miércoles, 22 de abril de 2026

Nº 305. Domingo 4º Tiempo Pascual, del Buen Pastor. 26 de abril de 2026.

 


Primera lectura.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 14.36-41

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró:

-Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.

Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:

-¿Qué tenemos que hacer, hermanos?

Pedro les contestó:

-Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro.

Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:

-Salvaos de esta generación perversa.

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

 

Textos paralelos.

¿Qué hemos de hacer, hermanos?

Hch 16, 30: Los sacó fuera y les preguntó: “Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?”.

Lc 3, 10: La gente le preguntaba: “Entonces, ¿qué debemos hacer?”.

Convertíos.

Mt 3, 2: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

Hch 1, 5: Porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días.

Recibáis el Espíritu Santo.

Hch 2, 33: Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.

La promesa es para vosotros y para vuestros hijos.

Is 57, 19: Creo la paz como fruto de los labios: / “Paz a los que están lejos y al que está cerca” / – dice el Señor, y los curaré.

Jl 3, 5: Y todo el que invoque / el nombre del Señor se salvará. / Habrá supervivientes en el monte Sión, / como lo dijo el Señor, / y también en Jerusalén / entre el resto que el Señor convocará.

Poneos a salvo de esta generación.

Hch 6,1: En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.

Lc 9, 41: Respondió Jesús: “Generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo he de estar con vosotros y os tendré que sufrir”.

Dt 32, 5: Hijos degenerados se portaron mal con él, / generación malvada y pervertida.

Mt 17, 17: Jesús tomó la palabra y dijo: “¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que soportaros?”.

Flp 2, 15: Y así seréis irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo.

 

Notas exegéticas.

2 36 Conclusión del argumento escriturístico: por su resurrección ha sido Jesús constituido en el “Señor” de que habla el Salmo 110 y en el “Mesías” (Cristo) al que se refiere el Salmo 16. Análoga argumentación partiendo del Salmo 2, 7 (Hijo de Dios) en Hch 13, 33. Ver también Hch 5, 31 (Jefe y Salvador), Rm 14, 9 (Juez y Señor de vivos y muertos); Flp 2, 9-11 (Señor en gloria).

2 38 (a) Cada uno de los grandes discursos apostólicos concluye en un llamamiento a la conversión para conseguir el perdón de los pecados.

2 38 (b) El bautismo se da “en el nombre de Jesucristo”, se le recibe “invocando el nombre del Señor Jesús”. Este modo de hablar, tal vez más que a la fórmula ritual del bautismo atiende a la significación del rito mismo: profesión de fe en Cristo, toma de posesión por Cristo de los que en adelante le estarán consagrados.

2 39 (a) La Promesa concierne primero a los judíos.

2 39 (b) Es decir, los gentiles, por alusión a Is 57, 19, citado y explicado por Ef 2, 13-17.

2 40 O “daba testimonio”.

2 41 Lucas cuida constantemente de señalar el crecimiento numérico de la Iglesia.

 

Salmo responsorial

Salmo 23 (22), 1-6


R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

 

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiega. R/.

 

Preparas una mesa ante mí,

enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa. R/.

 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término. R/.

 

Textos paralelos.

Yahvé es mi pastor.

Ez 34, 1: Me fue dirigida esta palabra del Señor: “Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza y diles: “¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar las ovejas?

Jn 10, 11-12: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa.

Me conduce a fuentes tranquilas.

Jn 4, 1-2: Cuando supo Jesús que habían oído los fariseos que Jesús hacía más discípulos que Juan y que bautizaba (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos).

Is 40, 31: Pero los que esperan en el Señor / renuevan sus fuerzas, / echan alas como las águilas, / corren y no se fatigan, / caminan y no se cansan.

Jr 31, 25: Pues refrescaré las gargantas resecas y saciaré las gargantas hambrientas.

Pr 4, 11: Te instruiré en el camino de la sabiduría, / te guiaré por la senda recta.

Sal 115, 1: No a nosotros, Señor, no a nosotros, / sino a tu nombre da la gloria, / por tu bondad, por tu lealtad.

Aunque fuese por valle tenebroso.

Is 50, 10: Quien de vosotros teme al Señor / y escucha la voz de su siervo, / aunque camine en tinieblas, sin ninguna claridad, / que confíe en el nombre del Señor, / que se apoye en su Dios.

Jb 10, 21-22: Antes de que vaya, para no volver, / al país tenebroso, de sombras de muertos, / al país lúgubre como la oscuridad, / con sombras de muertos, sin orden, / donde la luz es pura oscuridad.

Preparas ante mí una mesa.

Ex 16, 1: Toda la comunidad de Israel partió de Elín y llegó al desierto de Sin, entre Elín y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.

Sal 22, 27: Los desvalidos comerán hasta saciarse, / alabarán al Señor los que lo buscan. / ¡Viva su corazón por siempre!

Mi copa rebosa.

Sal 16, 5: El Señor es el lote de mi heredad y mi copa / mi suerte está en tu mano.

Sal 63, 6: Me saciaré como de enjundia y de manteca, / y mis labios te alabarán jubilosos.

Habitaré en la casa de Yahvé.

Sal 27, 4: Una cosa pido al Señor, / eso buscaré: / habitar en la casa del Señor, / por los días de mi vida; / gozar de la dulzura del Señor, / contemplando su templo.

 

Notas exegéticas.

23 La solicitud divina por los justos, descrita bajo la doble imagen del pastor y del huésped que ofrece el banquete mesiánico. Este salmo se aplica tradicionalmente a la vida sacramental, especialmente al Bautismo y a la Eucaristía.

23 4 “pues tu vienes”: adicción probable para armonizar con 1 S 22, 23 y subrayar así la alusión al gesto davídico. El texto primitivo sería: “Cerca de mí, tu vara, tu cayado están ahí”.

23 5 Conforme a la hospitalidad oriental: Am 6, 6.

23 6 “Y habitaré” versiones: “volveré a” hebreo (simple corrección vocálica).

 

Segunda lectura.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20b-25

Queridos hermanos:

Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios. Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándonos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados. Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.

 

Textos paralelos.

Pues para esto habéis sido llamados.

Mt 16, 24: Entonces dijo a los discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Dejándoos un modelo para que sigáis sus huellas.

2 Ts 3, 7: Ya sabéis vosotros cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: No vivimos entre vosotros sin trabajar.

Él no cometió pecado.

Jn 8, 46: ¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?

En su boca no se halló engaño.

Is 53, 9: Le dieron sepultura con los malvados / y una tumba con los malhechores, / aunque no había cometido crímenes / ni hubo engaño en su boca.

Cuando era insultado no respondía.

Mt 5, 39: Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra.

Mt 26, 62: El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: “¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?

Sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo.

Is 53, 12: Le daré una multitud como parte, / y tendrá como despojo una muchedumbre. / Porque expuso su vida a la muerte / y fue contado entre los pecadores, / él tomó el pecado de muchos / e intercedió por los pecadores.

2 Co 5, 21: Al que no conocía pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

Viviéramos para la justicia.

Rm 6, 13: No pongáis vuestros miembros al servicio del pecado, como instrumentos de injusticia; antes bien, ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte, y poned vuestros miembros al servicio de Dios, como instrumentos de la justicia.

Is 53, 5-6: Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, / triturado por nuestros crímenes. / Nuestro castigo saludable cayó sobre él, / sus cicatrices nos curaron. // Todos errábamos comino ovejas, / cada uno siguiendo su camino; / y el Señor cargó sobre él / todos nuestros crímenes.

Erais como ovejas descarriadas.

Ez 34, 5: Sin pastor, se dispersaron para ser devoradas por las fieras del campo.

 

Notas exegéticas:

2 20 Lit. “esto es una gracia ante Dios”. El término “gracia” (charis) tiene en 1 P un sentido englobante: voluntad de Dios de conceder la vida a las personas, concreción de la gracia en la participación de la vida de Cristo sufriente y glorioso. Desde este punto de vista, los siervos, injustamente tratados debido a su fe, son especialmente incluidos en este paradójico plan de gracia.

2 21 (a) Var.: “murió”.

2 21 (b) Lo “meritorio” (lit. “gracia”) de soportar la injusticia se apoya en el modelo de Cristo con sus reminiscencias de Is 53, acaso proceden de un himno. Los cristianos maltratados deben recordar a Jesús crucificado por nuestros pecados, etc., inocente y paciente.

