lunes, 5 de octubre de 2026

Nº 327. Domingo 28 T. O. 11 de octubre de 2026.

 


Primera lectura.

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a. 

Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo – lo ha dicho el Señor –. Aquel día se dirá:

-Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperábamos. Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor.

 

Textos paralelos.

 Preparará Yahvé Sebaot para todos los pueblos.

Mt 8, 11: Os digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de Dios.

Un convite de manjares enjundiosos.

Jn 6, 51: Yo soy el pan vivo que baja del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne.

Jn 6, 54: Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Acabará para siempre con la Muerte.

Os 13, 14: ¿Los libraré del poder del Abismo / los rescataré de la Muerte?

Enjugará el Señor Yahvé.

Ap 21, 4: Les enjugará las lágrimas de los ojos. Ya no habrá muerte ni pena ni llanto ni dolor. Todo lo antiguo ha pasado.

1 Cor 15, 26: El último enemigo en ser destruido es la muerte.

Ap 7 17: Pues le han declarado: Tú eres sacerdote perpetuo en la línea de Melquisedec.

En toda la superficie del país.

Is 35, 10: Y volverán a Sión con cánticos: / en cabeza, alegría perpetua, / siguiéndolos, gozo y alegría; / pena y aflicción se alejarán.

 

Notas exegéticas.

25 6 Volviendo sobre los conceptos universalistas ya difundidos entre los profetas anteriores Is 2, 2-3, Za 8, 20, etc., y ampliándolos, el autor describe la afluencia de los pueblos a Jerusalén como a un inmenso banquete. A partir de este texto la idea de un banquete mesiánico se hizo corriente en el Judaísmo y vuelve a encontrarse en el NT: Mt 22, 2-10.

25 7 Este velo que oculta los rostros, ver 1 R 19 13, puede impedir la visión y la comprensión o con más frecuencia es señal de duelo. El término apocalipsis significa precisamente desvelamiento y es empleado a propósito de las naciones en el Cántico de Simeón (Lc 2, 32).

 

Comentario.

-Este texto pertenece al “Apocalipsis de Isaías” (24-27).

-Textos tardíos postexílicos (s. V o IV a.C.), cuyo estilo y mensaje no tiene nada que ver con el profeta Isaías (s. VIII a.C.).

 

Salmo responsorial

Sal 23 (22)

 

R/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

 

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

 

Preparas una mesa ante mí,

enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa. R/.

 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término. R/.

 

Textos paralelos.

 Yahvé es mi pastor.

Ez 34, 1: Me dirigió la palabra el Señor: “Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles: ¡Pastores! Esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas los que tienen que apacentar los pastores?

En verdes pastos me hace reposar.

Jn 10, 9: Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos.

Me conduce a fuentes tranquilas.

Jn 4, 1: Los fariseos se enteraron de que Jesús ganaba más discípulos y bautizaba más que Juan.

Allí reparo mis fuerzas.

Is 40, 31: Pero los que esperan en el Señor / renuevan sus fuerzas, / echan alas como las águilas, / corren sin cansarse, / marchan sin fatigarse.

Me guía por cañadas oscuras.

Jr 31, 25: Regaré gargantas sedientas, / colmaré a los muertos de hambre.

Pr 4, 11: Te instruyo sobre el camino de la sensatez, / te encamino por la senda recta.

Sal 116, 1: ¡Yo amo! , porque el Señor escucha / mi voz suplicante.

Aunque fuese por valle tenebroso.

Is 50, 10: ¿Quién de vosotros respeta al Señor / y obedece a su siervo? / Aunque camine en tinieblas, / sin rayo de luz, / que confíe en el Señor / y se apoye en su Dios.

Jb 10, 21-22: Antes de partir, para no volver / al país de tinieblas y sombras, / a la tierra lóbrega y opaca, / de confusión y negrura, / donde la misma claridad es sombra.

Preparas ante mí una mesa.

Ex 16, 1: Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.

Sal 22, 27: Comerán los desvalidos hasta saciarse / y alabarán al Señor los que lo buscan: / ¡No perdáis nunca el ánimo!

Bondad y amor me acompañan.

Sal 16, 6: Me ha tocado una parcela apacible, / es espléndida mi heredad.

Sal 63, 6: Como de enjundia y de manteca / se saciará mi garganta, / y con labios jubilosos / te alabará mi boca.

Habitaré en la casa de Yahvé.

Sal 27, 4: Una cosa pido al Señor, / es lo que busco: / habitar en la casa del Señor / todos los días de mi vida; / contemplando la belleza del Señor, / observando su templo.

 

Notas exegéticas.

23 La solicitud divina por los justos, descrita bajo la doble imagen del pastor u del huésped que ofrece el lenguaje mesiánico. Este salmo se aplica tradicionalmente a la vida sacramental especialmente al Bautismo y a la Eucaristía.

23 4 “pues tú vienes” adicción probable para armonizar con 1 S 22 23 y subrayar así la alusión al gesto davídico. El texto primitivo sería: “Cerca de mí, tu vara, tucayado están ahí”.

25 5 Conforme a la costumbre de la hospitalidad oriental.

23 6 “y habitaré” versiones: “volveré a”, hebreo (simple corrección vocálica).

 

Segunda lectura.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14.19-20

Hermanos:

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Textos paralelos.

 A la saciedad y al hambre.

2 Co 12, 9-10: Y me contestó: te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad. Así que muy a gusto presumiré de mis debilidades, para que se aloje en mí el poder de Cristo. Porque estoy contento con las debilidades, insolencias, necesidades, persecuciones y angustias por Cristo. Pues cuando soy débil, entonces son fuerte.

Col 1, 29: Para ello trabajo y peleo, con la energía suya que actúa eficazmente en mí.

Mi Dios proveerá.

2 Co 2, 15: En efecto, somos el aroma de Cristo ofrecido a Dios, para los que se salvan y para los que se pierden.

Al Dios y Padre nuestro, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Rm 16, 27: A Dios, el único sabio, por medio de Jesucristo, sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Notas exegéticas.

4 12 Lit. “he sido iniciado”. Término propio de los cultos mistéricos (vb. myéo), cuyo sentido aquí es sencillo: he aprendido una cosa que todos no saben.

4 13 Var.: “en Cristo”.

4 19 Var. (Vulgata): “provea”.

 

Evangelio.

X Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

-El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidaos: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envío sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis llamadlos a la boda·. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

 

 

Textos paralelos.

// Lc 14, 16-24:

Mateo

Lucas

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

-El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo;

mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidaos: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

 

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

 

 

El rey montó en cólera, envío sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

 

 

Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis llamadlos a la boda·. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

 

 

 

Un hombre daba un gran banquete, al que invitó a muchos.

Hacia la hora del banquete despachó a su criado a avisar a los invitados: Venid que ya está preparado. Uno tras otro se fueron excusando todos.

 

 

 

El primero dijo: He comprado un terreno y tengo que ir a examinarlo; por favor, acepta mis excusas. El segundo dijo: He comprado una yunta y voy a probarlos; por favor acepta mis excusas. El tercero dijo: Me acabo de casar y no puedo ir. El criado volvió a informar al amo.

El amo de casa, irritado, dijo al criado: Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, lisiados, ciegos y cojos. El criado le dijo: Señor, se ha hecho lo que me ordenabas y todavía sobra sitio.

 

El amo dijo al criado: Sal a los caminos y veredas y oblígalos a entrar hasta que se llene la casa. Pues os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi banquete.

