Primera lectura.
Lectura del libro del Éxodo 19, 2-6a.
En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del
Sinaí y acamparon allí, frente a las montañas. Moisés subió hacia Dios. El
Señor lo llamó desde la montaña diciendo:
-Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de
Israel: Vosotros habéis visto lo que ha hecho con los egipcios y cómo os he
llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me
obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los
pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y
una nación santa.
Palabra de Dios.
Textos
paralelos.
Anuncia esto a los hijos de Israel: Vosotros
habéis visto lo que he hecho.
Dt 4, 34: ¿Intentó algún dios acudir a sacarse
un pueblo de en medio de otro con pruebas, signos y prodigios, en son de
guerra, con mano fuerte y brazo extendido, con terribles portentos, como hizo
el Señor vuestro Dios, con vosotros contra los egipcios?
Dt 29, 2: Aquellas grandes pruebas que vieron
vuestros ojos, aquellos grandes signos y prodigios.
Como os he llevado sobre alas de águila.
Dt 32, 11: El Señor solo los condujo, no hubo
dioses extraños en él.
Is 46, 4: Hasta vuestra vejez yo seré el
mismo, hasta las canas yo os sostendré: yo lo he hecho, yo os seguiré llevando,
yo os sostendré y os libraré.
Is 63, 9: Él fue su salvador en el peligro: no
fue un mensajero ni un enviado, él en persona los salvó, por su amor y su
clemencia los rescató, y los liberó y los llevó siempre a cuestas en todos los
peligros.
Seréis mi propiedad personal.
Dt 10, 14-16: Cierto: del Señor son los
cielos, hasta el último cielo; la tierra y todo cuanto la habita; con todo,
solo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os
escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy. Circuncidad vuestro
corazón, no endurezcáis vuestra cerviz.
1 P 2, 9: Pero vosotros sois raza escogida,
sacerdocio real, nación santa y pueblo adquirido para que se proclame las
proezas del que os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz.
Ap 5, 10: Hiciste de ellos el reino de nuestro
Dios y sus sacerdotes, y reinarán en la tierra.
Notas
exegéticas.
19 Esta larga sección contiene sobre
todo materiales de tradición o redacción sacerdotal. Hay que poner aparte el
Código de la Alianza, 20 22-23 19, con su apéndice parenético 23 20-33. El
resto parece pertenecer a las tradiciones yahvistas y elohísta, pero con muchas
adicciones de las redacciones recientes: la distinción de los diferentes
elementos es difícil. En su composición final, la alianza mosaica sella la
elección del pueblo y las promesas ya hechas en 6, 6-8, así como la alianza con
Abrahán, recordada en 6, 5, confirmó las primeras promesas, Gn 17. Pero la
alianza con Abrahán se había concluido con un solo individuo (si bien alcanzaba
a su descendencia) y no contenía más que una sola prescripción, la
circuncisión. La alianza del Sinaí compromete a todo el pueblo, que recibe una
Ley: el Decálogo y el Código de la Alianza. Con sus desarrollos posteriores,
esta Ley se convertirá en la Carta Magna del Judaísmo y Si 24, 9-27 la
identificará con la Sabiduría. Pero, al mismo tiempo, es un testimonio contra el
pueblo, pues su transgresión hace vanas las promesas y atrae la maldición de
Dios. Seguirá siendo una instrucción y una exigencia, preparando al hombre a la
venida de Cristo, que sellará la Nueva Alianza. San Pablo explicará contra los
judaizantes, el papel transitorio de la Ley, Ga 3, Rm 7.
19 2 Es difícil la localización del
Sinaí. Desde el siglo IV de nuestra era la tradición cristiana lo sitúa al sur
de la península que de él toma nombre, el Yábel-Musa (2.245 m). Pero una
opinión hoy difundida se apoya en los elementos de carácter volcánico de la
descripción de la teofanía 19, 16 y en el itinerario de Nm 33 para situar el
Sinaí en Arabia, donde aún había volcanes activos en la época histórica. Estos
argumentos no son decisivos y otros textos suponen una localización más próxima
a Egipto y al sur de Palestina. En consecuencia, otra teoría sitúa al Sinaí
cerca de Cadés, apoyándose en los textos que señalan una relación entre Seir,
Edom y el monte Farán con la manifestación divina. Pero ningún pasaje relaciona
a Cadés en el desierto del Sinaí y algunos textos claramente sitúan a este
lejos de Cadés. La localización entre el sur de la península sigue siendo lo
más probable. A pesar de la importancia duradera de los acontecimientos y de la
legislación vinculada al Sinaí parece que los israelitas olvidaron pronto su
localización precisa. El episodio de Elías 1 R 19 es una excepción. Para san
Pablo el Sinaí representa la Antigua Alianza.
