Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 14.36-41
El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once,
levantó su voz y declaró:
-Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo
Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.
Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a
los demás apóstoles:
-¿Qué tenemos que hacer, hermanos?
Pedro les contestó:
-Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de
Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del
Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y
para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro.
Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba
diciendo:
-Salvaos de esta generación perversa.
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron
agregadas unas tres mil personas.
Textos
paralelos.
¿Qué hemos de hacer,
hermanos?
Hch 16, 30: Los sacó
fuera y les preguntó: “Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?”.
Lc 3, 10: La gente
le preguntaba: “Entonces, ¿qué debemos hacer?”.
Convertíos.
Mt 3, 2: Convertíos,
porque está cerca el reino de los cielos.
Hch 1, 5: Porque
Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo
dentro de no muchos días.
Recibáis el Espíritu
Santo.
Hch 2, 33: Exaltado,
pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del
Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.
La promesa es para
vosotros y para vuestros hijos.
Is 57, 19: Creo la
paz como fruto de los labios: / “Paz a los que están lejos y al que está cerca”
/ – dice el Señor, y los curaré.
Jl 3, 5: Y todo el
que invoque / el nombre del Señor se salvará. / Habrá supervivientes en el
monte Sión, / como lo dijo el Señor, / y también en Jerusalén / entre el resto
que el Señor convocará.
Poneos a salvo de
esta generación.
Hch 6,1: En aquellos
días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron
contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus
viudas.
Lc 9, 41: Respondió
Jesús: “Generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo he de estar con vosotros
y os tendré que sufrir”.
Dt 32, 5: Hijos
degenerados se portaron mal con él, / generación malvada y pervertida.
Mt 17, 17: Jesús
tomó la palabra y dijo: “¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré
que soportaros?”.
Flp 2, 15: Y así
seréis irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una
generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del
mundo.
Notas
exegéticas.
2 36 Conclusión del argumento
escriturístico: por su resurrección ha sido Jesús constituido en el “Señor” de
que habla el Salmo 110 y en el “Mesías” (Cristo) al que se refiere el Salmo 16.
Análoga argumentación partiendo del Salmo 2, 7 (Hijo de Dios) en Hch 13, 33.
Ver también Hch 5, 31 (Jefe y Salvador), Rm 14, 9 (Juez y Señor de vivos y
muertos); Flp 2, 9-11 (Señor en gloria).
2 38 (a) Cada uno de los grandes
discursos apostólicos concluye en un llamamiento a la conversión para conseguir
el perdón de los pecados.
2 38 (b) El bautismo se da “en el
nombre de Jesucristo”, se le recibe “invocando el nombre del Señor Jesús”. Este
modo de hablar, tal vez más que a la fórmula ritual del bautismo atiende a la
significación del rito mismo: profesión de fe en Cristo, toma de posesión por
Cristo de los que en adelante le estarán consagrados.
2 39 (a) La Promesa concierne
primero a los judíos.
2 39 (b) Es decir, los gentiles, por
alusión a Is 57, 19, citado y explicado por Ef 2, 13-17.
2 40 O “daba testimonio”.
2 41 Lucas cuida constantemente de
señalar el crecimiento numérico de la Iglesia.
Salmo
responsorial
Salmo 23 (22), 1-6
R/. El
Señor es mi pastor, nada me falta.
El
Señor es mi pastor, nada me falta:
en
verdes praderas me hace recostar;
me
conduce hacia fuentes tranquilas
y
repara mis fuerzas. R/.
Me
guía por el sendero justo,
por
el honor de su nombre.
Aunque
camine por cañadas oscuras,
nada
temo, porque tú vas conmigo:
tu
vara y tu cayado me sosiega. R/.
Preparas
una mesa ante mí,
enfrente
de mis enemigos;
me
unges la cabeza con perfume,
y
mi copa rebosa. R/.
Tu
bondad y tu misericordia me acompañan
todos
los días de mi vida,
y
habitaré en la casa del Señor
por
años sin término. R/.
Textos
paralelos.
Yahvé
es mi pastor.
Ez 34, 1: Me fue
dirigida esta palabra del Señor: “Hijo de hombre, profetiza contra los pastores
de Israel, profetiza y diles: “¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los
pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores
apacentar las ovejas?
Jn 10, 11-12: Yo
soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado,
que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas
y huye; y el lobo las roba y las dispersa.
Me
conduce a fuentes tranquilas.
Jn 4, 1-2: Cuando
supo Jesús que habían oído los fariseos que Jesús hacía más discípulos que Juan
y que bautizaba (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos).
Is 40, 31: Pero los
que esperan en el Señor / renuevan sus fuerzas, / echan alas como las águilas,
/ corren y no se fatigan, / caminan y no se cansan.
Jr 31, 25: Pues
refrescaré las gargantas resecas y saciaré las gargantas hambrientas.
Pr 4, 11: Te
instruiré en el camino de la sabiduría, / te guiaré por la senda recta.
Sal 115, 1: No a
nosotros, Señor, no a nosotros, / sino a tu nombre da la gloria, / por tu
bondad, por tu lealtad.
Aunque
fuese por valle tenebroso.
Is 50, 10: Quien de
vosotros teme al Señor / y escucha la voz de su siervo, / aunque camine en
tinieblas, sin ninguna claridad, / que confíe en el nombre del Señor, / que se
apoye en su Dios.
Jb 10, 21-22: Antes
de que vaya, para no volver, / al país tenebroso, de sombras de muertos, / al
país lúgubre como la oscuridad, / con sombras de muertos, sin orden, / donde la
luz es pura oscuridad.
Preparas
ante mí una mesa.
Ex 16, 1: Toda la
comunidad de Israel partió de Elín y llegó al desierto de Sin, entre Elín y
Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.
Sal 22, 27: Los
desvalidos comerán hasta saciarse, / alabarán al Señor los que lo buscan. /
¡Viva su corazón por siempre!
Mi
copa rebosa.
Sal 16, 5: El Señor
es el lote de mi heredad y mi copa / mi suerte está en tu mano.
Sal 63, 6: Me
saciaré como de enjundia y de manteca, / y mis labios te alabarán jubilosos.
Habitaré
en la casa de Yahvé.
Sal 27, 4: Una cosa
pido al Señor, / eso buscaré: / habitar en la casa del Señor, / por los días de
mi vida; / gozar de la dulzura del Señor, / contemplando su templo.
Notas
exegéticas.
23 La solicitud divina por los
justos, descrita bajo la doble imagen del pastor y del huésped que ofrece el
banquete mesiánico. Este salmo se aplica tradicionalmente a la vida
sacramental, especialmente al Bautismo y a la Eucaristía.
23 4 “pues tu vienes”: adicción
probable para armonizar con 1 S 22, 23 y subrayar así la alusión al gesto
davídico. El texto primitivo sería: “Cerca de mí, tu vara, tu cayado están
ahí”.
23 5 Conforme a la hospitalidad
oriental: Am 6, 6.
23 6 “Y habitaré” versiones:
“volveré a” hebreo (simple corrección vocálica).
Segunda
lectura.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20b-25
Queridos hermanos:
Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia
de parte de Dios. Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo
padeció por vosotros, dejándonos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no
cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto
cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al
que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño,
para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas
fuisteis curados. Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis
convertido al pastor y guardián de vuestras almas.
Textos
paralelos.
Pues para esto habéis
sido llamados.
Mt 16, 24: Entonces dijo a los
discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, tome
su cruz y me siga.
Dejándoos un modelo para
que sigáis sus huellas.
2 Ts 3, 7: Ya sabéis vosotros
cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: No vivimos entre vosotros sin trabajar.
Él no cometió pecado.
Jn 8, 46: ¿Quién de vosotros
puede acusarme de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?
En su boca no se halló
engaño.
Is 53, 9: Le dieron sepultura
con los malvados / y una tumba con los malhechores, / aunque no había cometido
crímenes / ni hubo engaño en su boca.
Cuando era insultado no
respondía.
Mt 5, 39: Pero yo os digo: no
hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla
derecha, preséntale la otra.
Mt 26, 62: El sumo sacerdote se
puso en pie y le dijo: “¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos
que presentan contra ti?
Sobre el madero, llevó
nuestros pecados en su cuerpo.
Is 53, 12: Le daré una multitud
como parte, / y tendrá como despojo una muchedumbre. / Porque expuso su vida a
la muerte / y fue contado entre los pecadores, / él tomó el pecado de muchos /
e intercedió por los pecadores.
2 Co 5, 21: Al que no conocía
pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser
justicia de Dios en él.
Viviéramos para la
justicia.
Rm 6, 13: No pongáis vuestros
miembros al servicio del pecado, como instrumentos de injusticia; antes bien,
ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte, y poned
vuestros miembros al servicio de Dios, como instrumentos de la justicia.