2 22 Los vv. 22-24 se inspiran libremente en Is 53, 4-9.12. Quizá nos hallamos ante un himno de la Iglesia primitiva, que ha hecho suyo mediante variedad de formas el tema del siervo sufriente. Jesús mismo se apoyó en este pasaje de Isaías para anunciar el sentido de su muerte.

2 25 Var.: “Estabais descarriados como ovejas”. Estas ovejas están ahora en el rebaño del que es pastor Jesús y el “epíscopo”, inspector o vigilante.

 

Evangelio.

X Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:

-En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas caminan delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de que les hablaba. Por eso añadió Jesús:

-En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

 

Textos paralelos.

Ese es un ladrón y un salteador.

Jn 21, 16: Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le contesta: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Él le dice: “Pastorea mis ovejas”.

Luego las llama una por una.

Ml 2, 13: También hacéis esto: cubrís de lágrimas el altar del Señor, de llantos y gemidos, pero el Señor no mira vuestra ofrenda, ni os recibe con gusto.

Yo soy la puerta.

Jn 3, 17: Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Sal 23, 1: El Señor es mi pastor, nada me falta.

Is 49, 9-10: Mirad, el Señor Dios me ayuda, /& ¿quién me condenará? / Mirad, todos se consumen como un vestido, / los roe la polilla. // Quien de vosotros teme al Señor / y escucha la voz de su siervo, / aunque camine en tinieblas, sin ninguna claridad, / que confíe en el nombre del Señor, / que se apoye en su Dios.

Ex 34, 14: No te postres ante otro dios, porque el Señor se llama “Celoso”, y es un Dios celoso.

 

Notas exegéticas Biblia de Jerusalén.

10 1 La primera parábola (10, 1-5) contrapone el pastor, que entra normalmente porque ha recibido esa misión, a quienes proceden de forma irregular y quieren dominar en provecho propio, es decir, los doctores fariseos, de los que se habla a partir de 9, 13; e introduce 10, 11-18: “Yo soy el buen pastor”. La segunda parábola (10, 7-10) comenta la afirmación de Jesús “Yo soy la puerta”.

10 3 O bien: “a cada una por su nombre”.

10 6 A los fariseos cegados, 9, 40. No comprenden que la parábola se dirige a ellos.

10 7 Que da acceso a las ovejas. Para regir legítimamente el rebaño hay que pasar por Jesús.

10 8 Om.: “delante de mí” – Probablemente se trata de los fariseos.

10 9 El tema de la puerta que da acceso a las realidades celestes era frecuente en la tradición judía (Gn 28, 17; Sal 17, 23; Henoc 72, 75) y en los evangelios sinópticos (Mt 7, 13-14). En Jn es el propio Jesús quien, por su encarnación, es el lugar del descubrimiento y de la recepción de los dones divinos.

10 10 La vida eterna, la de Jesús y con su magnificencia.

 

Notas exegéticas Nuevo Testamento, versión crítica

10 Continua la discusión de Jesús con los jefes religiosos, sin corte en el texto respecto al capítulo 9, ni cambio de lugar o día. La conducta de los fariseos con el ciego curado los define como falsos pastores frente al único Buen Pastor. Se repite una constante de la historia de Israel, que amplifican imaginativamente los capítulos 89-90 de Henoc (etiópico).

1 El recinto: el vocablo aulê, en la Biblia griega no significa “redil” de ovejas, sino “patio interior” o atrio. Jesús no está en una escena campestre en galilea, sino en los atrios del templo, significado que propiamente tiene aquí esta palabra. Por otra parte hay otro recinto inaccesible sin Jesús: la vida trinitaria.

Ladrón y… bandido: pequeño ejemplo de cómo la Sagrada Escritura es parte integrante de la lengua de Cervantes, aunque cada personaje la acomode a su interés “no sería tenido por caballero legítimo, sino por bastardo y que entró en la fortaleza de la caballería [andante] no por la puerta, sino por las bardas, como salteador y ladrón” (Don Quijote).

2 Es… pastor: es pastor auténtico, es decir, no es ladrón.

3 Por [su] nombre: o de una en una.

Las saca: las hace salir. Terminología tradicional de las narraciones del Éxodo para hablar de liberación de la esclavitud. Jesús libera a sus ovejas, sacándolas del recinto del judaísmo oficial. La imagen del pastor no es figura tierna ni idílica: aparece en contexto de lucha y enfrentamiento con los malos pastores, y entre continuas alusiones a perder la vida por las ovejas.

5 No conocen: intuitivamente tienen que hacer esfuerzo de estudio e inteligencia para conocer (el verbo griego es oîda, no ginôskô); por eso, como reacción instintiva huyen.

6 Esta alegoría: estas palabras enigmáticas, misteriosas. La alegoría, casi sinónimo de “parábola” en los Sinópticos – entendiendo como parábola como relacionada con “enigma” –, desarrolla una idea a base de imágenes y metáforas consecutivas, que entreabren el sentido; es modo característico de revelarse Jesús en su vida pública. Las imágenes de esta alegoría son tres: la puerta, el pastor, el “sacar” las ovejas.

Qué era lo que quería decirles: o bien: que significaba lo que les decía.

7,9 La puerta: quizá alude a una costumbre de pastores: el pastor duerme echado en la portilla del aprisco, y forma así “la puerta” con su propio cuerpo. Jesús es nuestro acceso al Padre: “Es llamado puerta y entrada, porque él solo nos guía y encamina y hace entrar en el conocimiento de Dios y en su amor verdadero” (fray Luis de León). Cf. también 14, 5: a través de ese “camino” entramos en la intimidad de Dios; en él, que, por ser la puerta del nuevo templo es también parte del recinto, estamos en la esfera trinitaria, donde reinan la verdadera libertad (“entrar y salir”: expresión semítica = libertad de movimientos, actividad sin coacción y plenitud de vida (= encontrar pastos).

 

Notas exegéticas desde la Biblia Didajé:

10, 1-21 Cristo habló de sí mismo utilizando dos imágenes relacionadas: él es el Buen Pastor que guía a su rebaño y está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, y también es la puerta por la que sus ovejas acceden a la vida eterna. Los profetas Jeremías y Ezequiel, del Antiguo Testamento, se referían al pueblo de Israel como “el rebaño” y a quienes les conducían como “pastores”, y el Salmo 23 habla explícitamente del Señor como un pastor que aguarda, protege y cuida a sus ovejas. Cat. 574, 582, 596, 754 y 764.

10, 3 Los fieles de la Iglesia son el rebaño que entra a través de la puerta que es Cristo. Cat 2158.

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

754 La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es Cristo. Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios, como él mismo anunció (Is 40, 11). Aunque son pastores humanos quienes gobiernan a las ovejas, sin embargo es Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; Él, el Buen Pastor y Cabeza de los pastores (Jn 10, 11), que dio su vida por las ovejas (Jn 10, 11-15).

764 “Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo” (C. Vaticano II, Lumen gentium, 5). Acoger la palabra de Jesús es acoger “el Reino” (Ib.). El germen y el comienzo del Reino son el “pequeño rebaño” (Lc 12, 32) de los que Jesús ha venido a convocar en torno suyo y de los que él mismo es el Pastor (Jn 10, 1-21). Constituyen la verdadera familia de Jesús (cf. Mt 12, 49). A los que reunió así en torno suyo, les enseñó no solo una nueva “manera de obrar”, sino también una oración propia (cf. Mt 5-6).

 

Concilio Vaticano II

La función de pastor no se reduce a cuidar a cada uno de los fieles individualmente. Se extiende propiamente también a formar una auténtica comunidad cristiana. Pero, para cultivar debidamente el espíritu de comunidad, este debe abarcar no solo la comunidad local, sino también la Iglesia universal. La comunidad local no debe favorecer solo el cuidado de sus fieles, sino que, llena de amor misionero, debe preparar a todos los hombres el camino hacia Cristo. Tiene, sin embargo, especialmente encomendados los catecúmenos y neófitos, a los que hay que educar gradualmente en el conocimiento y práctica de la vida cristiana.

No se construye ninguna comunidad cristiana si esta no tiene su raíz y centro en la sagrada Eucaristía. En ella, pro tanto, ha de empezar toda la formación en el espíritu de comunidad. Esta celebración, para ser sincera y plena, debe llevar a las diversas obras de caridad y a la ayuda mutua, así como a la actividad misionera y a las diversas formas de testimonio cristiano.