 

Tomó Jesús de nuevo la palabra y les habló en parábolas.

Mt 8, 11: Os digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de Dios.

Pr 9, 1-6: La sensatez se ha edificado una casa, / ha labrado siete columnas, / ha matado las reses, mezclado el vino / y puesto la mesa, / ha despachado a sus criadas a pregonarlo / en los puntos que dominan la ciudad. / “El que sea inexperto, venga acá; / al falto de juicio le quiero hablar. / Venid a comer de mis manjares / y a beber el vino que he mezclado; / dejad la inexperiencia y viviréis, / seguid derechos el camino de la prudencia.

Semejante a un rey.

Is 25, 6-10: El Señor de los ejércitos / ofrece a todos los pueblos, / en este monte, / un festín de majares suculentos, / un festín de vinos de solera, / manjares enjundiosos, / vinos generosos. / Arrancará en este monte / el velo que cubre a todos los pueblos, / el paño que tapa a todas las naciones; / y aniquilará la muerte para siempre. / El Señor enjugará las lágrimas / de todos los rostros / y alejará de la tierra entera / el oprobio de su pueblo / – lo ha dicho el Señor –.

Envió a sus siervos a llamar a los invitados.

Mt 21, 34: Cuando llegó la vendimia, despachó a sus criados a recoger de los agricultores el fruto que le correspondía.

Los escarnecieron y los mataron.

Mt 21 35: Ellos agarraron a los siervos: a uno lo desollaron, a otro lo mataron, al tercero lo apedrearon.

El rey enojado.

2 S 11, 1: Al día siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel a devastar la región de los amonitas y sitiar Rabá.

2 S 12, 26: Mientras, Joab había atacado a la capital de los amonitas y se había apoderado de ella.

Dio muerte a aquellos homicidas.

Is 64, 10: Nuestro templo, nuestro orgullo, / donde te alabaron nuestros padres, / ha sido pasto del fuego, / y lo que más queríamos / está reducido a escombros.

Ap 17, 16: Los diez cuernos que viste y la fiera aborrecerán a la prostituta, la dejarán arrasada y desnuda, se comerán su carne y la quemarán.

Invitad a la boda a los que encontréis.

Ap 19, 7: Hagámosle fiesta alegre dándole gloria, porque ha llegado la boda del Cordero y su novia está preparada.

Reunieron a todos los que encontraron.

Mt 13, 38: El campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los súbditos del maligno.

Mt 13, 47: El reinado de Dios se parece a una red echada al mar, que atrapa peces de toda especie.

Le dijo: Amigo.

Ap 19, 8: La han vestido de lino puro resplandeciente (el lino son las obras buenas de los santos).

Él se quedó callado.

Sb 4, 19: Se convertirán en cadáver sin hora, / baldón entre los muertos para siempre; / pues los derribará cabezas abajo, sin dejarles hablar, / los zarandeará desde los cimientos, y los arrasará hasta lo último; / vivirán en dolor y su recuerdo perecerá.

Sb 17, 2: Pensaban los malvados que controlaban la nación santa, / mientras yacían ellos prisioneros de las tinieblas, / en el calabozo de una larga noche, recluidos bajo sus techos, / prófugos de la entera providencia.

Sb 8, 12: Si callo, estarán a la expectativa; si tomo la palabra, prestarán atención; y si me alargo hablando, se llevarán la mano a la boca.

 

Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

22 Parábola entreverada de rasgos alegóricos, como la precedente, ,y que entraña la misma lección: el rey es Dios, el banquete de bodas es la felicidad mesiánica, ya que el hijo del rey es el Mesías; los enviados son los profetas y los apóstoles; los invitados que hacen caso omiso de ellos o los ultrajan son los judíos; los que son llamados de los caminos son los pecadores y los gentiles; el incendio de la ciudad es la ruina de Jerusalén. A partir del v. 11 cambia la escena y se trata del Juicio final. Parece que Mt ha combinado dos parábolas, una análoga a la de Lc 14, 16-24, la otra aquella cuya conclusión se encuentra en vv. 11s: el hombre que responde a la invitación ha de llevar vestido de bodas; las obras de justicia deben acompañar la fe.

22 10 Estas palabras pueden aludir al hecho de que en el Reino antes del juicio final se encuentran mezclados malos y buenos, o más probablemente a la gracia de Dios, que invita al disfrute del Reino a todos los hombres, sobre todo a los pecadores.

22 14 Esta sentencia parece corresponder a la primera parte de la parábola más bien que a la segunda. No se trata de los elegidos en general, sino de los judíos, los primeros invitados. La parábola no dice, pero tampoco excluye, que algunos “pocos” de entre ellos hayan respondido y hayan sido elegidos.

 

Notas exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica.

22 1-2 UN REY: lit. un hombre rey. // DIO UN BANQUETE…: lit. hizo bodas (así en toda la parábola, con el significado secundario de “banquete de boda”) para el hijo de él (en honor de su hijo).

4 Esos OTROS ESCLAVOS tenían el encargo de llamar definitivamente, o por última vez, A LOS anteriormente CONVIDADOS.

7 SU EJÉRCITO: lit. sus ejércitos (plural de generalización).

10 TODOS LOS QUE ENCONTRARON, MALOS Y BUENOS: comenta san Agustín: “Así está ahora la Iglesia, llena de buenos y malos […]. Esa muchedumbre la oprime a veces y está a punto de hacerla naufragar. La muchedumbre de los que viven mal turba a los que viven bien, y los perturba hasta el punto de que el que vive bien piensa, cuando ve a los otros vivir mal, que está haciendo el tonto; sobre todo porque, según los valores de este mundo, hay muchos malos felices, hay muchos buenos infelices”.

11-12 ¿Pertenecieron estos vs. a otra parábola, originariamente separada de la anterior? // UNO: lit. un hombre. El TRAJE DE BODA no tiene porque entenderse como vestido especial; simplemente es la ropa limpia, la que se pone un invitado que quiere hacer honor a su anfitrión. Alegóricamente simboliza “lasa buenas obras” (Ap 19, 8): no basta ser invitado, es preciso convertirse y producir los frutos de esta conversión.

12 SIN TRAJE: lit. no teniendo traje.

13 DESPUÉS DE ATARLO [DE] PIES Y MANOS, ECHADLO…: lit. habiendo atado de él pies y manos echad a él…

14 Forma semitizante de comparativo: son más los invitados que los realmente participantes en el banquete. Es la enseñanza de la parábola: los primeros invitados a entrar en el reino de Dios – los judíos – se han quedado fuera, al no aceptar la invitación. Este sería el sentido directo, si el v. 14 iba después del 10 originariamente; tal como está colocado, su alcance se extiende a toda la humanidad invitada por Dios a su “fiesta de familia”. Las formas verbales griegas están en la voz pasiva “teológica”: “Dios invita a muchos” (e. d., a todos: cf. v. 10 y Mc 10, 45), pero elige a pocos (a un número menor que el de los invitados).

 

Notas exegéticas desde la Biblia Didajé.

22, 1-14 La imagen del banquete de bodas evoca la alegría escatológica. Cristo, el Hijo, es el esposo prometido a su Iglesia. A veces se describe el reino de los cielos como el banquete de bodas del Cordero (cf. Ap 19, 9). El invitado que no llevaba un traje adecuado representa probablemente a aquellos que, aun estando entre los invitados, no se han preparado adecuadamente en vida, con un “sí” total a la vocación a la santidad y, por lo tanto, no pueden participar en el banquete de bodas.  