Is 53, 5-6: Pero él fue
traspasado por nuestras rebeliones, / triturado por nuestros crímenes. /
Nuestro castigo saludable cayó sobre él, / sus cicatrices nos curaron. // Todos
errábamos comino ovejas, / cada uno siguiendo su camino; / y el Señor cargó sobre
él / todos nuestros crímenes.
Erais como ovejas
descarriadas.
Ez 34, 5: Sin pastor, se
dispersaron para ser devoradas por las fieras del campo.
Notas
exegéticas:
2 20 Lit. “esto es una gracia ante
Dios”. El término “gracia” (charis) tiene en 1 P un sentido englobante: voluntad de Dios de conceder la
vida a las personas, concreción de la gracia en la participación de la vida de
Cristo sufriente y glorioso. Desde este punto de vista, los siervos,
injustamente tratados debido a su fe, son especialmente incluidos en este
paradójico plan de gracia.
2 21 (a) Var.: “murió”.
2 21 (b) Lo “meritorio” (lit. “gracia”)
de soportar la injusticia se apoya en el modelo de Cristo con sus
reminiscencias de Is 53, acaso proceden de un himno. Los cristianos maltratados
deben recordar a Jesús crucificado por nuestros pecados, etc., inocente y paciente.
2 22 Los vv. 22-24 se inspiran
libremente en Is 53, 4-9.12. Quizá nos hallamos ante un himno de la Iglesia
primitiva, que ha hecho suyo mediante variedad de formas el tema del siervo
sufriente. Jesús mismo se apoyó en este pasaje de Isaías para anunciar el sentido
de su muerte.
2 25 Var.: “Estabais descarriados
como ovejas”. Estas ovejas están ahora en el rebaño del que es pastor Jesús y
el “epíscopo”, inspector o vigilante.
Evangelio.
X Lectura del santo evangelio según
san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
-En verdad, en verdad os digo:
el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por
otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor
de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va
llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas
las suyas caminan delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su
voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la
voz de los extraños.
Jesús les puso esta
comparación, pero ellos no entendieron de que les hablaba. Por eso añadió
Jesús:
-En verdad, en verdad os digo:
yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son
ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien
entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón
no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan
vida y la tengan abundante.
Textos
paralelos.
Ese es un ladrón y un
salteador.
Jn 21, 16: Por segunda vez le
preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le contesta: “Sí, Señor, tú
sabes que te quiero”. Él le dice: “Pastorea mis ovejas”.
Luego las llama una por
una.
Ml 2, 13: También hacéis esto:
cubrís de lágrimas el altar del Señor, de llantos y gemidos, pero el Señor no
mira vuestra ofrenda, ni os recibe con gusto.
Yo soy la puerta.
Jn 3, 17: Porque Dios no envió
a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por
él.
Sal 23, 1: El Señor es mi
pastor, nada me falta.
Is 49, 9-10: Mirad, el Señor
Dios me ayuda, /& ¿quién me condenará? / Mirad, todos se consumen como un
vestido, / los roe la polilla. // Quien de vosotros teme al Señor / y escucha
la voz de su siervo, / aunque camine en tinieblas, sin ninguna claridad, / que
confíe en el nombre del Señor, / que se apoye en su Dios.
Ex 34, 14: No te postres ante
otro dios, porque el Señor se llama “Celoso”, y es un Dios celoso.
Notas
exegéticas Biblia de Jerusalén.
10 1 La primera parábola (10, 1-5)
contrapone el pastor, que entra normalmente porque ha recibido esa misión, a
quienes proceden de forma irregular y quieren dominar en provecho propio, es
decir, los doctores fariseos, de los que se habla a partir de 9, 13; e
introduce 10, 11-18: “Yo soy el buen pastor”. La segunda parábola (10, 7-10)
comenta la afirmación de Jesús “Yo soy la puerta”.
10 3 O bien: “a cada una por su
nombre”.
10 6 A los fariseos cegados, 9, 40.
No comprenden que la parábola se dirige a ellos.
10 7 Que da acceso a las ovejas. Para
regir legítimamente el rebaño hay que pasar por Jesús.
10 8 Om.: “delante de mí” –
Probablemente se trata de los fariseos.
10 9 El tema de la puerta que da
acceso a las realidades celestes era frecuente en la tradición judía (Gn 28,
17; Sal 17, 23; Henoc 72, 75) y en los evangelios sinópticos (Mt 7,
13-14). En Jn es el propio Jesús quien, por su encarnación, es el lugar del
descubrimiento y de la recepción de los dones divinos.
10 10 La vida eterna, la de Jesús y
con su magnificencia.
Notas
exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica
10 Continua la discusión de Jesús
con los jefes religiosos, sin corte en el texto respecto al capítulo 9, ni
cambio de lugar o día. La conducta de los fariseos con el ciego curado los
define como falsos pastores frente al único Buen Pastor. Se repite una constante
de la historia de Israel, que amplifican imaginativamente los capítulos 89-90
de Henoc (etiópico).
1 El recinto: el vocablo aulê, en la
Biblia griega no significa “redil” de ovejas, sino “patio interior” o atrio.
Jesús no está en una escena campestre en galilea, sino en los atrios del
templo, significado que propiamente tiene aquí esta palabra. Por otra parte
hay otro recinto inaccesible sin Jesús: la vida trinitaria.
Ladrón y… bandido: pequeño ejemplo de cómo la
Sagrada Escritura es parte integrante de la lengua de Cervantes, aunque cada
personaje la acomode a su interés “no sería tenido por caballero legítimo, sino
por bastardo y que entró en la fortaleza de la caballería [andante] no por la
puerta, sino por las bardas, como salteador y ladrón” (Don Quijote).
2 Es… pastor: es pastor auténtico, es decir,
no es ladrón.
3 Por [su] nombre: o de una en una.
Las saca: las hace salir. Terminología
tradicional de las narraciones del Éxodo para hablar de liberación de la
esclavitud. Jesús libera a sus ovejas, sacándolas del recinto del judaísmo
oficial. La imagen del pastor no es figura tierna ni idílica: aparece en contexto
de lucha y enfrentamiento con los malos pastores, y entre continuas alusiones a
perder la vida por las ovejas.
5 No conocen: intuitivamente tienen que
hacer esfuerzo de estudio e inteligencia para conocer (el verbo griego es oîda,
no ginôskô); por eso, como reacción instintiva huyen.
6 Esta alegoría: estas palabras enigmáticas,
misteriosas. La alegoría, casi sinónimo de “parábola” en los
Sinópticos – entendiendo como parábola como relacionada con “enigma” –,
desarrolla una idea a base de imágenes y metáforas consecutivas, que entreabren
el sentido; es modo característico de revelarse Jesús en su vida pública. Las
imágenes de esta alegoría son tres: la puerta, el pastor, el “sacar” las
ovejas.
Qué era lo que quería decirles: o bien: que significaba lo
que les decía.
7,9 La puerta: quizá alude a una costumbre de
pastores: el pastor duerme echado en la portilla del aprisco, y forma así “la
puerta” con su propio cuerpo. Jesús es nuestro acceso al Padre: “Es llamado puerta
y entrada, porque él solo nos guía y encamina y hace entrar en el
conocimiento de Dios y en su amor verdadero” (fray Luis de León). Cf. también
14, 5: a través de ese “camino” entramos en la intimidad de Dios; en él, que,
por ser la puerta del nuevo templo es también parte del recinto, estamos
en la esfera trinitaria, donde reinan la verdadera libertad (“entrar y salir”:
expresión semítica = libertad de movimientos, actividad sin coacción y plenitud
de vida (= encontrar pastos).
Notas
exegéticas desde la Biblia Didajé:
10, 1-21 Cristo habló de sí mismo
utilizando dos imágenes relacionadas: él es el Buen Pastor que guía a su rebaño
y está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, y también es la puerta por la
que sus ovejas acceden a la vida eterna. Los profetas Jeremías y Ezequiel, del
Antiguo Testamento, se referían al pueblo de Israel como “el rebaño” y a
quienes les conducían como “pastores”, y el Salmo 23 habla explícitamente del
Señor como un pastor que aguarda, protege y cuida a sus ovejas. Cat. 574, 582,
596, 754 y 764.
10, 3 Los fieles de la Iglesia son el
rebaño que entra a través de la puerta que es Cristo. Cat 2158.
Catecismo
de la Iglesia Católica.
754 La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es
Cristo. Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios, como él mismo
anunció (Is 40, 11). Aunque son pastores humanos quienes gobiernan a las
ovejas, sin embargo es Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; Él,
el Buen Pastor y Cabeza de los pastores (Jn 10, 11), que dio su vida por las
ovejas (Jn 10, 11-15).
764 “Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y
en la presencia de Cristo” (C. Vaticano II, Lumen gentium, 5). Acoger la
palabra de Jesús es acoger “el Reino” (Ib.). El germen y el comienzo del Reino
son el “pequeño rebaño” (Lc 12, 32) de los que Jesús ha venido a convocar en
torno suyo y de los que él mismo es el Pastor (Jn 10, 1-21). Constituyen la
verdadera familia de Jesús (cf. Mt 12, 49). A los que reunió así en torno suyo,
les enseñó no solo una nueva “manera de obrar”, sino también una oración propia
(cf. Mt 5-6).
