Primera lectura.
Lectura del libro de
Isaías 25, 6-10a.
Preparará el Señor del
universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares
suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.
Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo
extendido sobre todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. Dios, el
Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el
oprobio de su pueblo – lo ha dicho el Señor –. Aquel día se dirá:
-Aquí está nuestro Dios.
Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperábamos.
Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano
del Señor.
Textos paralelos.
Preparará Yahvé Sebaot para todos los pueblos.
Mt 8, 11: Os digo que
muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob
en el reino de Dios.
Un convite de
manjares enjundiosos.
Jn 6, 51: Yo soy el pan
vivo que baja del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo
doy para la vida del mundo es mi carne.
Jn 6, 54: Quien come mi
carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Acabará para siempre
con la Muerte.
Os 13, 14: ¿Los libraré
del poder del Abismo / los rescataré de la Muerte?
Enjugará el Señor
Yahvé.
Ap 21, 4: Les enjugará
las lágrimas de los ojos. Ya no habrá muerte ni pena ni llanto ni dolor. Todo
lo antiguo ha pasado.
1 Cor 15, 26: El último
enemigo en ser destruido es la muerte.
Ap 7 17: Pues le han
declarado: Tú eres sacerdote perpetuo en la línea de Melquisedec.
En toda la superficie
del país.
Is 35, 10: Y volverán a
Sión con cánticos: / en cabeza, alegría perpetua, / siguiéndolos, gozo y
alegría; / pena y aflicción se alejarán.
Notas exegéticas.
25 6 Volviendo sobre los conceptos universalistas ya difundidos entre
los profetas anteriores Is 2, 2-3, Za 8, 20, etc., y ampliándolos, el autor
describe la afluencia de los pueblos a Jerusalén como a un inmenso banquete. A
partir de este texto la idea de un banquete mesiánico se hizo corriente en el
Judaísmo y vuelve a encontrarse en el NT: Mt 22, 2-10.
25 7 Este velo que oculta los rostros, ver 1 R 19 13, puede impedir la
visión y la comprensión o con más frecuencia es señal de duelo. El término apocalipsis
significa precisamente desvelamiento y es empleado a propósito de las
naciones en el Cántico de Simeón (Lc 2, 32).
Comentario.
-Este texto pertenece al
“Apocalipsis de Isaías” (24-27).
-Textos tardíos
postexílicos (s. V o IV a.C.), cuyo estilo y mensaje no tiene nada que ver con
el profeta Isaías (s. VIII a.C.).
Salmo responsorial
Sal 23 (22)
R/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.
Textos paralelos.
Yahvé es mi pastor.
Ez 34, 1: Me dirigió la palabra el Señor: “Hijo de Adán, profetiza
contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles: ¡Pastores! Esto dice el
Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las
ovejas los que tienen que apacentar los pastores?
En verdes pastos me hace reposar.
Jn 10, 9: Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar
y salir y encontrar pastos.
Me conduce a fuentes tranquilas.
Jn 4, 1: Los fariseos se enteraron de que Jesús ganaba más discípulos y
bautizaba más que Juan.
Allí reparo mis fuerzas.
Is 40, 31: Pero los que esperan en el Señor / renuevan sus fuerzas, /
echan alas como las águilas, / corren sin cansarse, / marchan sin fatigarse.
Me guía por cañadas oscuras.
Jr 31, 25: Regaré gargantas sedientas, / colmaré a los muertos de
hambre.
Pr 4, 11: Te instruyo sobre el camino de la sensatez, / te encamino por
la senda recta.
Sal 116, 1: ¡Yo amo! , porque el Señor escucha / mi voz suplicante.
Aunque fuese por valle tenebroso.
Is 50, 10: ¿Quién de vosotros respeta al Señor / y obedece a su siervo?
/ Aunque camine en tinieblas, / sin rayo de luz, / que confíe en el Señor / y
se apoye en su Dios.
Jb 10, 21-22: Antes de partir, para no volver / al país de tinieblas y
sombras, / a la tierra lóbrega y opaca, / de confusión y negrura, / donde la
misma claridad es sombra.
Preparas ante mí una mesa.
Ex 16, 1: Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al
desierto de Sin, entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de
salir de Egipto.
Sal 22, 27: Comerán los desvalidos hasta saciarse / y alabarán al Señor
los que lo buscan: / ¡No perdáis nunca el ánimo!
Bondad y amor me acompañan.
Sal 16, 6: Me ha tocado una parcela apacible, / es espléndida mi
heredad.
Sal 63, 6: Como de enjundia y de manteca / se saciará mi garganta, / y
con labios jubilosos / te alabará mi boca.
Habitaré en la casa de Yahvé.
Sal 27, 4: Una cosa pido al Señor, / es lo que busco: / habitar en la
casa del Señor / todos los días de mi vida; / contemplando la belleza del
Señor, / observando su templo.
Notas exegéticas.
23 La solicitud divina por los justos, descrita bajo la doble imagen
del pastor u del huésped que ofrece el lenguaje mesiánico. Este salmo se aplica
tradicionalmente a la vida sacramental especialmente al Bautismo y a la
Eucaristía.
23 4 “pues tú vienes” adicción probable para armonizar con 1 S 22 23 y
subrayar así la alusión al gesto davídico. El texto primitivo sería: “Cerca de
mí, tu vara, tucayado están ahí”.
25 5 Conforme a la costumbre de la hospitalidad oriental.
23 6 “y habitaré” versiones: “volveré a”, hebreo (simple corrección
vocálica).
Segunda lectura.
Lectura de la carta del
apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14.19-20
Hermanos:
Sé vivir en pobreza y
abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la
abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo
caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones. En pago, mi Dios proveerá
a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo
Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Textos paralelos.
A la saciedad y al hambre.
2 Co 12, 9-10: Y me contestó: te basta mi gracia; la fuerza se realiza
en la debilidad. Así que muy a gusto presumiré de mis debilidades, para que se
aloje en mí el poder de Cristo. Porque estoy contento con las debilidades,
insolencias, necesidades, persecuciones y angustias por Cristo. Pues cuando soy
débil, entonces son fuerte.
Col 1, 29: Para ello trabajo y peleo, con la energía suya que actúa
eficazmente en mí.
Mi Dios proveerá.
2 Co 2, 15: En efecto, somos el aroma de Cristo ofrecido a Dios, para
los que se salvan y para los que se pierden.
Al Dios y Padre nuestro, la gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
Rm 16, 27: A Dios, el único sabio, por medio de Jesucristo, sea dada la
gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Notas exegéticas.
4 12 Lit. “he sido iniciado”.
Término propio de los cultos mistéricos (vb. myéo), cuyo sentido aquí es sencillo: he aprendido una cosa que todos no
saben.
4 13 Var.: “en Cristo”.
4 19 Var. (Vulgata): “provea”.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos
sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
-El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su
hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron
ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidaos:
“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a
punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras,
otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los
mataron. El rey montó en cólera, envío sus tropas, que acabaron con aquellos
asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda
está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de
los caminos y a todos los que encontréis llamadlos a la boda·. Los criados
salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos.
La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a
los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo,
¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo
fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque
muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.
Textos paralelos.
// Lc 14, 16-24:
|
Mateo |
Lucas |
|
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en
parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: -El reino de los cielos se parece a un rey
que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a
los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados
encargándoles que dijeran a los convidaos: “Tengo preparado el banquete, he
matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó
a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los
maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envío sus tropas,
que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está
preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de
los caminos y a todos los que encontréis llamadlos a la boda·. Los criados
salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y
buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a
saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le
dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” El otro no
abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos
y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de
dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. |
Un hombre daba un gran banquete, al que
invitó a muchos. Hacia la hora del banquete despachó a su
criado a avisar a los invitados: Venid que ya está preparado. Uno tras otro
se fueron excusando todos. El primero dijo: He comprado un terreno y
tengo que ir a examinarlo; por favor, acepta mis excusas. El segundo dijo: He
comprado una yunta y voy a probarlos; por favor acepta mis excusas. El
tercero dijo: Me acabo de casar y no puedo ir. El criado volvió a informar al
amo. El amo de casa, irritado, dijo al criado:
Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres,
lisiados, ciegos y cojos. El criado le dijo: Señor, se ha hecho lo que me
ordenabas y todavía sobra sitio. El amo dijo al criado: Sal a los caminos y
veredas y oblígalos a entrar hasta que se llene la casa. Pues os digo que
ninguno de aquellos invitados probará mi banquete. |
Tomó Jesús de nuevo la palabra y les habló en
parábolas.
