domingo, 14 de junio de 2026

311. Domingo 11 T. Ordinario. 14 de junio de 2026.

 


Primera lectura.

Lectura del libro del Éxodo 19, 2-6a. 

En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a las montañas. Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:

-Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto lo que ha hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.

Palabra de Dios.

 

Textos paralelos.

Anuncia esto a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto lo que he hecho.

Dt 4, 34: ¿Intentó algún dios acudir a sacarse un pueblo de en medio de otro con pruebas, signos y prodigios, en son de guerra, con mano fuerte y brazo extendido, con terribles portentos, como hizo el Señor vuestro Dios, con vosotros contra los egipcios?

Dt 29, 2: Aquellas grandes pruebas que vieron vuestros ojos, aquellos grandes signos y prodigios.

Como os he llevado sobre alas de águila.

Dt 32, 11: El Señor solo los condujo, no hubo dioses extraños en él.

Is 46, 4: Hasta vuestra vejez yo seré el mismo, hasta las canas yo os sostendré: yo lo he hecho, yo os seguiré llevando, yo os sostendré y os libraré.

Is 63, 9: Él fue su salvador en el peligro: no fue un mensajero ni un enviado, él en persona los salvó, por su amor y su clemencia los rescató, y los liberó y los llevó siempre a cuestas en todos los peligros.

Seréis mi propiedad personal.

Dt 10, 14-16: Cierto: del Señor son los cielos, hasta el último cielo; la tierra y todo cuanto la habita; con todo, solo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy. Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz.

1 P 2, 9: Pero vosotros sois raza escogida, sacerdocio real, nación santa y pueblo adquirido para que se proclame las proezas del que os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz.

Ap 5, 10: Hiciste de ellos el reino de nuestro Dios y sus sacerdotes, y reinarán en la tierra.

 

Notas exegéticas.

19 Esta larga sección contiene sobre todo materiales de tradición o redacción sacerdotal. Hay que poner aparte el Código de la Alianza, 20 22-23 19, con su apéndice parenético 23 20-33. El resto parece pertenecer a las tradiciones yahvistas y elohísta, pero con muchas adicciones de las redacciones recientes: la distinción de los diferentes elementos es difícil. En su composición final, la alianza mosaica sella la elección del pueblo y las promesas ya hechas en 6, 6-8, así como la alianza con Abrahán, recordada en 6, 5, confirmó las primeras promesas, Gn 17. Pero la alianza con Abrahán se había concluido con un solo individuo (si bien alcanzaba a su descendencia) y no contenía más que una sola prescripción, la circuncisión. La alianza del Sinaí compromete a todo el pueblo, que recibe una Ley: el Decálogo y el Código de la Alianza. Con sus desarrollos posteriores, esta Ley se convertirá en la Carta Magna del Judaísmo y Si 24, 9-27 la identificará con la Sabiduría. Pero, al mismo tiempo, es un testimonio contra el pueblo, pues su transgresión hace vanas las promesas y atrae la maldición de Dios. Seguirá siendo una instrucción y una exigencia, preparando al hombre a la venida de Cristo, que sellará la Nueva Alianza. San Pablo explicará contra los judaizantes, el papel transitorio de la Ley, Ga 3, Rm 7.

19 2 Es difícil la localización del Sinaí. Desde el siglo IV de nuestra era la tradición cristiana lo sitúa al sur de la península que de él toma nombre, el Yábel-Musa (2.245 m). Pero una opinión hoy difundida se apoya en los elementos de carácter volcánico de la descripción de la teofanía 19, 16 y en el itinerario de Nm 33 para situar el Sinaí en Arabia, donde aún había volcanes activos en la época histórica. Estos argumentos no son decisivos y otros textos suponen una localización más próxima a Egipto y al sur de Palestina. En consecuencia, otra teoría sitúa al Sinaí cerca de Cadés, apoyándose en los textos que señalan una relación entre Seir, Edom y el monte Farán con la manifestación divina. Pero ningún pasaje relaciona a Cadés en el desierto del Sinaí y algunos textos claramente sitúan a este lejos de Cadés. La localización entre el sur de la península sigue siendo lo más probable. A pesar de la importancia duradera de los acontecimientos y de la legislación vinculada al Sinaí parece que los israelitas olvidaron pronto su localización precisa. El episodio de Elías 1 R 19 es una excepción. Para san Pablo el Sinaí representa la Antigua Alianza.

