miércoles, 17 de junio de 2026

Nº 312. 21 de junio de 2026.


 Primera lectura.

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13 

Dijo Jeremías:

-Oía la acusación de la gente: “Pavor-en-torno, delatadlo, vamos a delatarlo”. Mis amigos acechaban mi traspié: “A ver sí, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”. Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonroso eterno que no se olvidará. Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡qué yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa! Cantad al Señor, alabad al Señor, que libere la vida del pobre de las manos más perversas.

 

Textos paralelos.

Escuchaba las calumnias de la turba.

Sal 31 14: Oigo un cuchicheo de la gente, / y todo me da miedo; / se conjuran contra mí / y traman quitarme la vida.

Yahvé Sebaot, juez de lo justo.

Jr 11, 20: Señor del universo, / que juzgas rectamente, / que examinas las entrañas y el corazón, / deja que yo pueda ver, / cómo te vengas de ellos, / pues a ti he confiado mi causa.

 

Notas exegéticas.

20 7 Estas señales de seducción y de lucha señalan la influencia de Yahvé sobre el profeta. Este parece que aquí se rebela contra un Dios al que considera responsable de su desdicha. Resulta rara en la Biblia la expresión de tamaña desesperación (ver sin embargo Job 3, 1s; Sal 88). Pero Jeremías mantiene la certeza de que Yahvé es el Dios de la Gracia, y en lo más hondo de su angustia lanza un grito de esperanza (vv. 11-13).

20 10 Expresión predilecta de Jeremías, que sus adversarios parodiarían, ver 6, 25; 20, 3; 46, 5; 49, 29)

20 12 (a) O bien: “con justicia”, si seguimos a dos manuscritos, hebreo, siriaco árabe. Ver 11, 20.

20 12 (b) Jeremías no piensa en vengarse personalmente; lo deja en manos del Señor (ver Dt 32, 35; Rm 12, 19). Jesús y después Esteban admitirán implícitamente este principio, pero intercederán por sus verdugos (Lc 23, 34; Hch 7, 60, cf. 17, 16).

20 13 El pobrecillo (‘ebyón), o el cuitado [afligido] (‘ánaw), ver 22, 16, aquí un sentido religioso: probado en medio de los hombres, confiado en Dios. Los “pobres de Yahvé”, ver So 2, 3, serán la posteridad espiritual de Jeremías.

 

Salmo responsorial

Sal 69 (68), 8-17.33-35


R/. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Por ti he aguantado afrentas,

la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos,

un extranjero para los hijos de mi madre.

Porque me devora el celo de tu templo,

y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

Pero mi oración se dirige a ti,

Señor, el día de tu favor;

que me escuche tu gran bondad,

que tu fidelidad me ayude.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;

por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R/.

 

Miradlo, los humildes, y alegraos;

buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Que el Señor escucha a sus pobres,

no desprecia a sus cautivos.

Alábenlo el cielo y la tierra,

las aguas y cuanto bulle en ellas. R/.

 

Textos paralelos.

La vergüenza cubre mi semblante.

Jr 15, 15: Tú ya lo sabes, Señor: / acuérdate de mí, protégeme; / véngame de mis perseguidores. / No por dar largas a tu ira / vayan a acabar conmigo, / pues soporto ultrajes por tu causa.

A mis hermanos resulto extraño.

Jb 19, 13-15: Ha alejado de mí a mis parientes, / mis conocidos me tienen por extraño; / me abandonan vecinos e íntimos, / me olvidan los huéspedes de mi casa. / Las siervas me tratan como a intruso, / me consideran igual que a un extraño.

Pues el celo por tu Casa me devora.

Sal 119, 139: Me consume el celo, / porque mis enemigos olvidan tus palabras.

Jn 2, 17: Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: “El celo de tu casa me devora”.

Y si te insultan sufro el insulto.

Rm 15, 3: Tampoco Cristo buscó su propio agrado, sino que, como está escrito: Los ultrajes de los que te ultrajaban cayeron sobre mí.

Lo han visto los humildes y se alegran.

Sal 22, 27: Los desvalidos comerán hasta saciarse, / alabarán al Señor los que lo buscan. / ¡Viva su corazón por siempre!

Sal 70, 5: Alégrense y gocen contigo / todos los que te buscan; / y digan siempre: “Dios es grande”, / los que desean tu salvación.

Sal 119, 144: La justicia de tus preceptos es eterna; / dame inteligencia, y tendré vida.

 

Notas exegéticas.

69 Este salmo reúne dos lamentaciones de ritmo distinto, compuesta cada una de ellas de una queja seguida de una oración. La primera, vv. 2-7 y 14-16 desarrolla el tema de las aguas infernales y el de los enemigos. La segunda, vv. 8-13 y 17s es el grito de angustia del fiel, víctima de su celo. El conjunto concluye con un himno, vv. 31 s. de perspectivas nacionales. El carácter mesiánico del salmo se deduce de las citas que de él hace el Nuevo Testamento.

69 7 El hebreo añade “Señor”, delante de “Yahvé”.

69 11 “Mortifico” griego, siriaco: “lloro” hebreo.

 

Segunda lectura.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron… Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos.

 

Textos paralelos.

Por una persona entró el pecado en el mundo.

1 Co 15, 21-22: Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.

Sb 2, 24: Mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, / y la experimentan los de su bando.

Gn 3, 6: Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido que también comió.

Rm 6, 23: Ahora, en cambio, liberados del pecado y hechos esclavos de Dios, dais frutos para la santidad que conducen a la vida eterna.

Rm 3, 23: Ya que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios.

Pero el pecado no puede imputarse.

Rm 4, 15: Pues la ley provoca ira; ya que donde no hay ley tampoco hay transgresión.

Rm 7, 7: Entonces, ¿qué diremos?, ¿Qué la ley es pecado? ¡En absoluto! Pero ocurre que yo no he conocido el pecado sino a través de la ley. Pues yo no habría conocido el deseo, si la ley no dijera: No desearás.

 

Notas exegéticas:

5 12 (a) El pecado habita en el hombre, más como la muerte, castigo del pecado, ha entrado en el mundo a consecuencia del pecado de Adán, Pablo deduce que el mismo pecado ha entrado en la humanidad por medio de esta falta inicial: es la doctrina del pecado original que interesa aquí al Apóstol por el paralelismo que le ofrece entre la obra nefasta del primer Adán y la reparación sobreabundante del “último Adán”. Cristo salva a la humanidad, lo hace como “nuevo Adán”, imagen según la cual restaura Dios su creación-

5 12 (b) El pecado separa al hombre de Dios. Esta separación es la “muerte”, muerte espiritual y “eterna”, cuya señal es la muerte física.

5 12 (c) La proposición del v. 12 d se puede interpretar como oración de relativo (“por lo cual”, o como una circunstancia causal (“por cuanto”). La traducción propuesta aquí expresa el interés de Pablo en subrayar el hecho universal del pecado, desde el principio: 1º pecado de uno solo, 2º que tiene como consecuencia la muerte de todos, 3º seguidamente, la situación del pecado, 41 y finalmente, la venida de la ley mosaica y su función.