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

546 Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas, rasgo típico de su enseñanza. Por medio de ellas invita al banquete del Reino (cf. Mt 22, 1-14), pero exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo; las palabras no bastan, hacen falta obras. Las parábolas son como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra como un suelo duro o como una buena tierra? ¿Qué hace con los talentos recibidos? Jesús y la presencia del Reino en este mundo están secretamente en el corazón de las parábolas. Es preciso entrar en el Reino, es decir, hacerse discípulos de Cristo para “conocer los Misterios del Reino de los cielos” (Mt 13, 11). Para los que están “fuera” (Mc 4, 11), la enseñanza de las parábolas es algo enigmático.

 

Concilio Vaticano II

Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, merecemos entrar con Él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde “habrá llanto y rechinar de dientes” (Mt 22, 13). En efecto, antes de reinar con Cristo todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para dar cuenta cada uno del bien y del mal que hizo durante su vida en este cuerpo. Al fin del mundo los que hicieron el mal resucitarán para el juicio.

Lumen gentium, 48.

 

Los Santos Padres.

Primero hay que averiguar si esta lección según san Mateo es la misma que san Lucas describe bajo el nombre de cena. (…) Aquí en las bodas está significada la Iglesia presente, y allí en la cena está significado el último y eterno banquete, puesto que aquí entran algunos que han de salir, y quien ha entrado allí una vez, ya no saldrá más. (…) El Padre celebró las bodas de su Hijo Rey cuando por el misterio de la encarnación se desposó con la santa Iglesia; y el seno de la Virgen Madre fue el tálamo de este esposo. (…) En efecto salió Dios encarnado como un esposo de su tálamo cuando, para unir consigo a la Iglesia, salió del seno inmaculado de la Virgen. Y envió a sus criados para que invitasen a estas bodas a los amigos. Los envió una y dos veces, porque hizo predicadores de la encarnación del Señor primero a los profetas y después a los apóstoles. (…) ¿Qué entendemos, hermanos carísimos, por los terneros y por los animales cebados sino los padres del Antiguo y Nuevo Testamento?

Gregorio Magno. Homilías sobre los evangelios, 38. 1b, pg. 186.

Todos los bautizados conocen cuál es la boda del hijo del rey y cuál su banquete. La mesa del Señor está dispuesta para todo el que quiera participar en ella. A nadie se le prohíbe acercarse, pero lo importante es el modo de hacerlo. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que son dos los banquetes del Señor: uno al que vienen buenos y malos, y otro al que no tienen acceso los malos.

Agustín, Sermón, 90. 1b, pg. 187.

¿Qué es lo que significa, carísimos hermanos, el vestido nupcial? No podemos decir que signifique ni el bautismo ni la fe, porque ¿quién puede entrar en estas bodas sin el bautismo y sin la fe? Pues por el mero hecho de no creer, está fuera de ellas. Por lo tanto, ¿qué debemos entender por vestido nupcial, sino la caridad? Entra, pues, en las bodas pero no lleva el vestido nupcial el que estando en la Iglesia católica tiene fe, pero le falta la caridad. Con fundamento se llama a la caridad vestido nupcial, puesto que nuestro Creador la tuvo cuando fue a las bodas para desposarse con la Iglesia.

Gregorio Magno. Homilías sobre los Evangelios, 38. 1b, pg. 189.

¿Cuál es, pues, aquel vestido nupcial? Este es: “El fin del mandamiento, dice el Apóstol, es el amor que procede de un corazón puro, de la conciencia recta y de la fe no fingida” (1 Tm 1, 15). Este es el vestido nupcial. No cualquier amor, pues con frecuencia se ve amarse a hombres partícipes de mala conciencia. Quienes se unen para cometer robos u otras acciones perversas, quienes juntamente aman a los histriones (actor en el teatro romano), quienes se unen para aclamar a los aurigas y cazadores, en la mayor parte de los casos se aman entre ellos; pero no existe en ellos “el amor que procede de un corazón puro, de una conciencia recta y de una fe no fingida”. Tal amor es el vestido nupcial.

Agustín. Sermón 90, 6. 1b, pg. 190.

 

San Jerónimo.

1-3. Jesús les habló otra vez en parábolas. Los fariseos, comprendieron que estas parábolas se referían a ellos, buscaban detenerlo y matarlo. El Señor conocía su designio, sin embargo acusa a los que están enfurecidos contra él y no se deja dominar por el temor a oponerse a los pecadores. Este rey que celebró las bodas de su hijo es Dios omnipotente. Celebró las bodas de nuestro Señor Jesucristo y de la Iglesia, donde son congregados tanto los judíos como los gentiles; envió a su servidor para llamar a los invitados a las bodas: sin duda se trata de Moisés por quien dio la Ley a los invitados. Si leyéramos “servidores”, como traen la mayoría de los manuscritos, se referiría a los profetas, ante cuya invitación se negaron a venir los invitados.

4. De nuevo envió a otros servidores. En estos servidores que fueron enviados en segundo lugar es mejor ver a los profetas que a los apóstoles, siempre que más arriba esté escrito “su servidor”. En cambio, si leemos “servidores”, por estos servidores enviados en segundo lugar debemos entender los apóstoles. El banquete preparado, los terneros y los mejores animales que han sido muertos describen, mediante una metáfora, las riquezas del rey, para que a través de imágenes carnales entendamos las cosas espirituales, o bien se puede percibir en ellos la grandeza de los dogmas y una doctrina totalmente imbuida de la Ley de Dios.

5.6. Y se fueron, uno a su granja. Entre los que no reciben la verdad del Evangelio hay muchas diferencias. Los que se negaron a venir porque estaban ocupados en otras cosas son menos culpables que aquellos que, despreciando los sentimientos del que los invitaba, respondieron con crueldad a su amabilidad y deteniendo a los servidores del rey los mataron y les dieron muerte. En esta parábola no se habla de la muerte del esposo, se muestra el desprecio de las bodas por la muerte de los servidores.

7. Y envió a sus tropas. Por sus tropas entendamos sus ángeles vengadores de los que está escrito en los salmos: Dirigió contra ellos los ángeles de su ira, o bien los romanos, bajo la conducción de Vespasiano y Tito, que mataron al pueblo judío e incendiaron la ciudad pecadora [año 70 d.C.].

8.9. Salid a los cruces de los caminos. El pueblo de los gentiles no estaba en los caminos sino en los cruces de los caminos. Uno se pregunta cómo, en aquellos que estaban afuera, entre los malos, se han encontrado algunos buenos. El Apóstol trtata este punto con más detalle en la carta a los Romanos: los gentiles que hacen naturalmente lo que está contenido en la Ley condenan a los judíos que no cumplen la Ley escrita (Rm 2, 14). Entre los mismos paganos hay diversidad infinita, sabemos que algunos están inclinados al vicio y corren precipitadamente hacia el mal, otros practican la virtud por la honestidad de sus costumbres.

11.12. El rey entró. Los vestidos de fiesta son los preceptos del Señor y las obras cumplidas según la Ley y el Evangelio que son las vestiduras del hombre nuevo.

Amigo, ¿cómo has entrado aquí? Lo llama amigo porque ha sido invitado a las bodas, le reprocha su desvergüenza por haber manchado la pureza de las bodas con la sordidez de su vestido.