19 3 La Alianza hará de Israel propiedad personal y sagrada de Yahvé, Jr 2, 3, un pueblo consagrado, Dt 7, 6; o santo (la palabra hebrea significa dos cosas), como es santo su Dios y también un pueblo de sacerdotes, porque lo sagrado dice relación inmediata al culto. La promesa tendrá plena realización en el Israel espiritual, la Iglesia, en la cual los fieles serán llamados santos y unidos a Cristo Sacerdote, orecerán a Dios un sacrificio de alabanza. Los vv 3-6 tienen estilo y fraseología deuteronómicos.

16 6 La expresión ha sido interpretada de dos formas distintas: seréis una nación sometida a sacerdotes (no a reyes) lo cual tiene lugar tras el destierro; seréis una nación cuyos miembros serán sacerdotes. Esta segunda interpretación se apoya en 24, 5, donde esta promesa se cumple cuando jóvenes (y no sacerdotes) ofrecen holocaustos.

 

Salmo responsorial

Sal 99, 1-3.5 (R./3c).


R/. Nosotros somos su pueblo

y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

 

El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades.  R/.

 

Textos paralelos.

 Sabed que Yahvé es Dios.

Sal 95, 7: Que él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño de su aprisco. ¡Ojalá le hagáis caso!

Él nos ha hecho y suyos somos.

Dt 32, 39: Pero ahora mirad: yo soy yo, y no hay otro fuera de mí; yo doy la muerte y a vida, yo desgarro y yo curo, y no hay quien libre de mi mano.

Is 43, 10: Vosotros sois mis testigos – oráculo del Señor – y mis siervos, a quienes escogí, para que supieras y me creyerais, para que comprendierais quien soy yo. Antes de mí no habían fabricado ningún dios y después de mí ninguno habrá.

Is 43, 13: Yo soy Dios, desde siempre lo soy. No hay quien libre de mi mano; lo que yo hago, ¿quién lo deshará?

Is 64, 7: Voy a recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, lo que hizo con su compasión y su gran misericordia.

Bueno es Yahvé y eterno su amor.

Jr 33, 11: Todavía se escuchará la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la novia, la voz de los que cantan al entrar con acción de gracias en el templo: “Dad gracias al Señor de los ejércitos, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Porque cambiaré la suerte de esta tierra, haciéndola como antes, dice el Señor.

Sal 106, 1: Dad gracias al Señor por que es bueno, porque es eterna su misericordia.

Sal 107, 1: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Sal 118, 1: Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Sal 136, 1: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericodia.

 

Notas exegéticas.

100 Este himno doxológico concluye la serie de salmos del reinado de Yahvé (Sal 93s). Se recitaba tal vez al entrar en el santuario para orecer los sacrificios de comunión.

100 3 Así según muchos manuscritos hebreo, arameo, aquila y Jerónimo. En cambio otros manuscritos hebreo, griego, simaco y siríaco: “él nos ha hecho, y no nosotros”.

100 5 Estribillo antiguo, Jr 33 11, repetido con frecuencia en los salmos en forma de antífona y de preludio y citado en 2 Cr 7, 3; Esd 3, 11; Jn 13, 21; Vulgata: 1 M 4, 24. Ver Mi 7, 20.

 

Segunda lectura.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 6-11.

Hermanos:

Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo, por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida! Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios.

 

Textos paralelos.

Cuando todavía estábamos sin fuerzas.

Rm 8, 14-16: Cuantos se dejan llevar del Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y no habéis recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos que nos permite clamar Abba, Padre.

Ga 4, 4-6: Uno es el cuerpo, uno el Espíritu, como es una la esperanza a que habéis sido llamados, uno es el Señor, una la e, uno el bautismo, uno Dios, Padre de todos, que está sobre todos, entre todos, en todos.

Cristo murió por los impíos.

Rm 3, 26: Y demuestra su justicia en el presente siendo justos y haciendo justos a los que creen en Jesús.

1 P 3, 18: Porque Cristo murió una vez por vuestros pecados, el justo por los injustos para conduciros a Dios: sufrió muerte en el cuerpo, resucitó por el Espíritu.

Murió por nosotros.

Rm 8, 32: El que no reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros ¿cómo nos lo va a regalar todo lo demás con él?

Jn 15, 13: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos.

1 Jn 4, 10-19: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para expiar nuestros pecados. Queridos, si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nunca lo ha visto nadie; si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios está en nosotros consumado. Reconocemos que está en nosotros y nosotros con él porque nos ha hecho participar de su Espíritu. Nosotros lo hemos contemplado y atestiguamos que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo. Si uno confiesa que Jesús es Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tuvo. Dios es amor. quien conserva el amor permanece con Dios y Dios con Él. El amor llegará en nosotros a su perfección si nosotros en el mundo lo que él fue y esperamos confiados el día del juicio. En el amor no cabe el temor, antes bien, el amor desaloja el temor. Pues el temor se refiere al castigo, y quien teme no ha alcanzado su amor perfecto. Nosotros amamos porque él nos amó antes.

