaba “lagar de aceite”. Lugar situado en el valle del Cedrón, al pie del monte de los Olivos.

26 36 (b) A diferencia de Mc, que aclara su relato mencionando la hora del Mesías (Mc 14, 35) y pone de relieve la oposición entre Jesús y sus discípulos (Mc 14 ,50), Mt destaca ante todo el aspecto cristológico de la escena: obediencia perfecta del Mesías (Mt 26, 42) y, secundariamente, modelo de oración de tentación (ver Lc 22, 40.46). La oración es mencionada tres veces para destacar su intensidad (ver Lc 22, 44).

26 38 Expresión cuya forma literaria recuerda Sal 42, 56-12; 43,5 y Jn 5,9.

26 39 Jesús experimenta con toda su fuerza el miedo que la muerte inspira al hombre; siente y expresa el deseo natural de librarse de ella, reprimiéndolo, sin embargo, con la aceptación de la voluntad del Padre.

26 45 Censura teñida de dulce ironía. Ha pasado la hora en que deberíais haber velado conmigo. Ha llegado el momento de la prueba, y Jesús entrará solo en ella; los discípulos pueden dormir, si quieren.

26 50 Es decir “haz lo que piensas hacer”. Más que una pregunta (“¿A qué has venido?”) o un reproche (“¿qué es lo que haces?”), se puede entrever aquí una expresión estereotipada, que quiere decir: “(haz) aquello por lo que estás aquí”, “sigue tu negocio”. Jesús abrevia los cumplimientos hipócritas: es la hora de pasar a los hechos. Ver Jn 13 27.

26 53 A partir de una expresión confirmada por la literatura rabínica, Jesús formula a la vez la plena autoridad que tiene de parte de su Padre y su sumisión a la voluntad divina.

26 55 (a) Probablemente un cabecilla de un grupo revolucionario, como Barrabás (Jn 18, 40). De ahí la situación paradójica: Jesús va a ser tratado como un zelota y crucificado como tal (27, 37) entre dos bandidos (27, 38.44).

26 55 (b) Var. (Vulgata): “me sentaba entre vosotros en el Templo”, ver Mc 14, 49.

26 57 Se pueden, con ayuda de Lc y Jn, distinguir una primera comparecencia ante Anás, por la noche, y una sesión solemne del Sanedrín por la mañana. Mt 27, 1. Mt y Mc refieren la escena por la noche con los rasgos de la mañana, que fue la única sesión formal y decisiva.

26 61 De hecho Mateo anunció la destrucción del Templo y del culto judío simbolizado por él, 24, y su sustitución por un Templo nuevo, primero el propio cuerpo de Jesús, resucitado a los tres días, 16, 21; 17, 23; 20,19; Jn 2, 19-22; y después la Iglesia, 16, 18.

26 62 Vulgata no ve aquí más que una pregunta: “¿No respondes nada a lo que estos atestiguan contra ti?”.

26 64 “El Poder” es un equivalente de “Yahvé”. Jesús, renunciando en este instante supremo a su consigna de “secreto mesiánico”, ver Mc 1, 34, reconoce categóricamente que él es el Mesías, como ya lo había hecho confesar a sus íntimos, Mt 16, 16; pero se manifiesta más todavía afirmándose, no el Mesías humano tradicional, sino el “Señor” del Sal 110, ver Mt 22, 41s., y el misterioso personaje de origen celeste, entrevisto por Daniel, ver Mt 8, 20. Los judíos ya no le verán más que en su gloria, primero por el triunfo de la Resurrección, después por el del Reino, ver 23, 39 y 24, 30.

26 65 La “blasfemia” de Jesús consistía, no en presentarse como Mesías, sino en reivindicar la dignidad de rango divino.

26 68 La redacción de Mt es desafortunada, ya que no estando velado como en Lc 22, 63, Jesús puede indicar sin dificultad quien le ha golpeado. Lo importante es que se burlan de él como “profeta”, debido a sus palabras sobre el Templo, y más concretamente quizá como “Mesías-Profeta” (esta interpelación a Jesús con el vocativo “Cristo” es única en los evangelios”, es decir, como pretendido Sumo Sacerdote escatológico que quiere instaurar un nuevo Templo.

26 71 Variante (Vulgata): “Nazareno”.

26 73 El dialecto galileo. Se distinguía de Judea por algunos detalles característicos de gramática y pronunciación.

27 1 Conforme a la política general de Roma, los gobernadores concedían al Sanedrín una gran libertad de acción: dirigían la vida religiosa y política de los judíos, dentro de los límites impuestos por el ocupante. Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre si el Sanedrín tenía en tiempos de Jesús poder para dictaminar y ejecutar la pena capital. Con matices notables, los relatos evangélicos parecen indicar que lo poseían, pero que era necesaria la autorización del gobernador para la ejecución de la pena.

27 2 Var. “Poncio Pilato”. Ver Lc 3, 1. Puesto que Roma se había reservado, en Judea como en todas las provincias del Imperio, el derecho de la pena capital, los judíos debían recurrir al procurador para obtener la confirmación y ejecución de su propia sentencia.

27 4 Var. “sangre justa”, ver 23, 35.

27 5 Este relato de la muerte de Judas no concuerda precisamente con el de Hch 1, 18-19. Los intentos por armonizar ambos pasajes siguen siendo frágiles.

27 8 En arameo Haqueldamá (ver Hch 1, 19 y aquí la Vulg.). Una tradición muy antigua y probablemente auténtica sitúa este lugar en el valle de Hinnón.

27 9 Om.: “Jeremías”. En realidad se trata de una cita libre de Za 11, 12-13, combinada con la idea de la compra de un campo sugerida por Jr 32, 5-15. Esto unido al hecho de que Jeremías habla de los alfareros 18, 2 s., que había en la región de Haqueldamá, 19, 1s., explica que todo el texto haya podido atribuírsele por aproximación.

27 10 Yahvé se quejaba de no haber recibido de los israelitas, en la persona del profeta Zacarías, más que un salario irrisorio; la venta de Jesús al mismo precio mísero le parece a Mt que realiza este oráculo profético.

27 11 Con estas palabras Jesús reconoce como exacto al menos en cierto sentido, lo que, sin embargo, no hubiera dicho de sí mismo. Véase ya 26, 25.64, y ver Jn 18, 33-37.

27 15 Es verosímil esta costumbre de soltar a un preso con ocasión de la Pascua, pero no está atestiguada en ningún otro sitio.

27 16 (b) Aquí y en el v. 27, var. “Jesús Barrabás”, lo que da a la pregunta de Pilato un giro chocante, pero esta precisión parece proceder de una tradición apócrifa.

27 19 No hay que ver en las palabras de la mujer de Pilato una profesión cristiana. Atormentada por un sueño que la deja perpleja, concibe a Jesús como un justo, pero no en el sentido judío y mateano (fiel a la voluntad de Dios, 1, 19; 5,45; 9, 13), sino en el sentido griego de hombre de bien a la vez interesante e inquietante.

27 22 El suplicio de la cruz, practicado de ordinario pro los romanos, pero desconocido por la ley judía, era probablemente de origen oriental.

27 24 (a) Gesto expresivo que los judíos debieron comprender perfectamente, ver Dt 21, 6s; Sal 26, 6; 73, 13.

27 24 (b) Var. “de esta sangre”.

27 25 Expresión bíblica tradicional, 2 S 1, 16; 3, 29; Hch 5, 28; 18, 6, por la cual el pueblo acepta la responsabilidad de la muerte que exige.

27 26 Preludio normal a la crucifixión entre los romanos.

27 27 El Pretorio, es decir la residencia del Pretor, debe de ser el antiguo palacio de Herodes el Grande, donde se instalaba normalmente el procurador, cuando subía de Cesarea a Jerusalén. Este palacio, situado al oeste de la ciudad en el emplazamiento de la actual ciudadela era diferente de la residencia familiar de los Asmoneos, que estaba cerca del Templo, y donde Herodes Antipas recibió a Jesús cuando Pilato se lo envió, Lc 23, 7-12. Algunos sitúan el Pretorio en la fortaleza Antonia, al norte del Templo. Pero esta localización no parece avenirse ni con la costumbre de los procuradores, tal como nos la transmiten los textos antiguos, ni con el uso del término “pretorio”, que no puede trasladarse así de sitio, ni con los movimientos de Pilato y de la multitud judía en los relatos de la Pasión, en especial de San Juan.