5 14 “Figura”, semejante pero imperfecta. Por lo mismo, la comparación esbozada en el v. 12 e interrumpida por el largo paréntesis de los vv. 13-14 se transforma en el v. 15 en un contraste.

5 15 Este “todos” incluye a todos los hombres.

 

Evangelio.

X Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehena”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sino que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en el cielo.

 

Textos paralelos.

 

Mt 10, 26-33

Mc 4, 22

Lc 12, 5-9

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-No tengáis miedo a los hombres,

 

porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.

 

Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehena”.

 

¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sino que lo disponga vuestro Padre.

 

Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados.

 


 Por eso, no tengáis miedo:

 

valéis más vosotros que muchos gorriones.

 






A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en el cielo.

 

 

 

 

 

 




No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz.

 

Os voy a enseñar a quien tenéis que temer:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la gehenna.

 

 A ese tenéis que temer, os lo digo yo.

 

¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.

 

 

Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.

 

 

 No tengáis mido:

 

valéis más que muchos pájaros.

 

Os digo, pues: todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.

 

No hay nada cubierto.

Lc 8, 17: Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse ni hacerse público.

No temáis a los que matan el cuerpo.

Si 9, 13: Aléjate de quien tiene poder para matar, / y no tendrás que temer la muerte. / Si te acercas a él, no te descuides, / no sea que te quite la vida. / Mira que caminas entre emboscadas, / y paseas sobre la muralla de la ciudad.

1 Pe 3, 14: Pero si además, tuvierais que sufrir por causa de la justicia, bienaventurados vosotros. Ahora bien, no les tengáis miedo, ni os amedrentéis.

Ap 2, 10: No tengas miedo de lo que vas a padecer. Mira, el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados durante diez días. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.

Sin el consentimiento del Padre.

2 S 14, 11: Ella respondió: “Juré el rey por el Señor, tu Dios, el vengador de la sangre no aumentará el desastre y no exterminará a mi hijo”. Él dijo: “Vive el Señor, que no ha de caer a tierra ni un cabello de tu hijo”.

Lc 21, 18: Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Hch 27, 34: Por eso os aconsejo que toméis alimento; es conveniente para conseguir salvaros, pues ninguno de vosotros perderá un cabello de su cabeza.

Si alguien se declara a mi favor.

Ap 3, 5: El vencedor será vestido de blancas vestiduras, no borraré su nombre del libro de la vida y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles.

// Mc 8, 38: Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles.

// Lc 9, 26: Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombres se avergonzará de él cuando venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos.

2 Tm 2, 12: Si perseveramos, también reinaremos con él; / si lo negamos, también él nos negará.

1 S 2, 30: Por ello – oráculo del Señor, Dios de Israel –, aunque había prometido que tu casa y la casa de tu padre caminarían en mi presencia para siempre, ahora lejos de mí tal cosa – oráculo del Señor – , pues honro a los que me honran, pero los que se burlan de mí son despreciados.

 

Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

10 27 Jesús tuvo que transmitir su mensaje en forma velada, porque sus oyentes no podían comprenderlo, y él mismo no había consumado su obra muriendo y resucitando. Más tarde sus discípulos podrán y deberán proclamarlo todo sin temor alguno. El sentido de las mismas palabras en Lc es totalmente distinto, que los discípulos no imiten la hipocresía de los fariseos: todo lo que intentaran ocultar acabaría por saberse; que hablen, pues, abiertamente.

10 28 Mt distingue entre cuerpo (soma) y alma (psyjé), pero no se trata de un dualismo metafísico, ni “alma” responde aquí a lo que la teología cristiana entiende por alma inmortal. Dicho término equivale con frecuencia a “vida”. Cuerpo es aquello mediante lo cual la persona se expresa, y el alma es el principio que la mantiene en relación con el Dios de la vida.

10 29 En este contexto, la expresión “por un as” significa que Dios no estará ausente de la muerte de sus discípulos (cuya causa o autor no se precisa), o bien que los discípulos no morirán por el Evangelio sin que Dios lo quiera. Su muerte no será un accidente: tendrá un significado.

10 32 En el Juicio final, cuando el Hijo devuelve los elegidos a su Padre.

 

Notas exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica

26-27. La razón para no tener miedo es que Dios os envía para dar a conocer el Evangelio a todos mediante vuestro testimonio público. “Toda nuestra vida, por muda que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, lo mismo que la vida pública, debe ser una predicación del Evangelio por el ejemplo de nuestra existencia, todo nuestro ser, debe gritar el Evangelio sobre los tejados; toda nuestra persona debe respirar a Jesús, todos nuestros actos deben gritar que somos de Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica: todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, algo que grita a Jesús, que hacer ver a Jesús, que brilla como una imagen de Jesús (Ch. de Foucauld).

Las azoteas: típico lugar de conversación en las casas de Palestina.

28-29 Dejad de tener miedo: o no sigáis teniendo miedo.

Los que matan el cuerpo es, casi: “los que solamente pueden matar el cuerpo”. Habrá persecución y martirio, pues la suerte del discípulo será la misma del Maestro; pero el poder de los perseguidores es ridículo: todo lo que pueden hacer, lo que hace también un simple microbio.

Temed, más bien, con el “santo temor” o respoeto que debemos a Dios. Lo importante es la fidelidad a Dios, que es quien puede destruir (no en el sentido de aniquilar, sino de arruinar, echyar a perder, St 4, 12).

El alma: no se trata aquí de un semitismo (alma=vida), sino de lo más íntimo y valioso en el ser humano, el principio espiritual del hombre (Cat 363), distinto del cuerpo; es el elemento consciente que perdura después de la muerte corporal. En el NT la palabra alma (en griego psychê) se usa a veces para indicar la vida, el hálito vital, o para referirse a la persona humana (compuesta de alma-cuerpo); pero no son términos sinónimos. El componente no corporal, no material, del ser humano, se expresa también con los siguientes términos: kardía (corazón), pneûma  (espíritu), noûs (mente), diánoia (pensamiento), pherénes (mente), syneídesis (conciencia).

Alma y cuerpo en [la] gehena: supone que los cuerpos resucitarán, puesto que sufren también los cuerpos de los “condenados”.

Un cuarto es, lit, un as (latinismo, equivale a la 16ª parte de un denario).

30 Están… contados, se entiende, por Dios, voz pasiva “teológica”.

32-33 El texto griego no dice directamente: “El que dé la cara por mí”, “el que se declare a mi favor”, “el que me confiese ante los hombres”, sino “El que declare en mí” (aramaísmo), es decir, el que declare que me pertenece, que es solidario conmigo, que tiene comunión de vida y destino conmigo. En ese Yo declararé …, hay una nueva formulación implícita de la divinidad de Jesús; si decir que le pertenecemos, o negarlo, es firmar nuestra salvación o condenación eternas, quien habla así es más que el simple “Jesús, un judío de Nazaret”. El comienzo del v. 33 equivale a: “Pero, el que diga que no tiene nada que ver conmigo”; el triste ejemplo de las “negaciones” de Pedro en la Pasión de Jesús.