14. Porque muchos son llamados pero pocos son elegidos. Una breve sentencia resume todas las parábolas porque tanto en los obreros de la viña como en la edificación de la casa y en el banquete de bodas lo que se busca no es el principio sino el fin.

 

San Agustín.

¿Qué cosa es el vestido nupcial? Sin duda alguna, se trata de algo que no tienen en común los buenos y los malos. Hallando esto, habremos hallado el vestido nupcial. Entre los dones de Dios, ¿cuál no tienen en común los buenos y los malos? El ser hombres y no bestias es un don de Dios, pero lo poseen tanto buenos como malos. El que nos llegue la luz del cielo, en el que las nubes descarguen la lluvia, las fuentes manen, los campos den fruto, es don de Dios, pero común a buenos y malos. Entremos en la boda; dejemos de lado a quienes no vinieron a pesar de haber sido llamados. Centrémonos en los comensales, es decir, en los cristianos. Don de Dios es el bautismo; lo tienen buenos y malos. El sacramento del altar lo reciben tanto buenos como malos. Profetizó el inicuo Saúl, enemigo de aquel varón santo y justísimo; profetizó mientras lo perseguían (1 Re 19). ¿Acaso se afirma que solo los buenos creen? también los demonios creen, pero tiemblan (St 2, 19). ¿Qué he de hacer? He tocado todo y aún no he llegado al vestido nupcial. […] ¿Por qué nos tienes en vilo, ¡oh Apóstol!? Quizá es la profecía el don de Dios que no tienen en común los buenos y los malos. Si no tengo caridad – dijo – de nada me sirve (1 Co 13, 1-3).

He aquí el vestido nupcial; vestíos con él. ¡Oh comensales!, para estar sentados con tranquilidad. No digáis: “Somos pobres para llevar ese vestido”. Vestid y seréis vestidos. Es invierno, vestid a los desnudos. Cristo está desnudo y a quienes no tienen el vestido nupcial él se lo dará. Corred a él, pedídselo. Sabe santificar a sus fieles, sabe vestir a los desnudos. Para que teniendo el vestido nupcial, no quepa el miedo a las tinieblas exteriores, a ser atado de miembros, manos y pies, nunca os falten las obras. Si faltan, cuando tenga atadas las manos, ¿qué ha de hacer? ¿A dónde ha de huir con los pies atados? Tened este vestido nupcial, ponéoslo y sentaos tranquilos, cuando él venga a inspeccionar. Llegará el día del juicio. Ahora se concede un largo plazo; quien se hallaba desnudo, vístase de una vez.

Sermón 95, 7

 

San Juan de Ávila.

28. ¿Acodáisos del evangelio de las bodas? Amigo, ¿a qué entraste no teniendo vestidura de bodas? Plega a Dios, hermanos, que sepáis entender las bodas, para que las fiestas que se hacen el suelo se hagan también en el cielo. En bodas estáis; los ojos del cielo os están mirando. Mirad qué tanta razón es que tengáis limpieza mucha; plegue a Dios, por quien es, que [no] estéis en las bodas sin tener vestidura de bodas. [S]i mirándoos Dios viese alguna sin vestidura de bodas, ¿qué sería? Si mirase Dios, vuestro corazón y lo hallase ajeno de la perfición, ¿qué diría Dios? ¿Qué sería si Dios os dijese: “Cómo entrastes en Santa Clara o Santa Inés sin tener la vestidura de bodas? ¿Cómo os osáis asentar en lugar de santas, sin hacer las obras que hicieron?... 

Plática 16. A las monjas de Zafra. OC I. Pgs. 899-900.

23. Y, pues tantos y tan claros motivos tiene para se mirar si va bien vestido, para parecer agradable y hermoso a los ojos de Dios, no lleve sus ojos cerrados, porque no oiga aquella terrible sentencia: Amice, quomodo huc intrati non habens vestem nuptialen? (Mt 22, 12); y, atados los pies y las manos, lo echen en las tinieblas de fuera, [pues] amó las tinieblas de dentro, no queriendo mirar la luz, que pudiera declarar sus faltas y enseñar [le] sus obligaciones para que cumpliera con ellas. Mírese y remírese, y pida para ello particular gracia del Espíritu Santo, como la pedían los santos, y las faltas que en sí conociere lávelas con abundancia de lágrimas.

Tratado sobre el sacerdocio. OC I. Pg. 928.

Finalmente privada de la vestidura de boda (cf. Mt 22, 12-15), átala el diablo, por orden de la divina justicia, de pies y de manos, porque la hace andar a su gusto y querer, y échala en las tinieblas, que en esta vida son interiores, para que ni se vea a sí misma, ni conozca a Dios, ni el peligro en que está, ni lo que perdió.

Diálgos iner confesarium et penitentem. OC II. Pg. 790.

27 ¿Cómo eres manso, si por una palabra que te dijeron tienes rencor, y no bastan frailes ni clérigos para hacerte perdonar, ni viernes santo, en el cual se te representa más la pasión de Cristo y la liberalidad y caridad, con que, sin que se lo regasen sus contrarios, los perdonó y rogo a su Padre por ellos? Si eso no das, ¿cómo creeré yo que derramarás la sangre y darás la vida por tu prójimo? Vestis ergo nuptialis est Christus,… (Mt 22, 11).

24. Domingo 19 después de Pentecostés. O.C. III. Pg. 293

En fiesta tan principal, ¿vienes con tus andrajos? (cf. Mt 22, 11-14). Estos que están aquí, tan pobres eran como tú, pero tuvieron respeto a mis bodas y demandaron prestadas vestiduras, etc. ¿Cómo tu veniste sin ella?, etc. Como aquel desventurado enmuciese, mandóloel rey echar, etc. ¡Dios nos guarde! Al infierno. ¡Dios nos libre que or su infinita bondad! Y concluye el santo [evangelio] diciendo: Multi sunt vocati, apuci vero electi. Dios, por quien es, nos dé gracia para que seamos de los pocos escogidos y no de los muchos perdidos. ¡Hágalo Él, por la sangre que por nosotros derramó en la cruz! … - Señor, ¿por qué juicio tan recio? – Por estar sin ropa. ¿Quién entenderá las justicias de Dios? Ansí como no hay sabio que entienda, como dice David, sus misericordias (cf. Sal 106, 43), no hay sabio que entienda sus justicias. ¿Quieres entender quién es Dios? La cosa más misericordiosa que se puede pensar y la cosa más rigurosa que se puede decir. Misericordioso más que ángeles y arcángeles, etc., más que cielo y tierra y que todas las criaturas. Aunque cada una tuviese mas lenguas, no pueden decir las misericordias de Dios. Y riguroso más que se puede pensar. Dios os guarde de caer en su ira. Dios os dé gracia para aprovecharos de las justicias de Dios. Si no, después, de norabuena os parió vuestra madre. Estas dos cosas, misericordia y justicia, se declaran en este evangelio. Misericordia en el llamamiento y convite a las bodas; justicia en castigarlos.

24. Domingo 19 después de Pentecostés. O.C. III. Pg. 286.

¡Cuán valerosa cosa es el amor, y necesario para bien usar del oficio público!, pues él es el que hace emplear bien los talentos y ser guarlardonado por ello; y la falta de él hace al hombre descuidado y flojo y lo echa a las penas eternas.

11. A un señor de este reino, siendo asistente de Sevilla. O.C. IV. Pg. 68.

 

San Oscar Romero. Homilía.  