Mt 8, 11: Os digo que muchos vendrán de oriente y
occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de Dios.
Pr 9, 1-6: La sensatez se ha edificado una casa, /
ha labrado siete columnas, / ha matado las reses, mezclado el vino / y puesto
la mesa, / ha despachado a sus criadas a pregonarlo / en los puntos que dominan
la ciudad. / “El que sea inexperto, venga acá; / al falto de juicio le quiero
hablar. / Venid a comer de mis manjares / y a beber el vino que he mezclado; /
dejad la inexperiencia y viviréis, / seguid derechos el camino de la prudencia.
Semejante a un rey.
Is 25, 6-10: El Señor de los ejércitos / ofrece a
todos los pueblos, / en este monte, / un festín de majares suculentos, / un
festín de vinos de solera, / manjares enjundiosos, / vinos generosos. /
Arrancará en este monte / el velo que cubre a todos los pueblos, / el paño que
tapa a todas las naciones; / y aniquilará la muerte para siempre. / El Señor
enjugará las lágrimas / de todos los rostros / y alejará de la tierra entera /
el oprobio de su pueblo / – lo ha dicho el Señor –.
Envió a sus siervos a llamar a los invitados.
Mt 21, 34: Cuando llegó la vendimia, despachó a sus
criados a recoger de los agricultores el fruto que le correspondía.
Los escarnecieron y los mataron.
Mt 21 35: Ellos agarraron a los siervos: a uno lo
desollaron, a otro lo mataron, al tercero lo apedrearon.
El rey enojado.
2 S 11, 1: Al día siguiente, en la época en que los
reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel a
devastar la región de los amonitas y sitiar Rabá.
2 S 12, 26: Mientras, Joab había atacado a la
capital de los amonitas y se había apoderado de ella.
Dio muerte a aquellos homicidas.
Is 64, 10: Nuestro templo, nuestro orgullo, / donde
te alabaron nuestros padres, / ha sido pasto del fuego, / y lo que más
queríamos / está reducido a escombros.
Ap 17, 16: Los diez cuernos que viste y la fiera
aborrecerán a la prostituta, la dejarán arrasada y desnuda, se comerán su carne
y la quemarán.
Invitad a la boda a los que encontréis.
Ap 19, 7: Hagámosle fiesta alegre dándole gloria,
porque ha llegado la boda del Cordero y su novia está preparada.
Reunieron a todos los que encontraron.
Mt 13, 38: El campo es el mundo; la buena semilla
son los ciudadanos del reino; la cizaña son los súbditos del maligno.
Mt 13, 47: El reinado de Dios se parece a una red
echada al mar, que atrapa peces de toda especie.
Le dijo: Amigo.
Ap 19, 8: La han vestido de lino puro
resplandeciente (el lino son las obras buenas de los santos).
Él se quedó callado.
Sb 4, 19: Se convertirán en cadáver sin hora, /
baldón entre los muertos para siempre; / pues los derribará cabezas abajo, sin
dejarles hablar, / los zarandeará desde los cimientos, y los arrasará hasta lo
último; / vivirán en dolor y su recuerdo perecerá.
Sb 17, 2: Pensaban los malvados que controlaban la
nación santa, / mientras yacían ellos prisioneros de las tinieblas, / en el
calabozo de una larga noche, recluidos bajo sus techos, / prófugos de la entera
providencia.
Sb 8, 12: Si callo, estarán a la expectativa; si
tomo la palabra, prestarán atención; y si me alargo hablando, se llevarán la
mano a la boca.
Notas exegéticas Biblia de
Jerusalén.
22 Parábola
entreverada de rasgos alegóricos, como la precedente, ,y que entraña la misma
lección: el rey es Dios, el banquete de bodas es la felicidad mesiánica, ya que
el hijo del rey es el Mesías; los enviados son los profetas y los apóstoles;
los invitados que hacen caso omiso de ellos o los ultrajan son los judíos; los
que son llamados de los caminos son los pecadores y los gentiles; el incendio
de la ciudad es la ruina de Jerusalén. A partir del v. 11 cambia la escena y se
trata del Juicio final. Parece que Mt ha combinado dos parábolas, una análoga a
la de Lc 14, 16-24, la otra aquella cuya conclusión se encuentra en vv. 11s: el
hombre que responde a la invitación ha de llevar vestido de bodas; las obras de
justicia deben acompañar la fe.
22 10 Estas palabras pueden aludir al hecho de que en el Reino antes del juicio
final se encuentran mezclados malos y buenos, o más probablemente a la gracia
de Dios, que invita al disfrute del Reino a todos los hombres, sobre todo a los
pecadores.
22 14 Esta sentencia parece corresponder a la primera parte de la parábola más
bien que a la segunda. No se trata de los elegidos en general, sino de los
judíos, los primeros invitados. La parábola no dice, pero tampoco excluye, que
algunos “pocos” de entre ellos hayan respondido y hayan sido elegidos.
Notas
exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica.
22 1-2 UN REY: lit. un hombre rey. // DIO UN BANQUETE…: lit. hizo
bodas (así en toda la parábola, con el significado secundario de “banquete
de boda”) para el hijo de él (en honor de su hijo).
4 Esos
OTROS ESCLAVOS tenían el encargo de llamar definitivamente, o por última vez, A
LOS anteriormente CONVIDADOS.
7 SU
EJÉRCITO: lit. sus ejércitos (plural de generalización).
10 TODOS
LOS QUE ENCONTRARON, MALOS Y BUENOS: comenta san Agustín: “Así está ahora la
Iglesia, llena de buenos y malos […]. Esa muchedumbre la oprime a veces y está
a punto de hacerla naufragar. La muchedumbre de los que viven mal turba a los
que viven bien, y los perturba hasta el punto de que el que vive bien piensa,
cuando ve a los otros vivir mal, que está haciendo el tonto; sobre todo porque,
según los valores de este mundo, hay muchos malos felices, hay muchos buenos
infelices”.
11-12 ¿Pertenecieron estos vs. a otra parábola, originariamente separada de la
anterior? // UNO: lit. un hombre. El TRAJE DE BODA no tiene porque
entenderse como vestido especial; simplemente es la ropa limpia, la que
se pone un invitado que quiere hacer honor a su anfitrión. Alegóricamente
simboliza “lasa buenas obras” (Ap 19, 8): no basta ser invitado, es preciso
convertirse y producir los frutos de esta conversión.
12 SIN
TRAJE: lit. no teniendo traje.
13 DESPUÉS
DE ATARLO [DE] PIES Y MANOS, ECHADLO…: lit. habiendo atado de él pies y
manos echad a él…
14 Forma
semitizante de comparativo: son más los invitados que los
realmente participantes en el banquete. Es la enseñanza de la parábola: los
primeros invitados a entrar en el reino de Dios – los judíos – se han quedado
fuera, al no aceptar la invitación. Este sería el sentido directo, si el v. 14
iba después del 10 originariamente; tal como está colocado, su alcance se
extiende a toda la humanidad invitada por Dios a su “fiesta de familia”. Las
formas verbales griegas están en la voz pasiva “teológica”: “Dios invita
a muchos” (e. d., a todos: cf. v. 10 y Mc 10, 45), pero elige a pocos
(a un número menor que el de los invitados).
Notas exegéticas desde la Biblia Didajé.