Ante los hombres: ante los tribunales humanos.

 

Notas exegéticas desde la Biblia Didajé:

10, 28 Gehenna: en otros lugares denominado infierno o “fuego inextinguible”, constituye el lugar de condenación eterna para aquellos que rechazan el amor de Dios. Cat. 363-365, 1034, 1056-1057.

10, 29 Como en Mt 6, 31-33, Cristo instó a una confianza filial en que Dios Padre proveería siempre a nuestras necesidades. Cat 305.

10, 33 Los fieles, cuando sean llamados a hacerlo, deben dar testimonio de su fe en Cristo sin temor, si quieren ser verdaderos discípulos. Cat 13-14, 1816, 2145.

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

363 A menudo el término alma designa en la sagrada Escritura la vida humana (Mt 16, 25-26). Pero designa también lo que hay de más íntimo en el hombre (Mt 26, 38) y de más valor en él (Mt 10, 28), aquello por lo que es particularmente imagen de Dios: “alma” significa el principio espiritual en el hombre.

364 El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la “imagen de Dios”; es cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a ser, en el Cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu (1 Co 6, 19-20). “Uno en cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, reúne en sí los elementos del mundo material, de tal modo que, por medio de él, estos alcanzan su cima y elevan la voz para la libre alabanza del Creador. Por consiguiente, no es lícito al hombre despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, tiene que considerar su cuerpo bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y ha de resucitar en el último día” (C. Vaticano II, Gaudium et spes, 14).

365 La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la “forma” del cuerpo (Concilio de Vienne (año 1312), Constitución Fidei catholicae); es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza.

1034 Jesús habla con frecuencia de la “gehenna” y del “fuego que nunca se apaga” (Mt 5, 22) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidad, y los arrojarán al horno ardiendo (cf. Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación: “¡Alejaos de mí, malditos al fuego eterno” (Mt 25, 41).

1057 La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien solamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las cuales ha sido creado y a las cuales aspira.

305 Jesús pide un abandono filial en la providencia del Padre celestial que cuida de las más pequeñas necesidades de sus hijos (cf. Mt 6, 31-33; 10, 29-31).

1816 El discípulo de Cristo no debe solo guardar la fe y vivir de ella, sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: “Todos [...] vivan preparados para confesar a Cristo ante los hombres y seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia” (C. Vaticano II, Lumen gentium, 42). El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: “Todo [...] aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos” (Mt 10, 32-33).

2145 El fiel cristiano debe dar testimonio del nombre del Señor confesando su fe sin ceder al temor (cf. Mt 10, 32; 1 Tm 6, 12). La predicación y la catequesis deben estar penetradas de adoración y de respeto hacia el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Concilio Vaticano II

Los Padres del Concilio, juntamente con el Romano Pontífice, sintiendo vivamente el deber de difundir por toda la tierra el Reino de Dios, saludan con gran amor a todos los predicadores del Evangelio, especialmente a aquellos que sufren persecución por el nombre de Cristo, hechos partícipes de sus sufrimientos.

Ellos se encienden en el mismo amor en que ardía Cristo pro los hombres. Pero, conscientes de que es Dios quien hace que su reino venga a la tierra, juntamente con todos los cristianos, ruegan que, por la intercesión de la Virgen María, Reina de los Apóstoles, los gentiles sean atraídos lo más pronto posible al conocimiento de la verdad y que la claridad de Dios que resplandece en el rostro de Cristo Jesús ilumine a todos por el Espíritu Santo.

 

Los Santos Padres.

[No les tengáis miedo] Se refiere al día del juicio, que sacará a la luz el secreto de la conciencia de nuestra voluntad, y al gran día claro como la luz que descubrirá lo que ahora pasa oculto. Así nos recuerda que no hay que temer las amenazas, ni las intenciones, ni el poder de los perseguidores, porque el día del juicio pondrá al descubierto la inconsistencia e inutilidad de todo eso.

Hilario de Poitieres. Sobre el Ev. de Mateo, 10, 16. 1a, pg. 278.

En sentido espiritual, un gorrión cae a la tierra cuando, buscando lo de abajo, caiga sobre la tierra capturando los vicios de la carne, entregado “a deshonrosas pasiones” y pierde la libertad junto con su honor. Pues un gorrión está siempre volando o descansa sobre las montañas o las colinas. Tal es el que ha sido elevado por la palabra pero tiene la mente en lo terrenal.

Orígenes. Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 212. 1a, pg. 281.

No dice que sea Dios quien los haga caer en el lazo, pues ello sería indigno de Dios, sino que nada de cuanto acontece le pasa inadvertido. Si, pues, Dios no ignora nada de eso y a vosotros os ama con más sincero amor que el de un padre, y hasta tal punto os ama que tiene contados los cabellos de vuestra cabeza, no hay motivo para que temáis. [...] Si, pues, él sabe todo lo que os pasa y puede y quiere salvaros, sufráis lo que sufráis, no penséis que lo sufrís por estar abandonados en Él. Realmente, no quiere el Señor librar a los suyos de sufrir, sino enseñarles a menospreciar el sufrimiento, pues esa es, sin duda, la más cabal liberación del sufrimiento. [...] Aun cuando lleguen a dominarlos, solo dominarán lo que hay de inferior en vosotros, es decir, vuestro cuerpo. Y este, aun cuando no lo mataran vuestros enemigos, la naturaleza vendrá sin remedio a arrebatároslo.

Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 34. 1a, pg. 282.

 

San Agustín

Las palabras divinas que nos han leído nos anima a no temer temiendo y a temer no temiendo. Cuando se leyó el evangelio, advertisteis que Dios nuestro Señor, antes de morir por nosotros quiso que nos mantuviéramos firmes; pero animándonos a no temer y exhortándonos a temer. Dijo, pues: No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma (Mt 10, 28). Ahí nos animó a no temer. Ved ahora dónde nos exhortó a temer: Pero temed a aquel – dijo – que puede matar el alma y el cuerpo en la gehenna. [...] Temamos para no temer, esto es, temamos prudentemente, para no temer infructuosamente. Los santos mártires... temiendo no temieron: temiendo a Dios, desdeñaron a los hombres. [...] Diga, pues, el valerosísimo mártir, como hombre que está ante otro hombre: “No temo, porque temo. Tú no ejecutarás tu amenaza, si él no quiere. En cambio, nadie impedirá que él lleve a cabo la suya. Y, con todo, si él permite, ¿qué puedes hacerme con esa amenaza? Puedes ensañarte con la carne, pero el alma está segura. No darás muerte a lo que ni ves, pues como visible aterras a otro visible. Ambos tenemos un Creador invisible a quien debemos temer juntos. Él creó al hombre de un elemento visible y de otro invisible: hizo al hombre visible de tierra, y animó el invisible con su aliento. Por consiguiente, la sustancia invisible, es decir, el alma que levantó de la tierra postrada no teme cuando hieres la tierra. Puedes herir la morada, pero ¿puedes herir al morador? Este está atado, y si rompes su atadura, huye para ser coronado en lo oculto. [...] El cuerpo mismo, que puede ser herido y muerto, será ceniza por algún tiempo, pero en la eternidad será inmortal. ¿Y para quién será? ¿A quién se devolverá para la vida eterna ese cuerpo muerto, magullado, destrozado? ¿A quién se devolverá? A aquel que no temió entregar su vida, ni teme cuando dan muerte a su carne.