27 28 Capa de soldado romano (sagum). Su color rojo evoca por irrisión la púrpura real.

27 29 Los judíos se habían burlado de Jesús como “Profeta”; los romanos se burlan de él como “Rey”. Estas dos escenas reflejan bien los dos aspectos, religioso y político, del proceso de Jesús.

27 33 Transcripción de la palabra aramea Gulgutá, “lugar del cráneo”, en latín Calvaria (de aquí “Calvario”).

27 34 Brebaje embriagante que mujeres judías compasivas, ver Lc 23, 7, solían ofrecer a los ajusticiados para atenuar sus sufrimientos. De echo a este vino se le mezclaba más bien “mirra”, ver Mc 15, 23: la “hiel” en Mt se debe a una reminiscencia del Sal 69, 22 (al igual que la corr. de “vino” en “vinagre” de la resención antioquena). Jesús rechaza este estupefaciente.

27 35 Adic.: “Para que se cumpliera el oráculo del profeta. Se han repartido mis vestidos, y han echado a suertes mi túnica” (Sal 22, 19), glosa tomada de Jn 19, 24.

27 45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde. Estas tinieblas (ver Ex 10, 22; Am 8, 9-10) representan probablemente el juicio de Dios, que se extiende desde la cruz por toda la tierra (o “todo el país”).

27 46 Grito de angustia, pero no de desesperación, esta queja, tomada de la Escritura, es una oración a Dios, y en el Salmo le sigue la alegre seguridad del triunfo final.

27 47 Mordaz juego de palabras, basado en la esper de Elías como precursor del Mesías, ver 17, 10-13, o en la creencia judía de que él socorría a los justos en la necesidad.

27 48 Bebida ácida que usaban los soldados romanos. El gesto fue sin duda de compasión, ver Jn 19, 28s.; los Sinópticos lo consideran mal intencionado. Lc 23, 36 y lo describen con términos que evocan Sal 69, 27.

27 51 (a) La cortina que cerraba el Santo, o mejor la que separaba el Santo del Santo de los Santos, ver Ex 25, 31s. Siguiendo Hb 9, 12; 10, 20, la tradición cristiana ha visto en este desgarrarse del velo la supresión del antiguo culto mosaico y el acceso abierto por Cristo al santuario escatológico.

27 51 (b) Estas manifestaciones extraordinarias, como también las tinieblas del v. 45, estaban anunciadas por los profetas como señales características del “día de Yahvé”, ver Am 8, 9.

27 53 Esta resurrección de los justos del AT es un signo de la era escatológica, Is 26, 19; Ez 37; Dn 12, 2. Liberados del Hades por la muerte de Cristo, ver Mt 16, 18, esperan ellos su resurrección para entrar con él en la Ciudad Santa, es decir, Jerusalén. Tenemos aquí una de las primeras expresiones de la fe en la liberación de los muertos por el descenso de Cristo a los infiernos, ver 1 P 3, 19.

27 57 Puede también traducirse: “que se había instruido en la enseñanza de Jesús” (idéntico verbo en 13, 52 y 28, 19) Podría pensarse que este hombre era originario de Arimatea, ciudad de Judea al noreste de Lida, o bien que llegaba de esa ciudad en el momento de la crucifixión.

27 60 Sábana “limpia” y sepulcro nuevo” subrayan la piedad del entierro; el segundo dato explica también el que haya sido posible, ya que el cadáver de un ajusticiado no podía ser puesto en un sepulcro ya ocupado, donde habría contaminado los huesos del justo.

27 62 En griego “Parasceve”. Este término se aplicaba al viernes, día en que se hacían los preparativos del sábado. Ver Jn 19, 14. Sobre el problema de la cronología, véase Mc 26, 17.

27 65 Es decir: “Utilizad vuestra guardia”, ver Lc 22, 4, o bien, “Pongo una guardia a vuestra disposición”, ver Jn 18, 3.

 

 

Notas exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica

34 LO GUSTÓ... BEBERLO: lit. y habiendo gustado no quiso beber.

38 FUERON CRUCIFICADOS: Gr. 4 (“son crucificados”: presente narrativo).

39-44 Los insultos contra Jesús, como la frase de la multitud en el v. 25, son “religiosos”, no políticos. Se burlan de su mesianismo, y de su filiación divina. Aunque la autoridad romana lo condenase por revolucionario, en la idea del pueblo y de sus jefes religiosos Jesús moría condenado por blasfemo.

43 El sujeto de los verbos LIBRE Y QUIERE es Dios. // SI REALMENTE (oración condicional real) LO QUIERE: si Dios se agrada en él.

44 DE LA MISMA MANERA: o “[diciendo] lo mismo”.

45 TODO EL PAÍS: Palestina, la “Tierra Santa”; quizás, en la mente de Mt: toda la tierra.

46 Las dos primeras palabras de la cita del Sal 22, rezado por Jesús, son hebreas (aunque usadas también en textos arameos); las restantes son arameas.

48 La construcción lit. del texto griego es: “corriendo uno de ellos y cogiendo esponja y habiendo empapado... y habiendo puesto una caña...”.

51-53 El efecto polisíndeton del texto griego está sustituido por el recurso contrario: el asíndeton (la traducción suprime “y” del texto original). Doctrinalmente, Mt está diciendo que los efectos de la muerte de Jesús han alcanzado todos los estratos de la vida humana y de la naturaleza inanimada que le rinde homenaje. El triunfo de Jesús sobre la muerte ha llegado hasta MUCHOS CUERPOS (la parte “material”) DE LOS SANTOS (los que Mt llama “justos” en otros pasajes_ cf. 1, 19), de las personas piadosas del AT QUE DORMÍAN (eufemismo: que habían muerto, cf. 23, 29, donde se habla de los monumentos sepulcrales de los justos). // DESPERTARON: lit. fueron despertados (se entiende: por Dios; voz pasiva “teológica”. // Liberados de la Morada de los muertos resucitaron propiamente DESPUÉS DE resucitar JESÚS (lit... de la resurrección de él), formando la escolta de honor de Cristo Rey, vencedor de la muerte. // La tradición reflejada en este texto, muy antigua, sin relación con textos judíos sobre la teofanía en el Sinaí, que son posteriores, da a entender que los primeros cristianos consideraban los acontecimientos del día de Pascua como el comienzo de la gran resurrección universal. // LA CIUDAD SANTA, e.d. Jerusalén, acaba de ser purificada con la sangre de Jesús: los resucitados con él son ya la nueva Jerusalén: “la ciudad santa” del cielo (Ap 21, 2).

54 HIJO DE DIOS: o quizá hijo de un dios, de una divinidad, expresión que cuadraría mejor en la boca de los soldados paganos.

 

Notas exegéticas desde la Biblia Didajé:

27, 32-56 Con las burlas del gentío, la repartición de la ropa, el grito de abandono de Cristo en la cruz, y con otros detalles de la pasión se cumplen directamente las profecías del Antiguo Testamento. El intenso sufrimiento de Cristo en su cruz y alma era real y no fue paliado por su naturaleza divina. Cristo rechazó el vinagre, que se utilizaba como analgésico, para mostrar su voluntad de aceptar todo el sufrimiento para la redención. Experimentó una muerte terrible, naturalmente implicando la separación del cuerpo y del alma, cargando con el peso de los pecados de todos. Cat. 515, 585, 599-602.

27, 46 Estas palabras, que forman el comienzo del salmo 22, ponen voz al sufrimiento. Aunque a primera vista parece que las palabras muestran desesperación, el salmo concluye con una entusiasta exclamación de esperanza, de gloria y victoria. Cat. 2853.

