Primera lectura.
Lectura del libro de Jeremías 20,
10-13
Dijo Jeremías:
-Oía la acusación de la gente: “Pavor-en-torno, delatadlo, vamos a
delatarlo”. Mis amigos acechaban mi traspié: “A ver sí, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él”. Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen,
pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonroso
eterno que no se olvidará. Señor del universo, que examinas al honrado y
sondeas las entrañas y el corazón, ¡qué yo vea tu venganza sobre ellos, pues te
he encomendado mi causa! Cantad al Señor, alabad al Señor, que libere la vida
del pobre de las manos más perversas.
Textos
paralelos.
Escuchaba las
calumnias de la turba.
Sal 31 14: Oigo un
cuchicheo de la gente, / y todo me da miedo; / se conjuran contra mí / y traman
quitarme la vida.
Yahvé Sebaot, juez
de lo justo.
Jr 11, 20: Señor del
universo, / que juzgas rectamente, / que examinas las entrañas y el corazón, /
deja que yo pueda ver, / cómo te vengas de ellos, / pues a ti he confiado mi
causa.
Notas
exegéticas.
20 7 Estas señales de seducción y de
lucha señalan la influencia de Yahvé sobre el profeta. Este parece que aquí se
rebela contra un Dios al que considera responsable de su desdicha. Resulta rara
en la Biblia la expresión de tamaña desesperación (ver sin embargo Job 3, 1s;
Sal 88). Pero Jeremías mantiene la certeza de que Yahvé es el Dios de la
Gracia, y en lo más hondo de su angustia lanza un grito de esperanza (vv.
11-13).
20 10 Expresión predilecta de
Jeremías, que sus adversarios parodiarían, ver 6, 25; 20, 3; 46, 5; 49, 29)
20 12 (a) O bien: “con justicia”, si
seguimos a dos manuscritos, hebreo, siriaco árabe. Ver 11, 20.
20 12 (b) Jeremías no piensa en
vengarse personalmente; lo deja en manos del Señor (ver Dt 32, 35; Rm 12, 19).
Jesús y después Esteban admitirán implícitamente este principio, pero
intercederán por sus verdugos (Lc 23, 34; Hch 7, 60, cf. 17, 16).
20 13 El pobrecillo (‘ebyón),
o el cuitado [afligido] (‘ánaw), ver 22, 16, aquí un sentido religioso:
probado en medio de los hombres, confiado en Dios. Los “pobres de Yahvé”, ver
So 2, 3, serán la posteridad espiritual de Jeremías.
Salmo
responsorial
Sal 69 (68), 8-17.33-35
R/. Señor,
que me escuche tu gran bondad.
Por
ti he aguantado afrentas,
la
vergüenza cubrió mi rostro.
Soy
un extraño para mis hermanos,
un
extranjero para los hijos de mi madre.
Porque
me devora el celo de tu templo,
y
las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.
Pero
mi oración se dirige a ti,
Señor,
el día de tu favor;
que
me escuche tu gran bondad,
que
tu fidelidad me ayude.
Respóndeme,
Señor, con la bondad de tu gracia;
por
tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R/.
Miradlo,
los humildes, y alegraos;
buscad
al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que
el Señor escucha a sus pobres,
no
desprecia a sus cautivos.
Alábenlo
el cielo y la tierra,
las
aguas y cuanto bulle en ellas. R/.
Textos
paralelos.
La
vergüenza cubre mi semblante.
Jr 15, 15: Tú ya lo
sabes, Señor: / acuérdate de mí, protégeme; / véngame de mis perseguidores. /
No por dar largas a tu ira / vayan a acabar conmigo, / pues soporto ultrajes
por tu causa.
A mis
hermanos resulto extraño.
Jb 19, 13-15: Ha
alejado de mí a mis parientes, / mis conocidos me tienen por extraño; / me
abandonan vecinos e íntimos, / me olvidan los huéspedes de mi casa. / Las
siervas me tratan como a intruso, / me consideran igual que a un extraño.
Pues
el celo por tu Casa me devora.
Sal 119, 139: Me
consume el celo, / porque mis enemigos olvidan tus palabras.
Jn 2, 17: Sus
discípulos se acordaron de lo que está escrito: “El celo de tu casa me devora”.
Y si
te insultan sufro el insulto.
Rm 15, 3: Tampoco
Cristo buscó su propio agrado, sino que, como está escrito: Los ultrajes de los
que te ultrajaban cayeron sobre mí.
Lo
han visto los humildes y se alegran.
Sal 22, 27: Los
desvalidos comerán hasta saciarse, / alabarán al Señor los que lo buscan. /
¡Viva su corazón por siempre!
Sal 70, 5:
Alégrense y gocen contigo / todos los que te buscan; / y digan siempre: “Dios
es grande”, / los que desean tu salvación.
Sal 119, 144: La
justicia de tus preceptos es eterna; / dame inteligencia, y tendré vida.
Notas
exegéticas.
69 Este salmo reúne dos
lamentaciones de ritmo distinto, compuesta cada una de ellas de una queja
seguida de una oración. La primera, vv. 2-7 y 14-16 desarrolla el tema de las
aguas infernales y el de los enemigos. La segunda, vv. 8-13 y 17s es el grito
de angustia del fiel, víctima de su celo. El conjunto concluye con un himno,
vv. 31 s. de perspectivas nacionales. El carácter mesiánico del salmo se deduce
de las citas que de él hace el Nuevo Testamento.
69 7 El hebreo añade “Señor”,
delante de “Yahvé”.
69 11 “Mortifico” griego, siriaco:
“lloro” hebreo.
Segunda
lectura.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15
Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el
pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos
pecaron… Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado
no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán
hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como
la de Adán, que era figura del que tenía que venir. Sin embargo, no hay
proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron
todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un
hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos.
Textos
paralelos.
Por una persona entró el
pecado en el mundo.
1 Co 15, 21-22: Si por un
hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en
Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.
Sb 2, 24: Mas por envidia del
diablo entró la muerte en el mundo, / y la experimentan los de su bando.
Gn 3, 6: Entonces la mujer se
dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable
para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a
su marido que también comió.
Rm 6, 23: Ahora, en cambio,
liberados del pecado y hechos esclavos de Dios, dais frutos para la santidad
que conducen a la vida eterna.
Rm 3, 23: Ya que todos pecaron
y están privados de la gloria de Dios.
Pero el pecado no puede
imputarse.
Rm 4, 15: Pues la ley provoca
ira; ya que donde no hay ley tampoco hay transgresión.
Rm 7, 7: Entonces, ¿qué
diremos?, ¿Qué la ley es pecado? ¡En absoluto! Pero ocurre que yo no he
conocido el pecado sino a través de la ley. Pues yo no habría conocido el
deseo, si la ley no dijera: No desearás.
Notas
exegéticas:
5 12 (a) El pecado habita en el hombre,
más como la muerte, castigo del pecado, ha entrado en el mundo a consecuencia
del pecado de Adán, Pablo deduce que el mismo pecado ha entrado en la humanidad
por medio de esta falta inicial: es la doctrina del pecado original que
interesa aquí al Apóstol por el paralelismo que le ofrece entre la obra nefasta
del primer Adán y la reparación sobreabundante del “último Adán”. Cristo salva
a la humanidad, lo hace como “nuevo Adán”, imagen según la cual restaura Dios
su creación-
5 12 (b) El pecado separa al hombre de
Dios. Esta separación es la “muerte”, muerte espiritual y “eterna”, cuya señal
es la muerte física.