19 3 La Alianza hará de Israel
propiedad personal y sagrada de Yahvé, Jr 2, 3, un pueblo consagrado, Dt 7, 6;
o santo (la palabra hebrea significa dos cosas), como es santo su Dios y
también un pueblo de sacerdotes, porque lo sagrado dice relación inmediata al
culto. La promesa tendrá plena realización en el Israel espiritual, la Iglesia,
en la cual los fieles serán llamados santos y unidos a Cristo Sacerdote,
orecerán a Dios un sacrificio de alabanza. Los vv 3-6 tienen estilo y
fraseología deuteronómicos.
16 6 La expresión ha sido
interpretada de dos formas distintas: seréis una nación sometida a sacerdotes
(no a reyes) lo cual tiene lugar tras el destierro; seréis una nación cuyos
miembros serán sacerdotes. Esta segunda interpretación se apoya en 24, 5, donde
esta promesa se cumple cuando jóvenes (y no sacerdotes) ofrecen holocaustos.
Salmo
responsorial
Sal 99, 1-3.5 (R./3c).
R/. Nosotros
somos su pueblo
y
ovejas de su rebaño.
Aclama
al Señor, tierra entera,
servid
al Señor con alegría,
entrad
en su presencia con vítores. R/.
Sabed
que el Señor es Dios:
que
él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño. R/.
El
Señor es bueno,
su
misericordia es eterna,
su
fidelidad por todas las edades. R/.
Textos
paralelos.
Sabed que Yahvé es Dios.
Sal 95, 7: Que él
es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño de su aprisco. ¡Ojalá le hagáis
caso!
Él
nos ha hecho y suyos somos.
Dt 32, 39: Pero
ahora mirad: yo soy yo, y no hay otro fuera de mí; yo doy la muerte y a vida,
yo desgarro y yo curo, y no hay quien libre de mi mano.
Is 43, 10: Vosotros
sois mis testigos – oráculo del Señor – y mis siervos, a quienes escogí, para
que supieras y me creyerais, para que comprendierais quien soy yo. Antes de mí
no habían fabricado ningún dios y después de mí ninguno habrá.
Is 43, 13: Yo soy
Dios, desde siempre lo soy. No hay quien libre de mi mano; lo que yo hago,
¿quién lo deshará?
Is 64, 7: Voy a
recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo
por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, lo que hizo
con su compasión y su gran misericordia.
Bueno
es Yahvé y eterno su amor.
Jr 33, 11: Todavía
se escuchará la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la
novia, la voz de los que cantan al entrar con acción de gracias en el templo:
“Dad gracias al Señor de los ejércitos, porque es bueno, porque es eterna su
misericordia. Porque cambiaré la suerte de esta tierra, haciéndola como antes,
dice el Señor.
Sal 106, 1: Dad
gracias al Señor por que es bueno, porque es eterna su misericordia.
Sal 107, 1: Dad
gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Sal 118, 1: Dad
gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Sal 136, 1: Dad
gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericodia.
Notas
exegéticas.
100 Este himno doxológico concluye
la serie de salmos del reinado de Yahvé (Sal 93s). Se recitaba tal vez al
entrar en el santuario para orecer los sacrificios de comunión.
100 3 Así según muchos manuscritos
hebreo, arameo, aquila y Jerónimo. En cambio otros manuscritos hebreo, griego,
simaco y siríaco: “él nos ha hecho, y no nosotros”.
100 5 Estribillo antiguo, Jr 33 11,
repetido con frecuencia en los salmos en forma de antífona y de preludio y
citado en 2 Cr 7, 3; Esd 3, 11; Jn 13, 21; Vulgata: 1 M 4, 24. Ver Mi 7, 20.
Segunda
lectura.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 6-11.
Hermanos:
Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado,
Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un
justo, por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien:
Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo
murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su
sangre, seremos por él salvados del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos
reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando
ya reconciliados, seremos salvados por su vida! Y no solo eso, sino que también
nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido
ahora la reconciliación.
Palabra de Dios.
Textos
paralelos.
Cuando todavía estábamos
sin fuerzas.
Rm 8, 14-16: Cuantos se dejan
llevar del Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y no habéis recibido un espíritu
de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos que nos permite
clamar Abba, Padre.
Ga 4, 4-6: Uno es el cuerpo,
uno el Espíritu, como es una la esperanza a que habéis sido llamados, uno es el
Señor, una la e, uno el bautismo, uno Dios, Padre de todos, que está sobre
todos, entre todos, en todos.
Cristo murió por los
impíos.
Rm 3, 26: Y demuestra su
justicia en el presente siendo justos y haciendo justos a los que creen en
Jesús.
1 P 3, 18: Porque Cristo murió
una vez por vuestros pecados, el justo por los injustos para conduciros a Dios:
sufrió muerte en el cuerpo, resucitó por el Espíritu.
Murió por nosotros.
Rm 8, 32: El que no reservó a
su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros ¿cómo nos lo va a
regalar todo lo demás con él?
Jn 15, 13: Nadie tiene amor más
grande que el que da la vida por los amigos.