22, 1-14 La imagen del banquete de bodas evoca la alegría escatológica. Cristo, el
Hijo, es el esposo prometido a su Iglesia. A veces se describe el reino de los
cielos como el banquete de bodas del Cordero (cf. Ap 19, 9). El invitado que no
llevaba un traje adecuado representa probablemente a aquellos que, aun estando
entre los invitados, no se han preparado adecuadamente en vida, con un “sí”
total a la vocación a la santidad y, por lo tanto, no pueden participar en el
banquete de bodas.
Catecismo de la Iglesia Católica.
546 Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas, rasgo típico
de su enseñanza. Por medio de ellas invita al banquete del Reino (cf. Mt 22,
1-14), pero exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es
necesario darlo todo; las palabras no bastan, hacen falta obras. Las parábolas
son como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra como un suelo duro o como
una buena tierra? ¿Qué hace con los talentos recibidos? Jesús y la presencia
del Reino en este mundo están secretamente en el corazón de las parábolas. Es
preciso entrar en el Reino, es decir, hacerse discípulos de Cristo para
“conocer los Misterios del Reino de los cielos” (Mt 13, 11). Para los que están
“fuera” (Mc 4, 11), la enseñanza de las parábolas es algo enigmático.
Concilio Vaticano II
Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del
Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es
nuestra vida en la tierra, merecemos entrar con Él en la boda y ser contados
entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego
eterno, a las tinieblas exteriores, donde “habrá llanto y rechinar de dientes”
(Mt 22, 13). En efecto, antes de reinar con Cristo todos compareceremos ante el
tribunal de Cristo para dar cuenta cada uno del bien y del mal que hizo durante
su vida en este cuerpo. Al fin del mundo los que hicieron el mal resucitarán
para el juicio.
Lumen gentium, 48.
Los Santos Padres.
Primero hay que averiguar si esta lección según san Mateo es la misma que
san Lucas describe bajo el nombre de cena. (…) Aquí en las bodas está
significada la Iglesia presente, y allí en la cena está significado el último y
eterno banquete, puesto que aquí entran algunos que han de salir, y quien ha
entrado allí una vez, ya no saldrá más. (…) El Padre celebró las bodas de su
Hijo Rey cuando por el misterio de la encarnación se desposó con la santa
Iglesia; y el seno de la Virgen Madre fue el tálamo de este esposo. (…) En
efecto salió Dios encarnado como un esposo de su tálamo cuando, para unir
consigo a la Iglesia, salió del seno inmaculado de la Virgen. Y envió a sus
criados para que invitasen a estas bodas a los amigos. Los envió una y dos
veces, porque hizo predicadores de la encarnación del Señor primero a los
profetas y después a los apóstoles. (…) ¿Qué entendemos, hermanos carísimos,
por los terneros y por los animales cebados sino los padres del Antiguo y Nuevo
Testamento?
Gregorio Magno. Homilías sobre los evangelios, 38. 1b, pg. 186.
Todos los bautizados conocen cuál es la boda del hijo del rey y cuál su
banquete. La mesa del Señor está dispuesta para todo el que quiera participar
en ella. A nadie se le prohíbe acercarse, pero lo importante es el modo de
hacerlo. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que son dos los banquetes del
Señor: uno al que vienen buenos y malos, y otro al que no tienen acceso los
malos.
Agustín, Sermón, 90. 1b, pg. 187.
¿Qué es lo que significa, carísimos hermanos, el vestido nupcial? No
podemos decir que signifique ni el bautismo ni la fe, porque ¿quién puede
entrar en estas bodas sin el bautismo y sin la fe? Pues por el mero hecho de no
creer, está fuera de ellas. Por lo tanto, ¿qué debemos entender por vestido
nupcial, sino la caridad? Entra, pues, en las bodas pero no lleva el vestido
nupcial el que estando en la Iglesia católica tiene fe, pero le falta la
caridad. Con fundamento se llama a la caridad vestido nupcial, puesto que
nuestro Creador la tuvo cuando fue a las bodas para desposarse con la Iglesia.
Gregorio Magno. Homilías sobre los Evangelios, 38. 1b, pg. 189.
¿Cuál es, pues, aquel vestido nupcial? Este es: “El fin del mandamiento,
dice el Apóstol, es el amor que procede de un corazón puro, de la conciencia
recta y de la fe no fingida” (1 Tm 1, 15). Este es el vestido nupcial. No
cualquier amor, pues con frecuencia se ve amarse a hombres partícipes de mala
conciencia. Quienes se unen para cometer robos u otras acciones perversas,
quienes juntamente aman a los histriones (actor en el teatro romano), quienes
se unen para aclamar a los aurigas y cazadores, en la mayor parte de los casos
se aman entre ellos; pero no existe en ellos “el amor que procede de un corazón
puro, de una conciencia recta y de una fe no fingida”. Tal amor es el vestido
nupcial.
Agustín. Sermón 90, 6. 1b, pg. 190.
San Jerónimo.
1-3. Jesús les habló otra vez en parábolas. Los fariseos, comprendieron que estas
parábolas se referían a ellos, buscaban detenerlo y matarlo. El Señor conocía
su designio, sin embargo acusa a los que están enfurecidos contra él y no se
deja dominar por el temor a oponerse a los pecadores. Este rey que celebró las
bodas de su hijo es Dios omnipotente. Celebró las bodas de nuestro Señor
Jesucristo y de la Iglesia, donde son congregados tanto los judíos como los
gentiles; envió a su servidor para llamar a los invitados a las bodas: sin duda
se trata de Moisés por quien dio la Ley a los invitados. Si leyéramos
“servidores”, como traen la mayoría de los manuscritos, se referiría a los
profetas, ante cuya invitación se negaron a venir los invitados.
4. De nuevo envió a otros servidores. En estos servidores que fueron enviados en
segundo lugar es mejor ver a los profetas que a los apóstoles, siempre que más
arriba esté escrito “su servidor”. En cambio, si leemos “servidores”, por estos
servidores enviados en segundo lugar debemos entender los apóstoles. El
banquete preparado, los terneros y los mejores animales que han sido muertos
describen, mediante una metáfora, las riquezas del rey, para que a través de
imágenes carnales entendamos las cosas espirituales, o bien se puede percibir
en ellos la grandeza de los dogmas y una doctrina totalmente imbuida de la Ley
de Dios.
5.6. Y se fueron, uno a su granja. Entre los que no reciben la verdad del
Evangelio hay muchas diferencias. Los que se negaron a venir porque estaban ocupados
en otras cosas son menos culpables que aquellos que, despreciando los
sentimientos del que los invitaba, respondieron con crueldad a su amabilidad y
deteniendo a los servidores del rey los mataron y les dieron muerte. En esta
parábola no se habla de la muerte del esposo, se muestra el desprecio de las
bodas por la muerte de los servidores.
7.
Y envió a sus tropas. Por sus tropas entendamos sus ángeles vengadores
de los que está escrito en los salmos: Dirigió contra ellos los ángeles de
su ira, o bien los romanos, bajo la conducción de Vespasiano y Tito, que
mataron al pueblo judío e incendiaron la ciudad pecadora [año 70 d.C.].
8.9. Salid a los cruces de los caminos. El pueblo de los gentiles no estaba en los
caminos sino en los cruces de los caminos. Uno se pregunta cómo, en aquellos
que estaban afuera, entre los malos, se han encontrado algunos buenos. El Apóstol
trtata este punto con más detalle en la carta a los Romanos: los gentiles que
hacen naturalmente lo que está contenido en la Ley condenan a los judíos que no
cumplen la Ley escrita (Rm 2, 14). Entre los mismos paganos hay diversidad
infinita, sabemos que algunos están inclinados al vicio y corren
precipitadamente hacia el mal, otros practican la virtud por la honestidad de
sus costumbres.
11.12. El rey entró. Los vestidos de fiesta son los preceptos del Señor y las obras cumplidas
según la Ley y el Evangelio que son las vestiduras del hombre nuevo.
Amigo, ¿cómo has entrado aquí? Lo llama amigo porque ha sido invitado a las
bodas, le reprocha su desvergüenza por haber manchado la pureza de las bodas
con la sordidez de su vestido.