5 12 (c) La proposición del v. 12 d se
puede interpretar como oración de relativo (“por lo cual”, o como una
circunstancia causal (“por cuanto”). La traducción propuesta aquí expresa el
interés de Pablo en subrayar el hecho universal del pecado, desde el principio:
1º pecado de uno solo, 2º que tiene como consecuencia la muerte de todos, 3º
seguidamente, la situación del pecado, 41 y finalmente, la venida de la ley
mosaica y su función.
5 14 “Figura”, semejante pero
imperfecta. Por lo mismo, la comparación esbozada en el v. 12 e interrumpida
por el largo paréntesis de los vv. 13-14 se transforma en el v. 15 en un
contraste.
5 15 Este “todos” incluye a todos
los hombres.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio según
san Mateo 10, 26-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a
sus discípulos:
-No tengáis miedo a los
hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay
escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a
la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo
a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede
llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehena”. ¿No se venden un par de
gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sino que lo
disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis
contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante
mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también
lo negaré ante mi Padre que está en el cielo.
Textos
paralelos.
|
Mt 10, 26-33 |
Mc 4, 22 |
Lc 12, 5-9 |
|
En aquel tiempo, dijo Jesús a
sus discípulos: -No tengáis miedo a los
hombres,
porque nada hay encubierto,
que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la
oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la
azotea. No tengáis miedo a los que
matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar
a la perdición alma y cuerpo en la “gehena”.
¿No se venden un par de
gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sino que
lo disponga vuestro Padre.
Pues vosotros hasta los
cabellos de la cabeza tenéis contados.
Por eso, no tengáis miedo:
valéis más vosotros que
muchos gorriones.
A quien se declare por mí
ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en
los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi
Padre que está en el cielo.
|
No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz.
|
Os voy a enseñar a quien
tenéis que temer:
temed al que, después de la
muerte, tiene poder para arrojar a la gehenna.
A ese tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco pájaros
por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.
Más aún, hasta los cabellos
de vuestra cabeza están contados.
No tengáis mido:
valéis más que muchos
pájaros.
Os digo, pues: todo aquel que
se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará
por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será
negado ante los ángeles de Dios.
|
No hay nada cubierto.
Lc 8, 17: Pues nada hay oculto
que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse ni hacerse
público.
No temáis a los que matan
el cuerpo.
Si 9, 13: Aléjate de quien
tiene poder para matar, / y no tendrás que temer la muerte. / Si te acercas a
él, no te descuides, / no sea que te quite la vida. / Mira que caminas entre
emboscadas, / y paseas sobre la muralla de la ciudad.
1 Pe 3, 14: Pero si además,
tuvierais que sufrir por causa de la justicia, bienaventurados vosotros. Ahora
bien, no les tengáis miedo, ni os amedrentéis.
Ap 2, 10: No tengas miedo de lo
que vas a padecer. Mira, el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la
cárcel para que seáis tentados durante diez días. Sé fiel hasta la muerte y te
daré la corona de la vida.
Sin el consentimiento del
Padre.
2 S 14, 11: Ella respondió:
“Juré el rey por el Señor, tu Dios, el vengador de la sangre no aumentará el
desastre y no exterminará a mi hijo”. Él dijo: “Vive el Señor, que no ha de
caer a tierra ni un cabello de tu hijo”.
Lc 21, 18: Pero ni un cabello
de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
Hch 27, 34: Por eso os aconsejo
que toméis alimento; es conveniente para conseguir salvaros, pues ninguno de
vosotros perderá un cabello de su cabeza.
Si alguien se declara a
mi favor.
Ap 3, 5: El vencedor será
vestido de blancas vestiduras, no borraré su nombre del libro de la vida y
confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles.
// Mc 8, 38: Quien se
avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora,
también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de
su Padre entre sus santos ángeles.
// Lc 9, 26: Pues si uno se
avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombres se avergonzará
de él cuando venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos.
2 Tm 2, 12: Si perseveramos,
también reinaremos con él; / si lo negamos, también él nos negará.
1 S 2, 30: Por ello – oráculo
del Señor, Dios de Israel –, aunque había prometido que tu casa y la casa de tu
padre caminarían en mi presencia para siempre, ahora lejos de mí tal cosa –
oráculo del Señor – , pues honro a los que me honran, pero los que se burlan de
mí son despreciados.
Notas
exegéticas Biblia de Jerusalén.
10 27 Jesús tuvo que transmitir su
mensaje en forma velada, porque sus oyentes no podían comprenderlo, y él mismo
no había consumado su obra muriendo y resucitando. Más tarde sus discípulos
podrán y deberán proclamarlo todo sin temor alguno. El sentido de las mismas
palabras en Lc es totalmente distinto, que los discípulos no imiten la
hipocresía de los fariseos: todo lo que intentaran ocultar acabaría por
saberse; que hablen, pues, abiertamente.
10 28 Mt distingue entre cuerpo (soma)
y alma (psyjé), pero no se trata de un dualismo metafísico, ni “alma”
responde aquí a lo que la teología cristiana entiende por alma inmortal. Dicho
término equivale con frecuencia a “vida”. Cuerpo es aquello mediante lo cual la
persona se expresa, y el alma es el principio que la mantiene en relación con
el Dios de la vida.
10 29 En este contexto, la expresión
“por un as” significa que Dios no estará ausente de la muerte de sus discípulos
(cuya causa o autor no se precisa), o bien que los discípulos no morirán por el
Evangelio sin que Dios lo quiera. Su muerte no será un accidente: tendrá un
significado.
10 32 En el Juicio final, cuando el
Hijo devuelve los elegidos a su Padre.
Notas
exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica
26-27. La razón para no tener miedo es
que Dios os envía para dar a conocer el Evangelio a todos mediante vuestro
testimonio público. “Toda nuestra vida, por muda que sea, la vida de Nazaret,
la vida del desierto, lo mismo que la vida pública, debe ser una predicación
del Evangelio por el ejemplo de nuestra existencia, todo nuestro ser, debe
gritar el Evangelio sobre los tejados; toda nuestra persona debe respirar a
Jesús, todos nuestros actos deben gritar que somos de Jesús, deben presentar la
imagen de la vida evangélica: todo nuestro ser debe ser una predicación viva,
un reflejo de Jesús, algo que grita a Jesús, que hacer ver a Jesús, que brilla
como una imagen de Jesús (Ch. de Foucauld).
Las azoteas: típico lugar de conversación en
las casas de Palestina.
28-29 Dejad de tener
miedo: o no
sigáis teniendo miedo.
Los que matan el cuerpo es, casi: “los que solamente
pueden matar el cuerpo”. Habrá persecución y martirio, pues la suerte del
discípulo será la misma del Maestro; pero el poder de los perseguidores es
ridículo: todo lo que pueden hacer, lo que hace también un simple microbio.
Temed, más bien, con el “santo temor” o
respoeto que debemos a Dios. Lo importante es la fidelidad a Dios, que es quien puede destruir (no en el sentido de aniquilar,
sino de arruinar, echyar a perder, St 4, 12).
El alma: no se trata aquí de un
semitismo (alma=vida), sino de lo más íntimo y valioso en el ser humano, el
principio espiritual del hombre (Cat 363), distinto del cuerpo; es el elemento consciente que
perdura después de la muerte corporal. En el NT la palabra alma (en griego psychê) se usa
a veces para indicar la vida, el hálito vital, o para referirse a la persona
humana (compuesta de alma-cuerpo); pero no son términos sinónimos. El
componente no corporal, no material, del ser humano, se expresa también con los
siguientes términos: kardía (corazón), pneûma (espíritu), noûs (mente), diánoia (pensamiento),
pherénes (mente), syneídesis (conciencia).