Sermón 65. II, pgs. 290-292.

 

San Jerónimo.

26. No hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. ¿Y cómo? En el siglo presente se ignoran los vicios de muchos; pero aquí se trata del tiempo futuro cuando Dios juzgará las cosas ocultas de los hombres, iluminará los repliegues de las tinieblas y manifestará los designios de los corazones. El sentido es éste. No temáis la crueldad de los perseguidores y la rabia de los que blasfeman, porque vendrá el día del Juicio en que se demostrará vuestra virtud y su maldad.

27. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Lo que habéis oído en el misterio, predicadlo abiertamente, lo que habéis aprendido en secreto decidlo en público, lo que os enseñé en un pequeño rincón de Judea, decidlo audazmente en todas las ciudades y en el mundo entero.

28. No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Los que matan el cuerpo no pueden matar el alma, luego el alma es invisible e incorpórea en comparación, quiero decir, con nuestra sustancia corporal que es más densa. Pero ciertamente será castigada y sentirá los suplicios cuando ella vuelva a unirse con su cuerpo, para que habiendo pecado con él, sea también con él castigada.

Temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición el alma y el cuerpo en la gehenna. El término gehenna no se encuentra en los libros antiguos; es empleado por primera vez por el Salvador. Busquemos, pues, el origen de este término. Hemos leído más de una vez que había un ídolo de Baal cerca de Jerusalén al pie del monte Moria, donde corre la fuete de Siloé. Este valle, esta pequeña llanura, estaba regada, era sombreada y llena de delicias y en ella había un bosque consagrado a este ídolo. El pueblo de Israel había caído en tal grado de demencia que había desertado la cercanía del templo para inmolar víctimas en ese lugar. Los placeres habían vencido el rigor de la religión y allí quemaban a sus hijos en honor del demonio o los iniciaban. Llamaban a este lugar Gehennon, es decir valle de los hijos de Ennón. Acerca de esto escriben ampliamente el libro de los Reyes, los Paralipómenos [Crónicas] y Jeremías. Dios anuncia con amenazas que llenará este lugar de cadáveres para que ya no se llame Tofet y Baal, sino Polyandron, es decir, túmulo de muertos. Por tanto el nombre de este lugar designa los suplicios futuros y penas eternas con que serán atormentados los pecadores. En Job leemos muy a menudo que hay dos gehenas: la del fuego y la de los excesivo.

29, 30.31. ¿No se venden dos pajarillos por una moneda= Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. La palabra del Señor es coherente y lo que sigue se relaciona con lo anterior. Lector prudente, debes precaverte de una interpretación demasiada escrupulosa del texto, de modo que no acomodes las Escrituras a tu sentido sino que adaptes tu sentido a las Escrituras y entiendas lo que sigue. Arriba había dicho: No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Ahora dice consiguientemente: ¿No se venden dos pajarillos por una moneda? Pues bien, ni uno de ellos caerá sin el consentimiento de vuestro Padre. El sentido es este: Si los animales pequeños que no valen nada no mueren sin la voluntad de Dios, si su Providencia alcanza a todos, si entre los seres destinados a desaparecer no mueren sin la voluntad de Dios, vosotros que sois eternos no debéis temer pensando que vivís abandonados de la providencia de Dios. […] Algunos forzando la interpretación ven en los dos pajarillos el alma y el cuerpo; también refieren los cinco pajarillos que se venden por dos monedas, según Lucas, a nuestros sentidos. Pero ¿cómo conciliar esta interpretación con el conjunto de este discurso evangélico? La dificultad no es pequeña: Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues, vosotros valéis más que muchos pajarillos. He aquí expresado más claramente el sentido de lo que hemos puesto arriba: no deben temer a los que pueden matar el cuerpo pero no el alma; porque ni siquiera los animalitos mueren sin que Dios lo sepa, cuánto más el hombre sostenido por su dignidad de apóstol. Lo que dice: Los cabellos de vuestra cabeza están todos contados muestran la inmensa providencia de Dios para con los hombres y pone de relieve su amor inefable, ya que nada de lo que nos concierne está oculto para Dios y ni siquiera las menores palabras ociosas escapan a su conocimiento. Los que niegan la resurrección de la carne desprecian la interpretación de la Iglesia en este pasaje, como si nosotros dijéramos que vamos a resucitar con todos los cabellos que han sido contados y que el barbero ha cortado. Pero el salvador no dijo: Se conservarán todos vuestros cabellos sino: están contados. Cuando se habla de número se trata del conocimiento, no de la conservación de ese mismo número.

 

San Juan de Ávila

Ahora notá y veréis la razón grande que podemos tener de consuelo, y cómo no pueden entrar en la Iglesia errores. Cristo mandó a sus discípulos, y a toda la Iglesia en ellos: No temáis a los que matan el cuerpo (Mt 10, 27); et alibi: Quien me confesare , yo le confesare (Mt 10, 28-32). [...] Este precepto de la predicación está muy intimado [exigido] , y así lo cumplieron, porque pecaran si no lo cumplieran. [...] El día de Pentecostés predicaron, y no solo ellos; pero cuando ordenaban algún obispo, se lo intimaban.

Plática a sacerdotes. I, pg. 864.

¿Quién hizo a los mártires padecer tan graves y bravos martirios, sino est palabra: Quien me confesare delate de los hombres, confesarle he yo delante de mi Padre que está en los cielos? (Mt 10, 32). ¿Quién les hizo no temer los sayones, perder las promesas que les prometían y no tener todas persecuciones en nada, sino su palabra: No queráis temer a los que matan los cuerpos; el ánima no pueden matar. Temed aquel que puede el ama y cuerpo echar en las penas del infierno? (Mt 10, 28). Con esta palabra se osaban a meter por mil lanzas.

Lecciones sobre 1 San Juan (I). II, pg. 147.