27, 50 La muerte y resurrección de Cristo se produjeron en un momento determinado de la historia. No obstante, este sacrificio redentor se hace presente sacramentalmente en cada celebración de la Santa Misa. Con esta celebración, podemos unir nuestro trabajo y sufrimiento al sacrificio mismo de nuestro Señor en la cruz, que vuelve a ser presentado en el sacrificio eucarístico. Cat. 613-614, 1364.

27, 51 El velo separaba a la gente de la presencia de Dios en el Santo de los Santos, el sancta sanctorum del Templo, donde solo el sumo sacerdote hacía sacrificios en presencia de Dios en nombre del pueblo una vez al año. Su desgarramiento simboliza la reconciliación de Dios con la humanidad, el desgarramiento de lo que separaba al hombre de Dios. La Antigua Alianza había cumplido su función y fue abriendo paso a la Nueva Alianza, en Cristo. El hecho de que el velo se rasgase de arriba abajo sugiere que fue un acto de Dios.

27, 53 No está claro si las apariciones de los santos se refieren a apariciones o a una vuelta verdadera a la vida corporal humana, pero puede referirse a la salvación de aquellos que habían muerto bajo la Antigua Alianza, antes de la reconciliación entre Dios y la humanidad. La Iglesia nos enseña que después de su muerte, como profesamos en el credo de los Apóstoles, Cristo “descendió a los infiernos” (aquí no se refiere al infierno eterno, sino a una especie de estado intermedio o purgatorio para los hombres y mujeres justos de la Antigua Alianza que esperaban la apertura de las puertas del cielo. Esto se denomina a veces como “el seno de Abrahán”. Cat. 586, 624, 627, 632-637.

27, 54 No está claro si el centurión reconoce a Jesús como el Mesías o como un ser divino. En el Antiguo Testamento, a menudo se utilizaba “Hijo de Dios” para referirse a alguien que tenía una relación especialmente estrecha con Dios, similar a un “hijo adoptivo”. El término se aplicó en varias ocasiones a los fieles, a los ángeles, o a determinados líderes judíos. Cat. 441.

27, 55s María, la madre de Santiago y José. Esta María y sus hijos eran parientes de Cristo, pero claramente, esta María no era su madre, y Santiago y José no eran hermanos suyos literalmente. Esta conclusión se ve reforzada más tarde, cuando se nombre a la mujer como “la otra María” (Mt 28, 1). Las diversas partes de la pasión y muerte de Cristo se conmemoran en muchos sentidos en la liturgia y en el culto hoy en día, incluyendo el sacrificio de la Misa, la liturgia del Viernes Santo, la lectura de la narración de la pasión, el Domingo de Ramos y la devoción popular de las estaciones de la Cruz. Cat. 500.

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

599 La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: “Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios” (Hch 2, 23). Este lenguaje bíblico no significa que los que han “entregado a Jesús” fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios.

613 La muerte de Jesús es a la vez sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres por medio del “Cordero que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29) y el sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios reconciliándole con Él por “la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados” (cf. Mt 26, 28).

614 Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios. Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos consigo. Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor, ofrece su vida a su Padre por medio del Espíritu Santo para reparar nuestra desobediencia.

2853 La victoria sobre el “príncipe de este mundo” (Jn 14, 30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su vida.

1364 El memorial recibe un sentido nuevo en el Nuevo Testamento. Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y esta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual.

624 “Por la gracia de Dios, gustó la muerte para bien de todos” (Hb 2, 9). En su designio de salvación, Dios dispuso que su Hijo no solamente “muriese por nuestros pecados” (1 Co 15, 3), sino también que “gustase la muerte”, es decir, que conociera el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la Cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en la tumba manifiesta el gran reposo sabático de Dios después de realizar la salvación de los hombres, que estable en la paz al universo entero.

 

Concilio Vaticano II

 

Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra paz, por la cruz reconcilió a judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en sí mismo.

Nostra aetate, 4.

 

San Agustín

He aquí la debilidad de Dios que es más fuerte que los hombres, y la necedad de Dios más sabia que los hombres.

He aquí la debilidad de Dios que es más fuerte que los hombres y la necedad de Dios más sabia que los hombres. El sucederse de los acontecimientos lo mostró con mayor claridad aún. ¿Qué buscaba entonces la ira rabiosa de los enemigos, sino arrancar su memoria de la tierra? Pero quien fue crucificada en una sola nación se ha asentado en los corazones de tantas otras y quien entonces fue entregado a la muerte en un solo pueblo, ahora es adorado por todos.

Por tanto, amadísimos, celebremos este aniversario con devoción; gloriémonos en la cruz de Cristo, pero no una sola vez al año, sino con una vida continua de santidad.

Sermón 218 B.

 

Los Santos Padres.

Considerando todo esto, armémonos contra toda irritación, contra toda ira. Cuando veas que se te enciende el corazón, sella tu pecho, poniendo sobre él la cruz; recuerda entonces un paso de la pasión del Señor, y, al recuerdo de lo que Él sufrió, sacudirás de ti, como polvo, todo sentimiento de enojo. Considera que Él es Señor, tú esclavo; que Él sufrió por ti y tú sufres por tu culpa; Él por quienes había colmado de beneficios y le estaban crucificando, y tú por ti mismo; Él por los que lo habían injuriado, y tú muchas veces por los mismos a quienes has agraviado.

San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 87. Ib, pg. 354.

Ha tomado el principio del salmo 21; pero lo que se lee en la mitad del versículo: “Mírame”, está de más, pues en el texto hebreo se lee: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. 

San Jerónimo, Comentario al Ev. de Mateo  4, 27, 46. Ib, pg. 360.

 

San Juan de Ávila

Y entre todos los atavíos de desposorio, que lleva, mirad a la guirnalda de espina que en su divina cabeza lleva, la cual, aunque la trajeron y se la pusieron los caballeros de Pilato, que eran gentiles, dícese habérsela puesto su madre [salmo 44], que es la sinagoga, de cuyo linaje Cristo descendió según la carne; porque por la acusación de la sinagoga, y por complacer a ella, fue Cristo así atormentado. Y si alguno os dijere: “Nuevos atavíos de desposado son estos: por guirnalda, lastimera corona; por atavíos de pies y manos, clavos agudos que se los traspasan y rompen; azotes por cinta; los cabellos pegados y enrubiados con su propia sangre; la sagrada barba arrancada; las mejillas bermejas con bofetadas; y la cama áspera cruz donde justiciaban los malhechores”. ¿Qué tiene que ver este abatimiento extremo con atavíos de desposorio? ¿Qué tiene que ver acompañado de ladrones (cf. Mt 27, 38), con ser acompañado de amigos, que se huelgan [alegran] de honrar al nuevo desposado? ¿Qué fruto, que música, qué placeres vemos aquí, pues la madre y amigos del desposado comen dolores y beben lágrimas, y los ángeles de la paz lloran amargamente (Is 33, 7)(, y no hay cosa más lejos de desposorio que todo lo que aquí parece?

Audi filia (I). I, pg. 471.

También es cosa maravillosa que un hombrecillo terrenal es´ta en el cielo gozando de Dios, y acompañado de ángeles con honra inefable; mas mucho más fue estar Dios puesto en tormentos y menosprecios de cruz, y morir entre dos ladrones (cf. Mt 27, 38); con lo cual quedó justicia divina tan satisfecha, así por lo mucho que el Señor padeció como principalmente por ser Dios elq ue padeció, que nos da perdón de lo pasado, y nos echa bendiciones con que nuestra esterilidad haga fruto de buena vida y digna del cielo; figurada en el hijo que fue dado a Sara, vieja y estéril (cf. Gn 21, 2). Porque el becerro cocido en la casa de Abrahán (c. Gn 18, 7), que es Jesucristo, crucificado en el pueblo que de Abrahán venía, fue a Dios tan gustoso que de airado se tornó manso, y la maldición conmutó en bendición, pues recibió cosa que más le agradó que todos los pecados del mundo le pueden desagradar.