Queridos hermanos, esta es la lección preciosa del festín de Dios con los hombres. ¿Quiénes son los llamados?, nos termina diciendo el Evangelio. ¡muchos son los llamados! Todos, todos los pueblos. Para Dios no hay categorías ni para la Iglesia hay distinciones. Por eso choca la Iglesia, porque es el mundo el que quiere mantener distinciones. Y la iglesia sabe que no hay más que una categoría: los justos. Los que cumplen el Evangelio. Los que entran al festín de Dios con vestido de fiesta, con conversión de corazón, por eso son llamados al festín de Dios muchos que no pueden entrar todavía.

Homilía 15 de octubre de 1978.

 

León XIV.  Audiencia. 30 de septiembre de 2026. Catequesis - Catequesis - Viaje apostólico a Francia y visita a la UNESCO

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quiero hablaros del Viaje apostólico a Francia que he realizado estos últimos días. Ha sido un gran regalo para mí y para el pueblo de Dios en ese país, y doy gracias al Señor. Expreso de nuevo mi gratitud a todos los que me han acogido, Autoridades civiles y pastorales de la Iglesia y a todos aquellos - han sido muchos - que quisieron encontrar al Papa o simplemente saludarlo por las calles, como apóstol de Cristo y mensajero de paz. ¡Gracias a todos!

Quisiera recoger los pensamientos y las impresiones - todavía muy vivas - de esta Visita pastoral en torno a un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París. Allí, el primer día por la tarde celebramos las Vísperas de la Beata Virgen María, una liturgia solemne y al mismo tiempo festiva, en la que la música, el canto y la belleza del templo hacían vibrar a los corazones unidos en la oración.

Precisamente Notre-Dame, con el drama que ha vivido, puede iluminar simbólicamente todo este Viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una palabra: renacimiento.

La Catedral de París, que hace solo siete años parecía herida de muerte por un enorme incendio, ahora está reconstruida y luce más esplendorosa que nunca. Aquel desastre provocó una reacción positiva a todos los niveles, algunos más visibles y prácticos y otros más escondidos, de orden espiritual.

Su restauración fue una prueba de la posible colaboración entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil. Esta dinámica ha permitido aprovechar al máximo tanto la generosidad de los benefactores como las competencias de los profesionales y los artesanos. La sinergia en pro del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones, de las fuerzas políticas y sociales, de cuantos tienen responsabilidades civiles y económicas. Es el mensaje que he querido transmitir a las autoridades francesas, así como a los miembros de la UNESCO, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura que tiene sede en París, indicando cuál es el criterio fundamental sobre el que basar esa colaboración: la dignidad de la persona humana.

Pero sobre todo, Notre-Dame es imagen de la Iglesia de piedras vivas, del pueblo santo de Dios. Es interesante poner en paralelo la celebración de las Vísperas en la Catedral con la Vigilia de los jóvenes que tuvo lugar esa misma noche en el gran Estadio de Francia en París. Dos lugares completamente diversos y sin embargo, dos eventos complementarios, casi unidos espiritualmente. ¿Qué les unía? La Iglesia, que no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él. En Notre-Dame estaban los sacerdotes y los diáconos, las personas consagradas, los operadores pastorales; en el estadio estaba la nueva generación francesa: nueva - diría - no solo por la edad, sino más aún por su espíritu, por la libertad de corazón y de fe. Jóvenes que cantaron, gritaron, pero que también se quedaron en silencio, en escucha. Rostros atentos y conmovidos, que manifestaban corazones deseosos de verdad y de amor. A ellos les dije con alegría: ¡Vosotros sois los santos de Francia! Esa Vigilia fue una gran señal de esperanza.

Así como lo fue - en la pequeñez que Dios prefiere - también el encuentro en la Maison Bakhita, casa de acogida para distintas personas en dificultad: uno de los muchos lugares, frutos del Evangelio, en los que se trabaja a diario para servir con amor a la dignidad de la persona humana.

Sin embargo, en la Iglesia en Francia hay una señal de renacimiento que perdura desde algunos años, es decir, el notable y creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo. Ante esta hermosa sorpresa de Dios se está celebrando en París una Asamblea sinodal provincial, en la que he podido intervenir, animando el camino de los catecúmenos y de los neófitos, junto a las comunidades a las que pertenecen.

El evento culminante de mi visita a la capital fue la Misa en la Place de la Concorde. Allí, la señal del renacimiento apareció de modo sorprendente: la asamblea litúrgica, que reunía a sacerdotes, el coro y una notable multitud en la vasta plaza, se extendía por toda la Avenue des Champs Élysées hasta el Arco del Triunfo y más allá. En el momento de la Comunión todos pudieron acercarse a la Eucaristía, que se distribuía por todas partes. He aquí la verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que solo Dios puede hacer, por intercesión de la Virgen María.

Y por eso, era natural y correcto que después de París me dirigiera como peregrino a Lourdes, a venerar a la Madre de la Iglesia, María, aquella que en la hora de la pasión y de la muerte mantiene encendida la lámpara de la fe y de la esperanza. En Lourdes el Señor, a través del cuidado maternal de la Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento. Un mensaje que he querido relanzar abiertamente: toda vida humana, de cualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia. Por eso, Lourdes representa para todo el mundo un santuario de la civilización del amor. En este contexto encontré a algunas personas víctimas de abusos y les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos.

La tercera y última etapa del Viaje apostólico fue la ciudad de Metz, en una región de Francia y de Europa martirizada por la Segunda Guerra Mundial. Allí operó Robert Schuman, uno de los principales inspiradores del proceso de unificación europea. La Europa contemporánea nació precisamente como proyecto de paz después de la destrucción de la guerra. Podemos decir que lo que sucedió en Notre-Dame de París con el incendio sucedió en Europa con la Segunda Guerra Mundial. Y Europa renació, sobre la base de aquellos principios de democracia, solidaridad y fraternidad entre los pueblos que deben mucho a sus raíces cristianas. También hoy, sobre esos cimientos y con esa fuerza vital, el proyecto europeo puede renovarse, de un modo mucho más globalizado, donde el diálogo interreligioso desempeña un papel de importancia primaria. Por eso, en Metz encontré a los representantes de las diferentes tradiciones religiosas, quienes leyeron y firmaron en mi presencia el llamamiento de Metz por el diálogo y la paz.

Queridos hermanos, el tema de mi Visita pastoral a Francia ha sido Pour que le monde ait la vie, Para que el mundo tenga vida (cf. Jn 6, 51). Son palabras de Jesús, que resumen toda su misión de salvación y que, durante el Viaje, expresaban en plenitud el sentido evangélico de cada encuentro. Ahora, estas expresan nuestra oración, al pedir a Dios que este evento de gracia dé frutos abundantes y duraderos.

 

Papa León XIV. Angelus. 4 de octubre de 2026.

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Las palabras del Evangelio que se proclaman en la liturgia de este domingo nos hablan de la vida de Jesús e iluminan el sentido de su misión (cf. Mt 21,33-43). Él es el Hijo de Dios enviado al mundo, pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos. El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre.

Ese rechazo violento, en efecto, no fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en rescate: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular» (Mt 21,42; cf. Sal 118,22). El propio Jesús recuerda estas palabras del salmo, que celebra la obra maravillosa realizada por el Señor: precisamente lo descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo. Este es el modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!

Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones. A este respecto, precisamente hoy, en el octavo centenario de su muerte, deseo recordar a un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís, a quien el propio Jesús pidió que reparara su Iglesia. Inspirado por el Crucificado, Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas. Hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos, fue un ejemplo para los primeros frailes que compartieron su ascetismo como condición auténtica para la reforma de la Iglesia. San Francisco la reparó en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno.

Queridos amigos: el carisma de san Francisco aún hoy, después de ocho siglos, da fruto; de ello dan testimonio no sólo la gran y dinámica familia franciscana, sino también los numerosos dones que su legado espiritual difunde entre el Pueblo de Dios. Por eso, mientras celebramos el Año Jubilar Franciscano, pidamos con perseverancia el don de la paz y comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos.

Que en esta obra nos acompañe siempre la intercesión de María Santísima, nuestra Madre, a quien ahora nos dirigimos, unidos espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para elevar la Súplica a la Virgen del Santo Rosario.

 

Papa Francisco. Angelus. 14 de octubre de 2023.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy nos habla de un rey que prepara un banquete de bodas para su hijo (cf. Mt 22,1-14). Es un hombre poderoso, pero sobre todo es un padre generoso, que nos invita a compartir su alegría. En particular, revela la bondad de su corazón en el hecho de que no obliga a nadie, sino que invita a todos, aunque esta manera de actuar lo exponga a la posibilidad de ser rechazado. Fijémonos: prepara un banquete, ofreciendo gratuitamente una ocasión para encontrarse, para celebrar. Esto es lo que Dios prepara para nosotros: un banquete, para estar en comunión con Él y entre nosotros. Y nosotros, todos nosotros, somos por tanto los invitados de Dios. Pero un banquete de bodas requiere de nuestra parte tiempo e involucrarse: requiere un "sí": acudir, acudir a la invitación del Señor, Él invita, pero nos deja libres.

Este es el tipo de relación que nos ofrece el Padre: nos llama a estar con Él, dejándonos la posibilidad de aceptar o de no aceptar. No nos ofrece una relación de sometimiento, sino de paternidad y filiación, que está necesariamente condicionada por nuestro libre asentimiento. Dios es muy respetuoso de la libertad, muy respetuoso. San Agustín utiliza una expresión muy bella al respecto, diciendo: "Dios, que te creó sin ti, no puede salvarte sin ti" (Sermo CLXIX, 13). Y ciertamente no porque no tenga capacidad -¡es omnipotente! - sino porque, siendo amor, respeta al máximo nuestra libertad. Dios se propone, no se impone, nunca.

Así, volvamos a la parábola: el rey -dice el texto- "envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron venir" (v. 3). He aquí el drama de la historia: el "no" a Dios. Pero, ¿por qué rechazan los hombres su invitación? ¿Acaso era una invitación desagradable? No, y sin embargo -dice el Evangelio- "no les importó, y se fueron unos a su campo y otros a sus negocios" (v. 5). No les importa, porque piensan en sus propios asuntos. Y aquel rey, que es padre, Dios, ¿qué hace? No se da por vencido, sigue invitando, es más, amplía la invitación, hasta que encuentra quien la acepte, entre los pobres. Entre ellos, que saben que disponen de poco, acuden muchos, hasta llenar la sala (cf. vv. 8-10).

Hermanos y hermanas, ¡cuántas veces no atendemos a la invitación de Dios porque estamos ocupados pensando en nuestras cosas! A menudo luchamos por tener nuestro tiempo libre, pero hoy Jesús nos invita a encontrar el tiempo que libera: aquel tiempo para dedicar a Dios, que nos alivia y sana el corazón, que aumenta en nosotros la paz, la confianza y la alegría, que nos salva del mal, de la soledad y de la pérdida de sentido. Vale la pena, porque es bueno estar con el Señor, hacerle un espacio. ¿Dónde? En la Misa, en la escucha de la Palabra, en la oración y también en la caridad, porque ayudando a quien es débil o pobre, haciendo compañía a quien está solo, escuchando a quien pide atención, consolando a quien sufre, se está con el Señor, que está presente en quien padece necesidades. Muchos, sin embargo, piensan que estas cosas son "pérdida de tiempo", y por eso se encierran en su mundo privado; y eso es triste. Y esto produce tristeza. ¡Tantos corazones tristes por esto, por estar cerrados!

Preguntémonos, entonces: ¿cómo respondo yo a las invitaciones de Dios? ¿Qué espacio le doy en mis jornadas? ¿La calidad de mi vida depende de mis negocios y de mi tiempo libre, o más bien de mi amor al Señor y a mis hermanos, especialmente a los más necesitados?

Que María, que con un "sí" hizo espacio a Dios, nos ayude a no ser sordos a sus invitaciones.

 

Papa Francisco. Ángelus. 11 de octubre de 2020.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Con el relato de la parábola del banquete nupcial, del pasaje evangélico de hoy (cf. Mt 22, 1-14), Jesús perfila el proyecto que Dios ha pensado para la humanidad. El rey que «celebró el banquete de bodas de su hijo» (v.2) es la imagen del Padre que ha preparado para toda la familia humana una maravillosa fiesta de amor y comunión en torno a su Hijo unigénito. Hasta dos veces el rey envía a sus siervos a llamar a los invitados, pero estos rechazan la invitación, no quieren ir a la fiesta porque tienen otras cosas que hacer: el campo, los negocios. Muchas veces también nosotros anteponemos nuestros intereses y las cosas materiales al Señor que nos llama —y nos llama para una fiesta. Pero el rey de la parábola no quiere que la sala esté vacía, porque desea regalar los tesoros de su reino. Dice, pues, a los siervos: «Id a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda» (v.9). Así se comporta Dios: cuando es rechazado, en lugar de rendirse, relanza y manda llamar a todos los que están en los cruces de los caminos, sin excluir a nadie. Nadie está excluido de la casa de Dios.

El término original que utiliza el evangelista Mateo se refiere a los límites de los caminos, es decir, esos puntos donde terminan las calles de la ciudad y comienzan los senderos que conducen al campo, lejos de las zonas habitadas, donde la vida es precaria. A esta humanidad de las encrucijadas es a la que el rey de la parábola envía a sus siervos, con la certeza de encontrar personas dispuestas a sentarse a la mesa. Así, la sala del banquete se llena de “excluidos”, los que están “fuera”, de aquellos que nunca habían parecido dignos de asistir a una fiesta, a un banquete de bodas. Al contrario: el amo, el rey, dice a los mensajeros: “Llamad a todos, buenos y malos. ¡A Todos!”. Dios también llama a los malos. “No, soy malo, he hecho tantas...”.Te llama: “¡Ven, ven, ven!”. Y Jesús iba a almorzar con los publicanos, que eran los pecadores públicos, eran los malos. Dios no tiene miedo de nuestra alma herida por tantas maldades, porque nos ama, nos invita. Y la Iglesia está llamada a ir a las encrucijadas de hoy, es decir, a las periferias geográficas y existenciales de la humanidad, esos lugares marginales, esas situaciones en las que se encuentran acampados y viven fragmentos de humanidad sin esperanza. Se trata de no apoltronarse en las formas cómodas y habituales de evangelización y testimonio de la caridad, y de abrir las puertas de nuestro corazón y de nuestras comunidades a todos, porque el Evangelio no está reservado a unos pocos elegidos. También los que viven al margen, incluso los rechazados y despreciados por la sociedad, son considerados por Dios dignos de su amor. Él prepara su banquete para todos: justos y pecadores, buenos y malos, inteligentes e incultos. Ayer por la tarde logré llamar por teléfono a un anciano sacerdote italiano, misionero de la juventud en Brasil, pero siempre trabajando con los excluidos, con los pobres. Y vive su vejez en paz: quemó su vida con los pobres. Esta es nuestra Madre Iglesia, este es el mensajero de Dios que va a las encrucijadas.