Si cuando éramos enemigos.

1 Ts 1, 10: Esperando la venida desde el cielo de su Hijo, al que resucitó de la muerte: Jesús, que nos libra de la conducta futura.

2 Co 5, 18-21: Y todo es obra de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encomendó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios estaba por medio de Cristo, reconciliando el mundo consigo, no apuntándole los delitos, y nos confió el mensaje de la reconciliación. Somos embajadores de Cristo y es como si Dios hablase por nosotros. Por Cristo os suplicamos: Dejaos reconciliar con Dios. Al que no supo de pecado, por nosotros lo trató como a pecador, para que nosotros, por su medio, fuéramos inocentes ante Dios.

 

Notas exegéticas:

5 10 Justificados ya desde ahora y reconciliados con Dios gracias a la sangre (e.d. a la muerte de Cristo), los creyentes aguardan llenos de esperanza la salvación escatológica, ruto último de la resurrección de Cristo. Pablo nunca separa la muerte de Cristo de su resurrección. La perspectiva de los vv. 9-11 es la misma que la de Rm 5, 2 y 8, 11.

 

Evangelio.

X Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 36-10,8.

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, “como ovejas que no tienen pastor”. Entonces dijo a sus discípulos:

-La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:

-No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

 

Textos paralelos.

Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

Lc 10, 2: Les decía: La mies es abundante, los braceros pocos; rogad al amo de la mies que envíe braceros a su mies.

Jn 4, 35-38: ¿No decís vosotros que faltan cuatro meses para la siega? Pues yo os digo: Levantad la vista y observad los campos clareando ya para la cosecha. El segador ya está recibiendo su jornal y cosechando fruto para la vida eterna; así lo celebran el sembrador y el segador. De ese modo se cumple el refrán: uno siembra y otro siega. Yo os he enviado a cosechar donde no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros habéis entrado a aprovecharos de sus fatigas.

Jesús llamó a sus doce discípulos.

Mc 3, 14-15: Nombró a doce para que convivieran con él y para enviarlos a predicar con poder para expulsar demonios.

Mc 6, 7: Llamó a los doce y los fue enviando de dos en dos, confiriéndoles poder sobre los espíritus inmundos.

Lc 9, 1: Convocó a los doce y les confirió poder y autoridad sobre todos los demonios para curar enfermedades.

Mt 8, 29: De pronto se pusieron a gritar: ¡Hijo de Dios! ¿qué tienes con nosotros? ¿Has venido antes de tiempo para atormentarnos?

Los nombres de los doce Apóstoles.

Mc 3, 16-19: A Simón lo llamó Pedro, a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, a los cuales llamó Boanarges (que significa Atronadores), Andrés y Felipe, Bartolomé y Mateo, Tomás, Santiago de Alfeo y Tadeo, Simón el Zelota y judas Iscariote, el que lo entregó.

Lc 6, 12-16: Por aquel tiempo salió a una montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a los discípulos, escogió entre ellos a doce y los llamó apóstoles: Simón, a quien llamó Pedro, Andrés, su hermano, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo y Tomás, Jacobo de Aleo y Simón el Zelota, Judas de Jacobo y Judas Iscariote, el traidor.

Hch 1, 13: Cuando llegaron, subieron al piso superior donde se alojaban: Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo, Simón el Zelota y Judas de Santiago.

Les dio las siguientes instrucciones.

Mt 28, 19: Por tanto, id a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos consagrándolos al Padre y al hijo y al Espíritu Santo.

No teméis la rutas de los paganos.

Lc 9, 52-53: Y despachó delante unos mensajeros. Ellos fueron y entraron en una aldea de samaritanos para preparársela. Pero estos no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.

Jn 4, 9: Le responde la samaritana: Tú, que eres judío, ¿cómo pides de beber a una mujer samaritana? (Los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jn 4, 40: Los samaritanos acudieron a él y le rogaban que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días.

Dirigíos a las ovejas perdidas se Israel.

Jn 10, 6: El ladrón no viene más que ha robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, una gran vitalidad.

Mt 15, 24: Él contestó: ¡He sido enviado solamente a las ovejas descarriadas de la Casa de Israel!

El Reino de los cielos está cerca.

Hch 13, 46: Entonces Pablo y Bernabé hablaron con toda franqueza: A vosotros los primeros tenía que anunciarse la palabra de Dios. Pero puesto que la rechazáis y no os juzgáis dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos.