Audi, filia (II). I, pg. 579

Y si una vez de verdad desterrásemos de nosotros nuestra secreta cobdicia, caerían con ella muchos malos frutos que de ella proceden, y cogeríamos otros más valerosos de gozo y de paz, que de la unión con la divina voluntad suelen venir, y tan firmes que aun la misma tribulación no nos lo puede qitar. Pues, aunque los tales se sientan atribulados y desamparados, mas no por eso desesperados ni muy turbados, porque conocen ser aquél el camino de la cruz, a la cual ellos se han ofrecido, y por el cual Cristo anduvo; como parece que, estando en la cruz, dijo a su Padre: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me desamparaste? (Mt 27, 46.

Audi, filia (II), pg. 594.

Tan maravillosamente favorecidos en la tribulación que, viendo la bonanza del mar de su corazón tan súbita, dicen lo que los apóstoles: ¿Quién es Aqueste a quien los vientos y mar obedecen? (Mt 8, 27). Verdaderamente es el santo Hijo de Dios (cf. Mt 14, 33; 27, 54).

Lo mismo decir de comminuetis ex eo (Jn 19, 36), y de Diviserunt sibi vestimenta mea (Mt 27, 35), etc., y de otros lugares que los evangelistas tractan y los apóstoles en los Actos, traídos en confirmación de una doctrina que fue aprobada con tantos milagros, a testimonio de cuanto caso se debía de hacer de la palabra [de] Dios, y de cómo su autoridad prevalece, y que, faltando ella o diciendo lo contrario, todo lo demás es incierto.

Lecciones sobre la Epístola a los Gálatas. II, pg. 32.

Solo peregrino. Gran muchedumbre de ellos, después de perdido asiento del paraíso. Una singularidad extraña en Cristo, de su peregrinación, que descansa en el trono y es caminante, viator, comprehensor; padecía en la cruz e gozaba en gloria. Solo en todos sus trabajos, último discipuli fugerunt (cf. Mt 26, 56; Mc 14, 50), para mayor pena suya. Esto lamentaba en la cruz: Ut quid dereliquisti? (Mt 27, 46, ¿Por qué me has abandonado?): Mírame aquí colgado, golpeado, mira este mi sacrificio que te ofrezco por los hombres; mira a tu Hijo. (...) Todos los que sanó e curo, que le gritaban por rey, desaparecieron. No hobo qu(i)en volviese por Él. Y así el día de su trabajo dice: Torcular calcavi solus (Is 63, 3, He pisado yo solo en el lagar).

Sermón del lunes de Pascua. III, pg. 222-223.

También dijo Cristo nuestro Redemptor en la parte sensitiva, viendo que Dios le dejaba padecer y viendo los tormentos que pasaba: Deus meus, Deus meus, ut quid derelisti me? (Mt 27, 46). Fue tanto, hermanos míos, lo mucho que nuestro Señor pasó; fueron tantos los tormentos que pasó, los azotes, corona de espinas, las bofetadas que en su divino rostro le dieron, que dice Él mismoL O vos omnes, qui transitis per viam: Todos los que pasáis por el camino, todos los que vivís en el mundo, mirá si hay dolor como el mío (Lamentaciones 1, 12). ¡Bendito seáis vos, Redemptor mío, por siempre? ¿Qué es la causa de tantos dolores, Señor? Los dolores, los tormentos, ¿no son pena de los pecados y castigo de los malos? A los que mal hacen les conviene el castigo; vos, Señor mío, ¿qué mal el que hecistes, que tantos tormentos pasastes? ¿Por qué tantos dolores? Dice nuestro Redemptor Jesucristo: - ¿Qué deben estos? – Señor, muchos pecados han hecho. – Pues quiero – dice Jesucristo – caiga sobre mí el castigo, porque caiga el descanso del cielo encima de ellos; la tristeza caiga en mí, porque la alegría caiga sobre ellos. Quiero que me den hiel a mí, porque les den a ellos miel; denme a mí tormentos, porque den a ellos descanso; den a mí la muerte, porque a ellos les den la vida. Ten, pues, hermano, confianza en estos merecimientos que Jesucristo tuvo. No pienses que es voz muda la que tienes en el cielo en tu defensa; los merecimientos de Jesucristo están allá abogando por ti.

Sermón domingo infraoctava de la Ascensión. III, pg. 332.

En la cruz, ¿qué otra cosa da más que su sangre, y su pasión y misericordia para el hombre, por cuyo consuelo da voces el Señor, que fue desamparado (cf. Mt 27, 46; Mc 15, 34) y desconsolado? Mas allí está tan guardado de sus enemigos, que sus amigos por mucho que lo deseen y lloren no pueden llegar a Él. Y aquí está tan puesto en nuestras manos y tan abierta la puerta, que Él está rogando consigo, y solo aquel que no quiere no llega. Y aunque el velle derramar su sangre en la cruz es grande consuelo para el pecador, mas como se derrama por todos, y es menester se aplique a cada uno en particular, por eso es necesario que tú le recibas en t pecho con fe y amor para que participes de tantas riquezas como allí se dan. Gocémonos, pues, de que esté una medicina hecha con que pueden sanar todos los males.

Sermón en la infraoctava del Corpus. III, pg. 648.

Mas como tenga vuestra merced por hijo de promisión como a Isaac (cf. Gn 17, 19), espero de Jesucristo no morirá con manjar de piedras, sino que lo gustará, como Cristo el vino mirrado (cf. Mt 27, 34). El consentimiento le quitará Dios; el sentimiento será tormento de cruz para gloria del que nos amó en ella; y rogándonos nuestros enemigos que decendamos de ella, queremos más confesar a Cristo y estar en ella que negar y descansar.

Carta a un caballero ce estos reinos discípulo suyo. IV, pg. 431.

Estése, señora, en las llagas de su Señor, pues por sanar la de ella pasó Él aquellas. Y si no es para pasar ella por Él otras tales, sea para agradecérselo a Él para compadecerse con Él y llorar porque sus pecados le pusieron en aprieto tan grande. More allí, señora, no de paso, como por venta, como los que pasaban por el camino y movían sus cabezas blasfemando del Señor (cf. Mt 27, 39), sino esté de reposo muy fijada par de la cruz, como la Virgen y Madre y el amado discípulo y las otras santas mujeres. Porque los que de paso se pasan por este beneficio tan grande, ni lo conocen, ni agradecen, ni les queda más que el sonido; y algunos, como son los infieles, con blasfemar de Él, porque no se paran a mirar despacio esta gran maravilla de amor. Mas el cristiano que mora aquí, dice de corazón: Esta es mi holganza en el siglo del siglo; aquí moraré, porque la escogí (Sal 131, 14).

Carta a una señora. IV, pg. 459.

Sí, señora, sí sé que vuestra merced está en la cruz, y no a solas; que no pienso yo que nuestro Señor la ama tan poco, que la quiera tener lejos de sí. Su cama, señora, y su mesa, la cruz fue; en ellos ha de poner a sus amados si lo quieren ser. Y no se turbe vuestra merced porque no hay cosa que le consuele, pues ha oído que el Señor dijo puesto en la cruz: Busqué quien me consolase, y no hallé (Sal 68, 21). Desmaparado de su Padre dijo que estaba (cf. Mt 27, 46); y esto excede a nuestro desmamparo; por mucho que sea, como también sus dolores exceden a los nuestros. Tenga, señora, firme en la cruz. No quiera descender de ella por descansar. Ofrézcase a la voluntad de Dios para que haga de ella su voluntad, sin que le resista. Déjese llevar tan buen Padre a donde Él mandare, y diga como dijo Santo Tomás: Vamos y muramos con Él (Jn 11, 16). Mire que este negocio no es palabras, sino obras y finos dolores y desmamparos; y no tiene uno más amor del que parece en el tiempo de la tribulación.

Carta a una señora que padecía trabajos. IV, pg. 426.