Sin embargo, el Señor pone una condición: llevar el traje de boda. Y volvemos a la parábola. Cuando la sala está llena, llega el rey y saluda a los invitados de última hora, pero ve a uno de ellos sin el traje de boda, esa especie de chal que cada comensal recibía como regalo en la entrada. La gente iba como estaba vestida, como podía estar vestida, no iba con vestidos de gala. Pero a la entrada recibían  una especie de chal, un regalo. Ese hombre, al rechazar el regalo, se ha excluido a sí mismo: por lo que el rey no tiene otra opción que echarlo. Este hombre había aceptado la invitación, pero luego decidió que no significaba nada para él: era una persona autosuficiente, no tenía deseos de cambiar o de dejar que el Señor lo cambiase. El traje de boda —ese chal— simboliza la misericordia que Dios nos da gratuitamente, es decir, la gracia. Sin la gracia no se puede dar un paso adelante en la vida cristiana. Todo es gracia. No basta con aceptar la invitación a seguir al Señor, hay que estar dispuestos a un camino de conversión que cambia el corazón. El hábito de la misericordia, que Dios nos ofrece sin cesar, es un don gratuito de su amor, es precisamente la gracia. Y requiere ser acogido con asombro y alegría: “Gracias, Señor, por haberme dado este don”.

Que María Santísima nos ayude a imitar a los siervos de la parábola evangélica y salir de nuestros esquemas y estrechez de miras, anunciando a todos que el Señor nos invita a su banquete, para ofrecernos la gracia que salva, para darnos su don.

 

Papa Francisco. Angelus. 15 de octubre de 2017.

Queridos hermanos y hermanas:

Al finalizar esta celebración, os saludo cordialmente a todos vosotros, que desde varios países habéis venido para rendir homenaje a los nuevos santos. Un pensamiento especial va de forma particular a las delegaciones oficiales de Brasil, Francia, Italia, México, Orden de Malta y España. El ejemplo y la intercesión de estos testigos luminosos del Evangelio nos acompañen en nuestro camino y nos ayuden a promover siempre relaciones fraternas y solidarias, por el bien de la Iglesia y de la sociedad.

Acogiendo el deseo de algunas Conferencias Episcopales de América Latina, así como la voz de diferentes pastores y fieles de otras partes del mundo, he decidido convocar una Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica, que tendrá lugar en Roma en el mes de octubre de 2019. El objetivo principal de esta convocatoria es identificar nuevos caminos para la evangelización de esa porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas, a menudo olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, también a causa de la crisis de la selva amazónica, pulmón de vital importancia para nuestro planeta. Que nuestros santos intercedan por este evento eclesial, para que, en el respeto de la belleza de la creación, todos los pueblos de la tierra alaben a Dios, Señor del universo, e iluminados por Él recorran caminos de justicia y de paz.

Recuerdo también que pasado mañana se celebrará la Jornada del rechazo a la miseria. La miseria no es una fatalidad: tiene causas que deben ser reconocidas y eliminadas, para honrar la dignidad de muchos hermanos y hermanas, tras el ejemplo de los santos.

Y ahora nos dirigimos en oración a la Virgen María. Angelus Domini…

 

Papa Francisco. Angelus. 12 de octubre de 2014.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de este domingo, Jesús nos habla de la respuesta que se da a la invitación de Dios —representado por un rey— a participar en un banquete de bodas (cf. Mt 22, 1-14). La invitación tiene tres características: la gratuidad, la generosidad, la universalidad. Son muchos los invitados, pero sucede algo sorprendente: ninguno de los escogidos acepta participar en la fiesta, dicen que tienen otras cosas que hacer; es más, algunos muestran indiferencia, extrañeza, incluso fastidio. Dios es bueno con nosotros, nos ofrece gratuitamente su amistad, nos ofrece gratuitamente su alegría, su salvación, pero muchas veces no acogemos sus dones, ponemos en primer lugar nuestras preocupaciones materiales, nuestros intereses; e incluso cuando el Señor nos llama, muchas veces parece que nos da fastidio.

Algunos invitados maltratan y matan a los siervos que entregan las invitaciones. Pero, no obstante la falta de adhesión de los llamados, el proyecto de Dios no se interrumpe. Ante el rechazo de los primeros invitados Él no se desalienta, no suspende la fiesta, sino que vuelve a proponer la invitación extendiéndola más allá de todo límite razonable y manda a sus siervos a las plazas y a los cruces de caminos a reunir a todos los que encuentren. Se trata de gente común, pobres, abandonados y desheredados, incluso buenos y malos —también los malos son invitados— sin distinción. Y la sala se llena de «excluidos». El Evangelio, rechazado por alguno, encuentra acogida inesperada en muchos otros corazones.

La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por eso el banquete de los dones del Señor es universal, para todos. A todos se les da la posibilidad de responder a su invitación, a su llamada; nadie tiene el derecho de sentirse privilegiado o exigir una exclusiva. Todo esto nos induce a vencer la costumbre de situarnos cómodamente en el centro, como hacían los jefes de los sacerdotes y los fariseos. Esto no se debe hacer; debemos abrirnos a las periferias, reconociendo que también quien está al margen, incluso ese que es rechazado y despreciado por la sociedad es objeto de la generosidad de Dios. Todos estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a las fronteras de la «iglesita» —nuestra «pequeña iglesita»— sino a dilatar la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios. Solamente hay una condición: vestir el traje de bodas, es decir, testimoniar la caridad hacia Dios y el prójimo.

Encomendamos a la intercesión de María santísima los dramas y las esperanzas de muchos hermanos y hermanas nuestros, excluidos, débiles, rechazados, despreciados, también los que son perseguidos a causa de la fe, e invocamos su protección también sobre los trabajos del Sínodo de los obispos reunido en estos días en el Vaticano.

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 9 de octubre de 2011.

Queridos hermanos y hermanas:

Al acercarnos al término de nuestra celebración, nos dirigimos con filial devoción a la Virgen María, a la que en este mes de octubre veneramos en particular con el título de Reina del Santo Rosario. Sé que en vuestra tierra hay muchos santuarios marianos, y me alegra saber que aquí en Calabria está viva la piedad popular. Os aliento a practicarla constantemente a la luz de las enseñanzas del concilio Vaticano II, de la Sede apostólica y de vuestros pastores. Confío a María con afecto vuestra comunidad diocesana, para que camine unida en la fe, en la esperanza y en la caridad. Que la Madre de la Iglesia os ayude a amar siempre la comunión eclesial y el compromiso misionero. Que sostenga a los sacerdotes en su ministerio, ayude a los padres y a los maestros en su tarea educativa, conforte a los enfermos y a los que sufren y conserve en los jóvenes un alma pura y generosa. Invoquemos la intercesión de María también para los problemas sociales más graves de este territorio y de toda Calabria, especialmente los del trabajo, de la juventud y del cuidado de las personas discapacitadas, que requieren creciente atención por parte de todos, especialmente de las instituciones. En comunión con vuestros obispos, os exhorto en particular a vosotros, fieles laicos, a no dejar de contribuir con vuestra competencia y responsabilidad en la construcción del bien común.