1 Jn 4, 10-19: En esto consiste
el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y
envió a su Hijo para expiar nuestros pecados. Queridos, si Dios nos ha amado
tanto, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nunca lo ha visto
nadie; si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios
está en nosotros consumado. Reconocemos que está en nosotros y nosotros con él
porque nos ha hecho participar de su Espíritu. Nosotros lo hemos contemplado y
atestiguamos que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo. Si uno
confiesa que Jesús es Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Nosotros
hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tuvo. Dios es amor. quien
conserva el amor permanece con Dios y Dios con Él. El amor llegará en nosotros
a su perfección si nosotros en el mundo lo que él fue y esperamos confiados el
día del juicio. En el amor no cabe el temor, antes bien, el amor desaloja el
temor. Pues el temor se refiere al castigo, y quien teme no ha alcanzado su
amor perfecto. Nosotros amamos porque él nos amó antes.
Si cuando éramos
enemigos.
1 Ts 1, 10: Esperando la venida
desde el cielo de su Hijo, al que resucitó de la muerte: Jesús, que nos libra
de la conducta futura.
2 Co 5, 18-21: Y todo es obra
de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encomendó el
ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios estaba por medio de Cristo,
reconciliando el mundo consigo, no apuntándole los delitos, y nos confió el
mensaje de la reconciliación. Somos embajadores de Cristo y es como si Dios
hablase por nosotros. Por Cristo os suplicamos: Dejaos reconciliar con Dios. Al
que no supo de pecado, por nosotros lo trató como a pecador, para que nosotros,
por su medio, fuéramos inocentes ante Dios.
Notas
exegéticas:
5 10 Justificados ya desde ahora y
reconciliados con Dios gracias a la sangre (e.d. a la muerte de Cristo), los
creyentes aguardan llenos de esperanza la salvación escatológica, ruto último
de la resurrección de Cristo. Pablo nunca separa la muerte de Cristo de su
resurrección. La perspectiva de los vv. 9-11 es la misma que la de Rm 5, 2 y 8,
11.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio según
san Mateo 9, 36-10,8.
En aquel tiempo, al ver Jesús a
las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y
abandonadas, “como ovejas que no tienen pastor”. Entonces dijo a sus
discípulos:
-La mies es abundante, pero los
trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores
a su mies.
Llamó a sus doce discípulos y
les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y
toda dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón,
llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo y Juan, su
hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo,
y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce
los envió Jesús con estas instrucciones:
-No vayáis a tierra de paganos
ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de
Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos,
resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido,
dad gratis.
Textos
paralelos.
Rogad, pues, al Dueño de
la mies que envíe obreros a su mies.
Lc 10, 2: Les decía: La mies es
abundante, los braceros pocos; rogad al amo de la mies que envíe braceros a su
mies.
Jn 4, 35-38: ¿No decís vosotros
que faltan cuatro meses para la siega? Pues yo os digo: Levantad la vista y
observad los campos clareando ya para la cosecha. El segador ya está recibiendo
su jornal y cosechando fruto para la vida eterna; así lo celebran el sembrador
y el segador. De ese modo se cumple el refrán: uno siembra y otro siega. Yo os
he enviado a cosechar donde no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y
vosotros habéis entrado a aprovecharos de sus fatigas.
Jesús llamó a sus doce
discípulos.
Mc 3, 14-15: Nombró a doce para
que convivieran con él y para enviarlos a predicar con poder para expulsar
demonios.
Mc 6, 7: Llamó a los doce y los
fue enviando de dos en dos, confiriéndoles poder sobre los espíritus inmundos.
Lc 9, 1: Convocó a los doce y
les confirió poder y autoridad sobre todos los demonios para curar
enfermedades.
Mt 8, 29: De pronto se pusieron
a gritar: ¡Hijo de Dios! ¿qué tienes con nosotros? ¿Has venido antes de tiempo
para atormentarnos?
Los nombres de los doce
Apóstoles.
Mc 3, 16-19: A Simón lo llamó
Pedro, a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, a los cuales llamó Boanarges
(que significa Atronadores), Andrés y Felipe, Bartolomé y Mateo, Tomás,
Santiago de Alfeo y Tadeo, Simón el Zelota y judas Iscariote, el que lo
entregó.
Lc 6, 12-16: Por aquel tiempo
salió a una montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de
día, llamó a los discípulos, escogió entre ellos a doce y los llamó apóstoles:
Simón, a quien llamó Pedro, Andrés, su hermano, Santiago y Juan, Felipe y
Bartolomé, Mateo y Tomás, Jacobo de Aleo y Simón el Zelota, Judas de Jacobo y
Judas Iscariote, el traidor.
Hch 1, 13: Cuando llegaron,
subieron al piso superior donde se alojaban: Pedro y Juan, Santiago y Andrés,
Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo, Simón el Zelota y Judas
de Santiago.
Les dio las siguientes
instrucciones.
Mt 28, 19: Por tanto, id a
hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos consagrándolos al Padre y
al hijo y al Espíritu Santo.
No teméis la rutas de los
paganos.
Lc 9, 52-53: Y despachó delante
unos mensajeros. Ellos fueron y entraron en una aldea de samaritanos para
preparársela. Pero estos no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Jn 4, 9: Le responde la
samaritana: Tú, que eres judío, ¿cómo pides de beber a una mujer samaritana?