Concilio Vaticano II
La función de pastor no se reduce a cuidar a cada uno de los fieles
individualmente. Se extiende propiamente también a formar una auténtica
comunidad cristiana. Pero, para cultivar debidamente el espíritu de comunidad,
este debe abarcar no solo la comunidad local, sino también la Iglesia
universal. La comunidad local no debe favorecer solo el cuidado de sus fieles,
sino que, llena de amor misionero, debe preparar a todos los hombres el camino
hacia Cristo. Tiene, sin embargo, especialmente encomendados los catecúmenos y
neófitos, a los que hay que educar gradualmente en el conocimiento y práctica
de la vida cristiana.
No se construye ninguna comunidad cristiana si esta no tiene su raíz y
centro en la sagrada Eucaristía. En ella, pro tanto, ha de empezar toda la
formación en el espíritu de comunidad. Esta celebración, para ser sincera y
plena, debe llevar a las diversas obras de caridad y a la ayuda mutua, así como
a la actividad misionera y a las diversas formas de testimonio cristiano.
Además, con su caridad, oración, ejemplo y obras de penitencia, la
comunidad eclesial ejerce una auténtica maternidad respecto a las almas para
llevarlas a Cristo. Ella misma es un instrumento eficaz que indica o allana a
los que todavía no creen, el camino hacia Cristo y su Iglesia y también los
fieles son animados, alimentados y fortalecidos para el combate espiritual.
En la construcción de la comunidad cristiana, los presbíteros nunca se
ponen al servicio de ninguna ideología o partido humano, sino que, como
predicadores del Evangelio y pastores de la Iglesia, desempeñan su labor para
conseguir el crecimiento espiritual del Cuerpo de Cristo.
Concilio Vaticano II, Presbyterorun ordinis, 6.
San Agustín
Si hablara de lo mío, sería un pastor que se apacienta a sí mismo, y no a
las ovejas. Si, por el contrario, lo que voy a decir es de él, es él quien os
alimenta, hable quien hable. Esto dice el Señor Dios: ¡Ay de los pastores de
Israel que se apacientan solo a sí mismos! ¿No son ovejas lo que apacientan los
pastores? Es decir, los pastores no se apacientan a sí mismos, sino a las
ovejas. Este es el primer motivo por el que se censura a los pastores: se
apacientan a sí mismos, no a las ovejas.
¿Quiénes son los que se apacientan a sí mismos? Aquellos a quienes dice
el Apóstol: Todos buscan sus intereses, no los de Jesucristo (Flp 2,
21). Nosotros, a quienes el Señor nos puso, porque así él lo quiso, no por
nuestros méritos, en este puesto del que hemos de dar cuenta estrechísima,
tenemos que distinguir dos cosas: que somos cristianos y que somos pastores
vuestros. El ser cristianos es en beneficio nuestro; el ser pastores, en el
vuestro.
Llegará un día en que todo sea sometido a juicio. Día que, aunque para el
mundo esté lejano todavía, para cada hombre es el último de su vida. Dios quiso
mantener oculto uno y otro: cuando ha de llegar el fin del mundo y cuándo ha de
ser el final de la vida para cada uno de los hombres.
Todo el que es pastor y se goza de ser lo, busca su propio honor y mira
solamente sus comodidades, se apacienta a sí mismo, no a las ovejas.
Llamaré a la oveja descarriada, buscaré a la perdida. Quieras o no lo
haré. Y aunque al buscarla me desgarren las zarzas de los bosques, pasaré por
todos los lugares, por angostos que sean; derribaré todas las vallas; en la
medida en que me dé fuerzas el Señor que me atemoriza, recorreré todo. Llamaré
a la descarriada, buscaré a la perdida. Si no quieres tener que soportarme, no
te pierdas.
Sermón 46.
I, pgs. 519-522.
Los Santos Padres.
¿Quién entra por la puerta? Quien entra por Cristo.
Y ¿quién es este? Quien imita la pasión de Cristo, quien conoce la humildad de
Cristo, y pues Dios se hizo por nosotros hombre, reconozca el hombre que no es
Dios, sino un mero hombre.
Agustín, Sermones, 137. 4a, pg. 452.
Y, ¿quién otro las puede sacar sino aquel que
perdona sus pecados para que le puedan seguir libres de esas férreas ataduras?
Agustín, Tratados sobre el Ev. de Juan, 45. 4a, pg. 454.
Ciertamente, los pastores las hacen avanzar y ellos
las siguen. Pero, para mostrar que llevará a todos a la verdad, obra contra lo
que es costumbre entre los pastores [y camina delante de ellas].
Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Juan, 59. 4a, pg. 454.
Ojalá nos sea dado a todos nosotros, pastores y
rebaño, estar lejos de esos pastores como de hierba envenenada y mortífera, y
que apacentados y apacentadores, todos seamos uno en Cristo Jesús, ahora y en
el descanso de la otra vida.
Gregorio Nacianceno, Discurso sobre la Pascua, 1. 4a, pg. 455.
Cristo es la puerta del Padre por la que entran
Abrahán, Isaac, Jacob, los profetas, los apóstoles y la iglesia. Todo esto [se
encamina] a la unidad de Dios.
Ignacio de Antioquía, Carta a los filadelfos, 9. 4a, pg. 458.
Es camino, en cuanto conduce por sí mismo. Es
puerta, en tanto que introductor. Y es pastor porque apacienta a su rebaño en
campo verde, lo nutre con agua de reposo; desde allí marcha a la cabeza del
rebaño y lo defiende de las bestias salvajes; hace volver a la oveja errante,
recobra la perdida y cura a la herida; vigila a la que está fuerte y reúne a
todo el rebaño en el redil de lo alto, sirviéndose de las palabras de su
ciencia pastoral.
Gregorio Nacianceno, Discurso sobre el Hijo, 30. 4a, pg. 458.
San Juan de Ávila
Esta es la puerta por donde el que entrare será
salvo, y la escalera por donde suben al cielo (cf. Jn 10, 9). Y quiere Dios
Padre honrar la humanidad de su unigénito Hijo, y no dar su amistad sino a
quien creyere; y no dar su comunicación sino a quien con mucha atención lo
pensare. Hacedos, pues, esclava de la sagrada pasión, pues por ella fuisteis
liberada del captiverio de vuestros pecados y de los infernales tormentos. Y no
sea a vos, pesado pensar lo que a Él con vuestro grande amor no le fue pesado
pasar.
Audi, filia (I). I, pg. 459-460.
Esta es la puerta por donde el que entrare será
salvo, y la escalera, por donde suben al cielo (Jn 10, 9; Gn 28, 12). Porque
quiere Dios Padre honrar la humanidad y humildad de su Ungénito Hijo, en no dar
su amistad sino a quien las creyere; y no dar su familiar comunicación sino a
quien con mucha atención las pensare.
Audi, filia (II). I, pg. 681.
Estos capítulos se vean juntos; y acerca del 5 se
advierta que para el examen de los clérigos convendrá que el obispo, en
secreto, tenga en cada pueblo personas de quien justamente se fie que le tengan
informado de los que hay que pretendan ordenarse y de la calidad y vida de cada
uno de ellos, porque esto es “oves vocare nominatim” (llamar a las ovejas por
su nombre” (Jn 10, 3).
Algunas advertencias al sínodo de Toledo. II, pg. 725.
Luego, ¿qué me trajo Cristo? ¿Sus yugos son más
fuertes que los de Moisén? Veis aquí la causa, por qué muchos dicen que es el
Evangelio carga pesada. Hermanos: por nuestra flaqueza. No neguemos la verdad,
confesemos que nosotros no tenemos fuerzas; que la carga liviana es. Dice el
Señor: Las ovejas oyen al pastor y síguenle (Jn 10, 3.7).
Lecciones sobre 1 San Juan (I). II, pg. 188.
Ego veni ut vitam habeant et abundantiuos
habeant (Jn 10, 10), etc. Todo esto va enderezado a derecir al hombre cuán
grande miseria es tener en su corazón pecado; cuan incomparable es su
desventura y cuán perjudicial su maldición, pues para sacarle a él de esta
maldición fue menester que la fuente de todas las bendiciones tomase a sus
cuestas su maldición; el príncipe de todas las santidades se sujetase a la pena
que por el pecado se debía; el que era libre de todo captiverio se entregase al
afecto del verdadero captiverio; la fuente de salud enfermase.
Lecciones sobre la epístola a los Gálatas. II, pg. 63.
Lo que hemos visto usado, por nuestros pecados,
cerca de tomar estado eclesiástico, es tomarlo, como arriba dijimos, por vía de
oficio y para tener que comer sin trabajo, siendo llamados por el dinero y
regalo y no por Dios. Y, entrando así, no por puerta, sino por bardal (cf. Jn
10, 10), ¿qué han de hacer sino matar y echar a perder, como ladrones que son,
pues, según la entrada, suele ser la vida y aun la salida?