Como sabéis, hoy por la tarde iré a Serra San Bruno para visitar la cartuja. San Bruno vino a esta tierra hace nueve siglos, y dejó un signo profundo, con la fuerza de su fe. ¡La fe de los santos renueva el mundo! Con la misma fe, también vosotros, ¡renovad hoy a vuestra —nuestra— amada Calabria!

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 12 de octubre de 2008.

Queridos hermanos y hermanas:

Esta mañana, con la santa misa en la basílica de San Pablo extramuros, ha comenzado la XII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, que se celebrará en el Vaticano durante tres semanas y afrontará el tema: "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Ya conocéis el valor y la función de esta particular asamblea de obispos, elegidos de modo que representen a todo el Episcopado y convocados para prestar al Sucesor de Pedro una ayuda más eficaz, manifestando y consolidando al mismo tiempo la comunión eclesial. Se trata de un organismo importante, instituido en septiembre de 1965 por mi venerado predecesor el siervo de Dios Pablo VI (cf. motu proprio "Apostolica sollicitudo") durante la última fase del concilio Vaticano II para aplicar una consigna contenida en el decreto sobre el ministerio de los obispos (cf. Christus Dominus, 5).

Las finalidades del Sínodo de los obispos son: favorecer una estrecha unión y colaboración entre el Papa y los obispos de todo el mundo; proporcionar información directa y exacta sobre la situación y los problemas de la Iglesia; fomentar el acuerdo sobre la doctrina y la acción pastoral; afrontar temas de gran importancia y actualidad. Estas diversas tareas son coordinadas por una Secretaría permanente, que trabaja en dependencia directa e inmediata de la autoridad del Obispo de Roma.

La dimensión sinodal es parte constitutiva de la Iglesia: consiste en reunirse de todo pueblo y cultura para llegar a ser uno en Cristo y caminar juntos en pos de él, que dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6). En efecto, la palabra griega sýnodos, compuesta por la preposición syn, es decir, "con", y por odòs, que significa "camino", sugiere la idea de "caminar juntos", y esta es precisamente la experiencia del pueblo de Dios en la historia de la salvación.

Para la Asamblea sinodal ordinaria que comienza hoy elegí, acogiendo autorizados pareceres en este sentido, el tema de la Palabra de Dios, que conviene profundizar, desde una perspectiva pastoral, en la vida y en la misión de la Iglesia. Fue amplia la participación en la fase preparatoria por parte de las Iglesias particulares de todo el mundo, que enviaron sus aportaciones a la Secretaría del Sínodo, la cual, a su vez, elaboró el Instrumentum laboris, documento sobre el que se confrontarán los 253 padres sinodales: 51 de África, 62 de América, 41 de Asia, 90 de Europa y 9 de Oceanía. A ellos se suman numerosos expertos y auditores, hombres y mujeres, así como los "delegados fraternos" de las otras Iglesias y comunidades eclesiales, y algunos invitados especiales.

Queridos hermanos y hermanas, os invito a todos a sostener los trabajos del Sínodo con vuestra oración, invocando especialmente la protección materna de la Virgen María, discípula perfecta de la Palabra divina.

 

Papa Benedicto XVI. Angelus. 9 de octubre de 2005.

Queridos hermanos y hermanas: 

Esta mañana, en la basílica de San Pedro, ha tenido lugar la beatificación de Clemens August von Galen, obispo de Münster, cardenal, intrépido opositor del régimen nazi. Ordenado sacerdote en 1904, desempeñó durante mucho tiempo su ministerio en una parroquia de Berlín, y en 1933 fue nombrado obispo de Münster. En nombre de Dios, denunció la ideología neopagana del nacionalsocialismo, defendiendo la libertad de la Iglesia y los derechos humanos gravemente violados, protegiendo a los judíos y a las personas más débiles, que el régimen consideraba desechos que convenía eliminar. Son conocidos los tres célebres sermones que el intrépido pastor pronunció en 1941. El Papa Pío XII lo creó cardenal en febrero de 1946 y, sólo un mes después, murió rodeado de la veneración de los fieles, que reconocieron en él un modelo de valentía cristiana.

Precisamente este es el mensaje siempre actual del beato von Galen:  la fe no se reduce a un sentimiento privado, que quizá convenga ocultar cuando resulta incómoda, sino que implica la coherencia y el testimonio también en el ámbito público en favor del hombre, de la justicia y de la verdad. Felicito vivamente a la comunidad diocesana de Münster y a la Iglesia que está en Alemania, invocando para todos, por intercesión del nuevo beato, abundantes gracias del Señor.

Como sabéis, durante estos días se está celebrando en el Vaticano la Asamblea del Sínodo de los obispos para profundizar el tema de la Eucaristía en la vida y la misión de la Iglesia hoy. He presidido las reuniones de la primera semana y también en las dos siguientes el Sínodo constituirá mi principal compromiso. Os pido que sigáis rezando por el Sínodo, para que dé los frutos esperados.

En particular, en este mes de octubre, en el que todas las comunidades eclesiales están llamadas a renovar su compromiso misionero, invito a recordar lo que el Papa Juan Pablo II escribió en la cuarta parte de la carta apostólica Mane nobiscum Domine a propósito de la Eucaristía como "principio y proyecto de misión" (nn. 24-28). "El encuentro con Cristo, profundizado continuamente en la intimidad eucarística, suscita en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio" (n. 24). Lo subraya la despedida al final de la misa:  "Ite, missa est", que recuerda la "missio", la tarea de quien ha participado en la celebración de llevar a todos la buena nueva recibida y de animar con ella a la sociedad.

Encomendemos esta intención a la intercesión de María santísima y de san Daniel Comboni, a quien mañana recordaremos en la liturgia. Ojalá que él, que fue insigne evangelizador y protector del continente africano, ayude a la Iglesia de nuestro tiempo a responder con fe y con valentía al mandato del Señor resucitado, que la envía a anunciar el amor de Dios a todos los pueblos.

 

DOMINGO 29 T. O.

Monición de entrada.-

Los que venimos a misa estamos en la iglesia.

Y también en la calle, la escuela o donde trabajan nuestras madres y padres.

Y en todos los sitios somos cristianos.

No se puede ser bueno en misa y después malo en la escuela.

 

Señor, ten piedad.-

Tú eres nuestro único Salvador. Señor, ten piedad.

Tú eres nuestro único Señor.  Cristo, ten piedad.

Tú eres nuestro único Dios. Señor, ten piedad.

 

 Peticiones.-

Por el Papa Francisco, para que el Espíritu Santo les ayude. Te lo pedimos, Señor.

Por la Iglesia para que sea signo de la justa libertad que Dios quiere para todos.  Te lo pedimos, Señor.

Por los que vamos a misa, para que obedezcamos las leyes que son justas. Te lo pedimos, Señor.

Por nosotros y las personas que en los países de misión irán este domingo a misa, para que seamos buenos amigos tuyos. Te lo pedimos, Señor.

 

Acción de gracias.-

María, queremos darte las gracias por el nuevo curso que hemos empezado y por los catequistas que son los misioneros en nuestro pueblo, porque nos hablan de Jesús.

 

BIBLIOGRAFÍA.

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Merino Rodríguez, Marcelo, dr. ed. en español. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento. 1. Evangelio según san Mateo. Ciudad Nueva. Madrid. 2009.

Pío de Luis, OSA, dr. Comentarios de San Agustín a las lecturas litúrgicas (NT). II. Estudio Agustiniano. Valladolid. 1986.

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