Alma y cuerpo en [la]
gehena: supone
que los cuerpos resucitarán, puesto que sufren también los cuerpos de los
“condenados”.
Un cuarto es, lit, un as (latinismo,
equivale a la 16ª parte de un denario).
30 Están… contados, se entiende, por Dios, voz
pasiva “teológica”.
32-33 El texto griego no dice
directamente: “El que dé la cara por mí”, “el que se declare a mi favor”, “el
que me confiese ante los hombres”, sino “El que declare en mí”
(aramaísmo), es decir, el que declare que me pertenece, que es solidario
conmigo, que tiene comunión de vida y destino conmigo. En ese Yo declararé …, hay una nueva formulación
implícita de la divinidad de Jesús; si decir que le pertenecemos, o negarlo, es
firmar nuestra salvación o condenación eternas, quien habla así es más que el
simple “Jesús, un judío de Nazaret”. El comienzo del v. 33 equivale a: “Pero,
el que diga que no tiene nada que ver conmigo”; el triste ejemplo de las
“negaciones” de Pedro en la Pasión de Jesús.
Ante los hombres: ante los tribunales humanos.
Notas
exegéticas desde la Biblia Didajé:
10, 28 Gehenna: en otros lugares denominado
infierno o “fuego inextinguible”, constituye el lugar de condenación eterna
para aquellos que rechazan el amor de Dios. Cat. 363-365, 1034, 1056-1057.
10, 29 Como en Mt 6, 31-33, Cristo
instó a una confianza filial en que Dios Padre proveería siempre a nuestras
necesidades. Cat 305.
10, 33 Los fieles, cuando sean llamados
a hacerlo, deben dar testimonio de su fe en Cristo sin temor, si quieren ser
verdaderos discípulos. Cat 13-14, 1816, 2145.
Catecismo
de la Iglesia Católica.
363 A menudo el término alma designa en la sagrada Escritura la vida humana
(Mt 16, 25-26). Pero designa también lo que hay de más íntimo en el hombre (Mt
26, 38) y de más valor en él (Mt 10, 28), aquello por lo que es particularmente
imagen de Dios: “alma” significa el principio espiritual en el hombre.
364 El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la “imagen de Dios”; es
cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma espiritual, y es
toda la persona humana la que está destinada a ser, en el Cuerpo de Cristo, el
templo del Espíritu (1 Co 6, 19-20). “Uno en cuerpo y alma, el hombre, por su
misma condición corporal, reúne en sí los elementos del mundo material, de tal
modo que, por medio de él, estos alcanzan su cima y elevan la voz para la libre
alabanza del Creador. Por consiguiente, no es lícito al hombre despreciar la
vida corporal, sino que, por el contrario, tiene que considerar su cuerpo bueno
y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y ha de resucitar en el último
día” (C. Vaticano II, Gaudium et spes, 14).
365 La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al
alma como la “forma” del cuerpo (Concilio de Vienne (año 1312), Constitución Fidei
catholicae); es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra
el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la
materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única
naturaleza.
1034 Jesús habla con frecuencia de la “gehenna” y del “fuego que nunca se
apaga” (Mt 5, 22) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y
convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (Mt 10, 28).
Jesús anuncia en términos graves que enviará a sus ángeles que recogerán a
todos los autores de iniquidad, y los arrojarán al horno ardiendo (cf. Mt 13,
41-42), y que pronunciará la condenación: “¡Alejaos de mí, malditos al fuego
eterno” (Mt 25, 41).
1057 La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios
en quien solamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las cuales
ha sido creado y a las cuales aspira.
305 Jesús pide un abandono filial en la providencia del Padre celestial que
cuida de las más pequeñas necesidades de sus hijos (cf. Mt 6, 31-33; 10,
29-31).
1816 El discípulo de Cristo no debe solo guardar la fe y vivir de ella, sino
también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: “Todos [...] vivan
preparados para confesar a Cristo ante los hombres y seguirle por el camino de
la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia” (C.
Vaticano II, Lumen gentium, 42). El servicio y el testimonio de la fe
son requeridos para la salvación: “Todo [...] aquel que se declare por mí ante
los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los
cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi
Padre que está en los cielos” (Mt 10, 32-33).
2145 El fiel cristiano debe dar testimonio del nombre del Señor confesando su
fe sin ceder al temor (cf. Mt 10, 32; 1 Tm 6, 12). La predicación y la
catequesis deben estar penetradas de adoración y de respeto hacia el nombre de
Nuestro Señor Jesucristo.
Concilio Vaticano II
Los Padres del Concilio, juntamente con el Romano Pontífice, sintiendo
vivamente el deber de difundir por toda la tierra el Reino de Dios, saludan con
gran amor a todos los predicadores del Evangelio, especialmente a aquellos que
sufren persecución por el nombre de Cristo, hechos partícipes de sus
sufrimientos.
Ellos se encienden en el mismo amor en que ardía Cristo pro los hombres.
Pero, conscientes de que es Dios quien hace que su reino venga a la tierra,
juntamente con todos los cristianos, ruegan que, por la intercesión de la
Virgen María, Reina de los Apóstoles, los gentiles sean atraídos lo más pronto
posible al conocimiento de la verdad y que la claridad de Dios que resplandece
en el rostro de Cristo Jesús ilumine a todos por el Espíritu Santo.
Los Santos Padres.
[No les tengáis miedo] Se refiere al día del juicio, que sacará a la luz
el secreto de la conciencia de nuestra voluntad, y al gran día claro como la
luz que descubrirá lo que ahora pasa oculto. Así nos recuerda que no hay que
temer las amenazas, ni las intenciones, ni el poder de los perseguidores,
porque el día del juicio pondrá al descubierto la inconsistencia e inutilidad
de todo eso.
Hilario de Poitieres. Sobre el Ev. de Mateo, 10, 16. 1a, pg. 278.
En sentido espiritual, un gorrión cae a la tierra cuando, buscando lo de
abajo, caiga sobre la tierra capturando los vicios de la carne, entregado “a
deshonrosas pasiones” y pierde la libertad junto con su honor. Pues un gorrión
está siempre volando o descansa sobre las montañas o las colinas. Tal es el que
ha sido elevado por la palabra pero tiene la mente en lo terrenal.
Orígenes. Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 212. 1a, pg. 281.
No dice que sea Dios quien los haga caer en el lazo, pues ello sería
indigno de Dios, sino que nada de cuanto acontece le pasa inadvertido. Si,
pues, Dios no ignora nada de eso y a vosotros os ama con más sincero amor que
el de un padre, y hasta tal punto os ama que tiene contados los cabellos de
vuestra cabeza, no hay motivo para que temáis. [...] Si, pues, él sabe todo lo
que os pasa y puede y quiere salvaros, sufráis lo que sufráis, no penséis que
lo sufrís por estar abandonados en Él. Realmente, no quiere el Señor librar a
los suyos de sufrir, sino enseñarles a menospreciar el sufrimiento, pues esa
es, sin duda, la más cabal liberación del sufrimiento. [...] Aun cuando lleguen
a dominarlos, solo dominarán lo que hay de inferior en vosotros, es decir, vuestro
cuerpo. Y este, aun cuando no lo mataran vuestros enemigos, la naturaleza
vendrá sin remedio a arrebatároslo.
Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 34. 1a, pg. 282.