Reformación del estado eclesiástico. II, pg. 494.
Este Señor irá delante de sus ovejas (Jn 10, 4), porque
tiene más gloria que hombres y ángeles; todos ellos le seguirán como ovejas a
pastor, criados a señor y miembros a cabeza; y llevarlos ha en procesión a las
fuentes de las aguas de la vida (Ap 7, 17), que son las tres Personas
Divinas, que tienen una misma y sola esencia; y allí será hartos, refrescados y
recreados, viendo a Dios faz a faz.
Homilía Víspera del corpus. III, pg. 512.
Antes de mí todos son ladrones (cf. Jn 10, 8).
Hieremías: Si fures in nocte rapusent [los ladrones que roban durante
la noche]. Los robadores corporales, cuando vienen a robar, llévante alguna
cosa de tu hacienda, y déjante algo, o lo quew no pueden llevar, o lo que les
olvida; pero los ladrones que son espirituales, estos que vienen, ahora sea de
día, ora de noche, o disimulados, robante cuanto tienes, robante tu hacienda y
todo su bien. Sano quedó el cuerpo, pero muy echado a perder tu corazón y tu
ánima.
Homilía domingo de Pentecostés. III, pg. 354.
¿Qué remedio? ¿Quién remediará esta muerte del
ánima y del cuerpo? Entra el Evangelio; dice nuestro Señor Jesucristo: Omnes
quotquot venerunt, fures sunt: Todos los que vinieron antes de mí, ladrones
y
robadores son (Jn 10, 8). ¿Qué tal quedó el género humano? ¿Qué
tal quedamos nosotros? Perdida la vida del ánima y obligados a morir
corporalmente.
Homilía martes de Pentecostés. III, pg. 389.
-Padre, ¿no bastaba para dar vida a mi ánima la
Santísima Trinidad? – Si ella quisiera, sí bastaba; mas ella ordenó que no sea
la Santísima Trinidad solo su manjar; mas si no come de la sangre de Cristo y
de su sangre de Cristo. ¿Quién da vida al ánima? La divinidad, la Santísima
Trinidad. Mas no se la da sino mediante la sangre de Jesucristo, como el ánima
no da vida al cuerpo sino mediante el manjar. Dijo Cristo: Yo
soy buen Pastor y pongo mi ánima por mis ovejas. Yo soy puerta; quien entrare
por mí, salvarse ha. Los que antes de mí vinieron, ladrones fueron; no vinieron
sino para matar y perder. Yo vine para que tengan vida (cf. Jn 10, 8-11).
Sermón del Santísimo Sacramento. III, pg. 609.
-Padre, ¿cómo da vida Jesucristo? – Dijo Él mismo: En
verdad, en verdad os digo: Yo soy la puerta, el que no entrare por mí, robador
es. Yo soy la puerta. – Si Jesucristo es la puerta, luego no se puede
entrar al Padre sino por Jesucristo. Yo soy la ; si alguno por mí entrare será
salvo, y entrará y saldrá, y hallará pasto (cf. Jn 10, 9).
Homilía Domingo de Pentecostés. III, pg. 356.
¡Oh divinal amor del Eterno Padre, que puso por
puerta para entrar en Él a Jesucristo, su Hijo, según Él lo dijo (cf. Jn 10,
9); y la pone tan cerca de los hombres y tan abierta de par en par, que parece
que está convidando a que estos entren por ella! El corazón del Padre, su Hijo
es; quien a su Hijo tiene, el corazón del Padre tiene. Pónelo en aquel
relicario descubierto, a que todos lo miren, tan público como lo veis allí.
Homilía Jueves Santo. III, pg. 419.
Yo vine para que tenga vida y más
abundosamente la tengan (Jn 10, 10). Este evangelio habla aquí a los
pastores; y pues no están aquí habrémoslo de traer a nuestro propósito, que
somos las ovejas. Ya sabéis que Dios nuestro Señor nos quiere bien. Muy antigo
es el amor: al amigo viejo no lo hemos de desechar. Ya sabéis cómo cuanto crió
nuestro Señor Dios, todo fue para nosotros y para nuestro servicio y provecho.
Crió el cielo y la tierra, el sol y la luna, el mar y todo cuanto en ellos se
mueve, estrellas y árboles, peces, animales. Señor, Dios mío: ¿para qué? Todo
para servicio y regalo del hombre: “Quiero poner casa a mi hijo”. Estaba todo
lo dicho criado; estaba como vacía la casa. Crió al hombre de lo más ínfimo de
la tierra, y como buen ollero, desque lo tuvo formado de la tierra, soplóle
en la faz sopló de vida (el hebreo dice en las narices). En soplando que
el Señor le sopló, levantóse el hombre vivo (Gn 2, 7).
Homilía martes de Pentecostés. III, pg. 388.
¿Qué te daremos, Señor, por esta merced, que nos
has recobrado la vida perdida, hasnos resucitado por tu Hijo bendito, el cual
llama San Pablo autor de la vida? (Hch 3, 15). Y el mismo Señor
dijo: Yo vine para que mis ovejas tengan
vida, y muy cumplida vida (Jn 10, 10). Este es el constituido por Príncipe,
y Príncipe de paz y de vida (Jn 10, 10).
Homilía Santísimo Sacramento. III, pg. 597.
Para esto vine al mundo, para dar vida al
mundo dice en otra parte Jesucristo (cf. Jn 10, 10). Si estás muerto, vete a
Cristo, que Él es manjar que te resucitará y dará vida. Sírvete de tu fe en
esto, que Jesucristo solo es tu arrimo, tu esfuerzo, tu remedio, tu vida, tu
confianza, quien te rige, te gobierna, te da ser y te sustenta.
Homilía en la Infraoctava del Corpus. III, pg. 640.
El Señor dijo: Yo vine para que tengan vida, y
más abundantemente tengan vida (Jn 10, 10). Porque no se ha de contentar el
cristiano con tener una vida tan flaca y enferma, que no tenga más de vida de
que no está muerto del todo. Vivo está uno que está deshuciado de médicos y
oleado por el sacerdote; mas no creo que os contentaríades vos con tener vida
tan cercana a la muerte y vida de que tan poco gozáis. Si amáis vida del
cuerpo, sana, recia y alegre, ¿por qué la del ánima la queréis al contrario? El
pecado mortal es muerte del ánima, y el pecado venial es enfermedad de ella; y
la enfermedad hace al hombre flaco para hacer obras y para trabajar, quítale la
fuerza para llevar cargas y trae al hombre desabrido, y algunas veces tanto,
que daría todas sus riquezas, y tener pobreza, por un poco de salud.
Homilía del Santísimo Sacramento. III, pg. 659.
Y dame osadía de decir y creer esto las prendas que
Él mismo para ello os ha dado. Ha os llamado con su amorosa voz, como buen
pastor (cf. Jn 10, 1ss); habéisle oído, y conocido en ella que Él es el que
buscó el pro de los hombres, hasta costarle la vida; y que Él es verdadero
consuelo den ánima, y los otros son ladrones y robadores, que no entran por
puerta. A quien este conocimiento tan sabroso dio, su luz dio, y para que
creciese hasta el día, perfecto día, cuando le veáis sin nubes, sin nublados,
sin oscuridad, sino faz a faz y así como Él es.
Carta a una viuda, madre J. González. IV, pg. 680.
Resta que, pues Dios ha hecho merced, que la
entrada de vuestra señoría no sea por bardales, sino por la puerta legítima,
que es Jesucristo nuestro Señor (cf. Jn 10, 7), pida a su misericordia que El,
que ha guardado su entrada, ordene el proceso de ella, de manera que también
guarde la salida de todo pecado y condenación.
Carta a un señor de este reino, siendo
asistente de Sevilla. IV, pg. 59.
Yo soy la puerta, dice el mesmo
Cristo; si alguno entrare por mí, será salvo, y entrará y saldrá y
hallará pastos (Jn 10, 9). Y en otra parte dice el santo Evangelio que toda
la gente andaba por tocar a Cristo, porque salía de Él virtud y sanaba a todos (Lc 6, 19).
A una religiosa. IV, pg. 701.
San Oscar Romero.
Y, sobre todo, hermanos, el evangelio. ¡Qué palabra más
valiente la de Cristo! Está usando la comparación: "Yo soy la puerta, sólo
por la puerta entran los legítimos dueños del rebaño. El que salta por otro
lado es ladrón, es bandido". Miren como en las palabras de Cristo, de
quien esperamos siempre amor, dulzura; cuando es necesario coge el látigo y
fustiga a los ladrones, a los bandidos y les dice: ¡el que no es pastor sólo
entra para matar, para robar, para maltratar! El látigo de Cristo está dando
duro a todos estos atropellos de su tiempo. Él siente que la sinagoga ha
perdido su sentido de ser representación de la misericordia de Dios y los
pastores de Israel, ya denunciados por los profetas, en tiempo de Cristo
también se han convertido en malos pastores.