14. Porque muchos son llamados pero pocos son elegidos. Una breve sentencia resume todas
las parábolas porque tanto en los obreros de la viña como en la edificación de
la casa y en el banquete de bodas lo que se busca no es el principio sino el
fin.
San Agustín.
¿Qué cosa es el vestido nupcial? Sin duda alguna, se trata de algo que no
tienen en común los buenos y los malos. Hallando esto, habremos hallado el
vestido nupcial. Entre los dones de Dios, ¿cuál no tienen en común los buenos y
los malos? El ser hombres y no bestias es un don de Dios, pero lo poseen tanto
buenos como malos. El que nos llegue la luz del cielo, en el que las nubes
descarguen la lluvia, las fuentes manen, los campos den fruto, es don de Dios,
pero común a buenos y malos. Entremos en la boda; dejemos de lado a quienes no
vinieron a pesar de haber sido llamados. Centrémonos en los comensales, es
decir, en los cristianos. Don de Dios es el bautismo; lo tienen buenos y malos.
El sacramento del altar lo reciben tanto buenos como malos. Profetizó el inicuo
Saúl, enemigo de aquel varón santo y justísimo; profetizó mientras lo
perseguían (1 Re 19). ¿Acaso se afirma que solo los buenos creen? también
los demonios creen, pero tiemblan (St 2, 19). ¿Qué he de hacer? He tocado
todo y aún no he llegado al vestido nupcial. […] ¿Por qué nos tienes en vilo,
¡oh Apóstol!? Quizá es la profecía el don de Dios que no tienen en común los
buenos y los malos. Si no tengo caridad – dijo – de nada me sirve (1
Co 13, 1-3).
He aquí el vestido nupcial; vestíos con él. ¡Oh comensales!, para estar
sentados con tranquilidad. No digáis: “Somos pobres para llevar ese vestido”.
Vestid y seréis vestidos. Es invierno, vestid a los desnudos. Cristo está
desnudo y a quienes no tienen el vestido nupcial él se lo dará. Corred a él,
pedídselo. Sabe santificar a sus fieles, sabe vestir a los desnudos. Para que
teniendo el vestido nupcial, no quepa el miedo a las tinieblas exteriores, a
ser atado de miembros, manos y pies, nunca os falten las obras. Si faltan,
cuando tenga atadas las manos, ¿qué ha de hacer? ¿A dónde ha de huir con los
pies atados? Tened este vestido nupcial, ponéoslo y sentaos tranquilos, cuando
él venga a inspeccionar. Llegará el día del juicio. Ahora se concede un largo
plazo; quien se hallaba desnudo, vístase de una vez.
Sermón 95, 7
San Juan de Ávila.
28. ¿Acodáisos del evangelio de las bodas? Amigo, ¿a qué entraste no
teniendo vestidura de bodas? Plega a Dios, hermanos, que sepáis entender
las bodas, para que las fiestas que se hacen el suelo se hagan también en el
cielo. En bodas estáis; los ojos del cielo os están mirando. Mirad qué tanta
razón es que tengáis limpieza mucha; plegue a Dios, por quien es, que [no]
estéis en las bodas sin tener vestidura de bodas. [S]i mirándoos Dios viese
alguna sin vestidura de bodas, ¿qué sería? Si mirase Dios, vuestro corazón y lo
hallase ajeno de la perfición, ¿qué diría Dios? ¿Qué sería si Dios os dijese:
“Cómo entrastes en Santa Clara o Santa Inés sin tener la vestidura de bodas? ¿Cómo
os osáis asentar en lugar de santas, sin hacer las obras que hicieron?...
Plática 16. A las monjas de Zafra. OC I. Pgs. 899-900.
23. Y, pues tantos y tan claros motivos tiene para se mirar si va bien
vestido, para parecer agradable y hermoso a los ojos de Dios, no lleve sus ojos
cerrados, porque no oiga aquella terrible sentencia: Amice, quomodo huc
intrati non habens vestem nuptialen? (Mt 22, 12); y, atados los pies y las
manos, lo echen en las tinieblas de fuera, [pues] amó las tinieblas de dentro,
no queriendo mirar la luz, que pudiera declarar sus faltas y enseñar [le] sus
obligaciones para que cumpliera con ellas. Mírese y remírese, y pida para ello
particular gracia del Espíritu Santo, como la pedían los santos, y las faltas
que en sí conociere lávelas con abundancia de lágrimas.
Tratado sobre el sacerdocio. OC I. Pg. 928.
Finalmente privada de la vestidura de boda (cf. Mt 22, 12-15), átala el
diablo, por orden de la divina justicia, de pies y de manos, porque la hace
andar a su gusto y querer, y échala en las tinieblas, que en esta vida son
interiores, para que ni se vea a sí misma, ni conozca a Dios, ni el peligro en
que está, ni lo que perdió.
Diálgos iner confesarium et penitentem. OC II. Pg. 790.
27 ¿Cómo
eres manso, si por una palabra que te dijeron tienes rencor, y no bastan
frailes ni clérigos para hacerte perdonar, ni viernes santo, en el cual se te
representa más la pasión de Cristo y la liberalidad y caridad, con que, sin que
se lo regasen sus contrarios, los perdonó y rogo a su Padre por ellos? Si eso
no das, ¿cómo creeré yo que derramarás la sangre y darás la vida por tu
prójimo? Vestis ergo nuptialis est Christus,… (Mt 22, 11).
24. Domingo 19 después de Pentecostés. O.C. III. Pg. 293
En fiesta tan principal, ¿vienes con tus andrajos? (cf. Mt 22, 11-14).
Estos que están aquí, tan pobres eran como tú, pero tuvieron respeto a mis
bodas y demandaron prestadas vestiduras, etc. ¿Cómo tu veniste sin ella?, etc.
Como aquel desventurado enmuciese, mandóloel rey echar, etc. ¡Dios nos guarde!
Al infierno. ¡Dios nos libre que or su infinita bondad! Y concluye el santo
[evangelio] diciendo: Multi sunt vocati, apuci vero electi. Dios, por
quien es, nos dé gracia para que seamos de los pocos escogidos y no de los
muchos perdidos. ¡Hágalo Él, por la sangre que por nosotros derramó en la cruz!
… - Señor, ¿por qué juicio tan recio? – Por estar sin ropa. ¿Quién entenderá
las justicias de Dios? Ansí como no hay sabio que entienda, como dice David,
sus misericordias (cf. Sal 106, 43), no hay sabio que entienda sus justicias.
¿Quieres entender quién es Dios? La cosa más misericordiosa que se puede pensar
y la cosa más rigurosa que se puede decir. Misericordioso más que ángeles y
arcángeles, etc., más que cielo y tierra y que todas las criaturas. Aunque cada
una tuviese mas lenguas, no pueden decir las misericordias de Dios. Y riguroso
más que se puede pensar. Dios os guarde de caer en su ira. Dios os dé gracia
para aprovecharos de las justicias de Dios. Si no, después, de norabuena os
parió vuestra madre. Estas dos cosas, misericordia y justicia, se declaran en
este evangelio. Misericordia en el llamamiento y convite a las bodas; justicia
en castigarlos.
24. Domingo 19 después de Pentecostés. O.C. III. Pg. 286.
¡Cuán valerosa cosa es el amor, y necesario para bien usar del oficio
público!, pues él es el que hace emplear bien los talentos y ser guarlardonado
por ello; y la falta de él hace al hombre descuidado y flojo y lo echa a las
penas eternas.
11. A un señor de este reino, siendo
asistente de Sevilla. O.C. IV. Pg. 68.
San Oscar Romero. Homilía.
Queridos hermanos, esta es la lección preciosa del festín de Dios con los
hombres. ¿Quiénes son los llamados?, nos termina diciendo el Evangelio. ¡muchos
son los llamados! Todos, todos los pueblos. Para Dios no hay categorías ni para
la Iglesia hay distinciones. Por eso choca la Iglesia, porque es el mundo el
que quiere mantener distinciones. Y la iglesia sabe que no hay más que una
categoría: los justos. Los que cumplen el Evangelio. Los que entran al festín
de Dios con vestido de fiesta, con conversión de corazón, por eso son llamados
al festín de Dios muchos que no pueden entrar todavía.