En todo, señora, cosa es que Dios usa con todos, aunque sean sus amigos, para probar si con el desamparo se aflojan en el servicio suyo y en el amor y confianza; porque cuando haya sentimientos de Él y de su amor, pocas gracias que el hombre ande confiado y diligente, porque como dice  el Contemtus mundi (el Kempis), “suavemente camina a quien la mano del Omnipotente lleva; mas estar en cruz y sin sentimientos ni consuelo interior nie xgterior, y no por eso desconfiar ni aflojar, este es el servir a Cristo, que en cruz dijo: Padre mío, ¿por qué me desamparaste? (Mt 27, 47). El cual sintió entonces este desamparo, mas no desmayó. Aunque parece que se queja, no es sino queja de regalo, no de desconfiado. Y dijo lo que sentía, para que supiesen sus siervos que si Él sentía aquel desamparo, siendo Hijo natural de Dios, no se espantasen ellos, siendo adoptivos, de pasar por donde el Señor pasó.

A una persona que padecía sequedades y tentaciones. IV, pg. 734.

 

San Oscar Romero.

Queridos hermanos, aunque estamos viviendo como en un callejón sin salida, no desesperemos. En la palabra bíblica de Isaías, un poco antes de la lectura que se ha hecho hoy, dice Dios al pueblo: "¿Por qué desconfías? ¿qué acaso se ha acortado mi mano para darle bendiciones? ¿qué acaso no tengo energías para salvarte?" Hermanos, respondamos a esas preguntas de Dios con un acto de fe y de esperanza. "Si Señor, nosotros creemos que tú eres el Redentor y por eso hemos aclamado hoy con la alegría de los que te han recibido: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, Hosanna en los cielos!"

Vamos a proseguir ahora nuestra Eucaristía donde vamos a poner en el altar de Cristo todas nuestras esperanzas y nuestros buenos deseos de celebrar una Semana Santa, digna de nuestra fe.

Homilía. 19 de marzo de 1978.

 

 

 

 

Papa León XIV. Audiencia general. 18 de marzo de 2026.
Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - II. Constitución dogmática Lumen gentium4. La Iglesia, pueblo sacerdotal y profético

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy quisiera detenerme de nuevo en el segundo capítulo de la Constitución conciliar Lumen gentium (LG), dedicado a la Iglesia como pueblo de Dios.

El pueblo mesiánico (LG, 9) recibe de Cristo la participación a la obra sacerdotal, profética y real en la que se lleva a cabo su misión salvífica. Los Padres conciliares enseñan que el Señor Jesús ha instituido mediante la nueva y eterna Alianza un reino de sacerdotes, constituyendo a sus discípulos en un «sacerdocio real» (1Pt 2,9; cfr 1Pt 2,5; Ap 1,6). Este sacerdocio común de los fieles es donado con el Bautismo, que nos habilita para rendir culto a Dios en espíritu y en verdad y a «confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la Iglesia» (LG, 11). Además, a través del sacramento de la Confirmación, todos los bautizados «se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo, y con ello quedan obligados más estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras» (ibid.). Esta consagración está en la raíz de la misión común que une a los ministros ordenados y a los fieles laicos.

A propósito, el  Papa Francisco observaba así: «Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) “quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo” (LG 10), entonces todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios» (Carta al Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, 19 de marzo 2016).

El ejercicio del sacerdocio real tiene lugar de muchas maneras, todas ellas encaminadas a nuestra santificación, sobre todo participando en la ofrenda de la Eucaristía. Mediante la oración, el ascetismo y la caridad activa dan testimonio de una vida renovada por la gracia de Dios (cfr LG, 10). Como sintetiza el Concilio, «el carácter sagrado y orgánicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por los sacramentos y por las virtudes» (LG, 11).

Los padres conciliares enseñan además que el pueblo santo de Dios participa también en la misión profética de Cristo (cfr LG, 12). En este contexto introduce el tema importante del sentido de la fe y del consenso de los fieles. La Comisión Doctrinal del Concilio precisaba que este sensus fidei «es como una facultad de toda la Iglesia, gracias a la cual en su fe reconoce la revelación transmitida, distinguiendo entre lo verdadero y lo falso en las cuestiones de fe, y al mismo tiempo penetra más profundamente en ella y la aplica más plenamente en la vida» (cfr Acta Synodalia, III/1, 199). El sentido de la fe pertenece por tanto a cada fiel no a título individual, sino como miembros del pueblo de Dios en su conjunto.

Lumen gentium concentra la atención sobre este último aspecto y lo relaciona con la infalibilidad de la Iglesia, a la cual pertenece la infalibilidad del Romano Pontífice, al servirla. La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2,20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres (cfr. LG, 12). La Iglesia, por tanto, como comunión de los fieles que incluye obviamente a los pastores, no puede errar en la fe: el órgano de esta propiedad suya, fundado en la unción del Espíritu Santo, es el sobrenatural sentido de la fe de todo el pueblo de Dios, que se manifiesta en el consenso de los fieles. De esta unidad, que el Magisterio eclesial custodia, se deduce que cada persona bautizada es un sujeto activo de evangelización, llamado a dar un testimonio coherente de Cristo según el don profético que el Señor infunde en toda su Iglesia.

El Espíritu Santo, que nos viene de Jesús Resucitado, dispensa de hecho «entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1 Co 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia» (LG, 12). Una demostración peculiar de tal vitalidad carismática es ofrecida por la vida consagrada, que continuamente brota y florece por obra de la gracia. También las formas asociativas eclesiales son ejemplo luminoso de la variedad y de la fecundidad de los frutos espirituales para la edificación del Pueblo de Dios.

Queridos, despertemos en nosotros la conciencia y la gratitud de haber recibido el don de formar parte del pueblo de Dios; y también la responsabilidad que esto conlleva.

 

Papa León XIV. Ángelus. 22 de marzo de 2026.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este quinto domingo de Cuaresma, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45).

En el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica,1265). Hoy, Jesús nos dice también a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,25-26).

La liturgia nos invita así a revivir, a la luz de la inminente celebración de la Semana Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la última cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para percibir su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen.

De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida.

Su gracia ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos— como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales. Es el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero. Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Las Confesiones, I,1.1).

El relato de la resurrección de Lázaro nos invita, entonces, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en el sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad. En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad.

Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites.

Que la Virgen María nos ayude a vivir así estos días santos: con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado.

 

Papa Francisco. Ángelus. 2 de abril de 2023.

Queridos hermanos y hermanas:

Los saludo a todos, romanos y peregrinos, especialmente a los que han venido de lejos. Les doy las gracias por su participación y también por sus oraciones, que han intensificado en los últimos días. ¡Gracias, verdaderamente!

Dirijo una bendición especial a la Caravana de la paz que en estos días ha partido desde Italia hacia Ucrania, promovida por diversas Asociaciones: Papa Juan XXIII, FOCSIV, Pro Civitate Christiana, Pax Christi y otras. Junto con artículos de primera necesidad, llevan la cercanía del pueblo italiano al martirizado pueblo ucraniano, y hoy ofrecen ramos de olivo, símbolo de la paz de Cristo. Nos unimos a este gesto con la oración, que será más intensa en los días de Semana Santa.

Hermanos y hermanas, con esta celebración hemos entrado en la Semana Santa. Los invito a vivirla como nos enseña la tradición del Santo Pueblo Fiel de Dios, es decir, acompañando al Señor Jesús con fe y amor. Aprendamos de nuestra Madre, la Virgen María: ella siguió a su Hijo con la cercanía de su corazón, fue una sola alma con Él y, aun sin comprender todo, junto a Él se entregó plenamente a la voluntad de Dios Padre. Que la Virgen nos ayude a permanecer cerca de Jesús presente en las personas que sufren, descartadas, abandonadas. Que la Virgen nos lleve de la mano a Jesús presente en estas personas.

A todos, un buen camino hacia la Pascua.

 

Papa Francisco. Homilía. 2 de abril de 2023.

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46). Es la invocación que la Liturgia nos hace repetir hoy en el Salmo responsorial (cf. Sal 22,2) y es la única pronunciada en la cruz por Jesús en el Evangelio que hemos escuchado. Son, pues, las palabras que nos llevan al corazón de la pasión de Cristo, al punto culminante de los sufrimientos que padeció para salvarnos. “¿Por qué me has abandonado?”