El episodio de esta comparación del Buen Pastor está poco
después de aquel episodio del cieguito de nacimiento a quien los fariseos, en
vez de alegrarse porque se había salvado de la vista, lo excomulgaron:
"porque te dejaste operar en sábado". Interesaban más las legalidades
que la misericordia. Y a éstos fustiga el Señor, para estos fariseos
hipócritas, para estos pastores egoístas, para estas sinagogas sin
misericordia, para estas autoridades eclesiásticas de su tiempo, el Divino
Profeta, Cristo nuestro Señor que fue duro contra el pecado donde quiera que se
encuentre, ya sea en Herodes, en Pilatos, también en los pontífices, en los
sacerdotes. Él los reprende; y para ellos es la comparación, para que aprendan
a ser como El que es el Buen Pastor y para que su Iglesia sea lo que tiene que
ser: una casa de la misericordia del Señor, donde los pecadores no encuentren
el reproche, la excomunión, la dureza; sino la acogida, el abrazo de Nuestro
Señor que los llama para el perdón.
Homilía, 16 de abril de 1978.
Papa León XIV. Mensaje de la Jornada
Mundial de Oración por las Vocaciones.
El descubrimiento interior del don de Dios
Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes:
Guiados y custodiados por Jesús Resucitado, en el IV
domingo de Pascua, llamado “domingo del buen Pastor”, celebramos la LXIII
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es un momento de gracia para
compartir algunas reflexiones sobre la dimensión interior de la vocación,
entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo
profundo del corazón de cada uno de nosotros. Recorramos pues juntos el
camino de una vida verdaderamente hermosa, que el Pastor nos muestra.
El camino de la belleza
En el Evangelio de Juan, Jesús se define literalmente el
«pastor bello» (ὁ ποιμὴν ὁ καλός) ( Jn 10,11). La
expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en
cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el
amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la
vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no
son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita
contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y
acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser
verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo
más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos
volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el teólogo
Pável Florenski, la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al
hombre “bello”. [1] El rasgo que distingue a los santos,
además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia
quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su
profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su
misma belleza.
Esta comunicación interior de vida, de fe y de sentido
fue también la experiencia de san Agustín, el cual, en el libro tercero
de las Confesiones, mientras declara y confiesa sus pecados y
errores juveniles, reconoce a Dios «más interior que lo más íntimo mío». [2] Más allá de la conciencia de sí
mismo, descubre la belleza de la luz divina que lo guía en la oscuridad. Agustín
atisba la presencia de Dios en lo más interior de su alma, y eso implica haber
comprendido y vivido la importancia del cuidado de la interioridad como espacio
de relación con Jesús, como camino para experimentar la belleza y la bondad de
Dios en su propia vida.
Dicha relación se construye en la oración y en el
silencio y, si se cultiva, nos abre a la posibilidad de acoger y vivir el don
de la vocación, que nunca es una imposición o un esquema prefijado al que simplemente hay
que adherir, sino un proyecto de amor y de felicidad. En la pastoral vocacional
y en el compromiso siempre nuevo de la evangelización es urgente volver a
partir del cuidado de la interioridad.
En este espíritu, invito a todos —familias,
parroquias, comunidades religiosas, obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas,
educadores y fieles laicos— a comprometerse cada vez más a crear contextos
favorables con el fin de que este don pueda ser acogido, alimentado, custodiado
y acompañado para dar fruto abundante. Sólo si nuestros ambientes brillan
por la fe viva, la oración constante y el acompañamiento fraterno, la llamada
de Dios podrá surgir y madurar, convirtiéndose en camino de felicidad y
salvación para cada uno de nosotros y para el mundo. Recorriendo el camino
que Jesús, el Pastor bello, nos indica, aprendemos entonces a conocernos
mejor a nosotros mismos y a conocer más de cerca a Dios que nos ha llamado.
Conocimiento mutuo
«El Señor de la vida nos conoce e ilumina nuestro corazón
con su mirada de amor». [3] Toda vocación, en efecto, surge
de la conciencia y la experiencia de un Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4,16).
Él nos conoce profundamente, ha contado los cabellos de nuestra cabeza
(cf. Mt 10,30) y ha pensado un camino único de santidad y de
servicio para cada uno. Pero este conocimiento debe ser siempre mutuo; estamos
llamados a conocer a Dios por medio de la oración, de la escucha de la Palabra,
de los sacramentos, de la vida de la Iglesia y de la entrega a los hermanos y a
las hermanas. Como el joven Samuel que, durante la noche, quizá de manera
inesperada, oyó la voz del Señor y aprendió a reconocerla con la ayuda de Elí
(cf. 1 Sam 3,1-10), así también nosotros debemos crear
espacios de silencio interior para intuir lo que el Señor tiene en su corazón
para nuestra felicidad. No se trata de un saber intelectual abstracto o de
un conocimiento académico, sino de un encuentro personal que transforma la
vida. [4] Dios habita en nuestro corazón; la
vocación es un diálogo íntimo con Él, que nos llama —a pesar del ruido en
ocasiones ensordecedor del mundo— y nos invita a responder con verdadera
alegría y generosidad.
« Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore
homine habitat veritas – No quieras derramarte fuera; entra dentro
de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad». [5] Una vez más, san Agustín nos
recuerda lo importante que es aprender a detenerse y a construir espacios de
silencio interior para poder escuchar la voz de Jesucristo.
Queridos jóvenes, ¡escuchen esa voz! Escuchen la
voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo
fructificar los propios talentos (cf. Mt 25,14-30) y clavando
en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades. Por lo
tanto, dediquen tiempo a la adoración eucarística, mediten asiduamente la
Palabra de Dios para vivirla cada día, participen activa y plenamente en
la vida sacramental y eclesial. De este modo conocerán al Señor y, en la
intimidad propia de la amistad, descubrirán cómo entregarse a los demás, en
el camino del matrimonio, o del sacerdocio, o del diaconado permanente, o en la
vida consagrada, religiosa o seglar: toda vocación es un don inmenso para la
Iglesia y para quien la acoge con alegría. Conocer al Señor significa sobre
todo aprender a confiar en Él y en su Providencia, que sobreabunda en toda
vocación.
Confianza
Del conocimiento nace la confianza, actitud que es hija
de la fe, esencial tanto para acoger la vocación como para perseverar en
ella. La vida, en efecto, se revela como un continuo confiar y encomendarse
al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros.
Pensemos en san José, que, a pesar del inesperado
misterio de la maternidad de la Virgen, confió en el sueño divino y acogió a
María y al Niño con corazón obediente (cf. Mt 1,18-25;
2,13-15). José de Nazaret es un icono de confianza total en el designio de
Dios: confió incluso cuando todo a su alrededor parecía ser tiniebla y
negatividad, cuando las cosas parecían andar en dirección opuesta a lo
previsto. Él se fio y confió, seguro de la bondad y la fidelidad del Señor.
«En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “ fiat”,
como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní». [6]
Como nos ha enseñado el Jubileo de la Esperanza, es
necesario cultivar una confianza firme y estable en las promesas de Dios, sin
ceder nunca a la desesperación, superando miedos e incertidumbres, con la
certeza de que el Resucitado es Señor de la historia del mundo y de nuestra
historia personal. Él no nos abandona en las horas más oscuras, sino
que viene a disipar todas nuestras tinieblas con su luz. Y precisamente gracias
a la luz y a la fuerza de su Espíritu, también atravesando pruebas y crisis,
podemos ver madurar nuestra vocación, reflejar cada vez más la belleza de Aquel
que nos ha llamado, una belleza hecha de fidelidad y confianza, a pesar de las
heridas y las caídas.
Maduración
La vocación, en efecto, no es una meta estática,
sino un proceso dinámico de maduración, favorecido por la intimidad con el
Señor. Estar con Jesús, dejar actuar al Espíritu Santo en los corazones y en las
situaciones de la vida y releer todo a la luz del don recibido significa crecer
en la vocación.
Como la vid y los sarmientos (cf. Jn 15,1-8),
así toda nuestra existencia debe constituirse como un vínculo fuerte y esencial
con el Señor, para convertirse en una respuesta cada vez más plena a su llamada, a
través de las pruebas y las podas necesarias. Los “lugares” donde se
manifiesta mayormente la voluntad de Dios y se hace experiencia de su amor
infinito son a menudo los vínculos auténticos y fraternos que somos capaces
de instaurar durante nuestra vida. Qué valioso es tener un buen guía
espiritual que acompañe el descubrimiento y el desarrollo de nuestra vocación.
Qué importantes son el discernimiento y el seguimiento a la luz del Espíritu
Santo, para que una vocación pueda realizarse en toda su belleza.