Un día ha de hacer Dios en el cual los cielos y la tierra sepan nuestro bien y nuestro mal. ¡Qué lindo consuelo para el hipócrita! No hay ninguna cosa, por escondida que sea, que no se descubra en aquel día (cf. Mt 10,2 6), y por eso mirad cómo vivís en lo secreto, que, si otra amenaza no hubiera para aquel día, esta bastaba para que un hombre no hiciese cosa que no deba. Tal vergüenza he yo de pasar que se manifiesten allí cuantos pensamientos pasan por mí, cuantas liviandades, cuantas traiciones que me han pasado por el pensamiento, cosa gravísima y afrentosísima, y como que lo tiene Dios amenazado por el profeta Nahum en el capítulo 3: Descubriré en la plaza tus pecados (cf. Nah 3, 5); porque en la justicia de Dios no hay castigo al hombre como este: ni fuego ni tormento, ni hambre ni sed, ni cansancio ni cárcel, ni mil cuentos de males que le vengan, ninguno es tan propio para el hombre como descubrirle lo malo; porque darle a un hombre hambre, también se la pueden dar a una bestia, y ansí de esotras penas corporales. ¿Pues cuál castigo será propio del hombre? Vergüenza y deshonra. ¡Oh desventurado de ti. ¿En qué has de pagar lo malo que has hecho? En gran vergüenza pasarás allí delate de todo el mundo.

Sermón domingo I de Adviento. III, pgs. 24-25.

Allí aparecerán las conciencias claras, más que las manos delante del sol. Aparecerá lo que hecistes y dijistes; lo que pensastes en vuestros corazones aparecerá delante de Dios y de los hombres y ángeles y demonios. ¡Desventurados de los hipócritas, que parecen uno y son otro; de los traidores doblados y de los sucios, a los cuales dice Dios: Revelabo pudenda tua in facie tua. Yo revolveré este costal al revés, yo revelaré sus miserias (Nah 3, 5) en presencia de todos. ¿Quién creyera esto si Dios no lo dijera. Palabras son de Dios. So pena de herejes, se han de creer. Lo que hablaste a escuras, a la oreja, predicado se ha por los tejados (cf. Mt 10, 27). ¿No bastará esto para que seamos buenos?

Sermón domingo I de Adviento. III, pg. 12.

San Gregorio sobre este paso dice: De todo momento de momento te pedirá Dios cuenta con lo gastaste. ¡Desventurado de aquel que no cuenta por momentos ni por horas, ni aun por días, sino que todo el tiempo gasta perdido, y aun plega al Señor que no sea en ofensas suyas! Todos mis pasos cuenta Dios. Todos los cabellos de vuestra cabeza, dice Cristo, son contados (Mt 10, 30). Si me sirvieredes, llevaos he en cuerpo y en alma al cielo, a todos enteros os galardonaré; y ansí, si fuérades malos, a todos enteros os castigaré. Y como no le quedará cosa sin galardón, no le quedará cosa sin castigo; de lo mal que hecistes, de lo que mal pensastes, de lo que mal hablastes, de todo daréis cuenta.

Sermón domingo I de Adviento. III, pg. 7.

Por tanto, tenga vuestra señoría ojo a su ánima, para ver con qué fervor recibe este ejercicio de guerra; y si me preguntara cómo se defenderá del tiro, digo que el capitán del ejército de Jesucristo, San Pablo, dice que en todas las cosas tomemos el escudo de la fe (cf. Ef 6, 16). Esta dice que un pájaro no cae en tierra ni en muerte sin la voluntad y providencia de nuestro Padre, el del cielo (cf. Mt 10, 29); y quien tiene cuidado de sus pájaros, mejor lo terná de sus hijos (cf. Mt 10, 31); y quien tiene cuidado de que los puercos de Genesar no sean de los demonios ahogados (cf. Lc 8, 32s), si el mismo Señor no da poder, mejor dejará que calenturas entren a fatigar a sus hijos, si primero no pasa por su mano; y pues por la mano del celestial Padre nuestro ha pasado ese trabajo que vuestra señoría pasa, tómelo de buena gana y beba la purga que su amado Padre le ha recetado y dado; bébala, señor, con amor que con amor le es enviada; amarga le parecerá la sensualidad, mas cierto, le dará salud muy complida y con más alegría que fue la pena que dio. Muy al contrario es esto de los mundanos placeres, los cuales tienen principio dulce y dejo más amargo que hiel; ansí los primeros tragos amargan, mas el dejo dulce es al ánima, pues mediante la tribulación se le abren los ojos que la culpa les cerro.

Carta al duque de Sesa, Don Gonzalo Fernández de Córdoba. IV, pg. 682-683.

Alguna vez os veréis en peligros que penséis ser vencida, mas no falte en vos confianza, que no faltará para vos la ayuda de aquel que tiene contados los cabellos de vuestra cabeza (cf. Mt 10, 30), sin cuya licencia ninguno os podrá ser quitado. Muchas veces estaréis desconsolada, pensando que estáis de vuestro Señor ausente, mas no desmayéis, que entonces lo tenéis muy cerca. Tras la pared está de vuestro cuerpo, mirando por la ventana vuestra pelea y esperando para coronaros en vuestra victoria. Recios os parecerán los trabajos de la cruz que tomáis, mas perseverad con ánimo y no tornéis atrás, que presto tomaréis en ella tan grato gusto, que os deis por muy satisfecha y pagada. No os prometen acá regalos, sino penas y fatigas de cruz; mas ya la cruz de ha hecho tan suave, después que aquellos sagrados miembros la tocaron, que quien de ella una vez gusta no hay cosa que de ella apartarle pueda. Dejáis los placeres de la carne por los afanes y sequedad del camino; mas pasad adelante y veréis que traen consigo envuelto tanto sabor y dulzura que aun con ellos mesmos quedéis bastantemente pagada y renunciéis del todo los pasatiempos y alegrías que os obliguéis a lloros y penitencia; mas vos probaréis adelante que son más dulces las lágrimas de los parientes que los alegres deleites de los mundanos.

Carta a una religiosa. IV, pg. 765.

Creer, hermana, que cuanto es para vos este negocio difícil, tanto es para Dios ligero. Y así desconfiad de vuestra flaqueza, que confiéis de su fortaleza verdaderamente. Si confiáis de por su virtud alcanzar la corona, no os olvidéis de aquella promesa de Jesucristo: Quien me confesare delante de los hombres, confesarle he yo delante de mi Padre, que está en los cielos; mas quien me negare delante de los hombres, negarle he yo delante mi Padre, que está en los cielos (Mt 10, 32-33).

Carta a una señora monja muy atribulada. IV, pg. 152.

 

Papa León XIV. Audiencia general. 17 de junio de 2026. Catequesis - El Viaje apostólico a España

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.

Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.

El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.

En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.

En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontrado: del niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.

Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.

Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.

Finalmente, quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos abundantes. ¡Gracias!

 

Papa León XIV. Angelus. 14 de junio de 2026.