El sufrimiento de Jesús fue grande y cada vez que escuchamos el relato de la pasión nos conmueve. Sufrió en el cuerpo: pensemos en las bofetadas, en los golpes, en la flagelación, en la corona de espinas, en el suplicio de la cruz. Sufrió en el alma: la traición de Judas, las negaciones de Pedro, las condenas religiosas y civiles, las burlas de los guardias, los insultos bajo la cruz, el rechazo de muchos, el fracaso de todo, el abandono de los discípulos. Sin embargo, en todo este dolor, a Jesús le quedaba una certeza: la cercanía del Padre. Pero ahora sucede lo impensable; antes de morir grita: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». El abandono de Jesús.

Este es el sufrimiento más lacerante, es el sufrimiento del espíritu; en la hora más trágica, Jesús experimenta el abandono de Dios. Nunca antes había llamado al Padre con el nombre genérico de Dios. Para transmitirnos la fuerza de aquel acontecimiento, el Evangelio indica la frase también en arameo; es la única, entre las pronunciadas por Jesús en la cruz, que nos llega en la lengua original. El acontecimiento real es el abajamiento extremo, es decir, el abandono de su Padre, el abandono de Dios. El Señor llega a sufrir por amor a nosotros, lo que nos es difícil incluso de comprender. Ve el cielo cerrado, experimenta la amarga frontera del vivir, el naufragio de la existencia, el derrumbamiento de toda certeza. Grita el “por qué” de los “por qué”. “Dios mío, ¿por qué?”

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? El verbo “abandonar” en la Biblia es fuerte; aparece en momentos de extremo dolor: en amores fracasados, negados y traicionados; en hijos rechazados y abortados; en situaciones de repudio, viudez y orfandad; en matrimonios agotados, en exclusiones que privan de vínculos sociales, en la opresión de la injusticia y la soledad de la enfermedad. En fin, en las más dramáticas heridas de las relaciones. Ahí se dice esta palabra: “abandono”. Cristo llevó todo ello a la cruz, tomando sobre sí el pecado del mundo. Y en el momento culminante, el Hijo unigénito y amado experimentó la situación que le era más ajena: el abandono, la lejanía de Dios.

¿Y por qué llegó a ese punto? Por nosotros, no existe otra respuesta. Por nosotros. Hermanos y hermanas, hoy esto no es un espectáculo. Que cada uno, sintiendo el abandono de Jesús, se diga a sí mismo: por mí. Este abandono es el precio que pagó por mí. Se hizo solidario con cada uno de nosotros hasta el extremo, para estar con nosotros hasta las últimas consecuencias. Experimentó el abandono para no dejarnos rehenes de la desolación y estar a nuestro lado para siempre. Lo hizo por ti, por mí, para que cuando tú, yo, o cualquiera se vea entre la espada y la pared, perdido en un callejón sin salida, sumido en el abismo del abandono, absorbido por el torbellino de los tantos “por qué” sin respuesta, pueda tener una esperanza. Él, por ti, por mí. No es el final, porque Jesús ha estado allí y está ahora contigo. Él, que sufrió el alejamiento del abandono para acoger en su amor todos nuestros distanciamientos. Para que cada uno de nosotros pueda decir: en mis caídas ―todos hemos caído tantas veces―, en mi desolación, cuando me siento traicionado o he traicionado a los demás, cuando me siento descartado o he descartado a los demás, cuando me siento abandonado o he abandonado a los demás, pensemos que Él fue abandonado, traicionado, descartado. Y ahí lo encontramos a Él. Cuando me siento errado y perdido, cuando ya no puedo más, Él está conmigo, en mis tantos “por qué” sin respuesta, Él está ahí.

Así es como el Señor nos salva, desde el interior de nuestros “por qué”. Desde ahí despliega la esperanza que no defrauda. En la cruz, de hecho, aunque se sienta abandonado completamente, no cede a la desesperación ―este es el límite―, sino que reza y se encomienda. Grita su “por qué” con las palabras de un salmo (22,2) y se entrega en las manos del Padre, aun sintiéndolo lejano (cf. Lc 23,46) o no lo siente porque se encuentra abandonado. En el abandono se entrega. En el abandono sigue amando a los suyos que lo habían dejado solo. En el abandono perdona a los que lo crucifican (v. 34). Así es como el abismo de nuestras muchas maldades se hunde en un amor más grande, de modo que toda nuestra separación se transforma en comunión.

Hermanos y hermanas, un amor así, todo para nosotros, hasta el extremo, el amor de Jesús, es capaz de transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne. Es un amor de piedad, de ternura, de compasión. Este es el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura. Así es Dios. Cristo abandonado nos mueve a buscarlo y amarlo en los abandonados. Porque en ellos no sólo hay personas necesitadas, sino que está Él, Jesús abandonado, Aquel que nos salvó descendiendo hasta lo más profundo de nuestra condición humana. Está con cada uno de ellos, abandonados hasta la muerte. Pienso en aquel hombre alemán, indigente, que murió en la columnata de la plaza, solo, abandonado. Ese es Jesús para cada uno de nosotros. Muchos necesitan nuestra cercanía, muchos abandonados. Yo también necesito que Jesús me acaricie y se me acerque, es por eso que voy a buscarlo en los que están abandonados, solos. Él quiere que cuidemos de los hermanos y de las hermanas que más se asemejan a Él, en el momento extremo del dolor y la soledad. Hoy, queridos hermanos y hermanas, hay tantos “cristos abandonados”. Hay pueblos enteros explotados y abandonados a su suerte; hay pobres que viven en los cruces de nuestras calles, con quienes no nos atrevemos a cruzar la mirada; hay emigrantes que ya no son rostros sino números; hay presos rechazados, personas catalogadas como problema. Pero también hay tantos cristos abandonados invisibles, escondidos, que son descartados con guante blanco: niños no nacidos, ancianos que han sido dejados solos ―que tal vez pueden ser tu papá, tu mamá, tu abuelo o tu abuela, abandonados en los institutos geriátricos―, enfermos no visitados, discapacitados ignorados, jóvenes que sienten un gran vacío interior sin que nadie escuche realmente su grito de dolor. Y no encuentran otro camino más que el del suicidio. Los abandonados de hoy. Los cristos de hoy.

Jesús abandonado nos pide que tengamos ojos y corazón para los abandonados. Para nosotros, discípulos del Abandonado, nadie puede ser marginado; nadie puede ser abandonado a su suerte. Porque, recordémoslo, las personas rechazadas y excluidas son iconos vivos de Cristo. Nos recuerdan la locura de su amor, su abandono que nos salva de toda soledad y desolación. Hermanos y hermanas, pidamos hoy la gracia de saber amar a Jesús abandonado y saber amar a Jesús en cada persona abandonada. Pidamos la gracia de saber ver, de saber reconocer al Señor que sigue gritando en ellos. No dejemos que su voz se pierda en el silencio ensordecedor de la indiferencia. Dios no nos ha dejado solos; cuidemos de aquellos que han sido dejados solos. Entonces, sólo entonces, haremos nuestros los deseos y los sentimientos de Aquel que por nosotros «se anonadó a sí mismo» (Flp 2,7). Se anonadó totalmente por nosotros.

 


Papa Francisco. Ángelus. 5 de abril de 2020.

Queridos hermanos y hermanas:

Antes de que concluya esta celebración, me gustaría saludar a todos los que han tomado parte en ella mediante los medios de comunicación social. Pienso, en particular, en los jóvenes de todo el mundo que viven, de una manera inusual, a nivel diocesano, la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebra hoy. Justo hoy estaba prevista la entrega de la cruz por los jóvenes de Panamá a los de Lisboa. Este evocador gesto se aplaza al domingo de Cristo Rey, el próximo 22 de noviembre. A la espera de ese momento, os exhorto a vosotros, jóvenes, a cultivar y dar testimonio de la esperanza, la generosidad y la solidaridad que todos necesitamos en estos tiempos difíciles.