Mt 3, 2: Arrepentíos, que está cerca el reinado de Dios.

Mt 4, 17: Desde entonces comenzó Jesús a proclamar: Arrepentíos, que está cerca el reinado de Dios.

Curad enfermos.

Lc 10, 9: Curad a los enfermos que haya y decidles: Ha llegado a vosotros el reinado de Dios.

Gratis lo recibisteis, dadlo gratis.

2 R 5, 16: Eliseo contestó: ¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada.

Is 55, 1: ¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero; venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde.

Hch 8, 20: Pedro le replicó: ¡Así perezcas tú con tu dinero!, si crees que el don de Dios está en venta.

Lc 9, 3: Les dijo: No toméis nada para el camino, ni bastón, ni pan ni dinero, ni dos túnicas.

Lc 10, 4: No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saludéis a nadie.

Porque el obrero merece su sustento.

Lc 10, 7: Quedaos en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; pues el obrero tiene derecho a su jornal. No paséis de casa en casa.

Mc 6, 10-11: Les decía: Cuando entréis en una casa, quedaos allí hasta que os marchéis. Si un lugar no os recibe ni os escucha, salid de allí y sacudíos el polvo de los pies para que les conste.

Lc 9, 4-5: En la casa en que entréis permaneced hasta que os marchéis. Si no os reciben, al salir de la ciudad sacudíos el polvo de los pies como prueba contra ellos.

En la ciudad o pueblo en que entréis.

Lc 10, 5-12: Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a a esta casa. Si hay allí gente de paz, descansará sobre ella vuestra paz. De lo contrario, tornará a vosotros. Quedaos en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; pues el obrero tiene derecho a su jornal. No paséis de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed de lo que os sirvan. Curad a los enfermos que haya y decidles: Ha llegado a vosotros el reinado de Dios. Si entráis en una ciudad y no os reciben, salid a las calles y decid: Aun el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos y os lo devolvemos. Con todo, sabed que ha llegado el reinado de Dios. Os digo que aquel día la suerte de Sodoma será más llevadera que la de aquella ciudad.

 

Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

9 36 Imagen bíblica: Nm 27, 17; 1 R 22, 17; Jdt 11, 19; Ez 34, 5; 2 Cro 18, 16. Mt evoca el comportamiento de Jesús considerado como enviado a las ovejas perdidas de Israel. Idéntica evocación se encuentra en Mc 6, 34 a propósito del episodio de la multiplicación de los panes. Aquí da sentido a la misión de los discípulos: la misericordia del buen Pastor. Jesús cumple la espera del AT (Ez 34, 23; Za 13, 7).

9 37 Imagen habitual del juicio final. La mies es actualizada en el tiempo mismo de Jesús. El juicio tiene lugar mediante el ministerio de Jesús y de sus discípulos, pues el Reino de Dios ya ha llegado.

10 1 Mt supone conocida la elección de los Doce, que Mc y Lc, mencionan explícitamente, distinguiéndola de la misión.

10 2 El catálogo de los doce apóstoles nos ha llegado en cuatro formas, según Mt , Mc, Lc y Hch. Se divide en tres grupos de cuatro nombres, el primero de los cuales es el mismo en las cuatro formas: Pedro, Felipe y Santiago de Alfeo. Pero el orden puede cambiar dentro de cada grupo. En el primer grupo, el de los discípulos más próximos a Jesús, Mt y Lc ponen juntos a los hermanos Pedro y Andrés, Santiago y Juan; pero en Mc y Hch, Andrés es trasladado al cuarto lugar para ceder el puesto a los hijos de Zebedeo, que se han convertido, con Pedro, en los tres íntimos del Señor. Más tarde todavía en Hch, Santiago el de Zebedeo será puesto detrás de su hermano menor Juan, que se ha hecho más importante. En el segundo grupo, que parece haber tenido afinidades especiales con los no judíos, Mateo pasa al último lugar en las listas de Mt y de Hch; y solo en Mt se le llama “el publicano”. En cuanto al tercer grupo, el más judaizante, el Tadeo (var.: Lebbeo) de Mt y Mc, si es el mismo que Judas (hijo de Santiago) de Lc y Hch, desciende en estos últimos del segundo al tercer puesto. Simón el Celota de Lc y Hch no es sino la traducción griega del arameo Simón Qan’ana  de Mt y Mc. Judas Iscariote, el traidor, figura siempre en el último lugar, “Iscariote” es interpretado a menudo como “hombre de Queriot”, pero podría venir también del arameo seqarya “el mentiroso”; el hipócrita.