Además, con su caridad, oración, ejemplo y obras de penitencia, la comunidad eclesial ejerce una auténtica maternidad respecto a las almas para llevarlas a Cristo. Ella misma es un instrumento eficaz que indica o allana a los que todavía no creen, el camino hacia Cristo y su Iglesia y también los fieles son animados, alimentados y fortalecidos para el combate espiritual.

En la construcción de la comunidad cristiana, los presbíteros nunca se ponen al servicio de ninguna ideología o partido humano, sino que, como predicadores del Evangelio y pastores de la Iglesia, desempeñan su labor para conseguir el crecimiento espiritual del Cuerpo de Cristo.

Concilio Vaticano II, Presbyterorun ordinis, 6.

 

San Agustín

Si hablara de lo mío, sería un pastor que se apacienta a sí mismo, y no a las ovejas. Si, por el contrario, lo que voy a decir es de él, es él quien os alimenta, hable quien hable. Esto dice el Señor Dios: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan solo a sí mismos! ¿No son ovejas lo que apacientan los pastores? Es decir, los pastores no se apacientan a sí mismos, sino a las ovejas. Este es el primer motivo por el que se censura a los pastores: se apacientan a sí mismos, no a las ovejas.

¿Quiénes son los que se apacientan a sí mismos? Aquellos a quienes dice el Apóstol: Todos buscan sus intereses, no los de Jesucristo (Flp 2, 21). Nosotros, a quienes el Señor nos puso, porque así él lo quiso, no por nuestros méritos, en este puesto del que hemos de dar cuenta estrechísima, tenemos que distinguir dos cosas: que somos cristianos y que somos pastores vuestros. El ser cristianos es en beneficio nuestro; el ser pastores, en el vuestro.

Llegará un día en que todo sea sometido a juicio. Día que, aunque para el mundo esté lejano todavía, para cada hombre es el último de su vida. Dios quiso mantener oculto uno y otro: cuando ha de llegar el fin del mundo y cuándo ha de ser el final de la vida para cada uno de los hombres.

Todo el que es pastor y se goza de ser lo, busca su propio honor y mira solamente sus comodidades, se apacienta a sí mismo, no a las ovejas.

Llamaré a la oveja descarriada, buscaré a la perdida. Quieras o no lo haré. Y aunque al buscarla me desgarren las zarzas de los bosques, pasaré por todos los lugares, por angostos que sean; derribaré todas las vallas; en la medida en que me dé fuerzas el Señor que me atemoriza, recorreré todo. Llamaré a la descarriada, buscaré a la perdida. Si no quieres tener que soportarme, no te pierdas.

Sermón 46. I, pgs. 519-522.

 

Los Santos Padres.

¿Quién entra por la puerta? Quien entra por Cristo. Y ¿quién es este? Quien imita la pasión de Cristo, quien conoce la humildad de Cristo, y pues Dios se hizo por nosotros hombre, reconozca el hombre que no es Dios, sino un mero hombre.

Agustín, Sermones, 137. 4a, pg. 452.

Y, ¿quién otro las puede sacar sino aquel que perdona sus pecados para que le puedan seguir libres de esas férreas ataduras?

Agustín, Tratados sobre el Ev. de Juan, 45. 4a, pg. 454.

Ciertamente, los pastores las hacen avanzar y ellos las siguen. Pero, para mostrar que llevará a todos a la verdad, obra contra lo que es costumbre entre los pastores [y camina delante de ellas].

Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Juan, 59. 4a, pg. 454.

Ojalá nos sea dado a todos nosotros, pastores y rebaño, estar lejos de esos pastores como de hierba envenenada y mortífera, y que apacentados y apacentadores, todos seamos uno en Cristo Jesús, ahora y en el descanso de la otra vida.

Gregorio Nacianceno, Discurso sobre la Pascua, 1. 4a, pg. 455.

Cristo es la puerta del Padre por la que entran Abrahán, Isaac, Jacob, los profetas, los apóstoles y la iglesia. Todo esto [se encamina] a la unidad de Dios.

Ignacio de Antioquía, Carta a los filadelfos, 9. 4a, pg. 458.

Es camino, en cuanto conduce por sí mismo. Es puerta, en tanto que introductor. Y es pastor porque apacienta a su rebaño en campo verde, lo nutre con agua de reposo; desde allí marcha a la cabeza del rebaño y lo defiende de las bestias salvajes; hace volver a la oveja errante, recobra la perdida y cura a la herida; vigila a la que está fuerte y reúne a todo el rebaño en el redil de lo alto, sirviéndose de las palabras de su ciencia pastoral.

Gregorio Nacianceno, Discurso sobre el Hijo, 30. 4a, pg. 458.

 

San Juan de Ávila

Esta es la puerta por donde el que entrare será salvo, y la escalera por donde suben al cielo (cf. Jn 10, 9). Y quiere Dios Padre honrar la humanidad de su unigénito Hijo, y no dar su amistad sino a quien creyere; y no dar su comunicación sino a quien con mucha atención lo pensare. Hacedos, pues, esclava de la sagrada pasión, pues por ella fuisteis liberada del captiverio de vuestros pecados y de los infernales tormentos. Y no sea a vos, pesado pensar lo que a Él con vuestro grande amor no le fue pesado pasar.

Audi, filia (I). I, pg. 459-460.

Esta es la puerta por donde el que entrare será salvo, y la escalera, por donde suben al cielo (Jn 10, 9; Gn 28, 12). Porque quiere Dios Padre honrar la humanidad y humildad de su Ungénito Hijo, en no dar su amistad sino a quien las creyere; y no dar su familiar comunicación sino a quien con mucha atención las pensare.

Audi, filia (II). I, pg. 681.

Estos capítulos se vean juntos; y acerca del 5 se advierta que para el examen de los clérigos convendrá que el obispo, en secreto, tenga en cada pueblo personas de quien justamente se fie que le tengan informado de los que hay que pretendan ordenarse y de la calidad y vida de cada uno de ellos, porque esto es “oves vocare nominatim” (llamar a las ovejas por su nombre” (Jn 10, 3).

Algunas advertencias al sínodo de Toledo. II, pg. 725.

Luego, ¿qué me trajo Cristo? ¿Sus yugos son más fuertes que los de Moisén? Veis aquí la causa, por qué muchos dicen que es el Evangelio carga pesada. Hermanos: por nuestra flaqueza. No neguemos la verdad, confesemos que nosotros no tenemos fuerzas; que la carga liviana es. Dice el Señor: Las ovejas oyen al pastor y síguenle (Jn 10, 3.7).

Lecciones sobre 1 San Juan (I). II, pg. 188.

Ego veni ut vitam habeant et abundantiuos habeant (Jn 10, 10), etc. Todo esto va enderezado a derecir al hombre cuán grande miseria es tener en su corazón pecado; cuan incomparable es su desventura y cuán perjudicial su maldición, pues para sacarle a él de esta maldición fue menester que la fuente de todas las bendiciones tomase a sus cuestas su maldición; el príncipe de todas las santidades se sujetase a la pena que por el pecado se debía; el que era libre de todo captiverio se entregase al afecto del verdadero captiverio; la fuente de salud enfermase.

Lecciones sobre la epístola a los Gálatas. II, pg. 63.

Lo que hemos visto usado, por nuestros pecados, cerca de tomar estado eclesiástico, es tomarlo, como arriba dijimos, por vía de oficio y para tener que comer sin trabajo, siendo llamados por el dinero y regalo y no por Dios. Y, entrando así, no por puerta, sino por bardal (cf. Jn 10, 10), ¿qué han de hacer sino matar y echar a perder, como ladrones que son, pues, según la entrada, suele ser la vida y aun la salida?

Reformación del estado eclesiástico. II, pg. 494.

Este Señor irá delante de sus ovejas (Jn 10, 4), porque tiene más gloria que hombres y ángeles; todos ellos le seguirán como ovejas a pastor, criados a señor y miembros a cabeza; y llevarlos ha en procesión a las fuentes de las aguas de la vida (Ap 7, 17), que son las tres Personas Divinas, que tienen una misma y sola esencia; y allí será hartos, refrescados y recreados, viendo a Dios faz a faz.

Homilía Víspera del corpus. III, pg. 512.