Mañana, 6 de abril, se celebra el Día Mundial del Deporte para el Desarrollo y la Paz, convocado por las Naciones Unidas. En este periodo se han tenido que suspender muchos eventos, pero florecen los mejores frutos del deporte: la resistencia, el espíritu de equipo, la fraternidad, el dar lo mejor de sí mismo… Fomentemos, pues, el deporte para la paz y el desarrollo.

Muy queridos hermanos y hermanas, encaminémonos con fe en la Semana Santa, en la que Jesús sufre, muere y resucita. Invito a las personas y las familias que no pueden participar en las celebraciones litúrgicas a recogerse en casa para rezar, también con la ayuda de los medios tecnológicos. Abracemos espiritualmente a los enfermos, a sus familias y a quienes los cuidan con tanta abnegación; recemos por los difuntos, en la luz de la fe pascual. Cada uno está presente en nuestro corazón, en nuestro recuerdo, en nuestra oración.

Aprendamos de María el silencio interior, la mirada desde el corazón, la fe amorosa para seguir a Jesús en su camino hacia la cruz, que conduce a la gloria de la Resurrección. Ella camina con nosotros y sostiene  nuestra esperanza.

 

Papa Francisco. Ángelus. 9 de abril de 2017.

Al final de esta celebración, os saludo cordialmente a todos vosotros aquí presentes, especialmente a los que han participado en el Encuentro internacional en vista de la asamblea sinodal sobre los jóvenes, promovida por el dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida en colaboración con la Secretaría General del Sínodo de los Obispos. Este saludo se extiende a todos vosotros jóvenes que hoy, en torno a sus obispos, celebran la Jornada mundial de la juventud en cada diócesis del mundo. Es otra etapa de la gran peregrinación, iniciada por san Juan Pablo ii, que el año pasado nos reunió en Cracovia y que nos convoca en Panamá en enero de 2019. Por esto, dentro de algunos instantes, los jóvenes polacos entregarán la cruz de la Jornada mundial de la juventud a los jóvenes panameños, acompañados, los unos y los otros, por sus pastores y las autoridades civiles.

Pidamos al Señor que la cruz, unida al icono de María Salus Populi Romani, allí por donde pase haga crecer la fe y la esperanza, revelando el amor invencible de Cristo.

A Cristo, que hoy entra en la Pasión, y a la Virgen encomendamos a las víctimas del atentado terrorista sucedido el viernes pasado en Estocolmo, como también a los que son aún duramente probados por la guerra, desastre de la humanidad. Y rezamos por las víctimas del atentando perpetrado lamentablemente hoy, esta mañana, en El Cairo, en una iglesia copta. A mi querido hermano, su santidad Papa Teodoro II, a la Iglesia copta y a toda la querida nación egipcia expreso mi profundo pésame, rezo por los difuntos y por los heridos, estoy cercano a los familiares y a toda la comunidad. El Señor convierta el corazón de las personas que siembran terror, violencia y muerte, y también el corazón de los que hacen y trafican con armas.

 

Papa Francisco. Ángelus. 13 de abril de 2014.

Al término de esta celebración, dirijo un saludo especial a los 250 delegados —obispos, sacerdotes, religiosos y laicos— que participaron en el encuentro sobre las Jornadas mundiales de la juventud organizado por el Consejo pontificio para los laicos. Comienza así el camino de preparación para el próximo encuentro mundial, que tendrá lugar en julio de 2016 en Cracovia y que tendrá por tema «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7).

Dentro de poco los jóvenes brasileños entregarán a los jóvenes polacos la Cruz de las Jornadas mundiales de la juventud. La entrega de la cruz a los jóvenes la realizó hace treinta años el beato Juan Pablo II: él les pidió que la llevasen por todo el mundo como signo del amor de Cristo a la humanidad.

El próximo 27 de abril tendremos todos la alegría de celebrar la canonización de este Papa, junto con Juan XXIII. Juan Pablo II, que fue el iniciador de las Jornadas mundiales de la juventud, se convertirá en su gran patrono; en la comunión de los santos seguirá siendo un padre y un amigo para los jóvenes del mundo.

Pidamos al Señor que la Cruz, junto con el icono de María Salus Populi Romani, sean signos de esperanza para todos revelando al mundo el amor invencible de Cristo.

[Paso de la cruz y del icono de las JMJ de manos de los jóvenes brasileños a las de sus coetáneos polacos.]i

Saludo a todos los romanos y a los peregrinos. Saludo en especial a las delegaciones de Río de Janeiro y de Cracovia, encabezadas por sus arzobispos, los cardenales Orani João Tempesta y Stanisław Dziwisz.

En este contexto tengo la alegría de anunciar que, si Dios quiere, el 15 de agosto próximo, en Daejeon, en la República de Corea, me reuniré con los jóvenes de Asia en su gran encuentro continental.

Y ahora nos dirigimos a la Virgen Madre, para que nos ayude a seguir siempre con fe el ejemplo de Jesús.

 

Benedicto XVI. Ángelus. 10 de abril de 2011.

Queridos hermanos y hermanas:

Ya sólo faltan dos semanas para la Pascua y todas las lecturas bíblicas de este domingo hablan de la resurrección. Pero no de la resurrección de Jesús, que irrumpirá como una novedad absoluta, sino de nuestra resurrección, a la que aspiramos y que precisamente Cristo nos ha donado, al resucitar de entre los muertos. En efecto, la muerte representa para nosotros como un muro que nos impide ver mas allá; y sin embargo nuestro corazón se proyecta mas allá de este muro y, aunque no podemos conocer lo que oculta, sin embargo, lo pensamos, lo imaginamos, expresando con símbolos nuestro deseo de eternidad.

El profeta Ezequiel anuncia al pueblo judío, en el destierro, lejos de la tierra de Israel, que Dios abrirá los sepulcros de los deportados y los hará regresar a su tierra, para descansar en paz en ella (cf. Ez 37, 12-14). Esta aspiración ancestral del hombre a ser sepultado junto a sus padres es anhelo de una «patria» que lo acoja al final de sus fatigas terrenas. Esta concepción no implica aún la idea de una resurrección personal de la muerte, pues esta sólo aparece hacia el final del Antiguo Testamento, y en tiempos de Jesús aún no la compartían todos los judíos. Por lo demás, incluso entre los cristianos, la fe en la resurrección y en la vida eterna con frecuencia va acompañada de muchas dudas y mucha confusión, porque se trata de una realidad que rebasa los límites de nuestra razón y exige un acto de fe. En el Evangelio de hoy —la resurrección de Lázaro—, escuchamos la voz de la fe de labios de Marta, la hermana de Lázaro. A Jesús, que le dice: «Tu hermano resucitará», ella responde: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día» (Jn 11, 23-24). Y Jesús replica: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» (Jn 11, 25). Esta es la verdadera novedad, que irrumpe y supera toda barrera. Cristo derrumba el muro de la muerte; en él habita toda la plenitud de Dios, que es vida, vida eterna. Por esto la muerte no tuvo poder sobre él; y la resurrección de Lázaro es signo de su dominio total sobre la muerte física, que ante Dios es como un sueño (cf. Jn 11, 11).

Pero hay otra muerte, que costó a Cristo la lucha más dura, incluso el precio de la cruz: se trata de la muerte espiritual, el pecado, que amenaza con arruinar la existencia del hombre. Cristo murió para vencer esta muerte, y su resurrección no es el regreso a la vida precedente, sino la apertura de una nueva realidad, una «nueva tierra», finalmente unida de nuevo con el cielo de Dios. Por este motivo, san Pablo escribe: «Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros» (Rm 8, 11). Queridos hermanos, encomendémonos a la Virgen María, que ya participa de esta Resurrección, para que nos ayude a decir con fe: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios» (Jn 11, 27), a descubrir que él es verdaderamente nuestra salvación.

 

Benedicto XVI. Ángelus. 9 de marzo de 2008.