10 5 (a) Con esta raíz verbal (apostello) está relacionado el término apóstol-enviado, el encargado de una misión. La sinagoga judía conocía enviados oficiales para quienes valía el principio: el enviado es igual que quien lo envía. En Mt 15, 24, pero sobre todo en Jn , Jesús se presenta como el enviado del Padre.

10 5 (b) Población fruto del mestizaje tras la caída de Samaría /721 a. C.). Tenían su propio templo en el monte Garizín. Eran despreciados por los judíos que no ocultaban su encono (Si 50, 26). Según el texto, Jesús se aliena con esta separación profunda entre ambos pueblos. Sin embargo, en otros sitios parece ponerla en cuestión (Lc 10, 30-37; Jn 4, 4-48) y, resucitado, la suprimió (ver Hch 1, 8).

10 6 Hebraísmo bíblico: el pueblo de Israel. Los judíos, como herederos de la elección y de las promesas ser los primeros en recibir el ofrecimiento de la salvación mesiánica; pero ver Hch 8, 5.

 

Notas exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica

9 36 SINTIÓ COMPASIÓN: Jesús, el Buen Pastor (Jn 10, 11), se conmueve ante su rebaño abandonado y esquilmado, más que simple sensibilidad, es la reacción de la misericordia divina, que, cuando invade un corazón humano, es “esa tristeza virtuosa que se introduce en nuestro corazón, impulsándonos a desear librar a nuestro prójimo del mal que le aflige” (san Francisco de Sales). // LLEVANDO UNA VIDA ARRASTRADA: lit. tirados por tierra, en sentido literal, o metafórico (caídos, desanimados). // COMO OVEJAS QUE NO TIENEN PASTOR. y eso que “pastores había cuanto a la dignidad; mas, porque entendían en que apacentarse a ´si mismos buscando sus intereses y regalos, sin tener cuidado de curar las ovejas enfermas, atar las perniquebradas, esforzar las locas, mantener y engordar las sanas, dice que no había pastor; porque para el pueblo todo es uno; no haberlo y ser descuidado” (san Juan de Ávila).

10 37 DIJO: el griego usa el presente histórico: dice.

11 1 DESPUÉS DE CONVOCAR: es difícil traducir el matiz de la voz media griega (proskalesámenos): “convocó para él”, o hacía él. // DE MODO QUE… Y CURAR…: o  para que los expulsararan y curaran; o, como gerundio explicativo: expulsándolos y curando… Jesús concede a los Doce poder para hacer las obras que Él hace (las narradas en los capítulos 8-9): curaciones físicas y espirituales, que son otras tantas victorias sobre el Adversario.

2-4: LOS DOCE. Única vez que Mt habla de los doce apóstoles (apóstol: enviado, legado, embajador) reiriéndos ea aquienes acaba de llamar “sus doce discípulos”; el cuidado en evitar este término puede signiicar que, para Mt, los apóstoles fueron un grupo literalmente irrepetible, singular (los doce patriarcas de la nueva Alianza). Mt prefiere términos como discípulos (hacer discípulos: congregar oyentes de la doctrina de Jesús y cumplidores de su voluntad), hermanos, pequeños. // TADEO: algunos manuscritos dicen Lebeo (¿sobrenombre de Tadeo?).

5 HACIA GENTILES: lit. a camino de gentiles (hebraísmo: en dirección de los pueblos no israelitas. // CIUDAD DE SAMARITANOS: quizá: la provincia de Samaría. Se trata de normas para una misión en zona geográfica determinada dentro de Palestina.

8 DAD DE BALDE: a los mismos rabinos se les prohibía cobrar honorarios por explicar la Ley.

 

Notas exegéticas desde la Biblia Didajé:

9, 38 Debemos orar fervientemente por las vocaciones sacerdotales y religiosas, así como por todas las personas que se consagran a trabajar por el evangelio.

10, 2 Se otorga ahora el título de apóstoles (los que son enviados) a los Doce, que anteriormente habían sido llamados discípulos (seguidores). De hecho, esta es la única vez que se encuentra el nombre apóstol en Mateo. A Pedro se le dio un puesto más relevante en la lista de los Doce. Más tarde, Cristo nombraría a Pedro como principio perpetuo y fundamento de la unidad de obispos y sacerdotes, así como de los fieles, él actuaría como vicario de Cristo para guiar a la Iglesia en la tierra como su cabeza. El número de apóstoles corresponde a los doce patriarcas de las doce tribus de Israel, lo que indica que la Iglesia que Cristo fundó es el nuevo Israel. Cat. 551, 880.