Antes de mí todos son ladrones (cf. Jn 10, 8). Hieremías: Si fures in nocte rapusent [los ladrones que roban durante la noche]. Los robadores corporales, cuando vienen a robar, llévante alguna cosa de tu hacienda, y déjante algo, o lo quew no pueden llevar, o lo que les olvida; pero los ladrones que son espirituales, estos que vienen, ahora sea de día, ora de noche, o disimulados, robante cuanto tienes, robante tu hacienda y todo su bien. Sano quedó el cuerpo, pero muy echado a perder tu corazón y tu ánima.

Homilía domingo de Pentecostés. III, pg. 354.

¿Qué remedio? ¿Quién remediará esta muerte del ánima y del cuerpo? Entra el Evangelio; dice nuestro Señor Jesucristo: Omnes quotquot venerunt, fures sunt: Todos los que vinieron antes de mí, ladrones y robadores son (Jn 10, 8). ¿Qué tal quedó el género humano? ¿Qué tal quedamos nosotros? Perdida la vida del ánima y obligados a morir corporalmente.

Homilía martes de Pentecostés. III, pg. 389.

-Padre, ¿no bastaba para dar vida a mi ánima la Santísima Trinidad? – Si ella quisiera, sí bastaba; mas ella ordenó que no sea la Santísima Trinidad solo su manjar; mas si no come de la sangre de Cristo y de su sangre de Cristo. ¿Quién da vida al ánima? La divinidad, la Santísima Trinidad. Mas no se la da sino mediante la sangre de Jesucristo, como el ánima no da vida al cuerpo sino mediante el manjar. Dijo Cristo: Yo soy buen Pastor y pongo mi ánima por mis ovejas. Yo soy puerta; quien entrare por mí, salvarse ha. Los que antes de mí vinieron, ladrones fueron; no vinieron sino para matar y perder. Yo vine para que tengan vida (cf. Jn 10, 8-11).

Sermón del Santísimo Sacramento. III, pg. 609.

-Padre, ¿cómo da vida Jesucristo? – Dijo Él mismo: En verdad, en verdad os digo: Yo soy la puerta, el que no entrare por mí, robador es. Yo soy la puerta. – Si Jesucristo es la puerta, luego no se puede entrar al Padre sino por Jesucristo. Yo soy la ; si alguno por mí entrare será salvo, y entrará y saldrá, y hallará pasto (cf. Jn 10, 9).

Homilía Domingo de Pentecostés. III, pg. 356.

¡Oh divinal amor del Eterno Padre, que puso por puerta para entrar en Él a Jesucristo, su Hijo, según Él lo dijo (cf. Jn 10, 9); y la pone tan cerca de los hombres y tan abierta de par en par, que parece que está convidando a que estos entren por ella! El corazón del Padre, su Hijo es; quien a su Hijo tiene, el corazón del Padre tiene. Pónelo en aquel relicario descubierto, a que todos lo miren, tan público como lo veis allí.

Homilía Jueves Santo. III, pg. 419.

Yo vine para que tenga vida y más abundosamente la tengan (Jn 10, 10). Este evangelio habla aquí a los pastores; y pues no están aquí habrémoslo de traer a nuestro propósito, que somos las ovejas. Ya sabéis que Dios nuestro Señor nos quiere bien. Muy antigo es el amor: al amigo viejo no lo hemos de desechar. Ya sabéis cómo cuanto crió nuestro Señor Dios, todo fue para nosotros y para nuestro servicio y provecho. Crió el cielo y la tierra, el sol y la luna, el mar y todo cuanto en ellos se mueve, estrellas y árboles, peces, animales. Señor, Dios mío: ¿para qué? Todo para servicio y regalo del hombre: “Quiero poner casa a mi hijo”. Estaba todo lo dicho criado; estaba como vacía la casa. Crió al hombre de lo más ínfimo de la tierra, y como buen ollero, desque lo tuvo formado de la tierra, soplóle en la faz sopló de vida (el hebreo dice en las narices). En soplando que el Señor le sopló, levantóse el hombre vivo (Gn 2, 7).

Homilía martes de Pentecostés. III, pg. 388.

¿Qué te daremos, Señor, por esta merced, que nos has recobrado la vida perdida, hasnos resucitado por tu Hijo bendito, el cual llama San Pablo autor de la vida? (Hch 3, 15). Y el mismo Señor dijo: Yo vine para que mis ovejas tengan vida, y muy cumplida vida (Jn 10, 10). Este es el constituido por Príncipe, y Príncipe de paz y de vida (Jn 10, 10).

Homilía Santísimo Sacramento. III, pg. 597.

Para esto vine al mundo, para dar vida al mundo dice en otra parte Jesucristo (cf. Jn 10, 10). Si estás muerto, vete a Cristo, que Él es manjar que te resucitará y dará vida. Sírvete de tu fe en esto, que Jesucristo solo es tu arrimo, tu esfuerzo, tu remedio, tu vida, tu confianza, quien te rige, te gobierna, te da ser y te sustenta.

Homilía en la Infraoctava del Corpus. III, pg. 640.

El Señor dijo: Yo vine para que tengan vida, y más abundantemente tengan vida (Jn 10, 10). Porque no se ha de contentar el cristiano con tener una vida tan flaca y enferma, que no tenga más de vida de que no está muerto del todo. Vivo está uno que está deshuciado de médicos y oleado por el sacerdote; mas no creo que os contentaríades vos con tener vida tan cercana a la muerte y vida de que tan poco gozáis. Si amáis vida del cuerpo, sana, recia y alegre, ¿por qué la del ánima la queréis al contrario? El pecado mortal es muerte del ánima, y el pecado venial es enfermedad de ella; y la enfermedad hace al hombre flaco para hacer obras y para trabajar, quítale la fuerza para llevar cargas y trae al hombre desabrido, y algunas veces tanto, que daría todas sus riquezas, y tener pobreza, por un poco de salud.

Homilía del Santísimo Sacramento. III, pg. 659.

Y dame osadía de decir y creer esto las prendas que Él mismo para ello os ha dado. Ha os llamado con su amorosa voz, como buen pastor (cf. Jn 10, 1ss); habéisle oído, y conocido en ella que Él es el que buscó el pro de los hombres, hasta costarle la vida; y que Él es verdadero consuelo den ánima, y los otros son ladrones y robadores, que no entran por puerta. A quien este conocimiento tan sabroso dio, su luz dio, y para que creciese hasta el día, perfecto día, cuando le veáis sin nubes, sin nublados, sin oscuridad, sino faz a faz y así como Él es.

Carta a una viuda, madre J. González. IV, pg. 680.

Resta que, pues Dios ha hecho merced, que la entrada de vuestra señoría no sea por bardales, sino por la puerta legítima, que es Jesucristo nuestro Señor (cf. Jn 10, 7), pida a su misericordia que El, que ha guardado su entrada, ordene el proceso de ella, de manera que también guarde la salida de todo pecado y condenación.

Carta a un señor de este reino, siendo asistente de Sevilla. IV, pg. 59.

Yo soy la puerta, dice el mesmo Cristo; si alguno entrare por mí, será salvo, y entrará y saldrá y hallará pastos (Jn 10, 9). Y en otra parte dice el santo Evangelio que toda la gente andaba por tocar a Cristo, porque salía de Él virtud y sanaba a todos (Lc 6, 19).

A una religiosa. IV, pg. 701.

 

San Oscar Romero.

Y, sobre todo, hermanos, el evangelio. ¡Qué palabra más valiente la de Cristo! Está usando la comparación: "Yo soy la puerta, sólo por la puerta entran los legítimos dueños del rebaño. El que salta por otro lado es ladrón, es bandido". Miren como en las palabras de Cristo, de quien esperamos siempre amor, dulzura; cuando es necesario coge el látigo y fustiga a los ladrones, a los bandidos y les dice: ¡el que no es pastor sólo entra para matar, para robar, para maltratar! El látigo de Cristo está dando duro a todos estos atropellos de su tiempo. Él siente que la sinagoga ha perdido su sentido de ser representación de la misericordia de Dios y los pastores de Israel, ya denunciados por los profetas, en tiempo de Cristo también se han convertido en malos pastores.