San Agustín
Las palabras divinas que nos han leído nos anima a no temer temiendo y a
temer no temiendo. Cuando se leyó el evangelio, advertisteis que Dios nuestro
Señor, antes de morir por nosotros quiso que nos mantuviéramos firmes; pero
animándonos a no temer y exhortándonos a temer. Dijo, pues: No temáis a los
que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma (Mt 10, 28). Ahí nos
animó a no temer. Ved ahora dónde nos exhortó a temer: Pero temed a aquel –
dijo – que puede matar el alma y el cuerpo en la gehenna. [...] Temamos
para no temer, esto es, temamos prudentemente, para no temer infructuosamente.
Los santos mártires... temiendo no temieron: temiendo a Dios, desdeñaron a los
hombres. [...] Diga, pues, el valerosísimo mártir, como hombre que está ante
otro hombre: “No temo, porque temo. Tú no ejecutarás tu amenaza, si él no
quiere. En cambio, nadie impedirá que él lleve a cabo la suya. Y, con todo, si
él permite, ¿qué puedes hacerme con esa amenaza? Puedes ensañarte con la carne,
pero el alma está segura. No darás muerte a lo que ni ves, pues como visible
aterras a otro visible. Ambos tenemos un Creador invisible a quien debemos
temer juntos. Él creó al hombre de un elemento visible y de otro invisible:
hizo al hombre visible de tierra, y animó el invisible con su aliento. Por
consiguiente, la sustancia invisible, es decir, el alma que levantó de la
tierra postrada no teme cuando hieres la tierra. Puedes herir la morada, pero
¿puedes herir al morador? Este está atado, y si rompes su atadura, huye para
ser coronado en lo oculto. [...] El cuerpo mismo, que puede ser herido y
muerto, será ceniza por algún tiempo, pero en la eternidad será inmortal. ¿Y
para quién será? ¿A quién se devolverá para la vida eterna ese cuerpo muerto,
magullado, destrozado? ¿A quién se devolverá? A aquel que no temió entregar su
vida, ni teme cuando dan muerte a su carne.
Sermón 65. II, pgs. 290-292.
San Jerónimo.
26. No hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no
haya de saberse. ¿Y cómo? En el siglo presente se ignoran los vicios de muchos; pero aquí
se trata del tiempo futuro cuando Dios juzgará las cosas ocultas de los
hombres, iluminará los repliegues de las tinieblas y manifestará los designios
de los corazones. El sentido es éste. No temáis la crueldad de los
perseguidores y la rabia de los que blasfeman, porque vendrá el día del Juicio
en que se demostrará vuestra virtud y su maldad.
27.
Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo en la luz; y lo que oís al oído,
proclamadlo desde los terrados. Lo que habéis oído en el misterio,
predicadlo abiertamente, lo que habéis aprendido en secreto decidlo en público,
lo que os enseñé en un pequeño rincón de Judea, decidlo audazmente en todas las
ciudades y en el mundo entero.
28. No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Los que matan el cuerpo no
pueden matar el alma, luego el alma es invisible e incorpórea en comparación,
quiero decir, con nuestra sustancia corporal que es más densa. Pero ciertamente
será castigada y sentirá los suplicios cuando ella vuelva a unirse con su
cuerpo, para que habiendo pecado con él, sea también con él castigada.
Temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición el alma y el
cuerpo en la gehenna. El término gehenna no se encuentra en los libros antiguos; es empleado
por primera vez por el Salvador. Busquemos, pues, el origen de este término.
Hemos leído más de una vez que había un ídolo de Baal cerca de Jerusalén al pie
del monte Moria, donde corre la fuete de Siloé. Este valle, esta pequeña
llanura, estaba regada, era sombreada y llena de delicias y en ella había un
bosque consagrado a este ídolo. El pueblo de Israel había caído en tal grado de
demencia que había desertado la cercanía del templo para inmolar víctimas en
ese lugar. Los placeres habían vencido el rigor de la religión y allí quemaban
a sus hijos en honor del demonio o los iniciaban. Llamaban a este lugar
Gehennon, es decir valle de los hijos de Ennón. Acerca de esto escriben
ampliamente el libro de los Reyes, los Paralipómenos [Crónicas] y Jeremías.
Dios anuncia con amenazas que llenará este lugar de cadáveres para que ya no se
llame Tofet y Baal, sino Polyandron, es decir, túmulo de muertos. Por tanto el
nombre de este lugar designa los suplicios futuros y penas eternas con que
serán atormentados los pecadores. En Job leemos muy a menudo que hay dos
gehenas: la del fuego y la de los excesivo.
29, 30.31. ¿No se venden dos pajarillos por una moneda= Pues bien, ni uno de ellos
caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros,
hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues;
vosotros valéis más que muchos pajarillos. La palabra del Señor es coherente y lo que
sigue se relaciona con lo anterior. Lector prudente, debes precaverte de una
interpretación demasiada escrupulosa del texto, de modo que no acomodes las
Escrituras a tu sentido sino que adaptes tu sentido a las Escrituras y
entiendas lo que sigue. Arriba había dicho: No temáis a los que matan el
cuerpo pero no pueden matar el alma. Ahora dice consiguientemente: ¿No
se venden dos pajarillos por una moneda? Pues bien, ni uno de ellos caerá sin
el consentimiento de vuestro Padre. El sentido es este: Si los animales
pequeños que no valen nada no mueren sin la voluntad de Dios, si su Providencia
alcanza a todos, si entre los seres destinados a desaparecer no mueren sin la
voluntad de Dios, vosotros que sois eternos no debéis temer pensando que vivís
abandonados de la providencia de Dios. […] Algunos forzando la interpretación
ven en los dos pajarillos el alma y el cuerpo; también refieren los cinco
pajarillos que se venden por dos monedas, según Lucas, a nuestros sentidos.
Pero ¿cómo conciliar esta interpretación con el conjunto de este discurso
evangélico? La dificultad no es pequeña: Hasta los cabellos de vuestra
cabeza están todos contados. No temáis, pues, vosotros valéis más que muchos
pajarillos. He aquí expresado más claramente el sentido de lo que hemos
puesto arriba: no deben temer a los que pueden matar el cuerpo pero no el alma;
porque ni siquiera los animalitos mueren sin que Dios lo sepa, cuánto más el
hombre sostenido por su dignidad de apóstol. Lo que dice: Los cabellos de
vuestra cabeza están todos contados muestran la inmensa providencia de Dios
para con los hombres y pone de relieve su amor inefable, ya que nada de lo que
nos concierne está oculto para Dios y ni siquiera las menores palabras ociosas
escapan a su conocimiento. Los que niegan la resurrección de la carne
desprecian la interpretación de la Iglesia en este pasaje, como si nosotros
dijéramos que vamos a resucitar con todos los cabellos que han sido contados y
que el barbero ha cortado. Pero el salvador no dijo: Se conservarán todos
vuestros cabellos sino: están contados. Cuando se habla de número se
trata del conocimiento, no de la conservación de ese mismo número.
San Juan de Ávila
Ahora notá y veréis la razón grande que podemos tener de consuelo, y cómo
no pueden entrar en la Iglesia errores. Cristo mandó a sus discípulos, y a toda
la Iglesia en ellos: No temáis a los que matan el cuerpo (Mt 10, 27); et
alibi: Quien me confesare , yo le confesare (Mt 10, 28-32). [...] Este
precepto de la predicación está muy intimado [exigido] , y así lo cumplieron,
porque pecaran si no lo cumplieran. [...] El día de Pentecostés predicaron, y
no solo ellos; pero cuando ordenaban algún obispo, se lo intimaban.
Plática a sacerdotes. I, pg. 864.