10, 8 Se encomendó a los discípulos la misión de dar sin pretender recibir. Cristo instó a sus seguidores a llevar una vida de desprendimiento de los bienes materiales y confianza absoluta en Dios, quien proveería a sus necesidades. Además de ser generoso con las posesiones materiales, es de vital importancia mitigar la pobreza espiritual que se acrecienta con la ausencia de Cristo (cat. 2, 543, 2121-21-22, 2443). El poder de sanar a los enfermos procede del mismo Cristo. Se lleva a cabo mediante los sacramentos, la pastoral sanitaria y la oración intercesora (cat. 1506, 1509).

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

551 Desde el comienzo de su vida pública, Jesús eligió unos hombres en número de doce para estar con Él y participar de su misión; les hizo partícipes de su autoridad y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Ellos permanecen para siempre asociados al reino de Cristo porque por medio de ellos dirige su Iglesia.

880 Cristo, al instituir a los Doce, formó una especie de colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él. Así como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único Colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los apóstoles.

2 Para que esta llamada resonara en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio. […] Fortalecidos con esta misión, los Apóstoles salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

543 Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel, este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones. Para entrar en él, es necesario acoger la palabra de Jesús.

2121 La simonía se define como la compra o venta de cosas espirituales.

 

Concilio Vaticano II

El Señor Jesús, después de orar al Padre, llamó hacia sí a los que Él quiso y designó a doce para que vivieran con él y para enviarlos a anunciar el Reino de Dios.

 

San Agustín

¿Por qué al principio escogió el Señor unos pocos que no eran nobles, ni sabios ni elegantes, teniendo ante sus ojos tal muchedumbre (que en comparación de los pobres era reducida, pero abundante en su género, de ricos, nobles, doctos y sabios), a los que reunió más tarde? El Apóstol expone este misterio: “Dios eligió a lo débil del mundo para confundir a lo fuerte; lo necio de este mundo lo eligió Dios para confundir a los sabios; lo innoble de este mundo y las cosas que no son, es decir, que no son consideradas, para anular a las que son (1 Co 1, 27-28=. Porque había venido a enseñar la humildad y a combatir la soberbia Dios había venido en humildad: de ningún modo iba a buscar primero a los altos, habiendo venido él tan humilde. Primero porque eligió nacer de aquella mujer que estaba casada con un obrero. No eligió una estirpe dominante para que la nobleza no se enorgulleciera en la tierra. ni siquiera eligió nacer en una ciudad poderosa; antes bien, nació en Belén de Judea, que ni siquiera lleva nombre de ciudad. Los actuales nativos del lugar la llaman villa; es tan pequeña y reducida que casi no sería nada de no haber sido ennoblecida por el nacimiento allí del Salvador. Eligió, pues, a los débiles, pobres, indoctos, no es que abandonara a los fuertes, sabios y nobles; pero si los hubiera elegido en primer término, habría dado la impresión de que los había preferido por sus riquezas, hacienda, abolengo; engreídos por esa razón no habrían recibido la salvación de la humildad, sin la cual nadie puede volver a aquella vida de la que no hubiéramos caído a no ser por la soberbia.

Sermón 4 A. II, pg. 1035-1036

 

Los Santos Padres.

Cristo, para enseñarnos que Él hacía sus beneficios por sola bondad suya, no esperó a que los hombres acudiera a Él, sino que Él mismo se apresuraba a ir a ellos, llevándoles a la vez dos bienes máximos: uno, el evangelio del reino de los cielos; otro, la curación de todas sus enfermedades. No desdeñó una ciudad, no pasó por alto una aldea; a todo lugar acudía el Señor.

S. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 32, 2. Ia, pg. 261.

Exhorta a suplicar al dueño de la mies que envíe muchos trabajadores a su mies, o sea, para recoger el don del Espíritu Santo que se había preparado. Estos dones nos son concedidos por Dios mediante la oración y la súplica.

Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 2, 2. Ia, pg. 261.

La mies abundante es toda la multitud de creyentes; los pocos obreros, los apóstoles y sus seguidores enviados a la mies.

Jerónimo. Comentario al Ev. de Mateo, 37. Ia, pg. 261.

A pesar de que oyen que se les habla de peligros, de guerras y de males insoportables, como heraldos que son del reino de los cielos, aceptan lo que se les manda con absoluta obediencia.

Juan Crisóstomo. Homilías sobre el Ev. de Mateo, 32, 4. Ia, pg. 266.

Fácil es apartar nuestro corazón de su amor ahora, cuando vemos todo destruido; mucho más fácil que en aquel tiempo en que ellos eran enviados a predicar el invisible reino de los cielos, cuando veían prosperar los reinados de la tierra.

Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 4, 2. Ia, pg. 267.