El episodio de esta comparación del Buen Pastor está poco después de aquel episodio del cieguito de nacimiento a quien los fariseos, en vez de alegrarse porque se había salvado de la vista, lo excomulgaron: "porque te dejaste operar en sábado". Interesaban más las legalidades que la misericordia. Y a éstos fustiga el Señor, para estos fariseos hipócritas, para estos pastores egoístas, para estas sinagogas sin misericordia, para estas autoridades eclesiásticas de su tiempo, el Divino Profeta, Cristo nuestro Señor que fue duro contra el pecado donde quiera que se encuentre, ya sea en Herodes, en Pilatos, también en los pontífices, en los sacerdotes. Él los reprende; y para ellos es la comparación, para que aprendan a ser como El que es el Buen Pastor y para que su Iglesia sea lo que tiene que ser: una casa de la misericordia del Señor, donde los pecadores no encuentren el reproche, la excomunión, la dureza; sino la acogida, el abrazo de Nuestro Señor que los llama para el perdón.

Homilía, 16 de abril de 1978.

 

Papa León XIV. Mensaje de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

 

El descubrimiento interior del don de Dios

Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes:

Guiados y custodiados por Jesús Resucitado, en el IV domingo de Pascua, llamado “domingo del buen Pastor”, celebramos la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es un momento de gracia para compartir algunas reflexiones sobre la dimensión interior de la vocación, entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros. Recorramos pues juntos el camino de una vida verdaderamente hermosa, que el Pastor nos muestra.

El camino de la belleza

En el Evangelio de Juan, Jesús se define literalmente el «pastor bello» (ὁ ποιμὴν ὁ καλός) ( Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el teólogo Pável Florenski, la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al hombre “bello”[1] El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza.

Esta comunicación interior de vida, de fe y de sentido fue también la experiencia de san Agustín, el cual, en el libro tercero de las Confesiones, mientras declara y confiesa sus pecados y errores juveniles, reconoce a Dios «más interior que lo más íntimo mío». [2] Más allá de la conciencia de sí mismo, descubre la belleza de la luz divina que lo guía en la oscuridad. Agustín atisba la presencia de Dios en lo más interior de su alma, y eso implica haber comprendido y vivido la importancia del cuidado de la interioridad como espacio de relación con Jesús, como camino para experimentar la belleza y la bondad de Dios en su propia vida.

Dicha relación se construye en la oración y en el silencio y, si se cultiva, nos abre a la posibilidad de acoger y vivir el don de la vocación, que nunca es una imposición o un esquema prefijado al que simplemente hay que adherir, sino un proyecto de amor y de felicidad. En la pastoral vocacional y en el compromiso siempre nuevo de la evangelización es urgente volver a partir del cuidado de la interioridad.

En este espíritu, invito a todos —familias, parroquias, comunidades religiosas, obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas, educadores y fieles laicos— a comprometerse cada vez más a crear contextos favorables con el fin de que este don pueda ser acogido, alimentado, custodiado y acompañado para dar fruto abundante. Sólo si nuestros ambientes brillan por la fe viva, la oración constante y el acompañamiento fraterno, la llamada de Dios podrá surgir y madurar, convirtiéndose en camino de felicidad y salvación para cada uno de nosotros y para el mundo. Recorriendo el camino que Jesús, el Pastor bello, nos indica, aprendemos entonces a conocernos mejor a nosotros mismos y a conocer más de cerca a Dios que nos ha llamado.

Conocimiento mutuo

«El Señor de la vida nos conoce e ilumina nuestro corazón con su mirada de amor». [3] Toda vocación, en efecto, surge de la conciencia y la experiencia de un Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4,16). Él nos conoce profundamente, ha contado los cabellos de nuestra cabeza (cf. Mt 10,30) y ha pensado un camino único de santidad y de servicio para cada uno. Pero este conocimiento debe ser siempre mutuo; estamos llamados a conocer a Dios por medio de la oración, de la escucha de la Palabra, de los sacramentos, de la vida de la Iglesia y de la entrega a los hermanos y a las hermanas. Como el joven Samuel que, durante la noche, quizá de manera inesperada, oyó la voz del Señor y aprendió a reconocerla con la ayuda de Elí (cf. 1 Sam 3,1-10), así también nosotros debemos crear espacios de silencio interior para intuir lo que el Señor tiene en su corazón para nuestra felicidad. No se trata de un saber intelectual abstracto o de un conocimiento académico, sino de un encuentro personal que transforma la vida. [4] Dios habita en nuestro corazón; la vocación es un diálogo íntimo con Él, que nos llama —a pesar del ruido en ocasiones ensordecedor del mundo— y nos invita a responder con verdadera alegría y generosidad.

« Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas – No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad». [5] Una vez más, san Agustín nos recuerda lo importante que es aprender a detenerse y a construir espacios de silencio interior para poder escuchar la voz de Jesucristo.

Queridos jóvenes, ¡escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos (cf. Mt 25,14-30) y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades. Por lo tanto, dediquen tiempo a la adoración eucarística, mediten asiduamente la Palabra de Dios para vivirla cada día, participen activa y plenamente en la vida sacramental y eclesial. De este modo conocerán al Señor y, en la intimidad propia de la amistad, descubrirán cómo entregarse a los demás, en el camino del matrimonio, o del sacerdocio, o del diaconado permanente, o en la vida consagrada, religiosa o seglar: toda vocación es un don inmenso para la Iglesia y para quien la acoge con alegría. Conocer al Señor significa sobre todo aprender a confiar en Él y en su Providencia, que sobreabunda en toda vocación.

Confianza

Del conocimiento nace la confianza, actitud que es hija de la fe, esencial tanto para acoger la vocación como para perseverar en ella. La vida, en efecto, se revela como un continuo confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros.

Pensemos en san José, que, a pesar del inesperado misterio de la maternidad de la Virgen, confió en el sueño divino y acogió a María y al Niño con corazón obediente (cf. Mt 1,18-25; 2,13-15). José de Nazaret es un icono de confianza total en el designio de Dios: confió incluso cuando todo a su alrededor parecía ser tiniebla y negatividad, cuando las cosas parecían andar en dirección opuesta a lo previsto. Él se fio y confió, seguro de la bondad y la fidelidad del Señor. «En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “ fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní». [6]

Como nos ha enseñado el Jubileo de la Esperanza, es necesario cultivar una confianza firme y estable en las promesas de Dios, sin ceder nunca a la desesperación, superando miedos e incertidumbres, con la certeza de que el Resucitado es Señor de la historia del mundo y de nuestra historia personal. Él no nos abandona en las horas más oscuras, sino que viene a disipar todas nuestras tinieblas con su luz. Y precisamente gracias a la luz y a la fuerza de su Espíritu, también atravesando pruebas y crisis, podemos ver madurar nuestra vocación, reflejar cada vez más la belleza de Aquel que nos ha llamado, una belleza hecha de fidelidad y confianza, a pesar de las heridas y las caídas.

Maduración

La vocación, en efecto, no es una meta estática, sino un proceso dinámico de maduración, favorecido por la intimidad con el Señor. Estar con Jesús, dejar actuar al Espíritu Santo en los corazones y en las situaciones de la vida y releer todo a la luz del don recibido significa crecer en la vocación.

Como la vid y los sarmientos (cf. Jn 15,1-8), así toda nuestra existencia debe constituirse como un vínculo fuerte y esencial con el Señor, para convertirse en una respuesta cada vez más plena a su llamada, a través de las pruebas y las podas necesarias. Los “lugares” donde se manifiesta mayormente la voluntad de Dios y se hace experiencia de su amor infinito son a menudo los vínculos auténticos y fraternos que somos capaces de instaurar durante nuestra vida. Qué valioso es tener un buen guía espiritual que acompañe el descubrimiento y el desarrollo de nuestra vocación. Qué importantes son el discernimiento y el seguimiento a la luz del Espíritu Santo, para que una vocación pueda realizarse en toda su belleza.

La vocación, por tanto, no es una posesión inmediata, algo “dado” de una vez por todas; es más bien un camino que se desarrolla análogamente a la vida humana, en el cual el don recibido, además de ser cuidado, debe alimentarse de una relación cotidiana con Dios para poder crecer y dar fruto. «Esto es valioso, porque sitúa toda nuestra vida de cara al Dios que nos ama, y nos permite entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un precioso plan para nosotros». [7]

Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes, los animo a cultivar su relación personal con Dios a través de la oración cotidiana y la meditación de la Palabra. Deténganse, escuchen, confíen; de ese modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes para la Iglesia y para el mundo.