¿Quién hizo a los mártires padecer tan graves y bravos martirios, sino
est palabra: Quien me confesare delate de los hombres, confesarle he yo
delante de mi Padre que está en los cielos? (Mt 10, 32). ¿Quién les hizo no
temer los sayones, perder las promesas que les prometían y no tener todas
persecuciones en nada, sino su palabra: No queráis temer a los que matan los
cuerpos; el ánima no pueden matar. Temed aquel que puede el ama y cuerpo echar
en las penas del infierno? (Mt 10, 28). Con esta palabra se osaban a meter
por mil lanzas.
Lecciones sobre 1 San Juan (I). II, pg. 147.
Un día ha de hacer Dios en el cual los cielos y la tierra sepan nuestro
bien y nuestro mal. ¡Qué lindo consuelo para el hipócrita! No hay ninguna
cosa, por escondida que sea, que no se descubra en aquel día (cf. Mt 10,2
6), y por eso mirad cómo vivís en lo secreto, que, si otra amenaza no hubiera
para aquel día, esta bastaba para que un hombre no hiciese cosa que no deba.
Tal vergüenza he yo de pasar que se manifiesten allí cuantos pensamientos pasan
por mí, cuantas liviandades, cuantas traiciones que me han pasado por el
pensamiento, cosa gravísima y afrentosísima, y como que lo tiene Dios amenazado
por el profeta Nahum en el capítulo 3: Descubriré en la plaza tus pecados (cf.
Nah 3, 5); porque en la justicia de Dios no hay castigo al hombre como este: ni
fuego ni tormento, ni hambre ni sed, ni cansancio ni cárcel, ni mil cuentos de
males que le vengan, ninguno es tan propio para el hombre como descubrirle lo
malo; porque darle a un hombre hambre, también se la pueden dar a una bestia, y
ansí de esotras penas corporales. ¿Pues cuál castigo será propio del hombre?
Vergüenza y deshonra. ¡Oh desventurado de ti. ¿En qué has de pagar lo malo que
has hecho? En gran vergüenza pasarás allí delate de todo el mundo.
Sermón domingo I de Adviento. III, pgs. 24-25.
Allí aparecerán las conciencias claras, más que las manos delante del
sol. Aparecerá lo que hecistes y dijistes; lo que pensastes en vuestros
corazones aparecerá delante de Dios y de los hombres y ángeles y demonios.
¡Desventurados de los hipócritas, que parecen uno y son otro; de los traidores
doblados y de los sucios, a los cuales dice Dios: Revelabo pudenda tua in
facie tua. Yo revolveré este costal al revés, yo revelaré sus miserias (Nah
3, 5) en presencia de todos. ¿Quién creyera esto si Dios no lo dijera. Palabras
son de Dios. So pena de herejes, se han de creer. Lo que hablaste a escuras,
a la oreja, predicado se ha por los tejados (cf. Mt 10, 27). ¿No bastará
esto para que seamos buenos?
Sermón domingo I de Adviento. III, pg. 12.
San Gregorio sobre este paso dice: De todo momento de momento te pedirá
Dios cuenta con lo gastaste. ¡Desventurado de aquel que no cuenta por momentos
ni por horas, ni aun por días, sino que todo el tiempo gasta perdido, y aun
plega al Señor que no sea en ofensas suyas! Todos mis pasos cuenta Dios. Todos
los cabellos de vuestra cabeza, dice Cristo, son contados (Mt 10,
30). Si me sirvieredes, llevaos he en cuerpo y en alma al cielo, a todos
enteros os galardonaré; y ansí, si fuérades malos, a todos enteros os
castigaré. Y como no le quedará cosa sin galardón, no le quedará cosa sin
castigo; de lo mal que hecistes, de lo que mal pensastes, de lo que mal
hablastes, de todo daréis cuenta.
Sermón domingo I de Adviento. III, pg. 7.
Por tanto, tenga vuestra señoría ojo a su ánima, para ver con qué fervor
recibe este ejercicio de guerra; y si me preguntara cómo se defenderá del tiro,
digo que el capitán del ejército de Jesucristo, San Pablo, dice que en todas
las cosas tomemos el escudo de la fe (cf. Ef 6, 16). Esta dice que un
pájaro no cae en tierra ni en muerte sin la voluntad y providencia de
nuestro Padre, el del cielo (cf. Mt 10, 29); y quien tiene cuidado de
sus pájaros, mejor lo terná de sus hijos (cf. Mt 10, 31); y quien tiene cuidado
de que los puercos de Genesar no sean de los demonios ahogados (cf. Lc
8, 32s), si el mismo Señor no da poder, mejor dejará que calenturas entren a
fatigar a sus hijos, si primero no pasa por su mano; y pues por la mano del
celestial Padre nuestro ha pasado ese trabajo que vuestra señoría pasa, tómelo
de buena gana y beba la purga que su amado Padre le ha recetado y dado; bébala,
señor, con amor que con amor le es enviada; amarga le parecerá la sensualidad,
mas cierto, le dará salud muy complida y con más alegría que fue la pena que
dio. Muy al contrario es esto de los mundanos placeres, los cuales tienen
principio dulce y dejo más amargo que hiel; ansí los primeros tragos amargan,
mas el dejo dulce es al ánima, pues mediante la tribulación se le abren los
ojos que la culpa les cerro.
Carta al duque de Sesa, Don Gonzalo Fernández de Córdoba. IV, pg. 682-683.
Alguna vez os veréis en peligros que penséis ser vencida, mas no falte en
vos confianza, que no faltará para vos la ayuda de aquel que tiene contados
los cabellos de vuestra cabeza (cf. Mt 10, 30), sin cuya licencia ninguno
os podrá ser quitado. Muchas veces estaréis desconsolada, pensando que estáis
de vuestro Señor ausente, mas no desmayéis, que entonces lo tenéis muy cerca.
Tras la pared está de vuestro cuerpo, mirando por la ventana vuestra pelea y
esperando para coronaros en vuestra victoria. Recios os parecerán los trabajos
de la cruz que tomáis, mas perseverad con ánimo y no tornéis atrás, que presto
tomaréis en ella tan grato gusto, que os deis por muy satisfecha y pagada. No
os prometen acá regalos, sino penas y fatigas de cruz; mas ya la cruz de ha
hecho tan suave, después que aquellos sagrados miembros la tocaron, que quien
de ella una vez gusta no hay cosa que de ella apartarle pueda. Dejáis los
placeres de la carne por los afanes y sequedad del camino; mas pasad adelante y
veréis que traen consigo envuelto tanto sabor y dulzura que aun con ellos
mesmos quedéis bastantemente pagada y renunciéis del todo los pasatiempos y
alegrías que os obliguéis a lloros y penitencia; mas vos probaréis adelante que
son más dulces las lágrimas de los parientes que los alegres deleites de los
mundanos.
Carta a una religiosa. IV, pg. 765.
Creer, hermana, que cuanto es para vos este negocio difícil, tanto es
para Dios ligero. Y así desconfiad de vuestra flaqueza, que confiéis de su
fortaleza verdaderamente. Si confiáis de por su virtud alcanzar la corona, no
os olvidéis de aquella promesa de Jesucristo: Quien me confesare delante de
los hombres, confesarle he yo delante de mi Padre, que está en los cielos; mas
quien me negare delante de los hombres, negarle he yo delante mi Padre, que
está en los cielos (Mt 10, 32-33).
Carta a una señora monja muy atribulada. IV, pg. 152.
Papa León XIV. Audiencia general. 17
de junio de 2026. Catequesis
- El Viaje apostólico a España
Queridos
hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Hoy
deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje
apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid,
Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.
Después
del largo viaje
a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país
europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en
la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el
Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha.
Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las
autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.