(Los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jn 4, 40: Los samaritanos
acudieron a él y le rogaban que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días.
Dirigíos a las ovejas
perdidas se Israel.
Jn 10, 6: El ladrón no viene
más que ha robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, una gran
vitalidad.
Mt 15, 24: Él contestó: ¡He
sido enviado solamente a las ovejas descarriadas de la Casa de Israel!
El Reino de los cielos
está cerca.
Hch 13, 46: Entonces Pablo y
Bernabé hablaron con toda franqueza: A vosotros los primeros tenía que
anunciarse la palabra de Dios. Pero puesto que la rechazáis y no os juzgáis
dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos.
Mt 3, 2: Arrepentíos, que está
cerca el reinado de Dios.
Mt 4, 17: Desde entonces
comenzó Jesús a proclamar: Arrepentíos, que está cerca el reinado de Dios.
Curad enfermos.
Lc 10, 9: Curad a los enfermos
que haya y decidles: Ha llegado a vosotros el reinado de Dios.
Gratis lo recibisteis,
dadlo gratis.
2 R 5, 16: Eliseo contestó:
¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada.
Is 55, 1: ¡Atención,
sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero; venid, comprad
trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde.
Hch 8, 20: Pedro le replicó:
¡Así perezcas tú con tu dinero!, si crees que el don de Dios está en venta.
Lc 9, 3: Les dijo: No toméis
nada para el camino, ni bastón, ni pan ni dinero, ni dos túnicas.
Lc 10, 4: No llevéis bolsa ni
alforja ni sandalias. Por el camino no saludéis a nadie.
Porque el obrero merece
su sustento.
Lc 10, 7: Quedaos en esa casa,
comiendo y bebiendo lo que haya; pues el obrero tiene derecho a su jornal. No
paséis de casa en casa.
Mc 6, 10-11: Les decía: Cuando
entréis en una casa, quedaos allí hasta que os marchéis. Si un lugar no os
recibe ni os escucha, salid de allí y sacudíos el polvo de los pies para que
les conste.
Lc 9, 4-5: En la casa en que
entréis permaneced hasta que os marchéis. Si no os reciben, al salir de la
ciudad sacudíos el polvo de los pies como prueba contra ellos.
En la ciudad o pueblo en
que entréis.
Lc 10, 5-12: Cuando entréis en
una casa, decid primero: Paz a a esta casa. Si hay allí gente de paz,
descansará sobre ella vuestra paz. De lo contrario, tornará a vosotros. Quedaos
en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; pues el obrero tiene derecho a su
jornal. No paséis de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed
de lo que os sirvan. Curad a los enfermos que haya y decidles: Ha llegado a
vosotros el reinado de Dios. Si entráis en una ciudad y no os reciben, salid a
las calles y decid: Aun el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies
lo sacudimos y os lo devolvemos. Con todo, sabed que ha llegado el reinado de
Dios. Os digo que aquel día la suerte de Sodoma será más llevadera que la de
aquella ciudad.
Notas
exegéticas Biblia de Jerusalén.
9 36 Imagen bíblica: Nm 27, 17; 1 R
22, 17; Jdt 11, 19; Ez 34, 5; 2 Cro 18, 16. Mt evoca el comportamiento de Jesús
considerado como enviado a las ovejas perdidas de Israel. Idéntica evocación se
encuentra en Mc 6, 34 a propósito del episodio de la multiplicación de los
panes. Aquí da sentido a la misión de los discípulos: la misericordia del buen
Pastor. Jesús cumple la espera del AT (Ez 34, 23; Za 13, 7).
9 37 Imagen habitual del juicio final.
La mies es actualizada en el tiempo mismo de Jesús. El juicio tiene lugar
mediante el ministerio de Jesús y de sus discípulos, pues el Reino de Dios ya
ha llegado.
10 1 Mt supone conocida la elección
de los Doce, que Mc y Lc, mencionan explícitamente, distinguiéndola de la
misión.
10 2 El catálogo de los doce
apóstoles nos ha llegado en cuatro formas, según Mt , Mc, Lc y Hch. Se divide
en tres grupos de cuatro nombres, el primero de los cuales es el mismo en las
cuatro formas: Pedro, Felipe y Santiago de Alfeo. Pero el orden puede cambiar
dentro de cada grupo. En el primer grupo, el de los discípulos más próximos a
Jesús, Mt y Lc ponen juntos a los hermanos Pedro y Andrés, Santiago y Juan;
pero en Mc y Hch, Andrés es trasladado al cuarto lugar para ceder el puesto a
los hijos de Zebedeo, que se han convertido, con Pedro, en los tres íntimos del
Señor. Más tarde todavía en Hch, Santiago el de Zebedeo será puesto detrás de
su hermano menor Juan, que se ha hecho más importante. En el segundo grupo, que
parece haber tenido afinidades especiales con los no judíos, Mateo pasa al
último lugar en las listas de Mt y de Hch; y solo en Mt se le llama “el
publicano”. En cuanto al tercer grupo, el más judaizante, el Tadeo (var.:
Lebbeo) de Mt y Mc, si es el mismo que Judas (hijo de Santiago) de Lc y Hch,
desciende en estos últimos del segundo al tercer puesto. Simón el Celota de Lc
y Hch no es sino la traducción griega del arameo Simón Qan’ana de Mt y Mc. Judas Iscariote, el traidor, figura
siempre en el último lugar, “Iscariote” es interpretado a menudo como “hombre
de Queriot”, pero podría venir también del arameo seqarya “el
mentiroso”; el hipócrita.