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de hoy (Mt 9,36-10,8) nos ofrece un gran regalo, porque incluye a todos los que lo escuchan con la mirada de Jesús. Es un relato que testimonia la atención de su vista, además de decirnos qué es lo que observa. Leemos, en efecto, que Cristo «al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas» (v. 36). Haciéndose nuestro hermano, el Hijo de Dios mira a la gente, mira a la humanidad: ve la opresión que aplasta y la violencia que quita la fuerza. Ve las heridas de las guerras y el vacío del consumismo. Ve rostros reducidos a máscaras, familias rotas por el mal y jóvenes ilusionados por falsos ideales. Jesús ve y ama. Ama y sufre por nosotros, con nosotros: su compasión expresa no sólo cercanía fraterna, sino voluntad de redención.

Él, en efecto, conoce nuestro corazón y lo cuida; frente a tantas personas semejantes a «ovejas que no tienen pastor» (v. 36), Cristo se dedica a todas como buen pastor y, como señor de la mies, envía obreros al campo del mundo (cf. v. 38). ¿Cuál es el trabajo que deben realizar? Llevar el consuelo de Dios a los que sufren: llevar caridad donde hay miseria, esperanza donde hay aflicción, fe donde hay desconfianza.

El Evangelio menciona los nombres de los doce primeros “obreros”; son discípulos convertidos en apóstoles, es decir, misioneros y predicadores. Entre ellos está Simón llamado Pedro, el primero, y también Judas Iscariote, el último, para recordarnos que se puede seguir a Jesús y traicionarlo, pero el Evangelio continúa siendo palabra viva y verdadera para todos. La Buena Noticia que atraviesa los siglos es idéntica, siempre joven, fresca y liberadora: ¡«Ha llegado el reino de los cielos» (Mt 10,7)! Sí, está cerca porque en Jesucristo Dios se hace prójimo de todo hombre y mujer, de todo pueblo y nación. Cuando este Evangelio es anunciado y practicado, el mal se derrumba como una enfermedad que termina (cf. v. 8), como una noche que deja paso a la aurora, como la muerte vencida por el Resucitado.

De ese modo, la mirada de Jesús transforma la realidad: llena de amor, su iniciativa da vida a un pueblo nuevo, la Iglesia, llamado a continuar la misión de los apóstoles: «Gratis habéis recibido, dad gratis» (v. 8). Sí, el don de Jesús es totalmente gratis, porque su valor excede toda medida: es imposible merecerla o “comprarla”. Esta gracia es el bellísimo nombre de la misericordia de Dios, que nos alcanza allí donde estemos, para guiarnos hacia Él. «Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,38).

Queridos hermanos, la tarea de evangelizar nace del don de Dios que en Cristo se vuelve perdón para el mundo, servicio a los más pequeños y más pobres, compromiso por la justicia. Pidamos el auxilio de la Virgen María, llena de gracia, para que respondamos con gozo y valentía a la misión a la que Jesús nos llama.

 

Papa Francisco. Angelus. 25 de junio de 2023.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! ¡feliz domingo!

En el Evangelio de hoy, Jesús repite tres veces a sus discípulos: «No tengan miedo» (Mt 10,26.28.31). Poco antes, les habló de las persecuciones que tendrán que soportar por causa del Evangelio, una realidad que sigue siendo actual: la Iglesia, de hecho, desde el principio ha conocido, junto con sus alegrías, y tenía tantas, muchas persecuciones. Parece paradójico: el anuncio del Reino de Dios es un mensaje de paz y de justicia, fundado en la caridad fraterna y en el perdón y, sin embargo, encuentra oposición, violencia y persecución. Jesús, no obstante, nos dice que no temamos: no porque todo irá bien en el mundo, no, sino porque para el Padre somos preciosos y nada de lo que es bueno se perderá. Por eso nos dice que no dejemos que el miedo nos detenga, sino que temamos otra cosa, una sola cosa. ¿Cuál es la cosa que Jesús nos dice que debemos temer?

Lo descubrimos a través de una imagen que Jesús utiliza hoy: la imagen de la "Gehenna" (cf. v. 28). El valle de " Gehenna" era un lugar que los habitantes de Jerusalén conocían bien: era el gran vertedero de basura de la ciudad. Jesús habla de él para decir que el verdadero miedo que hay que tener es el de desechar la propia vida. Y dice Jesús: “Sí, tengan miedo de esto”. Como si dijera: no hay que tener tanto miedo a sufrir incomprensiones y críticas, a perder prestigio y ventajas económicas por permanecer fieles al Evangelio, sino a desperdiciar la existencia buscando cosas de poco valor, que no colman el sentido de la vida.

Y esto es importante para nosotros. De hecho, incluso hoy uno puede ser objeto de burlas o de discriminación si no sigue ciertos modelos de moda, que, sin embargo, a menudo ponen en el centro realidades de segunda categoría: por ejemplo, seguir las cosas en lugar de personas, rendimientos en lugar de relaciones. Veamos algunos ejemplos. Pienso en los padres, que necesitan trabajar para mantener a su familia, pero no pueden vivir solo para el trabajo, sino que necesitan tiempo para estar con sus hijos. Pienso también en un sacerdote o en una religiosa, que deben comprometerse en su servicio, pero sin olvidarse de dedicar tiempo a estar con Jesús, de lo contrario caen en la mundanidad espiritual y pierden el sentido de lo que son. Aún más, pienso en un joven o una joven, que tienen mil compromisos y pasiones: los estudios, el deporte, intereses varios, el teléfono móvil y las redes sociales, pero necesitan encontrarse con personas y realizar grandes sueños, sin perder el tiempo en cosas que pasan y no dejan huella.

Todo esto, hermanos y hermanas, conlleva cierta renuncia frente a los ídolos de la eficacia y el consumismo, pero es necesario para no perderse en las cosas, que luego se tiran, como se hacía entonces en la “Gehenna”. Y en las “Gehennas” de hoy, en cambio, suele terminar la gente: pensemos en los últimos, a menudo tratados como material de descarte y como objetos no deseados. Permanecer fiel a lo que importa es costoso; cuesta ir contracorriente, cuesta liberarse de los condicionamientos del pensamiento común, cuesta ser apartado por los que “siguen la moda”. Pero no importa, dice Jesús: lo que cuenta es no desperdiciar el mayor bien, la vida. Solo esto debe asustarnos.

Preguntémonos entonces: Yo, ¿de qué tengo miedo? ¿De no tener lo que me gusta? ¿De no alcanzar las metas que la sociedad impone? ¿Del juicio de los demás? ¿O más bien, de no agradar al Señor y de no poner en primer lugar su Evangelio? Que María, siempre Virgen, Madre Sabia, nos ayude a ser sabios y valientes en las decisiones que tomamos.