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestro itinerario cuaresmal hemos llegado al quinto domingo, caracterizado por el evangelio de la resurrección de Lázaro (cf. Jn 11, 1-45). Se trata del último gran "signo" realizado por Jesús, después del cual los sumos sacerdotes reunieron al sanedrín y deliberaron matarlo; y decidieron matar incluso a Lázaro, que era la prueba viva de la divinidad de Cristo, Señor de la vida y de la muerte.

En realidad, esta página evangélica muestra a Jesús como verdadero hombre y verdadero Dios. Ante todo, el evangelista insiste en su amistad con Lázaro y con sus hermanas Marta y María. Subraya que «Jesús los amaba» (Jn 11, 5), y por eso quiso realizar ese gran prodigio. «Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo» (Jn 11, 11), así les habló a los discípulos, expresando con la metáfora del sueño el punto de vista de Dios sobre la muerte física: Dios la considera precisamente como un sueño, del que se puede despertar.

Jesús demostró un poder absoluto sobre esta muerte: se ve cuando devuelve la vida al joven hijo de la viuda de Naím (cf. Lc 7, 11-17) y a la niña de doce años (cf. Mc 5, 35-43). Precisamente de ella dijo: «La niña no ha muerto; está dormida» (Mc 5, 39), provocando la burla de los presentes. Pero, en verdad, es precisamente así: la muerte del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede despertar en cualquier momento.

Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar una sincera com-pasión por el dolor de la separación. Al ver llorar a Marta y María y a cuantos habían acudido a consolarlas, también Jesús «se conmovió profundamente, se turbó» y, por último, «lloró» (Jn 11, 33. 35). El corazón de Cristo es divino-humano: en él Dios y hombre se encontraron perfectamente, sin separación y sin confusión. Él es la imagen, más aún, la encarnación de Dios, que es amor, misericordia, ternura paterna y materna, del Dios que es Vida.

Por eso declaró solemnemente a Marta: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre». Y añadió: «¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Una pregunta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros; una pregunta que ciertamente nos supera, que supera nuestra capacidad de comprender, y nos pide abandonarnos a él, como él se abandonó al Padre.

La respuesta de Marta es ejemplar: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» (Jn 11, 27). ¡Sí, oh Señor! También nosotros creemos, a pesar de nuestras dudas y de nuestras oscuridades; creemos en ti, porque tú tienes palabras de vida eterna; queremos creer en ti, que nos das una esperanza fiable de vida más allá de la vida, de vida auténtica y plena en tu reino de luz y de paz.

Encomendemos esta oración a María santísima. Que su intercesión fortalezca nuestra fe y nuestra esperanza en Jesús, especialmente en los momentos de mayor prueba y dificultad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JUEVES SANTO. 

Monición de entrada:

Queridos hermanos:

Esta tarde de jueves es distinta y la misa también. Porque esta tarde hemos venido a misa y en ella nos van a lavar los pies.

Así la misa de hoy se llama de la Cena del Señor y en ella nos acordamos cuando Jesús nos dio tres regalos: la comunión, los sacerdotes y el mandamiento de amarnos los unos a los otros.

Los niños de comunión que somos hoy como los apóstoles os damos la bienvenida.

 

Señor, ten piedad.

Tú que nos amas del todo. Señor, ten piedad.

Tú que nos ayudas mucho.   Cristo, ten piedad.

Tú que nos vas a lavar los pies. Señor, ten piedad.

 

Peticiones.-

Te pedimos por el Papa Francisco para que esté muchos años como papa. Te lo pedimos Señor.

Te pedimos por los sacerdotes, para que les ayudes a quererte mucho y a querernos mucho a nosotros. Te lo pedimos Señor.

Te pedimos por las personas que en Cáritas ayudan a los pobres, para que les ayudes a ver en ellos tu cara. Te lo pedimos Señor.

Te pedimos por los niños a los que hoy José nos lavará los pies, para que tratemos con mucho cariño a nuestros abuelos. Te lo pedimos Señor.

Te pedimos por los niños y las personas que estos días están en los hospitales y por los que los cuidan, para que te tengan muy cerca. Te lo pedimos Señor.

Te pedimos por la familia de Jesús en nuestro pueblo y por nuestras familias para que nos dejemos querer por Jesús y nos amemos mucho. Te lo pedimos Señor.

 

Monición antes de la reserva:

La misa del jueves no se termina ahora, sino que continúa hasta el sábado por la noche.  Ahora vamos a acompañar a Jesús al Monumento. Esta noche tendremos una oración. Mañana por la mañana tendremos el vía crucis y por la tarde nos acordaremos con dos oraciones de cuando murió Jesús.

 

VIERNES SANTO

Monición de entrada:

Esta tarde no hay misa sino una oración.

En ella recordamos la pasión y muerte de Jesús.

Y lo hacemos leyendo la lectura que nos cuenta como sufrió y murió Jesús.

Después rezaremos por todas las personas.

Besaremos la cruz.

Recibiremos la comunión y terminaremos.

 

Monición a las lecturas.

Vamos a escuchar lo que contó Isaías, un amigo de Dios.

Él, muchos años antes dijo que Jesús moriría como una oveja.

Después escucharemos una oración que seguramente Jesús rezó mientras estaba en la cruz.

Y terminaremos esta parte con la lectura de la muerte de Jesús contada por su amigo Juan.

 

Monición a las peticiones.

Esta tarde en todas las iglesias del mundo rezamos por todas las personas que viven en la tierra o han vivido en ella. Porque Jesús no solo quiere a sus amigos, sino que quiere a todos y nos salvó a todos muriendo en la cruz.

 

Monición a la adoración de la cruz.

El sacerdote va a enseñarnos una cruz.

Además dirá unas palabras: mirad el árbol donde estuvo colgada la salvación del mundo.

Nosotros responderemos y después la besaremos.

 

 VIGILIA PASCUAL

 

Monición de entrada.-

Buenas noches.

La misa de hoy es la más importante del año.

Y la empezamos fuera de la iglesia encendiendo el cirio pascual.

Porque hoy es la primera misa, la que nos acordamos de cuando Jesús volvió a la vida.

Pongamos nuestro corazón en todos los gestos, como este primero, de encender el cirio y entrarlo en la iglesia.

 

Monición a las lecturas.

Esta noche las lecturas son más que otros días.

En ellas escucharemos historias de como Dios creó la tierra, eligió a personas muy buenas, liberó a su pueblo de la esclavitud y les dijo que un día vendría Jesús.

 

Monición a la liturgia bautismal.

Después de la cuaresma, en la que nos hemos preparado para esta noche, vamos a acordarnos del bautismo.

Lo haremos contestando a las preguntas del sacerdote y recibiendo el agua bendecida.

 

Acción de gracias.-

María, queremos felicitarte porque esta noche has tenido el regalo más grande que pueda tener una madre a la que se ha muerto su hijo: verlo vivo.

Y lo vamos a recordar con el encuentro.

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO DE PASCUA. 

 

Monición de entrada.-

Buenos días:

Hoy es el domingo de Pascua.

Es el primer día del año para los cristianos, porque hoy Jesús ha resucitado.

Es el primer domingo porque todos los demás son como un eco del domingo de Pascua.

Es la fiesta de las fiestas, la más importante del año.

 

Señor, ten piedad.-

Tú que has vencido a la muerte. Señor, ten piedad.

Tú que eres la vida. Cristo, ten piedad.

Tú que rezas por nosotros. Señor, ten piedad.

 

Peticiones.-

Jesús,  te pido por el Papa Francisco y el obispo Enrique. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por la Iglesia para que pueda decir en todos los sitios que has resucitado.  Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por los niños y mayores que anoche fueron bautizados, para que sean siempre buenos bautizados. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por las personas que sufren, para que no pierdan la ilusión por mejorar. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por nosotros, para que vivamos siempre con Jesús. Te lo pedimos, Señor.

 

Acción de gracias.-

María, queremos felicitarte porque Jesús ha resucitado. Y tú estás muy contenta, como vemos en los encuentros del día de Pascua.

 

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