Homilía 15 de octubre de 1978.
León XIV. Audiencia. 30 de septiembre de 2026. Catequesis - Catequesis
- Viaje apostólico a Francia y visita a la UNESCO
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy quiero hablaros del Viaje
apostólico a Francia que he realizado estos últimos días. Ha sido un gran
regalo para mí y para el pueblo de Dios en ese país, y doy gracias al Señor.
Expreso de nuevo mi gratitud a todos los que me han acogido, Autoridades
civiles y pastorales de la Iglesia y a todos aquellos - han sido muchos - que
quisieron encontrar al Papa o simplemente saludarlo por las calles, como
apóstol de Cristo y mensajero de paz. ¡Gracias a todos!
Quisiera recoger los pensamientos y las impresiones -
todavía muy vivas - de esta Visita pastoral en torno a un único gran símbolo:
la Catedral de Notre-Dame de París. Allí, el primer día por la tarde celebramos
las
Vísperas de la Beata Virgen María, una liturgia solemne y al mismo tiempo
festiva, en la que la música, el canto y la belleza del templo hacían vibrar a
los corazones unidos en la oración.
Precisamente Notre-Dame, con el drama que ha vivido,
puede iluminar simbólicamente todo este
Viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una
palabra: renacimiento.
La Catedral de París, que hace solo siete años parecía
herida de muerte por un enorme incendio, ahora está reconstruida y luce más
esplendorosa que nunca. Aquel desastre provocó una reacción positiva a todos
los niveles, algunos más visibles y prácticos y otros más escondidos, de orden
espiritual.
Su restauración fue una prueba de la posible colaboración
entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil. Esta dinámica
ha permitido aprovechar al máximo tanto la generosidad de los benefactores como
las competencias de los profesionales y los artesanos. La sinergia en pro
del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones, de las
fuerzas políticas y sociales, de cuantos tienen responsabilidades civiles y
económicas. Es el mensaje que he querido transmitir a las autoridades
francesas, así como a los miembros de la UNESCO, Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura que tiene sede en París,
indicando cuál es el criterio fundamental sobre el que basar esa
colaboración: la dignidad de la persona humana.
Pero sobre todo, Notre-Dame es imagen de la Iglesia de
piedras vivas, del pueblo santo de Dios. Es interesante poner en paralelo la
celebración de las Vísperas en la Catedral con la Vigilia
de los jóvenes que tuvo lugar esa misma noche en el gran Estadio de
Francia en París. Dos lugares completamente diversos y sin embargo, dos eventos
complementarios, casi unidos espiritualmente. ¿Qué les unía? La Iglesia, que
no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo
porque han sido amadas por Él. En
Notre-Dame estaban los sacerdotes y los diáconos, las personas consagradas, los
operadores pastorales; en
el estadio estaba la nueva generación francesa: nueva - diría - no solo por
la edad, sino más aún por su espíritu, por la libertad de corazón y de fe.
Jóvenes que cantaron, gritaron, pero que también se quedaron en silencio, en
escucha. Rostros atentos y conmovidos, que manifestaban corazones deseosos
de verdad y de amor. A ellos les dije con alegría: ¡Vosotros sois los
santos de Francia! Esa Vigilia fue una gran señal de esperanza.
Así como lo fue - en la pequeñez que Dios prefiere -
también el encuentro
en la Maison Bakhita, casa de acogida para distintas personas en
dificultad: uno de los muchos lugares, frutos del Evangelio, en los que se
trabaja a diario para servir con amor a la dignidad de la persona humana.
Sin embargo, en la Iglesia en Francia hay una señal de
renacimiento que perdura desde algunos años, es decir, el notable y
creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo. Ante esta
hermosa sorpresa de Dios se está celebrando en París una Asamblea sinodal
provincial, en la que he podido intervenir, animando el camino de los
catecúmenos y de los neófitos, junto a las comunidades a las que pertenecen.
El evento culminante de mi visita a la capital fue la Misa
en la Place de la Concorde. Allí, la señal del renacimiento apareció de
modo sorprendente: la asamblea litúrgica, que reunía a sacerdotes, el coro y
una notable multitud en la vasta plaza, se extendía por toda la Avenue des
Champs Élysées hasta el Arco del Triunfo y más allá. En el momento de la
Comunión todos pudieron acercarse a la Eucaristía, que se distribuía por todas
partes. He aquí la verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que
solo Dios puede hacer, por intercesión de la Virgen María.
Y por eso, era natural y correcto que después de París me
dirigiera como peregrino a
Lourdes, a venerar a la Madre de la Iglesia, María, aquella que en la hora
de la pasión y de la muerte mantiene encendida la lámpara de la fe y de la
esperanza. En Lourdes el Señor, a través del cuidado maternal de la
Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en
el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento.
Un mensaje
que he querido relanzar abiertamente: toda vida humana, de cualquier
condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad
inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la
compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia. Por
eso, Lourdes representa para todo el mundo un santuario de la civilización del
amor. En este contexto encontré a algunas personas víctimas de abusos y les
pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de
toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación,
reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de
los abusos.
La tercera y última etapa del Viaje apostólico fue la
ciudad de Metz, en una región de Francia y de Europa martirizada por la Segunda
Guerra Mundial. Allí operó Robert Schuman, uno de los principales inspiradores
del proceso de unificación europea. La Europa contemporánea nació precisamente
como proyecto de paz después de la destrucción de la guerra. Podemos decir que lo
que sucedió en Notre-Dame de París con el incendio sucedió en Europa con la
Segunda Guerra Mundial. Y Europa renació, sobre la base de aquellos
principios de democracia, solidaridad y fraternidad entre los pueblos que
deben mucho a sus raíces cristianas. También hoy, sobre esos cimientos y con
esa fuerza vital, el proyecto europeo puede renovarse, de un modo mucho más
globalizado, donde el diálogo interreligioso desempeña un papel de importancia
primaria. Por eso, en
Metz encontré a los representantes de las diferentes tradiciones religiosas,
quienes leyeron y firmaron en mi presencia el llamamiento de Metz por el
diálogo y la paz.
Queridos hermanos, el tema de mi Visita pastoral a
Francia ha sido Pour que le monde ait la vie, Para que el mundo tenga
vida (cf. Jn 6, 51). Son palabras de Jesús, que resumen toda su misión de
salvación y que, durante el Viaje, expresaban en plenitud el sentido evangélico
de cada encuentro. Ahora, estas expresan nuestra oración, al pedir a Dios que
este evento de gracia dé frutos abundantes y duraderos.
Papa León XIV. Angelus. 4 de
octubre de 2026.
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Las palabras del Evangelio que se proclaman en la
liturgia de este domingo nos hablan de la vida de Jesús e iluminan el sentido
de su misión (cf. Mt 21,33-43). Él es el Hijo de Dios enviado al mundo,
pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con
los brazos abiertos. El que ha venido a traer la salvación recibe una
condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace
reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la
historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita
misericordia de su Padre.
Ese rechazo violento, en efecto, no
fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en
rescate: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular» (Mt
21,42; cf. Sal 118,22). El propio Jesús recuerda estas palabras del
salmo, que celebra la obra maravillosa realizada por el Señor: precisamente lo
descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo. Este es el
modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras
caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!
Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que
hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con
nuestras decisiones. A este respecto, precisamente hoy, en el octavo
centenario de su muerte, deseo recordar a un trabajador que se dedicó con gran
fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís, a quien el propio Jesús
pidió que reparara su Iglesia. Inspirado por el Crucificado, Francisco
edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su
pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los
estigmas. Hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos,
fue un ejemplo para los primeros frailes que compartieron su ascetismo como
condición auténtica para la reforma de la Iglesia. San Francisco la reparó
en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con
el testimonio del amor fraterno.