 

Papa Francisco. Angelus. 21 de junio de 2020.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (cf. Mateo 10, 26-33) recoge la invitación que Jesús dirige a sus discípulos a no tener miedo, a ser fuertes y confiados ante los desafíos de la vida, advirtiéndoles de las adversidades que les esperan. El pasaje de hoy forma parte del discurso misionero con el que el Maestro prepara a los Apóstoles para la primera experiencia de proclamar el Reino de Dios. Jesús les exhorta con insistencia a “no tener miedo”. El miedo es uno de los enemigos peores de nuestra vida cristiana, y Jesús exhorta: “No tengáis miedo”, “no tengáis miedo”. Y Jesús describe tres situaciones concretas a las que se enfrentarán.

Ante todo, la primera, la hostilidad de los que quieren silenciar la Palabra de Dios, edulcorándola, aguándola o acallando a los que la anuncian. En este caso, Jesús anima a los Apóstoles a difundir el mensaje de salvación que les ha confiado. Por el momento, Él lo ha transmitido con cautela, casi en secreto, en el pequeño grupo de los discípulos. Pero tendrán que decir “a la luz del día”, esto es, abiertamente, y anunciar “desde las azoteas” —así dice Jesús—, es decir, públicamente, su Evangelio.

La segunda dificultad con la que se encontrarán los misioneros de Cristo es la amenaza física en su contra, o sea, la persecución directa contra ellos, incluso hasta el punto de que los maten. Esta profecía de Jesús se ha cumplido en todas las épocas: es una realidad dolorosa, pero atestigua la fidelidad de los testigos. ¡Cuántos cristianos son perseguidos aún hoy en día en todo el mundo! Sufren por el Evangelio con amor, son los mártires de nuestros días. Y podemos decir con seguridad que son más que los mártires de los primeros tiempos: muchos mártires, solo por ser cristianos. A estos discípulos de ayer y de hoy que sufren persecución, Jesús les recomienda: «no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (v. 28). No hay que temer a los que intentan extinguir la fuerza evangelizadora mediante la arrogancia y la violencia. De hecho, no pueden hacer nada contra el alma, es decir, contra la comunión con Dios: nadie puede quitársela a los discípulos, porque es un regalo de Dios. El único temor que debe tener el discípulo es el de perder este don divino, la cercanía, la amistad con Dios, renunciando a vivir según el Evangelio y procurándose así la muerte moral, que es el efecto del pecado.

El tercer tipo de desafío al que los Apóstoles deberán enfrentarse lo identifica Jesús en el sentimiento, que algunos experimentarán, de que el mismo Dios los ha abandonado, permaneciendo distante y en silencio. También en este caso nos exhorta a no tener miedo, porque, aunque pasemos por estos y otros escollos, la vida de los discípulos está firmemente en manos de Dios, que nos ama y nos cuida. Son como las tres tentaciones: edulcorar el Evangelio, aguarlo; la segunda, la persecución; y la tercera, la sensación de que Dios nos ha dejado solos. También Jesús sufrió esta prueba en el huerto de los olivos y en la cruz: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”, dice Jesús. A veces sentimos esta aridez espiritual; no tenemos que tenerle miedo. El Padre nos cuida porque nuestro valor es grande a sus ojos. Lo importante es la franqueza, es la valentía del testimonio de fe: “reconocer a Jesús ante los hombres” y seguir adelante obrando el bien.

Que María Santísima, modelo de confianza y abandono en Dios en momentos de adversidad y peligro, nos ayude a no ceder nunca al desánimo, sino a encomendarnos siempre a Él y a su gracia, porque la gracia de Dios es siempre más poderosa que el mal.

 

Papa Francisco. Angelus. 25 de junio de 2017.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de hoy (cf. Mateo 10, 26-33) el Señor Jesús, después de haber llamado y enviado de misión a sus discípulos, les instruye y les prepara para afrontar las pruebas y las persecuciones que deberán encontrar. Ir de misión no es hacer turismo, y Jesús advierte a los suyos: «No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de saberse […]. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz. […] Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (vv. 26-28). Pueden matar solamente el cuerpo, no tienen el poder de matar el alma: de estos no tengáis miedo. El envío en misión de parte de Jesús no garantiza a los discípulos el éxito, así como no les pone a salvo de fracasos y sufrimientos. Ellos deben tener en cuenta tanto la posibilidad del rechazo, como la de la persecución. Esto asusta un poco, pero es la verdad.

El discípulo está llamado a adaptar su propia vida a Cristo, que fue perseguido por los hombres, conoció el rechazo, el abandono y la muerte en la cruz. ¡No existe la misión cristiana caracterizada por la tranquilidad! Las dificultades y las tribulaciones forman parte de la obra de evangelización, y nosotros estamos llamados a encontrar en ellas la ocasión para verificar la autenticidad de nuestra fe y de nuestra relación con Jesús. Debemos considerar estas dificultades como la posibilidad para ser todavía más misioneros y para crecer en esa confianza hacia Dios, nuestro Padre, que no abandona a sus hijos en la hora de la tempestad. Ante las dificultades del testimonio cristiano en el mundo, no somos olvidados nunca, sino siempre acompañados por el cuidado atento del Padre. Por ello, en el Evangelio de hoy, Jesús tranquiliza tres veces a sus discípulos diciendo: «¡No tengáis miedo!».

También en nuestros días, hermanos y hermanas, la persecución contra los cristianos está presente. Nosotros rezamos por nuestros hermanos y hermanas que son perseguidos, y alabamos a Dios porque, no obstante ello, siguen dando testimonio con valor y fidelidad de su fe. Su ejemplo nos ayuda a no dudar en tomar posición a favor de Cristo dando testimonio de Él valientemente en las situaciones de cada día, incluso en contextos aparentemente tranquilos. En efecto, una forma de prueba puede ser incluso la ausencia de hostilidades y de tribulaciones. Además de como «ovejas en medio de los lobos», el Señor, también en nuestro tiempo, nos manda como centinelas en medio de la gente que no quiere ser despertada del torpor mundano, que ignora las palabras de Verdad del Evangelio, construyéndose unas propias verdades efímeras. Y si nosotros vamos o vivimos en estos contextos y decimos las Palabras del Evangelio, esto molesta y no nos mirarán bien.

Pero en todo esto el Señor sigue diciéndonos, como decía a los discípulos de su tiempo: “¡No tengáis miedo!”. No olvidemos esta palabra: siempre, cuando nosotros tenemos alguna tribulación, alguna persecución, alguna cosa que nos hace sufrir, escuchamos la voz del Señor en el corazón: “¡No tengáis miedo! ¡No tener miedo, ve adelante! ¡Yo estoy contigo!”. No tengáis miedo de quien se ríe de vosotros y os maltrata, y no tengáis miedo de quien os ignora o “delante” os honra pero “detrás” combate el Evangelio. Hay muchos que delante nos sonríen, pero luego, por detrás, combaten el Evangelio. Todos les conocemos. Jesús no nos deja solos porque somos preciosos para Él. Por esto no nos deja solos: cada uno de nosotros es precioso para Jesús, y Él nos acompaña. La Virgen María, modelo de humilde y valiente adhesión a la Palabra de Dios, nos ayude a entender que en el testimonio de la fe no cuentan los éxitos, sino la fidelidad a Cristo, reconociendo en cualquier circunstancia, incluso en las más problemáticas, el don inestimable de ser sus discípulos misioneros.