Que la Virgen María, modelo de acogida interior del don divino y maestra de la escucha orante, los acompañe siempre en este camino.

Vaticano, 16 de marzo de 2026

LEÓN PP. XIV

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[1] «Y de hecho la ascética no está dirigida a formar un hombre “bueno”, sino bello; el rasgo característico de los santos ascetas no es en modo alguno la “bondad”, que se encuentra también en hombres carnales, incluso en pecadores habituales: es la belleza espiritual, la belleza deslumbradora de una persona resplandeciente, portadora de luz. Esta belleza es inaccesible para la inercia del hombre carnal» (P. Florenski, La columna y el fundamento de la verdad, Salamanca 2010, 113).

[2] S. Agustín, Confesiones, III, 6, 11: CSEL 33, 53.

[3] Carta ap. Una fidelidad que genera futuro (8 diciembre 2025), 5.

[4] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 1.

[5] S. Agustín, De la verdadera religión, XXXIX, 72: CCSL 32, 234.

[6] Francisco, Carta ap. Patris corde (8 diciembre 2020), 3.

[7] Francisco, Exhort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 248.

 

Papa León XIV. Ángelus. 19 de abril de 2026.

Queridos hermanos y hermanas:

Unámonos ahora en oración a María Regina Coeli, Reina del Cielo, para compartir con ella, nuestra Madre y compañera de camino, la alegría de la Resurrección.

Con este canto gozoso no queremos borrar ni sofocar el grito de los que sufren, sino más bien abrazarlo y unirlo a nuestra voz, en una nueva armonía, para que incluso en el dolor permanezca viva la luz de la fe, y con ella la esperanza en un mundo mejor.

Lamento profundamente el reciente intensificarse de los ataques contra Ucrania, que siguen afectando también a los civiles. Expreso mi cercanía a quienes sufren y aseguro mi oración por todo el pueblo ucraniano. Renuevo el llamamiento para que callen las armas y se siga el camino del diálogo.

En cambio, es motivo de esperanza la tregua anunciada en Líbano, que representa un brote de alivio para el pueblo libanés y para el Levante. Aliento a quienes están trabajando por una solución diplomática a continuar los diálogos de paz, para hacer permanente el cese de las hostilidades en todo el Medio Oriente.

Cristo ha vencido a la muerte, y es con esta certeza que todos nosotros, unidos a Él y en Él como un solo cuerpo, hoy y cada día nos comprometemos a hacer crecer a nuestro alrededor los frutos de la Pascua, que son el amor, la verdadera justicia y la paz, más allá de todo obstáculo y dificultad.

Que la Madre de Jesús, Madre del Corazón, nos ayude a sentir siempre cercana, viva y fuerte la presencia de su Hijo resucitado.

 

Papa Francisco. Ángelus. 30 de abril de 2023.

Agradezco al cardenal Erdő sus palabras. Saludo a la señora Presidenta, al Primer Ministro y a las autoridades presentes. Ya próximo a regresar a Roma, deseo expresarles mi agradecimiento a ellos, a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a las consagradas y a los consagrados, y a todo el amado pueblo húngaro por la acogida y el afecto que he sentido en estos días. Y manifiesto mi gratitud a los que han venido desde lejos y a los que han trabajado tanto y tan bien por esta visita. A todos les digo: köszönöm, Isten fizesse! [¡gracias, que Dios los recompense!] Un recuerdo especial por los enfermos y los ancianos, por quienes no han podido estar aquí, por quienes se sienten solos y por quienes han perdido la fe en Dios y la esperanza en la vida. Estoy cerca de ustedes, rezo por ustedes y los bendigo.

Saludo a los diplomáticos y a los hermanos y hermanas de otras confesiones cristianas. Gracias por su presencia y gracias porque en este país diversas confesiones y religiones se encuentran y se sostienen recíprocamente. El cardenal Erdő ha dicho que aquí se vive “en la frontera oriental de la cristiandad occidental desde hace mil años”. Es hermoso que las fronteras no representen barreras que separan, sino zonas de contacto; y que los creyentes en Cristo pongan en primer lugar la caridad que une y no las diferencias históricas, culturales y religiosas que dividen. Nos congrega el Evangelio y es volviendo allí, a las fuentes, donde el camino entre los cristianos proseguirá según la voluntad de Jesús, Buen Pastor, que nos quiere unidos en un solo rebaño.

Nos dirigimos ahora a la Virgen. A ella, Magna Domina Hungarorum, a quien invocan como Reina y Patrona, le encomiendo a todos los húngaros. Y desde esta gran ciudad y desde este noble país quisiera confiar de nuevo a su corazón la fe y el futuro de todo el continente europeo, en el que he estado pensando estos días y, de modo particular, la causa de la paz. Santísima Virgen, mira a los pueblos que más sufren. Mira sobre todo al cercano y martirizado pueblo ucraniano y al pueblo ruso, consagrados a ti. Tú eres la Reina de la paz, infunde en los corazones de los hombres y de los responsables de las naciones el deseo de construir la paz, de dar a las jóvenes generaciones un futuro de esperanza, no de guerra; un futuro lleno de cunas, no de tumbas; un mundo de hermanos, no de muros.

Acudimos a ti, Santa Madre de Dios: después de la resurrección de Jesús acompañaste los primeros pasos de la comunidad cristiana, haciéndola perseverante y unánime en la oración (cf. Hch 1,14). Así mantuviste unidos a los creyentes, preservando la unidad con tu ejemplo dócil y servicial. Te pedimos por la Iglesia en Europa, para que encuentre la fuerza de la oración; para que descubra en ti la humildad y la obediencia, el ardor del testimonio y la belleza del anuncio. A ti te encomendamos esta Iglesia y este país. Tú, que exultaste por tu Hijo resucitado, llena nuestros corazones de su alegría. Queridos hermanos y hermanas, les deseo que difundan la alegría de Cristo: Isten éltessen! [¡Felicidades!]. Agradecido por estos días, los llevo en el corazón y les pido que recen por mí. Isten áld meg a magyart! [¡Que Dios bendiga a los húngaros!]

 

Papa Francisco. Ángelus. 3 de mayo de 2020.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El cuarto domingo de Pascua, que celebramos hoy, está dedicado a Jesús el Buen Pastor. El Evangelio nos dice: «las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una» (Juan 10,3). El Señor nos llama por nuestro nombre, nos llama porque nos ama. Pero también dice el Evangelio que hay otras voces que no debemos seguir: las de los extraños, ladrones y salteadores que quieren el mal de las ovejas.

Estas diferentes voces resuenan dentro de nosotros. Está la voz de Dios, que habla amablemente a la conciencia, y está la voz tentadora que conduce al mal. ¿Cómo podemos reconocer la voz del buen Pastor de la del ladrón, cómo podemos distinguir la inspiración de Dios de la sugerencia del maligno? Uno puede aprender a diferenciar estas dos voces: hablan dos idiomas diferentes, es decir, tienen formas opuestas de llegar a nuestros corazones. Hablan diferentes idiomas. Así como sabemos distinguir un idioma de otro, también podemos distinguir la voz de Dios y la voz del Maligno. La voz de Dios nunca obliga: Dios se propone, no se impone. En cambio, la voz maligna seduce, asalta, fuerza: despierta ilusiones deslumbrantes, emociones tentadoras, pero pasajeras. Al principio halaga, nos hace creer que somos todopoderosos, pero luego nos deja vacíos por dentro y nos acusa: “No vales nada”. La voz de Dios, en cambio, nos corrige, con tanta paciencia, pero siempre nos anima, nos consuela: siempre alimenta la esperanza. La voz de Dios es una voz que tiene un horizonte; en cambio, la voz del maligno te pone contra la pared, te arrincona.

Hay otra diferencia. La voz del enemigo nos distrae del presente y quiere que nos centremos en los miedos del futuro o en la tristeza del pasado —el enemigo no quiere el presente—: nos devuelve la amargura, los recuerdos de las injusticias sufridas, de los que nos han hecho daño..., tantos malos recuerdos. En cambio, la voz de Dios habla al presente: “Ahora puedes hacer el bien, ahora puedes practicar la creatividad del amor, ahora puedes renunciar a los pesares y remordimientos que mantienen tu corazón cautivo”. Nos anima, nos hace avanzar, pero habla al presente: ahora.