El
pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su
fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de
Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de
contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la
diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que
en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada
a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.
En el
caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades
y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado
multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era
algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta
participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al
mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de
reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni
de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último
término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias
“inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo
porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la
búsqueda de la verdad y la sed de justicia.
En
Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en
los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo
Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos
celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y
luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo
moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho
percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable,
como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que
custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos
históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y
sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio
Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha
regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica
humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en
el tiempo de la inteligencia artificial.
He
percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en
la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de
hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo
engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos
testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras
edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los
pequeños y de los pobres que he encontrado: del
niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas
de abusos que piden ser escuchadas; de los
detenidos que me esperaban en la cárcel; de los
jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los
migrantes en los centros de acogida de las Canarias.
Precisamente
allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he
encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una
parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad
de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados,
procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo
y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de
interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que
estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos
los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que
produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos
es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el
encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar
recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no
es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino
que conduce a la civilización del amor.
Queridos
hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la
mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige
a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las
multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas
palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el
viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la
mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los
ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.
Finalmente,
quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje
apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en
España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la
intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos
abundantes. ¡Gracias!
Papa León XIV. Angelus. 14 de
junio de 2026.
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
El Evangelio de hoy (Mt 9,36-10,8) nos ofrece un gran regalo,
porque incluye a todos los que lo escuchan con la mirada de Jesús. Es un relato
que testimonia la atención de su vista, además de decirnos qué es lo que
observa. Leemos, en efecto, que Cristo «al ver a las muchedumbres, se
compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas» (v. 36). Haciéndose
nuestro hermano, el Hijo de Dios mira a la gente, mira a la humanidad: ve la
opresión que aplasta y la violencia que quita la fuerza. Ve las heridas de las
guerras y el vacío del consumismo. Ve rostros reducidos a máscaras, familias
rotas por el mal y jóvenes ilusionados por falsos ideales. Jesús ve y ama. Ama
y sufre por nosotros, con nosotros: su compasión expresa no sólo cercanía
fraterna, sino voluntad de redención.
Él, en efecto, conoce
nuestro corazón y lo cuida; frente a tantas personas semejantes a «ovejas
que no tienen pastor» (v. 36), Cristo se dedica a todas como buen pastor y,
como señor de la mies, envía obreros al campo del mundo (cf. v. 38). ¿Cuál
es el trabajo que deben realizar? Llevar el consuelo de Dios a los que
sufren: llevar caridad donde hay miseria, esperanza donde hay aflicción,
fe donde hay desconfianza.
El Evangelio menciona los nombres de los doce primeros “obreros”; son
discípulos convertidos en apóstoles, es decir, misioneros y predicadores. Entre
ellos está Simón llamado Pedro, el primero, y también Judas Iscariote, el
último, para recordarnos que se puede seguir a Jesús y traicionarlo, pero el
Evangelio continúa siendo palabra viva y verdadera para todos. La Buena Noticia
que atraviesa los siglos es idéntica, siempre joven, fresca y liberadora: ¡«Ha
llegado el reino de los cielos» (Mt 10,7)! Sí, está cerca porque en
Jesucristo Dios se hace prójimo de todo hombre y mujer, de todo pueblo y
nación. Cuando este Evangelio es anunciado y practicado, el mal se derrumba
como una enfermedad que termina (cf. v. 8), como una noche que deja paso a la
aurora, como la muerte vencida por el Resucitado.
De ese modo, la mirada de Jesús transforma la realidad: llena de amor,
su iniciativa da vida a un pueblo nuevo, la Iglesia, llamado a continuar la
misión de los apóstoles: «Gratis habéis recibido, dad gratis» (v. 8). Sí, el
don de Jesús es totalmente gratis, porque su valor excede toda medida: es
imposible merecerla o “comprarla”. Esta gracia es el bellísimo nombre de la
misericordia de Dios, que nos alcanza allí donde estemos, para guiarnos hacia
Él. «Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,38).
Queridos hermanos, la tarea de evangelizar nace del don de Dios que en
Cristo se vuelve perdón para el mundo, servicio a los más pequeños y más
pobres, compromiso por la justicia. Pidamos el auxilio de la Virgen María,
llena de gracia, para que respondamos con gozo y valentía a la misión a la que
Jesús nos llama.
Papa Francisco. Angelus. 25 de
junio de 2023.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! ¡feliz domingo!
En el Evangelio de hoy, Jesús repite tres veces a sus discípulos: «No
tengan miedo» (Mt 10,26.28.31). Poco antes, les habló de las
persecuciones que tendrán que soportar por causa del Evangelio, una realidad
que sigue siendo actual: la Iglesia, de hecho, desde el principio ha conocido,
junto con sus alegrías, y tenía tantas, muchas persecuciones.
Parece paradójico: el anuncio del Reino de Dios es un mensaje de paz y de
justicia, fundado en la caridad fraterna y en el perdón y, sin embargo,
encuentra oposición, violencia y persecución. Jesús, no obstante, nos
dice que no temamos: no porque todo irá bien en el mundo, no, sino
porque para el Padre somos preciosos y nada de lo que es bueno se perderá.
Por eso nos dice que no dejemos que el miedo nos detenga, sino que temamos
otra cosa, una sola cosa. ¿Cuál es la cosa que Jesús nos dice que debemos
temer?
Lo descubrimos a través de una imagen que Jesús utiliza hoy: la imagen de
la "Gehenna" (cf. v. 28). El valle de " Gehenna" era
un lugar que los habitantes de Jerusalén conocían bien: era el gran vertedero
de basura de la ciudad. Jesús habla de él para decir que el verdadero miedo
que hay que tener es el de desechar la propia vida. Y dice
Jesús: “Sí, tengan miedo de esto”. Como si dijera: no hay que tener
tanto miedo a sufrir incomprensiones y críticas, a perder prestigio y ventajas
económicas por permanecer fieles al Evangelio, sino a desperdiciar la
existencia buscando cosas de poco valor, que no colman el sentido de la
vida.
Y esto es importante para nosotros. De hecho, incluso hoy uno puede ser
objeto de burlas o de discriminación si no sigue ciertos modelos de moda, que,
sin embargo, a menudo ponen en el centro realidades de segunda categoría:
por ejemplo, seguir las cosas en lugar de personas, rendimientos en
lugar de relaciones. Veamos algunos ejemplos. Pienso en los padres,
que necesitan trabajar para mantener a su familia, pero no pueden vivir solo
para el trabajo, sino que necesitan tiempo para estar con sus hijos.
Pienso también en un sacerdote o en una religiosa, que deben
comprometerse en su servicio, pero sin olvidarse de dedicar tiempo a estar
con Jesús, de lo contrario caen en la mundanidad espiritual y pierden el
sentido de lo que son. Aún más, pienso en un joven o una joven, que tienen
mil compromisos y pasiones: los estudios, el deporte, intereses varios, el
teléfono móvil y las redes sociales, pero necesitan encontrarse con personas y
realizar grandes sueños, sin perder el tiempo en cosas que pasan y no
dejan huella.
Todo esto, hermanos y hermanas, conlleva cierta renuncia frente a los
ídolos de la eficacia y el consumismo, pero es necesario para no
perderse en las cosas, que luego se tiran, como se hacía entonces en la
“Gehenna”. Y en las “Gehennas” de hoy, en cambio, suele terminar la
gente: pensemos en los últimos, a menudo tratados como material
de descarte y como objetos no deseados. Permanecer fiel a lo que
importa es costoso; cuesta ir contracorriente, cuesta liberarse de los
condicionamientos del pensamiento común, cuesta ser apartado por los que
“siguen la moda”. Pero no importa, dice Jesús: lo que cuenta es no
desperdiciar el mayor bien, la vida. Solo esto debe asustarnos.