Queridos amigos: el carisma de san Francisco aún hoy,
después de ocho siglos, da fruto; de ello dan testimonio no sólo la gran y
dinámica familia franciscana, sino también los numerosos dones que su legado
espiritual difunde entre el Pueblo de Dios. Por eso, mientras celebramos el Año
Jubilar Franciscano, pidamos con perseverancia el don de la paz y
comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos.
Que en esta obra nos acompañe siempre la intercesión de
María Santísima, nuestra Madre, a quien ahora nos dirigimos, unidos
espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para elevar la
Súplica a la Virgen del Santo Rosario.
Papa Francisco. Angelus. 14 de
octubre de 2023.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy nos habla de un rey que prepara un banquete de bodas
para su hijo (cf. Mt 22,1-14). Es un hombre poderoso, pero sobre todo es un
padre generoso, que nos invita a compartir su alegría. En particular,
revela la bondad de su corazón en el hecho de que no obliga a nadie, sino que
invita a todos, aunque esta manera de actuar lo exponga a la posibilidad de
ser rechazado. Fijémonos: prepara un banquete, ofreciendo gratuitamente una
ocasión para encontrarse, para celebrar. Esto es lo que Dios prepara para
nosotros: un banquete, para estar en comunión con Él y entre nosotros. Y
nosotros, todos nosotros, somos por tanto los invitados de Dios. Pero un
banquete de bodas requiere de nuestra parte tiempo e involucrarse: requiere un
"sí": acudir, acudir a la invitación del Señor, Él invita, pero
nos deja libres.
Este es el tipo de relación que nos ofrece el Padre: nos llama a estar con
Él, dejándonos la posibilidad de aceptar o de no aceptar. No nos ofrece una relación de
sometimiento, sino de paternidad y filiación, que está necesariamente
condicionada por nuestro libre asentimiento. Dios es muy respetuoso de la
libertad, muy respetuoso. San Agustín utiliza una expresión muy bella al
respecto, diciendo: "Dios, que te creó sin ti, no puede salvarte sin ti"
(Sermo CLXIX, 13). Y ciertamente no porque no tenga capacidad -¡es
omnipotente! - sino porque, siendo amor, respeta al máximo nuestra libertad.
Dios se propone, no se impone, nunca.
Así, volvamos a la parábola: el rey -dice el texto- "envió a sus
siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron venir"
(v. 3). He aquí el drama de la historia: el "no" a Dios. Pero,
¿por qué rechazan los hombres su invitación? ¿Acaso era una invitación
desagradable? No, y sin embargo -dice el Evangelio- "no les importó, y se
fueron unos a su campo y otros a sus negocios" (v. 5). No les importa,
porque piensan en sus propios asuntos. Y aquel rey, que es padre, Dios, ¿qué
hace? No se da por vencido, sigue invitando, es más, amplía la invitación,
hasta que encuentra quien la acepte, entre los pobres. Entre ellos, que saben
que disponen de poco, acuden muchos, hasta llenar la sala (cf. vv. 8-10).
Hermanos y hermanas, ¡cuántas veces no atendemos a la invitación de Dios
porque estamos ocupados pensando en nuestras cosas! A menudo luchamos
por tener nuestro tiempo libre, pero hoy Jesús nos invita a encontrar el
tiempo que libera: aquel tiempo para dedicar a Dios, que nos alivia y
sana el corazón, que aumenta en nosotros la paz, la confianza y la alegría, que
nos salva del mal, de la soledad y de la pérdida de sentido. Vale la pena,
porque es bueno estar con el Señor, hacerle un espacio. ¿Dónde? En la Misa,
en la escucha de la Palabra, en la oración y también en la caridad, porque
ayudando a quien es débil o pobre, haciendo compañía a quien está solo,
escuchando a quien pide atención, consolando a quien sufre, se está con el
Señor, que está presente en quien padece necesidades. Muchos, sin
embargo, piensan que estas cosas son "pérdida de tiempo", y por
eso se encierran en su mundo privado; y eso es triste. Y esto produce
tristeza. ¡Tantos corazones tristes por esto, por estar cerrados!
Preguntémonos, entonces: ¿cómo respondo yo a las invitaciones de Dios? ¿Qué
espacio le doy en mis jornadas? ¿La calidad de mi vida depende de mis negocios
y de mi tiempo libre, o más bien de mi amor al Señor y a mis hermanos,
especialmente a los más necesitados?
Que María, que con un "sí" hizo espacio a Dios, nos ayude a no
ser sordos a sus invitaciones.
Papa Francisco. Ángelus. 11 de
octubre de 2020.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Con el relato de la parábola del banquete
nupcial, del pasaje evangélico de hoy (cf. Mt 22, 1-14), Jesús
perfila el proyecto que Dios ha pensado para la humanidad. El rey
que «celebró el banquete de bodas de su hijo» (v.2) es la imagen del Padre
que ha preparado para toda la familia humana una maravillosa fiesta de amor y
comunión en torno a su Hijo unigénito. Hasta dos veces el rey envía a sus
siervos a llamar a los invitados, pero estos rechazan la invitación, no quieren
ir a la fiesta porque tienen otras cosas que hacer: el campo, los negocios. Muchas
veces también nosotros anteponemos nuestros intereses y las cosas materiales al
Señor que nos llama —y nos llama para una fiesta. Pero el rey de la
parábola no quiere que la sala esté vacía, porque desea regalar los tesoros de
su reino. Dice, pues, a los siervos: «Id a los cruces de los caminos y, a
cuantos encontréis, invitadlos a la boda» (v.9). Así se comporta Dios: cuando
es rechazado, en lugar de rendirse, relanza y manda llamar a todos los que
están en los cruces de los caminos, sin excluir a nadie. Nadie está excluido
de la casa de Dios.
El término original que utiliza el evangelista
Mateo se refiere a los límites de los caminos, es decir, esos puntos donde
terminan las calles de la ciudad y comienzan los senderos que conducen al
campo, lejos de las zonas habitadas, donde la vida es precaria. A esta
humanidad de las encrucijadas es a la que el rey de la parábola envía a sus
siervos, con la certeza de encontrar personas dispuestas a sentarse a la mesa.
Así, la sala del banquete se llena de “excluidos”, los que están “fuera”, de
aquellos que nunca habían parecido dignos de asistir a una fiesta, a un
banquete de bodas. Al contrario: el amo, el rey, dice a los mensajeros: “Llamad
a todos, buenos y malos. ¡A Todos!”. Dios también llama a los malos.
“No, soy malo, he hecho tantas...”.Te llama: “¡Ven, ven, ven!”. Y Jesús iba
a almorzar con los publicanos, que eran los pecadores públicos, eran los
malos. Dios no tiene miedo de nuestra alma herida por tantas maldades,
porque nos ama, nos invita. Y la Iglesia está llamada a ir a las
encrucijadas de hoy, es decir, a las periferias geográficas y existenciales de
la humanidad, esos lugares marginales, esas situaciones en las que se
encuentran acampados y viven fragmentos de humanidad sin esperanza. Se trata
de no apoltronarse en las formas cómodas y habituales de evangelización y
testimonio de la caridad, y de abrir las puertas de nuestro corazón y de
nuestras comunidades a todos, porque el Evangelio no está reservado a unos
pocos elegidos. También los que viven al margen, incluso los rechazados y
despreciados por la sociedad, son considerados por Dios dignos de su amor.
Él prepara su banquete para todos: justos y pecadores, buenos y malos,
inteligentes e incultos. Ayer por la tarde logré llamar por teléfono a un
anciano sacerdote italiano, misionero de la juventud en Brasil, pero siempre
trabajando con los excluidos, con los pobres. Y vive su vejez en paz: quemó su
vida con los pobres. Esta es nuestra Madre Iglesia, este es el mensajero de
Dios que va a las encrucijadas.