La vocación, por tanto, no es una posesión
inmediata, algo “dado” de una vez por todas; es más bien un camino
que se desarrolla análogamente a la vida humana, en el cual el don recibido,
además de ser cuidado, debe alimentarse de una relación cotidiana con Dios para
poder crecer y dar fruto. «Esto es valioso, porque sitúa toda nuestra vida
de cara al Dios que nos ama, y nos permite entender que nada es fruto de un
caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al
Señor, que tiene un precioso plan para nosotros». [7]
Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes, los
animo a cultivar su relación personal con Dios a través de la oración cotidiana
y la meditación de la Palabra. Deténganse, escuchen, confíen; de ese modo, el
don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes para
la Iglesia y para el mundo.
Que la Virgen María, modelo de acogida interior del don
divino y maestra de la escucha orante, los acompañe siempre en este camino.
Vaticano, 16 de marzo de 2026
LEÓN PP. XIV
________________________________________________________
[1] «Y de hecho la ascética no está dirigida a formar
un hombre “bueno”, sino bello; el rasgo característico de los santos ascetas no
es en modo alguno la “bondad”, que se encuentra también en hombres carnales,
incluso en pecadores habituales: es la belleza espiritual, la belleza
deslumbradora de una persona resplandeciente, portadora de luz. Esta belleza es
inaccesible para la inercia del hombre carnal» (P. Florenski, La
columna y el fundamento de la verdad, Salamanca 2010, 113).
[2] S. Agustín, Confesiones, III, 6,
11: CSEL 33, 53.
[3] Carta ap. Una
fidelidad que genera futuro (8 diciembre 2025), 5.
[4] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Deus
caritas est (25 diciembre 2005), 1.
[5] S. Agustín, De la verdadera religión, XXXIX,
72: CCSL 32, 234.
[6] Francisco, Carta ap. Patris
corde (8 diciembre 2020), 3.
[7] Francisco, Exhort. ap. postsin. Christus
vivit (25 marzo 2019), 248.
Papa León XIV. Ángelus. 19 de
abril de 2026.
Queridos
hermanos y hermanas:
Unámonos
ahora en oración a María Regina Coeli, Reina del Cielo, para
compartir con ella, nuestra Madre y compañera de camino, la alegría de la
Resurrección.
Con este
canto gozoso no queremos borrar ni sofocar el grito de los que sufren, sino más
bien abrazarlo y unirlo a nuestra voz, en una nueva armonía, para que incluso
en el dolor permanezca viva la luz de la fe, y con ella la esperanza en un
mundo mejor.
Lamento
profundamente el reciente intensificarse de los ataques contra Ucrania, que
siguen afectando también a los civiles. Expreso mi cercanía a quienes sufren y
aseguro mi oración por todo el pueblo ucraniano. Renuevo el llamamiento para
que callen las armas y se siga el camino del diálogo.
En
cambio, es motivo de esperanza la tregua anunciada en Líbano, que representa un
brote de alivio para el pueblo libanés y para el Levante. Aliento a quienes
están trabajando por una solución diplomática a continuar los diálogos de paz,
para hacer permanente el cese de las hostilidades en todo el Medio Oriente.
Cristo
ha vencido a la muerte, y es con esta certeza que todos nosotros, unidos a Él y
en Él como un solo cuerpo, hoy y cada día nos comprometemos a hacer crecer a
nuestro alrededor los frutos de la Pascua, que son el amor, la verdadera
justicia y la paz, más allá de todo obstáculo y dificultad.
Que la
Madre de Jesús, Madre del Corazón, nos ayude a sentir siempre cercana, viva y
fuerte la presencia de su Hijo resucitado.
Papa Francisco. Ángelus. 30 de
abril de 2023.
Agradezco al cardenal Erdő sus palabras. Saludo a la señora Presidenta, al
Primer Ministro y a las autoridades presentes. Ya próximo a regresar a Roma,
deseo expresarles mi agradecimiento a ellos, a los hermanos obispos, a los
sacerdotes, a las consagradas y a los consagrados, y a todo el amado pueblo
húngaro por la acogida y el afecto que he sentido en estos días. Y manifiesto
mi gratitud a los que han venido desde lejos y a los que han trabajado tanto y
tan bien por esta visita. A todos les digo: köszönöm, Isten fizesse!
[¡gracias, que Dios los recompense!] Un recuerdo especial por los enfermos y
los ancianos, por quienes no han podido estar aquí, por quienes se sienten
solos y por quienes han perdido la fe en Dios y la esperanza en la vida. Estoy
cerca de ustedes, rezo por ustedes y los bendigo.
Saludo a los diplomáticos y a los hermanos y hermanas de otras confesiones
cristianas. Gracias por su presencia y gracias porque en este país diversas
confesiones y religiones se encuentran y se sostienen recíprocamente. El
cardenal Erdő ha dicho que aquí se vive “en la frontera oriental de la
cristiandad occidental desde hace mil años”. Es hermoso que las fronteras no
representen barreras que separan, sino zonas de contacto; y que los creyentes
en Cristo pongan en primer lugar la caridad que une y no las diferencias
históricas, culturales y religiosas que dividen. Nos congrega el Evangelio y es
volviendo allí, a las fuentes, donde el camino entre los cristianos proseguirá
según la voluntad de Jesús, Buen Pastor, que nos quiere unidos en un solo
rebaño.
Nos dirigimos ahora a la Virgen. A ella, Magna Domina Hungarorum,
a quien invocan como Reina y Patrona, le encomiendo a todos los húngaros. Y
desde esta gran ciudad y desde este noble país quisiera confiar de nuevo a su
corazón la fe y el futuro de todo el continente europeo, en el que he estado
pensando estos días y, de modo particular, la causa de la paz. Santísima
Virgen, mira a los pueblos que más sufren. Mira sobre todo al cercano y
martirizado pueblo ucraniano y al pueblo ruso, consagrados a ti. Tú eres la
Reina de la paz, infunde en los corazones de los hombres y de los responsables
de las naciones el deseo de construir la paz, de dar a las jóvenes generaciones
un futuro de esperanza, no de guerra; un futuro lleno de cunas, no de tumbas;
un mundo de hermanos, no de muros.
Acudimos a ti, Santa Madre de Dios: después de la resurrección de Jesús
acompañaste los primeros pasos de la comunidad cristiana, haciéndola
perseverante y unánime en la oración (cf. Hch 1,14). Así
mantuviste unidos a los creyentes, preservando la unidad con tu ejemplo dócil y
servicial. Te pedimos por la Iglesia en Europa, para que encuentre la fuerza de
la oración; para que descubra en ti la humildad y la obediencia, el ardor del
testimonio y la belleza del anuncio. A ti te encomendamos esta Iglesia y este
país. Tú, que exultaste por tu Hijo resucitado, llena nuestros corazones de su
alegría. Queridos hermanos y hermanas, les deseo que difundan la alegría de
Cristo: Isten éltessen! [¡Felicidades!]. Agradecido por estos días,
los llevo en el corazón y les pido que recen por mí. Isten áld meg a
magyart! [¡Que Dios bendiga a los húngaros!]
Papa Francisco. Ángelus. 3 de mayo
de 2020.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El cuarto domingo de Pascua, que celebramos hoy, está dedicado a Jesús el
Buen Pastor. El Evangelio nos dice: «las ovejas escuchan su voz; y
a sus ovejas las llama una por una» (Juan 10,3). El Señor
nos llama por nuestro nombre, nos llama porque nos ama. Pero también dice
el Evangelio que hay otras voces que no debemos seguir: las de
los extraños, ladrones y salteadores que quieren el mal de las ovejas.
Estas diferentes voces resuenan dentro de nosotros. Está la voz de Dios,
que habla amablemente a la conciencia, y está la voz tentadora que conduce al
mal. ¿Cómo podemos reconocer la voz del buen Pastor de la del ladrón,
cómo podemos distinguir la inspiración de Dios de la sugerencia del maligno?
Uno puede aprender a diferenciar estas dos voces: hablan dos idiomas
diferentes, es decir, tienen formas opuestas de llegar a nuestros
corazones. Hablan diferentes idiomas. Así como sabemos distinguir un idioma de otro,
también podemos distinguir la voz de Dios y la voz del Maligno. La voz de
Dios nunca obliga: Dios se propone, no se impone.
En cambio, la voz maligna seduce, asalta, fuerza: despierta ilusiones
deslumbrantes, emociones tentadoras, pero pasajeras. Al principio halaga, nos
hace creer que somos todopoderosos, pero luego nos deja vacíos por dentro y nos
acusa: “No vales nada”. La voz de Dios, en cambio, nos corrige, con
tanta paciencia, pero siempre nos anima, nos consuela: siempre alimenta la
esperanza. La voz de Dios es una voz que tiene un horizonte; en
cambio, la voz del maligno te pone contra la pared, te arrincona.