10 5 (a) Con esta raíz verbal (apostello)
está relacionado el término apóstol-enviado, el encargado de una misión. La
sinagoga judía conocía enviados oficiales para quienes valía el principio: el
enviado es igual que quien lo envía. En Mt 15, 24, pero sobre todo en Jn ,
Jesús se presenta como el enviado del Padre.
10 5 (b) Población fruto del mestizaje
tras la caída de Samaría /721 a. C.). Tenían su propio templo en el monte
Garizín. Eran despreciados por los judíos que no ocultaban su encono (Si 50,
26). Según el texto, Jesús se aliena con esta separación profunda entre ambos
pueblos. Sin embargo, en otros sitios parece ponerla en cuestión (Lc 10, 30-37;
Jn 4, 4-48) y, resucitado, la suprimió (ver Hch 1, 8).
10 6 Hebraísmo bíblico: el pueblo de
Israel. Los judíos, como herederos de la elección y de las promesas ser los
primeros en recibir el ofrecimiento de la salvación mesiánica; pero ver Hch 8,
5.
Notas
exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica
9 36 SINTIÓ COMPASIÓN: Jesús, el Buen
Pastor (Jn 10, 11), se conmueve ante su rebaño abandonado y esquilmado, más que
simple sensibilidad, es la reacción de la misericordia divina, que, cuando
invade un corazón humano, es “esa tristeza virtuosa que se introduce en nuestro
corazón, impulsándonos a desear librar a nuestro prójimo del mal que le aflige”
(san Francisco de Sales). // LLEVANDO UNA VIDA ARRASTRADA: lit. tirados por
tierra, en sentido literal, o metafórico (caídos, desanimados). // COMO
OVEJAS QUE NO TIENEN PASTOR. y eso que “pastores había cuanto a la dignidad;
mas, porque entendían en que apacentarse a ´si mismos buscando sus intereses y
regalos, sin tener cuidado de curar las ovejas enfermas, atar las
perniquebradas, esforzar las locas, mantener y engordar las sanas, dice que no
había pastor; porque para el pueblo todo es uno; no haberlo y ser descuidado”
(san Juan de Ávila).
10 37 DIJO: el griego usa el presente
histórico: dice.
11 1 DESPUÉS DE CONVOCAR: es difícil
traducir el matiz de la voz media griega (proskalesámenos): “convocó para
él”, o hacía él. // DE MODO QUE… Y CURAR…: o para que los expulsararan y curaran;
o, como gerundio explicativo: expulsándolos y curando… Jesús concede a
los Doce poder para hacer las obras que Él hace (las narradas en los capítulos
8-9): curaciones físicas y espirituales, que son otras tantas victorias sobre
el Adversario.
2-4: LOS DOCE. Única vez que Mt habla
de los doce apóstoles (apóstol: enviado, legado, embajador) reiriéndos
ea aquienes acaba de llamar “sus doce discípulos”; el cuidado en evitar este
término puede signiicar que, para Mt, los apóstoles fueron un grupo
literalmente irrepetible, singular (los doce patriarcas de la nueva Alianza).
Mt prefiere términos como discípulos (hacer discípulos: congregar
oyentes de la doctrina de Jesús y cumplidores de su voluntad), hermanos,
pequeños. // TADEO: algunos manuscritos dicen Lebeo (¿sobrenombre
de Tadeo?).
5 HACIA GENTILES: lit. a camino
de gentiles (hebraísmo: en dirección de los pueblos no israelitas. //
CIUDAD DE SAMARITANOS: quizá: la provincia de Samaría. Se trata de
normas para una misión en zona geográfica determinada dentro de Palestina.
8 DAD DE BALDE: a los mismos
rabinos se les prohibía cobrar honorarios por explicar la Ley.
Notas
exegéticas desde la Biblia Didajé:
9, 38 Debemos orar fervientemente por
las vocaciones sacerdotales y religiosas, así como por todas las personas que
se consagran a trabajar por el evangelio.
10, 2 Se otorga ahora el título de
apóstoles (los que son enviados) a los Doce, que anteriormente habían sido
llamados discípulos (seguidores). De hecho, esta es la única vez que se
encuentra el nombre apóstol en Mateo. A Pedro se le dio un puesto más
relevante en la lista de los Doce. Más tarde, Cristo nombraría a Pedro como
principio perpetuo y fundamento de la unidad de obispos y sacerdotes, así como
de los fieles, él actuaría como vicario de Cristo para guiar a la Iglesia en la
tierra como su cabeza. El número de apóstoles corresponde a los doce patriarcas
de las doce tribus de Israel, lo que indica que la Iglesia que Cristo fundó es
el nuevo Israel. Cat. 551, 880.