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 22 de junio de 2008

Queridos hermanos y hermanas:

En el evangelio de este domingo encontramos dos invitaciones de Jesús: por una parte, "no temáis a los hombres", y por otra "temed" a Dios (cf. Mt 10, 26. 28). Así, nos sentimos estimulados a reflexionar sobre la diferencia que existe entre los miedos humanos y el temor de Dios. El miedo es una dimensión natural de la vida. Desde la infancia se experimentan formas de miedo que luego se revelan imaginarias y desaparecen; sucesivamente emergen otras, que tienen fundamentos precisos en la realidad: estas se deben afrontar y superar con esfuerzo humano y con confianza en Dios. Pero también hay, sobre todo hoy, una forma de miedo más profunda, de tipo existencial, que a veces se transforma en angustia: nace de un sentido de vacío, asociado a cierta cultura impregnada de un nihilismo teórico y práctico generalizado.

Ante el amplio y diversificado panorama de los miedos humanos, la palabra de Dios es clara: quien "teme" a Dios "no tiene miedo". El temor de Dios, que las Escrituras definen como "el principio de la verdadera sabiduría", coincide con la fe en él, con el respeto sagrado a su autoridad sobre la vida y sobre el mundo. No tener "temor de Dios" equivale a ponerse en su lugar, a sentirse señores del bien y del mal, de la vida y de la muerte. En cambio, quien teme a Dios siente en sí la seguridad que tiene el niño en los brazos de su madre (cf. Sal 131, 2): quien teme a Dios permanece tranquilo incluso en medio de las tempestades, porque Dios, como nos lo reveló Jesús, es Padre lleno de misericordia y bondad.

Quien lo ama no tiene miedo: "No hay temor en el amor —escribe el apóstol san Juan—; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira al castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor" (1 Jn 4, 18). Por consiguiente, el creyente no se asusta ante nada, porque sabe que está en las manos de Dios, sabe que el mal y lo irracional no tienen la última palabra, sino que el único Señor del mundo y de la vida es Cristo, el Verbo de Dios encarnado, que nos amó hasta sacrificarse a sí mismo, muriendo en la cruz por nuestra salvación.

Cuanto más crecemos en esta intimidad con Dios, impregnada de amor, tanto más fácilmente vencemos cualquier forma de miedo. En el pasaje evangélico de hoy, Jesús repite muchas veces la exhortación a no tener miedo. Nos tranquiliza, como hizo con los Apóstoles, como hizo con san Pablo cuando se le apareció en una visión durante la noche, en un momento particularmente difícil de su predicación: "No tengas miedo —le dijo—, porque yo estoy contigo" (Hch 18, 9-10). El Apóstol de los gentiles, de quien nos disponemos a celebrar el bimilenario de su nacimiento con un especial Año jubilar, fortalecido por la presencia de Cristo y consolado por su amor, no tuvo miedo ni siquiera al martirio.

Que este gran acontecimiento espiritual y pastoral suscite también en nosotros una renovada confianza en Jesucristo, que nos llama a anunciar y testimoniar su Evangelio, sin tener miedo a nada. Por tanto, queridos hermanos y hermanas, os invito a prepararos para celebrar con fe el Año paulino que, Dios mediante, inauguraré solemnemente el sábado próximo, a las 18.00 horas, en la basílica de San Pablo extramuros, con la liturgia de las primeras Vísperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo. Encomendemos desde ahora esta gran iniciativa eclesial a la intercesión de san Pablo y de María santísima, Reina de los Apóstoles y Madre de Cristo, fuente de nuestra alegría y de nuestra paz.

 

SANTOS PEDRO Y PABLO. 29 de junio de 2023.

 

Monición de entrada.-

Hoy es la fiesta de los santos Pedro y Pablo.

Pedro fue un pescador de Galilea a quien Jesús eligió para ser apóstol y cuidar de toda la Iglesia.

Él murió en una cruz en Roma y lo enterraron en el Vaticano, donde vive el Papa.

Y Pablo fue primero una persona que no quería a los amigos de Jesús, pero después de encontrarse con Él se hizo muy amigo suyo.

También murió en Roma.

Nuestra comunidad de fe, esperanza y amor se apoya en las enseñanzas de los dos.

 

 Señor, ten piedad.-

Tú, que perdonaste a Pedro. Señor, ten piedad.

Tú, que hiciste a Pablo amigo tuyo.  Cristo, ten piedad.

Tú, que has elegido al Papa Francisco sucesor de san Pedro. Señor, ten piedad.

 

 Peticiones.

Jesús,  te pido por el Papa León, para que le ayudes mucho. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido la Iglesia para que sea querida. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por los cristianos que tienen que esconderse, para que les ayudes a seguir siendo cristianos. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por nosotros para que seamos obedientes a las enseñanzas del Papa y los obispos. Te lo pedimos, Señor.

 

Acción de gracias.-

María, queremos darte las gracias por el Papa León, que con sus palabras y su ejemplo nos ayuda a ser buenos cristianos y hace que los cristianos estemos unidos a Jesús.

 

BIBLIOGRAFÍA.

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. BAC. Madrid. 2016.

Biblia de Jerusalén. 5ª edición – 2018. Desclée De Brouwer. Bilbao. 2019.

Biblia del Peregrino. Edición de Luis Alonso Schökel. EGA-Mensajero. Bilbao. 1995.

Nuevo Testamento. Versión crítica sobre el texto original griego de M. Iglesias González. BAC. Madrid. 2017.

Biblia Didajé con comentarios del Catecismo de la Iglesia Católica. BAC. Madrid. 2016.

Merino Rodríguez, Marcelo, dr. ed. en español. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento. 1. Evangelio según san Mateo. Ciudad Nueva. Madrid. 2009.

Pío de Luis, OSA, dr. Comentarios de San Agustín a las lecturas litúrgicas (NT). II. Estudio Agustiniano. Valladolid. 1986.

San Francisco de Asís. Escritos, biografías y documentos de la época. BAC. Madrid. 1993.

San Juan de Ávila. Obras Completas i. Audi, filia – Pláticas – Tratados. BAC. Madrid. 2015.

San Juan de Ávila. Obras Completas II. Comentarios bíblicos – Tratados de reforma – Tratados y escritos menores. BAC. Madrid. 2013.

San Juan de Ávila. Obras Completas III. Sermones. BAC. Madrid.   2015.

San Juan de Ávila. Obras Completas IV. Epistolario. BAC. Madrid. 2003.

Secretariado Nacional de Liturgia. Libro de la Sede. Primera edición: 1983. Coeditores Litúrgicos. Barcelona. 2004.

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