Hay otra diferencia. La voz del enemigo nos distrae del presente y
quiere que nos centremos en los miedos del futuro o en la tristeza del pasado
—el enemigo no quiere el presente—: nos devuelve la amargura, los recuerdos
de las injusticias sufridas, de los que nos han hecho daño..., tantos malos
recuerdos. En cambio, la voz de Dios habla al presente: “Ahora puedes hacer
el bien, ahora puedes practicar la creatividad del amor, ahora puedes renunciar
a los pesares y remordimientos que mantienen tu corazón cautivo”. Nos anima,
nos hace avanzar, pero habla al presente: ahora.
Reitero: las dos voces plantean diferentes preguntas en nuestro
interior. La que viene de Dios nos dice: “¿Qué es bueno para mí?”.
En cambio, el tentador insistirá en otra pregunta: “¿Qué me apetece hacer?”.
Qué me apetece: la voz del mal siempre gira en torno al ego, a sus
pulsiones, a sus necesidades, al todo y ahora. Es como los
caprichos de los niños: todo y ahora. La voz de Dios, en cambio, nunca
promete alegría a bajo precio: nos invita a ir más allá de nuestro ego para
encontrar el verdadero bien, la paz. Recordemos: el mal nunca nos da
paz, causa frenesí primero y deja amargura tras de sí. Así es el estilo del
mal.
La voz de Dios y la del tentador, en definitiva, hablan en diferentes
“ambientes”: el enemigo prefiere la oscuridad, la falsedad, el chismorreo;
por el contrario, el Señor ama la luz del sol, la verdad, la transparencia
sincera. El enemigo nos dirá: “Enciérrate en ti mismo, porque nadie te
entiende ni te escucha, ¡no te fíes!”. El bien, contrariamente, nos
invita a abrirnos, a ser claros y a confiar en Dios y en los demás.
Queridos hermanos y hermanas: en este tiempo, muchos pensamientos y
preocupaciones nos llevan a volver a adentrarnos en nosotros mismos. Prestemos
atención a las voces que llegan a nuestros corazones. Preguntémonos de dónde
vienen. Pidamos la gracia de reconocer y seguir la voz del buen Pastor, que
nos saca del redil del egoísmo y nos guía hacia los pastos de la verdadera
libertad. Que Nuestra Señora, Madre del Buen Consejo, guíe y acompañe nuestro
discernimiento.
Papa Francisco. Ángelus. 7 de mayo
de 2017.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este domingo, (cf. Juan 10, 1-10),
llamado “el domingo del buen pastor”, Jesús se presenta con dos imágenes que se
complementan la una con la otra. La imagen del pastor y la imagen de la puerta
del redil.
El rebaño, que somos todos nosotros, tiene como casa un redil que sirve
como refugio, donde las ovejas viven y descansan después de las fatigas del
camino. Y el redil tiene un recinto con una puerta, donde hay un guardián.
Al rebaño se acercan distintas personas: está quien entra en el recinto
pasando por la puerta y quien «sube por otro lado» (v. 1).
El primero es el pastor, el segundo un extraño, que no ama a las ovejas,
quiere entrar por otros intereses. Jesús se identifica con el primero y
manifiesta una relación de familiaridad con las ovejas, expresada a través de
la voz, con la que las llama y que ellas reconocen y siguen (cf. v. 3). Él las
llama para conducirlas fuera, a los pastos verdes donde encuentran buen
alimento.
La segunda imagen con la que Jesús se presenta es la de la «puerta de las
ovejas» (v. 7). De hecho dice: «Yo soy la puerta: si uno entra por mí, estará a
salvo» (v. 9), es decir tendrá vida y la tendrá en abundancia (cf. v. 10).
Cristo, Buen Pastor, se ha convertido en la puerta de la salvación de la
humanidad, porque ha ofrecido la vida por sus ovejas. Jesús, pastor bueno y puerta de las
ovejas, es un jefe cuya autoridad se expresa en el servicio, un jefe que para
mandar dona la vida y no pide a los otros que la sacrifiquen.
De un jefe así podemos fiarnos, como las ovejas que escuchan la voz de su
pastor porque saben que con él se va a pastos buenos y abundantes. Basta una
señal, un reclamo y ellas siguen, obedecen, se ponen en camino guiadas por la
voz de aquel que escuchan como presencia amiga, fuerte y dulce a la vez, que
guía, protege, consuela y sana.
Así es Cristo para nosotros. Hay una dimensión de la experiencia
cristiana que quizá dejamos un poco en la sombra: la dimensión espiritual y
afectiva.
El sentirnos unidos por un vínculo especial al Señor como las ovejas a su
pastor. A veces racionalizamos demasiado la fe y corremos el riesgo de
perder la percepción del timbre de esa voz, de la voz de Jesús buen pastor,
que estimula y fascina.
Como sucedió a los dos discípulos de Emaús, que ardía su corazón mientras
el Resucitado hablaba a lo largo del camino. Es la maravillosa experiencia de
sentirse amados por Jesús. Haceos una pregunta: “¿Yo me siento amado por Jesús?
¿Yo me siento amada por Jesús?”. Para Él no somos nunca extraños, sino
amigos y hermanos. Sin embargo, no es siempre fácil distinguir la voz del
pastor bueno. Estad atentos.
Está siempre el riesgo de estar distraídos por el estruendo de muchas otras
voces.
Hoy somos invitados a no dejarnos desviar por las falsas sabidurías de
este mundo, sino a seguir a Jesús, el Resucitado, como única guía segura
que da sentido a nuestra vida.
En esta Jornada
Mundial de oración por las vocaciones —en particular por las
vocaciones sacerdotales, para que el Señor nos mande buenos pastores— invocamos
a la Virgen María: Ella acompañe a
los diez nuevos sacerdotes que he ordenado hace poco.
He pedido a cuatro de ellos de la diócesis de Roma que se asomen para dar
la bendición junto a mí.
La Virgen sostenga con su ayuda a cuantos son llamados por Él, para que
estén preparados y sean generosos en el seguir su voz.
Papa Francisco. Ángelus. 11 de
mayo de 2014.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El evangelista Juan nos presenta, en este IV domingo del tiempo pascual, la
imagen de Jesús Buen Pastor. Contemplando esta página del Evangelio, podemos
comprender el tipo de relación que Jesús tenía con sus discípulos: una relación
basada en la ternura, en el amor, en el conocimiento recíproco y en la promesa
de un don inconmensurable: «Yo he venido —dice Jesús— para que tengan
vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Tal relación es el
modelo de las relaciones entre los cristianos y de las relaciones humanas.
También hoy, como en tiempos de Jesús, muchos se proponen como «pastores»
de nuestras existencias; pero sólo el Resucitado es el verdadero Pastor que nos
da la vida en abundancia. Invito a todos a tener confianza en el Señor que nos guía. Pero no sólo nos
guía: nos acompaña, camina con nosotros. Escuchemos su palabra con mente y
corazón abiertos, para alimentar nuestra fe, iluminar nuestra conciencia y
seguir las enseñanzas del Evangelio.
En este domingo recemos por los pastores de la Iglesia, por todos los
obispos, incluido el obispo de Roma, por todos los sacerdotes, por todos. En
particular, recemos por los nuevos sacerdotes de la diócesis de Roma, a los que
acabo de ordenar en la basílica de San Pedro. Un saludo a estos trece
sacerdotes. Que el Señor nos ayude a nosotros, pastores, a ser siempre fieles
al Maestro y guías sabios e iluminados del pueblo de Dios confiado a nosotros.
También a vosotros, por favor, os pido que nos ayudéis: ayudarnos a ser buenos
pastores. Una vez leí algo bellísimo sobre cómo el pueblo de Dios ayuda a los
obispos y a los sacerdotes a ser buenos pastores. Es un escrito de san Cesáreo
de Arlés, un Padre de los primeros siglos de la Iglesia. Explicaba cómo el pueblo
de Dios debe ayudar al pastor, y ponía este ejemplo: cuando el ternerillo tiene
hambre va donde la vaca, a su madre, para tomar la leche. Pero la vaca no se la
da enseguida: parece que la conserva para ella. ¿Y qué hace el ternerillo?
Llama con la nariz a la teta de la vaca, para que salga la leche. ¡Qué hermosa
imagen! «Así vosotros —dice este santo— debéis ser con los pastores: llamar
siempre a su puerta, a su corazón, para que os den la leche de la doctrina, la
leche de la gracia, la leche de la guía». Y os pido, por favor, que
importunéis a los pastores, que molestéis a los pastores, a todos nosotros
pastores, para que os demos la leche de la gracia, de la doctrina y de la guía.
¡Importunar! Pensad en esa hermosa imagen del ternerillo, cómo importuna a su
mamá para que le dé de comer.
A imitación de Jesús, todo pastor «a veces estará delante para indicar
el camino y cuidar la esperanza del pueblo —el pastor debe ir a veces
adelante—, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía
sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del
pueblo para ayudar a los rezagados» (Exhortación apostólica Evangelii
gaudium, 13). ¡Ojalá que todos los pastores sean así! Pero vosotros
importunad a los pastores, para que os den la guía de la doctrina y de la
gracia.