10, 8 Se encomendó a los discípulos la
misión de dar sin pretender recibir. Cristo instó a sus seguidores a llevar una
vida de desprendimiento de los bienes materiales y confianza absoluta en Dios,
quien proveería a sus necesidades. Además de ser generoso con las posesiones
materiales, es de vital importancia mitigar la pobreza espiritual que se
acrecienta con la ausencia de Cristo (cat. 2, 543, 2121-21-22, 2443). El poder
de sanar a los enfermos procede del mismo Cristo. Se lleva a cabo mediante los
sacramentos, la pastoral sanitaria y la oración intercesora (cat. 1506, 1509).
Catecismo
de la Iglesia Católica.
551 Desde el comienzo de su vida pública, Jesús eligió unos hombres en número
de doce para estar con Él y participar de su misión; les hizo partícipes de su
autoridad y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Ellos permanecen
para siempre asociados al reino de Cristo porque por medio de ellos dirige su
Iglesia.
880 Cristo, al instituir a los Doce, formó una especie de colegio o grupo
estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él. Así como,
por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único
Colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano
Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los apóstoles.
2 Para
que esta llamada resonara en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que
había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio. […] Fortalecidos
con esta misión, los Apóstoles salieron a predicar por todas partes,
colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.
543 Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en
primer lugar a los hijos de Israel, este reino mesiánico está destinado a
acoger a los hombres de todas las naciones. Para entrar en él, es necesario
acoger la palabra de Jesús.
2121 La simonía se define como la compra o venta de cosas espirituales.
Concilio Vaticano II
El Señor Jesús, después de orar al Padre, llamó hacia sí a los que Él
quiso y designó a doce para que vivieran con él y para enviarlos a anunciar el
Reino de Dios.
San Agustín
¿Por qué al principio escogió el Señor unos pocos que no eran nobles, ni
sabios ni elegantes, teniendo ante sus ojos tal muchedumbre (que en comparación
de los pobres era reducida, pero abundante en su género, de ricos, nobles,
doctos y sabios), a los que reunió más tarde? El Apóstol expone este misterio:
“Dios eligió a lo débil del mundo para confundir a lo fuerte; lo necio de este
mundo lo eligió Dios para confundir a los sabios; lo innoble de este mundo y
las cosas que no son, es decir, que no son consideradas, para anular a las que
son (1 Co 1, 27-28=. Porque había venido a enseñar la humildad y a combatir la
soberbia Dios había venido en humildad: de ningún modo iba a buscar primero a
los altos, habiendo venido él tan humilde. Primero porque eligió nacer de
aquella mujer que estaba casada con un obrero. No eligió una estirpe dominante
para que la nobleza no se enorgulleciera en la tierra. ni siquiera eligió nacer
en una ciudad poderosa; antes bien, nació en Belén de Judea, que ni siquiera
lleva nombre de ciudad. Los actuales nativos del lugar la llaman villa; es tan
pequeña y reducida que casi no sería nada de no haber sido ennoblecida por el
nacimiento allí del Salvador. Eligió, pues, a los débiles, pobres, indoctos, no
es que abandonara a los fuertes, sabios y nobles; pero si los hubiera elegido
en primer término, habría dado la impresión de que los había preferido por sus
riquezas, hacienda, abolengo; engreídos por esa razón no habrían recibido la
salvación de la humildad, sin la cual nadie puede volver a aquella vida de la
que no hubiéramos caído a no ser por la soberbia.
Sermón 4
A. II, pg. 1035-1036
Los Santos Padres.
Cristo, para enseñarnos que Él hacía sus beneficios
por sola bondad suya, no esperó a que los hombres acudiera a Él, sino que Él
mismo se apresuraba a ir a ellos, llevándoles a la vez dos bienes máximos: uno,
el evangelio del reino de los cielos; otro, la curación de todas sus
enfermedades. No desdeñó una ciudad, no pasó por alto una aldea; a todo lugar
acudía el Señor.
S. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 32, 2. Ia, pg.
261.
Exhorta a suplicar al dueño de la mies que envíe
muchos trabajadores a su mies, o sea, para recoger el don del Espíritu Santo
que se había preparado. Estos dones nos son concedidos por Dios mediante la
oración y la súplica.
Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 2, 2. Ia, pg. 261.
La mies abundante es toda la multitud de creyentes;
los pocos obreros, los apóstoles y sus seguidores enviados a la mies.
Jerónimo. Comentario al Ev. de Mateo, 37. Ia, pg. 261.
A pesar de que oyen que se les habla de peligros,
de guerras y de males insoportables, como heraldos que son del reino de los
cielos, aceptan lo que se les manda con absoluta obediencia.
Juan Crisóstomo. Homilías sobre el Ev. de Mateo, 32, 4. Ia, pg. 266.