Sin embargo, el Señor pone una condición: llevar
el traje de boda. Y volvemos a la parábola. Cuando la sala está llena, llega el
rey y saluda a los invitados de última hora, pero ve a uno de ellos sin el
traje de boda, esa especie de chal que cada comensal recibía como regalo
en la entrada. La gente iba como estaba vestida, como podía estar vestida,
no iba con vestidos de gala. Pero a la entrada recibían una especie de
chal, un regalo. Ese hombre, al rechazar el regalo, se ha excluido a sí
mismo: por lo que el rey no tiene otra opción que echarlo. Este hombre
había aceptado la invitación, pero luego decidió que no significaba nada para
él: era una persona autosuficiente, no tenía deseos de cambiar o de dejar
que el Señor lo cambiase. El traje de boda —ese chal— simboliza
la misericordia que Dios nos da gratuitamente, es decir, la gracia. Sin
la gracia no se puede dar un paso adelante en la vida cristiana. Todo es gracia.
No basta con aceptar la invitación a seguir al Señor, hay que estar
dispuestos a un camino de conversión que cambia el corazón. El hábito de la
misericordia, que Dios nos ofrece sin cesar, es un don gratuito de su amor, es
precisamente la gracia. Y requiere ser acogido con asombro y alegría: “Gracias,
Señor, por haberme dado este don”.
Que María Santísima nos ayude a imitar a los
siervos de la parábola evangélica y salir de nuestros esquemas y estrechez de
miras, anunciando a todos que el Señor nos invita a su banquete, para
ofrecernos la gracia que salva, para darnos su don.
Papa Francisco. Angelus. 15 de
octubre de 2017.
Queridos hermanos y hermanas:
Al finalizar esta
celebración, os saludo cordialmente a todos vosotros, que desde varios
países habéis venido para rendir homenaje a los nuevos santos. Un pensamiento
especial va de forma particular a las delegaciones oficiales de Brasil,
Francia, Italia, México, Orden de Malta y España. El ejemplo y la intercesión
de estos testigos luminosos del Evangelio nos acompañen en nuestro camino y nos
ayuden a promover siempre relaciones fraternas y solidarias, por el bien de la
Iglesia y de la sociedad.
Acogiendo el deseo de algunas Conferencias Episcopales de América Latina,
así como la voz de diferentes pastores y fieles de otras partes del mundo, he
decidido convocar una Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la
región Panamazónica, que tendrá lugar en Roma en el mes de octubre de 2019.
El objetivo principal de esta convocatoria es identificar nuevos caminos
para la evangelización de esa porción del Pueblo de Dios, especialmente de
los indígenas, a menudo olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno,
también a causa de la crisis de la selva amazónica, pulmón de vital importancia
para nuestro planeta. Que nuestros santos intercedan por este evento eclesial, para
que, en el respeto de la belleza de la creación, todos los pueblos de la tierra
alaben a Dios, Señor del universo, e iluminados por Él recorran caminos de
justicia y de paz.
Recuerdo también que pasado mañana se celebrará la Jornada del rechazo a la
miseria. La miseria no es una fatalidad: tiene causas que deben ser
reconocidas y eliminadas, para honrar la dignidad de muchos hermanos y
hermanas, tras el ejemplo de los santos.
Y ahora nos dirigimos en oración a la Virgen María. Angelus Domini…
Papa Francisco. Angelus. 12 de
octubre de 2014.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este domingo, Jesús nos habla de la respuesta que se da
a la invitación de Dios —representado por un rey— a participar en un banquete
de bodas (cf. Mt 22, 1-14). La invitación tiene tres características:
la gratuidad, la generosidad, la universalidad. Son
muchos los invitados, pero sucede algo sorprendente: ninguno de los escogidos
acepta participar en la fiesta, dicen que tienen otras cosas que hacer; es más,
algunos muestran indiferencia, extrañeza, incluso fastidio. Dios es bueno con
nosotros, nos ofrece gratuitamente su amistad, nos ofrece gratuitamente su
alegría, su salvación, pero muchas veces no acogemos sus dones, ponemos en
primer lugar nuestras preocupaciones materiales, nuestros intereses; e incluso cuando
el Señor nos llama, muchas veces parece que nos da fastidio.
Algunos invitados maltratan y matan a los siervos que entregan las
invitaciones. Pero, no obstante la falta de adhesión de los llamados, el
proyecto de Dios no se interrumpe. Ante el rechazo de los primeros invitados Él
no se desalienta, no suspende la fiesta, sino que vuelve a proponer la
invitación extendiéndola más allá de todo límite razonable y manda a sus
siervos a las plazas y a los cruces de caminos a reunir a todos los que
encuentren. Se trata de gente común, pobres, abandonados y desheredados, incluso
buenos y malos —también los malos son invitados— sin distinción. Y la sala se
llena de «excluidos». El Evangelio, rechazado por alguno, encuentra acogida
inesperada en muchos otros corazones.
La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por eso el banquete de los dones del
Señor es universal, para todos. A todos se les da la posibilidad de responder a
su invitación, a su llamada; nadie tiene el derecho de sentirse privilegiado o
exigir una exclusiva. Todo esto nos induce a vencer la costumbre de situarnos
cómodamente en el centro, como hacían los jefes de los sacerdotes y los
fariseos. Esto no se debe hacer; debemos abrirnos a las periferias,
reconociendo que también quien está al margen, incluso ese que es rechazado y
despreciado por la sociedad es objeto de la generosidad de Dios. Todos
estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a las fronteras de la «iglesita»
—nuestra «pequeña iglesita»— sino a dilatar la Iglesia a las dimensiones
del Reino de Dios. Solamente hay una condición: vestir el traje de bodas, es
decir, testimoniar la caridad hacia Dios y el prójimo.
Encomendamos a la intercesión de María santísima los dramas y las
esperanzas de muchos hermanos y hermanas nuestros, excluidos, débiles,
rechazados, despreciados, también los que son perseguidos a causa de la fe, e
invocamos su protección también sobre los trabajos del Sínodo de los obispos
reunido en estos días en el Vaticano.
Papa Benedicto XVI. Angelus. 9 de
octubre de 2011.
Queridos hermanos y hermanas:
Al acercarnos al
término de nuestra celebración, nos dirigimos con filial devoción a la
Virgen María, a la que en este mes de octubre veneramos en particular con el
título de Reina del Santo Rosario. Sé que en vuestra tierra hay muchos
santuarios marianos, y me alegra saber que aquí en Calabria está viva la piedad
popular. Os aliento a practicarla constantemente a la luz de las enseñanzas del
concilio Vaticano II, de la Sede apostólica y de vuestros pastores. Confío a
María con afecto vuestra comunidad diocesana, para que camine unida en la fe,
en la esperanza y en la caridad. Que la Madre de la Iglesia os ayude a amar
siempre la comunión eclesial y el compromiso misionero. Que sostenga a los
sacerdotes en su ministerio, ayude a los padres y a los maestros en su tarea
educativa, conforte a los enfermos y a los que sufren y conserve en los jóvenes
un alma pura y generosa. Invoquemos la intercesión de María también para los
problemas sociales más graves de este territorio y de toda Calabria,
especialmente los del trabajo, de la juventud y del cuidado de las personas
discapacitadas, que requieren creciente atención por parte de todos,
especialmente de las instituciones. En comunión con vuestros obispos, os
exhorto en particular a vosotros, fieles laicos, a no dejar de contribuir con
vuestra competencia y responsabilidad en la construcción del bien común.
Como sabéis, hoy por la tarde iré a Serra San Bruno para visitar la
cartuja. San Bruno vino a esta tierra hace nueve siglos, y dejó un signo
profundo, con la fuerza de su fe. ¡La fe de los santos renueva el mundo! Con la
misma fe, también vosotros, ¡renovad hoy a vuestra —nuestra— amada Calabria!
Papa Benedicto XVI. Angelus. 12 de
octubre de 2008.