Preguntémonos entonces: Yo, ¿de qué tengo miedo? ¿De no tener lo que me
gusta? ¿De no alcanzar las metas que la sociedad impone? ¿Del juicio de los
demás? ¿O más bien, de no agradar al Señor y de no poner en primer lugar su
Evangelio? Que María, siempre Virgen, Madre Sabia,
nos ayude a ser sabios y valientes en las decisiones que tomamos.
Papa Francisco. Angelus. 21 de
junio de 2020.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo (cf. Mateo 10, 26-33) recoge
la invitación que Jesús dirige a sus discípulos a no tener miedo, a ser fuertes
y confiados ante los desafíos de la vida, advirtiéndoles de las adversidades
que les esperan. El pasaje de hoy forma parte del discurso misionero con el
que el Maestro prepara a los Apóstoles para la primera experiencia de proclamar
el Reino de Dios. Jesús les exhorta con insistencia a “no tener miedo”.
El miedo es uno de los enemigos peores de nuestra vida cristiana, y
Jesús exhorta: “No tengáis miedo”, “no tengáis miedo”. Y Jesús describe tres
situaciones concretas a las que se enfrentarán.
Ante todo, la primera, la hostilidad de los que quieren silenciar la
Palabra de Dios, edulcorándola, aguándola o acallando a los que la anuncian.
En este caso, Jesús anima a los Apóstoles a difundir el mensaje de salvación
que les ha confiado. Por el momento, Él lo ha transmitido con cautela, casi en
secreto, en el pequeño grupo de los discípulos. Pero tendrán que decir “a la
luz del día”, esto es, abiertamente, y anunciar “desde las azoteas” —así dice
Jesús—, es decir, públicamente, su Evangelio.
La segunda dificultad con la que se encontrarán los misioneros de Cristo es
la amenaza física en su contra, o sea, la persecución directa contra ellos,
incluso hasta el punto de que los maten. Esta profecía de Jesús se ha cumplido
en todas las épocas: es una realidad dolorosa, pero atestigua la fidelidad de
los testigos. ¡Cuántos cristianos son perseguidos aún hoy en día en todo el
mundo! Sufren por el Evangelio con amor, son los mártires de nuestros días. Y
podemos decir con seguridad que son más que los mártires de los primeros
tiempos: muchos mártires, solo por ser cristianos. A estos discípulos de ayer y
de hoy que sufren persecución, Jesús les recomienda: «no temáis a los que
matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (v. 28). No hay que temer a
los que intentan extinguir la fuerza evangelizadora mediante la arrogancia y la
violencia. De hecho, no pueden hacer nada contra el alma, es decir, contra la
comunión con Dios: nadie puede quitársela a los discípulos, porque es un regalo
de Dios. El único temor que debe tener el discípulo es el de perder este don
divino, la cercanía, la amistad con Dios, renunciando a vivir según el
Evangelio y procurándose así la muerte moral, que es el efecto del pecado.
El tercer tipo de desafío al que los Apóstoles deberán enfrentarse lo
identifica Jesús en el sentimiento, que algunos experimentarán, de
que el mismo Dios los ha abandonado, permaneciendo distante y en silencio.
También en este caso nos exhorta a no tener miedo, porque, aunque pasemos
por estos y otros escollos, la vida de los discípulos está firmemente en manos
de Dios, que nos ama y nos cuida. Son como las tres tentaciones:
edulcorar el Evangelio, aguarlo; la segunda, la persecución; y la
tercera, la sensación de que Dios nos ha dejado solos. También Jesús
sufrió esta prueba en el huerto de los olivos y en la cruz: “Padre, ¿por qué me
has abandonado?”, dice Jesús. A veces sentimos esta aridez
espiritual; no tenemos que tenerle miedo. El Padre nos cuida porque nuestro
valor es grande a sus ojos. Lo importante es la franqueza, es la valentía
del testimonio de fe: “reconocer a Jesús ante los hombres” y seguir adelante
obrando el bien.
Que María Santísima, modelo de confianza y abandono en Dios en momentos de
adversidad y peligro, nos ayude a no ceder nunca al desánimo, sino a
encomendarnos siempre a Él y a su gracia, porque la gracia de Dios es siempre
más poderosa que el mal.
Papa Francisco. Angelus. 25 de
junio de 2017.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de hoy (cf. Mateo 10, 26-33) el Señor
Jesús, después de haber llamado y enviado de misión a sus discípulos, les
instruye y les prepara para afrontar las pruebas y las persecuciones que
deberán encontrar. Ir de misión no es hacer turismo, y Jesús advierte a
los suyos: «No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de
saberse […]. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz. […]
Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (vv. 26-28).
Pueden matar solamente el cuerpo, no tienen el poder de matar el alma: de estos
no tengáis miedo. El envío en misión de parte de Jesús no garantiza a los
discípulos el éxito, así como no les pone a salvo de fracasos y sufrimientos.
Ellos deben tener en cuenta tanto la posibilidad del rechazo, como la de la
persecución. Esto asusta un poco, pero es la verdad.
El discípulo está llamado a adaptar su propia vida a Cristo, que fue
perseguido por los hombres, conoció el rechazo, el abandono y la muerte en la
cruz. ¡No existe
la misión cristiana caracterizada por la tranquilidad! Las dificultades y las
tribulaciones forman parte de la obra de evangelización, y nosotros estamos
llamados a encontrar en ellas la ocasión para verificar la autenticidad de
nuestra fe y de nuestra relación con Jesús. Debemos considerar estas
dificultades como la posibilidad para ser todavía más misioneros y para crecer
en esa confianza hacia Dios, nuestro Padre, que no abandona a sus hijos en la
hora de la tempestad. Ante las dificultades del testimonio cristiano en el
mundo, no somos olvidados nunca, sino siempre acompañados por el cuidado atento
del Padre. Por ello, en el Evangelio de hoy, Jesús tranquiliza tres veces a
sus discípulos diciendo: «¡No tengáis miedo!».
También en nuestros días, hermanos y hermanas, la persecución contra los
cristianos está presente. Nosotros rezamos por nuestros hermanos y hermanas que
son perseguidos, y alabamos a Dios porque, no obstante ello, siguen dando
testimonio con valor y fidelidad de su fe. Su ejemplo nos ayuda a no dudar
en tomar posición a favor de Cristo dando testimonio de Él valientemente en las
situaciones de cada día, incluso en contextos aparentemente tranquilos. En
efecto, una forma de prueba puede ser incluso la ausencia de hostilidades y
de tribulaciones. Además de como «ovejas en medio de los lobos», el Señor,
también en nuestro tiempo, nos manda como centinelas en medio de la gente
que no quiere ser despertada del torpor mundano, que ignora las palabras de
Verdad del Evangelio, construyéndose unas propias verdades efímeras. Y si
nosotros vamos o vivimos en estos contextos y decimos las Palabras del
Evangelio, esto molesta y no nos mirarán bien.
Pero en todo esto el Señor sigue diciéndonos, como decía a los discípulos
de su tiempo: “¡No tengáis miedo!”. No olvidemos esta palabra: siempre,
cuando nosotros tenemos alguna tribulación, alguna persecución, alguna cosa que
nos hace sufrir, escuchamos la voz del Señor en el corazón: “¡No tengáis
miedo! ¡No tener miedo, ve adelante! ¡Yo estoy contigo!”. No tengáis
miedo de quien se ríe de vosotros y os maltrata, y no tengáis miedo de
quien os ignora o “delante” os honra pero “detrás” combate el Evangelio.