Fácil es apartar nuestro corazón de su amor ahora,
cuando vemos todo destruido; mucho más fácil que en aquel tiempo en que ellos
eran enviados a predicar el invisible reino de los cielos, cuando veían
prosperar los reinados de la tierra.
Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 4, 2. Ia, pg. 267.
San Juan de Ávila
Si el Señor no bajara del monte a la llanura, scilicet
ab altitudine sua maiestatis ad nostram humanitatem c[arne sanan]dam [A
saber: bajo desde la altura de su majestad para sanar nuestra humanidad], ¿qué
fuera de nosotros? En nuestras enfermedades nos quedáramos. Si el Señor no se
quitara la vestidura de su grandeza, disimulándola, y se ciñera con la toballa
de nuestra humanidad, por lavar se quedaran los hombres, llenos de miserias y
suciedades. Si el gran Asuero no se aficionara de Ester, toda su generación
perecería en un solo día. Si Josef no bajara en Egipto, de hambre murieran sus
hermanos. Si el Señor no bajara en la zarza y al fuego, en poder del Faraón se
quedaran los israelitas. […] Mas bajando el Señor del monte, atrévense a llegar
los cojos y los ciegos y todos los enfermos y todos cobran salud. Mas, ¿qué
fuera si no bajara? Y si de no bajar su Majestad nos viniera tanto mal, ¿qué
será o qué diremos de los que, habiendo bajado a dar salud al enfermo, y vista al
ciego, y pies al cojo, y vida al muerto, siendo ellos tales ciegos, cojos,
enfermos y muertos, ni llegan al Señor ni cobran salud, etcetera?
Sermón de los Santos Fabián y Sebastián. III, pg. 997.
Papa León XIV. Audiencia general. 3
de junio de 2026. Los
documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosanctum
Concilium. 3. El rito, el signo, el símbolo.
Queridos
hermanos y hermanas:
Continuando
con las catequesis sobre la Constitución
conciliar Sacrosanctum Concilium (SC), queremos
pararnos a reflexionar sobre algunos elementos que constituyen la sagrada
liturgia, como el rito, el signo y el símbolo.
El Concilio
Vaticano II, beneficiándose del valioso trabajo del Movimiento litúrgico,
nos ha ayudado a redescubrir una verdad muy viva en la conciencia de la Iglesia
antigua y en la enseñanza de los Padres. Los ritos de la liturgia cristiana
no son un revestimiento exterior del ministerio sacramental, un conjunto de
ceremonias arbitrarias, sino que son la mediación eclesial a través de la
que nos llega el don divino. Precisamente por eso el Concilio invita
a comprender el Mysterium fidei que se realiza en la liturgia
a través de los ritos y de las oraciones (cf. SC,
48).
El
rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida,
generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de
saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos
quedamos al margen o como espectadores mudos (cf. ibid.)
respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo,
mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor. A través del sagrado
rito nos formamos en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias
y en la adoración, en el hecho de compartir de forma fraterna y en la comunión
eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por
la misma fe.
El rito
nos implica en una secuencia de gestos y de oraciones bien definida, que a
veces puede contrastar con nuestra tendencia individual a la espontaneidad. Su
lógica no consiste en encorsetar la libertad en esquemas. Al contrario, con
la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito interrumpe actividades frenéticas,
reconduciéndonos a lo esencial. Descubrimos así otra dimensión de la
acción, que no se rige por los cálculos productivos y otra experiencia del
tiempo y del espacio. En el rito experimentamos una lógica de gratuidad,
encontramos un descanso que regenera el corazón, reconocemos que nos precede la
gracia divina, aprendemos a vivir a un ritmo habitado por el Espíritu Santo.
La
gramática del rito está entretejida con los signos y los símbolos propios de la liturgia. En ella, como afirma
el Concilio,
«los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la
santificación del hombre» (SC,
7). El Catecismo
de la Iglesia Católica profundiza el valor de estos signos,
recordando que «su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en
la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se
revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo» (n. 1145). Es emblemático
el signo del agua: de los orígenes de la creación al diluvio, del paso del Mar
Rojo al Jordán, hasta el agua que brota del costado de Cristo y se convierte en
signo sacramental de la inmersión de su muerte y resurrección.
“Signo”
y “símbolo” son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad,
un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino
a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se
nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don
recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En
segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico,
siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y
darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada
Sacramento. Sobre todo, los símbolos tienen una dimensión singular
performativa y transformadora, tanto hacia los elementos materiales que los
componen, como hacia aquellos que entran en contacto con ellos, generando
pertenencia, tocando el corazón y la mente, suscitando auténticas relaciones
eclesiales.
En
la Carta
Apostólica Desiderio desideravi, el Papa Francisco,
haciendo suya una afirmación de Romano Guardini, identificaba «la primera tarea
del trabajo de la formación litúrgica: el hombre ha de volver a ser capaz de
símbolos» (n. 44). Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la
liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras
celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La
experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna
catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos
esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación,
solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo
(cf. 1Ts 5,23).