Queridos hermanos y hermanas:
Esta mañana, con la santa misa en la basílica de San Pablo extramuros, ha
comenzado la XII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, que se
celebrará en el Vaticano durante tres semanas y afrontará el tema: "La
Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Ya conocéis el
valor y la función de esta particular asamblea de obispos, elegidos de modo que
representen a todo el Episcopado y convocados para prestar al Sucesor de Pedro
una ayuda más eficaz, manifestando y consolidando al mismo tiempo la comunión
eclesial. Se trata de un organismo importante, instituido en septiembre de 1965
por mi venerado predecesor el siervo de Dios Pablo VI (cf. motu proprio
"Apostolica
sollicitudo") durante la última fase del concilio Vaticano II para
aplicar una consigna contenida en el decreto sobre el ministerio de los obispos
(cf. Christus
Dominus, 5).
Las finalidades del Sínodo de los
obispos son: favorecer una estrecha unión y colaboración entre el Papa y
los obispos de todo el mundo; proporcionar información directa y exacta sobre
la situación y los problemas de la Iglesia; fomentar el acuerdo sobre la
doctrina y la acción pastoral; afrontar temas de gran importancia y actualidad.
Estas diversas tareas son coordinadas por una Secretaría permanente, que
trabaja en dependencia directa e inmediata de la autoridad del Obispo de Roma.
La dimensión sinodal es parte constitutiva de la Iglesia: consiste en
reunirse de todo pueblo y cultura para llegar a ser uno en Cristo y caminar
juntos en pos de él, que dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la
vida" (Jn 14, 6). En efecto, la palabra griega sýnodos,
compuesta por la preposición syn, es decir, "con", y por odòs,
que significa "camino", sugiere la idea de "caminar
juntos", y esta es precisamente la experiencia del pueblo de Dios en la
historia de la salvación.
Para la Asamblea sinodal ordinaria que comienza hoy elegí, acogiendo
autorizados pareceres en este sentido, el tema de la Palabra de Dios, que
conviene profundizar, desde una perspectiva pastoral, en la vida y en la misión
de la Iglesia. Fue amplia la participación en la fase preparatoria por parte de
las Iglesias particulares de todo el mundo, que enviaron sus aportaciones a la
Secretaría del Sínodo, la cual, a su vez, elaboró el Instrumentum
laboris, documento sobre el que se confrontarán los 253 padres
sinodales: 51 de África, 62 de América, 41 de Asia, 90 de Europa y 9 de
Oceanía. A ellos se suman numerosos expertos y auditores, hombres y mujeres,
así como los "delegados fraternos" de las otras Iglesias y
comunidades eclesiales, y algunos invitados especiales.
Queridos hermanos y hermanas, os invito a todos a sostener los trabajos del
Sínodo con vuestra oración, invocando especialmente la protección materna de la
Virgen María, discípula perfecta de la Palabra divina.
Papa Benedicto XVI. Angelus. 9 de
octubre de 2005.
Queridos hermanos y hermanas:
Esta mañana, en la basílica de San Pedro, ha tenido lugar la beatificación
de Clemens
August von Galen, obispo de Münster, cardenal, intrépido opositor del
régimen nazi. Ordenado sacerdote en 1904, desempeñó durante mucho tiempo su
ministerio en una parroquia de Berlín, y en 1933 fue nombrado obispo de
Münster. En nombre de Dios, denunció la ideología neopagana del
nacionalsocialismo, defendiendo la libertad de la Iglesia y los derechos
humanos gravemente violados, protegiendo a los judíos y a las personas más
débiles, que el régimen consideraba desechos que convenía eliminar. Son
conocidos los tres célebres sermones que el intrépido pastor pronunció en 1941.
El Papa Pío XII lo creó cardenal en febrero de 1946 y, sólo un mes después,
murió rodeado de la veneración de los fieles, que reconocieron en él un modelo
de valentía cristiana.
Precisamente este es el mensaje siempre actual del beato von Galen:
la fe no se reduce a un sentimiento privado, que quizá convenga ocultar cuando
resulta incómoda, sino que implica la coherencia y el testimonio también en el
ámbito público en favor del hombre, de la justicia y de la verdad. Felicito
vivamente a la comunidad diocesana de Münster y a la Iglesia que está en
Alemania, invocando para todos, por intercesión del nuevo beato, abundantes
gracias del Señor.
Como sabéis, durante estos días se está celebrando en el Vaticano la
Asamblea del Sínodo de los obispos para profundizar el tema de la Eucaristía en
la vida y la misión de la Iglesia hoy. He presidido las reuniones de la primera
semana y también en las dos siguientes el Sínodo constituirá mi principal
compromiso. Os pido que sigáis rezando por el Sínodo, para que dé los frutos
esperados.
En particular, en este mes de octubre, en el que todas las comunidades
eclesiales están llamadas a renovar su compromiso misionero, invito a recordar
lo que el Papa Juan Pablo II escribió en la cuarta parte de la carta apostólica
Mane
nobiscum Domine a propósito de la Eucaristía como "principio
y proyecto de misión" (nn. 24-28). "El encuentro con Cristo,
profundizado continuamente en la intimidad eucarística, suscita en la Iglesia y
en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio" (n.
24). Lo subraya la despedida al final de la misa: "Ite, missa
est", que recuerda la "missio", la tarea de quien ha
participado en la celebración de llevar a todos la buena nueva recibida y de
animar con ella a la sociedad.
Encomendemos esta intención a la intercesión de María santísima y de san
Daniel Comboni, a quien mañana recordaremos en la liturgia. Ojalá que él, que
fue insigne evangelizador y protector del continente africano, ayude a la
Iglesia de nuestro tiempo a responder con fe y con valentía al mandato del
Señor resucitado, que la envía a anunciar el amor de Dios a todos los pueblos.
DOMINGO 29 T. O.
Monición de entrada.-
Los que venimos a misa estamos en la iglesia.
Y también en la calle, la escuela o donde
trabajan nuestras madres y padres.
Y en todos los sitios somos cristianos.
No se puede ser bueno en misa y después malo
en la escuela.
Señor, ten piedad.-
Tú eres nuestro único Salvador. Señor, ten
piedad.
Tú eres nuestro único Señor. Cristo, ten piedad.
Tú eres nuestro único Dios. Señor, ten
piedad.
Peticiones.-
Por el Papa Francisco, para que el Espíritu
Santo les ayude. Te lo pedimos, Señor.
Por la Iglesia para que sea signo de la justa
libertad que Dios quiere para todos. Te
lo pedimos, Señor.
Por los que vamos a misa, para que
obedezcamos las leyes que son justas. Te lo pedimos, Señor.
Por nosotros y las personas que en los países
de misión irán este domingo a misa, para que seamos buenos amigos tuyos. Te lo
pedimos, Señor.
Acción de gracias.-
María, queremos darte las gracias por el
nuevo curso que hemos empezado y por los catequistas que son los misioneros en
nuestro pueblo, porque nos hablan de Jesús.
BIBLIOGRAFÍA.
Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. BAC.
Madrid. 2016.
Biblia de Jerusalén. 5ª edición – 2018. Desclée De Brouwer. Bilbao. 2019.
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Bilbao. 1995.
Nuevo Testamento. Versión crítica sobre el texto original griego de M.
Iglesias González. BAC. Madrid. 2017.
Biblia Didajé con comentarios del Catecismo de la Iglesia Católica. BAC.
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Merino Rodríguez, Marcelo, dr. ed. en español. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia.
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Pío de Luis, OSA, dr. Comentarios de San Agustín a las lecturas litúrgicas
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San Francisco de Asís. Escritos, biografías y documentos de la época. BAC.
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San Juan de Ávila. Obras Completas i. Audi, filia – Pláticas –
Tratados. BAC. Madrid. 2015.
San Juan
de Ávila. Obras Completas II. Comentarios bíblicos – Tratados de reforma –
Tratados y escritos menores. BAC.
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San Juan de Ávila. Obras Completas III.
Sermones. BAC. Madrid. 2015.
San Juan de Ávila. Obras Completas IV. Epistolario. BAC. Madrid. 2003.
Secretariado Nacional de Liturgia. Libro de la Sede. Primera edición: 1983.
Coeditores Litúrgicos. Barcelona. 2004.
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