 

San Juan de Ávila

Si el Señor no bajara del monte a la llanura, scilicet ab altitudine sua maiestatis ad nostram humanitatem c[arne sanan]dam [A saber: bajo desde la altura de su majestad para sanar nuestra humanidad], ¿qué fuera de nosotros? En nuestras enfermedades nos quedáramos. Si el Señor no se quitara la vestidura de su grandeza, disimulándola, y se ciñera con la toballa de nuestra humanidad, por lavar se quedaran los hombres, llenos de miserias y suciedades. Si el gran Asuero no se aficionara de Ester, toda su generación perecería en un solo día. Si Josef no bajara en Egipto, de hambre murieran sus hermanos. Si el Señor no bajara en la zarza y al fuego, en poder del Faraón se quedaran los israelitas. […] Mas bajando el Señor del monte, atrévense a llegar los cojos y los ciegos y todos los enfermos y todos cobran salud. Mas, ¿qué fuera si no bajara? Y si de no bajar su Majestad nos viniera tanto mal, ¿qué será o qué diremos de los que, habiendo bajado a dar salud al enfermo, y vista al ciego, y pies al cojo, y vida al muerto, siendo ellos tales ciegos, cojos, enfermos y muertos, ni llegan al Señor ni cobran salud, etcetera?

Sermón de los Santos Fabián y Sebastián. III, pg. 997.

 

Papa León XIV. Audiencia general. 3 de junio de 2026. Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosanctum Concilium. 3. El rito, el signo, el símbolo.

Queridos hermanos y hermanas:

Continuando con las catequesis sobre la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium (SC), queremos pararnos a reflexionar sobre algunos elementos que constituyen la sagrada liturgia, como el rito, el signo y el símbolo.

El Concilio Vaticano II, beneficiándose del valioso trabajo del Movimiento litúrgico, nos ha ayudado a redescubrir una verdad muy viva en la conciencia de la Iglesia antigua y en la enseñanza de los Padres. Los ritos de la liturgia cristiana no son un revestimiento exterior del ministerio sacramental, un conjunto de ceremonias arbitrarias, sino que son la mediación eclesial a través de la que nos llega el don divino. Precisamente por eso el Concilio invita a comprender el Mysterium fidei que se realiza en la liturgia a través de los ritos y de las oraciones (cf. SC, 48).

El rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida, generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos (cf. ibid.) respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor. A través del sagrado rito nos formamos en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias y en la adoración, en el hecho de compartir de forma fraterna y en la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por la misma fe.

El rito nos implica en una secuencia de gestos y de oraciones bien definida, que a veces puede contrastar con nuestra tendencia individual a la espontaneidad. Su lógica no consiste en encorsetar la libertad en esquemas. Al contrario, con la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito interrumpe actividades frenéticas, reconduciéndonos a lo esencial. Descubrimos así otra dimensión de la acción, que no se rige por los cálculos productivos y otra experiencia del tiempo y del espacio. En el rito experimentamos una lógica de gratuidad, encontramos un descanso que regenera el corazón, reconocemos que nos precede la gracia divina, aprendemos a vivir a un ritmo habitado por el Espíritu Santo.

La gramática del rito está entretejida con los signos y los símbolos propios de la liturgia. En ella, como afirma el Concilio, «los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre» (SC, 7). El Catecismo de la Iglesia Católica profundiza el valor de estos signos, recordando que «su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo» (n. 1145). Es emblemático el signo del agua: de los orígenes de la creación al diluvio, del paso del Mar Rojo al Jordán, hasta el agua que brota del costado de Cristo y se convierte en signo sacramental de la inmersión de su muerte y resurrección.

“Signo” y “símbolo” son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada Sacramento. Sobre todo, los símbolos tienen una dimensión singular performativa y transformadora, tanto hacia los elementos materiales que los componen, como hacia aquellos que entran en contacto con ellos, generando pertenencia, tocando el corazón y la mente, suscitando auténticas relaciones eclesiales.

En la Carta Apostólica Desiderio desideravi, el Papa Francisco, haciendo suya una afirmación de Romano Guardini, identificaba «la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica: el hombre ha de volver a ser capaz de símbolos» (n. 44). Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo (cf. 1Ts 5,23).

 

Papa Francisco. Angelus. 18 de junio de 2023.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Deseo expresar mi gratitud a cuantos, en los días de mi ingreso en el Policlínico Gemelli, me han manifestado afecto, preocupación y amistad, y me han asegurado el apoyo de la oración. Esta cercanía humana y espiritual ha sido para mí de gran ayuda y consuelo. ¡Gracias a todos, gracias a vosotros, gracias de corazón!