Papa Francisco. Angelus. 18 de
junio de 2023.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Deseo expresar mi gratitud a cuantos, en los días de mi ingreso en el
Policlínico Gemelli, me han manifestado afecto, preocupación y amistad, y me
han asegurado el apoyo de la oración. Esta cercanía humana y espiritual ha sido
para mí de gran ayuda y consuelo. ¡Gracias a todos, gracias a vosotros, gracias
de corazón!
Hoy, en el Evangelio, Jesús llama por nombre – llama por nombre - y
envía a los doce Apóstoles. Al enviarles, les pide que anuncien una sola cosa:
«Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 10,7).
Es el mismo anuncio con el que Jesús inició su predicación: el reino de
Dios, es decir su señorío de amor, se ha hecho cercano, viene en medio de
nosotros. Y esta no es una noticia entre las otras, sino la realidad
fundamental de la vida: la cercanía de Dios, la cercanía de Jesús.
De hecho, si el Dios de los cielos está cerca, nosotros no estamos solos
en la tierra y en las dificultades tampoco perdemos la fe. Esto es lo
primero que hay que decir a la gente: Dios no es distante, sino que es Padre. Dios
no es distante, es Padre, te conoce y te ama; quiere tomarte de la mano,
también cuando vas por senderos empinados y difíciles, también cuando caes y te
cuesta levantarte y retomar el camino; Él, el Señor, está ahí, contigo. Es
más, a menudo en los momentos en los que eres más débil puedes sentir más
fuerte su presencia. ¡Él conoce el camino, Él está contigo, Él es tu Padre!
¡Él es mi Padre! ¡Él es nuestro Padre!
Nos quedamos en esta imagen, porque anunciar a Dios cercano es invitar a
imaginarse como un niño, que camina de la mano del padre: todo le parece
diferente. El mundo, grande y misterioso, se vuelve familiar y seguro, porque
el niño sabe que está protegido. No tiene miedo y aprende a abrirse: encuentra
otras personas, encuentra nuevos amigos, aprende con alegría cosas que no sabía
y después vuelve a casa y cuenta a todos lo que ha visto, mientras crece en él
el deseo de hacerse mayor y hacer las cosas que ha visto hacer al padre. Es por
esto que Jesús parte de aquí, porque la cercanía de Dios es el primer
anuncio: estando cerca de Dios vencemos el miedo, nos abrimos al amor, crecemos
en el bien y sentimos la necesidad y la alegría de anunciar.
Si queremos ser buenos apóstoles, debemos ser como los niños: sentarnos “en
las rodillas de Dios” y desde ahí mirar el mundo con confianza y amor, para testimoniar que Dios es Padre,
que Él solo transforma nuestros corazones y nos da esa alegría y esa paz que
nosotros mismos no podemos alcanzar.
Anunciar que Dios está cerca. ¿Pero cómo hacerlo? En el Evangelio Jesús aconseja no
decir muchas palabras, sino realizar muchos gestos de amor y de esperanza en el
nombre del Señor; no decir muchas palabras, sino realizar gestos: «Curad
enfermos – dice - resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios.
Gratis lo recibisteis: dadlo gratis» (Mt 10,8). Este es el corazón
del anuncio: el testimonio gratuito, el servicio. Os digo una cosa: a mí
me dejan siempre perplejos los “parlanchines”, con su mucho hablar y no hacer
nada.
Llegados a este punto, hagámonos algunas preguntas: nosotros, que creemos
en el Dios cercano, ¿confiamos en Él? ¿Sabemos mirar adelante con confianza,
como un niño que sabe que es llevado en brazos del padre? ¿Sabemos sentarnos en
las rodillas del Padre con la oración, con la escucha de la Palabra,
acercándonos a los Sacramentos? Y, finalmente, cerca de Él, ¿sabemos
infundir valentía a los otros, hacernos cercanos a quien sufre y está solo, a
quién está lejos y también a quien nos es hostil? Esta es la concreción de
la fe, esto es lo que cuenta.
Y ahora rezamos a María, que nos ayude a sentirnos amados y a transmitirnos
cercanía y confianza.
DOMINGO
12 T. O.
Monición
de entrada.-
Este domingo Jesús nos anima a no tener
miedo.
Porque cada domingo estamos con Él.
Y aquí nos anima para después hablar de Él
Y portarnos como le gusta.
Señor, ten piedad.-
Tú, que has sido puesto a prueba como nosotros. Señor,
ten piedad.
Tú, que has dado la vida por nosotros. Cristo, ten piedad.
Tú, que eres nuestro abogado ante el Padre. Señor, ten
piedad.
Peticiones.-
Jesús, te
pido por el Papa León y el obispo Enrique. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido los cristianos que sufren por hablar
de ti. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por los cristianos que tienen miedo
de decir que son cristianos. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por los que hacen daño a los
cristianos. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por las personas que están enfermas o
son maltratadas, especialmente los niños. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por nosotros que hemos venido a misa.
Te lo pedimos, Señor.
Acción de gracias.-

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