Reitero: las dos voces plantean diferentes preguntas en nuestro interior. La que viene de Dios nos dice: “¿Qué es bueno para mí?”. En cambio, el tentador insistirá en otra pregunta: “¿Qué me apetece hacer?”. Qué me apetece: la voz del mal siempre gira en torno al ego, a sus pulsiones, a sus necesidades, al todo y ahora. Es como los caprichos de los niños: todo y ahora. La voz de Dios, en cambio, nunca promete alegría a bajo precio: nos invita a ir más allá de nuestro ego para encontrar el verdadero bien, la paz. Recordemos: el mal nunca nos da paz, causa frenesí primero y deja amargura tras de sí. Así es el estilo del mal.

La voz de Dios y la del tentador, en definitiva, hablan en diferentes “ambientes”: el enemigo prefiere la oscuridad, la falsedad, el chismorreo; por el contrario, el Señor ama la luz del sol, la verdad, la transparencia sincera. El enemigo nos dirá: “Enciérrate en ti mismo, porque nadie te entiende ni te escucha, ¡no te fíes!”. El bien, contrariamente, nos invita a abrirnos, a ser claros y a confiar en Dios y en los demás. Queridos hermanos y hermanas: en este tiempo, muchos pensamientos y preocupaciones nos llevan a volver a adentrarnos en nosotros mismos. Prestemos atención a las voces que llegan a nuestros corazones. Preguntémonos de dónde vienen. Pidamos la gracia de reconocer y seguir la voz del buen Pastor, que nos saca del redil del egoísmo y nos guía hacia los pastos de la verdadera libertad. Que Nuestra Señora, Madre del Buen Consejo, guíe y acompañe nuestro discernimiento.

 

Papa Francisco. Ángelus. 7 de mayo de 2017.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de este domingo, (cf. Juan 10, 1-10), llamado “el domingo del buen pastor”, Jesús se presenta con dos imágenes que se complementan la una con la otra. La imagen del pastor y la imagen de la puerta del redil.

El rebaño, que somos todos nosotros, tiene como casa un redil que sirve como refugio, donde las ovejas viven y descansan después de las fatigas del camino. Y el redil tiene un recinto con una puerta, donde hay un guardián.

Al rebaño se acercan distintas personas: está quien entra en el recinto pasando por la puerta y quien «sube por otro lado» (v. 1).

El primero es el pastor, el segundo un extraño, que no ama a las ovejas, quiere entrar por otros intereses. Jesús se identifica con el primero y manifiesta una relación de familiaridad con las ovejas, expresada a través de la voz, con la que las llama y que ellas reconocen y siguen (cf. v. 3). Él las llama para conducirlas fuera, a los pastos verdes donde encuentran buen alimento.

La segunda imagen con la que Jesús se presenta es la de la «puerta de las ovejas» (v. 7). De hecho dice: «Yo soy la puerta: si uno entra por mí, estará a salvo» (v. 9), es decir tendrá vida y la tendrá en abundancia (cf. v. 10).

Cristo, Buen Pastor, se ha convertido en la puerta de la salvación de la humanidad, porque ha ofrecido la vida por sus ovejas. Jesús, pastor bueno y puerta de las ovejas, es un jefe cuya autoridad se expresa en el servicio, un jefe que para mandar dona la vida y no pide a los otros que la sacrifiquen.

De un jefe así podemos fiarnos, como las ovejas que escuchan la voz de su pastor porque saben que con él se va a pastos buenos y abundantes. Basta una señal, un reclamo y ellas siguen, obedecen, se ponen en camino guiadas por la voz de aquel que escuchan como presencia amiga, fuerte y dulce a la vez, que guía, protege, consuela y sana.

Así es Cristo para nosotros. Hay una dimensión de la experiencia cristiana que quizá dejamos un poco en la sombra: la dimensión espiritual y afectiva.

El sentirnos unidos por un vínculo especial al Señor como las ovejas a su pastor. A veces racionalizamos demasiado la fe y corremos el riesgo de perder la percepción del timbre de esa voz, de la voz de Jesús buen pastor, que estimula y fascina.

Como sucedió a los dos discípulos de Emaús, que ardía su corazón mientras el Resucitado hablaba a lo largo del camino. Es la maravillosa experiencia de sentirse amados por Jesús. Haceos una pregunta: “¿Yo me siento amado por Jesús? ¿Yo me siento amada por Jesús?”. Para Él no somos nunca extraños, sino amigos y hermanos. Sin embargo, no es siempre fácil distinguir la voz del pastor bueno. Estad atentos.

Está siempre el riesgo de estar distraídos por el estruendo de muchas otras voces.

Hoy somos invitados a no dejarnos desviar por las falsas sabidurías de este mundo, sino a seguir a Jesús, el Resucitado, como única guía segura que da sentido a nuestra vida.

En esta Jornada Mundial de oración por las vocaciones —en particular por las vocaciones sacerdotales, para que el Señor nos mande buenos pastores— invocamos a la Virgen María: Ella acompañe a los diez nuevos sacerdotes que he ordenado hace poco.

He pedido a cuatro de ellos de la diócesis de Roma que se asomen para dar la bendición junto a mí.

La Virgen sostenga con su ayuda a cuantos son llamados por Él, para que estén preparados y sean generosos en el seguir su voz.

 

Papa Francisco. Ángelus. 11 de mayo de 2014.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El evangelista Juan nos presenta, en este IV domingo del tiempo pascual, la imagen de Jesús Buen Pastor. Contemplando esta página del Evangelio, podemos comprender el tipo de relación que Jesús tenía con sus discípulos: una relación basada en la ternura, en el amor, en el conocimiento recíproco y en la promesa de un don inconmensurable: «Yo he venido —dice Jesús— para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Tal relación es el modelo de las relaciones entre los cristianos y de las relaciones humanas.

También hoy, como en tiempos de Jesús, muchos se proponen como «pastores» de nuestras existencias; pero sólo el Resucitado es el verdadero Pastor que nos da la vida en abundancia. Invito a todos a tener confianza en el Señor que nos guía. Pero no sólo nos guía: nos acompaña, camina con nosotros. Escuchemos su palabra con mente y corazón abiertos, para alimentar nuestra fe, iluminar nuestra conciencia y seguir las enseñanzas del Evangelio.

En este domingo recemos por los pastores de la Iglesia, por todos los obispos, incluido el obispo de Roma, por todos los sacerdotes, por todos. En particular, recemos por los nuevos sacerdotes de la diócesis de Roma, a los que acabo de ordenar en la basílica de San Pedro. Un saludo a estos trece sacerdotes. Que el Señor nos ayude a nosotros, pastores, a ser siempre fieles al Maestro y guías sabios e iluminados del pueblo de Dios confiado a nosotros. También a vosotros, por favor, os pido que nos ayudéis: ayudarnos a ser buenos pastores. Una vez leí algo bellísimo sobre cómo el pueblo de Dios ayuda a los obispos y a los sacerdotes a ser buenos pastores. Es un escrito de san Cesáreo de Arlés, un Padre de los primeros siglos de la Iglesia. Explicaba cómo el pueblo de Dios debe ayudar al pastor, y ponía este ejemplo: cuando el ternerillo tiene hambre va donde la vaca, a su madre, para tomar la leche. Pero la vaca no se la da enseguida: parece que la conserva para ella. ¿Y qué hace el ternerillo? Llama con la nariz a la teta de la vaca, para que salga la leche. ¡Qué hermosa imagen! «Así vosotros —dice este santo— debéis ser con los pastores: llamar siempre a su puerta, a su corazón, para que os den la leche de la doctrina, la leche de la gracia, la leche de la guía». Y os pido, por favor, que importunéis a los pastores, que molestéis a los pastores, a todos nosotros pastores, para que os demos la leche de la gracia, de la doctrina y de la guía. ¡Importunar! Pensad en esa hermosa imagen del ternerillo, cómo importuna a su mamá para que le dé de comer.

A imitación de Jesús, todo pastor «a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo —el pastor debe ir a veces adelante—, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados» (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 13). ¡Ojalá que todos los pastores sean así! Pero vosotros importunad a los pastores, para que os den la guía de la doctrina y de la gracia.