Hoy, en el Evangelio, Jesús llama por nombre – llama por nombre -  y envía a los doce Apóstoles. Al enviarles, les pide que anuncien una sola cosa: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 10,7). Es el mismo anuncio con el que Jesús inició su predicación: el reino de Dios, es decir su señorío de amor, se ha hecho cercano, viene en medio de nosotros. Y esta no es una noticia entre las otras, sino la realidad fundamental de la vida: la cercanía de Dios, la cercanía de Jesús.

De hecho, si el Dios de los cielos está cerca, nosotros no estamos solos en la tierra y en las dificultades tampoco perdemos la fe. Esto es lo primero que hay que decir a la gente: Dios no es distante, sino que es Padre. Dios no es distante, es Padre, te conoce y te ama; quiere tomarte de la mano, también cuando vas por senderos empinados y difíciles, también cuando caes y te cuesta levantarte y retomar el camino; Él, el Señor, está ahí, contigo. Es más, a menudo en los momentos en los que eres más débil puedes sentir más fuerte su presencia. ¡Él conoce el camino, Él está contigo, Él es tu Padre! ¡Él es mi Padre! ¡Él es nuestro Padre!

Nos quedamos en esta imagen, porque anunciar a Dios cercano es invitar a imaginarse como un niño, que camina de la mano del padre: todo le parece diferente. El mundo, grande y misterioso, se vuelve familiar y seguro, porque el niño sabe que está protegido. No tiene miedo y aprende a abrirse: encuentra otras personas, encuentra nuevos amigos, aprende con alegría cosas que no sabía y después vuelve a casa y cuenta a todos lo que ha visto, mientras crece en él el deseo de hacerse mayor y hacer las cosas que ha visto hacer al padre. Es por esto que Jesús parte de aquí, porque la cercanía de Dios es el primer anuncio: estando cerca de Dios vencemos el miedo, nos abrimos al amor, crecemos en el bien y sentimos la necesidad y la alegría de anunciar.

Si queremos ser buenos apóstoles, debemos ser como los niños: sentarnos “en las rodillas de Dios” y desde ahí mirar el mundo con confianza y amor, para testimoniar que Dios es Padre, que Él solo transforma nuestros corazones y nos da esa alegría y esa paz que nosotros mismos no podemos alcanzar.

Anunciar que Dios está cerca. ¿Pero cómo hacerlo? En el Evangelio Jesús aconseja no decir muchas palabras, sino realizar muchos gestos de amor y de esperanza en el nombre del Señor; no decir muchas palabras, sino realizar gestos: «Curad enfermos – dice - resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis: dadlo gratis» (Mt 10,8). Este es el corazón del anuncio: el testimonio gratuito, el servicio. Os digo una cosa: a mí  me dejan siempre perplejos los “parlanchines”, con su mucho hablar y no hacer nada.

Llegados a este punto, hagámonos algunas preguntas: nosotros, que creemos en el Dios cercano, ¿confiamos en Él? ¿Sabemos mirar adelante con confianza, como un niño que sabe que es llevado en brazos del padre? ¿Sabemos sentarnos en las rodillas del Padre con la oración, con la escucha de la Palabra, acercándonos a los Sacramentos? Y, finalmente, cerca de Él, ¿sabemos infundir valentía a los otros, hacernos cercanos a quien sufre y está solo, a quién está lejos y también a quien nos es hostil? Esta es la concreción de la fe, esto es lo que cuenta.

Y ahora rezamos a María, que nos ayude a sentirnos amados y a transmitirnos cercanía y confianza.

 

DOMINGO 12 T. O.

Monición de entrada.-

Este domingo Jesús nos anima a no tener miedo.

Porque cada domingo estamos con Él.

Y aquí nos anima para después hablar de Él

Y portarnos como le gusta.

 

 Señor, ten piedad.-

Tú, que has sido puesto a prueba como nosotros. Señor, ten piedad.

Tú, que has dado la vida por nosotros.  Cristo, ten piedad.

Tú, que eres nuestro abogado ante el Padre. Señor, ten piedad.

 

 Peticiones.-

Jesús,  te pido por el Papa León y el obispo Enrique. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido los cristianos que sufren por hablar de ti. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por los cristianos que tienen miedo de decir que son cristianos. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por los que hacen daño a los cristianos. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por las personas que están enfermas o son maltratadas, especialmente los niños. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por nosotros que hemos venido a misa. Te lo pedimos, Señor.

 

Acción de gracias.-

María, queremos darte las gracias porque cuando tenemos miedo y te rezamos nos ayudas.

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