Este domingo se celebra la Jornada mundial de oración por las
vocaciones. En el Mensaje de
este año he recordado que «toda vocación (…) requiere siempre un éxodo de sí
mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio» (n. 2).
Por eso la llamada a seguir a Jesús es al mismo tiempo entusiasmante y
comprometedora. Para que se realice, siempre es necesario entablar una profunda
amistad con el Señor a fin de poder vivir de Él y para Él.
Recemos para que también en este tiempo muchos jóvenes oigan la voz del
Señor, que siempre corre el riesgo de ser sofocada por otras muchas voces.
Recemos por los jóvenes: quizá aquí, en la plaza, haya alguno que oye esta voz
del Señor que lo llama al sacerdocio; recemos por él, si está aquí, y por todos
los jóvenes que son llamados.
Benedicto XVI. Ángelus.15 de mayo de
2011.
Queridos hermanos y hermanas:
La liturgia del IV domingo de Pascua nos presenta uno de los iconos más
bellos que, desde los primeros siglos de la Iglesia, han representado al Señor
Jesús: el del buen Pastor. El Evangelio de san Juan, en el capítulo décimo,
nos describe los rasgos peculiares de la relación entre Cristo pastor y su
rebaño, una relación tan íntima que nadie podrá jamás arrebatar las ovejas
de su mano. De hecho, están unidas a él por un vínculo de amor y de
conocimiento recíproco, que les garantiza el don inconmensurable de la vida
eterna. Al mismo tiempo, el Evangelista presenta la actitud del rebaño hacia
el buen Pastor, Cristo, con dos verbos específicos: escuchar y seguir.
Estos términos designan las características fundamentales de quienes viven el
seguimiento del Señor. Ante todo la escucha de su Palabra,
de la que nace y se alimenta la fe. Sólo quien está atento a la voz del Señor
es capaz de evaluar en su propia conciencia las decisiones correctas para obrar
según Dios. De la escucha deriva, luego, el seguir a
Jesús: se actúa como discípulos después de haber escuchado y acogido
interiormente las enseñanzas del Maestro, para vivirlas cada día.
En este domingo surge espontáneamente recordar a Dios a los pastores de la
Iglesia y a quienes se están formando para ser pastores. Os invito, por tanto,
a una oración especial por los obispos —incluido el Obispo de Roma—, por los
párrocos, por todos aquellos que tienen responsabilidades en la guía del rebaño
de Cristo, para que sean fieles y sabios al desempeñar su ministerio. En
particular, recemos por las vocaciones al sacerdocio en esta Jornada mundial de
oración por las vocaciones, para que no falten nunca obreros válidos en la mies
del Señor. Hace setenta años, el venerable Pío XII instituyó la Obra pontificia
para las vocaciones sacerdotales. La feliz intuición de mi predecesor se
fundaba en la convicción de que las vocaciones crecen y maduran en las
Iglesias particulares, ayudadas por ambientes familiares sanos y robustecidos
por espíritu de fe, de caridad y de piedad. En el mensaje
que envié para esta Jornada mundial subrayé que una vocación se
realiza cuando se sale «de su propia voluntad cerrada en sí misma, de su idea
de autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse
guiar por ella» (L’Osservatore Romano, edición en lengua
española, 13 de febrero de 2011, p. 4). También en este tiempo, en el que la
voz del Señor corre el riesgo de verse ahogada por muchas otras voces, cada
comunidad eclesial está llamada a promover y cuidar las vocaciones al
sacerdocio y a la vida consagrada. En efecto, los hombres siempre tienen
necesidad de Dios, también en nuestro mundo tecnológico, y siempre habrá
necesidad de pastores que anuncien su Palabra y que ayuden a encontrar al Señor
en los sacramentos.
Queridos hermanos y hermanas, fortalecidos por la alegría pascual y por la
fe en el Resucitado, confiemos nuestros propósitos y nuestras intenciones a la
Virgen María, madre de toda vocación, para que con su intercesión suscite y
sostenga numerosas y santas vocaciones al servicio de la Iglesia y del mundo.
Benedicto XVI. Ángelus. 13 de
abril de 2008.
Queridos hermanos y hermanas:
En este IV domingo de Pascua, en el que la liturgia nos presenta a Jesús
como el buen Pastor, se celebra la Jornada mundial de oración por las
vocaciones. En todos los continentes, las comunidades eclesiales imploran al
unísono del Señor numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, a la vida
consagrada y misionera, y al matrimonio cristiano, y meditan sobre el
tema: "Las
vocaciones al servicio de la Iglesia-misión". Este año la Jornada
mundial de oración por las vocaciones se sitúa en la perspectiva del "Año
paulino", que comenzará el 28 de junio próximo, para celebrar el
bimilenario del nacimiento del apóstol san Pablo, el misionero por excelencia.
En la experiencia del Apóstol de los gentiles, a quien el Señor llamó para
ser "ministro del Evangelio", vocación y misión son inseparables. Por
tanto, constituye un modelo para todo cristiano y, de modo particular, para los
misioneros ad vitam, o sea, para los hombres y las mujeres que se
dedican totalmente a anunciar a Cristo a quienes aún no lo conocen: esta
vocación sigue manteniendo toda su validez.
Este servicio misionero lo realizan en primer lugar los sacerdotes,
ofreciendo la palabra de Dios y los sacramentos y manifestando mediante su
caridad pastoral con todos, sobre todo con los enfermos, los pequeños y los pobres, la
presencia sanadora de Jesucristo. Demos gracias a Dios por estos hermanos
nuestros que se entregan sin reservas en el ministerio pastoral, coronando a
veces su fidelidad a Cristo con el sacrificio de su vida, como les sucedió ayer
a dos religiosos asesinados en Guinea y Kenia. A ellos se dirige nuestra
admiración y nuestra gratitud, juntamente con nuestra oración de sufragio.
Oremos también para que sea cada vez mayor el número de quienes deciden
vivir radicalmente el Evangelio mediante los votos de castidad, pobreza y
obediencia: hombres y mujeres que desempeñan un papel primario en la
evangelización. Algunos de ellos se dedican a la contemplación y a la oración;
otros, a una multiforme acción educativa y caritativa, pero a todos los une
un mismo objetivo: testimoniar la primacía de Dios sobre todo y difundir su
reino en todos los ámbitos de la sociedad. Muchos de ellos, como escribió
el siervo de Dios Pablo VI, «son emprendedores y su apostolado está
frecuentemente marcado por una originalidad y una imaginación que suscitan
admiración. Son generosos: no raras veces se les encuentra en la vanguardia de
la misión y afrontando los más grandes riesgos para su salud y su propia vida»
(Evangelii
nuntiandi, 69).
Por último, no hay que olvidar que también la vocación al matrimonio
cristiano es una vocación misionera: en efecto, los esposos están
llamados a vivir el Evangelio en las familias, en los ambientes de trabajo, en
las comunidades parroquiales y civiles. Además, en ciertos casos, prestan una
valiosa colaboración a la misión ad gentes.
Queridos hermanos y hermanas, invoquemos la maternal protección de María
sobre las múltiples vocaciones que existen en la Iglesia, para que se
desarrollen con un fuerte carácter misionero. A ella, Madre de la Iglesia y
Reina de la paz, le encomiendo también la especial experiencia misionera que
viviré en los próximos días durante el viaje apostólico a Estados Unidos y la
visita a la ONU, a la vez que os pido a todos vosotros que me acompañéis con
vuestra oración.
DOMINGO
5º DE PASCUA.
Monición de entrada.-
Porque Jesús es nuestro camino, verdad y
vida.
Además estamos en el mes de Mayo, el mes
de María.
Y este domingo es el Día de la Madre.
Así que daremos gracias a Jesús por tener
las mamás más buenas que podíamos tener.
Y rezaremos por ellas, para que sean muy
queridas por nosotros y nuestros papás.
Señor, ten piedad.-
Tú, que eres
el camino. Señor, ten piedad.
Tú, que eres
la verdad. Cristo, ten piedad.
Tú, que eres
la vida. Señor, ten piedad.
Peticiones.-
Jesús,
te pido por el Papa León y el obispo Enrique. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por la Iglesia, para que
crezca en la fe. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por las personas que en
la Iglesia nos hablan de ti, como son las catequistas y maestras de religión;
para que les des sabiduría . Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por las personas que te
buscan; para que te encuentren. Te lo pedimos, Señor.
Jesús, te pido por nosotros, para que
nunca te dejemos, tú que eres el camino que nos lleva al Padre. Te lo pedimos, Señor.
Acción de gracias.-
María,
queremos darte las gracias por nuestras madres. Ellas nos tuvieron dentro de su
tripa nueve meses y ella nos tienen en su corazón desde que se dieron cuenta
que estábamos allí. Gracias por tener nuestras madres y gracias por ser también
tú nuestra madre.

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