Este domingo se celebra la Jornada mundial de oración por las vocaciones. En el Mensaje de este año he recordado que «toda vocación (…) requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio» (n. 2). Por eso la llamada a seguir a Jesús es al mismo tiempo entusiasmante y comprometedora. Para que se realice, siempre es necesario entablar una profunda amistad con el Señor a fin de poder vivir de Él y para Él.

Recemos para que también en este tiempo muchos jóvenes oigan la voz del Señor, que siempre corre el riesgo de ser sofocada por otras muchas voces. Recemos por los jóvenes: quizá aquí, en la plaza, haya alguno que oye esta voz del Señor que lo llama al sacerdocio; recemos por él, si está aquí, y por todos los jóvenes que son llamados.

 

Benedicto XVI. Ángelus.15 de mayo de 2011.

Queridos hermanos y hermanas:

La liturgia del IV domingo de Pascua nos presenta uno de los iconos más bellos que, desde los primeros siglos de la Iglesia, han representado al Señor Jesús: el del buen Pastor. El Evangelio de san Juan, en el capítulo décimo, nos describe los rasgos peculiares de la relación entre Cristo pastor y su rebaño, una relación tan íntima que nadie podrá jamás arrebatar las ovejas de su mano. De hecho, están unidas a él por un vínculo de amor y de conocimiento recíproco, que les garantiza el don inconmensurable de la vida eterna. Al mismo tiempo, el Evangelista presenta la actitud del rebaño hacia el buen Pastor, Cristo, con dos verbos específicos: escuchar y seguir. Estos términos designan las características fundamentales de quienes viven el seguimiento del Señor. Ante todo la escucha de su Palabra, de la que nace y se alimenta la fe. Sólo quien está atento a la voz del Señor es capaz de evaluar en su propia conciencia las decisiones correctas para obrar según Dios. De la escucha deriva, luego, el seguir a Jesús: se actúa como discípulos después de haber escuchado y acogido interiormente las enseñanzas del Maestro, para vivirlas cada día.

En este domingo surge espontáneamente recordar a Dios a los pastores de la Iglesia y a quienes se están formando para ser pastores. Os invito, por tanto, a una oración especial por los obispos —incluido el Obispo de Roma—, por los párrocos, por todos aquellos que tienen responsabilidades en la guía del rebaño de Cristo, para que sean fieles y sabios al desempeñar su ministerio. En particular, recemos por las vocaciones al sacerdocio en esta Jornada mundial de oración por las vocaciones, para que no falten nunca obreros válidos en la mies del Señor. Hace setenta años, el venerable Pío XII instituyó la Obra pontificia para las vocaciones sacerdotales. La feliz intuición de mi predecesor se fundaba en la convicción de que las vocaciones crecen y maduran en las Iglesias particulares, ayudadas por ambientes familiares sanos y robustecidos por espíritu de fe, de caridad y de piedad. En el mensaje que envié para esta Jornada mundial subrayé que una vocación se realiza cuando se sale «de su propia voluntad cerrada en sí misma, de su idea de autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella» (L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 13 de febrero de 2011, p. 4). También en este tiempo, en el que la voz del Señor corre el riesgo de verse ahogada por muchas otras voces, cada comunidad eclesial está llamada a promover y cuidar las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. En efecto, los hombres siempre tienen necesidad de Dios, también en nuestro mundo tecnológico, y siempre habrá necesidad de pastores que anuncien su Palabra y que ayuden a encontrar al Señor en los sacramentos.

Queridos hermanos y hermanas, fortalecidos por la alegría pascual y por la fe en el Resucitado, confiemos nuestros propósitos y nuestras intenciones a la Virgen María, madre de toda vocación, para que con su intercesión suscite y sostenga numerosas y santas vocaciones al servicio de la Iglesia y del mundo.

 

Benedicto XVI. Ángelus. 13 de abril de 2008.

Queridos hermanos y hermanas:

En este IV domingo de Pascua, en el que la liturgia nos presenta a Jesús como el buen Pastor, se celebra la Jornada mundial de oración por las vocaciones. En todos los continentes, las comunidades eclesiales imploran al unísono del Señor numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y misionera, y al matrimonio cristiano, y meditan sobre el tema: "Las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión". Este año la Jornada mundial de oración por las vocaciones se sitúa en la perspectiva del "Año paulino", que comenzará el 28 de junio próximo, para celebrar el bimilenario del nacimiento del apóstol san Pablo, el misionero por excelencia.

En la experiencia del Apóstol de los gentiles, a quien el Señor llamó para ser "ministro del Evangelio", vocación y misión son inseparables. Por tanto, constituye un modelo para todo cristiano y, de modo particular, para los misioneros ad vitam, o sea, para los hombres y las mujeres que se dedican totalmente a anunciar a Cristo a quienes aún no lo conocen: esta vocación sigue manteniendo toda su validez.

Este servicio misionero lo realizan en primer lugar los sacerdotes, ofreciendo la palabra de Dios y los sacramentos y manifestando mediante su caridad pastoral con todos, sobre todo con los enfermos, los pequeños y los pobres, la presencia sanadora de Jesucristo. Demos gracias a Dios por estos hermanos nuestros que se entregan sin reservas en el ministerio pastoral, coronando a veces su fidelidad a Cristo con el sacrificio de su vida, como les sucedió ayer a dos religiosos asesinados en Guinea y Kenia. A ellos se dirige nuestra admiración y nuestra gratitud, juntamente con nuestra oración de sufragio.

Oremos también para que sea cada vez mayor el número de quienes deciden vivir radicalmente el Evangelio mediante los votos de castidad, pobreza y obediencia: hombres y mujeres que desempeñan un papel primario en la evangelización. Algunos de ellos se dedican a la contemplación y a la oración; otros, a una multiforme acción educativa y caritativa, pero a todos los une un mismo objetivo: testimoniar la primacía de Dios sobre todo y difundir su reino en todos los ámbitos de la sociedad. Muchos de ellos, como escribió el siervo de Dios Pablo VI, «son emprendedores y su apostolado está frecuentemente marcado por una originalidad y una imaginación que suscitan admiración. Son generosos: no raras veces se les encuentra en la vanguardia de la misión y afrontando los más grandes riesgos para su salud y su propia vida» (Evangelii nuntiandi, 69).

Por último, no hay que olvidar que también la vocación al matrimonio cristiano es una vocación misionera: en efecto, los esposos están llamados a vivir el Evangelio en las familias, en los ambientes de trabajo, en las comunidades parroquiales y civiles. Además, en ciertos casos, prestan una valiosa colaboración a la misión ad gentes.

Queridos hermanos y hermanas, invoquemos la maternal protección de María sobre las múltiples vocaciones que existen en la Iglesia, para que se desarrollen con un fuerte carácter misionero. A ella, Madre de la Iglesia y Reina de la paz, le encomiendo también la especial experiencia misionera que viviré en los próximos días durante el viaje apostólico a Estados Unidos y la visita a la ONU, a la vez que os pido a todos vosotros que me acompañéis con vuestra oración.

 

DOMINGO 5º DE PASCUA.

 

Monición de entrada.-

En la misa Jesús cumple lo que nos dijo: que estaría con nosotros cada vez que estamos en la iglesia.

Porque Jesús es nuestro camino, verdad y vida.

Además estamos en el mes de Mayo, el mes de María.

Y este domingo es el Día de la Madre.

Así que daremos gracias a Jesús por tener las mamás más buenas que podíamos tener.

Y rezaremos por ellas, para que sean muy queridas por nosotros y nuestros papás.

 Señor, ten piedad.-

Tú, que eres el camino.  Señor, ten piedad.

Tú, que eres la verdad. Cristo, ten piedad.

Tú, que eres la vida. Señor, ten piedad.

 Peticiones.-

Jesús,  te pido por el Papa León y el obispo Enrique. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por la Iglesia, para que crezca en la fe. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por las personas que en la Iglesia nos hablan de ti, como son las catequistas y maestras de religión; para que les des sabiduría . Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por las personas que te buscan; para que te encuentren. Te lo pedimos, Señor.

Jesús, te pido por nosotros, para que nunca te dejemos, tú que eres el camino que nos lleva al Padre.  Te lo pedimos, Señor.

 

Acción de gracias.-

María, queremos darte las gracias por nuestras madres. Ellas nos tuvieron dentro de su tripa nueve meses y ella nos tienen en su corazón desde que se dieron cuenta que estábamos allí. Gracias por tener nuestras madres y gracias por ser también tú nuestra madre.

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