Hay muchos que delante nos sonríen, pero luego, por detrás, combaten el
Evangelio. Todos les conocemos. Jesús no nos deja solos porque somos
preciosos para Él. Por esto no nos deja solos: cada uno de nosotros es
precioso para Jesús, y Él nos acompaña. La Virgen María, modelo de humilde y
valiente adhesión a la Palabra de Dios, nos ayude a entender que en el
testimonio de la fe no cuentan los éxitos, sino la fidelidad a Cristo,
reconociendo en cualquier circunstancia, incluso en las más problemáticas, el
don inestimable de ser sus discípulos misioneros.
Papa Benedicto XVI. Angelus. 22 de
junio de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
En el evangelio de este domingo encontramos dos invitaciones de Jesús: por
una parte, "no temáis a los hombres", y por otra
"temed" a Dios (cf. Mt 10, 26. 28). Así, nos
sentimos estimulados a reflexionar sobre la diferencia que existe
entre los miedos humanos y el temor de Dios. El miedo es una dimensión
natural de la vida. Desde la infancia se experimentan formas de miedo que
luego se revelan imaginarias y desaparecen; sucesivamente emergen otras, que
tienen fundamentos precisos en la realidad: estas se deben afrontar y
superar con esfuerzo humano y con confianza en Dios. Pero también hay,
sobre todo hoy, una forma de miedo más profunda, de tipo existencial,
que a veces se transforma en angustia: nace de un sentido de vacío,
asociado a cierta cultura impregnada de un nihilismo teórico y práctico
generalizado.
Ante el amplio y diversificado panorama de los miedos humanos, la palabra
de Dios es clara: quien "teme" a Dios "no tiene miedo". El temor de Dios, que las
Escrituras definen como "el principio de la verdadera sabiduría",
coincide con la fe en él, con el respeto sagrado a su autoridad sobre la
vida y sobre el mundo. No tener "temor de Dios" equivale a
ponerse en su lugar, a sentirse señores del bien y del mal, de la vida y de la
muerte. En cambio, quien teme a Dios siente en sí la seguridad que tiene el
niño en los brazos de su madre (cf. Sal 131, 2): quien
teme a Dios permanece tranquilo incluso en medio de las tempestades, porque
Dios, como nos lo reveló Jesús, es Padre lleno de misericordia y bondad.
Quien lo ama no tiene miedo: "No hay temor en el amor —escribe el apóstol san Juan—; sino que el
amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira al castigo; quien teme no
ha llegado a la plenitud en el amor" (1 Jn 4, 18). Por
consiguiente, el creyente no se asusta ante nada, porque sabe que está en
las manos de Dios, sabe que el mal y lo irracional no tienen la última
palabra, sino que el único Señor del mundo y de la vida es Cristo, el Verbo
de Dios encarnado, que nos amó hasta sacrificarse a sí mismo, muriendo en la
cruz por nuestra salvación.
Cuanto más crecemos en esta intimidad con Dios, impregnada de amor, tanto
más fácilmente vencemos cualquier forma de miedo. En el pasaje evangélico de hoy,
Jesús repite muchas veces la exhortación a no tener miedo. Nos tranquiliza,
como hizo con los Apóstoles, como hizo con san Pablo cuando se le apareció en
una visión durante la noche, en un momento particularmente difícil de su
predicación: "No tengas miedo —le dijo—, porque yo estoy contigo" (Hch 18,
9-10). El Apóstol de los gentiles, de quien nos disponemos a celebrar el
bimilenario de su nacimiento con un especial Año jubilar, fortalecido por la
presencia de Cristo y consolado por su amor, no tuvo miedo ni siquiera al
martirio.
Que este gran acontecimiento espiritual y pastoral suscite también en
nosotros una renovada confianza en Jesucristo, que nos llama a anunciar y
testimoniar su Evangelio, sin tener miedo a nada. Por tanto, queridos hermanos
y hermanas, os invito a prepararos para celebrar con fe el Año paulino que,
Dios mediante, inauguraré solemnemente el sábado próximo, a las 18.00 horas, en
la basílica de San Pablo extramuros, con la liturgia de las primeras Vísperas
de la solemnidad de San Pedro y San Pablo. Encomendemos desde ahora esta gran
iniciativa eclesial a la intercesión de san Pablo y de María santísima, Reina
de los Apóstoles y Madre de Cristo, fuente de nuestra alegría y de nuestra paz.
SANTOS
PEDRO Y PABLO. 29 de junio de 2023.
Monición de entrada.-
Hoy
es la fiesta de los santos Pedro y Pablo.
Pedro
fue un pescador de Galilea a quien Jesús eligió para ser apóstol y cuidar de
toda la Iglesia.
Él
murió en una cruz en Roma y lo enterraron en el Vaticano, donde vive el Papa.
Y
Pablo fue primero una persona que no quería a los amigos de Jesús, pero después
de encontrarse con Él se hizo muy amigo suyo.
También
murió en Roma.
Nuestra
comunidad de fe, esperanza y amor se apoya en las enseñanzas de los dos.
Señor, ten piedad.-
Tú, que
perdonaste a Pedro. Señor, ten piedad.
Tú, que
hiciste a Pablo amigo tuyo. Cristo, ten
piedad.
Tú, que has
elegido al Papa Francisco sucesor de san Pedro. Señor, ten piedad.
Peticiones.
Jesús,
te pido por el Papa León, para que le ayudes mucho. Te lo pedimos,
Señor.
Jesús, te pido la Iglesia para que sea
querida. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por los cristianos que
tienen que esconderse, para que les ayudes a seguir siendo cristianos. Te lo
pedimos, Señor.
Jesús, te pido por nosotros para que
seamos obedientes a las enseñanzas del Papa y los obispos. Te lo pedimos,
Señor.
Acción de gracias.-
María, queremos darte las gracias por el
Papa León, que con sus palabras y su ejemplo nos ayuda a ser buenos cristianos
y hace que los cristianos estemos unidos a Jesús.
BIBLIOGRAFÍA.
Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. BAC.
Madrid. 2016.
Biblia de Jerusalén. 5ª edición – 2018. Desclée De Brouwer. Bilbao. 2019.
Biblia del Peregrino. Edición de Luis Alonso Schökel. EGA-Mensajero.
Bilbao. 1995.
Nuevo Testamento. Versión crítica sobre el texto original griego de M.
Iglesias González. BAC. Madrid. 2017.
Biblia Didajé con comentarios del Catecismo de la Iglesia Católica. BAC.
Madrid. 2016.
Merino Rodríguez, Marcelo, dr. ed. en español. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia.
Nuevo Testamento. 1. Evangelio según san Mateo. Ciudad Nueva. Madrid. 2009.
Pío de Luis, OSA, dr. Comentarios de San Agustín a las lecturas litúrgicas
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San Francisco de Asís. Escritos, biografías y documentos de la época. BAC.
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San Juan de Ávila. Obras Completas i. Audi, filia – Pláticas –
Tratados. BAC. Madrid. 2015.
San Juan
de Ávila. Obras Completas II. Comentarios bíblicos – Tratados de reforma –
Tratados y escritos menores. BAC.
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San Juan de Ávila. Obras Completas III.
Sermones. BAC. Madrid. 2015.
San Juan de Ávila. Obras Completas IV. Epistolario. BAC. Madrid. 2003.
Secretariado Nacional de Liturgia. Libro de la Sede. Primera edición: 1983.
Coeditores Litúrgicos. Barcelona. 2004.

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